fé de erratas 1: en el capítulo anterior, temari asegura que cuando ella e ino fueron llevadas a la cocina a comer algo después del largo viaje, las sirvientas les habían atendido a regañadientes por tener que salir de la cama a cocinarles. pasa que no llegaron al espejismo mucho después de que anocheciera, y tomando en cuenta que están en otoño, calculo que eso sería algo así como a las siete de la tarde (varía según latitudes o longitudes, al menos es así acá en santiago). así que, cuando las niñas llegaron al espejismo, todos estaban despiertos.

fé de erratas 2: he dado plazos, fechas, cantidades de años a lo largo de esta historia, y nunca he podido ponerme de acuerdo conmigo misma. a partir de ahora les aseguro que las fechas de los eventos del país de la calavera serán las definitivas, quedando invalidadas las anteriores. aunque, claro, siempre pueden servir de vaga referencia. gracias.

fé de erratas 3: se supone que la kunoichi-aparentando-ser-criada-que-hace-de-dama-de-compañía de tentén se llamaría miki, pero ya no me gustó así que lo cambiaré por yue :D

y por favor recuerden que shigakure es la aldea de la muerte y que este fic está basado en lo que iba el manga en el año 2009.


—¡Kuso…!

Masculló lo más disimuladamente posible antes de resbalar en el lodazal y caer de cara al piso. Levantó la vista inmediatamente para limpiarse el rostro con la manga, pero era inútil. Oía que sus compañeros se detenían y uno de ellos se acercaba hacia donde había aterrizado con cuidado para no caer junto con él.

—Dobe, ten más cuidado —le dijo Sasuke, seco y cortante, extendiéndole la mano para ayudarlo—. Por tu culpa llegaremos la próxima luna nueva al Espejismo.

—Deja de joderme, teme —espetó Naruto, pero aceptando la mano amiga. Al incorporarse pudo sentir que en el peli-negro depositaba en su palma un muy mojado pero útil pañuelo para limpiarse la cara.

—¿Todo bien? —preguntó su líder, Shikamaru, mientras caminaba también cuidadosamente hasta donde estaban. No hubo respuesta por un instante, hasta que finalmente Uzumaki soltó un desanimado:

—Sí.

Nara no les dijo más. Habían estado corriendo durante horas y aún no alcanzaban ni la fortaleza que les había prometido Genji ni el amanecer que debería comenzar en esos instantes. En cambio, la noche seguía manteniéndolos cautivos en sus oscuras fauces, sumidos bajo un infinito manto de lluvia incesante, castigados por gélidas ráfagas de viento cruel y lacerante. No había tela en sus ropas que no estuviera estilando. No había hueso en sus cuerpos que no se sintiera fragmentado. No había centímetro en su piel que no sintiera frío. No había músculo que movieran que no pidiera tregua. Pero había que continuar. Por su honor, por su misión. Por ellas.

—¿Neji? —llamó su atención Shikamaru, apenas volteando hacia él, quien llevaba la cabeza del grupo y hacía de guía. En esa oscuridad era el único que podía ver más allá de su propia nariz.

—No es seguro que paremos. Recomiendo que reanudemos la marcha inmediatamente.

—Meh… —se alzó de hombros su líder. No le había llamado la atención para preguntarle eso, sino para saber si ya veía los dichosos muros que rodeaban la ciudad del Espejismo— Como gusten.

Sí, estaban todos ansiosos. Shikamaru lo olía en el ambiente. Pero no podía analizar la situación tan ajenamente a ella, él también se sentía ansioso. Ya fuera por lo vulnerables que se encontraban ellos mismos en ese llano infértil y marchito, la desesperación por llegar finalmente al cobijo de un techo, una cama seca y un plato de comida, por la duda de si haber confiado en Genji había sido realmente una buena idea o por el tener las manos atadas respecto a lo que sucedería con sus compañeras; aquellas de las que se hallaban separados desde la tarde del día anterior.

Pero al menos uno de ellos sabía que iban siguiendo el buen camino. Neji había memorizado todas las instrucciones que le había dado el gennin de Shigakure: el páramo desértico, el camino serpenteante, el viento este, las casas abandonadas, las luces azules titilando a lo lejos. Las agrupaciones de muertos caminantes deambulando sin rumbo de allá para acá. Todo lo que le había sido descrito calzaba perfectamente con lo que recorrían. Precisamente en ese instante, por ejemplo, pasaban junto a una aldea abandonada; eso quería decir que habían alcanzado finalmente el último tramo que restaba para llegar hasta la capital de la Calavera, la que se apreciaba fácilmente gracias a su ojo blanco.

El grupo se mantenía en silencio. Sus pasos eran sigilosos y sus reflejos se mantenían en alerta. El genio Hyuuga sabía que aquel sagrado estado de preparación se rompería si les decía que podía ver las luces de una fortaleza desde hacía poco más de media hora. No, lo mejor era tomar la situación en sus propias manos y seleccionar la información que les entregaba. Corriendo entre el laberinto de neblina él era los ojos para sus compañeros, que no podían ver los esqueléticos restos humanos ornamentando pueblos fantasmas a su paso, los cadáveres vivientes devorando animalejos salvajes, la escasez de flora sobre el suelo resquebrajado y vacío, …la inquietante cantidad de cementerios. Pero ni siquiera el talentoso joven de ojos perlados podía alcanzar a ver el horizonte. Sólo las luces en altura de la –ahora- sagrada ciudad, su única esperanza.

