La ira de Ginny
Después
de contarle todo el plan a Tiare, a pesar de su disconformismo por la
idea de arriesgar su vida, finalmente ella optó por ayudarlo.
Se
quedaron bastante pasada la madrugada en la plaza, hablando del mal
entendido y del plan que Morgan había desarrollado en su cabeza para
traicionar a su padre.
-¿Estás seguro que tu vida no correrá peligro? – Le preguntó elevando sus ojos. Ambos estaban acurrucados en una banca con las manos entrelazadas, ella, con la cabeza apoyada sobre el pecho de él, y él, con su barbilla apoyada sobre la nuca de ella.
-Confía en mí, mi padre puede jurar que estoy de su lado. Sólo debo hallar la prueba perfecta para ganarme su confianza.
-¿A qué te refieres? – Inquirió ella levantando la cabeza.- ¿No estarás pensando entregarle a una portadora?
-¡¿Estás loca?! – Exclamó espantado.- ¡No! ¡Eso nunca! No. Debo encontrar algo, una prueba que demuestre que estoy de su lado.
Tiare cerró los ojos, tratando de urdir algún plan en su mente que ayudara al chico que amaba. Los abrió con suavidad al percibir una calida brisa en el aire.
-Tal vez… no es necesario que hagas algo muy drástico.- Murmuró misteriosa y él sonrió cómplice.
-¿En qué estás pensando?
-Puedes llevarle algo que demuestre que estás conmigo.- Objetó, y está vez Morgan palideció, desconforme.
-¿Qué te volviste loca? – Exclamó - ¡no arriesgaré tu vida!
-No lo harás.- Admitió curvando la comisura de sus labios en una sonrisa planificadora y maligna.- le entregarás algo que yo tengo, algo, que te dejará ante él como un rey.
-¿De qué estás hablando? – Inquirió curioso, y Tiare desligó su mano de la de él, y se enderezó para mostrarle un elegante anillo en su dedo anular. -¿Qué me estás queriendo decir?
La chica se quitó el anillo y se lo colocó a él en el meñique. Le sonrió con resolución cuando el chico se contempló la joya en su dedo.
-Es el anillo que representa al concilio. –Le explicó.- Si se lo muestras a tu padre inmediatamente ganarás su confianza absoluta.
-¿Por un anillo? – Preguntó escéptico, y ella suspiró exasperada.
-Morgan, este anillo sólo lo pueden llevar los miembros del concilio.-El chico abrió sus ojos con sorpresa para contemplarse la esmeralda tallada que reposaba sobre el arco.- Bien, esta es la mejor prueba. Nadie más puede colocarse este anillo salvo sus integrantes. Si llegas con él en el dedo, tu padre, que siempre anheló poseerlo, te tendrá en un pedestal.
-¿Quieres que me haga pasar por un integrante? – Comprendió finalmente totalmente sorprendido de que no se le haya ocurrido antes. Tiare asintió con vehemencia.
-¡Exacto! Si llegas con el anillo en el dedo, tu padre te creerá cada una de las palabras que le digas sobre nosotros. Te contará todo, créeme, y con esa información, podremos detenerlo.
Hubo unos largos segundos de silencio, cuando repentinamente el chico alzó a Tiare en sus brazos y la giró en el aire.
-¡Eres brillante!
La posó sobre el suelo y la besó con euforia, para luego abrazarla con fuerza y volverla a levantar en el aire.
-¡Morgan, me mareo! – Rió aturdida cuando el la volvió a depositar en el suelo.
-¿Cómo no se me ocurrió antes?
-Porque, como tu padre, no planeas las cosas con cuidado.- Repuso con una sonrisa y Morgan se sonrojo.
-En algo me tenía que parecer, ¿no? – Inclinó su cabeza y observó la mano de la chica, dónde antes estaba el anillo. Se la tomó y la levantó hasta la altura de su barbilla.- ¿Qué sucederá si llegas sin el anillo al concilio?
-Meng lo entenderá.- Contestó levantando los hombros sin darle importancia.- Él fue quien me dijo que viniera a hablar contigo.
-Sabio concejo. – Admitió besándole la mano.
Ella la quitó y la puso en la nuca del chico para atraerlo. Lo beso con dulzura y se separó levemente.
-Te prometo que no te volveré a espiar…
-Y yo te prometo que no dejaré que te hagan daño.
Ambos volvieron a besarse, ella envolvió sus brazos entorno al cuello de él, y él la aferró con fuerza por la cintura.
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Ginny y Oswald se encaminaron tomados de la mano hacia la casa. En un momento él la abrazó por los hombros debido al frío, pero ella lo apartó poco antes de llegar la puerta.
-Demasiadas emociones fuertes por hoy, ¿no crees? –Le dijo sonriendo, y Oswald la soltó con pesadumbre.
-Creí que le daríamos la noticia a tu madre, ahora.
-Prefiero, mañana.- Murmuró rozándole la barbilla con sus dedos- quiero explicárselo con calma.
-¿Qué tanto quieres explicar? – Contradijo molesto.- ya tienes veintiún años, no le debes explicaciones a nadie.
-Oswald.- Le suplicó cansada.- Entiéndeme… no puedo llegar y decirle a mamá que tengo un novio cuando acaba de recuperar a su niñita. Tengo que prepararla.
Oswald suspiró abatido, se pasó una mano por la cabeza y luego sonrió con los labios apretados.
-Está bien, pero no te tardes mucho. No quiero reprimir mis sentimientos delante de todo el mundo cuando ahora te tengo conmigo.
Ginny lanzó una risita y subió aún más sus manos hasta acariciar su rostro.
-En este momento ¿podemos parecer amigos?, al menos déjame preparar el discurso esta noche para decirle mañana.
-¿De verdad le dirás mañana?-Preguntó entusiasmado.
-Yo tampoco quiero reprimir mis emociones teniéndote a mi lado-Contestó con dulzura, Oswald hizo amago de besarla, pero entonces, la puerta se abrió.
-¿Qué hacen aquí afuera? – Preguntó Ron enarcando una ceja, mientras Fred y George reían tras él. Ginny, tan rápido como la puerta se abrió, se alejó con rapidez de Oswald bajando su mano. Trató de parecer tranquila.
-Oswald quería darme mi regalo.- Dijo pensando con rapidez.
-¿Y qué te regaló? – Inquirió con entusiasmo, atrás, Fred y George comenzaron a lanzar besos. Ambos se sonrojaron.
Ginny titubeó, pero Oswald se le adelantó.
-Mañana se los mostrará.- Dijo sonriendo ampliamente, Ginny jadeó.
-¿No me digas que te regaló una escoba? – Exclamó Ron emocionado, pero su hermana sólo se limitó a levantar los hombros confundida.
-Lo verás mañana, Ron.- Repuso Oswald abrazándolo por los hombros, Ginny levantó una ceja, extrañada.
-Si es una Silver… ¿Me la prestas?
Ginny entró a la casa con los brazos cruzados debido al frío, le dirigió una mirada de nerviosismo a su hermano, procurando a la vez no tomar en cuenta a los gemelos, que reían sin disimulo alguno.
Oswald tan rápido como entró se acomodó a un lado de Vincent. El mellizo abrió los ojos como platos y no tardó en dirigirse a ella con sorpresa. Pero algo más albergaba su mirada, y no tenía nada que ver con júbilo o gratitud hacia su nuevo novio.
El chico se veía totalmente dichoso, y era más que claro que no soportaría esperar toda la noche a que ella hablara con su madre.
Suspiró abatida, y buscó con rapidez a Hermione o a Maggie, pero la melliza estaba jugando con Alice y su nuevo caldero mágico, y la sabelotodo ojeaba un tremendo y grueso libro que fácil podía pasar por enciclopedia. Resopló, tal vez distraerse con sus otras cuñadas no era tan malo, pero en cuanto vio a Fleur, inmediatamente cambió de idea; Violet con Angelina parecían enfrascadas en una emocionante conversación, mientras que Penélope ayudaba a su madre a limpiar el desastre que habían dejado los envoltorios de los obsequios.
No sabía como reaccionar, algo en su interior la hacia sentirse increíblemente incomoda. Siguió jugando a observar a su familia cuando se percató de algo.
-¿Y Harry? – Murmuró para sí misma.
-Salió para llamar a Elisa por esa cosa…. esto….sesular.- Contestó Ron pasando por su lado sin darle la más mínima importancia. Volvió a jadear. ¿Harry había estado afuera?
Parpadeó tratando de concentrarse en lo que le habían dicho y se asomó con disimulo a la ventana. Afuera no había nadie. La gruesa nieve cubría todo el jardín llevándose en el camino las huellas que hasta ella misma había dejado. Volvió a suspirar. Se giró un poco para ver a Oswald, las mariposas aletearon en su estomago con euforia, recordó el beso y las caricias, pero aún así, no se sentía… feliz.
Sí, adoraba a Oswald, y más aún si había aceptado ser su novia, pero entonces, ¿por qué seguía pensando en Harry? ¿Por qué le daba tanta importancia a alguien que ni siquiera la quería como se merecía? ¿Y por qué le interesaba tanto saber si él la había estado espiando?
Con esas preguntas y mil dudas más, se fue a la cama.
Cuando el resto de las invitadas se retiraron, y Hermione junto con Fleur, Bill y Alice se fueron a sus respectivas casas, ella subió a su habitación.
