¡Holi! ;u; Parece que ésta vez no tardé tanto en actualizar, ¿verdad? Asdasdasda, así que bueno, ahora vengo como todos los sábados a dejarles un capítulo más, y dado que ya estoy de vacaciones luego de un cuatrimestre tortuoso, volveremos a la rutina semanal.

¡Agradezco infinitamente a las personas que han comentado! De verdad, su apoyo me llega mucho, gracias, gracias ;w;

Bueno, espero disfruten el capítulo dentro de lo que cabe, y disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.


—Tal parece que tenemos un fetiche con hacerlo en el bosque —mencionó Aomine jocoso y encantado al notar al ligera vergüenza que atacó al pelirrojo por su comentario mientras que el sol terminaba de ascender al cielo mañanero del ahora otoño.

—Sería incómodo hacerlo en la casa con el ágil oído que todos parecen tener —resopló Kagami, prefiriendo usar el plural para no mencionar nombres que podrían cambiar con el ambiente relajado entre ambos.

—Por mi no habría problema, así quedaría claro que gimes por mí y nadie más —expresó Aomine con una gran sonrisa.

—Idiota —Kagami le dio un codazo y se removió para intentar zafarse del abrazo en que estaba envuelto por los brazos del peliazul.

—Pero cuando pase la luna nueva, créeme que deberíamos seguir viniendo al bosque, porque no creo poder contenerme de transformarme mientras veo cómo te excitas por mí —aclaró Aomine como si fuera lo más normal del mundo—.Y en luna llena ni se diga, hasta podríamos partir media casa y…

— ¡Ya cállate de una vez, Ahomine! —exclamó Kagami, colorado hasta las orejas— ¡No es necesario que seas tan descriptivo, maldición! —puso ambas manos en la cara morena para empujarlo y así seguir intentando salir del abrazo.

Pero Daiki simplemente se empezó a reír de forma casi melodiosa.

—Es más sorprendente que no te niegues a hacerlo conmigo mientras estoy en mi verdadera forma —señaló como quien no quiere la cosa—, aunque por la forma en que te abres a mí, no creo que sea problema…

— ¡Ya está bien, joder! ¡Cá-lla-te! —quien sabe dónde sacó fuerza Kagami, que esta vez sí pudo terminar empujando al peliazul para liberarse del abrazo y rodar hasta la orilla del río, donde se sentó y mojó sus manos para pasarlas por su sonrojado rostro.

—Hey, eso duele. Debería acusarte por maltrato intrafamiliar —se quejó Aomine con desdén, nada afectado por el golpe que el pelirrojo le dio. Al contrario, tenía una gran sonrisa en el rostro.

—Pffft, sería maltrato animal —como el rostro de Kagami ya estaba normal, se giró para sonreírle con burla y cierta presunción.

—Muy gracioso, idiota —Aomine se situó al lado ajeno, estando completamente desnudo y de pie, con la cabeza del pelirrojo a un lado de su cadera, pues el humano seguía sentado.

Si Taiga no respondió al insulto, fue porque se quedó deslumbrado admirando la anatomía del moreno cuando alzó la vista y los rayos del astro rey lo bañaron y le hicieron parecer como una escultura de Grecia. Como un Adonis, aunque no con la frialdad característica de una estatua, porque Aomine irradiaba calor. Era perfecto, así que no podía evitar comérselo con la mirada.

— ¿Quieres más? —señaló Daiki, dándose la vuelta para quedar frente al rostro del pelirrojo ahora que lo estaba observando.

— ¿Por qué lo dices de ese modo tan arrogante, eh? —gruñó Kagami, alzando la mirada a los ojos azules del contrario.

—Oh, vamos, tú eres quien grita que soy perfecto a los cuatro vientos con esas miradas que me lanzas —puntualizó Aomine sonriendo ladino.

— ¡Claro que no! —se opuso Kagami, frunciendo el ceño e incorporándose nuevamente para picarle el pecho al otro— Qué tú seas un fanfarrón es otra cosa.

