Beta reader: Izuspp.


Notas: Estoy muy feliz de publicarles este nuevo capítulo con la noticia de que tengo un nuevo fanart que mostrarles y que está en mi perfil de fanfiction y en facebook. Lo hice basándome en el cuento original de "La Sirenita" y espero les guste. Este capítulo fue un poco difícil, ya que tuve que leerme tres versiones del cuento y muchas, ¡eran de veinte hojas! Por cierto, cualquier comentario que los personajes hagan sobre el cuento, no refleja para nada mi opinión. Yo pienso que ese cuento (el original) es la cosa más triste y bella del mundo y sin éste, no habría creado esta cosa llamada "La Metáfora de las Sirenas". Christian Andersen, perdóname desde el más allá (;_;) sabes que amo tus cuentos y tus excelsas creaciones.

Y bueno, dejando eso de lado, quiero agradecerles por su inmenso apoyo y por permitirme seguir publicando esta historia, que ha pasado por mucho. Por último me gustaría saber algo: si la historia de Shingeki No Kyojin, finalizara, ¿me seguirían leyendo? Siempre he tenido esa duda, porque como ahora está de moda pues me leen, ¿pero cuando acabe?

En fin, disfruten el capítulo y si pueden, escuchen las canciones que cité abajo. Saquen sus pañuelos y a llorar.

Recomendación de fanfiction: "Una Rota Historia de Amor" por MLorelei88. No les mentiré, no la he terminado de leer, pero es que su estilo y redacción es tan bueno que no se la pueden perder. Es Levi x Eren, pero hay otros ships hermosos.


Capítulo veintiuno

"Lo siento"


(1) ¿Qué vas a decir en mi funeral, ahora que me has matado?

En un cementerio aislado, un grupo de personas observaban con ojos vacíos un ataúd que estaba frente a ellos. Nadie lloraba, nadie se lamentaba; lo único que se reflejaba en sus rostros, era la total y fría indiferencia.

—Damos inicio a esta ceremonia: —anunció el sacerdote presente, abriendo un papel entre sus manos—"El día de hoy nos encontramos reunidos con gran dolor, para despedir a nuestro gran amigo y hermano…" —hizo una pausa abrupta, para releer el texto que estaba escrito en su hoja. —Creo que no tiene un nombre —señaló con desconcierto.

—No se preocupe padre, yo lo ayudaré —comentó uno de los hombres presentes, acercándose a su lado.

—Adelante —concedió el padre, moviéndose de su sitio, para que el extraño hombre tomara su lugar.

Sin ningún papel entre sus manos, el hombre se paró firme desde su sitio y comenzó a hablar:

—Aquí yace el cuerpo del amor de mi vida, cuyo corazón destruí, sin usar una pistola. Al que obligué a que durmiera ignorante y anestesiado por mi ausencia —miró el ataúd—. Su condena fue la eterna soledad, pero su dios fue compasivo y lo escuchó desde el cielo, donde tendrá amor sin traición.

El hombre abrió el ataúd y casi al instante, los demás se pusieron a su alrededor para observar al cadáver.

—Aquí yace mi verdadero amor, al cual, yo di por seguro a mi lado —le acarició el rostro con devoción, como si éste aún pudiera sentir su calor. —Vivió en el anonimato de un amante, pero hoy morirá con su verdadero nombre, uno, que yo le arrebaté durante años —besó su frente, como una última despedida—. Descansa en paz, Erwin Smith.

Descansa en paz —repitieron los demás por automático, lanzando rosas rojas dentro del ataúd, hasta cubrir su cuerpo por completo.

—…Y que este sitio sea el único que sepa de ti —agregó aquel hombre, mientras los montones de tierra cubrían por completo el ataúd.


—¡No! —Gimoteó el comandante, levantándose abruptamente de la cama donde se encontraba durmiendo.

Muy pocas veces había sentido un pánico tan agudo como el que ahora experimentaba: sus manos temblorosas, la boca seca y su camisa completamente empapada de sudor. Al ser un soldado, estaba preparado para morir de mil formas posibles… pero no de esa. Respiró profundo y como un extraño hábito que lograba calmarlo, oprimió el collar azul de su padre con una de sus manos.

—¿Erwin? —Por primera vez agradeció escuchar la voz de Hanji, llamarle afuera de su alcoba.

—¿Qué sucede? —Suspiró el rubio, levantándose de su cama para iniciar su rutina habitual.

—Sólo quería saber si hoy que no vas a estar en la legión, vas a dejar a alguien a cargo de los tritones.

Habiendo olvidado aquel detalle por completo, Erwin contestó:

—Puede ser Levi quien lo haga.

Del otro lado de la puerta, la líder de escuadrón hizo un puchero infantil.

—No creo que sea buena idea, a Levi lo pone de malas que le dejes más trabajo del usual —declaró—. En cambio a mí, no me molestaría —"sugirió".

Comprendiendo lo que Hanji deseaba, el comandante pensó si sería buena idea dejarla a cargo de los tritones, considerando las ideas tan extrañas que tenía.

—Está bien… quedas a cargo mientras no estoy —una sonrisa victoriosa, se formó en el rostro de la chica—. Pero nada de experimentos extraños o actos que pongan en peligro la seguridad de los tritones, ¿entendido?

La sonrisa que Hanji tenía hace unos instantes, se esfumó.

—De acuerdo —concordó a regañadientes, retirándose de ahí.

Encontrándose nuevamente solo, Erwin observó su alcoba a detalle: faltaban algunos vidrios que habían sido rotos durante su pelea con Mike y que ahora, eran cubiertos sin nada de elegancia por unas tablas de madera. Sin embargo, para su sorpresa, el pequeño mueble con espejo que había en su cuarto había logrado salir intacto, devolviéndole una vez más el reflejo de su persona… ¿Cuándo fue que se había convertido en alguien que no lograba reconocer?


Caída la mañana, Armin se alistó para cumplir su turno, exigiendo escuchar buenas noticias de cierto par. Lo primero que notó al llegar al salón, fue que la puerta estaba entreabierta y no dudó por un segundo, que hubiese sido Jean (con sus típicos malos hábitos) el responsable. Dudando entre si entrar o no, se decidió por hacerlo, encontrándose con una muy particular escena: sobre una bolsa de dormir, se encontraban su amigo y el tritón profundamente dormidos.

Parecía que al final "habían logrado aclarar lo que sentían", demasiado bien. Y aunque se alegraba (de cierto modo extraño), dicha imagen no dejaba de parecerle embarazosa.

—Ah… ¿Jean? —Le llamó, sin recibir respuesta alguna—. Oye Jean, despierta —volvió a llamarle, removiéndolo suavemente del hombro. Pero Jean, al sentirlo, le soltó un manotazo y giró su cuerpo para seguir durmiendo.

"Maldición", pensó Armin al ver frustrados todos sus intentos, teniendo que recurrir a uno que sabía lo despertaría, pero definitivamente no le gustaría.

—Aquí vamos —se dijo, colocándose cerca de la oreja de Jean—. "¡Kirschtein, mocoso holgazán! ¡Levántate ya, o haré que limpies el establo usando tu sucia lengua!"

No pasaron ni dos segundos para que Jean, se levantara de su sitio completamente pálido y sobresaltado:

—¡L-lo siento, capitán! ¡Le prometo que no volverá a repetirse, pero no me haga limpiar ahí otra vez! —Suplicó juntando sus dos manos, cuando se percató de la presencia de Armin.

—Más te vale que así sea, "mocoso" —se burló el rubio, elogiándose a sí mismo por tan buena imitación del capitán Levi.

—¡¿Qué rayos te pasa, Armin?! ¡¿Es acaso que quieres darme un paro cardiaco a tan tempranas horas del día?! —Gruñó, tomando a su amigo bruscamente por el cuello de su camisa

—Es más de medio día —recalcó, haciendo que Jean virara su vista hacia los cristales que filtraban la luz del sol. —Y si te desperté así, fue porque parecías estar muy cómodo y feliz durmiendo con Marco, y no me hiciste caso.

Al escuchar esto, Jean giró su rostro hacia el cuerpo que (ni aún con todo el bullicio) parecía despertarse y se dio cuenta que lo que pasó ayer por la noche, no había sido un sueño. Lo podía notar en las marcas que en un desborde total de emociones, le había hecho con sus labios por toda la piel de su cuello.

Sí, definitivamente todo lo que recordaba con lujo de detalle: había sucedido.

—¿Te pasa algo? —Preguntó Armin, al sentir como el agarre que tenía el otro sobre su camisa, se aflojaba.

—Yo… necesito hablar contigo —respondió con cierto desconcierto.

Intuyendo que "el tema" del que deseaba hablar involucraba a Marco, el rubio se levantó de la posición que se encontraba y se acercó a la puerta.

—Te espero afuera —anunció Armin, para después, salir.

Antes de seguir a su amigo, Jean acomodó al tritón sobre la bolsa de dormir y le retiró algunos cabellos que le cubrían el rostro. Debía estar realmente agotado para no despertarse con sus gritos, pero le gustaba creer que era porque se sentía tan seguro durmiendo entre sus brazos, que se había dejado llevar.

Como siempre, le fue inevitable contemplarlo durante unos segundos bajo la luz del sol que acentuaba su piel morena y cada detalle dorado en él. Posiblemente, estaría fascinado de por vida por esa apariencia tan extraña pero a la vez tan hermosa, que sólo Marco poseía. Así que movido por el sentimiento (y aprovechando que nadie lo veía) se acercó a su rostro y lo besó en los labios.

—Descansa —le susurró al tritón, para después ir con Armin, quien para su sorpresa, se encontraba recargado en la pared, muy cerca de la puerta.

—Creí que estarías un poco más lejos —comentó, con cierto temor de que el rubio hubiese visto lo que acaba de pasar.

—Es mejor aquí. Así no nos regañan y "no pierdes de vista a Marco" —acentuó con cierta picardía, que hizo que la cara de Jean se sonrojara. —Pero dime: ¿de qué querías hablar?

Rascándose la nuca con incomodidad y tratando de encontrar las palabras correctas, el soldado de cabello castaño, comenzó con su relato:

—Armin… ¿recuerdas esa noticia que salió en el periódico hace algunos meses, sobre el campesino que se había enamorado de su cabra y se casó con ella?

—Sí, lo recuerdo. ¿Qué hay con ello? —Asintió, sin entender el motivo del extraño comentario.

Claramente en el rostro de Jean, se veía que algo no andaba bien, pero nada comparado con lo que vino después:

—Creo… que lo mismo nos pasó a Marco y a mí —confesó, tan avergonzado como podía, ocultando su rostro entre sus manos.

—¡¿Qué?! ¿De qué rayos hablas, Jean? —Preguntó desconcertado, sin saber si quería conocer la respuesta o no.

—¡Pues de eso mismo! —Expresó con desesperación—. Creo que justo como ese señor ama a su cabra, yo… ¡me enamoré de Marco! —Cayó dramáticamente sobre sus rodillas, quedando frente a rubio.

Como la mayoría de las cosas que involucraban al soldado de cabello castaño, esto terminó por rebasar a Armin.

—¡¿Qué estupidez acabas de decir?! ¡¿Y cómo se te ocurre comparar a Marco con una cabra?! —Vociferó completamente molesto de pensar por un momento, que su amigo tenía raros fetiches sexuales con animales.

—¡Pues entonces dime: ¿qué mierda es lo que me está pasando?! —Le reclamó—. ¡¿Por qué me siento así, por alguien que ni siquiera es humano?!

Reparando que se habían dejado llevar por la emoción del momento, Armin inmediatamente se asomó por la puerta (que Jean nuevamente había olvidado cerrar) para verificar que si tritón no se había despertado.

—Hay que bajar la voz, o de lo contrario Marco podría escucharnos —susurró el rubio, al comprobar para su suerte, que éste dormía profundamente.

—…Lo siento, creo que me alteré —se disculpó Jean, con un tono de voz más tranquilo, pero, sin dejar esa expresión de frustración e incertidumbre sobre su rostro.

—Creo que ambos lo hicimos. —Agregó el rubio, sentándose sobre el piso, seguido del otro.

Había una cierta aura de incomodidad por parte de ambos, ahora que Jean de una manera incómoda, le había confesado su sentir por el tritón curativo. Y aunque el rubio, deseaba ayudar a su amigo con una respuesta certera, esta vez no creía tenerla.

—¿Sabes? No soy bueno para hablar sobre cosas del amor, ya que no es un tema que me interese mucho —comentó Armin, repentinamente—. Sólo puedo decirte lo que he observado, y eso es que desde que Marco y tú se volvieron amigos, haz cambiado.

