Te llevaré, hasta el
extremo
te llevaré, eh, eh, eh
abrázame, este es
el juego de seducción.
Estoy muriéndome de sed
y
es tu propia piel la que me hace mover,
me hace mover, me hace
mover en extremos.
Soda Estéreo – Te llevaré.
CAPÍTULO 21. ROMPIÉNDOTE.
Estaba enojado.
No podía descifrar el motivo exacto por el que sentía que su sangre estaba hirviendo en sus venas, pero estaba seguro que tenía algo que ver con la escena que estaba presenciando.
Joey Wheeler estaba junto a Ryou. El joven albino parecía necesitado de apoyo, pero ¿por qué de Joey?
Kaiba frunció el ceño.
No le gustaba ver eso.
Pero cuando iba a hacer algo al respecto, su cordura reaccionó y se detuvó.
Lo suyo con Joey era puramente platónico. No había amor entre ellos dos, así que si el rubio se involucraba con alguien más era problema exclusivamente suyo. No tenía porque sentirse traicionado.
Pero te sientes traicionado.
Allí radicaba su problema.
Se sentía traicionado por la forma en que el rubio se dirigía a uno de sus amigos.
Eso estaba cruzando los límites que ellos mismos habían puesto.
Maldijo en silencio, pero cómo ignorar aquella punzante sensación en su pecho, aquel nudo en su garganta y simplemente el sentimiento de ser traicionado por alguien que significaba algo para él.
Qué significaba para él Joey era el problema?
Cómo iba a saberlo de todas formas cuando se habían creado barreras emocionales entre ambos y no sabía ni cómo dirigirse al rubio sin sentirse fuera de lugar.
Se puso en pie y vio que a un par de metros de los dos jóvenes estaba el ladrón de tumbas.
La otra parte del joven albino.
Quizá también estaba celoso.
No podía negarlo más tiempo, pero tampoco iba a exigir una relación, conociéndose sabía que tampoco estaba listo para una de ésas.
Salió de la biblioteca, sabiendo que iba a ser imposible para él volver a concentrarse con la presencia del rubio tan cerca de él.
---
Cuando Ryou entró a su habitación vio a Bakura acostado en la cama, con una botella de whiskey en la mano. No dijo nada, porque no quería iniciar una conversación que sabía iba a perder.
Siempre era lo mismo con Bakura.
Caminó al baño y se humedeció el rostro.
Pensó que estaba mucho mejor después de haber conversado con Joey y saber que cuando menos alguien se había percatado que había algo extraño en él, y se había interesado.
Salió del baño y miró de reojo a su yami, que hacía lo mismo.
Miraba a Ryou.
Pero lo hacía a través del espejo, observaba el reflejo de la luz de su vida.
Luego se puso en pie y caminó a Ryou, lo jaló a él y le dio un fuerte abrazo.
Quería borrar el aroma de Joey de su cuerpo.
"Dónde estabas?" Preguntó con voz ronca, levemente molesta.
Estaba controlándose porque se decía que lo suyo con Ryou era puramente físico. Lo único que le interesaba era alguien con quien acostarse cuando se sintiera con ganas de tener sexo.
Él no buscaba una maldita relación.
No tenía tiempo además para dedicarle a Ryou, y no quería hacerlo.
Después de todo, él era un espíritu que después de mucho tiempo, quizá la muerte de Ryou iba a continuar existiendo, así que, para qué perder su tiempo con un mortal cualquiera.
Lo que le molestaba era que el joven no respetara la autoridad de Bakura.
"Te dije que tenía que hacer un proyecto para la escuela, mi clase de historia. Recuerdas?" Preguntó, apartándose un poco de Bakura, porque esa cercanía le lastimaba más el corazón. "Dijiste que no querías ir, que era estúpido, así que fui yo solo."
"Solo?" Preguntó, suspicaz.
Ryou se dio media vuelta y se sentó en la cama, desabotonó su camisa y la acomodó a un lado de él y se paró a tomar algo más cómodo para usar en la comodidad de su hogar.
Bakura volvió a ocupar su lugar en la cama.
Mientras se colocaba la camisa, Ryou negó.