—Ah, pero cuando yo te veo así, no te quejas —Aomine alzó ambas cejas y le apretó los glúteos al chico.

Kagami se estremeció y se ruborizó un poco por ese gesto, pero lejos de actuar avergonzado, le regresó el gesto y sonrió con orgullo.

—Bueno, tú siempre me has visto así desde que te conocí, así que ya me acostumbre.

—Y el arrogante soy yo —Aomine puso los ojos en blanco, divertido.

Pero el pelirrojo simplemente le sonrió y como le tenía sujeto de los glúteos, lo atrajo para que ambas pelvis se frotaran con descaro.

—Qué bueno que tengo energía de sobra.

—Y eso que es luna nueva.

Aomine se inclinó para besar el cuello del pelirrojo con lentitud.

—En fin, volvamos al punto de anoche, donde hacíamos el amor.

Kagami ladeo el rostro para darle espacio al moreno, pero segundos después, le sujetó del rostro para verlo con sus ojos brillando con fuerza.

—No podría estar más de acuerdo.

Y se besaron.


El cielo nocturno no estaba completamente oscuro gracias a las estrellas, que aunque no compensaran la ausencia de la luna, evitaban que la oscuridad bañara el firmamento.
Además, esos pequeños y solitarios astros seguían resultando hermosos, justo como lo eran los vampiros y por eso mismo, Himuro se encontraba contemplándolas mientras estaba en su habitación que muchas noches atrás también había sido de Kagami.
Y tenía en mente el claro desafió que estaba creciendo entre él y Aomine desde que llegó, no solo su intuición se lo decía, también podía notarlo cuando este último lo miraba en algún momento y no podía culparlo tampoco, porque no es fuera adrede el caer enamorado de Taiga, porque este tenía muchas cualidades que más de uno había visto antes, pero que no llegó a pasar nada porque la unión que Tatsuya tenía con el pelirrojo era más grande y los pretendientes que el humano llegó a tener, se esfumaban.

Himuro también estaba celoso, ¡por Dios! Cómo no estarlo. Había estado retardando más el momento en que diría lo que tenía que decir por la simple seguridad emocional de Kagami y además, dependía de como estuviera él ante el cambio de su relación.
Y la verdad, ver el modo en que el pelirrojo podía actuar como si nada, después de todo lo que había pasado entre ellos en la cama, de cómo actuaban como algo más, le dolió todavía más que el ser torturado con el sol. No se había imaginado que para Taiga, dejar atrás esas cosas fuera tan fácil.
Sin embargo, tampoco lo culpaba realmente, porque seguramente, si no estuviera enamorado de él, no estuviera sintiéndose así. Y era obvio que su hermano no le correspondía.

Había hablado con Alex hace unos días, fue sincero con ella en lo que sentía con la confusión, pero al momento en que su decisión pintaba por ser tomada, sinceramente era que no quería llevarla a cabo sin antes intentar algo más. Incluso aunque tal vez supiera la respuesta, pero una persona enamorada conservaba la esperanza a pesar de que Tatsuya era alguien muy realista y no esperaba que su vida fuera justa.

No hizo falta hacer nada más para saber que Kagami estaba por llegar a casa, pues en el mismo aire, el vampiro pudo sentir su olor acercarse, acompañado de aquel licántropo. Pero aun así, Himuro corrió el tramo desde su habitación hasta el porche de la casa en lo que sería casi un minuto, siendo así quien recibió a su hermano y al novio de este.

— ¡Tatsuya! —saludó Kagami con una gran sonrisa y ante eso, el moreno licántropo sujetó con más fuerza aquel agarre de manos que compartían, mostrándose relajado, como si no pasara nada.

—Hola, Taiga, qué bueno que llegas —contestó Himuro con una corta sonrisa, importándole poco el gesto posesivo del lycan, porque pese a eso, se acercó mucho al pelirrojo.

