Capítulo 21
"Deseos pasionales"
Elisa se preguntó si Dumbledore era realmente consciente de su presencia en el despacho. El hombre parecía estar muy entretenido guardando sus pensamientos en el pensadero y no había hecho el menor indicio de darse cuenta de que Elisa estaba frente él. Elisa se aclaró la garganta, para hacer acto de presencia, pero Dumbledore siguió con lo suyo. No fue hasta pasar un buen rato que Dumbledore levantó los ojos hacia Elisa y habló con toda la naturalidad del mundo.
-Bien, Elisa. Cuéntame¿qué encontraste en el despacho de tu padre?
Elisa se quedó algo parada, pero al rato reaccionó y le explicó en líneas generales todo lo ocurrido. Omitiendo, claro cualquier intervención relativa o pertinente a Sirius. Una vez hubo terminado Dumbledore se quedó un buen rato meditabundo para luego extraer algunas ideas más y depositarlas en su pensadero.
-¿Piensas volver a ésa sala? –preguntó Dumbledore, finalmente.
Elisa vaciló.
-¿Debería?
-Es perfectamente natural que sientas cierta curiosidad por tus orígenes. Si deseas saber más cosas no seré yo quién te censure. Sin embargo, te pediré que me tengas informado de cada nuevo descubrimiento que hagas.
-Entonces... ¿no es malo que indague sobre mis capacidades?
-No, y de hecho te diré justo lo contrario: si no eres plenamente consciente de tus posibilidades alguien podría aprovecharse de dicha eventualidad.
Dumbledore no dijo qué alguien podía aprovecharse, pero la resupuesta parecía ser demasiado obvia como para decirla en voz alta. Elisa asintió con la cabeza, como gesto afirmativo.
-Bien, creo que esto es todo. ¿Quieres decirme algo más, Elisa?
Elisa percibió, por el brillo de los ojos de Dumbledore, que éste sospechaba que ella tenía algo en mente.
-Pues... –dudó-. Bueno, después de despertar y liberarme del conjuro de mi padre... estuve investigando.
-Ajá.
-Querría... querría aprender Oclumencia.
-¿Me pides permiso o que te procure un profesor?
-Mmm... ¿ambas cosas? –tentó Elisa.
-Puedo estudiarlo. Pero para que pueda darte clases un profesor como mínimo debéis ser dos alumnos.
-Entonces, si encuentro a alguien que quiera también aprender Oclumencia¿podré aprender?
-Claro. Pero antes debes encontrar a alguien más que desee aprender dicha materia.
Era evidente para Dumbledore que Elisa no sabía la dificultad que encerraban aquellas palabras, aunque prefirió que lo descubriera por si sola.
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-Por supuesto que no. Estamos en último curso y los examenes están a la vuelta de la esquina. No pienso enredarme en algo que no lleva a ninguna parte –fue la respuesta tajante de Lily.
Elisa intentó convencerla, pero de poco le sirvió. Bueno, primer intento fallido, pero aún le quedaba mucha gente a la qué preguntar.
-Ni hablar. ¿Sabes que Robins me ha invitado al hotel que hay en Hogsmeade para Navidad¡Va a ser maravilloso¿No querréis veniros Sirius y tú? –poco más o menos igual de tajante que Lily, fue Katrina.
Tampoco es que esperase que aceptara, pero creyó que sería un gesto bonito por parte de su amiga, dada su reciente reconciliación. En fin, una menos en la lista.
-¿Oclu-qué¿Es que no te has metido ya en bastantes líos? –aquello, más que negativa, fue el reproche de Sirius.
Elisa prefirió no insistirle a Sirius, ya que al final podía resultar más perjudicada que beneficiada.
-Lo siento, pero tengo un pequeño problema a la hora de asistir con cierta periodicidad a las clases –se disculpó Remus.
Elisa supo perfectamente a lo que se refería y no quiso meter más el dedo en la llaga.
-¿Entonces con eso podría saber lo que piensa la gente? –la sonrisa malévola que se dibujaron en los labios de James no gustó nada a Elisa-. ¿Podría saber lo que tiene alguien como... no sé, digamos... Lily?
-Eh... verás, en realidad... no. Sólo es válido para mentes débiles.
-Um. En ése caso no puedo. Estoy planeando una nueva estrategia según la cual...
-Bueno, me lo explicas mañana¿vale?
