Capítulo 21. Especial.

Juno le tiró del brazo para dirigirla a un lado de la acera y se percató de que pasaban junto a un puesto de helados de camino al hospital. Ella sonrió antes de dirigirse hacia allí y comprar dos cucuruchos.

—Tus madres me van a matar.

—Qué muerte tan dulce —contestó la niña.

—Hablamos demasiado —rio con el tono que usó, acariciando su pelo.

—Echo de menos a Raven —Juno puso morros.

Si el parecido ya era notable en un primer momento, se añadía el flechazo que su sobrina tuvo con Raven, seguramente nada más la vio. Increíble. Aunque el flechazo era mutuo, la latina la adoraba y eso lo tenía claro. Había aprovechado para pasar la mañana con su gemela en el hospital, pues sus padres y Clarke trabajaban, mientras Juno estaba en el colegio y Raven fue a la universidad, aprovechando que estaba allí para hablar con sus compañeros de departamento. Habían quedado en que se verían por la tarde, ella iba a aprovechar para comer con su familia y Raven no quiso molestar, a pesar de que no lo hacía para nada.

Era mejor no presionarla, aún no habían hablado de nada sobre su actual situación. ¿Volverían juntas? Porque no podía dejar de pensar en el beso que se habían dado, muy corto, pero un beso increíble. Uf, temblaba solo de recordarlo.

—Menuda cara de felicidad para estar chupando algo con forma de falo —susurró Lexa a su oído cuando entraron en su habitación y Juno se enganchó al cuello de su otra madre.

—Puaj, Lexa. Qué forma de cortarme la digestión.

—¿Ya estás haciendo la digestión? Si ni siquiera te lo has terminado de comer —la acusó.

—¡Clarke! —llamó a su cuñada—. Toma —le sonrió tendiéndole el cucurucho—. Sé que te gusta este sabor —le guiñó un ojo y la rubia se lo agradeció, llevándoselo a la boca y volviendo a atender a su hija. Miró a su gemela y le susurró de vuelta—. A tu mujer sí que le gustan las cosas fálicas.

—Oh, Dios —se quejó Lexa—. Bueno, cuéntame. Sé que no habéis estado en casa de papá y mamá.

—Pasamos la noche con Raven, las dos en su cama. Espero que no te moleste que tu hija babee por las piernas de Reyes.

—Creo que esa eres tú —ella rodó los ojos al escucharla.

—Juno —llamó a su sobrina—, ¿cómo está Raven?

—Muy buena —sonrió con los labios manchados de helado, y ella miró a su hermana con cara de "¿ves?", haciéndole negar con la cabeza.

—Os habéis besado delante de mi hija, ¿verdad?

—Ey, Lex, no te enfades, ya sabes que donde hubo fuego… —sonrió con picardía—. Esperamos a que se durmiese, ni los movimientos la despertaron —se burló, consiguiendo que abriese la boca sorprendida—. Eh, no… ¡No! —se quejó cuando su gemela golpeó su hombro— Que no hicimos nada, idiota. Raven me confesó cómo se sentía con respecto a los abortos que tuvo, y le solté todo lo que sentía por ella —acabó confesando.

—¿Y qué sientes?

—Puf… Siento de todo, Lex. Siento todo lo que sentía cuando comenzamos hace seis años, pero incrementado por un millón. Ella me dijo también que me quería —sonrió al recordarlo.

—¿Vais a volver?

—Quiero volver con ella, pero me da miedo ser otra vez una inmadura.

—Ya no eres así, Alex. Bueno, sigues un poco loca, pero has madurado, créeme. Además, no te lo quise decir para que no te motivases, pero estoy casi al cien por cien de segura de que Raven fue a ese máster a por ti.

—¿Tú crees? —se interesó, alzando las cejas.

—Sí, y Clarke también.

—¿Ya estáis hablando de mí? —intervino la rubia.

—Comentando lo preciosa que estás —piropeó Lexa a su mujer, consiguiendo que la besase.