Ron, con Fred y George, celebraban de lo lindo en el cuarto de éste. Los gritos no cesaron hasta que Molly les quitó los chascos que los gemelos habían llevado hasta ahí.
Ginny había salido del baño con el pijama puesto con la intención de acostarse inmediatamente, el pasillo estaba a oscuras, una razón más para sucumbir ante el sueño. Sin embargo, justo cuando se disponía entrar a su habitación, un sutil susurro la detuvo.
-¿Te vas sin dar las buenas noches?
Se giró. Oswald estaba apoyado en la pared observándola con dulzura, pero sus ojos irradiaban nuevamente ese fuego incontrolable.
-¿Qué haces? ¡Te van a ver! – Masculló apretando los dientes, y antes de que pudiera hacer nada más, él la tomó por la cintura con posesión.
-No quería irme a dormir sin antes despedirme.- Susurró muy cerca de sus labios. Ginny lanzó un gemidito ahogado.
-¿Despedirte?
-Puedo aceptar esperar hasta mañana para contarle a tu familia, pero eso no quita que si nadie nos ve no podamos besarnos.
Ella volvió a jadear.
¿Por qué ahora se le hacía todo tan incomodo? ¡Jamás le había sucedido eso con los chicos! ¿Qué le ocurría? Tenía un novio guapísimo aferrándola entre sus brazos rogándole por un beso y ella se resistía. ¡Algo andaba definitivamente mal!
-Oswald yo… - Podía sentir sus mejillas encendidas.
-Eres adorable cuando te sonrojas.
Ginny sintió su aliento muy cerca de su piel, le estaba besando el cuello. Una ola de sensaciones se apoderó de su cuerpo, el corazón se le aceleró, y aspiró con fuerza.
-¡Aquí no!- Le suplicó separándolo muy a su pesar. Él se distanció levemente, pero ahora sus ojos dibujaban una expresión sorprendida y algo molesta.- ¿Es que no te puedes esperar?
Oswald bajó la mirada y se ruborizó, Ginny rió divertida sintiéndose algo culpable.
-Sé que te emociona que estemos juntos, y créeme que a mi también… pero por favor, te lo ruego, espérate hasta mañana.- Le acarició la mejilla con el torso de la mano. Podía notar la leve luz que se dibujaba sobre el suelo de madera y que provenía de la habitación de Charlie por el resquicio de la puerta. –Actuando así me siento culpable.
-Uno sólo, para las buenas noches.- Oswald estiró los labios y Ginny estalló en una suave carcajada, se veía sumamente gracioso.
-¡Oh, está bien! –Se resignó finalmente- Pero uno, y te vas a dorm…
No alcanzó a terminar la frase cuando repentinamente se encontró atrapada entre los brazos del chico, besándolo apasionadamente.
Cerró los ojos y se dejó llevar, aquel era mejor que el que se habían dado en la piscina y en el garage.
Su respiración se agitó y las manos de él se enredaron en su pelo y su cintura. Estaban en el décimo sueño.
-¡Oswald!
La voz impresionada de Vincent los hizo separarse con fuerza. El mellizo tenía el ceño fruncido, y la boca curvada hacia abajo, estaba iracundo, como jamás creyó verlo en su vida.
-No deberían hacer eso en el pasillo.- Les recriminó con calma.
-Viejo, no molestes.- Se defendió Oswald ofuscado, parecía como un niño tratando de evitarse un castigo de su padre.
-No me hagas recordarte lo que ya sabes.
-¿Qué sabes? – Inquirió Ginny curiosa, pero ninguno de los dos contestó- ¿qué…?
-Buenas noches, bonita.
Oswald le dio un rápido beso en los labios y luego siguió a Vincent hasta el cuarto de Charlie. La luz sobre la alfombra desapareció, y el pasillo quedó a oscuras. Está vez, ella fue quien se quedó con las ganas de querer más. ¿Por qué Vincent había reaccionado así?
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Vincent se sentó en la cama ocultando su cabeza entre sus manos, Oswald ni siquiera se dignó a mirarlo. A su lado, Charlie, los contempló con curiosidad.
-¿Por qué la cara? – Preguntó, y Vincent levantó la cabeza para apuntar a Oswald que miraba por la ventana.- ¿Qué ocurrió?
-Estoy saliendo con Ginny.- Contestó Oswald con rapidez, y Vincent volvió a resoplar.
-¿En serio? – Preguntó impresionado- ¿Desde cuando? Pero… ¿No se suponía qué…? ¿Qué dice Harry al respecto? Quiero decir… ¿de verdad están saliendo o es de mentira?
-Oswald se enamoró de Ginny y ahora los dos están saliendo.- Apuntó Vincent recostándose en la cama.
-¿Qué? ¿De verdad?
Oswald no supo reconocer el tono de voz de su ahora, cuñado. Una mezcla entre impresión, duda y entusiasmo.
-Sí, es verdad. Me enamoré de ella, ella de mí, y ahora estamos juntos.
-Pero… ¿Se puede hacer eso?
Está vez la voz de Charlie se tornó gruesa y profunda, Oswald suspiró y se lanzó sobre su cama produciendo que los cojines cayeran al suelo.
-Sé que lo prometí ¿está claro? –Gruñó- pero la promesa equivalía sólo a si ella jamás me tomaba en cuenta, pero resultó que ella se enamoró de mí, yo no hice nada. ¡Ella fue quien me besó en la fiesta! ¡Yo ni siquiera la toqué!
-¡Ese no es el punto y lo sabes! – Estalló Vincent- ¡Sabes que te has metido en el peor de los problemas! No sé ni siquiera como es que no te sientes culpable.
Oswald no contestó. Charlie se dedicó a observarlos pensativo.
-El sábado es la reunión, espero que estés preparado para explicar la situación.- Continuó con misterio.
-Ya te lo dije… Será la oportunidad perfecta para dejar las cartas sobre la mesa, yo nunca pedí ser parte de esto… ahora, que se aguante.
Oswald se giró sobre la cama y le dio la espalda a Charlie y a Vincent. Pudo escuchar como una sonrisa con tono a sorna se sacudía a sus espaldas.
-Los vio, ¿sabes?
-Sí, en la fiesta.- Dijo cortante, no quería seguir hablando.
-No… esta noche.- hubo un largo silencio que sólo fue compensado por la respiración agitada de Charlie.- Harry los siguió hasta afuera, Oswald.
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Abrió los ojos. Se sorprendió al encontrarse sobre un desconocido lecho, era imposible si hasta hace unos instantes se encontraba lavando sus ropas en el río.
El corazón se le aceleró de sobremanera cuando se encontró vestida con una tunica totalmente diferente a la que llevaba puesta.
Se levantó con fuerza para sentarse, pero inmediatamente un súbito mareo la embargó. Se llevó una mano a la cabeza y se desplomó sobre la almohada.
Pudo oír como los cascos de un caballo deambulaban cerca de ella pero muy despacio. La cabeza la dolía, pero trató de no pensar en ello, era otra de las reglas de ser sacerdotisa que jamás había aprendido. Aguzó el oído para escuchar mejor, alguien andaba con el caballo y entraba en ese preciso momento a la cabaña.
-¡Nacet! – Exclamó Tristan arrojando un extraño tipo de bolso sobre una silla de madera, se acercó a ella tan rápido que con suerte la mujer tuvo tiempo de reaccionar a lo que sus ojos veían.- ¡Despertaste, gracias al cielo!
-¿Desperté?- Susurró adolorida, todo el cuerpo le pesaba.- ¿Qué ha ocurrido?
-Has dormido durante tres días.- Le contó con tono preocupado.- Creí que no despertarías nunca.
-¿Tres días? – Gritó asustada.- ¡Por todos los dioses! Debo volver al pueblo, la gente me necesita, yo…
Hizo ademán de levantarse, pero nuevamente su cabeza retumbó, se tambaleó y cayó sobre el cuerpo de Tristan, quien la recibió con cuidado.
-¿Estás loca? No puedes levantarte, tienes una herida muy grande en la cabeza aún.
-¿Herida? – Murmuró aturdida producto del mareo y del nerviosismo al encontrarse en los brazos del joven. Se llevó una mano a la cabeza y se sorprendió al sentir un grueso pedazo de tela que le abarcaba toda la nuca hasta la frente.- ¿Qué me ocurrió?
-Te caíste en el río.- Contestó nervioso separándola de él, recostándola en la cama.- Has trabajado mucho estos últimos meses, debes haber estado muy exhausta, porque te encontraron navegando río abajo totalmente inconciente.
Ella no contestó, proceso un instante la formación totalmente sonrojada, si Tervian y Calahad se llegaban a enterar que ella se había desmayado la desterrarían.
-¿Me encontraron, dijiste? – Preguntó al percatarse del detalle.- ¿No fuiste tu?
Aquella suposición no la ayudaba a mejorar. Sí, era un alivio que él estuviese ahí con ella, cuidándola después de aquel accidente, pero no fue él su héroe.
Tristan, sin embargo, frunció el ceño y sus mejillas se enrojecieron, pero no por vergüenza.
-Yerko, él… te vio caer al río cuando pasaba por ahí.- Mintió, luego se las arreglaría con aquel imitador de soldado barato.
-Oh…- Murmuró. La verdad es que la presencia del hijo del guardia real no le gustaba nada, le incomodaba bastante. La miraba demasiado y la seguía a donde fuera. Al principio le pareció amable, pero después de un mes, ya le apestaba. No le acomodaba para nada que él gustara de ella.