"No. Joey me alcanzó, ayer dijo que quería hablar conmigo. Tiene un par de problemas y quería mi ayuda."
Bakura estrechó la mirada.
Ryou no era bueno mintiendo, sabía que eso era verdad, lo que quería saber era cuáles eran las intenciones del rubio con Ryou, y las de éste con Joey.
"Qué tipo de problemas?"
Ryou le miró a los ojos.
Curioso de la actitud de Bakura.
"Problemas del corazón." Dijo, sin poder ser capaz de mentirle. "Hay alguien que está lastimándolo."
"Y por qué no le pidió ayuda a Yuugi?"
"No sé. Ni siquiera sé si no habló antes con Yuugi." Respondió. "Espero haberle sido de ayuda."
"Ajá."
"Todo bien?" Quiso saber Ryou. "Te noto extraño."
"Sí... estoy demasiado ebrio." Le dijo Bakura. "Eso es todo."
Bakura seguía acostado en la cama y se movió, haciendo espacio, indicándole a Ryou que se acostara a su lado, lo que el joven hizo sin protestar. Se anticiparía a las necesidades de su yami si éste no fuera tan temperamental.
Sintió el cuerpo de Bakura sobre el suyo y cerró los ojos.
Ésta era la parte que no le gustaba y al mismo tiempo la que más disfrutaba.
Ser el juguete sexual de Bakura no era su actividad favorita, pero eran los momentos más completos de su existencia.
Un beso en su cuello le hizo estremecerse.
Otro más en su mejilla, pero ninguno en sus labios, como siempre había sido.
Bakura acarició la piel de su espalda, metiendo sus manos bajo la camisa que acababa de ponerse.
"Tardaste más de lo que dijiste."
Ryou sonrió a medias.
Cuando menos había notado eso.
Lo único que podía esperar, y lo más probable era que había sido por sus propias necesidades.
Sin embargo sintió bien ser necesitado, aunque fuera para eso, por Bakura.
"Lo lamento. Estaba trabajando, es un proyecto complicado." Comentó el joven, aunque sabía que su contraparte no estaba prestándole atención en lo más mínimo.
Las manos de Bakura rodearon su cintura y el espíritu escondió su rostro en el cuello de Ryou.
"No debes hacerme esperar."
Ryou asintió.
"Lo lamento." Volvió a disculparse y besó la frente de Bakura. "No volverá a suceder, perdí la noción del tiempo."
Un gruñido que significaba 'sí'.
Ryou notó que los avances de Bakura se habían detenido, el espíritu ya no estaba tocándolo con pasión, simplemente estaba abrazándolo, así que se relajó un poco y abrió los ojos, para observar el techo blanco.
Sólo él estaba dispuesto a soportar ese trato, pero era porque estaba enamorado, y muchas veces el amor es ciego y nuestras acciones simplemente lo comprueban, ése era el caso de Ryou.
Anteponía las necesidades de su yami a las suyas.
Para él no era ningún problema, era alguien fácil de complacer.
De hecho, no le pedía mucho a Bakura, sólo un poco de afecto, ni siquiera amor, porque él estaba seguro que con su amor bastaba para ambos, sin embargo sabía que incluso eso era demasiado pedirle a su espíritu. El ladrón de tumbas no estaba acostumbrado a amar.
"Aún es temprano," Le dijo en un susurro, hablándole al oído. "¿no hay nada que quieras hacer?"
No se refería a ninguna actividad sexual, simplemente preguntaba porque se le hacía demasiado extraño que a apenas las 8:00 de la noche el espíritu de la sortija estuviera listo para dormir, y sobre todo en aquella posición, abrazando posesivamente al joven.
Bakura negó contra su cuello.
"Te dije, estoy muy ebrio, no quiero hacer nada." Respondió secamente y besó el cuello del joven. "Cállate y duérmete."
"Mmm." Fue la única respuesta que obtuvo de Ryou.
Pero el joven no se durmió, sino que permaneció observando el techo, maravillándose por aquella actitud de Bakura. No sabía qué demonios había en el whiskey, pero esperaba que los efectos duraran lo suficiente para que él los disfrutara.
"Buenas noches, Bakura." Dijo en tono afectuoso.