—Ohh… mira Juno —colocó a su sobrina sobre sus piernas—: Algún día tú encontrarás a la persona de tus sueños.

—Ya la he encontrado: se llama Raven y algún día me casaré con ella.

—O te das prisa, o te la quitan —se metió su gemela con ella, y la ayudó a levantarse de la cama antes de largarse del hospital. Siempre le habían dado mal rollo.

X X X

El día estaba cargado de emociones, aún sentía esa mirada verde sobre ella mientras desayunaban. Su mirada, ahí estaba de nuevo, porque la noche anterior abrieron juntas una puerta y le gustó cómo acabó. Muchas veces lo había pensado (el cómo sería si sucediese): se imaginó a Alexa besándola de esa forma pasional que le conquistó hacía seis años, probablemente dejándola con los labios hinchados y ganas de más, acabando las dos juntas deshaciendo la cama. Pero fue mucho mejor, aún sentía la forma en la que sus bocas se habían vuelto a encontrar tras tanto tiempo y estaba claro que siempre la había buscado a ella.

No había hablado ni con Luna ni con Carmen, porque había estado toda la mañana ocupada con sus compañeros planificando las clases del segundo cuatrimestre. No estaba preparada para separarse de Alexa, y eso que quedaban aún tres meses, los cuales se pasarían en nada, seguro.

Salió del ascensor y paró en seco cuando vio a Alexa sentada frente a su puerta, sonriendo mientras se levantaba. Sentía que su cuerpo ya ardía tan solo por cómo la miraba.

—¿Qué haces aquí? —preguntó, y Alexa lamió sus labios tras observarla de arriba abajo.

—Habíamos quedado en que después de comer nos iríamos, ¿no? Y me muero por estar a solas contigo ya.

—¿No dijiste que hasta las cinco no terminabas? —se burló, tan solo por prepararse mentalmente: sabía que, en cuanto abriese la puerta, Alexa iba a besarla.

Nada más introdujo la llave en la cerradura, sintió la respiración de Alexa contra su nuca tras haberse colocado a sus espaldas. Llevaba una coleta, así que era mucho más fácil para su ahora profesora acariciar su piel con su nariz, tal y como lo hacía en esos instantes. Entonces sintió las manos de la chica en su cintura, justo cuando dio la primera vuelta en la cerradura. Cerró los ojos cuando las subió, delineando sus costados, y suspiró cuando las volvió a bajar.

—¿Cómo te encuentras? —dio la segunda vuelta justo cuando escuchó su voz contra su oreja.

—Estoy bien —contestó, e inclinó su cabeza para apoyarla en su hombro cuando la abrazó.

Abrió la puerta y entraron en esa postura, caminando abrazadas. Cerraron sin dejar de acariciar las manos de la otra y sintió un escalofrío cuando los labios de Alexa se deslizaron por su cuello, apenas rozándose con su piel. Luego bajó a su hombro, suspirando contra él.

—Date la vuelta —pidió, parando el avance de sus cuerpos, y quedaron frente a frente.

Las manos de Alexa se apoyaron en su cintura, acariciándola antes de rodearla con sus brazos. Mordieron su labio a la vez mientras se miraban, consiguiendo que se les escapase una sonrisa a las dos. Llevó sus manos al cuello de Alexa, pegándose más a ella. Se sentía increíblemente bien al estar de nuevo contra su cuerpo.

—Espero que los móviles estén apagados y tu timbre no funcione —habló cerca de su rostro, y ella jadeó cuando su espalda se apoyó en la pared.

—¿No quieres que te interrumpan, Woods?

—Necesito besarte durante mil horas seguidas.

—Hazlo —la alentó, rozándole la nariz con la suya, y bajó la mirada fugazmente a su boca.

—Sujétame bien por si me desmayo —susurró, y se percató de que sus ojos también estaban fijos en sus labios.

Rio suavemente por su frase, porque seguía siendo su niña dramática, y la atrajo de un tirón, separando sus labios para recibir los suyos, pero el sonido de la puerta al abrirse las separó. Alexa se tiró al suelo y soltó un sonido frustrado, escondiendo la cara en sus manos. Lo que decía: dramática.

