Aquella noche, John estuvo soñando. No sabía cuantas horas llevaba durmiendo o si se había despertado en algún momento, pero de lo que estaba seguro era que aquella noche estuvo soñando. Soñó con la ciudad de Atlantis que él conocía, con la gente que sabía que había tenido una niña preciosa, con sus amigos, no con los que estaba viendo esos días y a los que apenas reconocía.

Soñó con Ronon, pero con un Ronon mucho más tranquilo, uno que le llevaba en brazos a su pequeña Gwen, que se sentaba a su lado en la cama y que le sonreía feliz. Ronon era el mismo, en una realidad o en otra, pero en su sueño era un compañero y un padre feliz que miraba complacido a la niña que dormía entre sus brazos y que besaba a John, con cariño y pasión.

El sueño duró durante horas, horas durante las que John sintió que volvía a ser el mismo, que aquella locura a la que algunos llamaban Atlantis no existía y que podían ser una familia.

Sin embargo, de pronto, el sueño se volvió negro, todo el cielo se oscurecio y todo sonido desapareció. La cuidad se quedó vacía y su hija desapareció de los brazos de Ronon para desesperación de ambos. John miró a Ronon, pero este comprendía tan poco como él lo que estaba ocurriendo.

El llanto de una niña les llamó la atención, pues los dos reconocieron que se trataba de su hija pidiéndoles que le ayudaran. Sabían que estaba asustada, que se encontraba sola y que necesitaba a sus padres. Pero ninguno de los sabía donde estaba, nadie podía decirles a donde había ido, si alguien se la había llevado.

John trató de levantarse pero el cuerpo le dolía demasiado, más incluso que cuando había tenido a Gwen, sobretodo porque en ese momento anhelaba levantare y salir en busca de su hija.

"Ronon tienes que encontrarla."

"No voy a dejarte solo."

La oscuridad se hizo todavía más intensa en el cuarto, como si toda la ciudad se estuviera sumergiendo de nuevo en las aguas de las que había salido. Sin embargo al mirar por la ventana no había agua del océano al otro lado, tan sólo oscuridad, como si el resto del planeta hubiera desaparecido sin más.

"Por favor Ronon, la estás escuchando tanto como yo, se trata de Gwen y nos necesita, tal vez esté realmente en la ciudad, tal vez alguien nos haya estado engañando y la tenga retenida. Es nuestra hija Ronon y por encima de mi propia seguridad está la de ella."

"No digas eso, Gwen y tu sois las dos personas que más me importáis, no podría soportar que os pasara algo a ninguno de los dos." Sin embargo John tenía razón.

Al fin y al cabo el coronel podía cuidarse sólo dentro de lo que cabía, apenas podía moverse de la cama, pero si le dejaba un arma cerca podría defenderse un posible ataque. Pero Gwen tan sólo era un bebé, que lloraba, llamando a sus padres. Contra eso, Ronon no podía luchar.

El guerrero tomó el rostro de John entre sus manos y le besó con dulzura en los labios. Al hacerlo, John sintió algo extraño, algo parecido a un adiós. Miró a Ronon pero entonces se dio cuenta que su compañero no estaba allí, había desaparecido como si nada.

"¡Ronon! ¿Ronon donde estás?" Pero no recibió ninguna respuesta. Ronon no estaba allí y John se sentía como si su compañero jamás hubiera estado allí con él, como si nunca hubiera existido.

"¡Papá!" Aunque no reconoció la voz de aquella niña, algo en el interior del coronel le dijo que se trataba de su hija y que si no se levantaba pronto de la cama, jamás volvería a verla. "¡Papá ayúdame por favor!"

No se encontraba bien, de eso no había ninguna duda y conseguir que sus piernas lo mantuvieran derecho sin caer al suelo, no fue tarea facil. Sin embargo, mientras continuara escuchando al voz de su hija no pararía, no dejaría de caminar hacia ella y luchar por ella.

Tal y como había visto antes, la ciudad estaba completamente vacía, no había nadie en la enfermería, nadie por los pasillos y nadie controlando el Stargate, que estaba abierto y marcando una dirección, al mirar los símbolos, no la reconoció.

