¡Hola a todos/as!
Vuelvo a estar por aquí de vuelta escribiendo y tengo un montón de novedades para vosotros. Desaparecí unos meses en los que me dediqué a estudiar en cuerpo y alma para una oposición sanitaria que tuvo lugar a finales de enero. Lo confieso: nunca había estudiado tanto como entonces. Dediqué muchas horas, más de las que podéis imaginar (creo que un día llegué a 11h, lo imposible), aunque también descansé. Aguanté hasta el día del examen. Creí que este año sí lo conseguiría, pero no fue así, y eso que saqué una muy buena nota. Pero en las oposiciones no se trata de aprovar ni mucho menos de sacar un excelente, sino de que lo hagas mejor que los demás. No fue así, pues solo habían 239 plazas en todo el Estado y quedé la 258 (nos presentamos 1000 y pico). Así que me tomé una semana de descanso mental y decidí que pararía. Creo que lo puse por aquí, pero llevo 2 años solo estudiando, y sinceramente debo parar. Es hora de empezar una nueva etapa, con fuerza e illusión :)
Después de todo este rollo, vamos al lío. No recibí ningún review en el anterior capítulo, así que nose si seguir publicando, pues noto que hay poco público ahí cerca. Sobre este capítulo, no es que se avance mucho en el tiempo, pero sí se aclarará algo más la situación de Karen. Opino que lo que pase aquí marcará un antes y un después en la historia, aunque recuerdo que aún estamos en 1r año. Espero críticas, ya sean buenas o malas, por favor.
Como siempre, debo recordar que este fic es ÚNICO de su autora y queda terminantemente PROHIBIDO plagiar, copiar, traducir o cualquier cosa que se os ocurra.
Karen Asano y Haruna Hilda son personajes creados por una servidora, memoriesofkagome.
El resto de personajes pertenecen exclusivamente a Takehiko Inoue.
Capítulo 21. Dudas resueltas
Me quedé parada sin poder hacer nada ante aquella mirada tan penetrante, como si me estuvieran sometiendo a un escáner completo. Él sonreía, aunque seguía con sus ojos mis posibles reacciones. Quizás me quedaba corta, pero vestía de un modo casual pero elegante, que atraería seguro a toda fémina que pasara por su lado. Su camisa negra entreabierta por la zona de los pectorales y su pantalón blanco hacía contraste con su piel morena, y mis ojos no pudieron evitar repasarlo de arriba abajo, pero en cuanto capte su mirada curiosa y su brillo divertido en sus ojos, enrojecí y me encogí, sentándome en el asiento más cercano. Me moría de la vergüenza, ¿qué hacía? Noté como su figura se sentaba pegada a mí, tan cerca que no dejaba movimiento ni posibilidad de reacción.
- Creo que te debo muchas explicaciones, Karen. Seguro que tienes un montón de preguntas para soltarme en este momento, y creo saber cuáles son. Así que te dejo empezar.
- Bien- estaba súper cortada, pero era hora de hacer frente a mis miedos, ¿no? – Primero, no entiendo tu persecución continua ni tu interés por mí, que siempre has demostrado desde que nos conocemos. Tu actitud caballerosa frente a mi persona da mucho que pensar. Y – tragué saliva – me desconciertas, con tus miradas, tus gestos y – temblé al pronunciar las siguientes palabras – al pronunciar mi nombre. Me siento extraña, desconozco todo esto – y me quedé a la espera, con el corazón a mil y mi vista hacia el suelo, incapaz de poderlo mirar, ver su reacción. Me negaba a levantar mi cabeza y ver sus ojos cristalinos, tan atrayentes y a la vez inciertos.
- Respondiendo a tus preguntas, creo que los dos sabemos el porqué de mi interés hacia ti. ¿O no? – y me tomó del mentón, obligándome a fijar su mirada en la suya – y si te nombro por tu nombre es porque ya no lo puedo evitar. Karen, eres una persona importante para mí – no lo entendía, de verdad, no lo podía comprender.
