Y aquí está el final. Se me hace raro darle final a esta historia, teniendo en cuenta que la empecé hace casi un año. Pero bueno, como dice mi padre siempre que me voy a un examen, todo se pasa. Y es verdad.
Aviso: planeo escribir dos historias (one-shots) sobre esta misma historia. Una, la que me siento más inclinada a escribir ahora mismo, es sobre Jeremy antes de La Caza. Y la segunda sobre Klaroline después de La Caza. No sé, ya veré cómo se desarrolla todo. Tengo mucho que escribir.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de la CW.
#PALABRAS: 4,856.
LA CAZA
EPÍLOGO
DESPUÉS
Hope Mikaelson se sentó a la mesa. Por primera vez, no había estado allí cuando Kai había llegado a la cafetería de su sueño en New Orleans. La chica, que había abandonado su apariencia de niña y ahora parecía una joven de unos veinte-veinticinco años, sonrió al ver el enfado del Cazador. Por supuesto, no había esperado tener que volver a verla después de que la gran lucha familiar de los Mikaelson terminara. Había estado muy equivocado; cuando a Hope le interesaba algo, no lo abandonaba hasta que se aburriera.
−Imagino que no esperabas verme de nuevo. ¿Es cierto?
−¿Se puede saber qué quieres de mí ahora? Todo ha terminado ya. Déjame en paz, que bastante tengo ya con lo que me dejaste.
La chica frunció el ceño. Veía algo en la mirada del Cazador, una tristeza que no había notado antes. Un vacío. Y sabía que era culpa suya. Era culpa suya que Kai hubiera perdido lo que más había apreciado jamás. Pero había tenido que hacerlo. E, incluso si no se hubiera sentido obligada a hacerlo, nunca se arrepentiría. Ella siempre hacía lo correcto, al fin y al cabo.
−Siento mucho que hayas acabado así, Malachai. Pero en realidad no fue mi culpa. Bueno, sí que lo fue. Pero tú te lo buscaste.
−¿En serio? ¿No tenías suficiente con tu propio poder? ¿En serio tenías que quitarme el mío?
Kai alzó una mano, y Hope vio la desesperación en su mirada. Y su mente volvió al día anterior, a la lucha en la que casi pierde su vida a manos de su propia familia.
Hayley gimió, y miró hacia abajo. La daga sobresalía de su pecho, y no le habría resultado nada difícil retirarla de su cuerpo. Si no se hubiera sentido instantáneamente paralizada, claro. Intentó estirar una de sus manos hasta la empuñadura de la daga, pero su cuerpo no parecía responderle. Pronto, la tríbrida sólo pudo concentrarse en el dolor. Cayó al suelo, sus piernas incapaz de sostener el peso de su propio cuerpo. A pocos metros de ella, Caroline sonreía.
Klaus la miró con el ceño fruncido. Quería matarlo. Aquel había sido el objetivo de la rubia. O, al menos, eso había pensado él. Pero no lo había hecho. En vez de eso, había lanzado la daga a Hayley, que esperando el asesinato de su antiguo prometido, había sido pillada totalmente desprevenida y no había podido esquivar el ataque. Tal vez aquel había sido desde el principio el objetivo de Caroline. Tal vez lo único que había querido la chica había sido distraer a Hayley haciéndola pensar que Klaus era su único objetivo, sólo para poder matarla después. Tal vez. Klaus no se lo preguntaría.
Sí que le preguntó otra cosa, sin embargo.
−¿Vas a seguir intentando matarme?
−¿Vas a seguir intentando controlarme? –contestó la chica en respuesta.
Se giró y se marchó del lugar, dejando a un muy confundido Klaus mirando el lugar en el que segundos antes había estado ella. Movió el brazo, comprobando que el dolor de su hombro y su sentimiento de inmovilidad se habían desvanecido. Para cuando se giró hacia su hermano pequeño, que había permanecido a su lado tras haberlo ayudado a alejarse de la lucha, Kol ya se había marchado. El híbrido supo que se había marchado en busca de Caroline. No hizo nada por detenerlo. Ya no le importaba lo que hubiera entre Caroline y su hermano pequeño.
En cambio, se giró hacia su hija, que lo miraba fijamente. Rebekah y Elijah estaban en el suelo, con heridas no lo suficientemente graves como para resultar mortales pero sí lo suficiente como para retrasarlos durante varios minutos.