Pero, ¿por qué aún no amanecía? ¿Y por qué parecía que el clima se hacía más helado en las tierras de la Calavera? Ciertamente el otoño avanzaba, las noches se hacían más largas y los días más cortos, pero en las bondadosas tierras del sur las estaciones deberían ser más cálidas que en su natal aldea de la Hoja.

—¡Oi! —gritó entonces Naruto, sacándolo de sus pensamientos.

—¿También lo ves, Naruto? —se le unió Sai, con un inusual dejo de expectación en su voz.

—Son las antorchas de las que hablaba el mocoso —confirmó Sasuke, adelantándose a su amigo.

—Finalmente… —murmuró Shikamaru. Entonces comprendió lo que había estado haciendo Neji, soltándole una cansina sonrisa.

Pues ahí estaba, ya visible incluso para los que no contaban con el amparo del Byakugan: la capital de la Calavera, custodiada por altos muros sombríos, los que estaban coronados por auspiciosas antorchas. Entonces, tal como había previsto el cabecilla del grupo, la disciplina de la marcha se disolvió con la lluvia que caía a través de ellos. El paso se aceleró, alimentándose de su sola alegría al verla. La fila se rompió y el ánimo de todos pareció renovarse. Las primeras sonrisas de anhelo comenzaban a surgir; unas secretamente, otras más desinhibidas.

Estaban a menos de mil pasos de las murallas, las que cercaban una enorme área. A medida que se acercaban también se veía la luz propia de la ciudad y altas torres por encima de las murallas. Los vigilantes haciendo turno sobre ellos se dibujaban a contraluz, cuyas figuras se distinguían caminando desganadas bajo el aguacero. Incluso podían ver una parte del techo del castillo del daimio, imponente.

Hasta que finalmente, ¡finalmente!, el grupo de jóvenes shinobis se paraba orgulloso frente a los portones de entrada a la capital de la Calavera, el Espejismo. El impacto de la lluvia contra las gruesas placas metálicas de las que estaba hecha la fortaleza era de un sonido seco, grave. Algo podía apreciarse de los detalles de los muros de hierro, sus grandes tuercas oxidadas, el moho adherido a la base de la estructura. Gigantescas vigas mantenían la construcción en pie; tan frías, tan colosales, tan sombrías y solitarias. El material envejecido había perdido su brillo hacía tiempo, se notaba. Los muchachos se guardaban un último aliento impaciente antes de hacerse anunciar. Tenían agua de lluvia escurriéndose por las mejillas, por el cabello alborotado, por los dedos de las manos. El frío colándose desde el cuello, los hombros, el torso, la espalda, por culpa de las gotas infiltradas bajo la ropa. El cansancio. El hambre. La añoranza. La oscuridad.

Fue cuando Shikamaru le dirigió una silenciosa mirada al Kazekague que éste llenó sus pulmones con energía y determinación.

—¡Ore wa Sabaku no Gaara desu! ¡Vengo con aliados de Konoha a pagar la deuda de Suna con la Calavera! ¡Abran las puertas!

Como inmediata respuesta al anuncio del pelirrojo, murmullos se escucharon del otro lado de las puertas, que crujieron al ser liberadas de la enorme viga que las mantenían truncadas. Volvieron a crujir al abrirse. Y una vez más al quedarse quietas, abiertas de par en par, dándole la bienvenida al Kazekague y su comitiva.

—Lo estábamos esperando, señor.

Eran dos ninjas portando la insignia de la aldea oculta de la Muerte, ambos de unos cuarenta años más o menos. Tras ellos la ciudad quedó desnuda, enmarcada por el amplio umbral, a la vista de los recién llegados. Los edificios eran escasos, eran más las casas de pocos pisos, en precario estado. La hora era tardía para estar en pie y prematura para comenzar las labores diarias, sin embargo el frío era tal que aún las chimeneas de latón expelían delgadas columnas de humo. Los postes de alumbrado público sólo estaban encendidos uno por medio, varios focos pestañeando, alumbrando intermitentemente la maldita lluvia.

—Domo arigatou.

Al cruzar la entrada el único en no fijar la vista en el enorme sello del piso fue el Jinchuuriki. Gaara miró con desconfianza el kanji frente a sus pies, estando a la cabeza del grupo. Luego lanzó su mirada en pos de amenaza hacia los guardias.

—Eh… No… No es lo que usted cree, Gaara-sama… Es sólo un sello para descubrir posibles espectros disfrazados.

—¿Sólo espectros?

Ambos porteros se miraron sin saber a lo que se refería el Kazekague. El pelirrojo se calmó luego de razonar que se necesitaría mucho más que un simple sello para delatar al poderoso Kyuubi, avanzando sin darle más importancia al asunto.

—Bueno, bueno, ¿y dónde está la residencia de este tal Nakai? —preguntó Naruto de manera imprudente, con una mueca zorruna. Del fondo de la comitiva se adelantó a estar frente a los guardias sólo para acelerar las aburridas formalidades.

—Por favor, no le hagan caso a este baka —se disculpó Shikamaru, como si no quisiera que se enteraran que venían de la misma aldea.

—Llévennos con el daimio —pidió el Kazekague.

—¡Hai! —respondieron los guardias al unísono. Se dieron una rápida mirada y uno de ellos dio un paso al frente.

—Yo los llevaré —dijo el portero, sin agregar más antes de ponerse en marcha, seguido de los extranjeros.

