Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K.R.


Dominique se hallaba en el salón de la casa de los Lupin, con una taza de té entre sus manos. Cerca de ella, sentados en el sofá, se encontraban su hermana y su cuñado, algo acaramelados. Dominique los miraba de reojo, con algo de celos. A ella también el gustaría estar en esa posición con Nathan, pero no podía ser.

Nathan le había comentado que le gustaría ser padre algún día, pero que aún no se veía capaz de hacerlo. Por ese motivo, Dominique se había ido de Italia, ya que ella creía que, si Nathan llegara a averiguar que estaba embarazada, él la dejaría.

El sonido del timbre, sacó a Dominique de sus pensamientos.

-¿Esperáis a alguien? -preguntó Dominique, al ver que Teddy y Victoire intercambiaban una mirada.

-No -respondió Teddy, mientras su esposa se levantaba para abrir la puerta-. Nosotros no.

-¿Cómo que voso...

Pero la pregunta murió en sus labios, cuando vio quien era la persona que acompañaba a su hermana.

-¿Qué haces aquí? -le preguntó Dominique, sorprendida.

-Tu hermana me llamó y me dijo que te hallabas aquí -respondió Nathan.

-Nosotros mejor nos vamos a la cocina -dijo Victoire, cogiéndole la mano a su marido, mientras Dominique los fulminaba con la mirada.

-¿Por qué te fuiste sin avisarme? -le preguntó Nathan en cuanto se quedaron solos. El dolor en su voz era notable, y Dominique se sintió fatal.

-Lo siento, Nathan -murmuró la pelirroja-. Pero tenía miedo de que me dejases.

-¿Por qué iba a hacerlo? -preguntó el hombre, confuso.

-Porqué yo... porqué yo... -intentó decir Dominique.

-Tranquila Nikie, respira -le susurró Nathan, cariñosamente-. ¿Qué ocurre? Me estás preocupando...

-Estoy embarazada -soltó Dominique, de golpe. Nathan se quedó paralizado en el sitio.

-¿Que tú qué? -preguntó, al final, Nathan.

-Estoy embarazada -repitió Dominique-. No sé como ocurrió, ya que siempre nos hemos protegido, pero...

-No sé que decir -dijo Nathan-. He de admitir que no me lo esperaba. Pero no voy a dejarte. Quiero ayudar a cuidar de mi hijo... de nuestro hijo.

Dominique lo miró, esperanzada. Nathan cortó la distancia entre ambos para besarla.

-¿Sabes? -dijo la pelirroja, en cuanto se separaron-. La cama de mi habitación es muy cómoda... sobre todo cuando te acuestas en ella sin nada encima...

-Creo que tendría que comprobarlo por mi mismo -replicó Nathan, con una sonrisa pícara.


Una semana después de la primera prueba, todos en Hogwarts se habían dado cuenta del cambio de actitud de Sophie Levesque en relación a Fred Weasley. Había pasado de, se podía decir a odiarlo, a llevarse muy bien con él. Ambos pasaban mucho tiempo juntos, sin descuidar a sus amigos, claro esta.

Aquella noche, Hugo se hallaba en la mesa de Slytherin, cenando junto a su prima y sus amigos, cuando la directora McGonagall se puso de pie.

-Alumnos, me gustaría hacer un anunció antes de que la cena terminase -dijo la anciana directora-. El día de Navidad, habrá un baile por la noche -ruidos de voces sonando emocionadas resonaban por la gran sala-. Este baile, es una perfecta manera de unir aún más los lazos entre las tres escuelas, Hogwarts, Beauxbatons y Durmstrang. A este baile, solo podrán asistir alumnos de quinto hacía delante, pero aún pueden invitar a alguien de un curso inferior. Por supuesto, los alumnos de cuarto hacía abajo pueden, si lo desean, quedarse en el castillo por esas fechas, pero se le ruega, que el día del baile, permanezca en su habitación.

Tras aquello, la profesora volvió a ocupar su sitio, y las charlas respecto al baile empezaron a sonar por todo el lugar.


Lucy dio un chillido, atrayendo varias miradas, cuando sintió que alguien la agarraba por detrás.

-¡Erik! -exclamó esta, separándose de su novio, quien sonreía divertido.

-Lo siento -se disculpo Erik, aunque no parecía que lo sintiese.

-¿Qué quieres? -le preguntó Lucy.

-¿Es qué no puedo darle a mi novia un beso de buenas noches? -le preguntó Erik.

