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«¡Maldita!» exclamó Dim, entrando en la estancia «Sé que le has mirado el culo a mi chica»
Regina, sorprendida ante la entrada de la muchacha y por las palabras que había pronunciado, dijo
«¿Cómo?»
«Emma me ha contado de cuando aún no estabais juntas y por unos treinta segundos te quedaste mirando el fantástico culo de Ruby, poniendo celosa a tu rubia» repitió Danielle, satisfecha con aquel descubrimiento
«Primero, modera tu lenguaje, muchachita» dijo la madre «Y además era un periodo difícil…»
«De abstinencia, quieres decir» rio Dani
«¡Danielle Dim Swan Mills, sal rápido de aquí, antes de que te saque yo con una bola de fuego!» replicó Regina, y parecía seria con respecto al tema.
«Ok, no se diga más» murmuró Dim, saliendo, pero se dio la vuelta y le sonrió, diciéndole «De todas maneras estás bellísima, mamá»
La morena le devolvió la sonrisa, y mientras la hija salía del probador, siguió mirándose en el espejo, comprobando si ese vestido era lo bastante adecuado y elegante para su boda. El único problema era que ya se había probado diez antes de ese, pero eso solo era un minúsculo detalle, ¿no?
«Estoy tan contenta de que me hayas pedido que sea tu testigo» exclamó Ruby, aplaudiendo con felicidad «¿Y tu madre cómo ha reaccionado cuando se lo has pedido?»
«¿Según tú?» dijo Emma, colocándose el vestido blanco que la muchacha le había pasado.
«¿Se ha echado a llorar y te ha dado una larrrgo discurso de lo mucho que te quiere y de lo mucho que siente no haber formado parte de tu vida en tus primeros 28 años?» presupuso la camarera, contando con la sensibilidad y lo previsible que era Mary Margaret.
«Exactamente» respondió la rubia, antes de exhalar «Maldición, este vestido es incómodo»
«Es una traje de novia, Ems. No debe ser cómodo» le explicó pacientemente Roja, entrando en el probador para verla «Oh, venga, ¿no te gusta? Creo que es fantástico, es tan…blanco»
«No me digas que también tú te lo estás pensando, mira que mi hijastra apenas tiene dieciséis años» bromeó Emma, recibiendo un empujón de la muchacha lobo, divertida.
«En realidad, por lo que sabemos, podría ya tener diecisiete, porque es la única persona del mundo que no sabe cuándo es su cumpleaños»
Ante aquella información, Emma, que se estaba quitando el vestido, le dirigió una mirada melancólica. Y la pelirroja sabía qué quería decir: Emma estaba recordando los peores tiempos de su vida, en los que a nadie le importaba cuándo era su cumpleaños, y estaba sufriendo porque Dim había estado tan sola, sin nadie que se lo recordase.
«No importa, Ems. Elegiremos un día cualquiera y lo bautizaremos como su cumpleaños. Este sábado, por ejemplo…Sería bonito celebrarlo, como hicimos con Henry» propuso Ruby, de repente entusiasmada ante la idea de hacer feliz a su novia.
«Creo que estará bien» fue la respuesta de Emma
Mientras la sheriff se probaba otro vestido-que parecía que le iba mejor y era también bastante sencillo como para gustarle-Caperucita Roja dijo
«Pero si eres la madrastra de mi novia, ¿es como si fueras mi suegra?»
«Ruby Caperucita Roja Lucas, sal inmediatamente de este probador» dijo Emma, imitando el tono de voz y la postura de la futura mujer, lo que puso en fuga velozmente a la muchacha «Regina tiene razón, poner un nombre da más miedo…»
«Campa, eres mi mejor amiga» dijo Regina «Así que me parece justo pedirte una cosa, una cosa muy importante y que solo pediría a alguien por quien siento verdadero afecto»
Tink asintió, sonriente, y Regina continuó, preguntándole
«¿Te apetece escaparte conmigo a alguna ciudad desconocida para huir de este inminente matrimonio?»
El hada parpadeó, con evidente confusión, y solo dijo
«¿Te…has vuelto completamente loca, Regina?»
«Uff, solo estaba bromeando» sonrió la ex soberana «En realidad, lo que quería preguntarte era si querías ser mi testigo, pero si no quieres…»
«¡Oh, Dios mío, claro que quiero!» exclamó Tink, lanzándose sobre ella sin dejarla terminar «Es fantástico, Regina, no podría estar más contenta, y…bueno, ¡gracias, gracias de corazón!»
