Los nombres de los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, pero la historia me pertenece.


"Te amo con un amor tan grande que simplemente no podía seguir creciendo en mi interior,

pero tuvo que saltar y revelarse en toda su magnitud."

El diario de Ana Frank.


Sé que la imagen que tienes de mí es la que yo quise que fuera.

Te he tratado mal pero, ¿no ves que no hay nadie más importante para mí?

Tu fuiste de frente y yo me escondí.

Te amo en un lugar donde no existe ni el espacio ni el tiempo.

Amy Winehouse. - A song for you.


Una estrella.

He tenido mi primer orgasmo, y evidentemente no es nada parecido a lo que yo había imaginado. Un tornado de emociones ocultas y para nada mundanas me han tomado como rehén, y debido a eso, es casi imposible pronunciar palabra alguna. Me estiro debajo de las cobijas y noto que estoy demasiado sensible. Mi cuerpo responde a cada roce con las sábanas, y sobre todo, a cada contacto suyo por más ligero que sea. Estoy exhausta, y al mismo tiempo relajada. No es algo que posea parámetros ni puntos de comparación, es simplemente indescriptible y envolvente.

- ¿Estás bien?

El tono de su voz me tensa, me eriza la piel.

- Cansada.

Admití.

A través de los cabellos puedo ver como niega con la cabeza.

- No es a lo que me refería. Lo que quiero saber es si te he lastimado…

Enarca una ceja, está totalmente a la expectativa.

- No. Todo lo contrario. Ha sido fantástico. Si te soy sincera no esperaba demasiado. Sé que la primera vez puede no ser tan especial como te lo cuentan en las películas o en los libros.

Se encoge de hombros.

- Creo que es verdad, debido a la falta de experiencia, y a la incomodidad. Pero tú no parecías incomoda, eso ayudó mucho… - Hace una pausa larga y sonríe para sí mismo. - Estabas muy cooperativa.

Oculta una risita socarrona aclarándose la garganta. Está burlándose de mí pero no me molesta, vamos... Ni siquiera soy capaz de sentir un poco de enfado. ¿Por qué? Tal vez se deba a que mi estado mental nunca estuvo tan bien equilibrado como ahora. Antes de contestarle, aprieto los labios para ocultar una sonrisa.

- Creo que ha sido porque he estado expuesta ante ti desde mucho antes.

Es obvio que así es. Edward, con todo y su cuerpo perfecto, sus movimientos perfectos, su sonrisa perfecta y su voz perfecta arranca bragas no habían logrado hacerme sentir avergonzada o insegura en ningún momento. Evidentemente, a la hora de la hora yo no tenía ni la más mínima idea de lo que debía hacer, ni de cómo debía moverme, pero... Confiaba en él, y él confiaba en mí.

- ¿Y? - Alza las cejas, esperando que yo sepa de qué está hablando, y lo sé, pero me quedo callada nada más para escuchárselo decir. - ¿Te gustó? - Me pregunta al fin, y yo sonrío al ver que mi pequeño silencio ha obtenido frutos. Sin embargo, su voz tímida le ha inyectado a su interrogante un singular toque inocente y divertido que sólo ha podido brotar de esa encantadora mentecilla.

- Si. Superaste mis expectativas. - Le digo con voz contenida debido a las carcajadas.

Se gira hacia mí en un movimiento rápido para tomarme de la cintura y pegarme a su cuerpo, provocando que un jadeo se escape de mis labios.

- ¿De verdad? - Trago saliva. Todo rastro de humor se ha esfumado en segundos, la manera en que todo cambia tan violentamente es agotadora, pero tengo que admitir que me encanta. Hay algo a su alrededor, una especie de brillo, más no el típico brillo que deslumbra a quien se atreve a mirarlo directamente, es más bien... Un brillo desolador e inalcanzable. Su luz no es capaz de ocasionar daño ni bienestar, pues su único fin es la contemplación.

Tomo una bocanada de aire antes de centrarme en su mirada. Adivino que su curiosidad es incalculable.

- Si. Pensé que serías un tanto brusco, como siempre eres.

Sin quererlo, he hecho una mueca.

- ¿Brusco?

Me pregunta incrédulo, como si no creyera ni un poco en ello.

- La mayoría del tiempo.

Manifiesto con voz cansada. Siempre que estoy a su lado me da por pensar más de la cuenta.

- Eso te desagrada...