Aomine le miró nada más, sin alterar su expresión, pero hirviendo por dentro.

—Pensé que volverías a salir como hace unos días —comentó Kagami, todavía sonriente.

—No, nada de eso —Himuro negó y tocó ligeramente el anillo del otro muchacho—. Estaba esperándote para los juegos que siempre tenemos cada martes, ¿recuerdas?

Esta vez, el lycan frunció el ceño ligeramente ante un rápido vistazo que le dio el vampiro.

— ¡Oh, sí, es verdad! Pero, Tatsuya, ¿qué eso no era solo antes de…?

—Pero ahora mismo lo necesitamos, Taiga.

Fue así como el pelirrojo entendió al fin la indirecta en las palabras de su hermano vampiro; Himuro quería hablar con él. Y de hecho, era algo que debían hacer desde que este volvió, pero tal parecía que ninguno quería abordar ese tema con más oyentes en la casa. A veces era algo incómodo que todos ahí tuvieran un oído tan agudo.
Porque aunque Kagami hiciera como si nada pasaba, la verdad es que sí, el cambio que estaba teniendo en su relación con el pelinegro, lo tenía con un sentimiento raro en el pecho. Cosa que no había expresado abiertamente ni con el peliazul, no porque no le tuviera confianza, sino porque incluso así, Aomine lo presentía. Y aunque odiara admitirlo, sabía bien que el chico necesitaba que aclararan las cosas como lo había hecho con él en el bosque el día de ayer, del mismo modo que sabía el motivo del porque no lo hicieron antes.
Sabía también que no se trataba de algo como si hubiesen sido una pareja, pero habían compartido la cama muchas veces pese a decirse "hermano"—para Daiki eso seguía siendo incomprensible, pero ya llegaría el momento en que de verdad supiera todo y no es como si creyera que Taiga no quisiera decírselo, porque sabía bien que las palabras que este le dijo eran la verdad. Sin embargo, estaba seguro que incluso aunque ellos no conocieran lo que sea que tuvieron o tenían, en algún momento, les quedaría claro y también eso era algo para lo que debería estar preparado incluso él—, por lo que sería necesaria un conversación.

—Aomine, yo… —Kagami se giró para ver al moreno.

—Hah, muy bien. Estaré en el perímetro del bosque —Aomine soltó de la mano al pelirrojo con renuencia y antes de irse, miró esta vez directamente al vampiro pelinegro y se acercó lo suficiente para susurrarle solo con un movimiento de labios para que el humano no escuchara: —Sí le haces daño, no dudaré en matarte.

Pero la única respuesta de Himuro fue una sonrisa fría, para luego ver como el lycan se alejaba, dándoles la espalda.

— ¿Vamos dentro de la casa, Tatsuya?

—Sí, Alex salió al medio día, dijo que iría a hacer algo.

Kagami suspiró.

—Bien, vamos dentro entonces.

De modo que ambos chicos entraron a la casa, como si nada, hablando temas banales que evitaba tocar el verdadero tema del asunto. Por alguna razón, Taiga se sentía ligeramente nervioso, así como un vacío en el estómago que no sabía cómo interpretar, mientras que Tatsuya se mostraba tan inexpresivo como solía hacer para evitar que sus emociones salieran.
Aunque ninguno de los dos podía engañarse realmente. No tenían la misma conexión que el pelirrojo con el lycan, pero los dos se conocían.
Al momento en que pasaron por el pasillo donde estaba un gran reloj que marcaba las ocho de la noche, siguieron por las escaleras que descendían hacía una de las tantas habitaciones subterráneas de la casa, que en este caso, era un gimnasio. Y estaba bastante abajo, como para que si por casualidad Aomine o Alex entraran a la casa llegaran a escucharlos, además de que estaba cerca del laboratorio de la vampira, mismo que tenía magia especial para que nadie escuchara nada de ahí y esta misma tocaba un poco al gimnasio. Pero no siempre, solo cuando Alex no estaba es que la magia se volvía más intensa.

