Creo que de ahora en adelante todos los capítulos tendrán título, me aburrí de que no tuvieran. En fin, ¡GRACIAS, GRACIAS Y NUEVAMENTE GRACIAS! Jamás dejo de agradecerles por sus reviews y favoritos, siempre me alegran el día. Que bueno que les gustara el capítulo anterior y como las adoro tanto este también lo amarán. Me encantó escribirlo porque es Della all the way.

El punto de vista es Damon, Rosalie, Isabella.


Eternal Flame.


Mis manos recorrían toda su espalda. La tenía conmigo, finalmente la tenía en mis brazos y no fue sino en ese momento en el que me di cuenta de que realmente la amaba.

Claro, ya sabía que la amaba, pero ahora, ahora estaba totalmente seguro de que ella era la mujer que estaba destinada para mí. Mi corazón, mi cuerpo tomó la decisión de no dejarla ir nunca.

Ella era una necesidad, una adicción. Sabía desde el segundo en que sus labios besaron los míos nuevamente que no podía dejarla ir de nuevo, sabía que estaba perdido pero si la idea de perderme era por culpa de ella no tenía problema. Caímos a la cama y el tiempo pareció detenerse por un minuto. Miré sus preciosos ojos chocolates. Mordió su labio inferior haciendo la escena mucho más sensual, su cabello estaba revuelto y sus labios rojos e hinchados.

"Damon," susurró, pegó nuestras frentes, "te amo Damon Salvatore," susurró sobre mis labios, la besé nuevamente, tanto sus besos como sus palabras eran música para mis oídos en este momento.

Sonreí. ¡Qué clases de cursilerías estaba diciendo! Definitivamente esta mujer había volteado mi mundo. Pero ella me amaba, que era lo único que me importaba.

"Te amo como el ser más maravilloso que ha llegado a mi vida," bese su barbilla y comencé a descender por su cuello. Le saqué la camisa mientras ella desabotonaba la mía. Caímos a la cama. Quería hacerlo todo lento para disfrutar de ella mejor. Quería que el momento fuera eterno, porque estar así con ella era el cielo.

Pronto la ropa comenzó a ser estorbo por lo que en menos de nada quedamos desnudos frente al otro. Allí estaba su cuerpo tal y como lo recordaba. Acaricie su cintura, y su cadera recordando a medida que tocaba, su figura. Los dedos de Isabella tocaban cuidadosamente mi cuerpo como si lo estuviese esculpiendo, adoraba esa sensación.

"Te amo, te amo demasiado, y eres un estúpido," ronroneó en mi oído. Reí.

"Lo sé," mordí suavemente el lóbulo de su oreja, entonces recordé algo, "el mundo," susurré en su oído. Me miró interrogante, "me preguntaste qué significabas tú para mí, eso significas, tú eres mi mundo," sonrió ampliamente y nos giró de un solo quedando ella encima de mí. Besé nuevamente sus labios.

"Sabes, por un corto tiempo fuiste un pasado en mi vida," me besó, "ahora eres mi presente," volvió a darme un casto y sonoro beso, "y te estás convirtiendo en mi futuro Damon Salvatore, tú también eres mi mundo," nos fundimos en un dulce y lento beso. La giré. Rio.

La noche pasó lenta, tal y como quería. Recorrí su cuerpo cientos de veces para grabarlo en mi memoria. Solo éramos ella y yo disfrutando del otro entre besos y caricias. Era la mejor noche que había tenido en muchas décadas.

Me enderecé un poco apoyándome al espaldar de la cama, sus brazos me rodearon y se arregostó a mi pecho. Pasé un brazo por sus hombros y comencé a acariciar su cabello suavemente. Las sabanas estaban enredadas en nuestros cuerpos desordenadamente.

"¿Crees que Ángela nos haya escuchado?" preguntó tímidamente. Sonreí.

"Estabas tan concentrada viendo cuan irresistible soy que ni cuenta te diste cuando la puerta de la entrada se cerró, no hay nadie," golpeó mi pecho juguetonamente. Cerré los ojos disfrutando el pequeño momento.

"¿Qué es esto?" preguntó. Abrí los ojos. Isabella se enderezó un poco y nos señaló con el dedo. Dejé de acariciar su cabello y me centré en sus grandes ojos, "¿qué hay entre tú y yo? ¿Qué somos exactamente?" suspiré

"¿Qué somos?" repetí, volví a acariciar su cabello, "somos… somos amantes, compañeros, amigos, yo seré lo que quieras que sea," dejé que por primera vez mi corazón hablara sin tapujos, "no importa la palabra que nos describa Bella, me importa que estés conmigo y que me ames tanto como yo a ti," volvió a arregostar su cabeza en mi pecho con una sonrisa.