Protocolo. Qué mierda más odiosa. De ser sólo una misión de tres ninjas bastaría con registrarse en la puerta y pasar de largo sobre los techos hasta el castillo, pero no: el mismísimo Kazekage asistía a arreglar un asunto entre naciones, una diligencia imperiosamente oficial. Cada uno de los recién llegados tenía una buena razón para apresurarse a llegar lo antes posible, pero con las circunstancias había que aguantar el letargo del paso de su anfitrión con el estómago apretado.

—¿Tienen noticias de nuestras compañeras? —preguntó entonces Gaara, atrayendo la atención de los demás ante la siguiente respuesta.

—Hai. Cuatro chiquillas de Konoha y una de Suna llegaron con Hasu no Genji a eso de las siete de la noche, ahora deben estar en el castillo del señor Nakai. Es todo lo que sé.

—¿Dijiste Hasu? —inquirió Neji. Si no mal recordaba, ese era el nombre de la familia que había maldecido a la Calavera.

—Hai. Ese es su apellido, señor. No me sorprende que no se los haya dicho.

Los muchachos se miraron. Ya quedaba expuesta la primera mentira de Genji.

—¿Te refieres al hijo del señor Nakai? —quiso comprobar Shikamaru.

—Es su hijo, sí, pero ilegítimo. Tenemos muchos de esos en la Calavera… muchos bastardos. Descendientes de la familia Hasu los hay menos, pero ese chiquillo carga con esos dos males. Sólo por el segundo ya se convierte en un pobre diablo indeseable.

—Nee, parece que tu trabajo de portero es bien aburrido, ¿no? Porque nadie te pregunta nada y comienzas a hablar mal de tu compañero como cualquier vieja de barrio.

El shinobi no le dio mayor importancia al comentario que soltó Naruto, más bien lo miró con malicia antes de contestarle.

—Ya veo, así que le agarraron cariño al pequeño bastardo. Tengan cuidado, todos los Hasu son hijos del mismo demonio, no sea que les eche un maleficio y pierdan su alma por culpa de su estupidez.

—"Bla, bla". Vieja de barrio —respondió desafiante.

Shikamaru ya se había rendido tratando de controlar el carácter volátil de Naruto, ahora sólo pensaba en su urgencia por ver a Temari y un cigarrillo. ¿Pero en qué mierda estaba pensando…? El cigarrillo, dios, sólo el cigarrillo… Y que ella estuviera bien… ¡Qué problemático! Sólo pudo dejar de maldecir sus pensamientos al fijarse en el semblante nervioso del resto del grupo. La alegría daba paso a la impaciencia. Comenzando por Uzumaki, frustrado y ansioso como animal enjaulado; reaccionaba con la mínima provocación, resultando en que incluso defendiera a Genji, contra quien había levantado tantos reclamos antes de separarse. Después estaba Neji, quien, bueno, en realidad era difícil saber en qué estaba pensando excepto en el pequeño detalle de que también había perdido las ganas de poner a raya al hiperactivo oji-azul. Luego Sasuke, otro introvertido… Sus puños apretados y su ceño fruncido, distintos a su expresión ajena de siempre, lo delataban. Sai jugaba con aquél gran paraguas rojo dándolo vueltas por sobre su cabeza lentamente, unas veces sonriendo, las otras perdiendo la mirada, aún con ese bulto guardado bajo el abrigo. Nara envidiaba al pelirrojo, el único sin problemas de faldas en el grupo. Luego de algunos días de viajar con él podía notar que no estaba preocupado por su hermana mayor; no era para menos, la muy mandona era endemoniadamente fuerte. E inteligente…

Fueron más de veinte minutos de odioso caminar embarrado y húmedo, con el trotar de la lluvia acompañando la salpicadura de cada paso, mientras se aguantaban a las ganas de llegar pronto, combatiendo contra el deber de llegar lentamente. Dieron vuelta a una calle, una avenida perpendicular. Por sobre altos muros entejados y tras anchos jardines, en el espacio que ocupaban cuatro cuadras enteras se erguía el orgulloso y señorial castillo del daimio. Para ser una nación en decadencia el edificio denotaba más imponencia y autoridad de lo que su pueblo podría pavonearse. El hombre que los acompañaba se acercó al guardia del recinto para anunciar a las visitas: un shinobi de avanzada edad y ojos sonrientes.

—He acá la razón de tanto alboroto —dijo en un tono carente de respeto por sus visitantes, apuntándolos con el mentón—. Abran rápido, que llueve a mares y no me sienta bien este trabajo de niñero.

El anciano miró a su compañero con reprobación, quien se iba sin más de vuelta a su puesto de vigilancia. Tomó un radio comunicador resignándose a su mala conducta.

—Díganle a Naoko que llegaron los ninjas que esperaba el señor Nakai —y se volvió a los visitantes mientras dejaba el aparato a un lado y abría los pesados portones—. Por favor disculpen a ese baka. Adelante, los están esperando.

Sasuke suponía que siendo pasadas las cinco de la mañana y estando en una misión shinobi nadie los esperaría, pero al ver tras el portón abierto se fijó en que lo obvio era errado. Las luces de la recepción estaban encendidas y algunas criadas salían a recibirlos con esmero y pompa exagerada para la ocasión. Las muchachas disimulaban su desvelo con sonrisas calmadas, vestidas de elegantes kimonos de colores, entusiastas, como si atendieran a comerciantes de barcos. Se preguntaba qué tan diferente sería la bienvenida de no estar Gaara en la comitiva mientras que una de ellas le ofrecía un paraguas a él y al dobe, quien caminaba junto a él igual de extrañado. Toda esa ceremonia, más que impresionarle se le hacía una pérdida de tiempo exasperante, sólo quería ver que Sakura estuviera en una pieza y ya.