—¿Cambiado? ¿Cómo? —Preguntó intrigado.

—Te has vuelto más cercano a los demás, incluso los escuchas de manera atenta, como ahora lo haces conmigo —afirmó—. Cuando lo noté, me llamó mucho la atención por la forma en la que lo hacías y fue hasta que empecé a tratar con Marco, que me di cuenta de cómo él había influido en ti y viceversa.

Jean, soltó un bufido al escucharle decir esto.

—Él lo hizo conmigo, pero dudo mucho que yo haya hecho algo que valga la pena, para influir en él —admitió para su pesar, pensando en todo lo que había hecho pasar al tritón dorado, desde que lo había conocido.

—Te equivocas —le contradijo Armin—. Tal vez no has puesto atención, pero Marco ya no es el mismo sujeto que vivía a expensas de las expectativas que ponían sobre él. Al contrario, se ha vuelto más crítico e incluso, me atrevería a decir que "gracias a esa actitud tan rebelde que tienes", lo has ayudado a ser más firme con lo que quiere para sí mismo —remarcó, con cierta ironía—. En ese caso, creo que al igual que tú, él no piensa dar un paso atrás con lo que sea que haya pasado entre ustedes dos, incluso, si tiene que romper ciertos "códigos morales" de su gente y buscarse problemas.

Ahora que lo recordaba, el tritón en más de una ocasión, le había comentado sobre el peso tan grande que su gente ponía sobre ellos, al ser seres de curación y sanación. Y Marco, educado para ser devoto y entregado a su labor, había puesto esto por encima de todo y todos… excepto de él. Un sentimiento de felicidad y egoísmo se acentuó dentro de Jean, al mismo tiempo que una discreta sonrisa, afloró de sus labios.

—Yo no sé si está "bien o mal" que te hayas enamorado de un sujeto que tiene cola de pez y cura a las personas usando energía del sol —admitió el rubio, sintiéndose extraño de usar una explicación como esta, que parecía haber sido extraída de algún cuento—. Lo único que puedo decirte: es que te ves feliz. Es por eso que, cuando caí en cuenta de que se gustaban, no me alerté y la razón fue, que por primera vez vi que alguien te entendía y te ayudaba —concluyó. —Así que no logro entender, ¿qué más hace falta que Marco te demuestre, para que decidas si lo que sientes es correcto o no?

Aquella pregunta se sintió como un golpe para Jean, quien como si regurgitara todo lo que había dentro de él, pronunció:

—…No quiero que él se vaya y… vuelva a sentirme solo como antes.

Armin lo observó fijamente y comprendió que lo que su compañero experimentaba no era duda sobre sus sentimientos, sino miedo de perder al único ser que había logrado ser su amigo y compañero de manera genuina. Sabiendo lo orgulloso que era Jean y lo mucho que le había costado admitir aquello, colocó una mano sobre su hombro y sin mirarle directamente, le respondió:

Nada, ni siquiera una promesa nos asegura algo en la vida y eso como soldados, lo sabemos —afirmó, con cierta desdicha—. Sin embargo, si estamos pensando todo el tiempo en cómo y cuándo perderemos a los que queremos, podemos desperdiciar tiempo valioso y eso sí es algo de lo que te puedes arrepentir profundamente —aseguró, mirando esta vez a su amigo.

Parecía que sus palabras habían funcionado esta vez, ya que esa expresión confusa, había sido reemplazada por una mucho más tranquila.

—Tienes razón. Muchas gracias por escucharme como siempre, Armin —le sonrió levemente, siendo correspondido por el otro.

Vaya, hasta me das "las gracias" ahora. No cabe duda que el tritón hizo un buen trabajo —se burló el rubio, recibiendo un leve golpe en su hombro por parte de Jean a modo de juego—. Está bien, ya me voy al salón o sino Marco se despertará hasta dentro de un mes. —Se puso de pie y antes de ingresar, le dirigió unas últimas palabras a Jean. —Ah, y si vas a besar a Marco mientras duerme, procura cerrar bien la puerta antes. Ese hábito tuyo, te puede traer malas sorpresas.

El rostro de Jean se puso completamente rojo, al mismo tiempo que se dirigía hacia la puerta para vengarse del rubio, pero para su desgracia, éste fue más rápido y la cerró frente a sus narices.

Agh, ¡eres un maldito Arlert! —Le gritó desde afuera, sacándole una leve risa a Armin. Al fin había logrado devolverle una de muchas malas experiencias que ese par le habían hecho pasar, pero que al final, habían servido para juntarlos.


Dentro de un carruaje, Erwin recorría las calles del territorio Sina, las cuales lo habían visto crecer hasta la muerte de su padre. Era un territorio sumamente acaudalado y era por este motivo que la ubicación de la Policía Militar, se encontraba ahí. Al detenerse el carruaje, un sentimiento de nostalgia lo embargó recordando el motivo por el cual hacía mucho que no visitaba aquel sitio.

—Tardaré un par de horas, si quieres puedes ir a descansar —le informó el comandante al cochero, quien asintió, para después tomar las riendas de los caballos e irse.

Este lugar a diferencia del territorio donde se ubicaba la legión de reconocimiento, era mucho más tranquilo, por lo que se sorprendió, al ver la cantidad de personas reunidas en un mismo punto, como si algo grave hubiese ocurrido. Al acercarse entre la multitud, se dio cuenta que eso que observaban con tanta atención: eran un par de casas que se encontraban completamente hundidas entre agua y lodo, como si la misma tierra las hubiese succionado.

—Señor, hacemos lo que podemos para que pueda volver a su casa, pero el nivel del agua va en aumento y eso retrasa nuestra labor —escuchó decirle a uno de los cadetes de la policía militar, quien trataba por todos los medios de dialogar con el dueño de las propiedades.

—¡Eso mismo me llevan diciendo desde hace una semana! ¡¿Dónde demonios esperan ustedes que viva, si desde afuera hasta adentro, el agua pudrió la madera de los muebles y de la casa?! —Gritó con desesperación, empujando al chico.

—Señor, cálmese. Ya le explicamos que esto, está fuera de nuestro alcance —intercedió una de las compañeras del soldado para defenderlo.

Parecía que la situación estaba fuera de control, pero antes de intervenir, necesitaba informarse del contexto, por lo que se acercó a preguntarle a una de las presentes:

—¿Sabe que es lo que ocurrió?

La señora de aproximadamente unos cuarenta y tantos, lo miró y al darse cuenta que se trataba del comandante Smith, le respondió:

—Pues verá comandante: desde hace algunos meses, han empezado unas extrañas inundaciones aquí en Sina, que están dejando a las personas sin un lugar donde vivir —susurró la señora, acto que le pareció extraño a Erwin—. Hemos hablado con la policía militar sobre esto, pero además de que nos han prohibido a hablar de ello e incluso a los de los periódicos, esa bola de haraganes no han hecho más que excusarse —se quejó, mirando la escena frente a ella, para ejemplificar.

—Ya veo. Nosotros no teníamos información de lo que ocurría aquí. Es más, estoy seguro que nadie de Rose, tiene conocimiento de ello —comentó el rubio, de manera discreta.

—¿Y sabe que es lo más raro de todo? —Expuso la señora—. Que en una de las tantas brigadas que hacen estos inútiles, escuché decirles que el agua que ha inundado nuestras casas, ni siquiera es de los ríos cercanos, sino que es salada. ¿De dónde va a venir esa agua, si el mar está a kilómetros de aquí?

Erwin se detuvo a pensar en este último detalle y como un mal presentimiento, lo asoció con el sueño que había tenido esta mañana.

—No se preocupe, veré que puedo hacer.

La señora le sonrió y dándole unas cuantas suaves palmadas sobre su pecho, le dijo:

—Es por eso que la legión de reconocimiento tiene todo mi apoyo, porque ustedes son soldados fuertes y galantes que no temen en ensuciarse las manos —le guiño un ojo, de modo coqueto—. Es más, le voy a contar otro secreto: ¿Ve ese callejón que está entre la casa inundada y la calle? —Señaló con su dedo—. Bueno, ahí yo vi que los policías tiraron los periódicos, por si quiere verlos. No sé qué tanto ocultarán, pero en definitiva no es nada bueno.

Después de un incómodo intento de coqueteo, el comandante fue hacia donde le había indicado y verificando que nadie lo viera, encontró montones y montones de periódicos acumulados sobre el piso, anegado por el agua. Entre los escombros, buscó uno que no tuviese la tinta tan corrida y fuese relativamente legible:

.

NOTICIAS RECIENTES:

¡LA CIUDAD DE SINA, SE HUNDE! LA POLICÍA MILITAR, PIDE GUARDAR LA COMPOSTURA ANTE LA SITUACIÓN.

OCTUBRE, 22. Ante los extraños sucesos que han ocurrido a lo largo de estos meses debido a las inundaciones en diferentes puntos de los distritos de Sina, el comandante Nile Dawk de la policía militar, ha hecho hincapié en "tener paciencia para que las diferentes brigadas, ayuden a reducir el daño que las aguas han provocado en las propiedades". Sin embargo, esta "ayuda" no ha favorecido a reducir en lo más mínimo el problema, ya que más casas quedan inutilizables y la gente ha quedado sin hogar.

Por otro lado, los habitantes que han manifestado su descontento por dicha situación, no han recibido una respuesta clara y se les ha prohibido que lo comenten fuera de este territorio. Según lo informado, los habitantes esperan una respuesta del Rey ante la problemática, a quien no se le ha visto involucrado desde que iniciaron estos incidentes.

.

Cuidadosamente, Erwin dobló el periódico y lo guardó en una de las bolsas de su pantalón. Pero antes de marcharse, se agachó para tomar uno de los trozos húmedos de periódico y lo guardó en el bolsillo delantero de su chaleco para mostrárselo después a Hanji.


—¿Comandante Nile? —Llamó una de las cadetes a la puerta de su oficina.

Agh, si es otra queja sobre las brigadas de inundaciones olvídalo, Hitch. —Se quejó el hombre, sin siquiera despegar la vista de los documentos, que tenía entre sus manos.

—No, en realidad tiene una visita: es el comandante Erwin —anunció la chica, dejando ver al robusto rubio detrás de ella.

Ante la evidente sorpresa, Nile dejó los documentos sobre el escritorio y se puso de pie.

—Hazlo pasar, por favor —le indicó a la chica, quien tras dar paso al comandante de la legión, cerró la puerta y se retiró.

Nadie dijo nada durante los primeros segundos, sólo las miradas furtivas que había entre ellos, sabían del secreto ambos estaban escondiendo del otro, listo para ser revelado.

—En los años que llevo aquí en la comandancia, jamás había recibido una visita tuya —habló primero Nile, teniendo en cuenta que, casi siempre el primero en tener la palabra, es quien termina por perder—. ¿Puedo saber a qué debo tan grato gesto, Erwin?

Con ese extraño sabor de boca que lo aquejaba desde la mañana, el rubio pasó algo de saliva para humedecer su garganta y hablar:

—Vine, porque hay un par de cosas que necesito aclarar contigo.

Una sonrisa ladina, se formó sobre el rostro de Nile.

—Es curioso… yo también tengo un par de temas de los cuales quería hablarte —se acercó lentamente hacia Erwin, quedando a escasos centímetros de su rostro—. ¿Por qué no comienzas tú? Tengo ganas de escuchar tu voz —le tomó por el mentón, haciendo que los ojos azules del otro, se posaran sobre los suyos con molestia.

—Estoy hablando en serio, ya déjate de juegos. —Le retiró la mano de golpe, desconcertando a Nile—. Dime: ¿por qué me ocultaste información sobre la misión que tu tropa hizo cerca del mar?

Los ojos negros del soldado, trataron de ocultar la sorpresa que esa pregunta le había causado.

—¿De qué hablas? Todo lo que pasó ese día yo te lo confié. No puedo creer que me tildes de mentiroso.

Erwin, naturalmente no esperaba una respuesta diferente a esa. Nile siempre, siempre había sido así: cínico, farsante, alguien que buscaba manipularlo por medio de todo el afecto que él le profesaba.

¿Por qué había tardado tanto tiempo en aceptarlo?

—Desde que te conocí… siempre me has mentido —admitió, a pesar de su orgullo y de sentir su inteligencia subestimada por alguien que siempre supo, no era quien decía ser—. Es suficiente. No más. —Le confrontó.