—Joder, Raven, pensaba que había entrado alguien. ¿Por qué no me has avisado de que ibas a estar aquí? —Carmen apareció en el pasillo con una mano sobre el pecho y miró directamente al suelo para ver a Alexa, ahora boca abajo y con la cara enterrada en sus brazos—. ¿Quién es? —susurró— ¿La has matado? —se llevó la mano a la boca, y ella rodó los ojos antes de darle una suave patada a Alexa.

—Levántate y saluda a Carmen, Woods.

—No siento nada —contestó, y ella se agachó para obligarla a levantarse.

La vio ir hacia Carmen y la siguió, pues también iba a saludar a su amiga. No la veía desde hacía dos meses. Paró en seco cuando Alexa agarró las mejillas de Carmen y la besó en los labios.

¿Acababa de pasar lo que creía que acababa de pasar?

—Vaya, tienen razón con eso de que en California la gente es más cariñosa —comentó Carmen risueña.

—Era para Raven, pero ya que has interrumpido: disfrútalo —murmuró Alex abatida antes de largarse al salón y dejarse caer en el sofá.

—¿Estáis juntas? —preguntó en un susurro cuando se quedaron a solas en el pasillo, sujetando el cuello de su camiseta.

—No, estamos intentándolo —se liberó de su agarre—, pero no dejáis de interrumpirnos.

—Oh, Dios, me alegro tanto por ti —la abrazó y empezó a darle besos en el pelo—. Feliz cumpleaños atrasado.

—¿Te ha gustado el beso? Porque era mío —fingió estar molesta cuando su amiga se separó, pero abrió mucho los ojos cuando le dio un corto beso en los labios.

—Toma, te lo devuelvo —rio—. Yo tengo los de mi Heller, que me los da muy bien.

—¡No me jodáis que os habéis besado! —Alexa se materializó a su lado, y se llevaron a la vez las mano al pecho por el susto que les dio.

—Recoge las cosas, que nos vamos.

—¡Pero os habéis besado! —las señaló— Es mi fantasía de toda la vida y me lo he perdido.

—Alexa —le advirtió con media sonrisa y la chica se fue, más frustrada aún hacia la habitación—. Escúchame —se giró de nuevo hacia su amiga—, las sábanas de la cama de la habitación de invitados están usadas. Déjalas donde están y las lavaré cuando vuelva. Tendré que hacer limpieza general de todo esto —dio un repaso visual a su piso.

—Dime que habéis follado, por el amor del cielo.

—No hemos follado, pero tranquila, creo que no voy a tardar mucho en darte la noticia —le guiñó un ojo a su amiga, que le sonreía.

—Me alegro por que esté funcionando, de verdad.

—Yo también —se sinceró antes de ver a Alexa salir de la habitación con la mochila de deporte colgada al hombro.

—Te queda bien la ropa de tu "mami" —se burló Carmen, y Alexa sonrió antes de mirarla directamente a ella, provocando el mismo gesto en su rostro.

X X X

Raven llevaba un rato jugando con sus dedos mientras charlaban sobre posibles fallos dentro de un avión que podían conducir a una catástrofe; era un tema bastante tranquilizador para esas situaciones. Cambió rápidamente de tema y, como siempre, Raven le siguió el rollo.

—Y, hablando de cosas terribles —sonrió—: ¿con cuántas personas te has besado en este último mes, Raven?

—No lo sé, pero la que me interesa siempre va a cámara lenta.

—¿Hablas de mí? —alzó las cejas y se perdió en la sonrisa que le dedicó la latina.

—Entiendo que quieras que sea… especial, pero una mujer tiene sus necesidades —tonteó y cambió los movimientos de sus dedos sobre su piel.

—Me lo tengo que currar para destacar. Te has besado con Alejandro, con Tania, con Luna, con Juno y con Carmen.

—Sí, el que nos dimos ayer no supera ninguno de esos —se burló, y ella aprovechó para entrelazar sus manos mientras reían.