—Onegai shimasu —pedía amablemente una criada mientras señalaba sus sandalias ninja, para que se las quitaran antes de entrar a una sala que no parecía ser una entrada oficial al castillo. Se asimilaba más a una sala de reuniones, en la que sonrientes sirvientas despojaban de sus pertenencias a los shinobis y les otorgaban ropas secas para que se cambiaran; unas sencillas pero costosas yukatas de algodón bordado. Entonces fueron conducidos a una sala de invitados a través de confusos y extravagantes pasillos.

Neji ocultaba bien su recelo ante la situación, observando cada detalle de lo que le rodeaba. Le llamaba la atención -más bien le molestaba- el contraste entre las riquezas del palacio y el empobrecimiento de la aldea. Se acordaba de Gai-sensei y de Rock Lee, agradeciendo su ausencia; estaba más que seguro que en un lugar así les habría sido fácil perder la compostura. Lamentaba haberse perdido el rostro de Tentén al haber llegado al castillo, estaba seguro de que su sonrisa en ese momento debió haber sido igual al de una niña a punto de abrir un enorme regalo. Estaba bien, lo sabía, todo indicaba que ella estaba bien, era lo único que lo tranquilizaba.

—Por favor, tomen asiento mientras llega el chambelán del señor Nakai. Cualquier cosa que necesiten, por favor háganselo saber a cualquiera de las criadas. Con permiso —les dijo una de las chicas; su rostro medio tapado por su cabello oscuro era sereno e inexpresivo, y su mirada dorada era lejana y fría, impropia de una criada. Se retiró apenas terminó de hablar, perdiéndose en un pasillo estrecho y poco llamativo.

Como no había nada más interesante qué hacer, Sasuke, Sai y Neji tomaron asiento. Shikamaru se quedó cerca de uno de los braceros que habían traído para calentarse un poco, Naruto caminaba dando vueltas como hipnotizado, Gaara se quedó cerca de una de las puertas que daban al patio interior para escuchar la lluvia con los brazos cruzados.

—¿Para qué nos quiere ver el chambelán apenas llegamos, siendo esta hora? ¿No sería más fácil que nos llevaran con las chicas ahora, dormir un poco y hablar con Nakai por la mañana? —preguntó el rubio, claramente impaciente.

—Gracias por apuntar lo obvio, dobe —le contestó Sasuke.

—¡¿Quieres pelear, teme?

—¡Té y panecillos! —les interrumpió otra criada, llegando con una bandeja con tetera, tazas y dulces. Sus ojos eran del mismo dorado de la chica seria que los había recibido, sin embargo, a diferencia de ella, ésta tenía una sonrisa dulce y juguetona, y se comportaba como si no se hubiera enterado de los gritos del joven rubio. De cualquier manera, llegaba justo a tiempo para cortar con una funesta muestra de indecoro de parte de aquellos dos.

Neji bufó ante la conducta de sus compañeros. Sai los miraba sonriente. Gaara se sumía en sus pensamientos, sin ponerles atención. Shikamaru suspiró pesado y se limitó a recoger un buen tazón de té caliente y un panecillo de arroz.

Luego de un momento, los demás imitaron a su resignado líder. Por un instante se quedaron otra vez en silencio. Uno que otro criado correteaba sigilosamente por los corredores adyacentes, oscuros y misteriosos, siempre con paso de urgencia y pasitos cortos. La sala donde se encontraban estaba debidamente temperada con arcaicos braseros en cada esquina, e iluminada con numerosas lámparas a vela. A excepción de una, todas las puertas dobles que daban al patio se encontraban cerradas, lo que no dejaba entrar demasiado frío al fastuoso cuarto. A través de ella podían ver la tenebrosa noche, que aún no finalizaba. Varios destellos azules se sucedieron en un segundo y un instante después un estruendo cielo hizo temblar al castillo. Las velas crepitaron al unísono y un par de criadas que acompañaban a los muchachos exclamaron en susurros debido al miedo que les inspiraba el inofensivo relámpago.

La taza de Shikamaru ya estaba vacía cuando se apareció este hombre robusto de ropas caras, al que toda la servidumbre saludó con solemnes reverencias.

—Bienvenidos, Gaara-sama, ninjas de Konoha. Soy Oguni Fumio, el chambelán del señor Nakai. Es en su nombre que los recibimos con los brazos abiertos, estamos tranquilos y agradecidos de saber que el actual Kazekage se ha tomado la deuda de Suna en serio. Agradecemos también la valiosa e inesperada ayuda de Konoha, si son de la confianza de Gaara-sama nosotros también depositaremos toda nuestra confianza en ustedes —les dijo con mesurada amabilidad—. En estos momentos Nakai-dono no se encuentra en condiciones de atenderlos, es por eso que a primera hora de la mañana se reunirá con Gaara-sama y un representante de Konoha en sus aposentos privados para tratar la situación actual de la Calavera.

—Muchas gracias por las atenciones —comenzó a decir el suna, inclinando levemente la cabeza—. Supongo que no se ha tomado la molestia de levantarse a esta hora sólo para tan fugaz informe.