—Erwin, estás equivocado —se volvió a acercar a él, con la intención de tomarlo del rostro nuevamente—. Yo nunca haría-

—¡Basta, Nile! ¡Basta! —Empujó al soldado con fuerza, perdiendo completamente la compostura— ¡¿Cuánto tiempo más pensabas engañarme con la historia de tu "supuesta misión" fuera de los muros, cuando tú ni siquiera estabas ahí ese día?! —La expresión del policía militar, cambió bruscamente por una atónita, que no fue capaz de reprimir—. Desde un inicio, sabían perfectamente de la existencia de las sirenas y tritones, por eso fueron al mar, ¿no es cierto? Querían capturarlos, pero para hacerlo, debían pasar desapercibidos y fue por eso que enviaste a tus tropas por una ruta dentro de unas cuevas que conectaban al mar.

El soldado de cabello negro, no se atrevió a decir ni una sola palabra, ni siquiera fue capaz de mirarle a los ojos.

—Respóndeme Nile: ¿por qué ocultaste información sobre los tritones y sirenas, si sabías podía ayudarnos con los titanes? ¿Y por qué tienes tanto interés en ellos? —Insistió, obteniendo al fin la atención del otro.

—¿Qué es lo que esperas que te diga? —Señaló con descaro—. Tú y todos tus subordinados de la legión, creen que son los elegidos para salvarnos de este pútrido mundo en el que vivimos… pero estás equivocado, Erwin —señaló, con una expresión llena de odio—. No eres el único que quiere salvarnos de esta miseria, así que deja de hacerte "el mártir salvador" o podrías terminar involucrado en algo muy desagradable.

Erwin, jamás imaginó ver una expresión así en su amante y sentir que su vida, verdaderamente podía correr peligro.

—¿Me estás amenazando, Nile?

—No. Te estoy previniendo del peligro en el que podrías meterte, si sigues con esa actitud tan… "imprudente" —lo observó durante unos momentos, esperando cualquier clase de reacción de su parte, sin éxito—. Bueno, ahora que ya no hay nada por ocultar: mis cadetes me comentaron que entre los heridos, un tritón se infiltró y se hizo pasar por un soldado —comentó súbitamente—. Dado que venía entre mi tropa, es de mi propiedad, así que iré por él dentro de unos días —se dio la media vuelta, dejando a Erwin con una expresión de incredulidad.

—No puedes hacerlo —objetó, el rubio—. Él es importante para su gente y de llevártelo, romperías la alianza que hemos establecido con los tritones y perderíamos información que aún no hemos obtenido sobre los titanes.

Nile sonrió con presunción.

Vaya, ¿eso que escucho es debilidad en el comandante Smith? —Ironizó, regresando sus pasos hacia donde estaba el rubio—. Eso es extraño, ya que hace unos momentos me catalogabas de mentiroso y ahora, parece que quieres pedirme un favor —sonrió, al mismo tiempo que delineaba cuidadosamente el rostro de Erwin con las yemas de sus dedos, hasta llegar a sus labios. —¿No dirás nada? ¿O es tu orgullo, como siempre, el que te impide expresar que me necesitas para salvar este mundo?

El aliento cálido proveniente de los labios de Nile, cosquilleó sobre los labios de Erwin, quien, tratando de escapar de esa jugarreta, giró su rostro y dirigió sus pasos hacia la salida. El comandante de la policía, asumió este acto como un juego y antes de que el rubio pudiese acercarse a la puerta, lo jaló con fuerza y lo empujó sobre el escritorio.

—¿Qué rayos te pasa? ¡Suéltam…!

La frase murió en los labios de Erwin, al mismo tiempo que Nile lo besaba, pero esta vez su sabor era ansioso, violento y repulsivo… muy repulsivo. No le dio ni siquiera la oportunidad a acostumbrarse al acto, cuando ya tenía las manos contrarias desabotonándole la camisa, dejando su cuello expuesto.

Erwin… déjame tenerte —susurró enardecido, besando y mordiendo cuanto podía de esa piel, que transpiraba una fragancia natural única en su tipo.

—Nile, ya déjate de juegos y para de una vez. —Se quejó, removiéndose debajo de su cuerpo para liberarse de tan desatinado acto, mas el otro, cegado por su propia excitación, lo ignoró.

—Vamos, dame una de esas miradas, como cuando éramos jóvenes y lo hacíamos a escondidas de los instructores —pegó su frente contra la del rubio, con el propósito de que sus ojos se encontraran—. ¿Aún lo recuerdas, Erwin? ¿Todo lo que pasamos juntos y esas promesas que nos hicimos?

Los ojos azules miraron al hombre que estaba frente a él y lo comparó con ese chico de dieciséis años que había conocido en la milicia: distinguió unas arrugas que antes no estaban sobre ese rostro ahora maduro y varonil. Sus manos, se habían vuelto fuertes y toscas, y su cuerpo, había crecido más que el suyo. Pero hubo un cambio entre todos, que llamó especialmente su atención: sus ojos.

Esos, en los que alguna vez vio reflejados tanto amor y preocupación por él… no había más que un vacío y una necesidad egoísta de satisfacerse a sí mismo. Aquel joven de ojos negros y palabras idealistas, había llegado a su vida como si se tratara de una ilusión y era justo así como la recordaría: como una ilusión que mantuvo, hasta que se derrumbó.

—…Quiero terminar lo nuestro —quedó flotando en el aire y en los oídos de Nile, quien no daba crédito a lo que había salido de los labios de Erwin.

—¿Qué dijiste? —Se separó del cuerpo del rubio, en busca de algún posible error de su parte, mas no fue así.

—Dije que se acabó, Nile. ¿O debo repetirlo hasta que lo entiendas? —Se incorporó finalmente, para quedar sentado sobre el escritorio.

El comandante de la policía miró fijamente a Erwin, mientras éste, se abotonaba detalladamente su camisa.

—¿Es en serio lo que me dices? ¿Quieres terminar con algo que llevamos años haciendo? —Más que querer escucharle repetir lo mismo, deseaba poder asimilar lo que ocurría.

. —Fue la única respuesta de Erwin, a tan angustiosas preguntas.

Al mismo tiempo que lo veía dirigirse a la puerta, Nile creó en su mente una serie de escenarios que dieran un cierre lógico a lo que pasaba:

¿Qué no Erwin le había prometido que salvaría el mundo a su lado? ¿Se había cansado de esperarlo o era acaso que él… había encontrado a alguien más?

Únicamente ese pensamiento bastó para que unos celos atroces se apoderaran rápidamente de él, impidiéndole el paso al rubio.

Oh, ¿cómo rayos es que no me di cuenta de lo obvio? —A pesar de usar la burla en sus palabras, Erwin percibió el temblor en su voz y sus manos.

—Nile déjame pasar, tengo asuntos pendientes que necesito

—¡Cierra la boca! —Exclamó, empujando violentamente al rubio contra la pared—. ¡¿Tú tienes un amante, verdad?! Por eso es que me estás dejando, para irte a poner bajo el cuerpo de ese hombre como la puta que eres.

Un certero puñetazo se impactó sobre el rostro de Nile, dejándolo sobre el piso. Con dolor, el soldado se removió, notando como la sangre caía de su rostro y manchaba la alfombra.

—¿Quién mierda te crees para reclamarme sobre tener un amante, cuando has estado engañando a tu esposa por años? —Escupió sus palabras, mirándolo con un aborrecimiento profundo—. Tengo derecho a encontrar a alguien y si me coge mejor que tú o no, es mi problema. —Expresó, ante la mirada atónita del otro.

… —pronunció Dawk, al mismo tiempo que se ponía de pie— ¡grandísimo hijo de puta!

Sin darle oportunidad a Erwin para prever el ataque, Nile le soltó un puñetazo sobre su estómago que hizo que el rubio se encorvara de dolor y aprovechando su posición, lo golpeó fuertemente sobre el rostro. El comandante de la legión, a duras penas logró sostenerse, cuando abruptamente, sintió las manos del policía sujetarlo con fuerza por los hombros, estampándolo contra la pared.

—¿Crees que me importa una mierda a quien le das el culo, eh? —Reprochó, al mismo tiempo que sacudía el cuerpo del rubio con violencia, como intentando que sus palabras tuvieran algún efecto en él.

Con el labio roto y un golpe sobre su mejilla hinchada, Erwin miró los labios de Nile moverse. Esos, que lo habían besado tantas veces, pero que ahora, lo estaban destruyendo.

—Ya no me sirves ahora que Marie y yo, vamos a formar una familia —los ojos de Erwin se abrieron con desconcierto—. Así es: voy a ser padre gracias a ella, cosa que tú jamás podrías haberme dado.

Esos labios, que le habían dicho tantas veces que lo amaba, lo estaban aniquilando.

—Eres un asqueroso pervertido y por un momento, casi me arrastras a ese tu mundo enfermo. Pero soy diferente a ti y por eso me quedaré con Marie.

Y esos labios, que le prometieron que lo elegiría sobre cualquier persona… le habían mentido.

—¿Tanto te tardaste en darte cuenta que elegías a Marie sobre mí? Yo ya lo había entendido veinticinco años atrás. —Declaró con frialdad en cada una de sus palabras, al mismo tiempo que se zafaba del agarre de Nile y salía finalmente de la oficina.

Ante el bullicio ocasionado, algunos cadetes aguardaban afuera de la oficina, para ver lo ocurrido. A Erwin poco le importó que viesen su estado tan deplorable, en esos momentos sólo quería desaparecer para todos y por primera vez en años, así lo haría.

.

(2) «Lo siento… siento mucho, haber sido un tonto para ti.

Pero nunca me imaginé, que el amor podía llegar a ser así de cruel».


Caída la noche en la legión de reconocimiento, los soldados en turno se encargaron de llevar a los tritones hacia el salón experimental de Mike, donde se reunirían para hablar con Erwin sobre la alianza. Pero al pasar de las horas, el rubio no apareció.

—¿Alguna noticia sobre él? —Preguntó Levi afuera del salón, a Gunter y Erd.

—Me temo que no, capitán. De hecho el cochero que lo llevó esta tarde a Sina, dice que cuando lo fue a buscar, tampoco pudo localizarlo —respondió Erd.

Un mal presentimiento, se acentuó dentro el capitán con estas palabras. Erwin, sobre todos los problemas que podía llegar a tener, siempre ponía primero sus deberes en la legión y esta alianza, no era la excepción.

—Gracias por informarme —comentó, con esa expresión pensativa sobre su rostro. Confiaba plenamente en las decisiones que el comandante tomaba, pero cuando se involucraba a Nile Dawk, sabía que Erwin podía volverse un completo desastre. —Maldición… ¿dónde rayos estás, Smith? —Protestó, dirigiéndose hacia el salón experimental donde estaban todos reunidos y fastidiados.

—…Y esa es la historia de cómo decidí unirme a la legión de reconocimiento, ¿no es genial? —Expresó Hanji entusiasmada, ante la expresión de total aborrecimiento de parte de los cadetes y tritones.

Esto sólo comprobaba lo mal que debió sentirse Erwin, para dejar a cargo de la reunión a semejante loca.

—Tomaré ese silencio como un: "Sí Hanji, continúa contándonos tus historias".

—¿Qué tal un: "Sí Hanji, gracias a ti, haces que quitarse la vida no sea tan mala opción" ? —Le susurró Eren a sus amigos, alcanzado a ser escuchado por Levi y sacándole una leve sonrisa.

—Aprovechando que "mi buen amigo Mike" decidió acomodarlos de este modo —y a "acomodar", se refería a que el líder tritón había hecho una división donde había colocado a los tritones junto a él, para alejarlos de los soldados—, les contaré otra historia, que estoy segura que les encantará.

El capitán no lograba entender el cerebro de aquella mujer, cuando explícitamente le había dicho que se tomara la presencia de Mike con el respeto debido al ser el líder de su gente.

Suficiente, no más historias. —Expresó Mike—. Erwin me dijo que hablaríamos sobre la alianza, motivo por el cual estamos reunidos todos aquí. Pero ni estamos hablando del tema, ni él está aquí.

—Supongo que no tarda en llegar… Fue a tratar asuntos importantes con la policía militar —respondió con la misma preocupación Hanji, quien al ver el rostro confundido del líder tritón, aclaró: —Son los humanos con los que viajaste por las cuevas, para llegar hasta acá. Erwin tiene que aclarar porque están involucrados con ustedes y que es lo que buscan.

—…Ojalá se dé prisa —chistó con hastío, Mike.

—Bueno, pues mientras eso pasa, yo les traje un cuento especial que los humanos escribieron sobre ustedes —sacó un libro del bolsillo de su pantalón—. Se llama: "La Sirenita" y ustedes me dirán que les pareció.