Elisa empezaba a sentirse algo más que desesperada. Estaba resultando más difícil de lo que creía. La poca gente que tenía en su lista se había esfumado y, otros, como Peter, con los que no podía hablar por estar "dolido" a causa de su relación con Sirius. O Robins, con el cual ya no se dirigía la palabra, dados los últimos acontecimientos. Es decir, que no tenía a nadie.
Hasta que en clase de esgrima se le iluminó la bombilla. No es que fuera la mejor solución, pero ya se sabe: ante situaciones desesperadas, medidas desesperadas. Tras un breve intercambio de insultos y golpes de espada, Elisa pensó en cómo plantear el tema. Podía o bien, pedírselo directamente o tantear un poco el terreno. Sin embargo, Snape captó a la legua que algo se traía entre manos la chica.
-¿Qué quieres? –el chico se estaba secando el sudor con una toalla mientras el resto de la clase recogía sus cosas. Elisa se había quedado entre los rezagados, a cierta distancia de él y recogiendo las cosas a un ritmo extremadamente lento.
-¿Yo? –se hizo la loca- ¿Qué te hace pensar que quiero algo?
-Pues que no te has ido ya corriendo a ver a tu novio.
Elisa sintió el terrible impulso que coger de nuevo la espada e incrustársela en el cráneo. En lugar de ello, tomó aire y contuvo sus ansias asesinas.
-Ja, ja. Muy agudo, listillo, muy agudo. Pues que sepas que...
-¿Qué? –replicó con gesto despectivo, sin dejarla terminar la frase.
Elisa le miró furiosa y se colgó la bolsa al hombro.
-Nada. Nada en absoluto –escupió ella, crispada.
Echó una última mirada a la clase y salió de un revuelo de allí. Snape cerró los ojos y suspiró.
-Joder.
Cogió sus cosas y salió corriendo de la clase. La encontró en el pasillo, unos metros más adelante.
-No entiendo qué puedes querer de mí, pero... –Elisa le miró de soslayo, sin decir nada. Snape se detuvo un instante, al ser consciente de lo poco apropiadas que eran sus palabras, pero prosiguió- sea lo que sea, suéltalo.
Elisa se giró hacia él. Entrecerró los ojos y se quedó un buen rato mirándole en silencio.
-¿Y ahora qué?
-Busco tu delicadeza, pero no la veo por ninguna parte.
La cara de Snape reflejaba algo más que exasperación. Elisa habló, antes de que fuera demasiado tarde.
-Quiero que des clase de Oculmencia conmigo. Dumbledore me dijo que sólo me darían clase si encontraba a otra persona que también quisiera aprender.
-Hum. Así que era eso.
-¿Qué pensabas?
-Nada en absoluto.
-¿Entonces? –preguntó ella, esperanzada.
Snape hizo una mueca.
-¿No te importa que me meta en tu cabeza?
Era innegable, por la transformación que le hizo a Elisa la cara, que no ella no había pensado en aquel pequeño detalle. Sin embargo, sólo tuvo que replanteárselo durante unos segundos, y, haciendo acopio de todo su valor, contestó:
-Por supuesto que no. No encontrarás nada que te interese –respuso ella, orgullosa.
-Bueno. En ése caso, acepto.
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-¿Confías en él?
-En realidad, no.
-¿Entonces por qué te vas a estudiar con él? Seguro que es una de sus retorcidas estrategias.
Lily asintió con la cabeza, apesadumbrada.
-Lo sé. Pero es culpa mía, fui yo la que le di falsas esperanzas, así que debo asumir las consecuencias.
-¿Vas a salir con él! –exclamó Elisa, más fuerte de lo debido.
Lily miró asustada a su alrededor, pero vio que nadie en el Gran Comedor las había visto o escuchado.
-¡No¡Voy a disuadirle de una vez por todas!
-¿Y qué vas a hacer¿Decirle que no? –replicó Elisa, sarcástica.
Lily hizo caso omiso de la burla de Elisa.
-No, algo mucho mejor. Le demostraré que en realidad yo no le gusto.
-Oh, sí, mucho mejor, así seguro que se da por enterado.
Por la cara de pocos amigos que le dirigió Lily, Elisa se dio por enterada de que no debía seguir haciendo broma sobre el tema.
-Me voy. ¡Deséame suerte! –dijo Lily, levantándose de la mesa.
-Suerte –le deseó Elisa, y añadió cuando ésta se hubo ido:- la vas a necesitar.
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-¿Sabes que pronto será el baile de Navidad?
-¿Otra vez?
-Ajá.
-Nunca lo habían hecho tantas veces consecutivas.