—Tiene razón, hay algo más. Nuestro shinobi nos informó de todo lo ocurrido en su misión en el trayecto hasta la Calavera, al parecer debimos suponer que la maldición se saldría de control —contestó bajando la vista, visiblemente incómodo—. Tengo entendido que algunas integrantes del grupo llegaron al Espejismo portando la Marca del Fantasma y que… —se detuvo como para contener el impulso de decir algo impertinente— Genji no pudo responder a sus dudas en su momento. Espero que entiendan el motivo de su silencio, todo shinobi o kunoichi en misión debe respetar un estricto código de discreción al encontrarse entre extranjeros. Pero sepan que no es nuestra intención ocultar información valiosa a los amigos que han venido a ayudar a nuestro pueblo, si están de acuerdo puedo aclarar todas las dudas que tengan sobre la temible Marca del Fantasma. O si lo prefieren, sus cuartos ya están listos para recibirlos. Usted dirá.

Gaara ni se tomó la molestia de mirar la reacción de sus camaradas para saber su respuesta, percibiendo que intercambiaban miradas de ansiedad sin decirse nada. Trató de imaginarlo, pero se le hizo difícil medir cuán cansados deberían estar para rechazar la propuesta que se les ofrecía. Lo cierto era que aguantar era buena parte de lo que pedía su profesión.

—Arigatou, Oguni-san. Los cuartos pueden esperar.

—Hai —el chambelán miró de reojo a las pocas sirvientas que quedaban aguardando en un apartado rincón, las que se retiraron silenciosamente cerrando las puertas tras de sí. El hombre se tomó un prudente instante antes de continuar—. Quien realmente hablará con ustedes es una persona cuya existencia es alto secreto de estado. Les pido que no revelen a nadie cualquier detalle de la entrevista que llevarán a cabo bajo ninguna circunstancia. Cuando hayan terminado de aclarar sus dudas serán llevados a sus aposentos, en los que confío que se sentirán cómodos, sobre todo después de tan crudo y largo viaje. Con permiso.

Oguni hizo una mecánica inclinación de cabeza, dio media vuelta y la puerta frente a él se abrió justo a tiempo. Del otro lado se asomó la chica de cabello oscuro y carácter serio, quien parecía haberse quedado esperando a que el chambelán terminara de hablar con los chicos.

—Ya se fue, Genji —dijo después de que el hombre se perdiera de vista. Un enorme jarrón chino se deshizo en una humareda, era Genji-kun.

—¡Mocoso! —exclamó Naruto.

—Nee, eres tú, Genji —alzó las cejas Sai, sorprendido.

—¡Oyasumi nasai! —les sonrió el joven—. Sabía que llegarían bien, las señoritas llegaron preocupadas por ustedes. Ah, qué modales… Les presento a Naoko. Naoko, él es el Kazekague y ellos son los shinobis de Konoha.

—Mucho gusto —les saludó serenamente la chica.

—Bueno, no quiero demorarlos. Vamos, vamos.

Naruto se quedó mirando cómo el chico cerraba las puertas corredizas que daban al pasillo mientras que la chica, Naoko, se encargaba de cerrar las que guardaban el patio interior del castillo. El grupo se quedaba encerrado dentro a pesar de que les habían dado a entender que irían a otro sitio. Sin embargo, eso no era lo que llamaba su atención sino, ¿había visto mal o Genji tenía un ojo morado?

—Esto, Genji… —comenzó a decirle para preguntarle, pero Gaara lo detuvo antes que siguiera hablando poniendo una mano en su espalda.

—Es por aquí —sonrió Genji, sin ponerle atención a las palabras de Naruto. Se paró frente a una de las paredes, dando justo a un panel de madera en particular con tréboles tallados en la brillante madera. Apoyó sus manos sobre éste y pronunció las palabras—: Hasu desu.

Y el panel desapareció como por arte de magia, dando paso a un pasillo secreto.

—¿A dónde lleva? —preguntó Sasuke, desconfiado.

—A quien tiene todas las respuestas… O al menos muchas de ellas. Ah, Naoko trajo sandalias de lino para cada uno, recomiendo que las usen. ¡No se queden atrás!

El chico se internó en el oscuro pasaje y su silueta se perdió en su fondo negro. Luego Naoko lo siguió tranquilamente portando una pequeña lámpara de aceite encendida. Los muchachos se miraron entre ellos y luego miraron al lugar donde había estado la criada: seis pares de sandalias estaban alineados en el piso para su disposición. Se las calzaron aprisa y se internaron en la oscuridad junto con sus misteriosos anfitriones ya provistos de calzado. Cuando el último en cruzar el umbral estuvo dentro el panel reapareció.

Ahora que estaban dentro y una mecha les daba un poco de luz dentro del pasillo, podían apreciar su estructura de madera. Nada de telarañas, bichos raros o estantes con libros antiquísimos. Era sólo un simple corredor.

—¿Todo bien?

—¿Qué es todo esto, Genji?

—Bueno, Oguni-sama tenía razón cuando dijo que serían testigos de algo que se considera como "alto secreto" en el Espejismo. Son muy pocos los que conocen el secreto del panel de lotos tallados en la sala de invitados del castillo.

De pronto los pasos del chico pararon, haciendo que los demás lo imitaran. Habían llegado al final, los esperaba una escalera que bajaba en caracol. Ahora la marcha se hacía más pausada.

—Nos dirigimos al tercer subterráneo —siguió diciendo Genji—. Tal vez el camino hasta allí les parezca húmedo y frío, pero no se fíen. Además de ser acogedor es el lugar más seguro en toda la ciudad. Confío en que les gustará.

—¿Por qué nos dices eso?

—Porque las señoritas se encuentran en la habitación del Loto Negro, Neji-san, que está en el primer subterráneo. No quiero que se preocupen.

En efecto, lo que había comenzado como una escalera igual de pulcra y regular que el pasillo de madera terminaba siendo una escalera de tablones sueltos y paredes enmohecidas. Un molesto olor a humedad inundaba el ambiente.