Se quedó observando sus dedos, nunca pensó que estaría en ese punto con Raven tras ese tiempo, pero no podía estar más feliz. Acercó su mano a sus labios y la besó despacio, antes de hacer lo mismo con su muñeca sin apartar la mirada de su rostro, concretamente de su sonrisa. Comenzó a subir por su brazo con distintos besos hasta llegar a su hombro, apoyando ahí su barbilla para mirarla de cerca.

—¿Crees que existe el momento especial? —se interesó.

—Creo que existen las personas especiales —sonrió con su respuesta, y echó su cabeza sobre el respaldo del asiento de Raven para que sus rostros quedasen cerca el uno del otro.

—¿Crees que soy especial? —preguntó de nuevo, y se acercó un poco más a su rostro al suyo, sintiendo ya ese cosquilleo en los labios que demandaban la unión con los de Raven "ya", en ese mismo instante.

—No lo creo, lo eres —susurró, mirando fijamente sus labios y ella la imitó.

—¿Crees que las personas especiales podemos hacer momentos especiales?

—Hazlo ya.

Sonrió antes de inclinarse y capturar los labios de Raven con los suyos, sin moverlos, tan solo sintiéndolos contra los suyos tras tanto tiempo. Fue como viajar al pasado, a la primera vez que la latina la besó en aquel gimnasio donde se veían casi a diario tras las clases, y es que se sentía exactamente igual a entonces: sus labios seguían teniendo esa calidez y suavidad que le caracterizaba. Movió suavemente los suyos para poder abarcar un poco más de ellos, cambiando a su labio inferior: le gustaba más tener ese entre los suyos. Sintió el suspiro de Raven contra su boca y su mano colocándose sobre su mejilla; los dedos de la otra seguían entrelazados sobre su regazo.

Se separó ligeramente de ella y la miró unos segundos, viendo ese brillo en su mirada que tanto le gustaba. Separó sus labios y los unió a los suyos de nuevo, esta vez sintiendo el sabor del cacao que llevaba puesto, pero quería sentirla a ella así que su lengua pidió permiso primero, no iba a ser maleducada, moviéndose al compás de sus labios, pero fue Raven la que tomó las riendas, acariciando su lengua con la suya. Llevó su mano libre a su cuello, buscando un punto de sujeción, porque de verdad que se iba a desmayar, y una vez todo estuvo controlado en su interior y exterior, se dedicó a ese beso en condiciones.

Intentó guiarlo ella, pero Raven no le dejó, y se le escapó un gruñido, haciéndola reír mientras se separaba ligeramente y miraba a su alrededor.

—Ten cuidado, a ver si nos echan por escándalo público —susurró la latina, rozando su nariz con la suya.

—Sería otra forma de catástrofe aéreo, no creo que sobrevivamos a una caída desde esta altura.

—Idiota —se le escapó una sonrisa automáticamente cuando Raven la besó fugazmente.

—Ha sido un beso de altura. No podré superar jamás este, ¿te das cuenta? —la mano de la latina se colocó directamente en su nuca y la atrajo más a su rostro.

—Sí, sí que puedes —murmuró y se volvieron a besar.

Lo sentía por todos lados a pesar de ser sus labios los que se movían sin parar, apenas involucrando a su lengua, porque en esos momentos lo único que valía era sentir. Porque estaba besándola de nuevo y se daba cuenta de que todo lo que había estado buscando se encontraba concentrado en ella desde siempre. Era pasión, erotismo y sensualidad, pero también era cariño, confianza, respeto, tranquilidad… Joder, Raven siempre había sido su mujer ideal, y esa vez pensaba hacer las cosas de forma diferente.

X X X

Mordió su labio inferior una vez más, sin apretar demasiado, escuchándola suspirar en su boca cuando la volvió a besar en profundidad. No sabía cuánto tiempo exactamente llevaban contra el coche, que estaba aparcado en el parking del aeropuerto, entretenidas mientras se besaban sin parar. Tal y como esperaba, no iba a poder separarse tan fácilmente de la boca de Alexa. Terminó de enredar sus dos manos en el pelo de su exalumna y sintió un escalofrío cuando la apretó aún más contra la carrocería del vehículo, sintiendo completamente todo su cuerpo contra el suyo.