Me incomoda el tono con que lo ha planteado. Es como si le hubiera restado valor a mis palabras antes de que siquiera llegara a pronunciarlas.

- No. Sé que no lo haces conscientemente. - Le digo con voz firme, aunque me hubiera gustado agregar un: no siempre.

Asiente pensativo.

- No se trata de eso.

- ¿Entonces?

Sonríe desviando la mirada.

- Cuando estás cerca me siento muy ansioso, muy emocionado, muy inquieto... – Explica en un hilo de voz. Me quedo quieta sin apartar mis ojos de él, sin embargo, todavía no se atreve a observarme. Cualquiera diría que acababa de admitir un delito de categoría inconfesable digno de pena de muerte. Chasquea la boca, y reniega un par de veces. – Bueno... Ya está. Ésa es mi excusa.

Lo último lo dice en un tono bastante alto e inesperadamente mirándome a la cara. Ha logrado sobresaltarme. En un minuto es toda calma y serenidad, y al otro se convierte en un volcán activo a punto de hacer erupción. Humm. Lo razono por un segundo; no. Él es un volcán activo en nivel de alerta volcánica fase dos. Si, eso es. Constantemente me mantiene con el alma en un vilo, pero al final nada ocurre. Supongo eso está bien... Por ahora.

Suspiro y me paso la mano por la frente, eliminando los insignificantes restos de sudor y me dedico a contemplar su cabello. Está alborotado, demasiado. Él me mira y sonríe a medias, mientras que con su pulgar comienza a delinear con movimientos delicados mi pezón derecho, el cual se endurece ante su tacto.

Me estremezco.

- Bella… De verdad me gustas.

Ágilmente coloco las manos en su pecho, empujándolo, obligándolo a acostarse para así poder ponerme a horcajadas sobre él. Se le ve sorprendido y podría decir que hasta asustado. Su expresión huraña me hace preguntar si está a punto de apartarme...

Sin moverme sonrío para que se tranquilice y poco a poco noto como su rostro se va ablandando.

- Es extraño que digas esas cosas. - Murmuro.

Arruga la nariz, y me da una nalgada en el trasero. El sonido que ha ocasionado el impacto de su palma contra mi piel desnuda me ha llamado más la atención que el golpe en sí mismo, forzándome a arquear la espalda.

- No digas eso. - Me reprende, pero de inmediato se arrepiente de haberlo hecho.

Muerdo mi labio inferior en búsqueda de algo que decir.

- Bueno... - Titutubeo. - No solemos decir esas cosas, ya sabes… En voz alta.

Suelta una risita.

- Deja de clasificarnos. Siempre que sientas algo de verdad, sólo dilo. No importa que sea, siéntete libre de decirlo. Siempre. ¿De acuerdo?

Sus palabras, en cierto modo son lo correcto. Creo que de algún lado ha salido la versión blandengue de mi misma. No está bien comenzar a tener dudas, o comenzar a sentir incomodidad. No está bien volver. Todo eso formó parte de una etapa, una etapa que ya pasó...

Coloco un mechón de cabello detrás de mi oreja y me acerco para darle un beso en los labios. Edward sonríe en respuesta a mi gesto, y cuando me retiro, nuevamente me da una fuerte palmada en el trasero que me hace dar un respingo. Nos unimos en una risa confidente, y me ruedo hacia lado izquierdo, quedando de espaldas nuevamente en la cama.

Miramos en dirección a ninguna parte, la noche es más larga de lo que creía...

Tose discretamente para aclararse la voz y cubre su cuerpo con la sábana hasta la altura de su pecho.

- Me gusta tu cuerpo, lo que haces con el; me gusta tu boca, lo que dices con ella; eres la única mujer que conozco que no sólo me atrae y eso es… Agobiante. - Me dice como si fuera un total calvario.

Resoplo.

- Eso de "la única" no me convence. - Bromeo.

Sonríe a medias con fastidio.

- No tiene que convencerte.

Correspondo a su sonrisa con picardía, me yergo y le doy un dulce beso en la punta de la nariz.

- Me vestiré.

Le aviso, y con pesar me levanto de la cama para dirigirme al clóset en búsqueda de mi ropa de dormir. Él no dice nada, simplemente se dedica a seguirme con la mirada. Aprovecho ese corto lapso de tiempo en silencio para relajar mi mente. Me enfundo la playera de algodón, los pantalones deportivos, y me giro en su dirección.