-Lo sé… pero por suerte pasaba por ahí, sino, no te habrían visto.- Dijo Tristan con una sonrisa, y se acercó al bolso que estaba sobre la silla para sacar una hogaza de pan. Se la entregó.- Come, te hará bien.
-Gracias…- Musitó recibiendo el pan.- ¿Cómo fue que tu me trajiste aquí?
Él le contó con sumo detalle cada parte de la historia y como había dormido esos días. Se omitió detalles como que ella entre sueños pronunciaba su nombre, y que había estado muy enferma. No quería incomodarla ni darle problemas.
Al finalizar, ella suspiró.
-¿Tervian y Calahad no han preguntado por mi?
-Yerko se encargó de eso.- Gruñó.- Algo bueno que haga de vez en cuando.
-¿Qué les dijo? – Preguntó alarmada.
-Que te habías ido a un viaje espiritual para incrementar tus conocimientos medicinales.- Contestó con una sonrisa.- Hubieras visto la cara de Tervian cuando se lo dijo.
Nacet no rió. Por el contrario, estaba con los ojos posados sobre el suelo de piedra.
-¿Le dijeron eso?
-¿Ocurre algo?
-Es que…- Cerró los ojos asustada.- Me pueden hacer legeremancia… Tervian no confía en mí. Seguramente me hará una prueba para ver cuanto aprendí en mi supuesto viaje espiritual.
Para su sorpresa, Tristan sonrió abiertamente.
-Eso no es problema- Nuevamente se acerco al bolso y de él extrajo un grueso libro.- Era de mi abuela, ella era bruja sanadora, tu sabes. La conociste. – Le entregó el libro y sonrió.- Este libro tiene más de diez mil plantas, todas de la zona norte, dónde estamos. Puedes estudiarlo si quieres.
Nacet abrió el libro con cuidado y se sorprendió al ver tantas plantas en una sola página.
-¡Es demasiado! No podré aprenderlas en tan poco tiempo. ¡Debo regresar lo antes posible! ¡El pueblo me necesita!
-No, hasta que te mejores.- Masculló empujándola sobre la cama para que sentara. Nuevamente hacía intentos vanos por levantarse.- Por favor…
Nacet elevó sus ojos, hasta encontrarse con los de Tristan. Su corazón se aceleró, no podía creer lo guapo que se veía con aquella expresión de preocupación. Inmediatamente bajó la mirada y desinteresadamente comenzó a ojear el libro.
-¿Dónde estamos?
-¿No reconoces el lugar?
Nacet, curiosa, comenzó a mover sus ojos en todas direcciones. La casita era pequeña y de piedra. Las ventanas estaban cubiertas con una gruesa cortina de cuero de vaca; pudo distinguir también, la mecedora donde Tristan había dejado el bolso, y la alfombra de lana que reposaba sobre el suelo. Finalmente detuvo sus ojos en el techo y la cama. El primero era como un cono, largo y profundo que terminaba en punta y era de madera. La cama, era un conjunto de mantas, paja y lana que se habían amontonado para hacer un tipo de colchón. Cuando reconoció el lugar, jadeó sorprendida.
-¿La casa del bosque? – Exclamó ahogada, y Tristan rió.
-Si bueno… tanto como la casa del bosque no, pero sí, es… la he remodelado.
-Te quedo muy… bonita.
-Gracias….-Susurró avergonzado.- pero no podría haberlo hecho sin la ayuda de Tara.
Al oír ese nombre el corazón de Nacet se contrajo, pero no dijo nada, el chico seguía hablando de la casa.
-¿Recuerdas que el techo estaba lleno de agujeros? Y… y, la alfombra, bueno, eso fue regalo de Amisaí, su madre. ¿Quedó bien, no? Al menos está… habitable.
-Sí… supongo que sí. – Suspiró, y bajó nuevamente los ojos. Tristan abrió la boca para preguntar, pero ella se le adelantó.- ¿Cómo está Tara?
El se atragantó sin motivo alguno y luego aspiró abatido.
-No está nada bien…- Informó.- hace dos semanas nos enteramos de una muy mala noticia.
-¿Qué ocurrió? – Esta vez, sí estaba interesada, cualquier cosa que afectaba a Tristan era importante para ella.
-Sabes… ¿sabes que con Tara me voy a casar, no? – Aquello lo dijo con un tono cargado de tanta culpa, que Nacet no pudo reaccionar con dureza.
-Por supuesto… - Susurró con un nudo en el estomago.
-Garmoth quiere tener nietos lo antes posible… quiere herederos para entregarles la herrería.
-Oh… ¿Y… cuál es el problema?
Tristan se mordió el labio y se pasó una mano por la cabeza, se sentó en la improvisada camilla y la miró a los ojos con tristeza.
-Tara, no puede concebir bebés…
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Hermione se detuvo frente a su casa, sonrió como tonta al recordar una escena en especial de esa noche. Acomodó las llaves en la cerradura y giró el pomo.
A penas cerró la puerta se arrastró por ella hasta llegar al suelo, la sonrisa aún no desaparecía de sus labios.
Un cosquilleo dulce y culpable revoloteaba en su estomago, ¿volvería a ser todo como antes? Ron había cambiado, sí, y para mejor. Definitivamente estaba más maduro y mucho más atento en cuanto a emociones femeninas.
Lanzó una risita tonta y se levantó del suelo para subir corriendo a su habitación.
Cuando llegó, lanzó el bolso sobre su cama y ella se arrojó sobre ésta para poder pensar con claridad. La luna se asomaba a penas por entre unas rebeldes nubes que acababan de aparecer y que evitaban que la luz se proyectara con definición sobre las mantas.
Hermione dibujó una sonrisa torcida, ¿cómo había sucedido todo? Demasiado rápido a decir verdad. Y pensar que el Ron que tanto ella quería había surgido gracia a Malfoy. Algo le debía de agradecer a Elisa, ya que sin su cumpleaños, nada de eso habría pasado.
Cerró los ojos y recordó la última conversación de esa noche. Sus palabras, su perdón. Ron jamás fue romántico, de hecho, ni siquiera cuando estaban juntos; le costaba, era un total y completo desastre en cuanto a inspirar el ambiente se trataba. Pero esa noche había sido diferente. Tal vez era el efecto navidad, pero, había algo más, y ese algo, se escondía tras una nueva y madura personalidad que sin querer admitirlo, la volvía loca.
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-Sé que tal vez no merezco que me escuches, después de lo que sucedió con Malfoy pero….
-Ron, ya hablamos de eso.- Lo atajó cansada.- Y te agradezco que me hayas defendido delante de él, aunque sea tu… amigo.
Enmudeció. Aún no podía hacerse a la idea de que los dos enemigos más potentes de Hogwarts ahora eran íntimos.
-Es que… no lo entenderías…- balbuceó, y ella sonrió con pesadumbre.
-No quiero enterarme de cómo sucedió, aunque admito que fue un bello gesto presentarle a Katerina.
-Estaba sola- Arguyó, como si aquello sirviera de excusa- Cuando con Charlie nos dimos cuenta de que él la andaba cortejando tratamos de impedirlo, pero estaba demasiado perdido, era raro. Ya sabes… ver a un Malfoy sin rumbo ni disposición.
-Entonces creyeron conveniente presentársela.- Concluyó Hermione con un suspiro.
-Así es…-Asintió Ron- Al principio fue bastante distante, no quería ayuda de nadie, pero como Nadezdha, tiene posadas en toda Europa consideramos la idea que Katerina lo invitara a alojarse en una de ellas.
-¿Ahí fue cuando te agradeció? Quiero decir… ¿Cuándo se hicieron amigos?
-Fue un proceso lento, pero con el tiempo aprendimos a soportarnos.- Contó Ron levantando los hombros, Hermione sonrió con ternura. El chico estaba sentado en el viejo sillón con sus brazos apoyados sobre las rodillas y la mirada perdida en el suelo, estaba arrepentido.- Katerina lo convenció de que nosotros éramos sus amigos y de paso ella nos hizo ver que Malfoy no era una mala persona, sólo, que tenía el ego un poquito alto.
Hermione suspiró y se apoyó en el respaldo del sillón, todo era tan confuso y extraño. Era increíble como la vida de ambos había dado un giro tan inesperado.
-Todo este tiempo te extrañé- Dijo Ron muy bajito. Hermione se giró para verlo, él la miraba con las mejillas sonrojadas y la expresión triste.- Nunca quise irme sin darte una explicación pero… es que todo era tan necesario.
-¿Necesario? ¿De qué hablas?
Ron no contestó. Se acomodó en el sillón adquiriendo la misma posición que Hermione y cerró los ojos.
-Si tuviera que pedir un deseo para esta noche, sería que volviéramos a estar juntos…- Murmuró, y ella abrió la boca sorprendida, pero no dijo nada.- Te he extrañado mucho…
-Ron…
Él se acomodó en el sillón y se giró para estar más cerca de ella, Hermione sólo podía sentir un extraño sonido como tambor que en ese momento inundaba toda la sala. Se sonrojó y se abrazó a sí misma para apaciguar los furiosos latidos de su corazón.