Hope sonrió, y corrió hasta su padre. Lo abrazó, y Klaus se quedó quieto. Hasta cierto punto, se alegraba de volver a ver a su niña, a la persona a la que habría querido cuidar desde su nacimiento. Pero, por otro lado, sabía que Hope no estaba bien. Llevaba mucho tiempo obsesionada con protegerlo. Y Klaus sabía mejor que nadie que una vida tan larga como la de Hope sólo llevaba a la locura.
−Menos mal que estás bien, papá. Sé que piensas que estoy totalmente loca, pero en realidad sólo he querido ayudarte durante todo este tiempo.
−No lo entiendo.
−¿Qué no entiendes? ¿Qué me preocupara por ti? Eres mi padre. Llevo cuidando de ti siglos.
Klaus no dijo nada más. A sus espaldas, Damon indicaba a Elena, Bonnie y Kai que se marcharan tras él. Aquel era el mejor momento para la huida; nadie estaría pendiente de ellos. Sin embargo, Kai se detuvo antes de marcharse del lugar. Sintió que el control de Hope sobre él volvía a desaparecer igual que había hecho antes. El Cazador sonrió, y preparó un hechizo.
Klaus apenas tuvo tiempo de apartarlos a él y a su hija antes de que el hechizo los lanzara varios metros atrás. Padre e hija cayeron al suelo, pero se levantaron casi instantáneamente, de nuevo alerta ante un posible ataque.
Kai siguió atacando. Preparó un hechizo tras otro, y siguió lanzándolos hasta que sintió que perdería todo su poder mágico. Hope, sorprendentemente, no logró volver a tomar control sobre su mente. Desistió de aquello, y pasó al contraataque. Sabía que su poder era mucho mayor que el del Cazador, y sin embargo, minutos después, ambos seguían lanzándose hechizos, sin intervención alguna por parte de Klaus. Bonnie, Damon y Elena, que se habían quedado un poco apartados, tampoco habían querido intervenir. Tampoco les hacía falta. Movido por una fuerza que sólo podía salir de haber pasado mucho tiempo bajo su control, el poder de Kai en aquellos momentos se equiparaba al de la niña.
Bonnie, a pesar de lo cómodo que parecía Kai mientras luchaba, estaba preparada. Tenía la daga en la mano, la misma que había matado a Hayley. Y estaba dispuesta a lanzarla. Con su puntería, dudaba que su tiro fallara. E, incluso si lo hacía, sabía que Damon estaría preparado para atacar.
Finalmente, Rebekah decidió volverse en contra de su sobrina también. Hasta el momento había estado recuperándose de sus heridas, pero su hermano había visto desde el primer momento que quería atacar. A ella no le servían las promesas de Hope de amor infinito hacia su padre. Hope estaba loca, y si nadie más se lanzaba a hacerlo, Rebekah sería la encargada de detenerla.
La niña se percató de que estaba perdiendo terreno. Durante la batalla, había usado gran parte de su poder, e incluso si se sabía mucho más poderosa que todos los demás en aquel claro exceptuando a su padre, también era consciente de que no podía simplemente matarlos a todos. Aquella no era la mejor manera de lograr la confianza de su padre.
Así que decidió que lo mejor sería dar una buena lección a Malachai.
Apartó a Rebekah de un solo golpe, y luego agarró la cabeza del Cazador con ambas manos. Cerró los ojos y se concentró. Kai empezó a gritar.
Bonnie atacó. La daga se clavó en el hombro de Hope, que ni se inmutó. La Cazadora se acercó rápidamente, pero Klaus la cogió de la cintura y logró alejarla de su hija. Bonnie intentó desasirse, pero no lo logró; la fuerza del híbrido era muy superior a la suya. Elena saltó hacia adelante, pero su novio se le adelantó. Para cuando el vampiro alcanzó a Hope, la niña ya había dejado ir a Kai.
El chico cayó al suelo. Se llevó una mano a la frente, y gimió. Supo rápidamente lo que Hope le había hecho. Miró hacia arriba, y vio que la niña le sonreía, totalmente feliz consigo misma. Kai frunció el ceño.
−¿Por qué? –preguntó el chico.
−Eso es lo que pasa cuando te enfrentas a mí, Malachai. Sólo estás sufriendo las consecuencias.
−Dime que esto es temporal –el chico parecía estar rogando. Hope siguió sonriendo, aunque en este caso no parecía tan feliz como simplemente satisfecha.
