Capítulo 21
Hablar de la familia siempre es un problema, sobretodo para personas como nosotros que de hecho, prácticamente carecemos de una. ¿Qué puedo decir de Kanon?... él es importante pero actualmente no puedo verlo como el mejor soporte: contar con él no quiere decir que esté cuando lo necesito ni con la disposición requerida. Por alguna razón entre nosotros existe una especie de muro y en resumidas cuentas, nuestro distanciamiento tiene ciertas razones que son, irónicamente, muy estúpidas.
Quizá con Shaka suceda algo similar aunque eso es improbable porque él perdió a sus padres. ¿No es completamente comprensible que me tome por sorpresa y que me admire que esté de pie? No cualquiera podría con la carga de la soledad; ¡bien por sus abuelos!, gracias a ellos resultó que este ángel... sea en verdad un ángel.
—Gemelos "idénticos" —respondo con una sonrisa, moviendo los dedos índice y medio de ambas manos para que sepa el por qué del retintín de mi voz—. Verás, no sé si soy un buen ejemplo pero hice mi esfuerzo. Kanon es el nombre de mi hermano, no te lo había dicho, ¿verdad? No es mal chico, no es realmente un mal hermano pero es todo lo opuesto a mí.
Me dejo la sonrisa en la cara, acordándome de las carcajadas sonoras de Kanon y de sus ojos entrecerrados cuando ríe; no me importa, mi seriedad me gusta hasta cierto punto, aunque no puedo negar que en ciertas ocasiones (especialmente en las mañanas, antes de las pastillas) me encantaría tener la chispa de la que goza mi hermano.
La comida que el mesero deposita tiene un aspecto exquisito. Aspiro el aroma de la carne mezclándose ligeramente con el del pescado; tomo la copa y brindo con Shaka, paladeo el delicado vino entrecerrando los ojos para admirar sus labios acercándose a su propia copa. El color rojizo es más apetecible en su boca que en el vino tinto. Sé que es todo un halago que él esté tomando alcohol, así que al abandonar el recipiente le sonrío con amplitud. Mis manos buscan los cubiertos, y mis pupilas se encuentran casi sin querer con la noche que se cierne sobre la ciudad.
—Parece que habrá lluvia —enarco las cejas, dejándome observar un poco más la oscuridad de fuera y luego volviendo a la luz del restaurante—. Buen provecho.
Hago el primer corte a la carne: es jugosa, puedo sentirlo incluso en la plata de los cubiertos. Me fijo en el propio plato de Shaka con el ceño fruncido.
—Tendrás que dejarme probar un poco de ese pescado, Shaka.