-No sé de que otro modo pedirte disculpa, te juro que no lo sé. –Dijo desesperado tomándole las manos. Ella soltó un gemido de sorpresa.- Hermione, he cometido mil errores desde que me marché, tomando ese como el primero. Y ahora, cuando intenté recuperarte, apareció Malfoy, y lo estropeó todo. Mírame, por favor… Soy el mismo que tú conociste en el colegio, el mismo bobo que te ha amado desde entonces, sólo que un poco más maduro y más decidido, aunque no lo creas. Esto de Ginny nos ha cambiado a todos, no deberías sorprenderte. ¡Demonios Hermione! Sólo… te estoy rogando que perdones todos mis errores y me veas como soy: como el idiota sentado frente a ti que no ha hecho más que amarte todo este tiempo.
Hermione balbuceó algo in entendible. Sus labios temblaron, trataba de armar el rompecabezas en su cabeza con todo lo que él le había dicho, pero resultaba imposible. Por primera vez, sentía que había algo que no podía entender, algo para lo cual necesitaba que alguien le explicara lo que estaba sucediendo.
Lo observó con detención. Sus ojos azules la miraban rogándole, suplicándole perdón de una manera imposible de negar. Suspiró. Sí, estaba distinto.
Su mentón estaba más cuadrado que cuando era niño, su cabello largo y desordenado amarrado en una cola lo hacía verse casi igual a Bill. Su espalda estaba más ancha, sus labios más finos, su nariz más larga y menos redonda, sus cejas más triangulares y sus mejillas más rectas y varoniles.
Estaba tan o más guapo de lo que recordaba, para su propio parecer. Ya que en Hogwarts nunca fue muy solicitado, aunque en ese momento, bien podía serlo. Y eso, la descolocaba. Un chico tan lindo como él le estaba rogando perdón. ¿Cómo podía negarse?
-Ron… no sé que decirte…-. Suspiró confundida.- esto… es tan extraño.
-Sólo te estoy suplicando que me perdones mis errores… y los que vendrán.
-¿Vendrán? – Inquirió arqueando sus cejas.- ¿Qué acaso me harás pasar otro mal momento?
Él no contestó.
-¿Ron? – insistió, pero el chico tenía sus ojos perdidos sobre el rostro de ella. Se acercó con cuidado, pero Hermione se alejó.- No Ron. Quiero respuestas.
-No te puedo prometer eso.- Dijo abatido, alejándose.- Hay cosas… que no se pueden explicar.
-Entonces no te puedo perdonar.
Hizo ademán de levantarse pero él la agarró de la mano con fuerza, sus ojos suplicantes llegaban a ser dolorosos.
-Ron, por favor…
-Necesito que me perdones… jamás te haría daño, te lo juro… No es lo quiero hacer.
-¿Qué no es lo que quieres hacer? ¡Ron! Estás confundiéndome, ¿y sabes? ¡Eso me molesta!
Quitó su mano y se cruzó de brazos. Ron suspiró.
-Sólo… deseo tu perdón, no necesito nada más.
Aquello pareció ablandarla, porque volvió a sentarse a su lado. Se rascó la cabeza al sentirse confundida, no entendía nada, la actitud de él, todas las mentiras que se venían para el futuro.
-No quiero que me sigas mintiendo. Algo ocurre contigo y quiero saber qué es.
Ron abrió los ojos sorprendido, pero no dijo nada.
-¡No te quedes callado y respóndeme!
-Lo único que ocurre aquí y que es real es el amor que siento por ti.- Masculló comenzando a enojarse.- ¡Pero es obvio que te importa un carajo!
-¡Claro que me importa! Lo que no me gusta es que me confundas.- Le recriminó, y esta vez, Ron fue el que se levantó.
-¡Sólo necesito que me perdones!
-¿Cómo voy a perdonarte el daño que me harás a futuro? Ron, necesito que me garantices que no me harás sufrir ora vez, no quiero pasar por lo mismo de nuevo.
Ron se mordió los labios y se refregó la cara. Resopló frustrado y se quedó en silencio un minuto. Hermione notó que estaba debatiéndose consigo mismo, y al parecer, tenía razón. Al cabo de un instante, gruñó, y salió con rapidez de la sala dejándola sola.
No alcanzó a procesar la situación cuando repentinamente apareció a su lado con un papel.
-Jamás me perdonaré esto, y ni siquiera sé si estoy haciéndolo bien. Lo más probable es que me meta en un terrible problema, pero, si con esto te pruebo que no te deseo hacer daño, entonces… vale la pena.
Hermione tomó el papel y lo leyó, era una dirección y una contraseña.
-¿Qué es esto?
-Mi condena a muerte…- Bromeó con una sonrisa apesadumbrada.- Ahora escóndelo, y no lo comentes con nadie.
-¿Qué debo hacer con esto? – Preguntó mostrándole el papel, pero él de inmediato cerró su puño sobre la mano de ella.
-Ve a ese lugar el sábado a medio día. –Masculló bajito acercándose cada vez más a ella- Hay un pasaje secreto al lado del librero. Mueve el diccionario azul, te dejará entrar a un pasillo. Detente frente al agujero de la pared y quédate ahí sin hacer ruido.
-Ron… ¿Qué demo…?
-Hermione, escucha. ¿Quieres que no te siga haciendo daño? Bien, si tienes suerte, ahí podrás hallar la explicación que buscas.
-Ron, me estás asustando. ¿Qué está sucediendo? – está vez era en serio, la actitud de Ron más que descolocarla, la estaba aterrando.
-¡Con un demonio Hermione! ¿Sabes que me estoy metiendo en un gran lío por esto? Tan sólo acéptalo, es la única explicación que te puedo dar. Todo esto lo hago para que me perdones, a ver si de este modo puedes entenderme.
-¿De verdad con esto te estás arriesgando? – Preguntó finalmente, pero esta vez estaba preocupada. No sabía de qué hablaba, pero con sólo verle la cara se notaba que estaba poniendo algo en peligro.
-Más de lo que crees.- Murmuró apesadumbrado. Se dejó caer sobre el sillón y se refregó la cara nuevamente.
-Tal vez… sería mejor que no vaya a este lugar.- Hizo ademán de romper el papel, pero él la detuvo tomando sus manos.
-No. Tienes que ir. Incluso creo que sería bueno que fueras…
-Pero si te causa problemas…
-Hermione… - Suplicó- Ya me hiciste dar el primer paso, ahora, no me hagas retroceder. Ya tienes lo más importante. Si quiero que perdones mis errores será mejor que vayas a ese lugar.
Hermione asintió suavemente y se guardó el papel en el pantalón. Una extraña sensación de ternura se apoderó de ella.
-¿Después de que yo vaya todo será como antes?
Ron levantó los hombros, pero no la miró.
-Eso espero.
-¿Tan malo es?
No contestó, levantó el rostro para mirarla. Ella sintió que era verse como en un espejo. Ambos debían tener la misma expresión de contrariedad.
-No será tan malo si lo entiendes…
Ninguno dijo nada después de eso. Aunque todo cambió. Era como si tuvieran un secreto que nadie más compartía. Sólo de ellos, y de nadie más.
No sabía si aquello era bueno o malo, pero abrió las puertas para que se pudieran entender como nunca antes lo habían hecho. Sólo bastó una mirada, y comprendieron que todo volvería a ser como antes, o al menos, estaba comenzando a serlo.
En ese momento Molly ingresó a la habitación con algunos tiestos de ensalada, y ambos se pusieron a ayudar.
No despegaron en ningún momento los ojos del otro, necesitaban estar cerca, por instinto.
Esa noche, Ginny y Oswald no fueron los únicos que se regalaron un beso debajo del muérdago. Antes de la cena, ambos escaparon al jardín trasero, dónde un hermoso muérdago acababa de florecer y los gnomos intentaban romper con piedras.
Hermione suspiró contrariada, todo era demasiado extraño. Ron ahuyentó a los gnomos y la atrajo bajo el muérdago. Se miraron por largo rato, como en aquellos tiempos.
-Sabes que yo no soy bueno para estas cosas, de hecho, nunca lo he sido y creo que jamás lo seré, así que… me limitaré a decirte que no me he olvidado de ti, que te amo tanto o más que el primer día, y que si me vas a perdonar… o a odiar después de lo que escuches y veas el sábado, prefiero quedarme con un bello recuerdo de lo que sé que aún existe entre nosotros.
-Oh… Ron.
Él acarició su mejilla, pero dijo todo tan rápido que Hermione dibujó una sonrisa divertida. Los Weasley, Ron sobretodo, no eran bueno para ese tipo de cosas cursis, pero al menos el chico lo intentaba.
Hermione, entusiasmada por el acto de valentía de su antiguo novio, se acercó a él y antes de que éste pudiera reaccionar, lo besó.
Se agarró de su cuello como cuando estuvieron en la última batalla con Voldemort, y él, reaccionó aturdido, pero igualmente entusiasmado.
Cuando volvieron a la sala, ya estaban cenando, y ambos, dibujaban una feliz sonrisa en su rostro.
Si las cosas cambiaban el sábado, ambos esperaban que fuera para mejor, porque ella, seguía atemorizada por lo que descubriría.
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Ginny se levantó con la cabeza hecha un lío. Todo le daba vueltas, más aún, sentía que aquel golpe que Nacet se había dado hasta a ella misma le dolía.
Un cosquilleo en su estomago le hizo recordar que aquella mañana de navidad se daría la gran noticia. Jadeó asustada, estaba más nerviosa que nunca y no sabía porqué.