—¿No podemos pasar a verlas primero? —preguntó uno.

—¿Cómo están ellas? —preguntó otro.

—¿Ya saben que estamos bien? —preguntó entonces un tercero.

—Oi, oi… —pidió Genji, levantando las palmas en el aire e intentando llamar su atención antes de que siguieran interrogándolo—. Ellas están bien, no se preocupen. Tengo entendido que se dio la orden de darles aviso sobre su arribo, pero no sé si estén despiertas para recibir la noticia. Sólo les pido que tengan paciencia, se reunirán con ellas después de que vayamos al tercer subterráneo.

—Lo importante es que estamos todos bien y ya hemos completado la primera parte de la misión con éxito. Continuemos el recorrido —dictó Gaara. El shinobi de la Muerte asintió con energía y siguió caminando. Habían llegado a un ancho pasillo completamente de piedra. La temperatura había caído considerablemente y el eco de numerosas goteras podía oírse rebotando en sus paredes.

—¿Y qué tiene de especial esta… "habitación del Loto Negro"? —quiso saber Shikamaru.

—Es el único lugar donde las jovencitas que portan la Marca del Fantasma pueden estar seguras. Bueno, es una explicación un poco burda. Les aconsejo que le pregunten más sobre eso al viejo Akito.

—¿Akito? ¿Él es quien responderá nuestras preguntas sobre la Marca del Fantasma?

—Así es, Sasuke-san. Nuestra llegada a la fortaleza del Espejismo fue un tanto… violenta. Aún nos encontrábamos a varios kilómetros de distancia cuando se hizo de noche, y con el poder de la luna nueva la Muerte Caminante se hace más fuerte. Sakura-san, Hinata-san y Tentén-san cayeron inconscientes debido al dolor de sus estigmas, apenas pudimos llegar a salvo. Lo primero que ordenó mi padre fue que fueran llevadas con Akito para anular el dolor de la cicatriz, sólo después de eso pudieron ser trasladadas a donde se encuentran ahora.

—¿Entonces por qué vamos nosotros también a verlo? ¿Acaso ellas no le preguntaron todo lo que pudieron cuando tuvieron la oportunidad?

—Técnicamente no la tuvieron. No despertaron sino varias horas después de su encuentro con Akito.

—Háblanos más de él —lo instó Shikamaru.

—Es un prisionero de guerra que reside desde hace varios años en el subsuelo del castillo. Mi padre lo ha mantenido con vida porque es alguien importante, les aseguro que no hay nadie en todo el país que conozca mejor la Muerte Caminante que el viejo Akito. Fui enviado a entrenar bajo su tutela hace varios años para entrenarme. Siendo descendiente de los Hasu supuso que sería útil ponerme a practicar las artes oscuras en paralelo a mi educación ninja.

Los muchachos intercambiaron miradas. ¿Quién podría ser esa persona?

—Tu nombre es Naoko, ¿no? ¿Tú también entrenas con Akito?

La joven mencionada asintió con suavidad antes de contestar la pregunta de Neji. No parecía sorprendida al verse delatada como kunoichi.

—Ese es mi nombre, señor. Yo… comencé mi entrenamiento con Akito junto con mis compañeras de equipo cuando nuestro maestro determinó que todas habíamos alcanzado el nivel chuunin, hace tres años. Genji comenzó siendo un niño por ser hijo del señor Nakai.

—¿Entonces tú y tus compañeras también son Hasu?

—Así es. En el castillo hay al menos cincuenta personas trabajando para el señor Nakai que descienden de la familia Hasu, ya sea de segunda o tercera generación. De aquellos pocos Hasu que han seguido la senda ninja sólo sobrevivimos cuatro personas. Los mismos que hemos recibido el entrenamiento de Akito.

—Por lo que dices, es imposible sobrevivir si Akito no es tu maestro.

—Mi verdadero maestro murió hace poco, Neji-san. Akito sólo nos da acertijos al azar para que aprendamos por nuestra cuenta, es muy raro que muestre su verdadero poder al estar frente a otras personas.

—Midori, Yue, Naoko y yo hemos sido los únicos a quienes Akito ha querido instruir. No todos los Hasu tienen el talento necesario para conectarse con las energías del otro mundo —agregó Genji.

Por los relatos de aquellos dos ninjas, Shikamaru unía puntos que cada vez se le hacían más evidentes. Ambos estaban entrenados, principalmente, para aparentar menos poder del que realmente tenían.

—Uno de los porteros que nos recibió al llegar a la ciudad expresó su disgusto por los Hasu abiertamente, supongo que no es el único en la Calavera… Con todo lo que ha tenido que sufrir esta región por culpa de la Muerte Caminante creo que es natural que los aldeanos le tengan miedo a todo aquél que pudiera heredar aquellos terribles poderes, después de todo, familias con línea de sangre mucho más inofensivas han sido discriminadas de la sociedad por generaciones —meditó Shikamaru en voz alta. Por varios segundos nadie dijo nada más—. Nakai se arriesga mucho al darle entrenamiento especial a la estirpe más odiada de este país.

Los anfitriones no acotaron nada al comentario del konoha. El grupo no avanzó mucho cuando al fin llegaron a una habitación hexagonal de techo abovedado. Canaletas cubiertas por rejillas oxidadas pasaban alrededor de ella, perdiéndose en una tubería subterránea. El olor a humedad había desaparecido, pero los sonidos del agua resonaban por todas partes y la temperatura continuaba decayendo. De sus paredes se desprendían dos pasillos más, idénticos al que abandonaban en ese momento; el de la izquierda estaba alumbrado con linternas eléctricas, el de la derecha se veía descuidado y oscuro.