Se sorprendió aún más cuando como respuesta el espíritu albino se levantó un poco y le miró a los ojos fijamente, un sentimiento extraño en los ojos de Bakura, y unió sus labios a los de Ryou en un beso suave.
No le respondió, pero eso fue más que suficiente para Ryou.
El único problema para Ryou fue no saber si al día siguiente su yami iba a seguir comportándose tan amablemente con él o iba a retomar aquella actitud tan molesta que siempre tenía.
Allí radicaba su preocupación, motivo por el cual apenas durmió aquella noche.
---
Joey miró a Kaiba, quien estaba sentado en la orilla de la cama; sus ojos azules observaban todo el lugar, mientras una de sus manos acariciaba distraídamente el grueso cobertor que cubría la cama.
Era extraño que estuvieran en silencio, un plácido silencio, después de haber hecho lo que habían hecho.
Ya no era extraño, lo habían hecho por segunda vez y lo habían disfrutado, una vez más.
Sin embargo, después de... continuaba siendo extraño simplemente estar en la habitación, sin saber cómo dirigirse al otro o que demonios decirle.
Una situación que el rubio no le deseaba a nadie, porque la tensión podía cortarse hasta con un cuchillo.
"Estás bien?" Interrogó Kaiba, sin saber qué más preguntarle. Pero tenía que decir algo, antes que el silencio le reventara los oídos.
Joey movió la cabeza, en una afirmación silenciosa.
Apartó el flequillo de su frente y lo sintió volver a caer sobre ésta.
"Sí, sólo estoy un poco distraído." Dijo el rubio.
Estiró su mano y sujetó la de Kaiba.
"Gracias."
El ojiazul asintió.
"Ahora qué fue?" Quiso saber, la curiosidad genuinamente invadiéndolo, de modo que aunque quisiera, por mucho que se esforzase, no podía impedirse a sí mismo formular la pregunta.
Joey sonrió a medias antes de responder.
Se tomó su tiempo, pero obviamente tenía intenciones de compartirlo con el ojiazul. Había sido él quien le había ayudado a pasar la noche.
"Lo mismo de siempre... Seth y Jouno. Su muerte." Dijo con voz suave. "Pero sigue siendo tan real que no es posible que me acostumbre a convivir con esas visiones. No las quiero."
Kaiba asintió.
Él tampoco quería seguir experimentado esas visiones.
Le nublaban su poca cordura.
"Te entiendo."
Joey asintió y sonrió.
Era obvio, era el único que experimentaba esas visiones.
Joey rió a la ironía.
Yami que tanto deseaba recuperar por completo sus memorias, saber todo lo que había sido oculto, no podía recordar y ellos dos que no querían saber de eso, estaban recibiéndolas.
No era justo.
"No hay forma de detenerlas?" Quiso saber el rubio.
No soltaba la mano de Kaiba, le brindaba cierto sentimiento de protección que le ayudaba a sobreponerse de sus sobresaltos.
"Hablé con Ishizu al respecto, pero dice que no hay forma de detenerlas, a menos que aceptemos lo inevitables."
Joey le miró.
"Qué es lo inevitable? Que somos fantasmas de alguien que vivió en el pasado? No lo creo." Dijo el rubio, empezando a enfurecerse. "Ishizu no vive lo que yo vivo todas las noches. No soporta el dolor ni su propia muerte. No lo ve todas las noches."
Kaiba apretó la mano del rubio entre la suya.
"Habrá algo."
Joey asintió.
"Sí." Afirmó. "No podemos vivir toda la vida escondiéndonos por eso, además... habrá algún día en que tú querrás continuar tu vida donde la dejaste."
Kaiba rió levemente.
Aquello sorprendió a Joey, pero el ojiazul aclaró.
"Qué vida, Wheeler? Mi vida son KaibaCorp y mi hermano. No tengo mucho de qué preocuparme."
El rubio sonrió.
Él tampoco, pero no lo dijo.
Sin embargo, Kaiba aún no olvidaba lo de Ryou, y encontró la forma de sacarlo a la luz sin que fuera demasiado obvio.
"Sin embargo, lo nuestro, sea lo que sea, no tiene por qué impedirte tener ningún tipo de relación con nadie. No es como si a mí me importara; obviamente, tendrías que explicarle a esa persona..."