-El caso es que me estaba acordando del año pasado y me preguntaba si querrías que repitieramos la experiencia.
Lily tomó aire y se giró hacia James.
-Verás, odio los bailes –respuso ella, sin aparentar el menor remordimiento por ser tan despiadada-. Y también odio el quidditch.
James frunció el ceño.
-No sé a qué viene esto ahora, pero ya lo sabía. ¿Tratas de demostrarme algo?
-Mmm... no. Sólo era para que estuvieras informado. Y ahora, si no te importa, vamos a estudiar, que es lo que se supone que deberíamos estar haciendo.
James no dijo nada pero se puso a hojear el libro que tenía delante en silencio. Su rostro reflejaba el más absoluto de los aburrimientos, y Lily no era ajena a ello, sin embargo, hizo como si nada y siguió estudiando. Puede que él no supiera concentrarse estando en su presencia, pero ella sí.
James tamborileó con los dedos de la mano sobre la mesa, ofreciendo a Lily el más variado de sus repertorios de percusión. Pasó un buen rato así, pero Lily pareció no sentirse molesta por tan desagradable ruido. Entonces el chico dejó aquella tàctica y pasó a otra más eficaz.
-¿Qué lees?
Lily alzó los ojos hacia él con tranquilidad, sin mostrar el menor tinte de exasperación.
-Los apuntes de Pociones.
-Ah.
Lily regresó a su lectura, con toda la elegancia del mundo. James se percató de que la chica se estaba haciendo la dura, pero sabía que en pesado nadie le ganaba.
-¿Y... es interesante?
-Bastante, la verdad. ¿Y lo tuyo?
-¿Lo mío?
-Tu lectura.
-Ah, no, no mucho. En realidad no me he traído nada para leer y he hecho unos cuantos dibujitos.
Lily se mordió la lengua y trató de no perder los estribos. Tranquila, tranquila. Continúa como hasta ahora y todo irá bien. Todo irá bien.
-Vaya. Y yo que creía que por una vez hablabas en serio y que ibas a estudiar.
-Fíjate. Justo lo que me pasó a mí el otro día. Qué casualidad¿no?
Lily hizo una mueca y le mostró su sonrisa más falsa.
-Sabía que estarías resentido.
-¿Es por eso que has aceptado estudiar conmigo¿Para compensarme¿O para demostrarme que no somos compatibles?
El volumen de la voz de James se había ido incrementado y Madam Pince miraba hacia dónde estaban ellos con cara de pocos amigos. Lily se dio cuenta de ello y no quiso que le pusieran una falta leve por montar un escándalo en la Biblioteca.
-Este no es el mejor lugar para hablar del tema.
-¿Vamos al Jardín?
-No. Tú te vas al Jardín y luego hablamos.
-Pues yo voy a hablar ahora¡tanto si estamos en la Biblioteca como si no!
-¡CHHTT! –chistó Madam Pince, des de su puesto.
Lily hizo un gesto de disculpa con las manos y luego miró a James con odio.
-¡Está bien¡Vámonos! –siseó ella, recogiendo sus cosas con furia.
James sólo tuvo que recoger un bolígrafo y metérselo en el bolsillo, mientras que Lily guardaba sus bolígrafos, notas, papeles y libros en los bolsillos y subbolsillos de su cartera. Cuando hubo terminado, James vio que iba tan cargada que se ofreció a ayudarla.
-¡No hace falta! –le rechazó ella, sin siquiera pensárselo.
Lily empezó a andar a toda prisa hacia la salida de la Biblioteca mientras James trataba de seguirla de cerca.
-¿De verdad no quieres que te lleve la cartera o algún libro? –le preguntó James, en tono amable, cuando estuvieron fuera de la Biblioteca y eran libres para hablar.
-No, James, ya te he dicho que... ¡James!
James se había le había abierto la cartera y le estaba cogiendo unos cuantos libros.
-Así repartiremos el peso... –explicó James, a la vez que miraba distraído una de las solapas de los libros-. ¿Qué es esto¿Deseos pasionales?
Lily se puso muy roja y trató de arrebatarle el libro que tenía entre sus manos.
-¡Dame eso! –exclamó Lily, llena de desesperación.
Pero James se había empezado a hojearlo mientras ella hacía lo posible por quitárselo.
-¡James! –chilló ella, sonando en una tonalidad más aguda y agobiada de lo que le hubiese gustado parecer.