Sin embargo, el chico y el vampiro estarían locos si creyeron que de verdad Aomine se mantendría lejos. Porque cuando este dejó de escuchar el corazón del pelirrojo desde la distancia de donde estaba, se movió con el más sigilo que pudo para treparse a la terraza de aquella casa, pendiente no de la conversación, sino de quién salía primero.
Y si Himuro no logró percatarse de eso, fue porque los latidos de Kagami lo distrajeron lo suficiente, además de ese apetitoso olor sanguíneo.

El pelirrojo suspiró. No sabía que decir realmente, pero sentía que debía ser él el primero en hablar.

—Tatsuya, yo…

—Voy a irme, Taiga —lo interrumpió Himuro.


Alex sabía que corría cierto riesgo por estar en ese lugar ahora, pero con todos esos presentimientos que había estado teniendo, no podía quedarse tranquila. Quizá no sería nada y simple pánico…, pero la experiencia le hacía sentir que debía comprobarlo al menos.
Y que mejor lugar para eso, que en La Cueva de Los Amantes Secretos. Porque como su creadora, incluso aunque ella no estuviera ahí con un amante licántropo o vampiro, podía entrar y sabía que nadie más lo haría, por todo lo que se decía de esta.
Mismo lugar que aunque se creyera que era parte del mundo de La Noche, la verdad era otra dimensión, la cueva nada más funcionaba como el portal que llevaría a aquellos que de verdad estaban enamorados a un mundo para ellos solos. Y sin importar si eran de mismas razas o no, del mismo sexo o diferente. Solo bastaba con que se amaran, fuera prohíbo o no, pese al nombre que tenía.

Del porque El Hada estaba dentro de aquella cueva, era porque las visiones de su hermana Shiro, le hacían sentir, que esta quería decirle algo. Y sabía que tenían un método para eso, pero dada las distancias del mundo humano y La Nada—además de lo mucho que costaba escapar de esta última—, aquel mensaje podría tardar en llegar hasta un mes. Así que la única dimensión más cercana a La Nada, era esa creada solo para el amor y sobre todo, porque Alex podía usar su magia ahí para atraer el mensaje.
Así que por eso, nadó hasta el centro de aquel lago de ese mundo y se hundió completo, erguida y con los brazos despegados de sus costados, como si fueran alas semi alzadas y cerró los ojos, dejando de respirar y comenzando a generar magia de atracción que hizo que de sus manos destellaran brillos de muchos colores.
El proceso podía tardar un día entero o un poco más, porque debía ser cuidadosa y paciente, a pesar de que se sintiera algo exaltada, porque sí de verdad Shiro quería decirle algo, era porque la seguridad de Kagami corría riesgo.


Kagami había sentido como le estrujaron el corazón con violencia ante las palabras que el vampiro había dicho y más que la frase en sí, el modo tan tranquilo en que lo dijo.

—Tatsuya… tú…, no puedes estar hablando en serio.

— ¿Te parece que estoy mintiendo, Taiga?

La expresión del pelirojo se descompuso por completo, él más que nadie sabía bien que el pelinegro no estaba mintiendo en lo más mínimo y por eso es que el dolor se alojó en su corazón, ahogándolo lentamente.

—Pero…, yo… ¡¿por qué estás diciendo eso?! ¡No puedes irte! —exclamó Kagami, mostrándose más que molesto, consternado. Le llenaba de tristeza esas palabras.

Himuro suspiró y le miró. Por supuesto que ver la expresión dolida de su hermano le hizo sentir mal, pero eran cosas que debía decir y no se detendría.

—Es por tú propio bien que debo mantenerme lejos de ti ahora, Taiga. Las cosas entre nosotros han cambiado y…

— ¡¿Qué te hace pensar que yo estaría bien si tú te vas?! —interrumpió Kagami, sin poder contener su voz.