- ¿Cuándo vendrá Ángela? - Le pregunto para dar inicio a una conversación casual.

- Temprano.

Murmura cortante.

- ¿Sucede algo? - Lo conozco lo suficiente como para saber que así es, sin embargo, él niega con la cabeza, convenciéndose a sí mismo de que su respuesta es meramente la verdad; pero de inmediato sus ojos se tornan hostiles. Se pone en pie y se limita a vestirse con sigilo...

Parpadeo varias veces, escéptica.

No puedo evitar sentirme fuera de órbita, no tengo ni idea de lo que está sucediendo y preguntar se me hace un exceso. Me obligo a quedarme callada pero sin dejar de mirarle. La expresión de su rostro es dura, poco reveladora. Involuntariamente, recuerdo a modo de flashback el ya lejano día en que me metió a jalones a su casa en la playa, juraría que tiene el mismo semblante que mantenía con fiereza en ese entonces. Es inútil pensar que he hecho algo malo porque de ningún modo ha sido así. Hay algo que no está diciéndome, y el no insistir no significa que no quiera saber, lo único que sí significa, es el hecho de que se me hace enteramente rídiculo. No puedo obligarlo a decir nada que no quiera, eso... Eso ni siquiera debería ser legal. Una relación debe ser libre y llena de confianza. Yo no rompería esa regla.

Exhalo, y con valentía me fuerzo a creer que lo que pasa por su cabeza no tiene nada que ver con lo que hemos hecho.

Él me contempla fijamente con ojos vacíos y yo le sonrío haciéndole saber que nada pasa, que nada pasará. Él es un mundo, yo soy un mundo y que Edward quiera formar parte de mí, no significa que eso sea posible. Abruptamente se levanta, me fulmina con la mirada, cruza la habitación a toda prisa con las manos en los bolsillos y cuando llega a la puerta, se gira.

- No me esperes.

Es lo único que me dice antes de marcharse.

Me ha dejado prácticamente sin aliento. Justo hablábamos de modos bruscos y aquí está él, de nuevo con ese humor de los mil demonios que se carga.

Transcurrieron varios minutos y yo seguía sin poder moverme. Era obvio que pensar en aquello no tenía sentido. En primera, porque yo no había hecho nada malo. En segunda, porque él no había hecho nada malo. Y sólo existían esas miserables causas para crear el caos. Algo que no había sucedido. ¿Entonces de qué se trataba?

Mi subconsciente está a punto de mandarme al paredón a modo de condena por mi tremenda estupidez. Es verdad. No tiene importancia alguna, porque... Así pensara en ello miles de veces no daría con la respuesta correcta.

Sacudo la cabeza para tranquilizarme y despabilarme al mismo tiempo. Afortunadamente lo logro. De forma casi instintiva mi mirada se dirige a hurtadillas rumbo a la cama y es entonces donde me percato de las manchas de sangre, pruebas de mi ya perdida virginidad. Suelto un suspiro y me encamino a cambiarlas. Las palmas de mis manos están temblorosas, o quizá es mi cuerpo el que se encuentra invadido por un permanente temblor a partir de que él dejó de tocarme. Delineo mis labios con la yema de mi dedo índice, gesto que me arrebata una sonrisa. El sabor sigue allí, es potente, tan potente como la sensación de tenerlo dentro de mí. Sea lo que sea que le haya hecho salir huyendo, no me arrepentía de nada y nunca lo haría.

Enredo las sábanas junto con las cobijas y me apuro a salir de la habitación. Prosigo con mi andar, que a cada paso se vuelve más sosegado, y entre largas respiraciones, recorro el pasillo restándole importancia al hecho de el suelo está helado y de que voy descalza. Con pesadumbre bajo las escaleras, paso por la cocina, cruzo por el corredor hasta doblar por la derecha justo en donde se hallan tres esbeltas columnas cilíndricas en color blanco, y me sigo de largo hasta que por fin llego al cuarto de lavado. Sin encender la luz dejó todo en el cesto de la ropa sucia, pero… Al abrirlo me doy cuenta que está a reventar. Edward se cambia de atuendo varias veces al día. Ruedo los ojos. Mañana sin falta tenía que lavar. Después de todo, también había ropa mía ahí.

Resoplo y con pasos resonantes sigo mi camino de regreso hasta la habitación.