Miró a la puerta y entonces la vio allí, era una joven de unos quince años, una mujer joven muy hermosa que sin duda tenía sus ojos y aunque estuviera quieta allí parada, tenía la fortaleza de Ronon. La chica le devolvió la mirada y sonrió al hacerlo, de una forma cálida y sobretodo amable.

"¿Eres…?"

"Hola papá. Llevo mucho tiempo buscándote y casi había perdido la esperanza de dar contigo. en la ciudad decían que habíais muerto hace mucho tiempo, cuando yo no era más que un bebé, pero aún así, algo me dijo que estabais en algún lado. Veo que no me equivoqué."

"Gwen, mi niña, mira como has crecido."

"Te he echado tanto de menos, sin conocerte siquiera. Jennifer y los demás me han contando tantas cosas sobre vosotros, que creo conoceros sin haberos visto más en ligeros recuerdos, que cada vez son más escasos en mi mente." La chica se mordió le labio para intentar no llorar, no quería que la primera vez que veía a su padre fuera tan triste.

"¿Cuándo has crecido tanto? La última vez que te dejamos eras sólo un bebé.

"Tu lo has dicho la última vez, porque no ha habido más. Evan dice que os marchasteis para hacer una misión, nada importante, pero que algo falló y la comunicación con el planeta desapareció, nunca más supieron de vosotros."

"¿Cómo? No puede ser, no nos podemos quedar aquí para siempre, Jennifer, la Jennifer de este mundo dijo que algo me estaba pasando y que mi cuerpo no resistía estar aquí. Supongo que mi organismo no resistía estar en una realidad que no era la suya. No puede ser, no podemos quedarnos aquí. Entonces tu…"

Un ruido suena a la espalda de John y la chica lo mira asustada, reconoce el sonido y por eso le aterra todavía más.

"Creía haberle despistado pero veo que me ha seguido."

"¿De que estás hablando Gwen, que es lo que te ha seguido? Si algo intenta hacerte daño, lo mataré." John no sabía a que se estaba enfrentando, pero cuando se trataba de cuidar a su familia no tendría problemas en luchar.

"A mi no, a ti, estás en peligro papá tu y Ronon, tenéis que salir de allí porque ya os perdí una vez y ahora que os he encontrado, ahora que puedo avisaros de lo que va a pasar, aunque sea a través de tu sueño, no voy a dejarle ganar esta vez."

"Un momento si estás en mi sueño como has llegado aquí. Entonces tu no eres real ¿No eres más que un sueño?" La chica sonrió, le habían hablado tantas veces de su padre, que no se podía estar creyendo que realmente estuviera hablando con él y por fin pudiera evitar perderlos para siempre.

"No, no así. Pero no hay tiempo para explicártelo todo. Soy real y vengo del futuro, pero un futuro que no me gusta nada porque entonces tengo perderos. La tecnología de los antiguos es mucho más avanzada de lo que tu creías papá y puede moverse por el espacio tiempo. Creo que ahora mismo estoy trastocando la harmonía de los antiguos o algo asís, pero me importa, porque no quiero saber que os he fallado."

El ruido se hace más intenso, mientras John baja las escaleras que le separan de su hija.

"Papá tienes que despertarte ahora o de lo contrario no voy a poder cambiar nada y ya sería la tercera vez que me pasa."

John siguió caminando hacia ella, no podía evitarlo. Era una muchacha tan guapa, esbelta como el mejor guerrero, igual que Ronon y sus mismos ojos azules. La vio sonreír, de la misma forma que su compañero lo hacía cuando estaba preocupado.

No pudo evitarlo, sabía que el peligro estaba cerca, pero aún así la abrazó con fuerza; temía no volver a verla, que ella tuviera razón y Ronon y él no fueran a salir de ese mundo irreal que no era su hogar.

"Papá, por favor, tienes que despertar ahora o te encontrará. Papá. ¡Papá!"

- o -

John despertó sobresaltado dando un grito. Se incorporó dolorosamente en la cama y si no hubiera sido porque Ronon sujetó su cuerpo, hubiera caído al suelo. estaba cubierto de sudor y temblaba con mucha fuerza. No reconoció, por un momento, el lugar en el que se encontraba o si al menos había despertado de verdad.