Reiner y Jean, quienes habían leído (de manera obligada) ese libro desde que inició el experimento, suspiraron con cansancio.

—Es un poco largo, así que trataré de resumirlo en lo posible —acomodó sus gafas, bajo la luz de las lámparas de aceite que estaban sobre el suelo del salón.

.

"(3) En alta mar el agua es azul como los pétalos de la más hermosa centaura, y clara como el cristal más puro. Pero no creas que el fondo es de arena blanca y helada; en él crecen también árboles y plantas maravillosas, de tallo y hojas tan flexibles, que al menor movimiento del agua se mueven y se agitan como dotadas de vida. Toda clase de peces, grandes y chicos, se deslizan por entre las ramas, exactamente como hacen las aves en el aire.

En el punto de mayor profundidad, se alza el palacio del rey del mar, quien había quedado viudo, por lo que su anciana madre cuidaba del gobierno de la casa. Era una mujer muy inteligente, digna de todos los elogios; principalmente por lo bien que velaba de sus nietas, las princesas del mar. Todas hermosas, especialmente la más joven: "la pequeña sirenita".

La sirenita, tenía la piel morena y delicada como un pétalo de rosa, ojos verdes como el lago más profundo y su cuerpo terminaba en cola de pez. Cada una de las princesas cuidaba un rincón del jardín: sus hermanas lo habían adornado con toda clase de objetos raros y extravagantes (la mayoría procedentes de antiguos naufragios) pero el de la sirenita, sólo se veía la estatua de un hermoso adolescente, esculpido en mármol blanquísimo, rescatada de entre los restos de un navío hundido".

.

—Ya mencionaste mucho que "la sirenita" hizo esto y aquello: pero ¿cómo se llamaba? —Interrumpió Eren.

—Pues "sirenita", tonto —obvió Jean.

—¿La sirena llamada "sirenita"? ¿Es en serio? Es como si dijera la humana llamada "humanita" —se quejó, el tritón de escamas verdes—. Además, se escucha como si fuese una completa inútil, no hace otra cosa que estar recolectando las porquerías que los humanos tiran al mar. ¿Qué su abuela le puede enseñar a hacer algo productivo, además de verse bonita?

Ugh, pues si no te gusta, haz tu propio cuento —alegó nuevamente el cadete de cabello castaño, con fastidio.

—Pues si el cuento continúa así de mal, tal vez lo haga, tarado.

—Chicos, basta —intervino Marco—. Dejen que Hanji continúe con la historia.

A petición del tritón curativo, ambos dejaron a un lado la discusión, para seguir escuchando.

.

"La sirenita, anhelaba conocer el mundo que, allá arriba, emergía sobre las aguas. Aquellas tierras pobladas de seres extraños, que habían esculpido la estatua del hermoso adolescente.

—Cuando tengas quince años —respondía la abuela—, podrás nadar hacia lo alto y sentarte en las rocas de la costa.

La más pequeña tenía que esperar cinco años, hasta que le estuviera permitido salir de las profundidades para acercarse al lugar donde vivían los hombres y finalmente, el día llegó. Cuando la sirenita asomó la cabeza por encima de la superficie del agua, aquello que encontró la puso muy nerviosa, y la enamoró: entre cohetes y fuegos artificiales, un barco hermoso se balanceaba entre cánticos y risas. Dentro de él, un montón de marineros celebraban el cumpleaños de un joven muy bello. El príncipe cumplía dieciséis años y aquella era su gran fiesta.

Divertida, la sirenita miró al apuesto príncipe de cabellos y ojos profundamente negros, del cual había quedado completamente embelesada. Y no fue hasta que las velas se fueron hinchando y las olas embraveciendo, que se dio cuenta, que una tormenta se aproximaba. El barco, sometido a este vaivén caótico, perdió definitivamente su equilibrio y se inclinó. Al momento, se produjo una gran confusión entre los tripulantes del barco que se lanzaron al agua para no quedar atrapados, incluyendo a su amado príncipe; quien no pudo más y se abandonó a su suerte hacia la voracidad del mar.

Su primer sentimiento fue de alegría, pues ahora iba a tenerlo en sus dominios; pero luego recordó que los humanos no pueden vivir bajo el agua, y que el hermoso joven llegaría muerto al palacio de su padre. ¡No era posible que muriese! Por eso, se hundió en el agua y elevándose nuevamente, llegó al fin al lugar donde se encontraba el príncipe, el cual se hallaba casi al final de sus fuerzas; con los brazos y piernas entumidos y sus bellos ojos cerrándose.

Preocupada, lo llevó a la orilla donde ella le cantó hasta que despertara. Encantada por el humano, la sirena estampó un beso en su frente y le apartó el cabello empapado, encontrándole un parecido a la estatua de su jardín. Ante el dulce sonido, el príncipe se despertó y al hacerlo quedó prendado de la enorme belleza y la hermosa voz de aquella niña extraña. Pero, recordando que las sirenas no podían ser vistas por los humanos, la sirenita rápidamente volvió al mar, y tanto ella como el joven príncipe quedaron obsesionados el uno con el otro".

.

—¿Qué clase de historia es esta? —Expresó Eren—. La tipa tiene la peor suerte del mundo. Primero, tuvo que esperar cinco míseros años esperando poder ir a la superficie y el día que lo hace, hay una tormenta y los humanos se tiran al mar para morirse. Después, le salva la vida a un humano que conoció apenas unos segundos, se enamora de él y se larga sin decir nada. ¡Eso no tiene ningún maldito sentido!

—Claro que tiene sentido. Que tú seas una mierda sin sentimientos, no significa que ella tiene porque serlo también —alegó Jean.

Ay, por favor. ¿Ahora me vas a decir que es muy común, que una sirena le salve la vida a un humano y por eso se enamoren? —Ridiculizó al soldado y antes, de que éste pudiera contestarle, se adelantó a decirle: —Créeme, que de ser así, muchos humanos de aquí estarían enamorados de Marco, por todas las veces que les ha tenido que salvar el trasero.

Las palabras se atoraron en la garganta de Jean, mientras que el tritón curativo, desviaba el rostro para esconder su fuerte sonrojo.

—…B-bueno, por algo es sólo un cuento Eren. No te lo tomes tan personal —agregó Marco, después de unos segundos.

—Pero en realidad, ya pasó —rectificó el líder tritón, para sorpresa del curativo y del resto—. ¿O debo mencionar a tus padres de manera explícita, Eren?

Una mueca de disgusto se dibujó sobre el rostro del tritón verde, al mismo tiempo que se cruzaba de brazos como si fuera un niño.

Tramposo. Siempre que quieres ganarme, mencionas a mis padres—masculló, sacándole una sonrisa victoriosa a Mike.

—Entonces guarda silencio y deja que terminen de decir sus tonterías- digo, de contar la grandiosa historia —señaló el tritón mayor.

.

"Durante días, la sirenita, se vio presa de una infinita tristeza que no hacía más que provocar que lágrimas en forma de perlas cayeran de sus ojos verdes. Su largo cabello castaño, ya no lo peinaba con alguna concha que encontrara en el mar y su voz, la más bella de todo el vasto océano; no cantaba más que tristes alaridos de dolor.

—¿Los hombres que se ahogan viven para siempre? —Le preguntó la sirenita un día a su abuela— ¿no mueren como nosotros, los que vivimos en el fondo del mar?

—Sí —respondía la anciana abuelita —los hombres también mueren y su vida dura incluso menos que la nuestra. Nosotros podemos llegar a vivir trescientos años, pero, cuando dejamos de existir, nos convertimos en espuma. Ellos, en cambio, no alcanzan casi nunca los cien años.

—¿Y yo no podría tener un espíritu como el que tienen los hombres?

—No, eso sólo podría suceder —decía la abuela —si un hombre te amara hasta tal punto que te quisiera convertir en su mujer. Pero eso es dificilísimo que ocurra, porque precisamente lo que aquí en el mar todos te admiran, esa preciosa cola de pez, les parece a los hombres un miembro inútil, viscoso y repugnante. ¡No entienden nada! Para que en el mundo de allá arriba te consideraran hermosa, deberías tener dos puntales torpes que los hombres llaman "piernas".

La sirenita, al oír estas palabras, suspiraba con tristeza y miraba melancólica su cola de pez.
"Estoy dispuesta a todo para que me ame", pensó con determinación y abandonó el palacio de su padre, para nadar hacia los remolinos más profundos, allá donde vive la bruja del mar.

—Ya sé a qué has venido —indicó la bruja— Necesitas librarte de tu cola de pez y tener piernas para que el joven príncipe pueda amarte. Es una soberana tontería, pero haré lo que quieras, aunque he de advertirte que eso te conducirá fatalmente a una gran desgracia.

La sirenita, con un mal presentimiento, la escuchaba atentamente.

—Te prepararé un brebaje —prosiguió la bruja— y antes de la salida del sol nadarás hasta la escalinata del castillo y te lo beberás allí. Cuando lo hagas, tu cola se quebrará, se encogerá y se convertirá en lo que los hombres llaman "unas bonitas piernas". Se trata, sin embargo, de un proceso muy doloroso. Será como si te cortaran en canal con una espada. Tendrás un paso tan ligero que no habrá nadie capaz de bailar como tú, pero cada paso que des será como si pisaras cien cuchillos afilados. Si estás dispuesta a soportar todo eso, yo te puedo ayudar.

—Sí que lo estoy —dijo la sirenita con voz temblorosa.

—Una vez hayas tomado forma humana, ya no podrás volver a ser jamás una sirena del mar y no podrás bucear con tus hermanas. Y si no conquistas el amor del príncipe, de manera que por encima de todo quiera casarse contigo, se te romperá el corazón y te convertirás en espuma de mar —dijo la bruja.

—¿Y qué me pedirás a cambio de ayudarme?

—Tienes la voz más bonita de todas las que se escuchan en el fondo del mar y quiero que me la des a cambio de mi brebaje mágico. Te quedarán tu belleza y tus atractivos andares, además de tus ojos inmensos y expresivos con los que, estoy segura, puedes hacer feliz a cualquier humano.

Cuando la sirenita tomó entre sus manos el frasco del brebaje, notó una sensación extraña en la garganta, y su voz enmudeció. Siguiendo las instrucciones de la bruja, nadó hasta alcanzar el fondo del canal iluminado por la luna, al pie de la escalinata de mármol del palacio. Y, una vez allí, se bebió aquel brebaje cruel y sintió un dolor tan fuerte, que perdió el conocimiento.

Al despertarse, se encontró echada en el suelo, en presencia del príncipe y su corte. Volvió la cabeza y vio que su cola de pez había desaparecido; pero, en cambio, tenía las piernas más bonitas que una muchacha pudiera desear. El príncipe le preguntó quién era y de dónde venía; pero, como ella no tenía voz, no le pudo responder. Entonces, el joven la ayudó a incorporarse y le pidió que no se separase de su lado y aceptara venirse a vivir con él a palacio".

.

A pesar de haber escuchado (obligatoriamente) ese cuento cientos de veces por Hanji, la atención de Levi se vio momentáneamente atraída por lo que creía era "un cuento para mocosas idiotas que les gusta leer romance barato" y para su sorpresa, se dio cuenta que el resto también lo estaba. Tratando de despejarse un momento de su preocupación, el capitán ingresó al salón y en silencio, se recargó sobre una de las paredes, llamando la atención de Eren a lo lejos.

Sus miradas se contemplaron con cierta incomodidad, y una extraña sensación de melancolía se acentuó dentro de ellos, mientras que el lugar era cálidamente alumbrado por las lámparas.

.

"Como ya le había advertido la bruja, a cada paso que daba era como si anduviera sobre agudos punzones y afilados cuchillos, pero lo soportó sin una queja. De la mano del príncipe, subía ligera como una burbuja de aire, y tanto él como todos los presentes se maravillaban de su andar gracioso y cimbreante.

El príncipe pensaba que aunque no pudiera hablar, la sirenita resplandecía por su majestuosa belleza. Su peculiar cabello largo y castaño, contrastaba perfectamente con sus ojos verdes que lo seguían completamente devotos, hacia donde él fuera. El joven príncipe no pudo evitar enamorarse de ella, pero no lo suficiente como para que el hechizo se rompiera y la sirenita pudiese tener un alma eterna como la de los humanos. Aunque de cierto modo, aquella muda le recordaba a la linda mujer que días atrás lo salvó, pero sabía que no era ella. Lo sabía, porque aquel canto que había escuchado: era más hermoso que el resonar de las olas contra la costa, que el viento acariciándole el rostro y el sonido de los ángeles al cantar.