Sin pensarlo demasiado arrimo hacia el clóset, el cual sigue abierto, la silla de piel que se sitúa frente al escritorio. Me subo en ella y elijo al azar un sobrecama nuevo del compartimiento de la esquina. Al parecer es de diseño liso en color azul marino... Aquí todo siempre es demasiado oscuro, y no me molesta. Es algo demasiado cómodo para mí, de hecho. Nunca me han gustado los colores chillones.

Al terminar de enfundar el colchón con las sábanas, me abrazo a mi misma, tiro del edredón para cubrirme con el y me dejo caer en la cama, para en un pestañeo, quedar profundamente dormida.

Después de un largo rato despierto inquieta. Tengo un poco de hambre, pero me niego vehementemente a preparar algo a altas horas de la madrugada.

Bostezo un par de veces, y me levanto a regañadientes. Me meto al cuarto de baño y me echo agua fría en el rostro. ¿Qué día es hoy?

Me esfuerzo en recordar la fecha exacta, pero no lo consigo. Aún así, sé que han pasado bastantes días ya. El día de mi menstruación se acerca.

¡Joder!

Salgo del cuarto sin cerrar la puerta. Las luces siguen encendidas tal y como las deje antes de dormir. Camino hasta el escritorio en donde descansa la laptop de Edward. La abro en un movimiento y oprimo el botón de encendido, en lo que inicia me acomodo en la silla y me revuelco de placer al saber que conozco la contraseña.

IzzAan. Tecleo cuidadosamente cada letra.

IzzAan es un personaje alienígena proveniente del planeta Heezana creado por Edward. Nadie lo conoce, sólo yo. La verdad es que él es un buen dibujante, pero creo que jamás podría convencerlo de mostrar su arte al mundo. Incluso yo supe de todo esto una noche por accidente, o eso había dicho él, "que había sido un ACCIDENTE". Si mal no recuerdo, sucedió a la tercera semana de haberlo conocido; él estaba bastante ebrio y había ido a mi casa, bueno... A la casa que él me había comprado, únicamente para mostrármelo. Según él, porque yo era del mismo planeta que su personaje: IzzAan.

Me aparto los cabellos de enfrente con ambas manos, pero no sirve de nada pues de inmediato vuelven a su lugar.

Sacudo la cabeza para olvidarme de eso, y para dedicarme a lo que me interesa. Hace algunos días que leo acerca de Edward en la red y creo que ahora es un buen momento para continuar con mi constructiva investigación. Abro el buscador, escribo las tres primeras letras de su nombre y enseguida está ahí: Edward Cullen. Con torpeza le doy click (creo que sigo un poco moribunda por el sueño) y en un santiamén me salen varios sitios web. La mayoría ya los he leído... Bajo el cursor y encuentro un blog de fans llamado: Edward's Green Space. Le doy click, y una fotografía enorme de su rostro sonriente me recibe. Me carcajeo al verla. Últimamente me río muy fácilmente.

Ignoro los saludos de las administradoras.

- Blah. Blah. Blah. - Sigo bajando más el cursor. - Más, blah. Blah. Blah.

- ¡Aquí está!

Recargo los codos en el escritorio, me salto la información principal que ya sé y comienzo con mi lectura.

* Edward Cullen siempre logró distinguirse debido a su sobresaliente apariencia en su país natal. Era un buen estudiante, que constantemente obtenía las notas más altas, incluso llegó a concursar en las olimpiadas nacionales de matemáticas, obteniendo el primer lugar.

Vaya, no puedo evitar sorprenderme. Él no tiene la apariencia de alguien que puede mantener la nariz en un libro. Es demasiado inquieto en ocasiones.

* Conforme crecía, sus gustos cambiaron y su afición por la música rock comenzó cuando empezó a estudiar en el Instituto de Enseñanza Media Superior. Sus padres no apoyaron el camino que él estaba decidido a tomar, así que a su corta edad, salió de casa, tomando trabajos de medio tiempo y asistiendo a audiciones en varias Agencias de entretenimiento de su país. Cuando alguien puso los ojos en él, se dividía el tiempo entre el entrenamiento como artista, y entre atender un restaurante por la noche y una cafetería por la mañana.

Después de dos años duros pagando renta en un pequeño departamento de las zonas bajas de la ciudad, conoció a un miembro de la Agencia JSBH Projects de Estados Unidos, quien lo vio en una participación de "Ayuda al Planeta". Le ofrecieron un contrato. No aceptó de inmediato pero posteriormente lo hizo, aunque fue duramente criticado por la prensa de su país debido a ésta decisión. Y con el tiempo fue mostrando que fue lo mejor que pudo haber hecho.