- ¿Qué tengo yo que no tengan otras? ¿Por qué yo? – no me pude retener.
- Karen. ¿No te has visto en el espejo? No solo me gustas por cómo eres, sino por lo que eres – mi corazón se aceleró antes estas palabras – no solo eres bella, sino inteligente, amable, amigable, honesta – notaba como mis mejillas se encendían con sus palabras. Espera, ¿me había dicho que le gustaba?
- No te creo – y era verdad, me costaba mucho aceptar esas palabras. Nunca me habían dicho tantas virtudes. El negó con la cabeza y cogió la palma de mi mano, llevándola hacia su torso. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, y sentí un cosquilleo en el estómago.
- ¿Lo sientes? – claro que lo sentía. Palpitaba casi tan rápido como el mío. – Así estoy cada vez que oigo tu voz, que estás cerca de mí. No lo puedo evitar, es inexplicable pero cierto. Karen, me gustas, y quiero intentar algo contigo – así de directo me lo soltó. Me quedé de piedra, aunque enrojecí aún más si podía ser posible y mi respiración se aceleró.
- Pero yo – tragué, me temblaba la voz – yo nunca he estado con nadie. No tengo experiencia. No sé si podré… - y me puso su dedo índice entre mis labios, callando cualquier palabra que quisiera salir entre ellos.
- No te preocupes por eso. Iremos poco a poco – asentí mirándole fijamente.
¿Me lo parecía a mí o se encontraba más cerca? Sentía su aliento fresco sobre mis labios, y sus ojos brillaban. Podía percibir las diferentes tonalidades de su iris, desde un turquesa como el mar en los extremos hasta un verde azulado en el centro del ojo. Sus pupilas me quemaban, negras y más agrandadas de lo normal. Mi respiración se agitó aún más y oía mis latidos retumbando en mis oídos. ¿Cómo actuar? ¿Me acercaba más? ¿Seguía quieta? Inexplicablemente, mi cuerpo actuó solo y me levanté del banco, agitada, y le di la espalda, dispuesta a irme. Pero no pude dar ni un paso, pues mi cintura fue apresada y de golpe me encontré sintiendo unos labios encima de los míos. No sabía cómo responder a eso, así que cerré los ojos y me dejé guiar por los roces y la suavidad de sus labios sobre los míos. Pasados unos segundos, me encontré libre de ellos, y cuando abrí mis ojos, su frente recostaba sobre la mía, respirando agitadamente su aliento fresco sobre el mío. Una de sus manos seguía cogida firmemente a mi cintura, mientras con la otra me acariciaba el cabello. Mi cuerpo se encontraba inmóvil, así que él cogió mi mano izquierda y la enlazó con la mía.
- Entonces, ¿lo intentamos? – me preguntó, acercándome aún más si era posible. Le sonreí tímidamente y asentí. No pasó ni medio segundo que nuestros labios se volvieron a fundir, y yo me perdí en las sensaciones que me ofrecía Shinichi Maki.
Pasados unos minutos, salimos los dos por la puerta principal del pabellón, donde nos esperaba el equipo al completo de Kainan. Shinichi, pues era como me había susurrado él que le llamara, los saludó efusivamente, pero al verme todos callaron de repente. Solo Jin se adelantó y le dio un golpe amistoso en el hombro a Shinichi mientras esbozaba una sonrisa.
- Me alegro por ti, capitán. Y por ti también, Asano.
- Gracias, Jin – y le sonrió mientras entrelazaba mi mano en la suya.
- Sí, Jin, gracias – y le devolví la sonrisa, mientras caminábamos por la avenida - ¿Dónde vamos, Shinichi? – y enrojecí al pronunciar su nombre. Aún no me acostumbraba a esto, todo eran sensaciones y situaciones desconocidas. Todos iban muy mudados, hasta mi ropa conjuntaba con su estilo.