Abrió la boca, jadeando, y recibió la lengua insistente de Alexa, y decidió que no estaría mal perder un poco el control, sobre todo cuando la chica coló una pierna con habilidad entre las suyas y bajó su mano por su costado hasta llegar a su pierna y alzarla hasta su cadera.

—No sé si puedo controlarme, Raven —murmuró contra su boca.

En vez de contestarle, la buscó con un movimiento de caderas, consiguiendo que gimiese en su boca mientras la besaba con urgencia, buscando más contacto. Agradeció internamente cuando Alexa incrementó la intensidad del beso: las embestidas de sus labios contra los suyos la estaban dejando sin aliento y con ganas de más, de mucho más.

Estaban demasiado metidas en ese beso, tanto que las dos se asustaron cuando escucharon las ruedas de un vehículo acercándose a donde se encontraban.

—Vamos a casa —le propuso, acariciando su cuello.

—Qué bien suena —le sonrió, ladeando su cabeza y volviendo a capturar sus labios en un tierno beso.

—Esa frase me resulta familiar, pero en un contexto más húmedo.

—Joder, mami —sonrió al escucharla, porque Alexa sí podía llamarla así, y la acercó a un nuevo beso, esta vez más lento.

—Venga, vámonos. Conduzco yo —decidió, robándole las llaves del bolsillo de su pantalón.

—No hace falta, Reyes.

—Sí hace falta, tu rodilla tiene que descansar. No te creas que se me ha olvidado.

La escuchó bufar, pero no le hizo ningún caso, rodeando el coche antes de meterse en él. Sonrió cuando recibió otro beso de la chica una vez dentro. No podía describir cómo se sentía, pero lo que sí sabía era que estaba realmente feliz por poder estar besándola de nuevo, y esa vez iba a dar más de sí misma para que saliese bien, pero primero ambas tenían un asunto pendiente.

Y es que se tenían demasiadas ganas.

X X X

Intentó frenar a Alexa cuando quiso cogerla dentro del ascensor, sabía que cuando se excitaba no pensaba demasiado y estaba más que comprobado en ese momento: no tenía en cuenta para nada su rodilla. Mientras a ella le funcionase bien el cerebro, no iba a permitir que la cargase en brazos y añadiese peso extra, aunque a decir verdad ya estaba fallando bastante. Gimió cuando Alex mordió su labio y tiró de él, soltándolo y bajando hasta su cuello. Enredó sus dedos en su pelo y cerró los ojos por la sensación que le provocaba.

Dios, iban a hacerlo en ese mismo momento y su cuerpo temblaba por las ganas.

Salieron a trompicones del ascensor y se separó de su boca con un suspiro, buscando las llaves en su bolso mientras su espalda estaba siendo aprisionada por todo el cuerpo de la chica, que besaba su cuello de forma insistente. Entraron en la casa, y cerraron de un portazo. Alexa no tardó en tirar su mochila y la chaqueta que le había cogido prestada porque en Phoenix refrescaba, y ella dejó su bolso en el mueble de la entrada, que justo estaba a su lado, dejando también que Alexa le quitase la chaqueta.

Parecía que no iban a cruzar ni una palabra, que las dos sabían lo que querían y necesitaban en ese instante. Sus bocas no dejaban de moverse sobre la otra y sus manos no paraban quietas, buscando cada vez más de la otra.

—Joder —la escuchó jadear una vez coló sus manos bajo la camiseta que llevaba. Se separó ligeramente de ella y alzó los brazos, facilitándole la labor a Alexa en mitad del pasillo.