«Soy yo la que debo darte las gracias» rebatió Regina «¿Crees que no sé que es mérito tuyo y de Henry que esta historia comenzase? Fuisteis los primeros en creer en nuestro amor, incluso cuando ni Emma ni yo lo comprendíamos. Pedirte que seas mi testigo es lo mínimo que puedo hacer para pagar mi deuda y para hacerte comprender que…que te quiero mucho, eso»
Regina, turbada, se vio abrazada una vez más por una Tink sobre exaltada y eufórica, casi en lágrimas. La morena decidió mandar al cuerno su orgullo y abrazó a la amiga, aunque tampoco lo alargó mucho-en el fondo seguía siendo Regina Mills.
«Ahora tengo que irme, pero nos vemos mañana para adelantar los preparativos, y deberás ayudarme» dijo la Alcaldesa, dejando un leve beso en la mejilla de la rubia y saliendo del local, dirigiéndose a casa de los Charming.
Era un suplicio hacerlo, pero había pensado mucho en ello y le parecía la decisión más justa, si no la más obvia, porque tampoco tenía tantos amigos para elegir. A ella y a Emma les hubiera gustado tener a Dim y a Henry, sus hijos, como testigos, pero eran menores de edad, y como tales, no podían hacerlo; en compensación, Henry llevaría las alianzas y Danielle sería la dama de honor. Así todos estarían felices.
Tocó a la puerta y, después de unos segundos de espera, Mary Margaret la abrió con el pequeño Neal en brazos y una sonrisa exagerada en el rostro.
«¡Hola, Regina! ¿Qué haces aquí?» dijo, acunando al pequeño
Regina, dando un beso en la frente del pequeño y evitando drásticamente saludarla a ella, simplemente respondió
«Tengo que conseguir a mi testigo»
«Oh» dijo Snow, sorprendida, pero después dijo con expresión desolada «Lo siento, Regina, pero yo ya soy la testigo de Emma, y, por mucho que me gustara, no puedo decir que no a ese compromiso. En fin, Emma es mi hija y…»
«Deja de parlotear, no hablaba de ti» la interrumpió Regina, para después dirigir la mirada al hombre que acababa de bajar las escaleras del apartamento «…sino de tu marido»
«¿Hablabais de mí?» preguntó Charming, abrazando a su nuera
Atónita, Blancanieves observó a Regina dejarse abrazar por los fuertes brazos del Príncipe, para después verla aclararse la voz, incomoda. Miró al hombre a los ojos y apoyando una mano en su brazo dijo.
«En estos meses has estado…cerca de mí. Digamos que, si quisiese ser sentimental, te definiría casi como un amigo. Así que, me preguntaba si…»
«Ni siquiera hay necesidad de pedirlo» respondió David, sin dejarla terminar la pregunta «También para mí eres una amiga, Regina. Quizás mi mejor amiga»
«Ok, no exageremos ahora» replicó la morena, haciendo sonreír al ayudante de la sheriff. «Bien, fantástico. Gracias y…tu hija me ha dado un mensaje para ti»
Snow, interpelada por Regina, que la estaba mirando con expresión perpleja, volvió a poner los pies en la Tierra, después del trastorno que había sentido al asistir a aquella, más o menos amigable, conversación entre el marido y la madrastra.
«Sí, no he comprendido de qué hablaba, pero me dijo que ella había ganado la apuesta» continuó la morena
«¿Cómo?» soltó la ex Princesa «¿Le has mirado el culo a Ruby?»
Regina, asombrada, preguntó a su vez
«¿Era de eso sobre lo que apostabais? ¿En serio, Snow?»
«Bueno, cuando Emma nos lo dijo, no lograba creerlo así que aposté con Dim, segura de que habría ganado. Pero, joder, Regina, eres una pervertida»
Entonces, la Alcaldesa de Storybrooke, con una sonrisa maliciosa y maléfica, se acercó bastante a Snow y susurró en su oído una frase que solo ella escuchó, después saludó a Charming con la mano y salió de la casa, dejando a una perpleja Mary Margaret y a un confuso David.
«Coge a Neal en brazos, creo que podría desmayarme» fueron las últimas palabras de la mujer, antes de darle al niño e ir a echarse a la cama, y quedarse mirando el techo con mirada vacía «No logro creer que mi niña haga ese tipo de cosas»
El marido, a su vez, respondió con indiferencia
«Bueno, no sé qué te ha dicho Regina…Pero yo lo creo. Una vez las encontré besándose sobre la mesa de la comisaria-y menos mal que estaban vestidas-, Emma había esposado las muñecas de Regina con las esposas» Al ver que su mujer se había llevado las manos a las orejas para no escuchar, soltó «Venga, al final lo importante es que se aman»
«Ya no puedo probarme más vestidos. ¿Crees que podría casarme en ropa interior blanca?» preguntó Regina, proponiendo por broma aquella idea absurda que nunca habría apoyado, ni bajo tortura.