¿Por qué estaba tan aterrada de confesar que estaba de novia con Oswald? ¿Qué tenía de malo? ¿Lo quería, no? Entonces… ¿Por qué le molestaba decir la verdad?
A penas salió de su habitación corrió disparada al baño, no quería toparse con nadie en el pasillo.
Duró más de lo que debía en la ducha y trató de ser lo más lenta posible en vestirse. No quería toparse con Oswald, y seguía sin entender porqué.
Se asomó con cuidado para mirar por el pasillo. Descubrió que Vincent bajaba las escaleras. Su corazón dio un vuelco cuando escuchó la voz de Oswald entablando una conversación con él, y la risita estridente de Maggie un poco más lejos. En el comedor, seguro.
Suspiró y cerró los ojos. Dejó la toalla en la canasta de ropa y caminó lentamente en dirección hacia las escaleras.
A penas puso un pie en el primer escalón éste lanzó un crujido. Levantó los hombros y cerró los ojos con fuerza. Bajó lentamente, con el corazón latiendo a mil por hora y unas violentas mariposas en el estomago que no se parecían en nada a las que había sentido antes. Estas eran incomodas y salvajes, estaban en desacuerdo con su decisión, como si no quisieran aletear por él.
Finalmente llegó al primer escalón. Tomó aire para juntar fuerzas y se encaminó al comedor.
En ese momento odió que el comedor no tuviera puertas o que ya no desayunaran en la cocina como antes.
Sintió su cara arder cuando todos la quedaron viendo con una radiante sonrisa en el rostro, sobretodo Oswald, a quien le brillaban los ojos. ¿Qué acaso ya les había dicho, y no la había esperado?
Sintió rabia, ¿cómo no había sido capas de esperarla siquiera? Caminó iracunda pisando fuertemente el suelo, haciendo crujir la madera, y se sentó con violencia en su lugar de siempre, sin siquiera ver a su novio.
Pudo notar que todos la veían curiosos, incluso Harry, a quien no había notado a causa de los nervios. Está vez las mariposas aletearon entusiasmadas, y se vio obligada a afirmarse el estomago. No podía sentirse eufórica por Harry y no por su novio.
-¿Te sientes bien, hija?
Ginny se giró para ver a su madre y asintió con lentitud. Estaba tan tensa que debía verse más enferma que nunca. Más aún si afirmaba su estomago con tanto ímpetu.
En silencio se liberó de sus brazos para poder servirse un poco de té, pudo notar como Vincent la veía de reojo, aún molesto por la situación.
Maggie, con su habitual cara de sueño, junto con los gemelos, la observaban divertidos, pero nadie decía nada.
Probablemente Oswald no había hablado.
Inmediatamente se sintió terriblemente culpable, y lo miró de soslayo para ver que expresión tenía, pero era igual de preocupada que su madre.
-¿Seguro que estás bien? – Le preguntó con cariño acariciándole la espalda. Una onda eléctrica la recorrió, y todos vieron la escena incrédulos.
El sonido de una cucharita chocar con un plato llamó su atención, Harry tenía la boca a medio abrir con la cuchara de su té derramando liquido sobre el mantel. Pero tan rápido como ocurrió, él volvió a poner atención en su desayuno. Las mariposas volvían a aletear, pero esta vez, abatidas.
-No es necesario que te preocupes tanto, Oswald…- Murmuró Molly con voz intrigante dirigiéndole a Harry una mirada triste, pero tan imperceptible que apenas los demás lo notaron.- Si ella dice que sí, es porque lo está. ¿Cierto cariño?
Su madre le sonrió con los labios apretados y ella asintió con calma. Harry parecía muy satisfecho con el llamado de atención de su madre hacia su novio. Sonreía de manera disimulada, aunque orgullosa.
-Creo que es mí deber hacerlo.- Reparó sin cuidado, y Ginny sintió que la sangre se le congelaba. Había llegado el momento.
-¿Disculpa? – Inquirió Molly alzando una ceja con una sonrisa dulce. Parecía nerviosa.
-Con todo respeto Molly, sé que Ginny puede valerse por si sola, eso no lo dudo – Dijo dirigiéndole una sonrisa radiante a su novia.- Pero eso nunca va a impedir que me preocupe más por ella de lo que debo.
-¿A qué te refieres, hijo?
Esta vez, Molly parpadeó confundida, y Ginny, con la poca cordura que le quedaba, alcanzó a notar como Vincent recriminaba a su amigo con una severa mirada y como Harry se aferraba a su cucharita con fuerza.
-Bueno… son los deberes que conlleva ser el novio de su hija, Molly.
Un gritito de asombro se expandió por todo el comedor. Nuevamente el sonido de una cuchara cayendo vibró sobre la mesa. Ginny sintió que su rostro se teñía de rojo, y que las mariposas aclamaban por que terminara esa tortura.
-¿Es verdad eso, hija? – La interrogó Molly con los ojos muy abiertos, pero ella simplemente se limitó a sonreír con los labios muy apretados.
Oswald pasó un brazo por sus hombros y le plantó un beso en la coronilla, pero no le gustó. Estaba enfadada, ni siquiera le había dado una oportunidad para preparar el momento.
-Oh… vaya…. – Suspiró la mujer, quien nuevamente vio a Harry.
-¿Desde cuando? – Surgió una voz a su derecha. Se inclinó y descubrió a Ron boquiabierto, pero no la veía a ella, sino que a Oswald.
-Desde anoche.- Contestó él radiante de felicidad. Aferró más a Ginny, pero ésta no reaccionaba. Todo le daba vueltas.
-¿Por qué no nos dijeron nada? – Masculló Molly sorprendida, y pudo sentir como la voz de su madre escondía un leve dejo de rencor.
-Quería esperar hasta hoy.- Contestó nerviosa.- Quería prepararlos.
-Creo que fue muy rápido.- Sugirió Vincent con el tono de ira que lo caracterizaba cuando algo le molestaba. Su volumen de voz no era ni muy alto, ni muy bajo, simplemente, parejo.
-¡No seas aguafiestas! –Gritó Maggie entusiasmada.- ¡Guau! No puedo creerlo. ¡Por fin se atrevieron!
Oswald le sonrió con orgullo mientras ella trataba de procesar toda la escena delante de sus ojos, sobretodo la de Harry, que no le quitaba a su novio los ojos de encima.
-Bueno… ¿qué les puedo decir? – Titubeó Molly.- Tu padre debe saberlo.
-Lo sé… ¿Podrías comunicárselo tu? –Le rogó, y su madre suspiró.
-Tu deberías decírselo… es… algo muy inesperado…
-¿Le molesta que esté saliendo con su hija, Molly? – Preguntó Oswald, y todos se quedaron súbitamente en silencio. Molly nuevamente miró a Harry con rapidez y luego se dirigió a su nuevo yerno con una mala imitación de una sonrisa.
-No… no, claro que no cielo… es que… me sorprendieron, eso es todo.
-Perdóneme, mi intención era decírselo anoche, pero Ginny….
-No quería decirte nada hasta prepararte emocionalmente.- terminó ella la frase, y su madre la miró preocupada.- Soy tu niñita, recién encontrada, creí que sería una emoción muy fuerte sentir que tal vez con esto perderías un poco del rol de madre que has estado guardando por tanto tiempo.
Se mordió el labio al creer que había sonado convincente. Oswald no podía haber metido más hasta el fondo la pata. Vincent no dejaba de verlos con reproche, como si aquello fuese algo malo, mientras que Ron con los gemelos y Maggie compartían una emoción extraña, no sabía describir sus gestos, pero al parecer era de aceptación. El único que no había dicho nada era Harry, quien con su varita había limpiado el desastre causado por la cucharita.
-Entonces…- Murmuró Molly, se levantó de la mesa y caminó hacia su hija. En un abrir y cerrar de ojos, Ginny se encontraba estampada contra el pecho de su madre. - ¿Qué puedo decirte encanto? Felicidades.
-¿Lo dices en serio? – Preguntó impresionada separándose de su madre. No sabía porqué, pero esperaba una reacción totalmente diferente. De hecho, había deseado que ella no aceptara esa relación. Aunque no podía entender el porqué de tal deseo.
-Claro, cielo…- Se inclinó para sonreírle a Oswald y luego se giró hacia la mesa para ver a los gemelos, aunque ella intuyó que más bien era para ver a Harry. Pudo darse cuenta como su madre levantaba los hombros muy levemente, y luego de darle un beso en la frente, volvía a su sitio.
Se quedó de pie, sin hacer nada. Aquello era lo más extraño que le había ocurrido. Sintió como Oswald la tomaba de la mano y la acercaba hacia él para sentarla a su lado y abrazarla con posesión. Se sentía realmente incomoda.
-Si… si mamá lo acepta, entonces… ¿por qué yo no? – Dijo Ron sonriendo con sorna, se levantó y estrechó la mano de Oswald con fuerza.- ten cuidado ¿eh? Mira que en cualquier momento te la pueden quitar.
Ginny miró a su hermano, éste sonreía maliciosamente hacia los gemelos, quienes le devolvieron la misma expresión.
-No te preocupes… La cuidaré muy bien.- Contestó Oswald con un leve dejo de amenaza en la voz.- No dejaré que nadie me la quite.
Ginny se percató entonces de una leve tensión eléctrica en la mesa. Sus ojos recorrieron la onda que se proyectaba entre su novio y su ex. Harry sonreía con los labios apretados, como respondiendo a un reto, algo que sólo había visto en Malfoy cuando estaban en Hogwarts. Daba miedo verlo así.