—A la izquierda están los dormitorios de las criadas. Nosotros vamos a la derecha.

Continuaron caminando en silencio sólo un breve instante, hasta que…

—¿Y quién fue tu maestro, Naoko-chan? —preguntó Naruto, agarrando confianza inmediatamente.

—Un shinobi exiliado de una nación del norte cuyo nombre no tiene importancia —sonrió Naoko, contestando en un dulce susurro.

—Nee, es lo mismo que contestó Genji cuando le preguntamos sobre su maestro, ¿cuál es el problema con…?

—Un momento —lo interrumpió Sasuke—. ¿Shinobis exiliados?

—Lo que en realidad dije fue que mi maestro es de la aldea de la Niebla, Sasuke-san… —quiso aclarar Genji.

—Da lo mismo, mocoso.

Se detuvieron. Habían llegado al final del pasillo, cerrado por una gruesa puerta de hierro. Naoko sacó una llave del interior de su obi, con la que abrió la cerradura. Del otro lado el túnel continuaba hasta volver a terminar en otra puerta idéntica a la anterior, y en la pared izquierda otra puerta, negra, metálica, opaca, con un enorme loto grabado en ella, le hacía compañía.

—¿Ésta es la habitación del Loto Negro? —preguntó Sai, apoyando la yema de sus dedos sobre uno de los enormes pétalos en relieve.

—Así es. Contiene siete habitaciones independientes, cada una provista de un estar, un dormitorio y su propio baño. Demo, lamentablemente no cuenta con energía eléctrica, tampoco ventanas que le proporcionen luz natural. Es acá donde dormirán después de su encuentro con Akito.

—Continuemos, onegai —pidió Gaara.

—Hai —asintió Naoko. En esa ocasión buscó dentro de la manga de su kimono y sacó una segunda llave, la que llevaba atada una cinta negra. Abrió la puerta que estaba al fondo del pasillo, que chirrió sonoramente. Ante ellos, una segunda escalera de caracol les esperaba pacientemente.

—También me llamó la atención lo que recalcó Sasuke. ¿No es inusual que un shinobi exiliado tome su propio equipo ninja para entrenarlo? —preguntó Neji, retomando el tema.

—Para nada, Neji-san —tomó la palabra Genji—. Tal vez lo sea en el lugar de donde vienen ustedes, pero acá en la Calavera los únicos maestros ninja que valen la pena son guerreros errantes provenientes de grandes aldeas ninja con tradición, como lo son la Roca o la Niebla… Tengo entendido que ustedes nunca habían oído hablar del país de la Calavera, en cambio para los criminales registrados en el Libro Bingo esta es una tierra concurrida; gracias a ellos nos han llegado noticias sobre lo que ocurre en las naciones del norte con cierta regularidad.

—Sasuke, ¿es eso cierto? —quiso saber Shikamaru—. ¿Habías oído algo sobre la Calavera en los años que pasaste con Orochimaru?

—No lo creo.

—No me extraña —sonrió Genji—. Sé de quién están hablando, el sannin de la aldea de la Hoja que hace experimentos en especímenes vivos, ¿nee? Pues él está vetado de entrar a nuestro territorio. Mi padre pagó mucho dinero a un ex-anbu extranjero para que se encargara, fue hace muchos años.

—Tu padre fue astuto —murmuró Sasuke.

—¿Hay alguno de esos maestros en la ciudad ahora?

—Lamentablemente no, todos se fueron cuando mi padre no pudo seguir manteniendo la aldea de la Muerte. De eso ya van dos años. Demo, aún cuando vivían ahí también era usual que algunos de ellos se ausentaran por períodos largos de tiempo. A veces se llevaban a sus alumnos con ellos, a veces los abandonaban temporalmente, a veces no regresaban jamás.

—En la Calavera hay shinobis y kunoichis muy fuertes —continuó Naoko—, aunque pocos han sobrevivido este último tiempo. A pesar de que la aldea de la Muerte sólo duró cuatro años antes de que dejara de existir, desde la guerra civil entre la Cripta y el Espejismo que los grandes señores han mantenido a ninjas renegados en sus bandos para que pelearan contra sus enemigos. Era un secreto a voces en algunos círculos de mercenarios y otros shinobis desertores: un país en guerra en el que te pagan por asesinar en masa y entrenar a tu propio equipo ninja. Todos los que llegaron buscando ganarse el trabajo venían ansiosos de competir tanto en cuán fuertes eran ellos mismos como qué tan fuertes eran sus discípulos. Es así como comenzó la definición de "Shinobis de la Muerte": los aprendices de los asesinos de la Calavera. Por eso se bautizó la aldea oculta ninja como la aldea de la Muerte.

—Qué buen nombre —comentó Sasuke, atraído por la sombría historia.

La escalera llegó a un descanso, el que quedaba justo junto a un umbral abierto y arqueado. A través de él apreciaron a la pasada una enorme habitación del otro lado, iluminada por cientos de velas sobre altos candelabros de fierro. Un largo biombo de bronce impedía ver lo que ocultaba tras de él de pared a pared. Continuaron bajando hasta llegar a un umbral igual al anterior. Terminaba en una estancia pequeña y dos hombres custodiando una vieja puerta de madera y gruesos clavos metálicos. Los guardias llevaban ropas ninja y el rostro cubierto por siniestras máscaras negras. Yacían sentados en sencillos bancos de madera, acompañados por una mesita sobre la que ardía una miserable vela junto a un rosario shinto, dos jarras de sake y algunos shurikens ensartados en ella.