Dejó que la besase de nuevo y que apoyase ambas manos en su espalda desnuda, acariciándola completamente y sin dejar de mover sus labios al mismo ritmo. Suspiraron a la vez y aprovechó que se separaban para deshacerse de la camiseta de su exalumna también. La recorrió con la mirada y se mordió el labio a la vez que posaba la mano sobre su abdomen, acariciando su piel.

Levantó la mirada y se sonrieron, esa sonrisa cómplice que siempre se habían dedicado la una a la otra. Si lo unía a esa mirada llena de cariño y respeto, se podía dar cuenta de lo mucho que la quería aún. Sus bocas se estrellaron de nuevo y ambas agarraron el pelo de la otra mientras caminaban por el pasillo, Alex hacia delante y ella hacia atrás. Su espalda volvió a golpear contra la pared, pero agarró la cintura del pantalón que llevaba para cambiar posiciones.

Echó su cuerpo sobre el suyo y continuó besándola. Acarició la línea de su mandíbula con la yema de sus dedos, sonriéndole cuando volvieron a mirarse. Dios, todo estaba siendo intenso y notaba que estaba mojada y caliente por la situación, pero había tantos matices entre las dos.. Era lo que vivieron en el pasado y las sensaciones que las rodeaban en el presente lo que conseguía que aquel momento fuese perfecto.

La atrajo de nuevo, besándola de nuevo, usando la lengua justa para conseguir otro sonido de agrado salir de su garganta.

—Decisión importante —dijo Alexa, pero ella se adelantó.

—Yo arriba.

—No —rio suavemente, antes de besarla de forma fugaz—. ¿Tu habitación o la mía?

—Mi cama aún no ha sido estrenada —insinuó, y rio cuando Alexa fue directamente hacia allí.

La siguió y cuando entró en ella la vio sobre la cama ya sin pantalones, esperándola con "una postura sexy". Lo habría sido si no estuviese haciendo el tonto. Se quitó sus pantalones también frente a ella, y su rostro divertido se esfumó: ahora la miraba con deseo.

—De verdad, esa ropa interior… Joder —se echó sobre la almohada, pasándose las manos por la cara varias veces, y ella aprovechó para sentarse sobre su abdomen a horcajadas y apartar las manos de su rostro.

—Mírame —le pidió, llevando sus manos a su abdomen, para que también la tocase.

—Raven, estás… —suspiró, continuando con su recorrido visual por su cuerpo—. Estás increíble, de verdad. Estas caderas… Uf.

Agarró la zona en cuestión y apretó sus dedos en ella. Se sentó y rodeó su cintura para que no se tambalease por el cambio de posición y se sonrieron observándose de cerca antes de besarse casi a la vez. Lo que decía: el momento perfecto.

—Escúchame —le susurró, sintiendo de nuevo sus labios en su cuello—, sé que querrás hacer muchas cosas.

—Muchísimas —confirmó Alex, mordiéndole el cuello.

—Pero mi parte profesional no me permite que le hagamos daño a tu rodilla —sonrió cuando la vio frente a ella con el ceño fruncido.

—¿Qué quiere decir eso?

—Que tú abajo —la besó de forma fugaz— y yo arriba.

—¿Dónde tengo que firmar? —preguntó con diversión.

—Busca donde ponga "firme aquí".

—No me hagas esto si sabes que no puedo jugar —puso morros y ella la miró con cariño, echando su pelo hacia atrás.

—Te duele, ¿verdad? —se preocupó, y ella asintió antes de besar su nariz—. ¿Quieres ir al médico?

—Eh… ¿Raven? —preguntó con un tono incrédulo—. Estás en ropa interior encima de mí. Claro que no quiero ir al médico. ¿Estamos locos?

—Menos mal —suspiró aliviada antes de besarla otra vez.

El beso empezó de forma tierna, pero las dos estaban igual de necesitadas y no tardó en volver a sentir sus labios arder por la forma brusca en la que se iban moviendo, queriendo más de la otra. Alexa se entretuvo acariciando su espalda mientras ella seguía con su pelo, y no tardó en bajar ambas manos hasta cubrir su culo con ellas.