−Todavía no lo sé. Es la primera vez que pruebo a hacer este hechizo.
La niña se giró, y se volvió hacia su padre. Klaus había desaparecido. La niña emitió un quejido. Elijah ayudó a Rebekah a incorporarse, y ambos se marcharon, seguramente en pos de su hermano. Hope los siguió, dejando a Damon y a las Cazadoras solos en el claro.
Bonnie se acercó rápidamente a Kai, y se arrodilló frente a él. El chico tardó bastante en alzar la cabeza y mirarla a los ojos. La chica frunció el ceño. Kai parecía destrozado. Finalmente, el chico se dispuso a hablar.
−Me lo ha quitado todo, Bonnie –el chico suspiró antes de seguir hablando−. Ya no soy un Cazador.
−Bueno, tampoco exageres –Hope sonrió−. Tampoco es el fin del mundo sólo porque no puedas hacer unos cuantos hechizos.
−¿Para qué me has hecho venir aquí?
−Para decirte que tal vez pueda devolverte tus poderes algún día. Todavía no, por supuesto. Pero dentro de unos años creo que habré perfeccionado el hechizo lo suficiente como para poder deshacerlo.
−Eres una zorra. No piensas deshacerlo, sólo quieres humillarme una vez más.
−Adiós, Malachai.
El sueño se desvaneció.
Varios meses después
−¿Qué te parece este?
Caroline giró, y Jeremy ladeó la cabeza, observando el vestido. A decir verdad, se sentía incapaz de diferenciar vestidos después de que la rubia lo hubiera obligado a ver los que él suponía más de cien vestidos. Ni siquiera comprendía por qué estaba tan emocionada. Al fin y al cabo, sólo era un baile de graduación.
−Te queda muy bien. Como todos los demás. La verdad, no sé por qué me preguntas a mí. Llevo tres días con el mismo pantalón.
−No creas que no me he dado cuenta –Caroline lo fulminó con la mirada, y se quitó el vestido. Se vistió con la ropa que había llevado hacía tres horas, antes de decidir probarse todos los vestidos que vendían en la tienda en la que estaban−. Creo que ya sé qué regalarte por tu cumpleaños. Y también vamos a ir a la peluquería. Me niego a que lleves el pelo más largo que yo.
La chica se giró hacia el espejo y se acomodó sus recién cortados rizos. Sonrió, y salió del probador. Jeremy rodó los ojos. Por supuesto, le había tocado a él llevar todos los vestidos de vuelta afuera.
La dependienta los miró sospechosa. Claro, pensaba que eran pareja. Sin embargo, se distrajo rápido cuando Kol entró en la tienda. Lo miró con una sonrisa, y batió sus pestañas. El original ni se inmutó. Caroline tuvo que carraspear para que la mujer le prestara atención.
−Ya era hora –Kol se acercó a donde estaba Jeremy y le quitó varios vestidos de encima.
Incluso sin haber visto cómo cada uno de ellos le quedaba a la chica, él eligió los vestidos que le parecieron, y los puso sobre el mostrador. Eligió los más reveladores que encontró. Ni Caroline ni Jeremy parecieron sorprendidos. Cuando finalmente las manos de Jeremy estuvieron libres, Kol lo agarró de la camiseta, lo atrajo hacia él y lo besó. La rubia sonrió hacia la dependienta, que parecía realmente sorprendida.
Tras pagar, salieron de la tienda y se dirigieron al coche de Kol, un deportivo en el que apenas cabían las bolsas de todo lo que habían comprado. Kol era casi tan adicto a las compras estúpidas como Caroline, así que cuando volvieron a casa, llevaban, entre otras cosas, una consola, dos libros de turismo, una estantería y, curiosamente, zapatos de bebé.
Cuando llegaron al apartamento que habían compartido desde que Jeremy y Caroline se transformaron, dejaron todas las bolsas en el suelo, y se sentaron en los sofás. Cada uno tenía ya su lugar preferido; parecía increíble lo rápidamente que se habían acostumbrado a vivir juntos.
−¿Quién se encarga hoy de la cena? –preguntó Kol. Tenía los ojos cerrados.
−No me jodas, Mikaleson –contestó Caroline mientras que encendía la televisión.
Jeremy sonrió. Ninguno de los dos cambiaría jamás; les encantaba discutir, más de lo que les gustaba mantener conversaciones civilizadas. Y él adoraba escucharlos. Le hacía sentir que tenía amigos de verdad, una familia incluso.
