McDonalds… Cada que Rose llegaba a Londres, tenía una cena con su padre en McDonalds. Era una especie de tradición. Rose amaba a su madre, de hecho era su ejemplo a seguir: Una mujer fuerte, inteligente, amable, valiente, que lucha por sus sueños hasta alcanzarlos. Sin embargo siempre se llevó un poquito mejor con su papá.
Ronald Weasley era su héroe. Estuvo ahí cuando era una niña y tenía miedo a la oscuridad. Estuvo ahí cuando James le rompió la muñeca favorita. Estuvo ahí cuando los padres de Eloise la acusaron de ser cómplice de lo sucedido. Estuvo en cada audiencia y en cada juicio. Estuvo cuando la internaron en el hospital porque estaba tan deprimida que no quería comer. Estuvo ahí cuando decidió abandonar leyes, decepcionar a su mamá y buscar suerte en Los Ángeles como actriz… Definitivamente su padre era su héroe.
- Una hamburguesa grande con queso y papas fritas. ¿Para vos princesa? - preguntó su padre.
- Lo mismo.
Recogieron el pedido y fueron a sentarse a una mesa.
- ¿Cómo va todo en Los Ángeles? No tuvimos tiempo de conversar desde que llegaste - dijo su padre.
- De hecho la anterior semana tuve una audición - Contó Rose con una sonrisa - Es para una novela bastante cursi, pero sería la protagonista y la paga es muy buena.
- Felicidades princesita. ¿Cuándo te avisaran?
- Esta semana. Espero que Lucy no sea la única con buena suerte esta semana… ¿Qué tal las cosas en el departamento? ¿Algún bandido últimamente?
- Me transfirieron hace un par de meses - confesó su papá - Ahora es trabajo de escritorio. Es más aburrido, pero al menos me subieron el sueldo.
- ¡Eso es genial papá! Siempre odie tu trabajo - confesó Rose.
- Lo sé, lo sé. ¿Recuerdas que de pequeña fingías estar enferma para que no salga?
Ambos rieron y siguieron comiendo. Era demasiado fácil hablar con su padre. En muchos aspectos sentía que eran muy parecidos.
- ¿Te espera alguien importante en casa? - preguntó Ron Weasley con una sonrisa que decía "trato de ser amable, pero no me rompas el corazón."
- Además de mi gato ciego Cupido… No. Me temo que ser extra en las películas es demasiada responsabilidad, es por eso que los matrimonios de las celebridades nunca duran- intentó bromear.
Su padre la miró preocupado y con tristeza. ¡Cómo odiaba esa mirada! Era la mirada que le echaban todos cuando se enteraban su secreto ¡Odiaba que la gente sienta lástima por ella!
- Prométeme que si conoces a alguien interesante le darás una oportunidad - pidió su padre.
Mierda… Bien hecho Rose…Que tu padre sobreprotector te pida que tengas citas no es extraño para nada… ¡cambia de tema antes de que se ponga incomodo! Se ordenó a su misma.
- ¿Y qué luego le hagan la vida a cuadros como a Theo? No gracias - bromeo Rose para cambiar de tema.
- ¿Piensas que Percy es malo? El abuelo Granger me obligó a ir a su consultorio, dijo que solo sería algo de rutina… Me puso anestesia y cuando desperté ¡Me faltaban tres dientes!
Lanzaron carcajadas que llamaron la atención de los demás, pero no les importaba.
- ¿Es en serio? - preguntó Rose divertida.
- Dos caninos y un molar son falsos - dijo su padre señalando dichos dientes - Me dijo que si alguna vez Hermione lloraba por mi culpa, la próxima no usaría anestesia.
- ¡Por Dios! ¡Eso es terrible! - Dijo Rose mientras reía.
- No es nada como lo que le hare al infeliz que piense alejarme de mi princesa - bromeo su padre guiñando un ojo.
Luego de risas, charlas y bromas decidieron regresar a La Madriguera. Al parecer habían llegado demasiado rápido pues la mayoría seguía cenando. Rose saludó a todos y subió a la azotea para ponerse algo más cómodo. Cuando estaba a punto de sacarse la blusa escucho una voz.
- Linda vista.
Pegó un brinco y dio la vuelta. Era Scorpius que tenía una sonrisa traviesa y estaba echado en la cama. Rose no lo había visto al entrar.
- Lo siento, no te había visto - dijo la pelirroja mientras se acomodaba la blusa de nuevo.
- Me di cuenta. De no haber abierto la boca hubiera disfrutado un striptease privado - bromeo el rubio mientras se sentaba.
Rose decidió arreglar las cosas con el amigo de Lucy. Después de todo, en su borrachera estuvo a punto de usarlo como un consolador gigante y luego se fue llorando. Más que por cortesía era para aclarar que no tenia desordenes mentales.