—Genji-chan —le saludó uno—. Ha pasado un tiempo desde la última vez que te pasaste por acá.

—El viejo ha estado preguntando por ti, ¿sabes? —le dijo el otro, como si fuera causa de risa.

—Sí… siempre la toma conmigo… —contestó el chico, poniendo cara de resignación.

—Y encima traes visitas… ¡y están conscientes!, va a estar reventando de alegría. Bienvenidos a la Calavera, camaradas —les saludó el primer guardia con una inclinación de cabeza—. Sólo cuida a los invitados de sus malos modales, ¿eh, Genji?

—Veré qué puedo hacer —contestó en tono poco convencido—. ¿Quién nos va a escoltar?

—La última vez yo acompañé a Naoko-chan.

—Supongo que es mi turno, entonces. Esta noche sí que está movida… —dijo el segundo guardia, poniéndose de pie y dirigiéndose a abrir la puerta— han estado toda la jornada de arriba abajo, de arriba abajo…

El shinobi de rostro cubierto tiró una gargantilla que pendía de su cuello, del interior de sus ropas salió una lustrosa llave metálica, la que encajaba perfectamente en la cerradura de la puerta vieja y maltraída. El desconocido entró a la habitación sin invitarlos a seguirle, al ver que Genji no avanzaba los seis shinobis del norte se quedaron en su sitio, esperando que reaccionara.

—Espero que esta entrevista compense mi silencio durante todo el tiempo que me pidieron respuestas y yo no pude darlas. Adelante, onegai.


bueno, les cuento: pasa que lo que acaban de leer es un fragmento del capítulo original, que es el último en el que quedó este fanfic la primera vez que lo publiqué :D dicho capítulo tenía algo así como 17.000 palabras (me parece que son como 30 páginas) y causó impacto y sensación cuando mis maravillosos lectores posaron sus benditos ojos en él. sí que sí.

bueno, hablando en serio... había pensado en cortar este capi un poco después, pero creo que lo correcto es dejarlo hasta acá. es un asunto de "temas que toca el capítulo". el siguiente capítulo se llama "el devorador de vírgenes", que es justamente el nombre que llevaba el capítulo original ("el destituído heredero hasu: el devorador de vírgenes"). les apuesto que se comen las uñas de tanta interrogante.

soy una mala persona, lo sé. pero sepan que algún día me voy a ir al infierno, así que no se preocupen.

la cosa es que del original quedarán cuatro fragmentos. cada uno debidamente pulido y editado para su satisfacción. varias dudas se irán aclarando con estos capítulos y cosas muy guay pasarán en ellos, se los garantizo... tendremos lemon! sí!

pero eso no es importante. lo importante -y lo que me preocupa, en realidad- es que quiero que la historia del país de la calavera quede lo más claro posible. lo mismo va a la muerte caminante y cuál diablos es el lío con la marca del fantasma. es aquí cuando yo les recuerdo lo importantes que son para mí sus reviews, ya que si no me dan un poquitín de feedback se me hace imposible saber sus apreciaciones respecto a lo que están leyendo. así que les pido que por favor me digan sus dudas para ayudarme a pulir bien el diálogo entre nuestros héroes y este misterioso viejo akito.

por último... les tengo un regalo. dibujé a genji, naoko y midori y los subí a internet. si los quieren ver vayan a la página de mi perfil. a genji lo hice con su pose de chico servicial y sonriente y en pose de batalla. a naoko la dibujé en kimono. a midori también la dibujé en kimono, pero con unos lindos kunais en su mano y bien sonriente, como en la escena en la que le advierte a sakura que no cruce esa maldita puerta. espero que les gusten :)


Candy-chan oh, no te preocupes ^^ te apareciste a tiempo. sólo dale con el estudio y no te preocupes por detalles. bueno, acá están los chicos! ya han llegado finalmente al espejismo! gracias por el review, igual que siempre :) espero que este capítulo te haya gustado ^^ que estés bien! saludotes!

akanesakura jejejejeje... sí, la cosa entre sakura y sasuke está peligrando. pero no es cosa solamente del noviazgo entre esos dos, por culpa de karin lo están acusando de alta traición~ eso complica muchísimo más las cosas, así que no veo un futuro muy prometedor u_u bueno, a ver qué pasa. por ahora ese asunto queda congelado y los muchachos averiguarán qué pasa con sus mujeres! espero que puedas leer este capi a tiempo... y que te guste, claro :) muchas gracias por el review! que estés muy bien!

Beauty little star aww muchas gracias por tus reviews! son muy dulces y me inspiraron mucho para seguir escribiendo :) justo cuando creía que no me iban a llegar más comentarios llegaste tú y fue buena onda, gracias! bueno, el reencuentro está cada vez más cerca, a pesar de estar en el castillo aún los chicos no podrán verse con las chicas. y veo que también te gusta el shikatema~ genial! aunque su reencuentro aún no llega, espero que aún así te haya gustado este capítulo. ah! si te haces una cuenta en fanfiction puedes hacer una colección de tus fanfics favoritos, también de tus autores favoritos... pero creo que no hay un ránking ni nada parecido... muchas gracias otra vez por los reviews, espero seguir leyéndote! que estés muy bien, saludos!

morelia me apuré lo más que pude! jeje, gracias por el halago, me alegra que te guste esta historia~ espero que te haya gustado este capi también :) muchas gracias por el review! que estés muy bien!