Por muy rara que hubiera sido la forma en que se habían juntado…
Kol alcanzó a Caroline antes de que ella se acercara a Mystic Falls. La agarró del brazo y la obligó a girarse. La chica intentó desasirse, pero ya no contaba con el factor sorpresa, y Kol le sujetó ambos brazos y se los colocó a la espalda. La empujó contra un árbol y le habló al oído, como si esperara que su hermano los estuviera buscando.
−Te dije que esperaras. ¿Por qué has dejado que te mate?
−Estoy harta de dejarme llevar por los Mikaelson, Kol. Y eso te incluye a ti.
La chica volvió a forcejear, y esa vez el chico la soltó. La rubia lo fulminó con la mirada.
−¿Qué quieres?
−Salvarte, idiota. Mi hermano puede haberse alegrado de verte viva, pero te aseguro que Hope no va a quererte vida. Sobre todo después de que se dé cuenta de que has matado a su madre.
−Odia a su madre.
−Por ahora –Kol colocó una mano sobre el hombro de la chica, y la miró, comprensivo−. Nunca has tenido que lidiar con una persona loca, ¿verdad?
−Déjame en paz. Voy a marcharme mañana mismo, así que ya no tienes que preocuparte por la pobre e indefensa Caroline.
−¿Y no tengo que preocuparme porque pierdas el control? –Kol ladeó la cabeza, y su mirada se volvió mucho más real al momento.
Caroline bajó la cabeza. Lo sentía. La sed, una sensación que casi la hacía perder el control sobre sí misma. La había sentido en el claro, cuando vio a las Cazadoras. Apenas había tenido el valor necesario para continuar con su plan y matar a Hayley, y cuando lo hizo, sintió un deseo irrefrenable de marcharse. Tenía mucha sed, tanta que se sentía capaz de morder al propio Kol.
−Vale. Ayúdame.
−Así no se piden las cosas, Caroline –el tono de Kol volvió a ser el bromista que utilizaba siempre. El híbrido apenas logró esquivar el golpe que la chica dirigió hacia su pecho, riendo−. Vale, vale. Te ayudaré. Y también a Jeremy, que, por cierto, debería habernos encontrado ya.
−¿Cómo fue vuestro reencuentro? –Caroline esbozó una sonrisa casi perversa.
Kol se levantó la camiseta. La rubia alzó las cejas al ver la gran marca en el pecho del chico, pero no dijo nada, ni borró su sonrisa.
−Fue a la perfección. ¡Jeremy! –gritó a continuación el chico.
El aludido apareció sólo medio minuto después. Se acercó rápidamente a la chica, y se aseguró de que estuviera bien. Luego se giró hacia Kol.
−Sí, lo sé –dijo Kol antes de que el otro híbrido tuviera tiempo de hablar−. Todavía no has acabado conmigo, me voy a arrepentir de haberte secuestrado. Estoy deseando estar a solas contigo, créeme.
−¿Podemos irnos de aquí? –dijo Caroline antes de que Jeremy respondiera−. Necesito una ducha.
Y Jeremy se había terminado de vengar. Y había empezado en cuanto Caroline se había metido a la ducha en la habitación del motel. De un empujón, el híbrido original había acabado pegado contra la pared, con el cuerpo del otro híbrido presionado junto al suyo. Jeremy lo había mordido en el cuello, y se había alimentado de él durante minutos mientras que, olvidando todos sus reparos, se restregaba contra él.
Para cuando se separaron, Kol estaba gimiendo. Cayó al suelo, debilitado por la falta de sangre, pero se llevó a Jeremy con él. Estando ambos en el suelo, el original rodeó al otro chico con los brazos y lo besó. Jeremy, por primera vez, se dejó llevar. Kol saboreaba su propia sangre en la boca del chico, y aquello lo encendió más de lo que nada había hecho en años, décadas.
Caroline los encontró en el suelo, ambos sin camiseta y Jeremy ya sin pantalones, y, tras simular una arcada, se marchó de la habitación. Pasó más de dos horas en recepción, temerosa de volver a la habitación pero sin poder hacer nada más que quedarse en el interior. Ser híbrida tenía sus desventajas, entre ellas no poder salir a la luz del día.
Kol fue a buscarla, y llevaba consigo un anillo como el de los demás híbridos que podían salir a la luz del sol. Caroline lo fulminó con la mirada.