- Escucha yo… - comenzó Rose mientras se sentaba a su lado - Siento lo de anoche… Estaba muy ebria y…
- Descuida. Está todo olvidado - dijo el rubio - Pero ¿puedo preguntarte algo?
Ahí vamos ¿Acaso una no puede llorar tranquilamente mientras están masturbándote contra un árbol sin que piensen que estás loca? pensó Rose…
- Dispara.
- Tu amiga mencionó que tienes malas experiencias con la violencia… No quiero ser entrometido pero…
Bueno, al menos tenía tacto para preguntar…
- Digamos que mi novio de la escuela fue un cretino. Cretino es quedarse corto en realidad - Rose tomo aire y continuó - En resumen hizo algo horrible, una chica se suicidó por eso.
El rubio tenía el ceño fruncido, estaba totalmente serio. Mierda. Si seguía hablando llegaría la mirada de lástima. Lo mejor sería cambiar de tema… Estaba a punto de abrir la boca para hablar de Dom y Deke. Sin embargo el rubio no le dio oportunidad.
- Pongamos las cartas sobre la mesa - dijo el rubio - Eres preciosa y me tiene deslumbrado todo lo que haces. Quiero tenerte en la cama, eso es obvio y no quiero sonar presumido, pero sé que tú también lo deseas. Sin embargo, deberías saber que a mí no me gusta el sexo tradicional.
¿A que se refiere con eso? ¡Perfecto Rosie! ¡Primer tío que te atrae en años y tienen que gustarle las orgias con enanos!
- ¿A qué te refieres con eso? - dijo Rose arrugando la nariz.
- Me gusta la dominación. De hecho voy a algunos clubes, no regularmente, pero sí me conocen por ahí. Entrene a varias sumisas y pienso que tú eres una. No pongas esa cara, no es nada malo. La forma en la que obedeciste mis órdenes en el lago… Eso fue natural.
Supongo que no es buen momento para decirle que no recuerdo la mitad de lo que paso, pensó Rose, en realidad nunca sería buen momento, seguro el pobre dio lo mejor de sí y una aquí... menospreciando sus esfuerzos... ¿Dijo dominación?
- Estaba ebria y excitada - Dijo Rose negando con la cabeza - Quieres ser honesto, perfecto. Yo también lo seré. Eres guapo y por poco tengo un orgasmo de solo verte en bóxer. Me agradas, de seguro eres un experto en la cama y haces que… tus sumisas griten a los cuatro vientos tu alias de amo, pues no creo que utilicen sus nombres reales. Pero a mí no van ese tipo de cosas. No podría estar atada a una cama y con los ojos vendados, simplemente es imposible.
Scorpius guardo silencio un momento, no dejaba de ver a Rose. Parecia estar asimilando una por una sus palabras. A decir verdad a la pelirroja le sorprendió que Scorpius de hecho este pensando en un argumento para convencerla.
- La dominación va más allá de látigos y esposas - dijo finalmente el rubio - Se trata de confianza. Confianza en entregar tu cuerpo a tu amo, confianza en que estarás a salvo y que todo lo que tu amo haga sea para tu placer.
- Eso lo complica más - respondió Rose con una sonrisa triste - Perdí la capacidad de confiar en los hombres.
- Confiaste lo suficiente en mi como para ir al lago conmigo ¿cierto? Si pensaras que soy alguien peligroso o alguien que pueda hacerte daño ¿me habrías suplicado porque te penetre? - preguntó el rubio.
Antes de que pudiese responder la puerta se abrió. Molly entró canturreando una canción y moviendo la cabeza como una niña.
- ¡Oh, Scorpius! - Dijo Molly con una risita tonta - Deke te busca abajo. Rosie será mejor que bajes tú también, la abuela se enteró que Dom encontró los videos y quiere verlos con todos sus nietos reunidos.
- Claro Molls, me pongo algo más cómodo y bajo… - respondió la pelirroja.
El rubio le dedico una sonrisa breve y se levantó para salir de la habitación.
Rose tenía la cabeza llena. El rubio le gustaba más de lo que quería admitir, había sido honesta para evitarse confusiones infantiles luego. Pero... ¿tener la clase de vida que ahora tenía Lucy? No, gracias.
Uno, porque la palabra nalgada le ponía los pelos de punta.
Dos, porque el último chico que intentó decidir algo por ella fue Bryce (a los demás los boto tan rápido como se dice adiós)
Tres, porque no importaba lo que el rubio dijese, ella estaba rota por dentro y nunca más confiaría en la palabra de un hombre.
Cuatro…
- ¡ROSE! Te estoy hablando - Gruñó Molly - ¿Crees que éste vestido le guste a Deke?