No lo sabía, pero esa voz que escuchaba entre sus sueños, era el dulce sonido de una sirena enamorada.

Un día, apareció en el palacio una mujer, la cual se rumoreaba era la prometida del príncipe. La sirenita estaba impaciente por ver su hermosura, y hubo de confesar que nunca había visto un ser tan perfecto. Tenía la piel tersa, y detrás de las largas y oscuras pestañas sonreían unos ojos azules, de dulce expresión. Además, ella tenía una voz parecida a la de la sirena.

—Eres tú —dijo el príncipe— la que me salvó cuando yo yacía como un cadáver en la costa—. Y estrechó en sus brazos a su ruborosa prometida. —¡Ah, qué feliz soy! —Añadió, dirigiéndose a la sirena—. Se ha cumplido el mayor de mis deseos. Tú te alegrarás de mi dicha, pues me quieres más que todos.

La sirenita, le besó la mano y sintió caer en un abismo. Era muda, se sentía dolida y estaba sola. Las predicciones de la bruja habían sido ciertas, y su corazón estallaría en mil pedazos si no encontraba consuelo.

La boda se celebró al cabo de pocas semanas y los novios unieron sus manos, entre nubes de incienso, y recibieron la bendición del obispo. La alegría duró dentro del barco hasta muy tarde; pero, finalmente, todo el mundo se retiró a dormir. Sólo la sirenita permaneció despierta con los brazos apoyados en la borda el barco y mirando lánguidamente el despuntar del alba rosada; pues sabía que el primer rayo del sol, le traería la muerte.

"Lo único que he hecho es amarle, pero no fue suficiente", pensó la sirena, cuando del mar, emergieron sus hermanas.

—Hemos venido a salvarte —dijo una sirena empuñando un cuchillo de plata—. Existe una forma de romper el maleficio causado por el brebaje de la bruja. Antes de que salga el sol debes clavar este cuchillo en el corazón del príncipe y salpicarte los pies con su sangre. Entonces, tus piernas se juntarán como antes y volverás a ser una sirena.

"Yo no puedo hacer eso", pensó la joven. "No puedo matar al príncipe, porque le amo más que a mi propia vida"

—Las sirenas pertenecen al mar y los humanos a la tierra, nuestros mundos jamás tienen porque ser mezclados —le dijo una de sus hermanas—. Piensa en nuestro padre, el rey del mar y en nuestra abuela, que está tan afligida que ha perdido casi todos sus blancos cabellos. No te lo pienses más y hunde el puñal en el corazón del príncipe para poder regresar a tu hogar —le pidió—. ¡Qué importa si ese humano muere! ¿Qué él ya no te ha matado sin tocarse el corazón, también?"

.

Para ser un cuento, aquello sonaba tan frío, como real. Probablemente, lo suficiente como para que Levi y Eren se hubiesen tomado tan enserio esas palabras, desviando con mortificación la mirada del otro.

"Las sirenas pertenecen al mar y los humanos a la tierra, nuestros mundos jamás tienen porque ser mezclados", repitió el capitán dentro de su cabeza, preguntándose porque algo que hace unos segundos consideraba tan estúpido, lograba hacerlo sentir tan vacío… y lo entendió. El mensaje de quien había escrito el cuento no era sobre "lo erróneo que era que dos especies se mezclaran", sino del dolor que sientes cuando amas a alguien y no puedes estar a su lado por ser diferente.

.

"La sirenita, retiró la cortina del dosel que habían dispuesto como cámara nupcial en la cubierta del barco, y contempló a la hermosa novia dormida con la cabeza recostada en el pecho del príncipe. Se inclinó, besó la hermosa frente de su amado, miró al cielo donde lucía cada vez más intensamente la aurora, miró luego el afilado cuchillo y volvió a fijar los ojos en su príncipe, que en sueños, pronunciaba el nombre de su esposa; sólo ella ocupaba su pensamiento. La sirena levantó el cuchillo con mano temblorosa, y lo arrojó a las olas con un gesto violento. Con los ojos velados ya por la muerte, la sirenita miró por última vez a su querido príncipe.

—Yo nací en el mar y allí, he de volver. Si muero y me convierto en espuma, tal vez pueda llegar a la gente y demostrar mi verdadero amor —susurró—. Yo no conseguí ser amada, pero sé que puedo dar mucho amor a los demás —y se arrojó al mar.

La sirenita se sintió libre de la muerte; veía el sol reluciente, y por encima de ella flotaban centenares de transparentes seres bellísimos. Levantó hacia el sol sus brazos transfigurados, y sintió que las lágrimas asomaban a sus ojos.

A bordo del buque reinaba nuevamente el bullicio y la vida; la sirena vio al príncipe y a su bella esposa que la buscaban, escudriñando con melancólica mirada la burbujeante espuma, como si supieran que se había arrojado a las olas. Invisible, besó a la novia en la frente y, enviando una sonrisa al príncipe, se elevó con los demás espíritus del aire, entre las rosadas nubes, que surcaban el cielo.

Como un ángel que ascendió y como una metáfora de amor que se evaporó, su espíritu cuidó de aquellos que se amaban, tanto como ella una vez amó".

.

—Y ese es el fin. ¿Qué opinan? —Cerró el libro Hanji, mirando a los presentes, quienes solo guardaron silencio—. ¿Qué les pasa? Creí que les gustaría el cuento porque era de sirenas —hizo un puchero infantil.

—Claro, porque escuchar historias sobre cómo las sirenas se enamoran y se terminan suicidando por no ser correspondidas, es la mejor manera de romper el hielo con tritones —le susurró entre dientes Jean a Reiner.

—…Eso es algo simplemente cruel —habló Bertholdt, desviando la atención hacia él—. Es decir, aun no entiendo porque en el cuento las sirenas no tenían piernas como nosotros, pero… es que ella sacrificó tanto por ese humano y lo amó con todas sus fuerzas, para que al final, él simplemente la cambiara por una humana que acababa de conocer. Eso no es justo.

Cayendo en cuenta de lo seria que se estaba volviendo la situación, Hanji intervino:

Bueno, bueno, es sólo una historia —se justificó—. Además ella hizo un sacrificio incondicional de amor y tal vez, eso es lo que lo hace romántico.

Esa última frase, no había sonado nada bien para los tritones.

—Alguien que se abandona a sí misma y a los demás, ¿es algo "romántico" para ustedes? —Cuestionó Marco firmemente—. Si es así, ¿por qué debe ser la sirena la que sacrifique su vida por la del humano, si se supone que el amor que tenían "era mutuo"?

Ciertamente, los tritones tenían puntos bastantes sólidos que debatir sobre el cuento, mismos, que la líder de escuadrón no sabía cómo debatir.

—Yo no escribí la historia, así que… —miró a Levi, en busca de ayuda, pero este a lo lejos sólo negó con la cabeza y la dejó hundirse sola con su problema. —Oh, rayos.

—La historia hubiese sido más interesante si el humano se hubiese enamorado de la sirena y ella no le correspondiera —afirmó de manera súbita Eren, captando la atención del capitán y el resto—. Puede ser que como humana, ella fuera hermosa tal como dice el cuento, pero, fue su naturaleza de sirena, lo que había llamado la atención del imbécil del príncipe. ¿O me equivoco?—Inquirió con arrogancia—. Créanme, se sorprenderían por la cantidad de humanos que en algún tiempo se arrojaban al mar, con la idea de poder enamorar a las sirenas. Pobres estúpidos, como si alguien de ellas se fuera a fijar en un débil humano que a penas y puede soportar minutos bajo el agua —se burló, sacándole una sonrisa a su líder.

—Por algo son sólo historias, ¿no Eren? —Comentó Levi con notable molestia, cortando de golpe la sonrisa en su rostro.

—Uno pésimamente escrito por humanos, que nos hacen ver como seres débiles y estúpidos que se enamoran del primer humano que conocemos. Cosa que jamás sucede, ni sucederá. —Reafirmó, buscando herir a Levi con sus palabras y su mirada verde, que le decía cuan molesto seguía con él, a causa de su indiferencia.

Levi quiso poner en su lugar al mocoso, pero antes de que pudiera hacerlo, lo llamaron desde la puerta:

—Capitán, el comandante Erwin ya llegó —avisó Erd, completamente agitado.

—¿Y qué espera para entrar? Lo llevamos esperando durante horas. —Contestó con fastidio.

—Verá… no creo que esté en condiciones para tener la reunión.

Al escuchar esto, casi de inmediato Mike se levantó de su lugar y se dirigió a Erd.

—¿Por qué no puede? —Preguntó con voz grave, intimidando al soldado de cabello rubio.

Previendo la posible pelea que podía darse a lugar, Levi salió del salón experimental junto a Mike y cerró la puerta.

—¿Qué es lo que ocurre? —Bajó su tono de voz, presintiendo que algo grave había ocurrido.

—Me da algo de pena, ya que el comandante es alguien a quien respeto mucho, pero…

Antes de que el soldado pudiera decir algo más, la figura tambaleante de Erwin recargada sobre el hombro de Gunter, apareció frente a él. Mike a distancia, captó un fuerte olor que lo obligó a cubrirse la nariz.

Ugh, ¿qué es ese aroma? —Expresó con desagrado, y una vez que estuvo suficientemente cerca, Levi percibió el fuerte olor a alcohol que desprendía.

—Vaya, nos dejas plantados en la reunión y llegas apestado a ebrio corriente, Smith —satirizó el capitán, sorprendido de ver a su amigo en tan deplorable estado; con la cara golpeada y su ropa desarreglada—¿Qué explicación tienes para dar?

Los ojos azules de Erwin se deslizaron desde la pequeña figura de Levi, hasta la inmensa figura de Mike (quien igual de desconcertado que el resto) lo observó avanzar vacilante hacia él, para terminar recargándose contra su cuerpo.

—Parece ser que incluso borracho, sabes lo que haces yéndote con alguien más grande que tú —añadió el capitán, recibiendo una mirada confundida por parte del líder tritón.

Ah… ¿necesita que ayudemos al comandante a subir a su alcoba, capitán? —Preguntó Gunter, ante la extraña situación.

Levi meditó la opción durante unos segundos, mas la descartó.

—Lo mejor es que se quede en uno de los salones experimentales por esta noche. No quiero que nadie lo vea en ese estado —objetó, mirando fijamente a su amigo—. Y bueno ya que insistías en estar aquí —se dirigió está vez a Mike—, ¿por qué no me ayudas a cargarlo y llevarlo hasta allá?

—¿Disculpa? —Expresó, sintiéndose ofendido ante el hecho de que él, como líder de los tritones fuese mandado por humano común y corriente.

—Bien, te mostraré el camino —se adelantó Levi, ignorando por completo su gesto.

Los otros soldados observaron a Mike a la expectativa que hiciera algo y éste prácticamente obligado, cargó a Erwin entre sus brazos.

Maldito enano. —Masculló con molestia el tritón, siguiendo al capitán hasta llegar al salón experimental de Eren.

Ahí, Levi tomó la bolsa de dormir que usaba y la extendió sobre el piso.

—Recuéstalo aquí —le dijo el soldado a Mike, siendo acatado por éste.

Bajo esa escasa luz de luna, el líder tritón pudo contemplar el aspecto tan lamentable de Erwin, haciendo que se preguntara en que momento alguien con su porte y elegancia, había terminado de ese modo.

—Tengo que regresar con los demás para enviarlos a sus salones, así que necesito encargarte a Erwin por unos minutos —explicó Levi—. Sé que él no es tu persona favorita, pero como verás el alcohol le pateó el trasero a niveles colosales, así que te voy a pedir que no intentes matarlo mientras está así —justo cuando pensaba retirarse, la voz del tritón lo detuvo.

Espera. ¿Qué pasa con Erwin? ¿Por qué está así de mal? —Más que preocupación por el comandante, era su necesidad de esclarecer toda esa situación tan abrumadora.

El capitán soltó un suspiro.

—¿Sabes lo que es "alcohol"? —Preguntó el capitán, recibiendo una negativa por parte de Mike—. Es un líquido con un sabor horrible, que pone realmente imbécil a la gente que lo consume. Por eso él está así.

Aquello no tuvo ningún maldito sentido para Mike. A sus ojos, Erwin parecía ser un humano inteligente y prudente, ¿por qué rayos tomaría algo que le haría tanto mal?

—Y si lo sabía, ¿por qué razón lo tomó? —Cuestionó, mirando al rubio recostado sobre la bolsa de dormir.

—Si las cosas salieron como creo, es culpa del mismo bastardo que sospechamos, está detrás de todo lo que les ha pasado a ustedes —respondió sin reservas, apretando sus puños.