−Podrías habérmelo dado antes. Os oía desde aquí.
Después de enseñarles a controlarse, Kol había decidido quedarse con Jeremy y Caroline en vez de volver con sus hermanos, al menos por el momento. Klaus seguía bastante mosqueado con él, y a decir verdad, prefería quedarse con sus nuevos amigos.
−¿Cómo está tu hermano, Kol? –preguntó Caroline. El chico sonrió.
−No hagas como si no lo supieras, Care. Le estás haciendo la vida imposible.
−Bueno, se lo merece. Y tampoco exageres. Sólo le hago sufrir un poquito.
Y era cierto. Ahora que Klaus había dejado de intentar controlarla, ella había sido la que había pasado a dominarlo. Aprovechaba lo atraído que se sentía el original hacia ella, y a pesar de que ella a veces sentía que fuera a terminar peor que Klaus, no se detenía. Quería que el rubio sintiera todo lo que había sentido ella durante el tiempo que había pasado bajo su poder, desde el primer momento en que el híbrido había decidido alimentarse de ella.
Caroline se levantó y se dirigió a la cocina. Abrió el frigorífico y sacó una bolsa de sangre.
−¿Queréis?
Ambos negaron con la cabeza. La rubia metió la bolsa en el microondas, mientras escuchaba como los dos chicos se movían. Rodó los ojos, sabiendo lo que se encontraría cuando volviera al salón. A Jeremy, bebiendo directamente de Kol. Por suerte para ella, cuando estaban los tres, tenían la decencia de alimentarse sólo de la muñeca.
La chica se sentó mientras que tomaba un sorbo de su sangre y los observaba.
−¿Tan bueno es? –preguntó a Jeremy. El chico sonrió, pero fue Kol el que contestó.
−Ay, Caroline –se tapó la cara con una mano, fingiendo vergüenza−. Esas cosas no se preguntan.
Se había enamorado. Con la enorme cantidad de problemas que tenía, y él elegía ese momento para enamorarse. Bueno, más ciertamente, Caroline había elegido aquel momento para enamorarlo.
Klaus no llegaba a comprender cómo había sucedido. Un día, Caroline había aparecido en su casa, con una gran sonrisa en el rostro y respuestas. Le contó que la sangre que la había convertido era la suya; eso por sí sólo fue suficiente para que el original sintiera una posesividad que no había sentido por ningún otro híbrido al que hubiera convertido. La chica no le contó de dónde había sacado la sangre, pero sí le dijo que la sangre que le había dado Hayley la había tomado Jeremy. A Klaus no pudo importarle menos.
Habían dado paseos, por la gran propiedad de los Mikaelson, por el interior de la mansión y por el pueblo. Caroline había posado para un retrato, y también había nombrado varios de sus cuadros. Por terribles que fueran los nombres elegidos por la rubia, Klaus los eligió. No podía no hacerlo. Y así, mostró a sus hermanos cuadros de nombres tan ridículos que lo habrían hecho sonrojarse si hubiera sido humano.
Un día lo besó. Aquel no fue como los besos que se daban en el pasado, sino uno totalmente controlado por la rubia, un beso hambriento que le hacía estremecer. Klaus había salido corriendo cuando se habían separado, temeroso de no saber detenerse.
Y aquello había sido solamente el principio; Klaus lo sabía.
−¿Papi?
Aquel era verdaderamente su mayor problema. Hope parecía estar bien, pero había momentos en los que se convertía en una persona totalmente diferente, y aquello preocupaba a Klaus. Por un lado, el híbrido quería conocer a su hija perdida; pero por el otro, temía. Sentía que Hope no era más que un sueño del que estaba a punto de despertar, un recuerdo que se desvanecería ante sus ojos.
Y luego estaban sus hermanos. Elijah ignoraba por completo a su sobrina, mientras que Rebekah la fulminaba con la mirada cada vez que se la encontraba. Sin embargo, ninguno de los dos había dicho nada. Por muy problemática que fuera la chica, no serían capaces de quitársela a Klaus, no después de lo que sufrió el rubio tras perderla.
Pero lo cierto es que, por mucho que deseara volver a estar con su hija, Klaus no estaba seguro de poder aceptar a su hija como tal. Era inestable. Y probablemente solo sería un estorbo para sus planes. Porque tenía planes. Planes mayores. Ahora que era finalmente un tríbrido completo, tenía mucho que hacer. Quería dominar a todas las criaturas sobrenaturales que existían, pues al fin y al cabo, era claramente superior a todos ellos. Y Hope solo querría detenerlo, intentar protegerlo.