- Uhmm. Debe ser difícil vivir tan lejos de donde naciste...

* El primer Single que sacó en Estados Unidos fue todo un éxito y para cuando salió el primer LP, que constaba de doce canciones originales, ya tenía bastante fama.

*Ha ganado varios discos de platino, y cada canción que saca termina siendo un rotundo éxito. Hace un tiempo se habló acerca de comenzar una carrera como actor, pero nada se confirmó.

- Blah, Blah. Eso ya lo había leído antes. - Fulmino la pantalla con la mirada pero continuó leyendo.

* Se le han conocido varias parejas, pero sólo una de ellas ha formado parte del espectáculo: la actriz Rosalie Hale, quien lo abandonó tras una larga relación.

Aprieto los dientes al leer el nombre.

* Sus aficiones más conocidas son: El fútbol soccer, la natación y el baloncesto.

* Domina el idioma inglés a la perfección, a pesar de que cuando llegó al país no sabía casi nada.

* Se le conoce como una persona bastante seria pero accesible. En Europa se cree que posee la sonrisa más hermosa del mundo.

* Se sabe que ha participa en actividades varias de caridad, pero no le gusta hablar acerca del tema.

* Ha tenido problemas con el alcohol después de su ruptura con la afamada actriz, Rosalie Hale.

* Ha sido escogido como la celebridad más sexy del espectáculo, compitiendo con actores de la fama de Ross Patterson y Jordan Reed.

* Conserva amistades de la infancia, pero nunca se le ha visto cerca de su familia, al parecer rompieron toda relación.

- Humm. Nunca hablamos de eso... - Me tallo los ojos con diligencia, mi vista se está cansando.

* En el año 2013 tuvo problemas con la autoridad por conducir ebrio. Al igual que en el año 2014.

* Al principio nadie creía que pudiera tener éxito, debido a su condición de extranjero.

* Se le conoce como una persona un tanto graciosa. (Puedes averiguarlo si ves algunas entrevistas)

* Tiene un gran sentido de la responsabilidad, y las personas cercanas a él creen que no hay nada que no pueda hacer.

- Ajá...

* En el año 2014 cantó para una de sus fans (Melynda Evans de quince años) en el "Oncology Institute of Light" de Los Angeles. Se dice que liquidó la deuda que los padres tenían en dicho hospital. Haciendo posible que ella terminara su tratamiento.

* Ha dicho en varias ocasiones que su comida preferida es la mexicana.

* Actualmente sale con una chica fuera del espectáculo y está siendo demandado por su ex–novia Rosalie Hale bajo los cargos de agresión. El juicio está en curso y aún nada está dictaminado.

* La gira: Forsaken, fue cancelada a causa del escándalo. La noticia fue dada por su Agencia a través de su Página Oficial.

* Nunca ha dado un concierto su país de origen por razones desconocidas.

Cada vez siento los párpados más pesados, como puedo me arrastro hasta la cama y al instante vuelvo a dormirme.

- ¡Ey! ¡Ya despierta!

Grita una voz con impaciencia. Se trata de Edward. Por alguna razón, al percatarme de que se trata de él, mi cerebro y mi cuerpo se han puesto alerta. Abro los ojos de par en par, y lo primero que veo son las cortinas. Siguen cerradas, así que no puedo saber qué hora es.

- Ellos llegarán en veinte minutos.

Me dice alarmado.

Quiero girarme para poder incorporarme y ponerme de pie, pero en cuanto trato de hacerlo me doy cuenta, demasiado tarde, de que estoy en sus brazos.

- ¡¿Qué haces?!

Le pregunto a modo de queja.

Rechista.

- Ya he preparado el baño…

Me dice, como si eso explicara todo.

- ¿Qué?

Pestañeo para aclarar mi visión pero sigo demasiado apachurrada. Cuando llegamos al sitio me pone de pie y comienza a bajarme los pantaloncillos. Protesto por debajo pero permito que lo haga, y después levanto las manos para que se deshaga de mi camiseta. No llevo ropa interior así que todo es más sencillo.

- Quiero dormir más.

Canturreo, luchando por mantener los ojos abiertos.

- ¡Despierta!