Oswald, en tanto, mantenía el mentón levantado, despreocupado, como si aquello fuera una batalla ganada.
-Por cierto, hablando de novedades…- Comenzó Harry, y Ginny se impresionó de que su voz sonara tan… natural.- Ginny, ¿Sabes quien está aquí, en Londres?
Ginny abrió la boca para contestar, pero no salió ningún sonido. Era la primera vez desde que había regresado que él se dirigía a ella con amabilidad y en público. Negó con la cabeza suavemente. Podía sentir el brazo de Oswald agarrándola con fuerza por los hombros.
-Antoremus Kribash ha venido a hacer una exposición, se quedará aquí una semana.
Los ojos de Ginny se iluminaron. ¿Qué acaso había estado investigando el viaje del coleccionista? Sonrió entusiasmada, y para su sorpresa, él le devolvió la misma sonrisa.
-Te dije que te avisaría si venía.
-¿Quién es Antumatus Kiban? – Preguntó Ron curioso, y Harry, para su sorpresa, también le contestó con amabilidad.
-Antoremus Kribash. –Corrigió- Es un coleccionista de arte que le gusta a Ginny, fue el que me vendió aquella pintura.- Dijo señalando el cuadro tras su espalda con la mujer sobre la roca. Todos asintieron con un sonoro "ahhh".
-¿De verdad viene a Londres? – Preguntó entusiasmada.- ¡Genial! ¿Podemos ir mamá?
-No lo sé hija, esas exposiciones son un poco caras, y el que tengamos algo de dinero no implica que sea suficiente para darnos aquellos lujos.- Respondió Molly pensativa. Pero Harry la detuvo con un ademán de su mano.
-Yo puedo acompañarte si quieres, me gustaría ver algunos cuadros. – Se ofreció con amabilidad. Las mariposas dentro del estomago de Ginny comenzaron a revolotear eufóricas y radiantes de felicidad, totalmente complacidas. Sintió que la respiración se le acababa, y comenzó a inhalar con rapidez para no asfixiarse.
-Yo puedo hacerlo- Interrumpió Oswald con gravedad.- Es mi novia ¿no? Además, también me gusta el arte.
-No sabes dónde queda- Contestó Harry sin perder la calma, aunque sus ojos verdes destellaban.
-Para algo existen los volantes e Internet con los muggles. Si es tan conocido como dicen, saldrá en todos lados.
Harry apretó los puños bajo la mesa, Ginny alcanzó a oír un sonoro "crack". No se iba a engañar, pero la idea de que Harry la acompañara sonaba tentadora, mucho más que si Oswald iba con ella.
Sin embargo, ir con los dos chicos en la búsqueda de información no la iba a ayudar a concentrarse, así que detuvo la pelea antes que comenzara.
-Creo que iré con Hermione – Puntualizó, y los dos chicos se giraron a verla con rapidez.- es mi amiga, y ella conoce más de muggles.
-Pero, Gin…
-Siendo mi novio debes saber que también necesito mi espacio con mis amigas.- Se defendió Ginny, al menos le parecía una buena idea para que no fuera con ella a todos lados. Luego, se dirigió a Harry- Te agradezco mucho que me hayas avisado que Antoremus Kribash está en Londres, pero, preferiría ir con Hermione.
Ambos chicos se quedaron en silencio y asintieron con la cabeza, aunque Harry se veía mucho más tranquilo que Oswald. Los demás se quedaron en total silencio, mientras ella seguía tomando su té.
El ambiente había vuelto a estar tenso. Deseó que algo rompiera el hielo para que se olvidara todo el nerviosismo de hace unos instantes.
Por suerte, alguien oyó sus suplicas. No habían pasado cinco tediosos minutos cuando repentinamente una lechuza blanca chocó contra el ventanal.
Ron se levantó con rapidez para dejarla entrar, pero el ave simplemente dejó caer sobre el suelo varias cartas de un papel muy elegante. Inmediatamente, apenas depositó su entrega, volvió a emprender el vuelo.
-¿Qué son, hijo?
Ron recogió el grupo de sobres y arqueó las cejas.
-Son invitaciones...-Murmuró. Su madre lo quedó mirando en busca de respuestas, pero él simplemente se limitó a sonreír nervioso.
-¿Invitaciones para qué? – Preguntó Fred, y Ron suspiró inquieto.
-Para la boda de Ma… Malfoy…- Contestó nervioso tratando de no ver a su madre. Molly abrió los ojos impresionada y desencajó un poco su mandíbula.
-¿Por qué Malfoy te invita a su matrimonio?
-Es… una larga historia…-Murmuró sonrojado pasando un sobre tras otro viendo los nombres.- Nos invitó a todos, incluso a Hermione y a Elisa.
-¡Genial!
El chillido estridente de Maggie los obligó a todos a girarse. La chica estaba de pie agitando los brazos totalmente eufórica. Todos la quedaron viendo incrédulos e impresionados.
-¿Qué? ¿Qué acaso no lo ven? ¿Saben qué significa esto?
Nadie contestó, y ella resopló.
-Todo lo que conlleva una boda, ¿qué no se dan cuenta? – Nuevamente no hubo respuesta, lanzó un bufido y agitó aún más los brazos.- ¡Una despedida de soltera!
Sin embargo siguió existiendo el silencio. No era costumbre en el mundo mágico ese tipo de fiestas, aunque Maggie parecía haber asistido a varias.
-¿No me digan que jamás han ido a una? ¡Bailarines, baile, música, descontrol total!
-No creo que a Katerina le interese.- Comentó Ginny imaginándose a la endeble chiquilla bailando con un hombre semi desnudo.
-¡No es por ella! Lo digo por nosotras.
La melliza agitó la mano en el aire como si no le diera importancia, y Ginny rió despacito.
-A mi no me parece muy sano.- Agregó Molly preocupada.- Menos aún si tiene que ver con Malfoy. Y todavía no me contestas porqué los invitó. - Ron enrojeció hasta las orejas. ¿Cómo le iba a explicar la historia a su madre? Tenía toda la tarde por delante.
-A mi tampoco.- Contestaron Oswald y Harry al mismo tiempo, seguramente porque no se imaginaban a sus novias bailando con desconocidos y guapos muchachos. Ginny frunció el ceño cruzando con Maggie una mirada de exasperación.
Aquella reacción por parte de ambos chicos le provocó un extraño presentimiento en su interior. Los ojos de Harry se posaron en ella un segundo, y juró haber visto en ellos el mismo brillo que cuando estaban juntos.
Algo muy extraño estaba ocurriendo, y no tenía nada que ver con la despedida de soltera, aunque en cierta forma, aquello había gatillado una desconocida sensación en su cuerpo. Sabía que las mujeres eran perceptivas por naturaleza, pero esa sensación la atemorizaba, era como una ventana al futuro. Trató de quitarse esa imagen mental de la cabeza, ella estaba con Oswald, no podía imaginarse besándose con otro que no fuera él, aunque en este caso, imaginarse un beso con Harry no era del todo desagradable.
Agitó la cabeza varias veces hasta que la imagen se esfumó. Ron había comenzado a relatar su historia a una desconcertada Molly Weasley, mientras que Oswald, posesivamente, la agarraba por los hombros, como si así pudiera protegerla de las miradas que Harry les lanzaba a cada segundo.
Las mariposas no dejaron de agitarse en ningún momento.
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-Ahora, preciosa, muéstrame lo que deseo…
Candeviere se deslizó con cuidado hasta el ventanal apuntando el Henotiómetro hacia el éste. Cerró los ojos y esperó a que las flechas que quedaban reanudaran la búsqueda.
Se quedó quieto un instante, hasta que sintió su mano vibrar. Abrió los ojos con cuidado y sonrió con malicia. Una flecha de color purpúrea, que se encontraba debajo de una naranja y otra verde lima, apuntaba temblaba nerviosa hacia el sol.
Inmediatamente movió su mano para sacar una pluma y anotó con rapidez en un pedazo de pergamino las coordenadas que marcaba la flecha.
Cerró la brújula con un gesto rápido y la guardó en el bolsillo de su capa. Se giró dando zancadas hacia el escritorio con la misma sonrisa, y se encerró en él.
Como si
todo estuviese fríamente calculado, siguió un patrón de conducta
que se basaba en varias acciones. Primero, sacó un largo y grueso
pergamino enrollado que desenredó sobre el escritorio.
Inmediatamente después, desenvolvió un compás de plata de un
estuche aterciopelado, y posó las filosas puntas sobre un mapa
plagado de signos y símbolos extraños.
Frunció el ceño,
concentrado. Permaneció así durante unos segundos cuando su rostro
dibujó una sonrisa siniestra.
Lanzó un grito de regocijo al aire y se desplomó sobre el sillón de cuero.
-¿Padre?
Morgan se asomó con cuidado. Acaba de regresar de su reunión con Tiare. No le importó pasar toda la noche afuera, su padre no se preocupaba por eso. Tenía mejores cosas en qué pensar. Como ese momento.
Su estomago se contrajo cuando descubrió el pergamino de los signos sobre el escritorio junto con el compás, aquello significaba sólo una cosa.
-¿Encontraste a otra portadora? –Inquirió con la voz gruesa, fingiendo sentirse emocionado. Candeviere levantó la mirada, sus ojos oscuros brillaban dichosos, era un buen momento para ganarse su confianza para siempre.