James dejó de hojear el libro y lo alzó con la mano. Lily trató de cogerlo, pero, dado que él era unos cuantos centímetros más alto que ella, todo intento fue en vano. Finalmente, decidió dejar de dar saltitos como una boba e intentar negociar con aquel neandertal. Se alejó unos pasos de él y se cruzó de brazos. James bajó el libro pero siguió sosteniéndolo con fuerza.
-Vaya, vaya, vaya. Así que a Lily Evans le gustan las novelas porno.
Lily hizo un intentó una vez más de arrebatárselo, pero James estuvo rápido y se lo apartó antes de que pudiera tocarlo. Volvió a cruzarse de brazos y a mirarle con furia.
-Devuélvemelo.
-¿Qué haras si no te lo devuelvo?
-¡Quieres saberlo! –profirió ella, sacándose la varita de la manga. Le apuntó con ella, pero no llegó a hacer nada.
-Creo que he planteado mal la pregunta. ¿Qué harías para que te lo devolviera... y que nadie se enterara de tus costumbres literarias?
-¡Eres ruín¡Y pensar que creía que habías madurado!
-¡Y yo creía que te habías dado cuenta de lo que es capaz de hacer un hombre enamorado!
Lily suspiró con resignación.
-Especialmente –añadió James- leyéndote una novela en la cual, y, cito textualmente, "arrancan salvajemente la ropa a la moza y con el miembro varonil..."
-¡Cállate! –chilló ella, ya sin saber cómo esconder el rojo que encendía sus mejillas.
James sonrió.
-En el fondo eres una romántica desesperada –murmuró, con voz ronca.
Lily se retorció la manga de la túnica mirando al suelo.
-¿Qué es lo que quieres? –musitó, apocada.
James se acercó a ella, le cogió la mano y puso el libro sobre ella.
-Toma. Te prometo que no se lo diré a nadie.
Lily levantó la cabeza hacia él y sus ojos reflejaron cierta inquietud.
-¿Qué quieres? –repitió ella, recelada.
James aproximó unos centímetros más a ella. Lily no llegó a apartarse, pero tampoco dejó de mirarle con desconfianza. Como James vio que Lily no llegaba a inquietarse por su proximidad, le pasó con cautela la mano por el pelo. Ella se limitó a dirigirle una mirada de advertencia a la mano y a agarrar con fuerza y contra su pecho el libro, a modo de protección.
-Quiero que... –empezó a hablar James con voz susurrante sin quitarle la mano del pelo- te sientas como la mujer que protagoniza esa novela. Quiero que... se te... corte el aliento cada vez que estoy cerca de tí. Quiero que... te estremezcas cada vez que me veas. Pero lo que más desearía es que... supieras, conocieras al menos un atisbo de lo que siento yo por tí. Con eso ya... me conformaría.
Lily dio un paso hacia atrás y chocó contra la pared. Volvió a mirar a James y le asustó ver la confianza que se reflejaba en el rostro de él. Lily rogó para que él no notara su turbación.
-Eso es... difícil de prometer, James –acertó a decir Lily, encogiéndose sobre sí misma.
-¿Tú crees? –siseó James, volviendo a acercarse a ella.
Lily miró a sendos lados con algo más que desesperación, sabiendo que no tenía escapatoria. Vale, estaba claro que James se había dado cuenta de que a ella no le era indiferente tenerle tan cerca... como para poder oler su incofundible aroma... o saber que sus cuerpos podían rozarse con el menor movimiento. Ahora debía pensar cómo debía ejecutar la maniobra de retirada sin que él pudiera aprovecharse una vez más de su imprevisión. O puede que lo más fácil fuera ser directa.
-Apártate –se limitó a decir ella, puesto que para ella las meras reglas de educación con James no tenían validez.
-¿Por qué?
-¿Que por qué¡Pues porqué me molesta tenerte tan cerca! –repuso Lily, fracamente asustada al ver que sus palabras no producían efecto alguno sobre James-. ¡James!
-¿Qué?
-¡Para!
-¿Que pare qué?
-¡Esto! –al ver que James no se movía y que su mirada cada vez se tornaba más intensa, gritó a la desesperada-. ¡Que me dejes!
-Si tanto deseas marcharte, hazlo de una vez.