«A mí no me disgustaría» susurró Emma en su oído, subiéndose a horcajadas sobre ella y sonreír maliciosamente «Entonces sí que sería un hermosa boda»
«¿De verdad quieres sexo? ¿Ahora?» preguntó la morena, sorprendida, intuyendo las intenciones de la novia «Pero, ¿no estás cansada?»
«Nunca estoy demasiado cansada para el sexo. Especialmente si el sexo es contigo»
Ante aquella respuesta, la Alcaldesa empujó a Emma hacia el otro lado del lecho matrimonial e intercambió las posiciones, subiéndose encima de ella y diciendo burlonamente
«Perdón, ¿estás diciendo que tienes sexo con otras personas o que te quedaste dormida mientras tenías sexo con aquel simio volador con el que estabas a punto de casarte?»
«¡Oh, venga, ni siquiera recordaba quién era!» exclamó Emma, en su defensa, subiendo sus manos por los muslos y sus nalgas «Y ciertamente no me habría casado con aquel idiota si hubiese recordado tu gran…»
«¡Emma!» exclamó Regina, riendo, pero intentando reprenderla
«Iba a decir tu gran amor por mí» dijo la rubia, con tono inocente, incorporándose y sentándose, aún con la morena en su regazo «Y además la frase sería verdad si hubiese dicho tu gran y hermosísimo culo»
Regina sacudió la cabeza, y comenzó a besar repetidamente la mejilla de Emma, hasta llegar a su mandíbula y cuello, recorriéndolo a lo largo con su lengua. Emma suspiró, feliz, y sonrió, mientras su mano se hundía en los cabellos de su futura esposa, que se daba prisa en desnudarla sin prestar atención a lo que le quitaba de encima.
«¿Sabes que te amo?» dijo de repente, gimiendo por culpa del leve mordisco que Regina le había dado al pezón.
«Si no lo supiera, no me casaría contigo» respondió ella, sonriente, disponiéndose a besar de nuevo sus labios, de los que, después de una frase como esa, no podría estar separada.
El traje de Regina acabó de mala manera sobre las prendas de Emma, que reposaban en el suelo, y los labios de la rubia se adueñaron del pecho de la mujer, que fue recorrido enteramente por su lengua, que después se concentró en los pezones erectos por las caricias. Los rozó, les dedicó ligeros toques, preparándolos para el ataque de sus dientes, que hicieron sobresaltarse a Regina. Después la boca de Emma envolvió completamente uno, succionándolo como si fuese lo más sabroso que existiese; y lo era, por lo menos para Emma, porque el sabor de la piel de Regina no tenía igual.
«¿Sabes que me existas cuando intentas tomar el control de la situación?» dijo Regina, sonriendo con malicia «Sin embargo, lo siento, amor, soy yo siempre la que mando»
Dicho esto, empujó sin delicadeza a la sheriff sobre la cama y comenzó a moverse sobre su pelvis, mientras Emma sentía cómo su corazón aumentaba sus latidos. Y a continuación, sencillamente, calmarse, después de que Regina le entregara el placer más grande.
Las dos mujeres permanecieron la una en los brazos de la otra durante largos minutos, acariciándose el cabello y besándose cada cierto tiempo. Llevaban abrazadas diez minutos, en silencio, cuando Emma hizo una pregunta, de repente, balbuceando
«¿R…Regina, sí, no es que, en fin, tú QUIERESTENERHIJOSDESPUESDELABODA?»
«¿Cómo, perdón?» preguntó la morena, perpleja del todo ante aquellas palabras dichas abruptamente y con confusión.
«Bueno, me preguntaba si querrías tener hijos después del matrimonio. Nunca hemos hablado y, dado que ya tenemos a Henry y a Dim…no sé qué querrías hacer tú» explicó la muchacha con más calma
«Oh»
Regina se quedó pensando en ello unos minutos, mientras el abrazo de Emma se hacía más débil, y también su esperanza de que diga que sí. Y, en el fono, habría debido esperarse tal resultado, dado que apenas había reencontrado a su hija después de dieciséis años-cuarenta y cuatro, si se contaban los años de la maldición. Era comprensible que no estuviese preparada para tener otros hijos, con el constante miedo de que alguien quiera hacerles daño.
«Yo…no lo sé, Emma. Sabes, con toda la historia de Danielle…» murmuró Regina, besándole la frente «Pero pensaré en ello»
Emma asintió, aunque, en su corazón, sabía que Regina sin embargo haría de todo para no pensar en aquella conversación y en aquella posibilidad. Ella la conocía mejor que nadie.
«No hagas nada…» dijo «De todas maneras, no es tan importante»
Sin embargo, cuando le dio la espalda a la mujer, sus ojos estaban llenos de lágrimas.
¿Una nueva desilusión para Emma? ¿Claudicará Regina?