- Vamos a cenar a un restaurante cerca de la Torre Landmark, a celebrar el pase al Campeonato Nacional de Invierno. Y después iremos a un karaoke, si tú quieres, claro está – me contestó, mirándome profundamente.
- Yo donde vayáis. Mientras no se me haga muy tarde – o mi madre me vuelve a rematar, me abstuve de comentar.
- No tardaremos mucho. Cogeremos el tren aquí al lado, y en nada nos plantamos allí mismo.
Y de verdad que era espectacular la vista. Llegamos en un momento a Minato Mirai, el distrito más nuevo de la ciudad, y el cual no había visitado aún. Todos los edificios tenían un estilo futurista, y si algo destacaba era el edificio más alto de Japón, la Torre Landmark, que se veía desde cualquier azotea o balcón de Yokohama. Era impresionante e imponente visto desde abajo. Ojalá pudiera subir alguna vez, aunque sabía los tickets costaban bastante dinero. Avisté un centro comercial justo a los pies de la torre, cuyo nombre no sabía, pero parecía que nos dirigíamos allí, pues el equipo había acelerado en aquella dirección. Yo no paraba de mirar todos los edificios que nos rodeaban, muy interesada en conocer aquellos parajes. Entramos dentro del centro comercial y subimos hasta la 3ª planta, acabando en un restaurante especializado en sushi. No se cómo lo hicieron pero los camareros nos tenían preparada una mesa muy larga en el fondo de la sala, donde nos sentamos todos. Me sentía cohibida por estar rodeada por tantos muchachos cuyos nombres desconocía, pues la experta era Haruna y por suerte no se encontraba con nosotros. Hablando de Haruna, no sé cómo ni cuándo le iba a explicar los acontecimientos recientes, ni el giro que parecía estar dando mi vida. Me tocó el asiento al lado de la ventana, pero no presté atención a la vista, pues me sentía nerviosa y desconcentrada, sí, esa era la palabra adecuada. Shinichi se había sentado justo a mi lado y hablaba tranquilamente con sus compañeros. Se notaba que tenían mucha afinidad. Realmente me encontraba frente a un equipo muy unido y compenetrado, y eso costaba asimilarlo puesto que solo lo había visto en el equipo de mi instituto. Los camareros no tardaron en servirnos el sushi que habíamos pedido al entrar, junto con las bebidas. Menos mal que el entrenador no se encontraba por allí cerca, porque hubiera quedado pasmado con lo que se llegaban a pedir sus jugadores, aunque quizás se trataba de una ocasión especial y se debía celebrar. Sake y jarras de cerveza rodaban por toda la mesa, pero yo seguía con mi plan deportista y me había pedido una cola sin azúcar. Y pude comprobar que Shinichi solo tenía un agua con gas. Creo que nadie más se salvaba. El sushi, por cierto, estaba delicioso y muy sabroso, así que me lo comí todo.
Al acabar la cena, casi no habíamos cruzado palabra Shinichi y yo, pues había charlado solo con Jin de temas tan banales como el instituto, los exámenes finales y las vacaciones de Navidad, que se acercaban peligrosamente sin que me diera cuenta. Bebí un sorbo de la poca cola que me quedaba en el vaso ancho, mientras por primera vez desviaba la mirada hacia el cristal a mi izquierda. Me quedé muda de la impresión que me dio ver tal paisaje nocturno. La noria de Cosmo World se alzaba iluminada de color lila, iluminando toda la bahía. Podía percibir barcos pequeños en el mar, barcos espectáculo le llamaban, pues contaba con restaurante, y algunos de ellos, con club interior. A saber en qué estado me encontraba pues sentí como una silla se movía y una mano me alzaba del asiento.
- La vista nocturna es fascinante – me susurró Shinichi, a la vez que apoyaba una de sus manos en la cristalera.
- Ni que lo digas – y era la verdad. Giré la vista hacia él, que aún observaba el espectáculo – gracias por traerme aquí, y poder disfrutar de esta cena con vosotros.