−¿Qué quieres? –preguntó Klaus. Supo que sus palabras habían sonado más agresivas de lo que había planeado, así que intentó suavizar su tono−. ¿Qué te pasa?
−¿Por qué sucedió todo esto?
Klaus no supo qué contestar. Ni siquiera sabía a qué se refería la chica en particular, pues demasiadas cosas les habían pasado a ambos, tanto juntos como por separado. Así que optó por la respuesta fácil.
−Porque somos importantes, Hope. Siempre va a haber gente detrás de nosotros.
−Mamá debería habernos querido.
−Hayley te quería, Hope. Y lo sabes.
−Bueno, creo que prefería odiarte a ti que quererme a mí. Nunca le perdonaré.
−Está muerta –Klaus sonrió al ver el puchero de su hija; por muy madura que fuera, de vez en cuando actuaba como si no fuera más que una niña−. Déjala en paz.
−No sé si algún día seré capaz. Ni a ella ni a Freya. No me puedo creer que fuera tan débil. ¿Estás seguro de que era realmente una Mikaleson?
−¿Estás segura de serlo tú? –intervino Rebekah repentinamente, apareciendo en la sala y dirigiéndose al vestíbulo−. A veces me da la impresión de que es imposible tener a alguien tan loca como miembro de mi familia.
Rebekah salió de la casa. Hope ladeó la cabeza y frunció el ceño, observando a su tía.
−Es la oveja negra de la familia, ¿no?
−Ni de lejos. Todavía no conoces a Kol.
−¿Kai?
La voz de Bonnie sonó casi como un grito. La chica recorrió todos los pasillos del almacén. Llevaba mucho tiempo sin ir ahí, pero cuando el chico había desaparecido, a la Cazadora no se le había ocurrido ningún otro lugar al que Kai pudiera haber ido.
Desde que Hope le quitó su magia, Kai había dado un giro radical. Se había vuelto serio, taciturno, y había olvidado sus bromas y sus ataques de mal humor. Simplemente parecía ignorar todo lo que había a su alrededor. No solía ignorarla a ella, a pesar de que siempre le contestara con monosílabos y que apenas le sonriera. Pero siempre estaba junto a ella cuando Bonnie lo necesitaba.
−¡Kai, sal de donde sea que estés!
Bonnie entró en su antiguo dormitorio, y lo vio sentado en su cama, igual que había estado aquel día hacía ya varios meses, cuando le habló sobre la huída de Elena. Tenía la cabeza entre las manos, y no parecía haberse percatado de su presencia. La chica se sentó frente a él en la cama de Elena, y le colocó una mano en la rodilla.
−¿Qué haces aquí?
−Nada.
−Kai, háblame –suplicó la chica. Necesitaba hablar con él, que el chico se desahogara con ella; hasta el momento, su éxito había sido nulo.
−Se me ocurrió terminar de amargarme viniendo aquí, a recordar todo lo que tuve no hace mucho.
−No lo has perdido todo.
−¡Tú no lo entiendes! –Kai se levantó de la cama, rechazando su toque. Bonnie se encogió en su sitio, pero no dijo nada−. Yo no tengo nada, Bon. No tengo familia. No tengo amigos. No tengo magia. ¿Qué tengo?
Parecía absolutamente desolado. Bonnie dudó. Tal vez debería dejarlo solo. Dejar que el chico sufriera, porque al fin y al cabo, parecía necesitarlo. Y ella comprendía eso. Cuando se perdía algo realmente importante, era lógico tomarse un tiempo para llorar esa pérdida. Sin embargo, algo de lo que el chico había dicho la había molestado.
Kai no estaba solo. Lo habría estado si Hope le hubiera quitado su magia en otro momento de su vida. Pero no ahora. Ahora, la tenía a ella. Y, mientras que él se lo permitiera, ella no pensaba separarse de él. Bonnie se levantó de la cama.
−Me tienes a mí.
Kai la miró fijamente durante lo que parecieron minutos. Y después se derrumbó. Se acercó a ella y la abrazó, enterrando la cabeza en su cuello y dejando que la chica le acariciara el pelo. Kai se permitió llorar por primera vez desde que le había sido arrebatada su magia; en realidad, desde que era pequeño no recordaba haber llorado. Al menos, no de verdad. Derramar lágrimas voluntarias le había resultado siempre bastante sencillo.