"Qué? Que me acuesto con mi peor enemigo? Eso es ridículo!" Exclamó el rubio. "Además, yo no tengo a nadie por el momento. No tengo tiempo para eso... no puedo ahora."
Kaiba le creyó.
Cómo no creerle si el rubio lo decía con tanta convicción.
"Tengo que irme, Kaiba." Dijo el rubio, aún no soltaba la mano de Kaiba. "Mi padre ya debe estar preocupado porque no llegué a dormir, así que lo mejor será que me vaya de una vez."
Kaiba asintió.
Esta vez, antes que el jalara al rubio hacia él y le diera un beso, fue Joey quien se puso en pie y encerró entre sus manos el rostro de Kaiba para darle un beso profundo que dejó a ambos con la respiración entrecortada.
"Ja mata ne!"
"..." El silencio fue la respuesta de Kaiba.
Quien se quedó sentado en la habitación, completamente desnudo, sintiendo extrañas sensaciones en todo el cuerpo, recordando el momento compartido con Joey, las caricias que había dejado en el cuerpo de Joey. Las marcas que identificaban al rubio como una de las más recientes y más importantes de todas las propiedades del joven genio.
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Por qué demonios estaba permitiéndolo? Fue la primera pregunta que se hizo, y la siguiente fue, cómo demonios habían conseguido esposarlo y encerrarlo en aquella pequeña jaula.
Vio, sin poder evitarlo, sintiéndose traicionado, la escena que se desarrollaba frente a él.
Ryou estaba contra la pared, recibiendo abiertamente y sin pena, los besos apasionados que le proporcionaba Joey; los abrazos firmes y estrechos. Las manos invasoras del rubio se colaban bajo la camisa ajustada del joven albino.
Los gemidos de su amante inundaban todo el lugar.
"Más, Joey. Más." Pidió Ryou, desesperadamente. Su voz cargada de afecto, del mismo amor que una vez había identificado hacia él pero que él siempre había desechado.
"Te amo, Ryou. Te amo." Susurró el rubio.
Vio los ojos del joven iluminarse y vio, con sorpresa, como el beso de los dos jóvenes se tornaba más dulce, dejando todo rastro de desesperación de lado. Era un beso de amor, puro, de entrega.
"Yo también, Joey. Te amo."
Cerró los ojos, sin saber cómo procesar ese tipo de información.
Abrió los ojos.
Había sido un maldito sueño.
Bajo él estaba el cuerpo del joven Ryou, quien se aferraba con fuerza al cuerpo sobre él, como si no quisiera dejarlo ir por nada del mundo.
El ladrón de tumbas sintió un alivio tan grande que por un momento se sintió ridículamente cursi; pero lo disfrutó. La visión del joven bajo él, su piel pálida y su rostro tierno.
Pero la imagen de su sueño seguía grabada y se repetía incluso ahora que estaba despierto.
Y el día anterior, Joey y Ryou habían hablado.
Los había visto cerca.
Él había tocado a su Ryou.
Él mismo que ahora estaba allí, entregándose a él como siempre lo hacía.
Lo apretó con fuerza contra su cuerpo, consiguiendo despertarlo; le dio un beso en la frente, que sorprendió al joven.
"Buen día, Bakura." Dijo e iba a ponerse de pie cuando Bakura lo detuvo.
Se inclinó sobre él y enterró el rostro en el cuello del albino, donde empezó a repartir besos y mordidas.
La sorpresa no duró mucho, porque Ryou estaba acostumbrado a las prisas de Bakura, ya que nunca se tomaba realmente el tiempo de satisfacerlo completamente, sino se tomaba el tiempo de satisfacerse él.
"No tengo tiempo, Bakura. Voy a llegar tarde a la escuela." Intentó, quiso levantarse, pero el roba tumbas le mantuvo presionado y fijo en la cama. "Bakura." Suplicó el joven.
"Cállate." Ordenó el celoso espíritu.
Sujetó a Ryou de la cintura y besó sus labios con una violencia inusual en él.
El espíritu jamás le hacía el amor, pero tampoco era duro con él. No era amoroso, pero nunca lo dañaba.