"Me dijiste Bella," fruncí el ceño. Levantó un poco su cabeza y me miró a los ojos, "nunca me has dicho Bella," se explicó. Sonreí.

"Siempre hay una primera vez," me encogí de hombros.

"No lo hagas."

"¿Qué cosa?"

"No me digas Bella, prefiero cuando tú me dices Isabella," pidió.

"Tus deseos son ordenes," rodó los ojos y volvió a acomodarse a mi lado. La forma como ella se acurrucaba contra mí me hacía recordar a un gatito. Quedamos en un cómodo silencio, "Elena ya sabe," comenté.

"¿Le has dicho?" preguntó tomando mi mano libre y entrelazándola con la de ella.

"Lo ha descubierto."

"¿Y tú qué piensas?"

"¿Qué debo pensar? Elena me dijo que mientras no te partiera el corazón no tendría problemas con ella," rio con suavidad.

"Tú ya no…"

"No siento nada por ella, Isabella," la interrumpí sabiendo a dónde iba a llegar, "ella y Stefan están reconociéndose y espero que puedan estar juntos nuevamente," asintió.

"Stefan la ama."

"Así como te amo yo a ti," giró su cabeza y me sonrió.

"Te amo," estaba en el cielo.

"Jamás me cansaré de escuchar eso," me acerqué a ella y besé su coronilla.

"Si te pido algo, ¿me lo cumplirías?"

"Mientras no me pidas que te deje," me encogí de hombros, "dispara."

"Cuéntame de tu vida como humano Damon, antes de Katherine, antes de todo," pidió. Se acomodó nuevamente apoyando su barbilla en mi pecho y cruzando sus brazos sobre este.

"Hasta los cinco años viví en Italia, mi padre se había venido a América antes de que yo naciera, cuando mi madre y yo llegamos aquí, ella quedó embaraza de Stefan…" comencé a relatarle toda mi vida.

Pequeñas historias y aventuras de Stefan y mías y mi vida con mi familia. Toda la noche y parte de la madrugada la pasamos hablando y riendo. Me contó todo lo que ella y Ana habían hecho en su estadía en Forks. Estaba aliviado que ella se había mantenido lo más alejada posible de Edward y había sido totalmente honesta conmigo sobre todo, por lo que también fui honesto con ella contándole todo sobre Klaus, sobre que me había acostado con Sage y Rebecka y que además había besado a Elena.

"Estás conmigo ahora, eso es lo que importa," sonrió agarrando mi rostro con sus manos. Suspiré, después de todo lo que había hecho ella seguí amándome, haciéndome sentir más culpable, "oye" apretó ligeramente mi mano, "ese es tu pasado, yo soy tu presente, esto que tenemos es más fuerte que cualquier cosa que hayas hecho, ¿entendido?" la besé.

Escucharla hablar era hechizante y ver sus ojos brillar mientras hablaba y me miraba era la cosa más perfecta de este mundo.

"Me encantaría ir a Italia, recorrer Europa," comentó de la nada. Le sonreí.

"Yo te llevaré, a dónde quieras ir, tu solo di el lugar," besó mis labios.

"Nos iremos los dos solos," acaricie su mejilla.

"Es un trato," volvimos a quedar en silencio.

Pronto escuché la respiración acompasada de Isabella indicándome que estaba dormida. Cerré los ojos. Tenía tantos sentimientos revueltos pero se sentía tan bien. Mi pecho estaba inflado de felicidad y no me cambiaba por nadie. Ella estaba aquí, ella estaba conmigo y eso era lo único importante.

.

.

Desperté removiéndome un poco. El cuerpo al lado mío me imitó alejándose de mí con una media vuelta quedando boca abajo. La sabana que cubría el cuerpo de Isabella se corrió hasta el inicio de su trasero dejando al descubierto su desnuda espalda. Sonreí. Era afortunado. Esta mujer era perfecta.

Me quedé observándola. Viendo como su cabello desordenado estaba por toda la almohada. Como sus labios estaban entreabiertos y su respiración era suave. Sus mejillas estaban sonrosadas y su rostro estaba totalmente relajado.