Me grita al oído pero yo ni me inmuto. No sé de donde carajos viene tanto cansancio, pero estoy muerta. Me alza en brazos nuevamente y deposita un beso en mi cintura que hace que mi cuerpo se contraiga. Sus labios están helados. Al poco rato, su silencio me empieza a llenar el estómago de curiosidad. Estoy por preguntarle qué sucede, pero no me da tiempo, pues me ha dejado caer en la tina sin previo aviso, y aunque el agua está caliente, me ha hecho pegar un grito del puro susto.

- ¡¿Qué demonios?!

Tengo el cabello pegado a la cara, y mis extremidades se aferran a las esquinas de la tina. He de parecer un gato asustado que se resiste al hecho de ser bañado. Poco a poco me relajo y junto las piernas al mismo tiempo en que descanso las manos en mi regazo. Amablemente, con sus dedos aparta el cabello de mi rostro. Alzo la mirada y le contemplo. Trae ropa nueva, y su melena está estratégicamente bien peinada. Tiene una apariencia arrolladora a la que ya estoy familiarizada, pero no por eso dejo de deleitarme con ella.

- ¿Ya estás despierta?

Me pregunta y yo asiento.

Las gotas de agua que caen de mis pestañas son molestas, más no lo suficiente como para dejar de mirarle. Él sonríe y se agacha para poder darme un beso en los labios.

- Saldré para que termines.

Me dice al oído.

Aprieto los dientes, y con eso me doy cuenta de que ya estoy totalmente despierta.

El baño fue relajante. Edward había echado las sales y las burbujas de baño. Si yo le contara todo esto a alguien no me creería que él es la misma persona que apenas anoche había salido despavorido por la puerta.

Me pongo de pie a regañadientes y me envuelvo en una toalla. Deben ser poco más de las ocho de la mañana. La frescura del ambiente me permite saberlo.

Estoy por abrir la puerta, pero observo que justo a un lado del lavabo se encuentran perfectamente dobladas algunas prendas de ropa. Sin fijarme lo que es, comienzo a vestirme. Cuando termino me miro al espejo y me doy cuenta de que es una simple playera negra de algodón, acompañada de unos jeans modernos que parecerían desgastados. Pero no. Son nuevos, de hecho esta es la primera vez que voy a usarlos. También ha dejado la gorra que me ha regalado, las zapatillas deportivas, y los lentes oscuros. Casi me carcajeo cuando me veo con el atuendo completo en el espejo. Aunque no sé exactamente qué es lo que me parece tan gracioso. Sin ganas me apresuro a encender la secadora, no me gusta usarla. Odio sentir calor en la cabeza.

En el momento en que termino salgo del cuarto de baño esperando encontrarlo en la habitación, pero nada...

Salgo de ahí y bajo las escaleras, lo busco en la sala, echo un vistazo en la cocina, y me atrevo a ir más allá. A su estudio, un lugar de la casa que nunca he visitado, pero al ver las luces apagadas, no me animo a entrar. Regreso a la cocina, y él ya está allí.

- ¿Dónde estabas?

Le pregunto.

- Sacando la ropa de la secadora.

Creo que he puesto los ojos en blanco.

- Ah.

Le digo con toda la naturalidad del mundo pese a que no me esperaba esa respuesta. De cualquier modo nadie podría culparme. ¿Quién esperaría que Edward estuviera lavando?

- Pareces sorprendida.

- ¿Eh? No. Claro que no.

Se echa a reír ante mi mentira, luego cuadra los hombros y observa con detenimiento a nuestro alrededor. Parece que espera algo. No sé qué.

- ¿No preguntarás cuándo llegué?

Me cuestiona.

Me encojo de hombros y niego.

- ¿Para?

Sin quererlo hace un puchero.

- No… Sólo preguntaba.

Responde inquieto.

- Bueno… ¿No irás al estudio?

- No. Esme dice que hay mucha gente allí, por lo del programa… Que lo mejor es que hoy no vaya.

Hago una mueca.

- ¿No sabían que eso pasaría?

- No. Esperaban que el programa no tuviera tanta audiencia, por todo lo que se dice de mí, pero… - Su voz se ha vuelto un murmullo. – Pero no ha sido así. El rating fue bastante alto.

- Qué bien. ¿Lo ves? Es mejor si la gente ve quien realmente eres.

Frunce el ceño y hace un movimiento de cabeza para acomodarse un mechón de pelo que amenazaba con cubrirle el ojo izquierdo.