Ahora enterraba sus uñas en su cuerpo y lo mordía particularmente duro, marcando sus dientes en la piel pálida de Ryou.
Sujetó su cabello con violencia y le arqueó el cuello, para que él mordiera, lamiera y succionara.
"Por favor... suéltame." Pidió el joven, sintiéndose atrapado. Usado.
Le sorprendió el golpe que Bakura le dio en el rostro, aquella cachetada que rompió su labio inferior y lo hizo sangrar levemente.
Abrió mucho los ojos de la sorpresa, y dejó de protestar.
Dejó de moverse por completo.
Ya no opuso resistencia mientras su cuerpo era violentado por la persona a quien él más amaba en el mundo. No se quejó cuando Bakura lo penetró con violencia, sin utilizar lubricación, no lloró, aunque quería hacerlo, cuando el espíritu empezó a empujarse en su interior y a moverse con fuerza.
Lo estaba hiriendo.
Sus manos estaban quedando marcadas en la cintura de Ryou, donde Bakura lo sujetaba con violencia.
La marca roja de su mejilla le brindó cierto placer a Bakura.
Soltó su cintura y dirigió sus manos a su cuello y empezó a apretarlos con violencia, con una fuerza destinada a matarlo... pero cuando sintió que realmente Ryou necesitaba respirar, lo soltó.
Aún así, las marcas quedaron en su cuello.
Siguió moviéndose en su interior, hasta que alcanzó el clímax, poco después que el joven, que contrario a todo pronosticó también había tenido un orgasmo. Uno no muy placentero.
Bakura se inclinó hacia el rostro de Ryou y cuando iba a besarlo en los labios, el otro joven apartó el rostro, escondiéndolo en la almohada.
Entonces Bakura lo vio, el cuerpo de Ryou estaba marcado, había marcas de sus uñas, de sus dientes, algunas heridas tenían sangre. Estaban las marcas de sus dedos en su mejilla y en su cuello.
Su cabello revuelto.
El joven se veía roto.
Cuando se percató de lo que había hecho, no pudo sentirse culpable, porque él lo había hecho para hacerle entender a Ryou, que él ya tenía dueño, y que no estaba dispuesto a compartirlo.
Con nadie.
"Levántate."
Pero el joven no obedeció esa orden.
"No vas a ir a la escuela?" Quiso saber.
Vio que en ese momento el joven finalmente se dejó vencer por el llanto y los sollozos convulsionaron su cuerpo.
"Déjame solo." Pidió el joven en un susurro suave, que sonaba demasiado débil. "No quiero verte... vete."
"Yo no cumplo tus órdenes, niño."
Ryou alzó el rostro y se puso en pie... había sangre en sus muslos y manchando las sábanas.
Ignoró el dolor mientras entraba al baño para limpiarse y después empezaba a recoger su ropa para empezar a vestirse.
"No me sigas, Bakura." Dijo y salió de la habitación que compartía con el espíritu.
Sus ojos estaban cubiertos de lágrimas.
Cuando el espíritu quiso sujetarlo, Ryou retrocedió.
"Te odio." Susurró el joven. "No me sigas... no quiero verte."
Salió de la casa y cerró la puerta. Sin rumbo fijo, sin dirección, simplemente empezó a vagar por la calle. Buscando un lugar donde resguardarse y llorar amargamente todo lo que había estado guardado en su corazón.
Te odio.
Fue lo único que había escuchado Bakura.
---
Tocó la puerta de casa de Yuugi, sabía que el joven aún no había ido a la escuela, porque aún era temprano. Él siempre salía antes que cualquiera, siendo de los primeros en llegar al salón.
Por eso mismo contaba con que su amigo aún estuviera en casa.
Cuando la puerta se abrió, Yami le recibió y se sorprendió de la apariencia de Ryou.
"Ryou? Quién te hizo esto?" Preguntó Yami.
Ryou le sonrió tiernamente, respondiendo así su pregunta.
"Puedo entrar?"
"Por supuesto." Dijo, dándole espacio para entrar. "Yuugi aún no ha salido, bajará en cualquier momento."
Le sorprendió ver a Bakura a lo lejos, observando a Ryou, quien ignoraba por completo la presencia de su yami.