Paseé mi mirada por el lugar. Extendí mi brazo y tomé un marcador que estaba en la mesa de noche y comencé a escribir en su espalda. No sabía que me había llevado a hacerlo, pero con ella siempre salía lo mejor por mí. Podía escuchar cómo se iba despertando de a poco. Continué escribiendo.

"¿Damon?" murmuró somnolienta.

"¿Si?"

"¿Qué estás haciendo?" preguntó sin abrir los ojos.

"Escribiendo en tu espalda," respondí.

"Es raro."

"No, es romántico," sonreí. Abrió los ojos y me miró de reojo y como pudo, "buenos días Isabella," susurré acercándome a su rostro y besé su mejilla.

"Buenos días Damon," respondió, "¿por qué escribes en mí espalda?" puse el marcador de vuelta en la mesita. Isabella se intentó girar pero la detuve.

"Deja que se seque, no estoy tratando de ser romántico para que se quite lo que he escrito," rodó los ojos, "además así te ves sexy," no se movió.

"¿Qué has escrito?" preguntó nuevamente.

"Ligado a ti," respondí. Sonrió dulcemente.

"¿Estás ligado a mí?" me encogí de hombros con una media sonrisa.

"Estoy tratando de ser romántico," sonrió y enterró su cabeza en la almohada.

"Lo sé y te estás ganando el cielo por ello, créeme," musitó contra la almohada. Me tiré a su lado.

"¿Vendrás conmigo a Mystic?" pregunté. Desenterró la cabeza de la almohada y se movió un poco mirándome a los ojos.

"Estamos juntos en esto Damon, a donde vayas allí iré," escondí un mechón de cabello detrás de su oreja, "primero debo despedirme."

"¿De quién?"

"De los Cullen, y por supuesto de Ana," fruncí el ceño.

"¿Se quedará con ellos?" pregunté asombrado.

"Sí, quiere seguir la dieta animal y los Cullen son expertos en ello," explicó. Fruncí los labios, "a mí tampoco me agrada mucho la idea pero ella me prometió que estaría tomando sangre humana regularmente, no te preocupes," se puso en pie y comenzó a caminar.

"¿A dónde vas?"

"Voy a bañarme para ver a los Cullen," me levanté y la seguí.

"Voy contigo, tengo curiosidad por conocerlos," negó.

"Déjame ir primero," suspiré, "quédate un rato aquí y llama a Stefan, estaba bastante preocupado por ti y pregúntale como va todo," pidió con una sonrisa.

"Está bien."

"¿A dónde vienes?"

"A bañarme," sonreí pícaramente. Isabella enredó sus brazos en mi cuello y me besó.

"Vamos," susurró sobre mis labios. Entramos al baño entre besos y caricias. Con ella las cosas eran tan sencillas. La amaba.

-...-

Era ya de mañana. Nuestra madrugada desde que salimos de la casa de Bella fue bastante estresante. Todos hablaban de cuanto había cambiado Bella, su reacción de anoche y sobre Damon.

Honestamente la entendía y ella estaba en su derecho de reaccionar así con nosotros. Que ahora hablara con Edward, no significaba que iba a volver a ser la misma persona con él. Además Bella estaba consciente que Edward quería volver con ella y por ese mismo motivo se alejaba más de él, no quería darle falsas ilusiones. Edward por otro lado, tenía tantas esperanzas de que Bella volviera con él y claramente desde ayer sus esperanzas habían acabado en añicos contra el piso.

Independientemente de ello, estaba preocupada por Bella. Su semblante cuando llegó con Damon en brazos fue bastante perturbador. Esperaba que él se hubiera recuperado. Mi teléfono sonó. Era ella.

"Hey, tú," saludé.

"Hola Rose," todos en la sala voltearon sus cabezas. Emmett bajó las escaleras pacientemente y se sentó a mi lado.

"¿Cómo estás Bella? ¿Cómo está él?" pregunté.

"Estamos bien Rose, lamento haberte amenazado anoche," sonreí.

"No te preocupes," respondí.

"Es enserio Rose, no te haría daño, la fiebre del momento habló por mí," sonreí, "sabes que eres una persona importante ahora en mi vida."

"Lo sé Bella, no te preocupes, ¿bueno? Comprendo totalmente," soltó un suspiro.

"Estoy llegando allá en media hora, nos vemos entonces," se despidió.

Justo cuando colgamos Anabel entró a la casa. Su figura, aunque pequeña era imponente, se abrió paso por la sala. Anabel era más baja que Bella pero lo suficientemente alta.

