Capítulo 21: A un pie de la muerte II

No recordaba un día, desde que había sido casada a la fuerza con Snape, en el que hubiese dormido por un par de horas como mínimo. A pesar de no estar en los mejores términos con el hombre, se encontraba sentada junto a su cama y sosteniendo una de sus manos entre las suyas, con la esperanza de que finalmente despertara. Al menos esa vez, había recibido ayuda de Pixie y el traslado a San Mungo, había resultado menos traumático.

Pixie sentía tanta culpa al ver el rostro de su nueva ama, afligido y cansado, que tenía que morderse la lengua para evitar confesar la travesura que había hecho.

Aunque los medimagos habían hecho todo lo posible por mantenerlo estable, sin importar en verdad lo que pensaran de él y de sus actos, el profesor apenas y respiraba. Al parecer era mucho más grave de lo que esperaba.

- La niña Granger tiene que comer algo o terminará enferma junto al amo.

- Está bien, comeré alguna cosa. No te atrevas a dejarlo solo mientras me ausento. Cualquier cosa podría pasar y será mejor que estemos alerta. La profesora McGonagall no ha de tardar.

La pequeña elfina asintió un par de veces, mientras Hermione se levantaba por fin de la silla y soltaba la mano del profesor que había estado sosteniendo durante casi media hora. Podía sentir sus dedos cálidos de tanto hacerlo y un poco entumecidos debido a la constante postura que había mantenido mientras había estado sentada. La criatura pasó a ocupar su lugar de inmediato y tras ella marcharse, sus enormes ojos color ámbar, se posaron sobre la pálida figura de su amo en completa devoción.

Antes de marcharse, apoyando su rostro en las barras de metal que rodeaban la camilla y de las que colgaban las cortinas para brindarles un poco de privacidad, admiró su rostro de preocupación y a pesar de todo, no pudo evitar sonreír ante la idea de que una pequeña elfina sintiera una especie de amor platónico por su amo.

Mientras se encontraba sentada en un pequeño cafetín muggle, cerca de la entrada de visitantes, intentaba comer algo pero no dejaba de mirar a través del largo cristal hacia afuera. Sus ojos se encontraban prácticamente fijos en la entrada y apenas y parpadeaba. Su café se enfriaba, pero ya estaba cansada de tomarlo. Estaba cansada de vivir la misma angustia una y otra vez.

Arrojó el dinero a la mesa con cierto desgano y apenas y esperó que la camarera colocara el resto de su emparedado en un envase que pudiera llevar consigo. En verdad no lo quería, le causaba repulsión la sola idea de comerlo. De comer alguna cosa en general.

Sólo quería que el profesor Snape volviera en sí y que se curara de una vez por todas. Que volviera a ser el mezquino hombre de siempre y entonces sólo así, el matrimonio sería un poco más soportable. Estar casada con un hombre medio muerto, no le apetecía en lo absoluto.

Al momento de volver, Pixie continuaba sentada sobre la silla que para su tamaño, la hacía ver diminuta. Inspiró profundamente antes de entrar y en cuanto pudo reunir todo el coraje que necesitaba para enfrentar la situación, caminó a paso firme hacia la cama en la que se encontraba el hombre.

- ¿No hay cambios todavía, Pixie?

- Ninguno, niña Hermione. Sólo un sanador se atrevió a entrar, pero el pronóstico no fue para nada alentador. El amo ha perdido mucha sangre de nuevo y si lo detalla usted misma. – dijo la elfina, poniéndose de pie para intentar señalar en dirección de las manos de su amo. – sus dedos comienzan a ponerse morados. Si no hacemos algo, niña Hermione, el amo puede sufrir consecuencias irreversibles.

- Debe haber algún libro que pueda ayudarnos. Nagini no era una serpiente común y eso lo sabemos. Debe haber algo que podamos hacer.

- Pixie sugiere a la niña Hermione, que tome una muestra de la sangre del profesor y la estudie hasta dar con algo. Si nos quedamos de brazos cruzados, esperando, el amo puede morir.

Esa no era una mala idea. Obtener una muestra de su sangre y realizar experimentos hasta lograr determinar con qué estaba contaminada. ¿Qué tipo de veneno? ¿Tal vez sólo encantamientos?

Y Snape ni siquiera necesitaba estar despierto para tomar una muestra. Si borbotaba por sí sola. La pequeña elfina se bajó de la silla de un salto y Hermione volvió a ocupar su lugar, tomando una de las manos del profesor y estudiándola como si fuese una rareza sorprendente.

Debía ser cansado, de seguro, debatirse tanto entre la vida y la muerte. No podía culparlo de estar harto de intentarlo.

- Profesor… si puede escucharme… - tragó un par de veces y trató de sonar tan firme como pudo. – Le ruego que por favor intente luchar. Que no se dé por vencido todavía. Algo se nos ocurrirá. De una forma u otra, salvaremos su vida.

No estaba segura de decir la última parte, pero supuso que una pequeña promesa no dolería.