-Uno: claro que puedes. Dos: no me has dado ningún beso. Tres: es de tontos responder a una pregunta con otra pregunta -replicó Lucy, sonriendo ligeramente ante la mueca que puso Erik cuando lo llamó tonto-. Ahora en serio, ¿qué quieres?

-Quería pedirte que fueses al Baile de Navidad conmigo, pero como has dicho que es de tontos responder a una pregunta con otra, así que... Ven al Baile de Navidad conmigo, Lucy -dijo Erik.

-Claro que voy contigo -repuso Lucy, besando a su novio en los labios, sin hacer caso a las protestas de sus primos.


-¡Weasley!

Roxanne se dio la vuelta, sorprendida. Kevin Zabini se acercaba a ella.

-¿Qué sucede, Zabini? -preguntó Roxanne en cuanto el Slytherin la alcanzó.

-Quería pedirte que fueses mi pareja en el Baile de Navidad -respondió Zabini.

-¿Quieres que yo sea tu pareja? -preguntó Roxanne, confusa-. Me siento halagada, pero la verdad es que apenas hemos hablado.

-No importa -replicó Zabini-. Quiero que vengas conmigo al baile.

-Esta bien -asintió Roxanne, tras varios segundos de pensarlo-. Será un placer ir al Baile de Navidad contigo, Zabini.

-Llámame Kevin, Weasley -dijo Kevin, alejándose de ella.

-¡Pues entonces llámame Roxanne! -le gritó la chica.


-Voy a buscar una cosa -le dijo Rose a Emily, levantándose de la mesa de la biblioteca. Emily asintió, sin apartar la vista de su pergamino.

Rose comenzó a mirar las estanterías que la rodeaban. ¿Dónde estaba el libro que ella necesitaba para terminar su redacción de Aritmancia? Al final lo localizó... en uno de los estantes superiores. Rose gruñó con fastidio, maldiciendo los genes bajos de su madre. ¿Por qué no había heredado la altura de su padre? ¿O la de Hugo? Le sería más fácil.

-Aquí tienes -dijo una voz varonil, bajándole el libro.

-Gracias -dijo la chica, sonrojándose al darse cuenta de quien era. Vladimir Krum.

-De nada. Perrro, ¿no podrrrías haberrr bajado el librrro usando un encantamiento convocadorrr? -le preguntó el campeón de Durmstrang.

-Tengo la varita en la mochila -respondió Rose, mientras se daba la vuelta.

-¡Rrrose, esperrra un momento! -exclamó Vladimir.

-¿Si?

-¿Quierrres venirrr al Baile de Navidad conmigo? -le pidió Vladimir.

-Eh... claro. ¿Por qué no? -respondió Rose, ganandose una sonrisa de Vladimir.


-¿Ya has hallado el libro, Rose? -preguntó Emily, sin levantar la vista de su pergamino.

-No, y tampoco soy Rrrose -respondió una voz distinta a la de su amiga.

-Nikolas -exclamó Emily, sorprendida-. ¿Qué haces aquí?

-Quería pedirte dos cosas -se limitó a decir el chico.

-Adelante -le invitó Emily.

-¿Tu padre no será por un casual Michael Rivers? -le preguntó Nikolas. Emily palideció.

-¿Qué... qué sabes tú de mi padre? -le preguntó la pelirroja de vuelta, completamente tensa.

-No mucho -respondió Nikolas-. Solo que esta cumpliendo cadena perpetua en Azkaban por asesinar a su mujer.

-Sí... él es mi padre -respondió Emily-. Pero no quiero hablar de ello.

-Lo entiendo -replicó Nikolas-. Bueno... también quería invitarte al Baile de Navidad.

-Si me prometes no volver a mencionar a mis padres, lo haré -replicó Emily.

-Hecho.


-¡Eh, Sanders! -exclamó una voz, detrás de ella. Marlene se dio la vuelta, para encarar a James.

-Mira, Potter, voy con algo de prisa, ya que tengo un examen de Runas Antiguas. Así que te lo diré claramente. No, no voy a ir al Baile contigo -dijo Marlene.

-Solo iba a darte esto -replicó James, dándole una pluma-. Te las dejado en Pociones.

-Esto... gracias -repuso Marlene, sonrojada-. Bueno... ¿tienes en mente invitar al baile a alguien?

-¿Qué?... ¡Oh, sí! He invitado a Laure Pinaud... esa chica francesa, amiga de Sophie -respondió James.