—Un millón de veces mejor —apretó sus nalgas y ella rio, dejando que lo tocase a su antojo mientras bajaba besando su mandíbula hasta llegar a su cuello.

—Sigue —le pidió antes de seguir lamiendo su piel y mordiéndola suavemente.

Alexa dejó su culo antes de bajar por sus piernas, y la escuchó jadear de nuevo mientras seguía entretenida con su cuello, esta vez el otro lado. No tardó en subir por su espalda y su respiración agitada hacía que todo su interior estuviese en ebullición. Era una lucha por querer ir despacio, disfrutando de ella, y al mismo tiempo deseaba que fuese ya.

Sus bocas se unieron de nuevo, besándose mientras Alexa terminaba de subir sus manos, pero en vez de desabrocharle el sujetador, fue hasta sus hombros y, con un gruñido contra su boca, bajó los tirantes hasta descubrir sus pechos. Se separó ligeramente de ella para mirarla sorprendida por lo que acababa de hacer, porque realmente le había puesto muy cachonda el gesto. Alexa observaba fijamente sus pechos y respiraba tan agitada que estuvo a punto de pedirle que se tranquilizase por si se desmayaba de verdad.

Se besaron de nuevo, atrayéndola de nuevo a su boca, pero no duró demasiado, porque Alexa lamió su barbilla con los ojos cerrados, succionándola ligeramente antes de bajar por su garganta. Su lengua estaba consiguiendo que sus respiraciones cambiasen, ahora era ella la que empezó a tener problema para incorporar oxígeno a sus pulmones. Su mano fue la primera en llegar, colocándose bajo su pecho, y ella no podía dejar de mirar lo que hacía, sobre todo cómo la miraba con sus labios entreabiertos, queriendo atacar de una vez. Apretó su seno ligeramente y suspiró antes de besar entre ellos y acercarse lentamente a uno de ellos.

Gimió suavemente cuando, tras lamer los alrededores, pasó su lengua sobre su pezón. El sentirlo unido a la imagen de esa boca tan increíble hizo que temblase ligeramente, sobre todo cuando lo atrapó entre sus labios, succionándolo varias veces antes de soltarlo con un sonido húmedo y pasar al otro pecho. Enredó los dedos en su pelo y suspiró, tirando de ella cuando mordió levemente. Volvió a atraerla a su pecho y esta vez se entretuvo entre succiones y lamidas en esa zona que tenía increíblemente sensible.

Necesitaba tocarla a ella también, así que desabrochó su sujetador y lo tiró a un extremo de la habitación antes de tumbarla sobre la cama. La admiró unos segundos, aún sentada en su abdomen, se notaba que había continuado con el ejercicio, a pesar de haber dejado el fútbol: tenía un cuerpo increíble y tonificado. Se inclinó sobre su cuerpo y besó sus labios, suspirando las dos a la vez cuando se sintieron por primera vez tras tanto tiempo sin ropa de por medio de cintura hacia arriba. Se entretuvo más de lo previsto en sus labios, pero no por ello no la tocó. Deslizó una mano por su costado antes de llegar a su pecho y sentir su pezón ya duro contra la palma. Gimieron a la vez, ella más bien por las sensaciones, pero ninguna se iba a quejar de gemidos de más.

Empezó a bajar por su cuello, creando un camino de besos húmedos hasta la zona de su esternón tras haber lamido la zona de su clavícula, que siempre le había gustado. Llegó a su pecho, lo miró unos segundos antes de imitarla y pasar primero su lengua por todos lados antes de hacerlo por su pezón, el que tenía el piercing aún. Lo introdujo directamente en su boca y se dedicó a él antes de notar que Alexa intentaba girarlas para colocarse encima, pero la paró, sujetando su hombro. La escuchó gemir algo más alto cuando mordió suavemente, sintiendo el pendiente contra sus dientes, antes de descender por su abdomen, besándoselo y disfrutando de lo terso que estaba.