- Se lo prometo…

Y fue entonces cuando sintió un pequeño apretón en una de sus manos. Algo tan débil que apenas y pudo percibirlo. Se puso de pie de inmediato y echando la silla al suelo, cuyo sonido sobresaltó un poco a Pixie. A pesar de lo breve que había sido, bastaba para que tuviera un poco de esperanza y se inclinara para apartar un par de sus grasientos cabellos de su rostro sudoroso y pálido.

- Sin importar qué tan mal nos llevemos, le prometo que haré todo lo que esté a mi alcance para ayudarlo.

Volvió a sentir otro pequeño apretón en una de las manos con la que sostenía, a su vez, una de las manos de Snape. Sonrió y sin saber por qué exactamente, sintió deseos de echarse a llorar y así lo hizo, derramando lágrimas que en gotas, caían sobre el rostro del hombre en la cama.

Cuyos párpados vibraron suavemente, por fin, abriendo los ojos sólo un poco y lo suficiente para notar que una figura un poco borrosa, derramaba lágrimas sobre su rostro y que le obligaban a parpadear cuando caían muy cerca de sus ojos y nariz.

Y con fuerzas que Hermione no supo de dónde podía haber sacado, una de sus manos se alzó, temblorosa, como intentando descubrir el motivo. Como intentando disipar las molestas gotas que continuaban cayendo sobre su rostro y acariciando a su vez, la cara de la chica. Sus mejillas. Como un ciego, palpando las formas e intentando descubrir la fuente del problema.

Sintió sus dedos palpar la mejilla que tenía más cerca, su nariz y el puente, hasta llegar a sus ojos y descubrir la razón de la humedad. Se sentía muy familiar, si apenas y podía decir de qué se trataba.

Y Hermione ni se atrevió a moverse. Se quedó quieta mientras sus dedos hacían una pequeña exploración. Apenas y recordaba el feo moretón que tenía en una de sus muñecas, tras lo que había sucedido aquella noche. Sus dedos ahora eran tan delicados, que resultaba un poco hipnotizante.

- Lo siento. – dijo en voz baja y con la intención de disculparse por haber estado llorando y seguramente, bañarlo con sus lágrimas. Que ella recordara, él odiaba ese tipo de actitudes melodramáticas y fuera de su personaje. ¿Pero cómo no llorar? Se sentía tan cansada, física y mentalmente. No le parecía justo lo que le había pasado en la vida y algo tenía que hacer para cambiarlo.

Pero el profesor no retiró su mano, a pesar del rostro de sorpresa de Pixie y de Hermione. Estaba segura de que ni sabía lo que hacía, pero era agradable permanecer así. Sin peleas, sin insultos.

Le dio la vaga impresión de que con su pulgar, intentaba detener las lágrimas, secándolas. No tenía ni idea del motivo, quizá quería evitar que siguieran cayendo sobre su rostro o se estaba imaginando que se trataba de alguien más. Tal vez de Lily Evans Potter, pero no podía negar que se sentía realmente bien y como bálsamo para su lastimado corazón.

De pronto ese sentimiento triste que tenía por él, sólo consiguió aumentar y tuvo que luchar en verdad contra las lágrimas y ser fuerte. Tenía que serlo, por ambos, ahora que el profesor la necesitaba y no podía ser quien usualmente era.

Le pidiera ayuda o no. Lo aceptara o no.

- Descanse. Sólo descanse…

Y como si sus palabras hubiesen tenido un mágico efecto, sintió sus dedos descender por su rostro, apenas y rozar sus labios, hasta caer suavemente junto a la otra mano y entrar en un estado de relajación, con los ojos cerrados y una pausada respiración.

El profesor dormía y sin saber exactamente el por qué, sintió que finalmente estaba fuera de peligro y que podía descansar. Se inclinó para levantar la silla y echarse en ella, como peso muerto, dando un largo y profundo suspiro.

No quería dormirse, pero su cuerpo se lo pedía a gritos y estaba segura de que si bebía otra gota de café, iba a terminar vomitando. Sentía el estómago revuelto y comenzaba a odiar beberlo, pensando que quizá el sándwich no había sido una buena idea para ese momento. Dejó caer su cabeza hacia atrás en la silla y cerró los ojos de inmediato, apenas y dándose cuenta de que Pixie había utilizado su magia para transfigurarla en algo mucho más cómodo y acolchado, mientras había permanecido en silencio durante todo ese tiempo en el que el profesor había acariciado su rostro.

Quizá había sido un truco sucio, pero estaba segura de que eran el uno para el otro y de que tarde o temprano, ambos se darían cuenta de ello. Sólo esperaba que su amo sobreviviera lo suficiente.

A última instancia se encargó de cobijar a Hermione con una frazada y de asegurarse que su amo estuviera dormido y de que todavía respirara, para sentarse en un rincón, con los ojos bien abiertos y sobre los dos, mientras descansaban.

N/A: ¿Y ustedes qué creen que pase? ¿Severus en verdad soñará con Lily o tal vez, inconscientemente intenta consolar a Hermione?