Tanto así, que pese a la magia que llegara a tocar el gimnasio, no fue impedimento para que Aomine, recostado en la terraza de esa casa, escuchara la voz del pelirrojo y su oído se agudara todavía más.

—Taiga, nuestra relación no será la misma ahora que tú has encontrado a Aomine-kun —expresó Himuro, alzando al diestra para acariciar la mejilla del otro.

— ¡Pero eso no es motivo para que tú decidas irte así como así, Tatsuya! —inquirió Kagami nuevamente, sintiendo como su pulso aceleraba con la sola idea de que su hermano se fuera.

—Claro que sí, no podemos seguir de la misma forma que antes, lo sabes bien —esta vez, la diestra de Himuro sujetó con fuerza el anillo con rubíes incrustados, propiedad del pelirrojo.

— ¡Es que eso lo sé! —Kagami le sujetó de la muñeca— Pero, ¿qué tiene de malo eso? Quizá nuestra relación no tiene definición, mas sé que puede seguir aunque tenga cambios. Sé que podemos seguir siendo hermanos…

— ¡¿Pero te has detenido a pensar que pasaría sí a mí no me basta con ser solo tú hermano?! —la voz de Himuro se alzó un poco, pero por el suave fruncimiento del ceño y su mirada, su exclamación sin tanta alteración quedó clara.

— ¡…! —Kagami se quedó en silencio, en shock ante esas palabras— T-Tatsuya…

El pelinegro frunció los labios y desvió la mirada, soltándose del agarre del pelirrojo.

—Tal vez para ti nuestra relación como hermanos en sí no este definida, ¿pero no has pensado que eso se debe a que tú y yo podemos ser algo más? —objetó Himuro, volviendo a mirarle— Hemos compartido la cama muchas veces, nos hemos besado, acariciado y hecho el amor de tantas formas… —mientras decía eso, nuevamente su tacto regresó al rostro del mundano y se acercó aún más a este, que incluso sus respiraciones chocaban— Que ahora el término "hermanos" no ajusta a nuestras acciones.

De pronto, Kagami se sintió afligido mientras correspondía a su mirada y no podía apartarse del contacto ajeno e incluso le sujetó de la mano.

—Pero siempre dijimos que como hermanos estábamos mejor, Tatsuya. Además, yo no… —no obstante, no pudo completar la frase y frunció los labios.

— ¿Tú no qué? —Himuro sonrió con amargura— ¿Tú no sientes lo mismo que yo, Taiga? —pese a sus palabras, todavía mantuvo el tacto con el ajeno.

—… Yo de verdad te quiero, Tatsuya —murmuró Kagami con la mirada fija en la ajena—. Te amo como un hermano, sé bien todo lo que tú y yo hicimos antes, las veces en que nos demostramos muchas cosas con el tacto, pero yo no siento… —tragó fuerte y continuó— lo mismo.

—Taiga…, no pretendo echarte la culpa de nada. Las veces que nos entregamos en la cama y otras cosas, yo mismo acepté esas acciones como algo inocente en nuestra relación compleja y no sé en qué momento mis sentimientos empezaron a modificarse —explicó Himuro pegando su frente con la ajena, al ponerse de puntitas y sujetar la nuca impropia.

—No quiero que te vayas, Tatsuya. No podría estar tranquilo si tú no estás a mi lado —susurró Kagami con un nudo en la garganta a la vez que sus manos sujetaron la cintura del vampiro. Quiso tragarse esas palabras, porque sabía que eso podía ser esperanza para el pelinegro, pero no podía quedarse callado.

—Estoy enamorado de ti, Taiga —confesó al fin Himuro, observándolo—. Te amo más que un hermano y sino me voy ahora, mi egoísmo me hará hacer que tengas que elegir a mí o él —admitió con dureza, casi rozando sus labios con los del humano.