-Vas... ¿vas al baile con otra chica? -preguntó la Hufflepuff, incrédula-. Quiero decir... que me alegró por ti.

-Ya, bueno. Ya nos veremos, Sanders -se despidió James, marchándose del pasillo.

-Adiós, Potter -murmuró Marlene, sin hacerle caso a ese extraño sentimiento que se había adueñado de su corazón.


Fred respiró profundamente, mientras levantaba su puño y llamaba a la puerta.

-¿Puede salir Sophie? -preguntó Fred, a la alumna de Beauxbatons que había abierto la puerta del carruaje.

-Clago -respondió esta-. ¡Sophie, tu novio viene a vegte!

Fred sintió que sus orejas se calentaban.

-¡Cállate! -le espetó Sophie a la chica, mientras salía del carruaje-. Disculpa, Fged.

-No pasa nada -replicó el chico-. Solo quería pedirte que fueses al Baile de Navidad conmigo.

-¿Lo dices en serio? -le preguntó Sophie, sorprendida-. Quiero decir... tú, el campeón de Hogwarts, me estás invitando a mí, la campeona de Beauxbatons, al Baile de Navidad.

-Me gusta marcar tendencia -se limitó a decir Fred-. Bueno, eso y que los demás ya tienen pareja. James va con Laure, Erik con Lucy, mi prima, y Frank con esa chica de Ravenclaw, Amelia Macmillan. ¿Qué dices? ¿Me harías el honor de ser mi acompañante?

Sophie sonrió ligeramente.

-Vamos a marcar tendencia -respondió la francesa.


Scorpius caminaba por los invernaderos de Herbología, completamente enfurruñado. No entendía por qué Rose tenía que ir con Vladimir Krum... ¡Podría ir con otro chico que fuese mejor para ella! Cómo él, por poner un ejemplo. Pero no, Rose había escogido ir con Vladimir Krum al baile. Y por si fuese poco, Emily iba con el amiguito de Vladimir, Nikolas.

Iba tan metido en sus pensamientos inocentes sobre matar a cierto búlgaro, que no sé percato que por el otro lado venía otra persona, leyendo lo que parecía ser una revista. Así que ambos colisionaron, cayendo al suelo con poco estilo.

-Ay. Lo siento. Estaba distraído -murmuró Scorpius, ayudando a la otra persona a levantarse. Era la hija del profesor Longbottom, Alice.

-No, no pasa nada -replicó ella en voz baja-. Ha sido culpa mía. ¿Qué haces aquí?

-El profesor me ha pedido su ayuda -respondió Scorpius-. ¿Y tú?

-Me gusta pasear por aquí -respondió Alice-. Nadie suele venir aquí, así que se esta tranquilo.

Scorpius asintió en comprensión. La verdad es que ese lugar era muy tranquilo. Entonces se fijo en la revista que estaba ojeando Alice.

-¿Buscabas un vestido para el baile? -le preguntó Malfoy, ligeramente interesado. La Hufflepuff se sonrojo.

-No... no es eso -respondió Alice-. Solo era curiosidad. No me han invitado, y las clases terminan mañana. Aunque no me sorprende lo más mínimo que no me hayan invitado. No es que sea bonita, precisamente...

-Eso no es cierto-le interrumpió Scorpius-. Es cierto que hay chicas que son más hermosas que tú...

-Una gran manera de subir el animo -se burló Alice, frunciendo el ceño. Scorpius siguió como si no la hubiese escuchado.

-Pero tú tienes varias cosas que te hacen especial. Cómo tu increíble bondad, o que siempre estés sonriendo. Estoy seguro de que algún día, hallarás a alguien que te quiera por quién eres.

-Vaya... eso ha sido profundo -susurró Alice.

-Y cursi -añadió Scorpius.

-Y cursi -corroboró la chica-. Bueno, me voy. Y tú tendrías que hacer lo mismo. Seguramente mi padre te esta esperando.

Alice paso por su lado, pero cuando estaba a punto de doblar la esquina, el chico la llamó.

-¿Quieres venir al baile conmigo? -le preguntó el Slytherin. Alice se quedó parada, antes de girarse sonriendo.

-Por supuesto.


-Marlene, ¿ocurre algo?

La chica se giró, al darse cuenta de que Albus Potter se hallaba en la misma habitación que ella.

-No, nada -musitó Marlene, limpiándose las lágrimas de sus ojos-. Sólo estoy confundida.