-Así es- Asintió, y con un gesto de la mano lo invitó a sentarse a la silla frente al escritorio.
-¿Dónde está? – Preguntó inclinándose hacia delante para parecer intrigado. Se sorprendió cuando su padre le devolvió una magnifica sonrisa ante sentirse apoyado por su hijo.
-En una zona de Nueva Zelanda, creo que al sur, eso lo sabré en unos días.
-¿Nueva Zelanda? – Repitió pensativo- Interesante…
-Efectivamente, lo es…- Admitió el hombre rascándose la barbilla- Y lo más impresionante…
-Pausó. Morgan se inclinó más, intrigado.
-¿Es? – Lo alentó. Su padre frunció los labios, dudoso.
-Esto no me había pasado con ninguna de las portadoras, es primera vez…
-¿Qué ocurrió?
-La próxima victima, hijo, es una niña. Según las coordenadas no tiene más de nueve años.
-¿Qué?- Jadeó. Aquello no se lo esperaba. ¿Una niña? ¿La próxima victima era una niña?
-Esto nos hace más fácil el trabajo, por supuesto.- Continuó el hombre con una sonrisa.- Debe ser muy simple engañarla, nuestra arma lo hará a la perfección.
-Pero… ¿Una niña?
-Eso no nos debe preocupar hijo. Nora Duval tenía familia, y Atiocope Itaniopilius estaba casada, ¿qué más da que la próxima victima sea una niña?
Morgan no contestó. Sus ojos se posaron sobre el pergamino del escritorio, estupefacto. ¿Tenía que asistir al asesinato de una niña? No podría soportarlo.
-¿Por qué te afecta? –Inquirió su padre levantando una ceja.- ¿Estás conmigo en esto, no?
Morgan pudo sentir como por su columna se filtraba una onda eléctrica cargada de pánico. Tenía que solucionarlo antes que él lo descubriera.
-Por supuesto que estoy contigo.- Contestó con calma para no parecer ansioso.- Sino, no habría hecho esto…
Levantó la mano derecha y le mostró el dedo anular donde un pequeño anillo, decorado con una esmeralda, reposaba con elegancia.
-Pero… ¿Qué demo…?
Candeviere se levantó precipitadamente y agarró la mano de su hijo jalándolo con fuerza. Morgan terminó recostado sobre el escritorio mientras su padre inspeccionaba el anillo en su dedo.
-¿Cómo…? ¿Cómo es qué tú…? ¿Por qué tienes el anillo del concilio?
Morgan sonrió tal y como había ensayado con Tiare durante la noche, curvando un poco la boca hacia la derecha y levantando el labio para mostrar levemente los dientes.
-¿Recuerdas a la chica de la que te hablé?
-Sí, si, por supuesto…- Contestó el hombre sin quitar los ojos del anillo.
-Digamos que después de salvarle la vida de un par de maleantes, el concilio me admitió entrar en él.
-¿Sólo por salvarle la vida? – Interrogó escéptico quitándole el anillo para examinarlo con una lente del cajón más cercano.
Morgan se sobó la muñeca, dónde su padre lo había agarrado, y se acomodó nuevamente en el asiento.
-Toman muy en serio el protocolo mágico. Salvarle la vida a uno de sus integrantes es como salvar al mundo. Creyeron que era digno de confianza, así que me admitieron.
Candeviere le devolvió el anillo con la boca abierta. Se desplomó sobre su asiento rascándose la cabeza, totalmente pasmado.
-No puedo creerlo… -Murmuró.- Yo luché años para llegar a ocupar un lugar, pero Dumbledore jamás me lo permitió, y ahora… mi hijo, sólo por salvarle la vida a una de sus integrantes lo dejan entrar… es…
-Si bueno, bueno, ¿no querías ayuda? – Se quejó Morgan frunciendo los labios y colocándose el anillo.- ¡Ahí la tienes!
Pasaron unos pocos segundos antes de que se diera cuenta de lo que estaba sucediendo. Su padre lo aferraba por los brazos y lo estrechaba con fuerza, estaba totalmente eufórico. Su risa era casi ahogada.
Si no se equivocaba, acababa de ganarse la confianza absoluta de aquel hombre. Una confianza, que si jugaba bien las cartas, ayudaría a salvar a Ginny y a la niña que su padre quería matar.
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Subió a su habitación con rapidez, y cerró de un golpe la puerta. Estaba furibunda. ¿Cómo Oswald podía comportarse de ese modo? Tan posesivo y avasallador. Ese no era el chico al cual le había aceptado la propuesta de noviazgo.
Por suerte para ella, Vincent lo alejó por un momento para darle su espacio, se lo llevó a desgnomonizar el jardín para conversar. Pero ella estaba segura de que había algo más en la molesta actitud del mellizo. Toda la mañana había actuado extraño, ni siquiera les dirigió la palabra.
Suspiró apoyándose en la puerta. Quería enviarle una carta a Hermione, necesitaba contarle lo sucedido, porque Maggie no ayudaba mucho.
Resopló molesta y lanzó un almohadón lejos mientras se precipitaba sobre la cama. Enterró la cara en un cojín y gritó con ira.
No habían pasado unos minutos cuando dos golpes sonaron en la puerta. Gruñó.
-No estoy.- Contestó sin levantar la cabeza.
-Necesito hablar contigo.
Tal y como si le hubieran enterrado un alfiler, se sentó en su cama de un salto totalmente aturdida.
No podía ser….
Se acercó a la puerta para quitarle el seguro. Apenas ésta se abrió, Harry, totalmente enojado, por algo que seguro ella desconocía, entró en la habitación.
-¿Qué haces aquí?
Sin quererlo, pudo sentir como sus labios dibujaban una sonrisita tonta. La mariposas aleteaban rítmicamente y totalmente fiesteras dentro de su estomago. Algo muy diferente a cuando estaba con Oswald.
De inmediato se concentró, e intentó ponerse seria. Se cruzó de brazos para acallar el bailoteo y los, excesivamente sonoros, latidos de su corazón. Arqueó una ceja para parecer tranquila y molesta y se apoyó en la pared.
-Ya te lo dije, necesito hablar contigo.- Dijo él encarándola. Su ceño estaba fruncido, y sus labios apretados. Si lo conocía bien podía deducir que estaba enfadado. Muy enfadado.
-¿Qué rayos te ocurre? ¡No puedes entrar así a mi habitación! ¿Qué te crees?
-Eso mismo quiero saber, ¿qué rayos sucede contigo?
-No te entiendo.- Admitió, confundida. Harry soltó una risa burlona.
-Por supuesto que me entiendes, sabes perfectamente porqué estoy aquí.
-No, la verdad es que no. ¿Por qué no me lo explicas? A ver si aclaramos este asunto, porque en serio no entiendo nada.
Harry no contestó. La observó fijamente a los ojos mientras ella intentaba permanecer fría, aunque era imposible. Estaban a pocos metros de distancia. Era el primer encuentro cercano que tenían después de tanto tiempo.
-¡Por favor Ginny! No te hagas la desentendida –Le espetó apuntándola con el dedo.- ¿Haces todo esto para hacerle pasar un mal rato a tu madre?
Al oír esas palabras, Ginny dejó caer los brazos a ambos costados. ¿Qué era lo que acababa de decir?
-¿Disculpa? – Inquirió con la boca abierta.- hace un instante en el comedor estabas actuando como un perfecto caballero, y ahora… ¿No me digas que todo este escándalo es por lo de Oswald?
-Lo hago por Molly. Tu madre lo está pasando pésimo.- gruñó.- Y a ti parece que no te importa. ¿Qué no te bastó haber desaparecido seis años para que ahora avengas a hacerle esto?
Ginny sintió que las mariposas de su estomago aleteaban con cuidado. ¿Estaba celoso? Pero… no, no podía ser.
-¿Mamá está mal por mi relación con Oswald? – Repitió.- Imposible, me lo habría dicho. Además, ¿por qué le molestaría?
-Tu madre se guarda muchas cosas, deberías saberlo. Con tal de ver feliz a sus hijos no abre la boca cuando algo le molesta.- Contraatacó acercándose.- Y por supuesto que le incomoda la relación, ¿no viste como se puso abajo?
-Eso es algo entre ella y yo, tú no te metas. – Gruñó acercándose también y apretando los puños. Las mariposas habían cesado.
-Me meto porque es como mi madre, y lo que estás haciendo no tiene sentido alguno para ella. ¡Es un disparate! ¿De novia con Oswald? ¿Qué te pasó por la cabeza al momento de aceptarlo?
A Ginny se le desencajó la mandíbula, ¿De qué rayos estaba hablando?
Sintió que la ira comenzaba a subirle desde la punta de los pies hasta las raíces de su rojizo cabello. Que Harry viniera a darle lecciones de vida y a pedirle explicaciones era algo que no iba a aceptar. No le había hablado en meses, la trataba peor que un trapero, y ahora venía a reclamarle para un baile al cual no tenía invitación.
-Yo… esto… ¿Qué? – Balbuceó.- ¿Estás demente? ¿Qué rayos te sucede? Es que… ¿y tú? ¿Qué me dices de ti? ¿Qué me vas a decir que tu relación con Elisa es muy normal?
-¡No metas a Elisa en esto!
-¡Y tu no te metas entre yo y Oswald!