Bonnie empujó al chico hasta la cama de nuevo, y una vez que estuvieron sentados, apoyó la cabeza en su hombro. Kai alzó las manos y las giró, como si le resultaran desconocidas, ajenas. La Cazadora estiró una mano y le acarició la palma de la mano.
−Me siento vacío, Bonster. Me falta algo.
La chica no respondió. Agarró una de sus manos, y murmuró unas palabras en latín. La piel de Kai enrojeció alrededor de donde sus pieles se tocaban, y el chico soltó un grito ahogado. La agarró con más fuerza, y su expresión pasó a ser casi de sufrimiento. Pero Bonnie sabía que el chico no estaba sufriendo, al menos, no sufría nada aparte de nostalgia. Y es que la chica había empleado un hechizo de donar magia. Normalmente, esos hechizos eran los que se usaban para crear armas mágicas, como la daga capaz de matar a híbridos originales y tríbridos. Pero aquella vez, Bonnie había decidido donar parte de su magia al chico que estaba a su lado.
−Bonnie… −la voz del chico fue casi un susurro. Ella sonrió, y le besó cada una de las yemas de los dedos antes de soltarlo−. Gracias. Sé que…
−Tranquilo. No tienes que decirme nada.
−Bonnie –el chico la tomó de las mejillas−. En serio. Gracias.
La chica sonrió. Kai se inclinó y le dio un beso en la frente. Bonnie arrastró al chico hasta fuera de la habitación, y al piso superior. Una vez arriba, se detuvo frente a la puerta del despacho que había pertenecido a Richard.
Kai había intentado entrar en la sala al llegar al almacén, pero se la había encontrado cerrada. Aquello le había resultado extraño, pero dado que ya no tenía ni magia ni fuerza de Cazadora, no había podido abrir la puerta. Había supuesto que las Cazadoras lo habían cerrado hasta que un nuevo director fuera elegido para las Cazadoras de Mystic Falls.
Ahora, viendo la expresión en la cara de Bonnie, Kai supo que ella había tenido algo que ver con aquello.
−¿Qué hacemos aquí?
−Me puse en contacto con el señor Whitmore hace unas semanas –Kai frunció el ceño al escuchar el nombre del gran líder de las Cazadoras, un británico que no había salido de su casa en toda su vida. Kai nunca lo había tenido en gran estima–. Acordé que convendría que alguien con tanto poder como Malachai Parker tuviera un puesto de gran importancia entre nosotras.
–Yo no tengo poder, Bonnie –Kai suspiró. Pareció darse cuenta de algo, y frunció el ceño–. ¿Has mentido al señor Whitmore? Bonnie Bennett, ¿engañando a la autoridad?
–Puede –la chica esbozó una sonrisa pícara–. Pero eso es lo de menos. Lo que importa es que he conseguido lo que quería. Y tú, a partir de este momento, eres el nuevo líder de las Cazadoras de esta zona.
Bonnie metió una mano en el bolsillo de los vaqueros y sacó algo que tendió al chico. Una llave. La llave del despacho de Richard. Kai suspiró, sabiendo que lo que hiciera a continuación cambiaría su vida por completo. Tenía dos opciones: podía dejar pasar aquella oportunidad e intentar vivir una vida como un simple humano normal y corriente, o bien podía tomar la llave, y asumir las responsabilidades y los derechos que venían con el puesto.
A decir verdad, el ser jefe de Bonnie le resultaba extremadamente atractivo. El chico sonrió, su mente repentinamente llena de ideas que, estaba seguro, a Bonnie le resultarían totalmente perversas. Pero aquello no era lo único que lo atraía al puesto. Aquel puesto le daría la oportunidad de seguir siendo parte de las Cazadoras. Y, al fin y al cabo, tampoco estaba totalmente falto de poder. Gracias a Bonnie, tenía algo de magia en su interior.
Kai cogió la llave. Abrió la puerta, y vio que la sala estaba absolutamente vacía. El chico sonrió.
–Tenemos mucho trabajo que hacer. Nos vamos a Ikea ahora mismo, este sitio es horrible. Y creo que tenemos que hacernos una nueva foto. Elegiremos un mejor fotógrafo esta vez. En la anterior yo no salía nada favorecido.
Bonnie rió. Sí, podría acostumbrarse a aquello.