Fue como si a Kagami le a travesara una espada en el pecho con esas palabras y no pudo negarse al contacto que el vampiro hacía con él. Quiso decirle que también sentía muchas cosas por él, porque en ese justo momento, se dio cuenta de que si Aomine no hubiera aparecido en su vida, sí Himuro se le hubiera confesado antes, sí hubiera correspondido a sus sentimientos.
No supo que pasó, pero el amor que todavía parecía crecer por aquel narcisista licántropo peliazul, había logrado eclipsar por completo los nuevos sentimientos que estaban empezando a florecer en su corazón hacía el pelinegro. Pero saberlo ahora, no tenía caso. Porque no importaba que esos sentimientos hubiesen florecido, se quedaron como las plantas que solo crecieron como botones de rosas en espera de abrirse al sol, mas no llegaron a destaparse realmente como muchas veces ocurría en los rosales de los jardines, sin embargo, estaban ahí. Eclipsados, pero era consciente de eso, lo era en el momento que los ojos grises del vampiro le observaron al confesarse, así de rápido y así de rápido había llegado a saber todo eso, como cuando pasa una estrella fugaz en el cielo.

—Tatsuya…, no puedes… —Kagami negó ligeramente y cerró los ojos unos segundos para volver a mirar a su hermano directamente a los ojos— Aunque lo hicieras, Tatsuya, perdóname, pero yo siempre elegiré a Aomine.

Esas palabras helaron la mente de Himuro y fue como si la tortura más gran del mundo cayera en su ser. Ah, era algo que ya sabía, era obvio, entonces, ¡¿por qué tenía que necesitar que Taiga se lo dejara en claro para aceptarlo?! Se había mentido a sí mismo pensando que estaba haciendo esto para manipularlo y hacer que la duda se sembrara en su corazón sobre sus verdaderos sentimientos. Y es que aunque consideró hacer eso, la verdad era que amaba demasiado al pelirrojo como para hacerle algo así de cruel y jugar con su mente, por eso es que sus verdaderas acciones cambiaron en el último minuto.
Hubiese sido mejor que se terminara yéndose sin decir nada…
Pero no, si hubiera hecho eso, las cosas fueran peor para él, como para Kagami y no sería justo para ninguno de los dos. Además, solo con esa sinceridad en las palabras del anterior mencionado, sería más fácil de aceptar, pero no por ello menos doloroso.

—Sí, yo lo sé, Taiga… —susurró Himuro, sonriendo sin alegría realmente mientras continuaban mirándose.

El vampiro se inclinó un poco y besó suavemente los labios ajenos como despedida, pensó que Kagami lo haría a un lado, pero en cambio, lo que recibió fue que este le sujetara de la cabeza para prolongar más ese inocente contacto, con fuerza. Los labios de ambos se entreabrieron un poco, para besarse tiernamente sin rastro de perversión o algo más.
Era extraño, porque incluso ante la confesión de amor por parte de Himuro, ese ósculo no tenía el aire que tendría una despedida de dos amantes.

Y las lágrimas fueron contenidas por ambos chicos cuando el beso se rompió, mirándose nada más, en silencio.

—Tatsuya, yo no… —intentó decir Kagami, quería hacer algo para que el pelinegro no se fuera, porque sentía que algo le faltaría si este se iba.

—Está bien, Taiga, quizá me vaya, pero siempre sabrás de mí, como yo de ti —dijo Himuro, dedicándole una sonrisa tranquila en ese semblante que parecía inexpresivo, pero que sus ojos denotaban la tristeza en un minúsculo brillo que desapareció antes de que al pelirrojo se le rompiera más el corazón.

Kagami no lo resistió más, el ver como Tatsuya se guardaba todos sus sentimientos así, le dolía más y entonces, lo abrazó con fuerza, haciendo que el vampiro dudara unos segundos nada más, pero al final, correspondió a la acción.

—Siempre estaré pendiente de ti, Taiga. Cuídate mucho —susurró Himuro en medio del abrazo y tras unos segundos más, usó su agilidad vampírica para soltarse de este y le dedicó una última sonrisa al pelirrojo.