Aquella tranquilidad y seguridad en la voz de James la dejó petrificada. Por supuesto, era libre de irse. En el fondo, sabía que James no haría nada que ella no quisiera. Entonces¿por qué no conseguía moverse¿Por qué no podía apartar sus ojos esmeralda de los miopes de James¡No era ni remotamente su tipo¡Y ésas gafas eran escandalosamente horribles¿Por qué no podía parar de pensar en cosas estúpidas y no hacía nada para apartarse de James¿Por qué el corazón había empezado a latirle con tanta fuerza¡Como si pudiera importarle que estuviera tan cerca como para besarla!
-Evans, el profesor Slughorn te busca.
Aquello era lo último que James o Lily hubiesen esperado oír en aquel preciso instante. Con lentitud, e incredulidad, apartaron la mirada el uno del otro y dirigieron sus miradas hacia el lugar de dónde provenía la voz. Lily quiso que se la tragara la tierra. Era Snape. Aprovechando la confusión, Lily se escabulló del reducido espacio entre James y la pared en el que se encontraba y guardó el maldito libro en su cartera. Echó una última mirada de aprensión a Snape y salió corriendo.
James recuperó poco a poco la compostura y su desconcierto dio paso al rencor, la aversión y una profunda rabia.
-¿Qué coño haces aquí, Snape?
-Yo sólo me he limitado a transmitir un mensaje.
-Desde luego, tienes el don de la oportunidad.
Snape hizo una desagradable sonrisa.
-No sabes cuánto me apena haber arruinado una escena tan romántica.
-No tanto como a mí.
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-¿Y ése ojo?
-No es nada.
-Venga ya.
Snape hizo una mueca.
-¿De verdad quieres dar Oculmencia?
Elisa asintió con la cabeza.
-Pues no preguntes.
Continuará...
N.A.: Bueno, bueno, bueno... las vacaciones llegan a su fin... y con ellas la buena racha. Debo decir que mi única visita en todo el verano a la playa rompió mi ritmó de trabajo, con lo cual no pude ofreceros este capítulo a la semana, pero al menos no ha pasado tanto tiempo como otras veces... En fin, gracias por vuestros reviews, me animáis mucho, y por eso, me duele más aún tener que haceros esta advertencia: cuando empiece el curso el índice de actualización bajará escandalosamente... Por eso ya me disculpo de antemano por todo lo que retrasaré en un futuro... Aún así, espero que siempre tenga un ratito libre para dedicarlo a esta trabajosa afición y que no os olvidéis de la Magia!
Reviews:
Agata Black:
Te lo aseguro: es la buena, y puedo también asegurarte que me está
costando sangre y sudores (lo primero no literalmente, lo segundo a
vecesXP) lo de juntar a los amados padres de Harry. Desde luego, son
los dos de una cabezonería... pero bueno, al fin creo que he hallado la
forma... sí, jajaja! Y nada, por lo menos, ya sabemos que los rumores
sólo duran 75 días o hasta que son reemplazados por otros más...
morbosos.
Getta Black: Sembla que aquest any ningú va a la platja... (o és per què jo m'hi fixo, bé tant fa), i, encara que no crec que llegir un fic no sigui intercambiable amb passar un dia a la platja, espero que puguis fer ambdues coses. Bé, i les petites trifulques amorohormonals dels nostres amics... què en puc dir? Tu mateixa ho pots llegir, oi? Bé noia, espero que encara et quedin bastants dies de vacances per disfrutar.
Lia du Black: Es cierto, al final siempre se puede sobrevivir de la humillación social... especialmente cuando una de las partes afectadas es un sex-symbol del colegio... Lo de James no me lo inventado, supuestamente es lo que dijo la Rowling que pasa, aunque no sé yo, si eso de ser infantil se puede quitar con la edad... Ya quedan pocas vacaciones, pero hay que disfrutarlo mientras se pueda!
HeidiLu: Segueixo!
KarlaBlackM: Me alegra al locuro y bueno, ya sabes, para locuras, para tonteras y esas cosas, estamos la 24 horas.
Mich Potter: Jope, debes de haber superado el record en lecturas rápidas! En tres días! Waw! Siento que no puedas terminarte tan pronto la MAgia, dados mis interminables retrasos!
Kerameiko: Fíjate, al final he podido ir un sólo día... espero que tu hayas podido disfrutar por mí, pk lo que es yo... En fin, bueno chica¡se acaban ya las vacaciones¡Aprovecha lo que queda!
Bueno gente, esto es todo... No tengo ni idea cuando actualizaré... Con suerte, puede que pronto, con mala suerte, no tengo ni idea... Lo siento, odio tener que dar malas noticias, pero almenos asín ya estáis prevenidas!
Espero que hasta pronto!