—¿Quién es? ¿Y por qué Erwin está involucrado con él? —Preguntó el líder firmemente.

—¿Recuerdas al tipo que lideraba a los humanos, en la tropa que te infiltraste?

—Sí, lo recuerdo.

—Él es el hombre de quien te hablo. Su nombre es Nile Dawk y durante mucho tiempo… fue amante de Erwin —le informó, haciendo que el hombre del mar, lo mirara con estupefacción.

—¿Me estás diciendo que el responsable de todo lo que nos ha ocurrido, es pareja de Erwin? —Cuestionó con cierto recelo.

—Antes de que te adelantes a sacar conclusiones por ti mismo, ellos fueron pareja mucho antes de saber de la existencia de las sirenas —rectificó el soldado—. Pero al enterarse en lo que Nile estaba involucrado, Erwin comenzó a investigarlo. Fue por eso es que hoy fue a hablar con él, para aclararlo todo —explicó, conteniendo el impulso de observar a su amigo y que esto, aumentara aún más su furia.

—…Ya entiendo —y en verdad, lo hizo.

Había entendido que Erwin, no solo había puesto su integridad en riesgo por los tritones, también, su relación de años con ese sujeto llamado Nile. Al pensar en ello, una opción tan destructiva e ilógica como el alcohol, cobraba sentido.

—Me gustaría quedarme charlando más contigo, como se supone que haríamos hoy. Pero debo atender otros asuntos —declaró el capitán, pensando en la plática pendiente con que tenía con Eren—. Vendrá Hanji en uno momentos, así que no te preocupes, él estará durmiendo hasta que amanezca. ¿Puedo contar con tu ayuda, Mike?

El tritón era consciente que en ocasiones, terminaba siendo el cuidador de los tritones más jóvenes; pero pensar que lo sería de un humano, era algo que sencillamente no le agradaba. Sin embargo…

—Es lo mínimo que puedo hacer —también sabía ser agradecido con aquellos que cumplían sus promesas y Erwin, desde ese momento tenía todo su respeto.

—Te lo encargo —agregó Levi, sintiéndose confiado por la honestidad del líder del mar, para después retirarse.


Al regreso de Levi hacia el salón donde estaban los tritones, dio por terminada la reunión y les pidió a los cadetes custodiarlos hasta su respectivo salón. Eren, quien se encaminaba de igual forma, se detuvo unos instantes, para escuchar la charla entre Levi y Hanji.

—¿Entonces llegó por sí solo en ese estado hasta acá? —Exclamó Hanji con cierto asombro, mas manteniendo la seriedad de la situación—. Es increíble que nada le haya pasado, pero en el fondo, sabíamos que esto pasaría.

El capitán quiso asentir, pero de hacerlo, significaría que estaba de acuerdo con lo que Nile le había hecho a Erwin, y eso jamás pasaría. Le haría pagar todas y cada una de las cosas que le había hecho pasar al idiota de su amigo, revelando toda la mierda en la que estaba involucrado, pero para ello, faltaban unas cuantas piezas más.

—Levi —le llamó el tritón verde—, ¿nosotros no nos vamos a ir? —Le miró con insistencia, sacándole una sonrisa divertida a Hanji.

—Mejor me adelanto y voy a buscar tu bolsa de dormir para esta noche. No sea que vayas a dormir "incómodo", amigo —le guiñó el ojo al soldado de manera divertida, cosa que no le agradó en absoluto al tritón verde.

—Deja de hacer gestos estúpidos y apresúrate para que puedas ir a ver a Erwin. —Fue la única contestación de Levi.

—Que amargado eres —se quejó, haciendo un puchero infantil—. Me sorprende que Eren, con lo lindo que es, soporte estar tanto tiempo contigo.

Tch, estarán fallando tus horribles gafas entonces —chasqueó la lengua con fastidio, sacándole un gesto de indignación al tritón.

—Claro que Eren es lindo. Es más, te lo voy a probar —agregó, sacando el libro que había leído momentos atrás y abriéndolo en una hoja en específico, donde aparecía la imagen de "la sirenita".

No faltó ser muy observador, para que Levi notase el enorme parecido entre la hermosa sirena de largo cabello castaño y ojos verdes, con Eren, quien prácticamente parecía la versión masculina de ésta.

—Dime si no son idénticos —mencionó Hanji, poniendo la imagen a un lado del rostro de Eren para apresurar más la respuesta de Levi.

—…Un poco —soltó a duras penas el capitán, para cerrarle la boca a su amiga, cosa que no ocurrió.

Oh, pero no sólo Eren aparece en el cuento —buscó nuevamente entre las hojas de su libro y una vez que encontró la correcta, se la mostró al par—. Nuestro amigo Levi, también se parece mucho al príncipe de la historia… sólo que mucho más bajo de estatura, por supuesto —señaló con su dedo la imagen de la sirenita convertida en humana, nadando junto al elegante príncipe.

El tritón y el soldado, se miraron con cierta extrañeza entre ellos, cuando un repentino chillido de Hanji, los sobresaltó.

—¡Son iguales a la sirenita y al príncipe! —Exclamó eufórica, despertando una sensación desagradable en Levi—. Pero… ¿será acaso que nuestro enano príncipe, logrará darse cuenta de los sentimientos de nuestro neurótico tritón, antes de que sea demasiado tarde…? —Simuló la voz de un narrador de cuentos, cuando sin preverlo, el puño del capitán se estampó contra su rostro.

—Cierra ya, tu sucia boca. —Decretó el soldado.

Acostumbrado a esa extraña relación entre ellos, Eren sólo se dedicó a mirar con la misma confusión de siempre, dicha escena.

Hum. Parece ser que "nuestro heroico príncipe", tiene un poco de la personalidad de "la bruja del mar"… sin ofender a la bruja —se bufó, recibiendo una negativa con la cabeza por parte del tritón, sorprendido de lo masoquista que podía ser esa mujer.

—Tú quieres que te rompa esas gafas de mierda, ¿verdad? —Amenazó Levi, tomándola por las solapas de su camisa.

—No, por favor. Serían las sextas este mes —sonrió con nerviosismo, haciendo que Eren interviniera finalmente.

—Cálmate Levi, sólo era una broma —explicó el tritón, colocando sus manos sobre las del soldado, para que soltara su agarre.

Hanji fue testigo del milagro (en el cual pensó que terminaría muerta), cuando tras unos segundos de intercambio de miradas entre Eren y Levi, éste último decidió soltarla.

—Vete antes de que cambie de opinión y te estrelle esas estúpidas gafas —desvió el rostro con desagrado, para evitar ver la estúpida expresión de victoria de su lunática amiga.

—Como usted diga, capitán —comentó, desviando su mirada hacia Eren—. Parece ser que ser que esta vez tanto la sirena como el príncipe, se ayudarán mutuamente, ¿no lo crees? —Le guiñó un ojo con picardía al tritón, dejándolo un tanto confundido.

Siendo Hanji la última en salir, el salón quedó absorto en silencio.

—Tu amiga está algo loca, pero es divertida —sonrió Eren, llamando la atención de Levi—. Me sorprendió mucho que notase el parecido entre nosotros, con los personajes del cuento, pero estoy seguro que lo decía sólo por jugar. Digo, ninguna sirena o tritón cuando muere se convierte en espuma… eso es demasiado tétrico de imaginar —se burló.

—¿Por qué? —Preguntó Levi.

—Es mucha espuma y eso significaría, que hemos estado nadando entre las almas de las sirenas que no fueron correspondidas por humanos —explicó—. Ustedes tienen mucha imaginación, para inventarse historias tan idealizadas sobre nosotros.

—Por si no lo has notado, antes de conocerlos, no teníamos la más remota idea de su existencia. Puede que haya sido una estupidez lo que escribieron sobre ustedes, pero debes comprender que para nosotros ustedes son los extraños.

"Extraños", repitió el tritón dentro de su cabeza, topándose con el cristal del contenedor frente a él. Acercándose un poco más, miró detenidamente su silueta gracias a la luz de las lámparas: sus piernas cubiertas de verdes escamas, su cabello que caía largo sobre sus caderas, sus ojos…

No supo por qué, pero ese momento, notó la presencia de Levi observándole a través del vidrio; con su uniforme habitual, su porte altivo y su mirada inigualablemente gris. Lo había contemplado tantas veces dormido, que le era extraño estar haciéndolo con la misma intensidad ahora, que estaba despierto.

—¿Estás mirándome a través del reflejo del contenedor? —Expuso el soldado a espaldas de Eren, descubriéndolo.

—C-claro que no. Yo sólo estaba mirando el agua —se excusó apenado, encontrándose con la mirada penetrante de Levi, por medio del vidrio.

Con fastidio, el capitán chasqueó la lengua y toscamente, tomó al tritón por los hombros para girarlo hacia él. Y esta vez, cuando sus miradas se encontraron, hubo un latente desconcierto, que jamás habían sentido. Era como si quien estaba frente a ellos, fuese alguien completamente distinto y desconocido.

¿Acaso lo que decía ese cuento era verdad y el lazo que unía a una sirena y un humano, estaba destinado a permanecer como un vago recuerdo en la mente contraria…? Probablemente sí y no importaba cuanto se negarán a ello.

—Teníamos un tema por discutir, ¿no es verdad? —Habló Levi, rompiendo el intenso contacto de sus miradas.

—Sí… —susurró su respuesta, agachando levemente su cabeza.

—No sé si quieras decir algo antes —añadió el capitán, notando el nerviosismo en el cuerpo del otro.

—Yo… —salió como un suspiro de su boca, tratando de que su orgullo no manchara sus palabras— He pensado sobre la situación en la que nos encontramos tanto humanos como tritones, pero sobre todo, en que es lo que ocurrirá entre tú y yo.

Aun cuando el rostro de Eren, era escondido por su largo cabello, Levi notó que sus manos buscaban las suyas para apresarlas, casi como si tratara de darse fuerzas.

—¿Y qué has pensado? —Preguntó, adelantándose a tomar él, las manos del tritón.

El calor de las manos del soldado, recorrió a Eren y su corazón se estrujó con dolor. Uno que quiso evitar a toda costa, más no pudo.

—En todo, desde que nos conocimos, hasta hoy, que estoy parado frente a ti. Y debo confesarte algo, la verdad es que yo… te odiaba —escuchó su propia voz temblarle, mas Levi no lo interrumpió—. Jamás había llegado a detestar tanto a alguien, como lo hice contigo, el día que nos capturaron para vivir en este lugar. No sabes lo horrible que fue: día tras día, pensaba en si volvería algún día a mi hogar y me dormía imaginándolo. Pero, al despertar… me encontraba nuevamente atrapado bajo estos cristales, que habían hecho para nosotros.

Pocas veces Levi se sentía culpable por algo que había hecho, pero esta vez, estaba consciente que como soldados, habían cometido un gran error en contra de los tritones; acusándolos de algo, que eran sólo mentiras y manipulaciones por gente que buscaba sacar un beneficio personal.

—Eren… en verdad, yo…

Sí, te odiaba. —Interrumpió al soldado—. Y lo hice, porque creí que nosotros éramos las únicas víctimas aquí… pero estaba equivocado. Ustedes también habían sido engañados y habían sufrido tanto, por seres gigantes que los devoraban como si su vida no valiera nada —agregó, alzando su mirada hacia Levi—. Aprendí mucho estando aquí, ¿sabes? Aprendí a ser más amable y agradecido, gracias a Petra. Y tú, me enseñaste a ver por medio de tus ojos todo lo que odiaba y temía. Me diste tu confianza de manera incondicional y cuando pensé que no podía más, me tendiste una mano amiga.

Eren no pudo continuar, al sentir su garganta cerrársele, por lo que hizo una breve pausa en la cual, ninguno de los dos dijo ni una palabra.

—…Siempre supe, cuál era el objetivo de nuestro trato —habló nuevamente el tritón—. Nosotros, les diríamos todo lo que sabíamos sobre los titanes y a cambio, ustedes nos ayudarían a saber quiénes nos habían atacado, para después regresar al mar. Pero la verdad Levi, es que yo… —se detuvo abruptamente, sintiendo como las perlas amenazaban con salirse de sus ojos.

—¿Qué pasa? —Preguntó el soldado con inquietud, apresándole las manos con un poco más de fuerza.

El cuerpo de Eren empezó a temblar y por más que se había prometido que su orgullo no interferiría en esta ocasión, las palabras no lograban salir de su boca.