"John, John ¿Estás bien?"

Los brazos de Ronon a su alrededor, le hicieron caer de golpe a la realidad. El estómago el dio un vuelco y comenzó a respirar con normalidad poco a poco. se volvió hacia su compañero, que obviamente había estado tumbado a su lado, seguramente se habría quedado dormido con él

"Gwen."

"¿Cómo dices?

"He visto a Gwen, he estado hablando con ella." Ronon le besó en el cuello y sonrió.

"Has soñado con ella. Es normal porque la echas de menos, yo también quiero tenerla con nosotros y por eso no hago más que darle vueltas al tema de volver a casa cuanto antes."

"No, no. No era un sueño, era real, lo se. No preguntes como, ella no me lo ha explicado muy bien, pero creo que estaba aquí para advertirnos de algo, de algo que nos persigue en este mundo que no es el nuestro."

"John, has tenido un sueño, eso es todo. Además estás enfermo ¿recuerdas? Seguro que tienes un poco de fiebre. Además es normal que sueñes con Gwen."

"¡No era un sueño Ronon! Se distinguir lo que es un sueño de lo que no y se que esto no era un sueño. Tienes que creerme por favor. No me digas que me estoy volviendo loco, porque se que he visto a mi hija y no estaba soñando."

John puso las manos sobre el rostro de Ronon. De alguna forma sabía que tenía que conseguir que Ronon le creyera, sólo él podía ayudarle, ni siquiera M'ckay o Teyla que también estaban allí, tan sólo Ronon podía ayudarle.

Por primera vez en mucho tiempo, John Sheppard sintió que tenía miedo, que estaba aterrado, no tanto por morir, a eso ya estaba más que acostumbrado. Sin embargo, ahora que había visto a su hija, a la persona en la que Gwen se iba a convertir; toda una guerrera como su padre, una luchadora como los dos y una mujer muy hermosa.

¿Cómo iba a quedarse ahora sin verla crecer? Fuera lo que fuera que había en la ciudad, era malvado, no sabía lo que era pero estaba seguro que trataría de matarlos. No estaba seguro si era porque Gwen se lo había dicho o porque de alguna forma ya lo sabía cuando habían llegado, pero ahora podía notar una extraña presencia a su alrededor, algo que no era un humano, ni wraith, ni antiguo, algo mucho mayor.

"Ronon por favor, tienes que creerme."

Se abrazó a su compañero y este le devolvió la caricia besándole en la cabeza, bajó por su frente y por su nariz hasta besarle en los labios, mientras lo iba tumbando en la cama.

"Ronon, dime que me crees." Su compañero no contestó. Tan sólo cogió sus manos con fuerza y la subió por encima de su cabeza. John intentó moverse pero cuanta más fuerza hacía menos conseguía liberase. "Ronon ¿Qué estás haciendo? Me estás haciendo daño."

De repente Ronon le miró, pero John se dio cuenta que no era realmente él, sus ojos estaban completamente negros y su fuerza era muy superior a la que el coronel conocía de él.

"¿Sabes? Tu hija es tan entrometida como tu y por eso ha estropeado mi plan. Iba a hacer que tu muerte fuera dulce y que no te enteraras, como todos tus compañeros, pero ahora voy a tener que acabar ya con vosotros."

"¿Quién eres?"

"Eso a ti no te incumbe. Lo único que vas a saber es que soy el mismo que va a matar a tu hija, pero no como la muchacha que has visto, sino a tu adorable bebé."

"Deja a mi hija tranquila, maldito."

La criatura no contestó y apretó los labios de Ronon, los mismos que John tantas veces había besado mientras hacían el amor o nada más despertarse. Ahora resultaban asqueroso y su sabor era horripilante. Trató de liberarse, pero de nuevo las manos de Ronon se convirtieron en zarpas para John y le lastimaron las muñecas.

Entonces yo comprendió que aquella era la criatura de la que su hija había tratado de prevenirles, pero ahora era él el que fallaba a Gwen porque estaba casi seguro que aquella cosa lo iba a matar.