- Gracias a ti por aceptar – y me volvió a quemar con su mirada turquesa. Esbocé una sonrisa automática sin poder evitarlo.
- Siento no haber participado mucho durante la cena. No los conozco y bueno, soy un poco tímida con la gente desconocida, la verdad – no podía mentirle, no ahora. Una mano levantó mi mentón, y ahora sí, no podía escapar de su penetrante mirada.
- No te disculpes, Karen. La culpa es mía. Estos chicos cualquier día acabarán con mi paciencia. Además, tampoco te he presentado oficialmente.
- Ni quiero que lo hagas – lo corté en seco – no cuando apenas llevamos juntos horas, y la verdad, no quiero ni creo estar preparada para ponerle un nombre a esta relación – no cuando se trataba de la primera vez, y todo desconocido para mí.
- Capitán, ¿nos vamos o qué? – le preguntó un chico alto, el más alto del equipo.
- Takasago, ya vamos – le contestó Shinichi. Me cogió de la mano otra vez y me condujo hacia las afueras del centro comercial.
- ¿Qué hora tienes, Muto? – preguntó Jin a otro chaval que se notaba ser más mayor de nosotros.
- Quedan 10 minutos para las diez de la noche – y ahí se me cayó el mundo encima. ¿Tan tarde se había hecho? Pues sí que pasaba rápido en tiempo cuando lo haces en buena compañía. Paré a Shinichi en la entrada a la estación de tren, pues no sabía si continuar con ellos o volver por mi cuenta a casa. Teniendo en cuenta que debía coger un tren dirección Negishi, y que solo pasaban cada veinte minutos, podía esperarme sentada si les daba por ir a otro sitio lejano, en la otra punta de Yokohama.
- Shinichi. No creo que os pueda acompañar al karaoke. Se ha hecho muy tarde. Debería ir volviendo hacia casa - Shinichi asintió y llamó a los chicos.
- Equipo, id tirando vosotros hacia el karaoke. Os llamaré en cuanto pueda – y los chicos entraron en la estación y los perdimos de vista al instante – Te acompañaré a casa, Karen. No creo que sea conveniente dejarte sola a estas horas de la noche. Supongo que tu familia estará preocupada.
- Bueno, la verdad es que el humor de mi madre es impredecible – dije mientras compraba el billete – nunca sabes por donde va a salir.
- ¿Así que vives por Negishi? – me preguntó mirando ambos billetes.
- Sí. No queda muy lejos de Ryonan, aunque debo coger el tren cada día.
- Eso es lo malo de esta ciudad. Demasiado grande, y siempre obligados a gastar dinero para desplazarte – coincidió él, mientras llegábamos al andén – yo vivo en el centro, pero Kainan también me queda un poco lejos.
- Aun así, con la moto no creo que tengas ningún problema.
- ¿Te gustan las motos? – me preguntó una vez sentados dentro del vagón.
- Nunca he montado en ellas. Solo he tenido la oportunidad de ir en bici y da gracias porque me la rompieron antes de empezar el instituto – sus ojos brillaron de pura curiosidad.
- Algún día te tienes que montar. La sensación es indescriptible.
- No lo dudo – y de verdad debe ser raro, pues sentir el aire en la cara, como dominas el mundo. Y cómo iría abrazada a él… Mejor no pensar en ello, repetí mentalmente.
- Ya casi llegamos – y era verdad, la siguiente parada ya era la mía.
Nos bajamos y encaminamos nuestros pasos por la avenida ya tan conocida frente al puerto. Hacía frio, apenas quedaban dos semanas para las vacaciones de Navidad y se notaba el cambio de meteorología. Esperaba que no le diera por nevar antes de las fiestas. Me apretujé mi chaqueta al cuerpo, intentado que no pasara ni un resquicio de frio dentro, pero quizás era misión imposible dado que mis manos estaban heladas, y los pies dentro de los zapatos de tacón también. Aceleramos nuestros pasos, y lo guie hasta avistar el edificio de pisos al final del paseo. Por fin llegamos al portal, que se encontraba vacío y con poca iluminación, así que me dispuse a sacar las llaves de mi bolso. Pero antes de abrir la puerta, me giré para despedir a Shinichi.