Y corrió antes de que Kagami le dijera algo que le hiciera arrepentirse y entonces sí, lo haría elegir y no podría renunciar a él.

— ¡Tatsuya! —exclamó, quedándose sin aire y con un terrible ardor en la garganta cuando sus ojos dejaron de mirar la figura del vampiro— ¡Maldición!

El muchacho tambaleó por la rapidez en que todo sucedió y se reclinó en la pared como pudo, deslizándose en esta hasta sentarse y dio un puñetazo al piso como desahogo. Tan mal estaba, que no notó el hueco que dejó en este.
Sí, puede que sus sentimientos hubiesen quedado eclipsados, pero aun así, todo esto le dolía casi como si no lo estuvieran. Y no solo eso, no se trataba solo del amor en el ámbito romántico, ¡Tatsuya también era alguien con quién había estado toda su vida desde que creció, como hermanos y cualquiera que fuera su verdadero vínculo le hacía sentir que no lo quería lejos! ¡Quería alcanzarlo, llamarlo o hacer algo para detenerlo!
Pero también sabía que no podía hacerlo o se sentiría como un vil egoísta, pues ahora que sabía los verdaderos sentimientos de Himuro, no podía retenerlo siendo que no le correspondería.

Era increíble cómo es que fue jalado de la felicidad al dolor tan rápido.

Se negaba a llorar, no quería hacerlo, pero la tristeza estaba en todo su semblante y lo único que alcanzó a hacer fue taparse los ojos con una mano.

Y Himuro estaba peor, es más, seguramente para desahogarse un poco cazaría como nunca antes lo había hecho, es decir, no a humanos, sino a vampiros no para salvar a los anteriores, sino por simple sed, porque de verdad sentía el maldito infierno en su pecho con ese rechazo tan claro.
No estaba de humor para nada, pero aun así, cuando la presencia de Aomine estuvo frente a él, no lo golpeó, ni lo evitó.

—No sabes las ganas que tengo de matarte ahora mismo —expresó Aomine con el gesto serio—, porque sé que algo le hiciste a Kagami.

—Puedes intentarlo, créeme. Tal vez me estarías haciendo un favor al dejarte matar por mí —le respondió Himuro con frialdad y serio también.

—Como sí pudieras hacerlo…, aunque tal vez podría considerarlo, así te ganarías el odio de Kagami y no podrías vivir con eso —Aomine le sonrió con altanería.

En efecto, esas palabras le pegaron con la realidad al vampiro, quien frunció el ceño con fuerza.

—No te creas mucho, Aomine-kun, solo porque Taiga te ame, no signifique que no sienta nada por mí —Himuro logró regresar a su expresión neutral, enfrentándose con la mirada al lycan.

—Ja, aunque así fuera, Kagami me sigue y seguirá eligiendo a mí —Aomine ladeó ligeramente el rostro, con seguridad, acentuando su sonrisa.

Himuro le contempló, serio y en silencio, pero al final, una diminuta sonrisa apareció.

—Tú no comprendes la relación que hay entre Taiga y yo. Pero estoy seguro que cuando vayas a verlo y los ojos de él te miren, te darás cuenta lo que de verdad siente por mí, incluso aunque te haya elegido a ti, no podrás cambiar eso —una vez dicho eso, avanzó unos pasos más, pasando al lado del licántropo—. Después de todo, fue a mi quién le entregó su virginidad.

Esa fue la gota que derramó el vaso de la paciencia de Aomine, porque las cosas terminaron volteándose para él inesperadamente. Pero cuando quiso dar el primero golpe al vampiro, por lo menos para darle su merecido—sin matarlo, porque no era idiota y sabía lo importante que este era para Kagami—, Himuro ya no estaba.

—Estúpido chupasangre —despotricó Aomine y se pasó una mano por la cara, suspirando.