Llegó a sus piernas y las besó, todo lo largas que eran, teniendo cuidado con su rodilla. Separó sus muslos a medida que subía por ellos, lamiéndolos y paró justo cuando llegó a la zona de su ingle. Llevaba ropa interior suya porque se había duchado en su piso, y la verdad es que era raro verla con un culote en esa situación, así que, en vez de tocar sobre ellas, se las quitó directamente, dejándola completamente desnuda.

Intentó controlar su respiración mientras la miraba, pero no pudo.

—Desnúdate tú también —le pidió Alexa, sentándose y atrayéndola para besarla, y lo hizo con gusto.

Le devolvió cada embestida que creaba con sus labios y dejó que la chica bajase su ropa interior hasta las rodillas, luego ella hizo el resto. La chica se dejó caer de nuevo en la cama observándola de arriba abajo todo el rato, y veía su pecho subir y bajar de forma repetida en intervalos cortos de tiempo.

Se tumbó sobre ella, colocándose de tal modo que sus piernas quedasen entrelazadas. Empezó a moverse contra Alexa cuando esta agarró sus caderas y la instó a ello. Ambas gimieron a la vez, cerca de la boca de la otra, y aprovechó cuando sus labios se rozaron para besarla en condiciones, sin dejar de sentir placer contra ella. La notaba completamente humedecida contra su piel, y estaba segura de que la chica que había bajo su cuerpo sentía lo mismo.

Alexa jadeó y acarició su pelo por la zona de su nuca, antes de subir hasta su coleta y quitársela, dejando caer su melena sobre sus hombros; tampoco le faltaba mucho para deshacerse del todo. La escuchó suspirar mientras la observaba antes de besarla con urgencia.

—Necesito tocarte, mi amor —murmuró Alex contra su boca.

—Y yo a ti —le contestó de la misma forma.

Se apoyó en su antebrazo, dejando que la mano derecha de Alexa se colase entre sus cuerpos y gimió, dejándose caer sobre su hombro, cuando los dedos de la chica comenzaron a acariciarla despacio. La escuchó jadear contra su oído, comenzando a crear un movimiento constante hacia arriba y hacia abajo, recorriéndola completamente. La imitó, bajando también su mano derecha para colarla entre sus piernas, y arqueó sus caderas buscando más cuando notó cómo su humedad manchaba sus dedos. Estaba completamente mojada… Dios, lo había echado tanto de menos.

—Mírame, mami.

Elevó su tronco como pudo, dejando su antebrazo contra el colchón, y Alex subió su mano libre para entrelazarla con la suya sobre su cabeza. Miró el gesto antes de centrarse en sus ojos y darle un suave beso sin apartar la mirada de la suya. Imitaron los movimientos de la otra y, cuando Alexa se posicionó para penetrarla, ella hizo lo mismo. Fue a la vez, sincronizadas y sin dejar de mirarse, sin dejar de gemir cerca de los labios de la otra.

—Eres preciosa —confesó sin dejar de mirar ese verde, y Alexa contestó con un gemido antes de besarse, esta vez con los ojos cerrados al ser uno más intenso.

Comenzaron a moverse más erráticas contra la otra, apenas controlando los movimientos de sus caderas contra la otra y, si no se estaban besando, estaban mirándose fijamente; sus manos sin dejar de estar entrelazadas. Alexa fue la primera en tener pequeños espasmos en sus paredes más íntimas, y quizás fue eso lo que hizo que ella misma notase ese orgasmo inminente. ¿Iban a tenerlo a la vez?

Hacía tanto tiempo que no se sentía así de completa y de feliz, que supuso que, cuando llegó el momento en el que las dos sucumbieron al placer y cayó derrotada sobre su anatomía, fue normal el ponerse a llorar. Acabó riendo cuando la chica le pidió, entre lágrimas también, que no lo hiciese.

—Ha sido perfecto —murmuró Alex, mientras se abrazaban, aún en la misma postura: su cuerpo sobre el suyo.

—No podría haber sido más especial —confesó, sonriéndose la una a la otra e inclinándose para volverla a besar.

X X X

¡He vuelto!

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¡Nos leemos pronto!