-Me meto porque estás dañando a tu familia, que es mi familia.
-¿Y acaso tu no has visto a mamá como se pone cada vez que Elisa está cerca? – Le espetó furibunda, podía sentir como la ira se aglomeraba en su estomago.
-Al menos yo con Elisa llevamos tiempo conformando una relación, pero tú con Mcclay, por favor…
Harry se alejó cruzándose de brazos y se rascó los ojos bajo los lentes, Ginny dibujó una mueca indescriptible. Estaba anonadada.
-Oswald me protegió.- Murmuró apretando los puños.- Lo conozco hace casi cuatro años, él ha estado conmigo todo este tiempo que estuve sola, cuando nadie más lo hizo. Fue mi mejor amigo, él sabía todo de mi, ¿cómo iba a negarme ser su novia?
Harry se giró y dibujó una mueca burlona, Ginny mostró levemente los dientes al sentirse amenazada.
-Te metiste con alguien que acabas de conocer.- Susurró son sorna.- ¿Cómo se supone que tu madre deba tomarlo? ¿Con calma?
-¡Lo conozco hace cuatro años! – Explotó sacudiendo los brazos. Sentía su cara roja, caliente por la ira.
-Eso no significa que debas meterte con el primero que se te cruce, aún sigue siendo un completo extraño a ojos de la familia.
-¡Para ti! –Gritó.- ¡Para mi es el hombre más perfecto que he conocido en mi vida!
Harry abrió la boca para protestar, pero Ginny juró que algo en su pequeña frase había dañado el orgullo de su ex novio. Y así era.
Por alguna extraña razón Harry enrojeció más de lo normal, y la apuntó nuevamente con le dedo, amenazándola con ira.
-¿Sabes como se les llama a las mujeres que se comportan como tu? – Murmuró apretando los dientes.
Ella empalideció.
-No te atrevas…
-Estás actuando como una perfecta…
-¡Ni siquiera lo menciones!
Ginny sintió como su corazón se aceleraba y la ira comenzaba a aflorar desde sus entrañas, colándose en su sangre y abarcando sus brazos y piernas, hasta alcanzar su cuello.
Era como una ola ardiente y picante que necesitaba expulsar. No iba a permitir que Harry viniera a tratarla así.
-¡Sabes que es cierto! – Gritó Harry iracundo.
-¡Cállate, cállate, CÁLLATE!
En un abrir y cerrar de ojos Ginny se sintió expulsada por una fuerte presión proveniente de algún lugar de su cuerpo. Chocó contra el armario tras ella, las puertas se abrieron y algunos de los vestidos de Maggie le cayeron encima.
Sentía que su cuerpo ardía, y la cabeza le dolía. Se quitó una camisa de encima y se incorporó para mirar a Harry. Pero él estaba, como ella, en el suelo, al otro extremo de su habitación… totalmente inconciente.
-¡Harry!
Se levantó con dolor. Sus manos estaban sangrando producto del espejo quebrado que había dentro del armario, pero no le importó.
Trastabilló hasta llegar a Harry. El chico yacía inconciente sobre el suelo de madera, con los lentes quebrados en un rincón, y su boca y nariz ensangrentados.
-¡Por Merlín! ¡Harry! ¡Harry!
Pero el chico no contestaba. Respiraba, pero con dificultad. Comenzó a mirar hacia todos lados, y jadeó asustada cuando descubrió que su habitación estaba totalmente destruida. Las plumas de su colchón flotaban en todas direcciones, el suelo de madera estaba astillado, la cama de Maggie estaba volteada, y las cortinas y pósters se habían ajado, encontrándose derrumbados en el suelo.
-¿Qué sucedió? – Susurró aterrada. Podía sentir como su corazón aún no se calmaba, su piel arder y una extraña presión en su estomago que la hacía sentir exhausta.
Le dolió levantarse del suelo, se tocó las costillas y gimió. Se levantó la camisa y se encontró con un buen par de moretones bastante grandes plagados alrededor de su estomago.
-¿Ginny?
La voz de Oswald llegó a sus oídos. No sabía que decir, así que no atinó a nada mejor que pedir ayuda.
-¡Ayuda! ¡Harry esta grave! ¡Ayuda!
Como por arte de magia, todos aparecieron delante de la puerta de su habitación. Oswald fue el primero en entrar y en abrazarla, aterrado al verla tan lastimada. Los mellizos, los gemelos, Ron, Charlie y Molly fueron los siguientes en aparecer.
-¿Pero qué…? ¡Hija! – Gimió la mujer la verla- ¡Por Merlín! ¿Qué ocurrió?
Ginny comenzó a llorar, no tenía explicación para lo que había ocurrido.
-Cielo, estás… sangrando por todos lados… Pero…
-Oímos una explosión desde abajo, nunca creímos que sería aquí… -Reparó Ron observando el suelo astillado.
-¿Qué ocurrió?
Molly apartó a Oswald y comenzó a estudiar las heridas de su hija. Ella no sabía como se vería, pero si los demás estaban aterrados, debía ser grave.
-No se preocupen por mi, yo estoy bien… es Harry el que necesita ayuda.
Todos giraron la cara con brusquedad hacia el bulto de Harry tendido en el suelo, un grito de alarma por parte de su madre la hizo estremecer.
-¡Por todos los dioses hija! ¿Qué hiciste?
Ginny parpadeó, ella no había hecho nada… o eso creía. Buscó ayuda en los ojos de Vincent, sin saber porqué, pero era el único que en ese momento podía cumplir un rol de padre.
-¿Podrías explicar? – Preguntó con cuidado acercándose a ella, Maggie siguió tras él viendo su cama con tristeza.
-Estábamos discutiendo… ¡Hay! – Exclamó cuando el mellizo le tocó una herida en su cabeza- Nos descontrolamos, y de repente salimos volando por el aire.
-¿Salieron volando? – Interrogó con premura. Tras ellos podían oírse los hechizos que Molly realizaba para curar las heridas de Harry.
Ginny asintió con miedo, ¿Eso había sido culpa de ella?
Se giró para ver a Harry y se le hizo un nudo en el estomago. Nunca fue su intención hacerle daño, aunque algo se le había escapado de las manos en ese momento.
Un dolor punzante apretó sus intestinos, y le hizo arder los hematomas. Se tapó la boca con la mano, y antes de que las lágrimas comenzaran a surgir, salió corriendo de la habitación.
-¡Ginny!
La voz de Oswald alcanzó a filtrarse a través del pasillo, y luego, escuchó sus pisadas. Pero no quería la compañía de nadie, quería estar sola.
¿Qué rayos había ocurrido? No llevaba su varita y sin embargo, había hecho magia. ¿Qué diablos ocurría con ella?
Corrió hasta salir al frío jardín, y se perdió tras el seto. Quería respuestas… y con urgencia.
La voz de Oswald se perdió en la madriguera; ella ya se había perdido colina adentro.
Notas de la autora:
Perdón por el atraso. Está vez me pasé una semana, pero de verdad lo siento.
Tenía que terminar mi tesis, que por fin entregué. Ahora sólo me falta defenderla para poder pasar a la segunda etapa.
Les quiero agradecer su comprensión y apoyo, sin ustedes esta historia no sería nada, como les dije en el blog.
Espero que este capítulo sirva para compensar toda esa fidelidad. Como regalo para el nuevo año.
Espero que les haya gustado. Poco a poco los acercamientos entre Harry y Ginny serán más frecuentes, y menos tensos que este.
También supongo que habrán descubierto las razones de lo que sucedió en la habitación de Ginny. Y si no, bueno… ya lo sabrán.
La escena con Hermione y Ron es crucial para el próximo capítulo, que, como saben, y como muchas veces dije, será el capítulo que dividirá la historia. Así que ahora se viene lo mejor.
También les di una pequeña dosis de celos, que no podían faltar. Ojalá hayan sido suficientes para ser el comienzo.
En fin, para no aburrirlos más, les dejo el adelanto del tan esperado capítulo 22.
Adelanto próximo capítulo:
Capítulo 22:
La reunión de los seis magos.
Seis magos se reúnen de manera extraordinaria. Estos magos, harán la revelación de todo lo que está sucediendo. Quien engaña, quien miente, qué esconden. Se sabrá por qué Harry odia a Ginny y se comprometió con Elisa, porque Oswald llegó a ella, porque Ron huyó, porque Ron y Malfoy son amigos, y por qué Vincent odia que Oswald haya quebrado una promesa.
Hermione tendrá la suerte de oír parte de aquella reunión, y no será fácil para ella aceptar lo que oirá en ésta.
Habrá una discusión entre ella y Ron, y hasta con Molly.
A partir de este capítulo, la historia tendrá un giro inesperado. La historia cambiará totalmente. Y comenzaremos a leer en torno a la mente de Harry.
Omanshai también tendrá una aparición, y se verá obligado a negar la misión que Keitaro tiene para él.
Ahí está, yt para que no se desesperen, les dejo la fecha final para este ansiado capítulo:
Posible publicación: viernes 9 de enero.
Ya saben, tomatazos, reviews, etc, me lo pueden enviar a mi propio mail:
anya. Naivea (arroba) gmail. Com
O al blog:
www. Ethianevals. Blogspot. Com
(Junten los puntos)
Mil gracias a todos ustedes por seguir aquí conmigo.
Un abrazo gigante.
¡Y FELIZ AÑO NUEVO!
Anya.