- Eso… Antes no tenía mucho sentido para mí. Claro que… Tú le das sentido a todo últimamente.

Enarco una ceja. Eso ha sido casi un reproche.

- ¿Por qué lo dices de esa manera? ¿Hay algo que te molesta?

Me cruzo de brazos. Cualquier cosa podría salir de su boca.

- No. Sólo… Estuve pensando que eres demasiado para alguien como yo. ¿Crees que te merezco?

Sus inseguridades me provocan echarme a reír. ¿De dónde viene todo eso?

- ¿Es enserio? Bueno… Eso no importa. Me merezcas, o yo te merezca… - Niego con la cabeza. - Eso no importa.

Me fulmina con la mirada totalmente irritado.

- ¡¿Por qué no importa?!

Da un paso vacilante en mi dirección.

- Ambos estamos aquí porque queremos estar. Eso es lo que de verdad importa, pero si tú… Si ya no quieres estar… - Trago saliva y ruego porque no se me quiebre la voz. -Sólo…

- ¡Oye! No seas tonta, no es eso lo que quiero decir.

Humedezco mis labios de puro alivio, o eso creo.

- ¿Entonces qué quieres decir?

- ¿Y si lo arruino?

Me pregunta con ojos gatunos.

Lo medito por un momento. ¿En verdad hay esa posibilidad? No creo que arruinar sea la palabra correcta. Él no es esencial en mi vida, si él no está, el centro de mi mundo no va a cambiar, lo único que existiría y que no podría evadir, sería el hecho de su ausencia. Pero sería superable, como todo.

- Si esto tiene que terminar, terminará. Haz lo que prefieras Edward. No tienes por qué temer. - Dudo en si debo terminar la idea. - Puedo vivir sin ti, sabes. - Lo he dicho, ya está.

Después de escucharme, su puño impacta contra la mesa, obligándome así a ponerme de pie de un salto. Casi puedo asegurar que nuevamente desaparecerá por la puerta, pero antes de hacerlo se detiene de manera abrupta, dejando flotando en el aire su particular aroma narcotizante que rápidamente se cuela al igual que veneno por mis fosas nasales, inyectándole a mis extremidades una descomunal sensación de anestesia.

Puedo sentir el temblor dentro de mí, puedo sentir como crece y crece, hasta finalmente proyectarse. Él lo nota y a grandes zancadas elimina la distancia que nos separa. Me toma de los hombros y se limita a observarme, su mirada es tan intensa y cándida… No logro apartar mis ojos de los suyos. Su respiración se acelera junto con la mía, y sus dedos tortuosos parecen ceñirse a mi piel de por vida; el tacto está resultando doloroso y él es consciente, quizá ése es su propósito, quizá está castigándome por lo que he dicho.

Una perfecta e insípida línea recta se posa en sus labios. Sonríe expectante mientras sus manos se suavizan y comienzan a caer delicadamente hasta llegar a mis muñecas, contengo el aliento y él aprovecha mi desvarío para dar un ligero apretón en ambas, como comprobando si estoy consciente o atenta. Humedezco los labios para darme valor, para decirle que me suelte; sin embargo, él anticipa mi plan haciéndolo trizas y sin darme tiempo para apartarme, me ciñe a su cuerpo para murmurar:

- Haré que me necesites. Te lo juro.

Me mira y sé que está por besarme , pero... Un molesto sonido comienza a crecer hasta adueñarse por completo del ambiente. Me volteo para ver de qué se trata pese a que es evidente. Allí, sobre la mesa, a escasos centímetros de nosotros, el inoportuno aparato se desplaza vertiginoso en dirección al borde debido a las intensas vibraciones de la llamada. Sigo su camino con la mirada, y entonces, antes de que el celular caiga, lo veo.

Ese nombre... Parpadeando una y otra vez sin parar.

Rosalie.


Hola! ¿Cómo están?

Les cuento que pase un fin de semana en casa pegada al televisor. Pasaron la saga completa de Star Wars! Yeeeii! Está bien, me calmo.

Muchas gracias por sus Reviews, me encanta leerlos al igual que sus comentarios en Facebook.

La navidad está cada vez más cerca, espero tengan un buen inicio de semana y... Todavía no les deseo una Feliz Navidad porque estaré actualizando antes.

Ojalá les guste el capítulo. No odien a Edward!

Las mejores vibras desde México.

Besos.

Anabelle.