Pero Yami no tenía tiempo de ir a reclamar; estaba más preocupado por Ryou, así que le guió a la sala y le sentó en uno de los sofás.
Yuugi bajó las escaleras sonriendo hasta que vio a su yami parado al pie de las escaleras, observando a la sala con expresión preocupada.
"Ocurre algo?"
Yami alzó la vista y encontró a su aibou.
Se imaginó en la misma situación de Ryou, más bien lo intentó, porque se le hizo imposible la idea de dañar a Yuugi.
Cómo era capaz el ladrón de tumbas de haber golpeado a Ryou.
"Es Ryou. Bakura lo golpeó..."
Yuugi miró en dirección a la sala y vio al joven sentado en el sofá, sollozando suavemente y abrazándose a un cojín que había recogido del sillón.
"Ryou... estás bien?" Pregunta estúpida, pero fue lo único que se le ocurrió para dirigirse al joven.
Ryou alzó el rostro y asintió.
Yuugi vio el golpe de su rostro, su labio se había inflamado.
"Qué pasó?" Quiso saber, sentándose a su lado y tomando su mano; pero el joven se apartó ante el contacto con Yuugi.
"Gomen ne." Se disculpó, temblaba levemente, estaba asustado y era comprensible, porque acababa de vivir una experiencia traumatizante.
"No hay problema, Ryou. No te preocupes, aquí vas a estar bien." Dijo el joven.
"No estés tan seguro, Yuugi." Susurró el joven. "Quién iba a imaginar que mi propio Yami iba a ser capaz de... Lo siento tanto." Dijo.
Yami vio una mordida en su cuello y un estremecimiento lo recorrió.
"Él hizo más que golpearte?"
Yuugi le miró con curiosidad, sin entender el significado de la pregunta, hasta que Ryou asintió.
"Sí... él me tomó a la fuerza."
Yuugi se cubrió el rostro.
Sentía el dolor de su amigo.
"Hay que hacer algo." Empezó Yuugi, pero Ryou se rió amargamente.
"Qué? Vas a darle su merecido a Bakura?" Se rió. "No tiene caso, después de todo lo único para lo que le sirvo es para esto."
"Por qué no quieres que hagamos nada después de lo que él te hizo? Mira cómo te dejó, Ryou!" Exclamó el ex faraón.
Ryou estaba llorando silenciosamente.
"Porque lo amo, Yami. Por eso mismo; porque a pesar que él es un idiota incapaz de responder mis sentimientos, y que es un egocéntrico que simplemente busca su autosatisfacción... yo lo amo."
"Tú qué?"
Ryou sonrió.
"Sé que es estúpido... quizá yo soy estúpido. Bakura siempre me lo dijo. Pero él es lo único que yo tengo. Él me protege cuando estoy en peligro, sé que lo hace porque no puede arriesgarse a perder mi cuerpo. Soy su vasija, después de todo."
Yami entendía, pero no lo aprobaba.
"No voy a ir a la escuela hoy, Yami. No puedo dejarlo solo."
"No te preocupes, Yuugi. Tú ve, yo me encargaré de cuidarlo y evitar que Bakura se acerque a él."
"Gracias, Yami." Dijo el joven.
"Lo que sea por ti." Le dijo el ex faraón.
Yuugi sonrió.
Y sin pensarlo mucho, se acercó a Yami y le dio un beso en los labios.
Un roce suave.
"Cuídalo."
Y con eso, salió de la casa.
Continúa...
Notas de autora
Un nuevo capítulo, un poco violento en cuanto a la forma en que reaccionó Bakura... pero todo mundo creyó que el ladrón de tumbas iba a desquitarse con Joey, ya ven que no. Además, necesito una forma de hacer a Bakura comprender sus sentimientos por Ryou, y ésta, algo angst, me parece la más adecuada de todas. Total, yo siempre he sido fan del angst, aunque mis fics casi no lo demuestren. Y ya me aclararon mi duda (una amiga de la prepa) me dijo que la diferencia en mi forma de escribir de antes y la actual es eso precisamente, que ahora me valgo más del angst y antes era más romántico.
Como sea, espero que les guste... y espero sus comentarios.