"¡No quiero despedirme de ti! ¡No quiero que con los años, me vuelva sólo recuerdo difuso y olvides todo lo que pasamos juntos!", gritaba en su interior, con sus ojos quebrados de dolor, que sin notar, derramaban perla tras perla."No quiero perder a alguien importante para mí, porque eso eres, alguien importante. Si yo regreso al mar Levi, no nos volveremos a ver jamás y será igual, como si hubiésemos muerto para el otro. Entonces te lo pido: no digas adiós, si yo aún no me despido de ti".

A este punto, el tritón se había quebrado totalmente: su voz deshaciéndose en sollozos y su cuerpo encorvado, que no hacía más que temblar. Fue entonces, que Levi lo comprendió: "Eren, no podía ni siquiera imaginar despedirse de él" y eso era un problema.

Le dolió verlo así de destrozado, como si su persona fuese lo mejor que pudo haberle pasado, cuando no lo era. Él era un soldado frío, orgulloso, de métodos de disciplina rígidos y que casi nunca se tomaba el tiempo para pensar en algo que no fuese defenderse. Y aún con todo esto, ese "niño" de cabello largo y escamas en las piernas, lo veía como alguien lo suficientemente importante como para perderlo.

"¿Por qué, Eren?" pensó, acariciándole la cabeza para reconfortarlo, sorprendiéndose de como éste se aferraba ciegamente contra su pecho, como si fuese lo más seguro para él. "No había otra opción", deliberó, soltando un leve suspiro. Aunque el tritón fuese un guerrero, Levi era mucho más fuerte y frío para afrontar las situaciones y aún, si tenía que lastimarse a sí mismo: haría que Eren lo olvidara para no causarle más dolor.

—Eren… —le llamó, separándolo lentamente de su cuerpo y el tritón, aún con perlas cayéndole de sus ojos, lo miró— pensé en lo que habías dicho la noche anterior sobre si quería seguirte viendo y creo que tengo una respuesta.

Sin decir ni una sola palabra, el capitán pudo ver a través de los ojos incomparablemente verdes de Eren, que esperaba un "sí" de su parte.

No, Eren. Ya no quiero verte —mas no lo obtuvo.

—… ¿Q-qué? —Preguntó, con una expresión completamente sorprendida.

—Ya no quiero verte más, se acabó. Cumpliste con lo que te correspondía, ahora es tiempo que cada quien tome su camino —trató de que sus palabras sonaran frías e hirientes.

No puedes decir eso. Tú y yo prometimos que estaríamos juntos en esta lucha, ¿recuerdas? —Insistió con ansiedad, tratando de tomar nuevamente las manos de Levi—. Confiamos el uno en el otro, es por eso que pudimos hacer esta alianza entre nosotros. No puedes simplemente dejarme y decir que ya no te sirvo para-

—Claro que puedo y más ahora que ustedes regresarán al mar. Ahora, deja de fastidiar y no insistas sobre algo que ya aclaré. —Confesó tajante, zafando bruscamente sus manos del agarre del tritón.

Eren, no lo podía creerLevi, el humano a quien le había dado su confianza y afecto, le había dado la espalda de una forma que jamás imaginó.

—Después de todo lo que dije… después de todo lo que pasamos, ¿todo este tiempo sólo me estuviste usando? —Preguntó, observando como el soldado pasaba de largo a su lado—. ¡Respóndeme! ¡¿Sólo te importe cuando te fui útil?! —Gritó, haciendo que Levi se detuviera a lo lejos y se girara hacia él.

—Ambos obtuvimos lo que necesitábamos del otro y nada más. No hubo otro lazo o razón que me atara a ti —mintió, repitiendo en su mente que aquello, era lo mejor para los dos—. Así que de ahora en adelante, te voy a pedir que no duermas más junto a mí y trates de mantener tu distancia estos últimos días que restan.

Cuando el soldado miró el rostro de Eren resquebrajarse con tanto dolor y decepción, supo que había logrado su cometido. Con sus propias manos, había roto el último lazo que había tenido con alguien que le importaba de verdad y no había marcha atrás.

Los temblores del cuerpo del tritón, se detuvieron y como si regresara a la actitud defensiva que tenía cuando conoció a Levi, le aclaró:

—¿Y quién mierda te dijo que después de todo esto, yo querría dormir con un bastardo repugnante como tú? —Le miró con completo aborrecimiento, limpiando el resto de perlas que se habían quedado entre sus pestañas—. No te confundas Levi, yo no soy tan bueno como mis amigos. Así que si te mueres entre sueños, poco me importa ya. —Se dio la media vuelta sin decir más, para después sumergirse dentro de su contenedor.

A través del cristal, el capitán observó al tritón recostarse de espaldas hacia él. Tal vez sólo una palabra podría remediar esa situación, pero no se la diría. En cambio como un susurro tan discreto como la noche, lo pronunció, por su bien y el de su consciencia:

Lo siento mucho.

… esa palabra que debía ser casi gritada, se perdió como un secreto.

.

«Tú me dijiste, que los errores eran parte de la juventud. Pero no corregí nada al respecto y ahora, el mal fue hecho».


Durante la reunión, hasta llegar al salón experimental, Reiner no había dicho una sola palabra y eso le preocupó a Bertholdt. Sabía que no estaba nada bien por el tema de su madre y aunque deseaba hablarle al respecto, no podía, ya que rompería lo pactado con Ymir. Tener a alguien que te importa y no poder hacer nada por ayudarlo, debía ser una de las peores sensaciones del mundo.

Ah… ¿sucede algo? —Se atrevió a preguntar Reiner, ya que sabía por la mirada que el tritón le daba, que algo no andaba bien.

Eso era lo mágico de ellos, que aún sin palabras, lograban entenderse de algún modo.

En respuesta, Bertholdt le sonrió con cierta nostalgia y ternura. Y sin decirle nada más de lo que había en sus ojos azules, se acercó a él y lo abrazó. Ante lo súbito del gesto, el soldado se quedó con los brazos abiertos durante unos instantes, como quien esperaba defenderse de algo peligroso; resultando en algo completamente dulce.

—¿Por qué me abrazas? —Cuestionó, tratando de no sonar grosero.

—Por nada en especial —respondió con simpleza—. Sólo… pensé tal vez lo necesitabas —llevó suavemente al rubio contra su pecho, esperando que todas esas palabras que no podía decirle, llegaran por medio de sus brazos.

La calidez de esa piel morena y el aroma tan dulce a manzanas que desprendía, terminaron por capturar por completo a Reiner. Como si a pesar de venir de lugares completamente alejados, él ya conociera su calor y dulzura. Movido por esta sensación, llevó sus brazos hacia la delgada espalda del tritón y correspondió el abrazo con una necesidad encubierta.

Varios minutos duraron así, en silencio, que a su vez, les decía tanto. Probablemente era por eso, que no deseaban interrumpirlo con palabras superficiales, que sabían, no alcanzarían a ser lo suficientemente honestas entre ellos.

—Ahora que volveremos al mar… —musitó Bertholdt— hay algo que quiero decirte —separó su cuerpo del rubio, para mirarle de frente. —A pesar de todo lo que pasamos y de cómo nos conocimos, yo… no me arrepiento de haber estado en tu camino ese día y haberte conocido.

Al mismo tiempo que Bertholdt le regalaba esa sonrisa tan melancólica pero hermosa a la vez, Reiner supo que jamás podría borrarla de su memoria. Porque aquella sonrisa, de todos los golpes posibles, había sido el más grave e inocente de todos; recordándole todas esas veces, en las que despectivamente, había deseado deshacerse de él o que nunca se hubieran conocido.

¿Cómo fue que se había hecho tanto daño, tratando de herir al tritón?

¿Y por qué, justo ahora que se iba, le decía estas palabras sin darse cuenta del daño que le provocaban?

—Quería regalarte algo antes de que me fuera, pero no tengo nada realmente valioso, así que… sólo se me ocurre darte esto —comentó, al mismo tiempo que tomaba uno de los mechones de su cabello y se arrancaba unas cuantas perlas y conchas—. Espero te gusten —tomó la mano del soldado entre la suya, colocando los pequeños objetos sobre su palma.

Los ojos dorados del chico, miraron con tristeza dichos objetos, para después, dirigirse al tritón.

—Claro que son valiosos. Muchas gracias, Berth —cerró su puño, guardándolos en el bolsillo de su pantalón.

—Voy a extrañarte mucho, ¿sabes? —Admitió el tritón, agachando un poco su cabeza—. Nunca había conocido a alguien que me ayudará a ser tan valiente y fuerte. Hasta se podría decir que yo… —detuvo su oración, mirando con sus azules ojos e infinitamente tristes a Reiner, quien estaba convencido que aquello que iba a salir de su boca, era un: "quiero quedarme".

—¿Qué te parece si, aprovechando que la mayoría de los soldados heridos se fue, ponemos un poco de música? —Cambió por completo el tema, para tratar de animarlo.

—¿No se enojarán si nos escuchan? —Preguntó, el tritón.

—Pues que lo hagan, no me importa. —Respondió, caminando una esquina del salón, donde estaba el viejo fonógrafo que se habían llevado de la cabaña, cubierto por una manta—. Con tal de pasar un rato agradable y animarte, acepto cualquier estúpido castigo —descubrió dicho objeto, para después cargarlo y llevarlo al centro del salón. Con cuidado, buscó entre los discos que él mismo había traído hace algún tiempo y bajó la aguja, colocó uno, que sabía le gustaría mucho a Bertholdt.

La hermosa melodía empezó a sonar con un suave piano de fondo, que no hizo más que maravillar al chico proveniente del mar.

—¿Te gusta? —Le preguntó el soldado, expectante.

Por supuesto. Ustedes siempre logran que todos los sonidos sean tan hermosos —declaró, observando atentamente la aguja girando sobre el disco.

—Que bueno que pienses eso, porque esta noche —estiró su mano hacia Bertholdt, a modo de proposición— voy a enseñarte a bailar —sonrió de medio lado.

Bertholdt, sin tener la más remota idea de lo que era "bailar", ingenuamente tomó la mano de Reiner y se dejó guiar.

—¿Qué vamos a hacer? —Preguntó el tritón con nerviosismo.

—Vas a seguir todos los pasos que yo haga, mientras sigues el ritmo de la música —explicó, mientras tomaba la mano de Bertholdt y bajaba la otra hasta sus caderas. Al sentir esto, el rostro del tritón se abochornó profundamente.

—¿Cómo… digo, que era lo que debía hacer? —Titubeó.

—Sólo déjate guiar por mí, ¿de acuerdo? —Contestó el rubio, recibiendo un asentimiento no del todo seguro de parte del otro.

Lentamente, Reiner empezó a mover sus pies para que Bertholdt pudiese imitarlo y seguirle el paso, y una vez que lo logró; comenzó a hacerlo girar suavemente, usando hábilmente sus manos.

—Lo estás haciendo muy bien —afirmó el soldado, al ver como el otro, cuidaba constantemente sus pasos y movimientos—. Ahora, disfruta de la música y déjate llevar —le sonrió con la confianza suficiente, para que el tritón le hiciera caso y comenzará a desenvolverse.

Fue poco decir, que Reiner quedó sorprendido y maravillado por la forma en la que Bertholdt bailaba, quien (a pesar de ser inexperto) movía su cuerpo tan elegante en el aire, como si lo sedujera. Inevitablemente, se preguntó si el origen de movimientos tan cimbreantes, era por la forma en la que meneaba sus caderas cuando nadaba y comprobó que lo que decía el cuento, era verdad: "Nadie, ni siquiera una humana con pies hábiles, tendría el porte y la gracia de un ser del mar al bailar".

Olvidándose por completo del paso del tiempo y de coordinar sus pasos, tanto el soldado como el tritón disfrutaron del momento, llegando a sentirse tan cómodos, que empezaron a conversar.

—No pensé que esto de "bailar" fuese tan divertido —confesó Bertholdt, con la mirada puesta sobre el rubio—. Supongo que es porque eres un buen maestro y me enseñaste bien.

El soldado, bufó divertido ante la afirmación.

—Hay cosas que no se pueden enseñar tan rápido y en tu caso, ya tenías este talento. Sólo era cuestión de practicarlo.

Una sonrisa imposible de reprimir, se formó en los labios del tritón, al escuchar su halago.

—Gracias. Eres muy bueno bailando.

Aquello, provocó que un suspiro melancólico saliera de los labios del rubio.

—Mi padre me enseñó a hacerlo —mencionó, sin detener su paso—. Él decía que si quería conseguir una buena chica, debía aprender a bailar o de lo contrario, me quedaría solo —añadió, con cierta ironía y amargura, que inundó a Bertholdt por igual.