-¿De qué? -preguntó Albus, también confundido.

-De tu hermano -respondió Marlene-. Ha dejado de pedirme que sea su novia; y ha invitado a esa francesa al Baile de Navidad en vez de a mí.

-No le veo el problema -confesó Albus.

-El problema es que yo, en vez de sentirme aliviada y feliz de que James Potter haya dejado de hacerme caso. Pero no es así. Me duele que ya no me haga caso, de que le haga más caso a Pinaud que a mí. Y no entiendo el motivo -susurró la pelirroja.

-Marlene -comenzó a decir el Slytherin-. ¿No te habrás enamorado de James sin darte cuenta?

-¡No! -exclamó la Hufflepuff-. ¡No estoy enamorada de James! Solo porqué me encantan sus ojos marrones, su cabello negro, ese hoyuelo que se le forma cuando sonríe de esa manera tan picara, su carácter rebelde y bromista... ¡Oh, cielos! ¡Estoy enamorada de James Potter!

-Sigue siendo mi hermano, así que no lo digas con ese tono de miedo, por favor -bromeó Albus. Marlene dejo escapar una risita-. Si de verdad estás enamorada de James, ¿por qué no peleas por él? James se ha pasado casi toda su vida en Hogwarts peleando por ti. ¡Haz tú lo mismo!

-¿Y qué puedo hacer? -preguntó Marlene.

-Ves al Baile de Navidad -respondió Albus.

-Sin pareja -dijo la chica. El pelinegro rodó los ojos.

-Esta bien, seré tu pareja para el baile... Pero por si un casual, James me deja el ojo negro, será culpa tuya.

-Podré vivir con ello -replicó Marlene, saliendo de la habitación.


Al fin las vacaciones llegaron. Hugo se hallaba junto a sus padres en el salón de su casa, dispuestos a tomar la cena.

-Hugo, comete la ensalada también -le dijo su madre.

-Sí, mamá -respondió Hugo.

-Lo mismo va por ti, Ron.

-Pero Mione...

-Ronald.

-Esta bien -asintió su padre, al final.

Así me veré yo cuando me casé pensó Hugo. Por que si es así, yo paso.

-Esto... papá, mamá. Me gustaría pediros una cosa -dijo Hugo de golpe.

-¿El qué? -preguntó su madre con el ceño fruncido.

-¿Quieres algo en particular para estas Navidades? -preguntó su padre.

-No, no es eso -replicó Hugo-. Bueno, de querer, si que quiero. Pero es un permiso, más que nada.

-¿Un permiso para qué? -pidió su padre.

-Para ser animago -respondió Hugo con simpleza.

-¡¿Animago?! -exclamaron ambos a la vez. Hugo asintió con la cabeza, y sus padres ajuntaron las suyas para cuchichear en voz baja. Al final se separaron.

-Muy bien, Hugo -dijo su padre-. Te daremos el permiso este verano.

-A cambio de una petición -añadió su madre.

-¿Pelear contra un ejército de acromántulas hambrientas? -preguntó el pelirrojo menor en broma.

-No bromees con eso, niño -le espetó su padre, pálido. Su madre rodó los ojos.

-No, Hugo -replicó ella-. Verás, tú tienes, en estos dos últimos cursos, una E en tus resultados de Transformaciones, así que sería inútil pedirte que mejores tus notas respecto a esa materia. Pero, en cambio, tu prima Lily es un desastre en ella. Sus resultados suelen ser de A baja, casi rozando la I. Por ese motivo, vas a darle a Lily clases particulares este año. Si consigues que, al final del curso, supere Transformaciones con una S alta o una E, te firmaremos el permiso. ¿Qué dices?

-Que prefiero las acromántulas hambrientas -respondió Hugo-. Pero si no hay más remedio...

Su madre sonrió.


Hola gente,

vigésimo primer capítulo.

Bueno, este capítulo más que nada es de relleno. No hay mucha información relevante en él. Solo se podría considerar importante la escena de Dominique con Nathan o esta última. El resto han sido las distintas invitaciones al Baile de Navidad. Lo único relevante de ellas ha sido sobre los padres de Emily, de los cuales sabremos algo más en el siguiente capítulo, y como Marlene se ha dado cuenta de que ama a James.

En el siguiente capítulo, veremos como es el día de Navidad, tanto en Hogwarts con el baile; como fuera del colegio.

Se despide,

Grytherin18.