Miró hacía la entrada de la casa y sintió como algo lo llamaba dentro. Sabía lo que era; Kagami seguramente no estaba nada bien después de que el idiota del vampiro se fuera, así que no lo pensó más y entró.
En el momento en que estuvo pasando la sala y escuchó los latidos rápidos del corazón del pelirrojo, supo justamente donde estaba, así como en efecto, que no estaba nada bien. De modo que corrió haciendo gala de su velocidad como licántropo, pero cuando llegó al gimnasio, Kagami ya no estaba. No porque hubiera excavado algún agujero y huido o algo similar, sino tal parecía que había sido más rápido en moverse a otro lugar cuando el peliazul empezó a correr y no lo alcanzó.

Daiki suspiró. Cierto, el verdadero ser de Taiga siempre parecía despertar con emociones fuertes, así que esto no era sorpresa realmente.
No tuvo problemas y volvió a correr hasta llegar a la habitación que era la misma donde el peliazul estuvo la primera vez que llegó a esa casa. Y en silencio se acercó, mientras observaba como el pelirrojo miraba el cielo desde la ventana, reclinado en esta.

—Tenías razón —murmuró Kagami, cruzado de brazos.

—Suelo tenerla, ¿sobre qué tema en particular ahora? —dijo Aomine, como si nada. Sabía que debía comportarse normal en este momento, no es como si fuera a tratar al pelirrojo como una mujer llorona.

—Tatsuya, sobre él… —Kagami suspiró y giró el rostro para ver al lycan, sin decir nada más, porque sabía que este lo entendería.

Sin embargo, así como Aomine supo que tenía razón sobre le hecho de que Himuro estaba enamorado de su Kagami, cuando los ojos de este último hicieron contacto con los suyos, pudo ver a través de él, y que justo como había dicho aquel vampiro antes de irse, Kagami tuvo un punto en el que sus sentimientos apuntaron hacía Himuro.

Y que sí otro poco, Daiki se hubiera tardado en aceptar lo que sentía, Taiga ahora no sería de él.


Así cómo vieron, Kagami la tuvo fácil y probablemente, seguirá teniéndolo así… Pero no será un rato demasiado malo, al menos tratándose de Himuro. Personalmente, me dolió que mi Tatsuya terminara así ;u; Sin embargo, Taiga debía elegir.

Si Alex está en acción, significa que lo bueno está por venir…

Por favor, ¡me encantaría que me dejen sus comentarios! ¡Anímense!

Aquí el spoiler del próximo capítulo:

La suerte quizá estaba de lado de Momoi desde que aceptó hacer lo que Kuroko le pidió o quizá solo era su instinto, ese que había heredado de sus padres desde que nació y ahora ejercía y que la llevaron a ser la beta de de la manada cuando Aomine todavía vivía en La Noche, para luego ser la líder de esta cuando él fue desterrado.
Seguramente si Daiki estuviera ahí, no la hubiera dejado hacer lo que estaba haciendo en estos momentos y hasta hubiese ido él en su lugar.
Pensar en él, en sus padres y en su manada, le daba la fuerza necesaria a Satsuki para seguir el camino al que iba desde antes de ayer, además de que si encontraba lo que estaba buscando, podía salvar no solo a Aomine, sino también a Kise y podía hacer que ellos dos estuvieran al fin juntos.

[…]

—Porque mi obligación aquí es evitar que causen algún desastre que nos delate a los humanos. Todos los del submundo saben que debemos manternos ocultos, no porque les tengamos miedo, sino por prevención. Y es más fácil alimentarnos así —Aomine se encogió de hombros—. Aunque claro, hay algunos que se revelan y quieren crear un caos con sus neófitos; es ahí donde llego yo y los destruyo.

— ¿Por qué debes hacer eso tú? —Kagami frunció el ceño— Se supone que ya no vives allá y estando aquí, desterrado —usó esa definición, porque se había dado cuenta que al peliazul eso ya no le afectaba— la autoridad de la Unión esa no te llega, ¿qué obligación tienes tú?