Debía admitir que al principio me sentía opacada por ella, aún me sentía así, solo que me había dejado de importar. Había cambiado bastante como persona y aunque continuaba siendo vanidosa, orgullosa y con una lengua venenosa, había aprendido a ser más humilde.

Por más que nuestra raza era de extrema belleza, la de ellos era de una belleza única y natural, resaltaban sus rasgos y se destacaban por la seguridad con la que se movían, por la sensualidad que irradiaban. Más que belleza era eso, sensualidad.

"Buenos días," saludó con voz suave y una amplia sonrisa.

"Buenos días," respondimos a coro. Anabel se quedó al pie de la escalera arregostada a la pared.

"¿Cómo está Damon?" preguntó Carlisle.

"Muchísimo mejor," respondió con una media sonrisa, "o al menos eso creo o me pareció escuchar," una sonrisa pícara pasó por su rostro.

"¿Cómo así?" preguntó Esme. Anabel se cruzó de brazos.

"No he llegado a la casa, es una reconciliación y luego de eso vienen…" carraspeo suavemente sin perder su sonrisa pícara, "otras cosas en las cuales no tengo que estar presente," inmediatamente capte la idea y reí. Ana no había llegado a la casa porque probablemente Bella y Damon estaban teniendo sexo. Edward suspiró, "pero Ángela me llamó anoche antes de ir a dormir a casa de Jessica y me dijo que Damon estaba bien."

"¿No te molesta que ellos dos…?" preguntó Jasper.

"¿Se amen? ¿Estén juntos? ¿Tengan sexo?" preguntó Anabel interrumpiéndole. Negó divertida, "para nada, todo lo contrario, no puedo estar más feliz por ellos."

"Pero no se supone que tú y él…" comenzó Alice.

"¿Estuvimos juntos? ¿Tuvimos sexo? ¿Nos queremos?" volvió a aplicar la misma mecánica, reí y me arregosté al pecho de Emmett.

"Sí," susurró Alice.

"Aún no han entendido," rio, "si tan solo fueran a Mystic estarían bastante enredados con las parejas," mustió. Se enderezó y nos miró a todos antes de explicar, "Damon y yo estuvimos juntos hace más de un siglo y antes de tener algún tipo de relación sexual nos convertimos en amigos, mejores amigos, luego las cosas se dieron y terminamos acostándonos varias veces pero ambos sabíamos que nuestra relación no llegaría más allá de ser amigos con derechos, eso estaba claro, y yo estaba algo así como comprometida," cuando conocimos a Anabel nos contó su historia sin muchos detalles, solo cosas importantes y listo, por lo que esta nueva información era bastante interesante, "no se asusten, yo no conocía a mi futuro esposo por lo tanto técnicamente no lo estaba engañando," explicó ante la mirada de Esme, "luego pasó todo el drama de Katherine, siguiendo a ello conocí a Bill, el hombre con el que me iba a casar y me enamoré de él," dio por terminado su relato.

"¿Nunca sentiste algo más por Damon?" pregunté curiosa. Negó.

"Para nada, cuando era humano era un hombre maravilloso, el sueño de toda chica, sin mencionar que era bastante atractivo, aún lo sigue siendo," sonrió humorosamente, "pero lo veía como un amigo, como el hermano que nunca tuve. Y sigue siendo magnifico, solo que no deja ver eso a la gente y que Bella pueda sacar su lado humano es un símbolo más de cuanto se aman," explicó nuevamente.

"Ellos se complementan," concluí.

"Exacto, el amor es la debilidad más grande de un vampiro pero también puede ser su arma más poderosa, si saca tu humanidad, definitivamente estás enamorado, pero no es cualquier amor, es de esos que son para siempre," Anabel volvió a arregostarse a la pared. Sus palabras nos dejaron pensativos a todos. Miré a Emmett y lo besé.

"¿Y eso por qué fue?" preguntó sorprendido.

"No lo sé, porque te amo, ¿es que ahora no puedo besarte?" sonrió marcando sus hoyuelos.

"Te amo," lo abracé.

La puerta se abrió dejando ver a Bella. Le sonreí. La Bella vampira era mucho mejor que la humana, sin mencionar mucho más grácil e imponente, tal como los de su raza. Su cabello caía en ligeras ondas, hasta más arriba de su cintura. Llevaba puesto un jean negro ajustado a su cuerpo y una camiseta rojo fuego, además de su ahora típica chaqueta de cuero negro. Su olor estaba mezclado. Olía a hombre, a sexo.