—No quise que… —intentó decir, pero justo cuando eso ocurrió, la música cambió súbitamente por una con un ritmo más rápido.

Oh, eso no te lo enseñé —soltó el agarre que tenía sobre el tritón, (4) reconociendo la melodía que normalmente se bailaba en parejas dentro de las tabernas.

—No importa, puedo aprender —insistió, volviendo a tomar las manos de Reiner.

—De acuerdo. Pero te advierto que esto es un poco más rápido, así que tendrás que ser aún más hábil —acomodó sus manos sobre el cuerpo de Bertholdt y empezó a guiarlo.

A diferencia de la pieza anterior, esta requería más precisión y giros al bailar, por lo que el tritón tuvo problemas para coordinarse en un inicio. Sin embargo, ante la firme idea de seguir bailando con el soldado, siguió intentándolo hasta que después de un par de ajustes, finalmente lo logró.

Si Reiner había quedado asombrado con el baile anterior, este había terminado por hipnotizarlo. No sólo por la reiterada belleza con la que Bertholdt se movía, sino que parecía algo tan natural para él, que era como si hubiese bailado durante toda su vida… No, era como si hubiese bailado con él, durante toda su vida. Girando y regresando entre sus brazos, como una ola que se rompía al llegar a la orilla del mar.

—Creo que tu padre te enseñó a bailar muy bien… pero hay un problema —dijo el tritón, ahora que el ritmo era un poco más lento.

—¿Problema? ¿Cuál? —Cuestionó el soldado, confundido.

—Tu padre te dijo que debías bailar con una humana y yo no lo soy —le recordó a Reiner, haciendo que éste lo observara con atención.

—¿Piensas que me gustaría estar bailando con una chica en lugar de ti? —Presintió, haciendo que el tritón desviara la mirada como respuesta—. Escucha… sé que mi reputación no es la mejor y que hay muchos rumores sobre mí —admitió, deteniéndose un momento, para mirar directo a los ojos azules de Bertholdt. —Sin embargo, quiero que sepas que todo lo que hago contigo, no tiene dobles intenciones. Tú me agradas mucho y me siento cómodo a tu lado.

El tritón miró detalladamente el rostro de Reiner y determinó que le decía la verdad. No podía entender como era que Ymir lo tachaba de ser manipulador y mentiroso, cuando con él era tan transparente, que podía ver cualquier sentimiento escondido.

—Está bien, te creo —le sonrió dulcemente, haciendo que volviesen a retomar el ritmo de la canción que estaba por concluir.

—Yo sé que no eres una chica, pero… ¿sabes que haría si lo fueras? —Comentó a modo de juego.

—¿Q-qué? —Contestó el tritón, sintiendo su corazón latirle con fuerza.

—Pues te tomaría —lo separó de su cuerpo, aún enganchados por las manos— y después, te dejaría caer así —hizo girar a Bertholdt, para después dejarlo suspendido sobre su brazo, como hacían los hombres con su pareja al bailar.

Sin entender el significado de aquella acción, el tritón comenzó a reírse, haciendo que sus mejillas se arrebolaran bajo la pálida luz de la luna. Reiner se sintió extrañamente enternecido por dicha reacción y movido por ésta, acercó sus dedos hacia la mejilla de Bertholdt y la apretó suavemente. La sonrisa que el tritón tenía sobre su rostro se amplió, dejando mostrar por primera vez sus dientes blancos, casi como el camino de perlas y conchas que tenía sobre sus cabellos y que caían grácilmente sobre su pecho.

Lentamente, ambos terminaron perdidos entre el dorado y azul de la mirada del otro, cuando un pensamiento bastante obvio, cruzó por la mente de Reiner: "Bertholdt, no era una chica pequeña, ni mucho menos delicada". Sin embargo, de algún modo, lograba proyectar tanto misterio y divinidad de manera natural, que hacía lo hacía especular:

Si fueras una chica… —murmuró de manera inconsciente, alcanzando a ser escuchado por el otro.

—¿…Q-qué dijiste? —Cuestionó el tritón, haciendo que el soldado, cayese en cuenta de su error.

Nada, nada. Sólo fue una estupidez —sonrió, desviando la mirada.

—…No. Yo quiero saber lo que ibas a decir —insistió, tomando súbitamente el rostro del rubio entre sus manos, para que lo mirase de nuevo. El soldado se quedó perplejo ante la seriedad con la que lo miraba. —Si yo fuera una humana… ¿qué harías, Reiner? —Le confrontó con nerviosismo, sintiendo su rostro arder y sus ojos brillándole ante la expectativa.

—¿Qué haría yo…? —Salió de sus labios, como una clase de auto pregunta, mientras su mano acariciaba el rostro de Bertholdt y con la otra, lo acercaba más hacia su cuerpo.

Al sentir esto, los brazos del tritón se acomodaron alrededor del cuello blanco del soldado y justo, cuando la respuesta a iba a llegar de sus labios, no por una palabra; sino por un contacto que los obligaba a mantenerse suspendidos en esa torturante posición… llamaron la puerta:

—Reiner, —resonó la voz el capitán Levi del otro lado, haciendo que casi al instante ambos se separaran con el corazón latiéndoles con fuerza— ¿puedes apagar esa música? Se escucha por todo el lugar.

Con la garganta casi cerrada, el cadete le contestó:

—S-sí, capitán… en seguida.

Al mismo tiempo que el rubio desviaba torpemente la aguja del disco, la lucidez del momento lo atacó sin piedad:

¡¿Qué mierda había estado a punto de hacer?! ¿Acaso él iba a…? Desvió su rostro en dirección al Bertholdt, quien igual de avergonzado, giró su rostro hacia su lado contrario.

—M-me voy a dormir, ¿de acuerdo? Que descanses. —Mencionó de manera cortante, metiéndose de un chapuzón a su contenedor.

Igual de consternado, Reiner acomodó su bolsa de dormir y se metió en ella; mas ninguno logró conciliar el sueño con éxito.

"No puede estar pasándome esto a mí…" deliberó en su cabeza el soldado, dándose vueltas y vueltas, tratando de calmar su ansiedad. "De todas las situaciones posibles… ¡No puede estarme gustando Bertholdt!".

.

«Lo siento. Por favor, acepta mis disculpas.
El amor es ciego… y yo lo fui, también».


Referencias

(1) El fragmento del capítulo fue basado en el video de la canción "Sorry" por Beyoncé.

(2) Canción utilizada: "I'm Sorry" de Brenda Lee. Es curioso que justo las dos canciones que utilicé, se traduzcan como "Lo siento", he de ahí el nombre del capítulo.

(3) La historia utilizada fue "La Sirenita" escrita Hans Christian Andersen en 1836. Dicho cuento, fue modificado con el objetivo de crear un paralelismo entre Levi y Eren, alterando la apariencia tanto príncipe como la sirenita (quien el cuento original es rubia y de ojos azules).

(4) La canción que Reiner y Bertholdt bailan al final es: "La Foule" de Édith Piaf. En Shingeki No Kyojin hay tabernas y normalmente se bailaba este tipo de música en pareja.


Reviews sin cuenta:

Mermaid: Muchas gracias por tus bellas palabras, aún estoy mejorando pero ya hay cosas que me salen mucho mejor. Sobre tu corazonada que Erwin y Mike ya se conocen, digamos que tiene una parte de verdad y otra no. Desearía adelantártela, pero no puedo porque es un mega spoiler : (

Ese Jean y Marco intentando hacer caballitos de mar, cuando a Eren le andan rompiendo las piernas, fue épico. Adoro como lo describiste. En cuanto a Eren y Levi, si llegaste hasta acá sólo debo decirte que tu corazonada era acertada, ellos si darse cuenta se rompieron el corazón, pero un lazo como el de ellos te adelanto, es más que sólo "una atracción".

El ReiBerth hasta que no solucione la apuesta será complicado e Ymir por Historia, está dispuesta a todo, hasta separar a nuestra bella pareja. Aww amé tu "gracias por tu historia sirena líder" se me hizo muy tierno y bello. Te adoro y espero leerte pronto.

Valentina Basto: Oh yo sé cuánto amas al JeanMarco, casi tanto como y amo escribir de ellos : )

Jared Kurose: JAJAJA no te preocupes, yo hago lo mismo cuando leo un fanfic, igual te responderé por viñetas:

-Si leíste el capítulo, sentirás feo por nuestro bebé alfa Erwin. Soy mala, lo siento, pero era necesario.

-Qué bueno que escucharas la canción, es tan JeanMarco y tal vez haga un playlist por cada pareja. ¿Qué opinas? JAJAJA Marco es quien más "sufrió" en el capítulo.

-Claro que Mike lo olfateó por seguridad, no creas que Fue porque Erwin está guapo y musculoso. No, no.

-El Riren estará muy triste en este capítulo, no te mates por favor.

-Ymir es bien perra JAJAJA y sí, lo que hizo fue por Historia, pero estuvo mal.

Gracias a ti por leerme y nos vemos en la próxima.

Van: Curioso que lo menciones porque es por el JeanMarco que las otras parejas se van a dar y claro, puedes ser la madrina de los caballitos de mar entre ellos.

Aikawa Ackerman: Antes que nada, bienvenida a esta historia. Qué bueno que por casualidad diste con ella y que leíste los 20 capítulo sin parar. Dos días toma leer mi fanfic… wow sí que llevo escrito mucho. Claro que la continuaré, ya llevo mucho y por todo su apoyo, lo haré. Ymir como Reiner, tendrán que lidiar con las consecuencias de lo que hicieron, eso te lo aseguro.

Kaizen prince: ¡Hola, claro que te recuerdo! Oh my lord, no digas eso que me sonrojas. En realidad es un gran halago que digas que esta historia es tu droga y siento demorarme pero no es fácil desarrollar 3 parejas.

Me encuentro mucho mejor, que amable de preguntar, así es esto del amor: se gana y se pierde. Gracias por preguntar. En cuanto a la bella Nicot, pues ya no piensa escribir en este fandom por muchas razones, pero su legado nos seguirá *adiós vaquera*

"Sigas con este arte maravilloso", me halagas tanto, te amodoro bien hard. Y yo soy quien es más feliz de que me leas y que continúes aquí. Gracias nuevamente por tantas bellas palabras y si te ayudo con algo de lo que escribo, me doy por bien servida : )

Guest: ¡Bebé! Eres el guest más misterioso y amado que tengo, desearía saber de ti, pero como una sirena en el mar quedarás en el anonimato. ¿Soy tu autora favorita? OMG eso me halaga a montones sugar babe y creo que me confundí sobre quien eras, but still love you.

Lamento escuchar que fue un año difícil para ti también y deseo mandarte mis buenos deseos y que te puedas recuperar. Aww "soy capaz de esperarte todo el tiempo posible pero no abandones esta preciosura", te amo mucho con estas bellas palabras y no lo haré, porque de alguna forma me ha acompañado a través de muchas situaciones de mi vida.

Me alegra que te hiciera reír con mis bobadas, y pobre Marco compréndelo "sufrió mucho". Respecto a la sexualidad de las sirenas ya lo mencioné en unos capítulos que fueron el 11 y 13, ahí dan las explicaciones a todo.

Ymir fue toda una perra con el pobre de Berth, pero como ya leíste en este capítulo "no le importó del todo". Lo que más me gusta es cuando por mi fic me dicen: "no shippeaba a tal o tal, pero hiciste que me gustará". Misión cumplida, Altaria. La verdad la mayoría de los que me leen son Riren o JeanMarco y hablando de este último ship, creo que derraman miel ahora que están juntos y si he hecho gritar a muchos con su amor, igual me doy por bien servida.

Agradezco que seas de las lectoras que pone atención al trasfondo de la historia, además de la parte romántica. Con gusto yo leeré cualquier teoría que tengas, de hecho me halaga demasiado que siquiera lo pienses. JAJAJA si Mike se enterara de lo que hizo Marco, sí anda matando a Jean X'D lo cual sería divertido de ver, más cuando los tritones se queden con los soldados, uf, será épico.

HERMOSA TÚ TAMBIÉN, MUCHO MUY HERMOSA. Gracias por leerme nuevamente y yo en lo posible les responderé, porque es lo mínimo que merecen ustedes como lectoras. Más lob para ti, babe.

Akire: Que bueno que pudiste darte una vuelta, mi querida lectora. Me gustó agregar esa cualidad de Mike como su olfato, le da un toque sexy para coquetear e invadir el espacio personal de Erwin. Gracias a ti por leerme y nos seguimos leyendo a lo largo de esta historia, que aún le falta mucho. Agrégame para que te lleguen las notificaciones, bb.