- Gracias por acompañarme. Y siento haber fastidiado la fiesta. De verdad, no era mi intención… - pero volvió a colocarme un dedo entre los labios.
- No te disculpes, Karen. No arruinaste nada. Prefiero estar aquí contigo – y me acarició la tez.
Mi corazón se volvió a disparar ante la inminencia de lo desconocido. Apenas quedaban dos centímetros entre nosotros, y parecía que el corazón se iba a salir de mi pecho. Me mordí el labio inferior debido al nerviosismo, y parece que ese fue el detonante necesario para que el espacio se disolviera y volviera a sentir. Era extraña y a la vez conocida ya la sensación de tener sus labios sobre los míos, acariciándonos mutuamente. Lleve una de mis manos a su cabello, intentando estrechar aún más la distancia entre nosotros si era posible, mientras sentía como me acercaba más pues uno de sus brazos rodeaba mi cintura. Mi mente desconectó momentáneamente y solo sentía, solo me dejaba guiar por él. Acabé apoyada contra la pared, con la temperatura corporal ascendiendo peligrosamente y un aleteo en el pecho constante. En algún momento debí separarme porque la necesidad de respirar me lo pedía, así que él se retiró hacia atrás, y dejé caer mi cabeza sobre su pecho, respirando agitadamente, intentando recuperar el aire perdido hacía segundos. Aún no me acostumbraba a esta sensación. Escuchaba su corazón en sintonía con el mío, pero él no se quedó quieto y bajó sus labios sobre mi cuello expuesto, besándolo. Mi piel ardía con el contacto, quizás estaba en pleno proceso de ebullición y aún no había deparado en ello. Un suspiro salió de mis labios, a la vez que inclinaba la cabeza hacia mi izquierda, dándole mayor acceso. Pasados unos segundos se separó completamente de mí, pero me acarició el rostro cariñosamente por última vez. Intenté memorizar el suyo, pero me encontraba exhorta en las sensaciones que aún recorrían mi cuerpo, así que solo atiné a darle un beso en la mejilla y dirigir mis pasos hacia la puerta, para por fin abrirla y entrar en el inmueble.
- Nos vemos pronto, Karen – susurró Shinichi.
- Buenas noches – le dije en respuesta, a la vez que los dos nos sonreíamos por última vez. Cerré la puerta y subí hacia arriba lo más rápido que pude. Mi madre ya se encontraba en la cama cuando asomé por allí, así que mis pasos se dirigieron solos hacia el balcón de mi habitación. Podía ver claramente los pasos del chico que me quitaba el sueño por la avenida, camino a la estación nuevamente. Aquel chico alto, de tan buenos modales y un as en el baloncesto, un deporte que poco a poco había ido calando hondo en mí. El día había dado para mucho, y por lo menos había conseguido algo más que un paso al Campeonato Nacional, que justo empezaría dentro de una semana en Sapporo.
Tan ensimismada me encontraba que el sonido de mi móvil me despertó del trance, así que tuve que cerrar la puerta corredera y correr por media habitación hasta dar con él. Y solo eran unos cuantos SMS. Vi que Haruna me había enviado como tres y Ayako otro más. Abrí primero los de la rubia. "¿Viniste al final, traidora?" era el primero, seguidamente "Un pajarillo me dijo que si te vieron por el pabellón. Espero que te lo pasaras muy bien" y el último "¿Aún no volviste a casa? Da mucho que pensar. Mañana toca interrogatorio preclase, amiga". Oh, no amiga, no creo que me vayas a sacar mucho. El mensaje de Ayako era más elocuente: "Me crucé con Fujima esta tarde y me dijo con quién estabas. Espero respuesta en breve ". Apagué el móvil sin contestarles, me puse el pijama y apagué la luz sonriendo.