"Buenas," saludó. Abrazó a Anabel con una sonrisa. Una amplia sonrisa de felicidad bailaba en su rostro, sus ojos brillaban cual niña en una dulcería. Se veía radiante. Se acercó a mí.

"Me alegro que al fin todo este claro entre ustedes," me sonrió.

"Gracias Rose," examinó el salón, "Edward, ¿podemos hablar?" preguntó. Era la primera vez en todo el tiempo que había estado aquí que se dirigía a Edward formalmente, por lo que todos estábamos ligeramente sorprendidos, "contigo también Alice, afuera, si no les importa," ambos asintieron. Los tres salieron al jardín que daba al bosque.

-...-

Cuando estuvimos considerablemente lejos hablé.

"Aquí estamos," comenzó Alice balanceándose suavemente. Sonreí muy suave, casi imperceptible. Me había dado cuenta de algo, necesitaba cerrar este ciclo de mi vida completamente para ser plenamente feliz al lado de Damon.

"No daré un discurso gigante," hablé, "necesito… necesito dejar esta parte de vida saldada," ambos estaban al pendiente de mis palabras y de cada movimiento, "Alice," dije, "eras casi mi mejor amiga en el tiempo en el que estuve con Edward y siempre me pregunté, ¿por qué si él dijo vámonos tú te fuiste con él dejándome sola?" hizo además de hablar, "no, yo sé que es tu hermano, entiendo eso pero al menos pudiste despedirte, decirme algo," suspiré, "en todo caso, no te odio Alice, sé que piensas que lo hago pero no es así, sigo teniéndote cierto aprecio y quizá algún día podremos hablar como antes," la comisura de sus labios se levantó en una débil sonrisa.

"Bella…"

"No he terminado Alice, bueno, contigo sí pero falta Edward," giré toda mi atención al antiguo amor de mi vida, "sé que he sido infantil durante este tiempo y me encantaría culparte de todo lo que me ha pasado, pero en vez de eso quiero agradecerte," su expresión era de pura sorpresa. Sonreí, "gracias por el tiempo que estuvimos juntos, fue algo muy lindo y fuiste la primera persona que quise, lo que hiciste, dejarme," expliqué, "fue lo más estúpido que hiciste, te detesté por ello, me hiciste sufrir, pero ahora no guardo rencor por ti, crecí y maduré, pero a pesar de ello no quiero que tomes mis palabras como una posibilidad de hablar, de tener algo," suspiró, "te he perdonado y espero que algún día encuentres a alguien que te haga feliz y te ame, y te aconsejo que nunca la dejes," sugerí, "y si les soy sincera, el hecho de que me hayan dejado fue lo mejor que pudieron haber hecho, pude volver a mi hogar, pude volver a ver a mis amigos, pase por las cosas más raras de este mundo, me convertí en lo que soy y conocí a la persona que amo más que a mi vida."

Me crucé de brazos.

"Me alegro por ti Bella," susurró Alice, "quizá algún día, podremos hablar, no como antes pero por lo menos hablar."

"Quizá," respondí.

"Gracias por perdonarme," comenzó Edward, "no ha sido fácil tener que escuchar y verte con él, de saber que pude tenerte y que por estúpido te perdí," tomé aire que no necesitaba pero supuse era ya una costumbre, "sin embargo estoy muy feliz por ti, te deseo lo mejor de este mundo," se acercó a mí, "me alegra que estés con alguien que te haga feliz, solamente hubiera deseado que esa persona fuera yo," miré directamente a sus orbes caramelos. Le sonreí melancólicamente. Su mirada era vacía y triste y la suave sonrisa que se dibujaba en sus labios no llegaba a sus ojos.

"Encontrarás a alguien y la amarás más que a mí, estoy segura," susurré. Le di un corto abrazo por impulso y retrocedí rápidamente. Los Cullen salieron de la casa con Anabel detrás. Llegaron hasta donde estábamos.

"¿Y Damon?" preguntó Ana.

"Estaba hablando con Stefan por teléfono pero ya viene," informé. Quedamos a fuera conversando un poco. Lo sentí antes de verlo. Era algo innato en mí cuando se trataba de él. Gire mi cabeza. Un gran cuervo negro venia aleteando rápidamente en nuestra dirección, rodé los ojos.

"Ana," llamé, le hice señas al cielo, Anabel siguió mis manos y al ver al cuervo rodó los ojos también.

"¿Qué sucede?" preguntó Alice.

"Allí viene Damon."


Σοφία.