Agentes del FBI entraban en las oficinas de la Constructora propiedad de Gora Akiro, los vigilantes de la misma les detenían el paso, comunicando de inmediato con sus superiores al serles enseñada la orden de registro.

Los agentes federales llegaban hasta el despacho del señor Akiro, entrando sin dar tiempo a la secretaria para que avisase a su jefe.

-Señor Akiro, será mejor que no intente entorpecer nuestro trabajo – le decían mostrándole la orden de registro- En este mismo instante, están siendo registradas las cuatro obras en las que su constructora está trabajando. ¿Quiere presenciar el registro de estas instalaciones?- El japonés asintió.

Unas horas después el japonés tenía las esposas rodeando sus muñecas, en cajas los federales sacaban de aquel edificio toda la documentación y todas las pruebas encontradas.

Akiro había presenciado como aquellos hombres sacaban de la caja fuerte instalada en la zona de descanso del personal el libro dónde estaban anotadas todas y cada una de las compras de drogas que el cártel había realizado. Así mismo encontraron sin problema en la azotea del edificio el falso techo dónde la mercancía era guardada hasta su venta.

-¿Quién me ha traicionado?- preguntaba desconcertado a ser introducido en el furgón federal.


Como cada mañana desde que habían llegado a la cabaña, antes de comenzar con su trabajo Alex repasaba a conciencia todas las imágenes que le llegaban no sólo de su casa sino también de sus locales.

Al revisar las de la noche anterior pudo comprobar como Akiro, Hunter y Red se habían reunido en El Pecado.

-Eso no es bueno ¿cierto? – preguntó la detective al sentarse a su lado y ver las imágenes. Alex negó.

-Supongo que han comenzado la caza, a estas alturas lo único que tenemos claro es que aún no han logrado descubrir que si estamos juntas por propia voluntad o me retienes en contra de mi voluntad. Será mejor que nos pongamos manos a la obra, el tiempo se nos termina – dijo cerrando el archivo con las imágenes.

-Tenemos suficiente para encarcelar una larga temporada a Red incluso me atrevería a decir que para que sea condenada a cadena perpetua. ¿Con quién continuamos? – preguntó poniendo sobre la mesa los expedientes de Akiro y de Hunter, Alex tomó el del japonés.

El japonés llegó a Estados Unidos huyendo de su patria por haber deshonrado a una joven de su misma aldea, al llegar trabajó de estibador en el puerto. Poco a poco se fue introduciendo en el mundo del contrabando, comenzó con productos japonés prohibidos en USA para poco a poco introducirse en el mundo de las drogas.

Akiro entró en contacto con Red cuando el primero sin ser consciente de ello comenzó a vender drogas en el territorio de la rusa, lo que en principio se pensó que daría lugar a una guerra, se transformó en colaboración cuando Will comprendió que con el japonés dentro de su organización se le habrían los mercados orientales.

-No entiendo cómo logra llevarse a todos a su terreno – dijo la detective.

-Lo entenderás – fue lo único que contestó Alex.

-Dime su nombre.

-Todo a su debido tiempo, aún no ha llegado ese momento.

-Dame una buena razón – le espetó Kate.

-Porque ese día saldrás por la puerta y quiero que cuando lo hagas no sea sólo para vengarte de él sino para terminar con todos los integrantes del cártel – le dijo con total seriedad.

Akiro y Will cerraron el trato de colaboración, pasando desde ese momento el japonés a formar parte de la cúpula del cártel.

Se empezó por crear, además de la compañía de importación y exportación que tenía el nipón, una constructora que poco a poco se fue haciendo con todos los contratos que la ciudad de Nueva York sacaba a concurso. Se usaba dicha constructora para dar trabajo legal a todos y cada uno de los camellos intermedios del cártel.

En las oficinas centrales de la constructora se instaló el cuartel general de Akiro, pasando la empresa de importación a ser dirigida por el hermano pequeño de Akiro.

En la zona de descanso del personal se instaló la caja fuerte, ya que se creyó que sería la zona que siempre quedase libre de sospechas, y la azotea original del edificio se elevó unos dos metros creando un falso techo en el que se guardaba toda la droga hasta que llegaba la hora de ponerla en el mercado.

Kate se puso en pie – Me apetece dar un paseo por el pueblo- Alex la miró sorprendida, hasta ese momento siempre era ella la que ponía fin a la sesión de trabajo.

-Antes debemos comprobar todas las cuentas de Akiro, al igual que hicimos con las de Red – Kate asintió y volvió a sentarse- ¿Qué pasa? – le preguntaba mientras comenzaban a meter los datos bancarios en el ordenador.

-Pensaba en lo que me dijiste hace horas, eso de que saldría a cazar a ese hijo de puta sin importarme el resto. Tienes razón, eso sería lo que haría, porque eso es lo que llevo cerca de 9 años esperando poder hacer – Alex la miraba mientras esperaba que se descargase toda la información bancaria.

-Pero debemos asegurarnos que todo termina con ellos.

-Sabes que al final tú terminarás también en la cárcel, ¿verdad? – Le dijo Kate con tristeza dibujada en su rostro.

-Eso será sino termino muerta – aquella contestación hizo que la detective golpease el brazo de Alex- Vale, admito que no ha tenido gracia – se excuso ante Kate.

Anochecía cuando ambas mujeres salían a dar el paseo, Castle como siempre corría delante de ellas.

-¿De verdad quieres ir al pueblo? – Alex no terminaba de estar convencida de dejarse ver en público.

-Sí, sino nos ven por él, los lugareños empezaran a preguntarse qué hacemos y eso sería más peligroso que el que nos vean pasear por sus calles – Dijo totalmente convencida- Además se supone que nadie conoce esta cabaña y quiero ver a otras personas.

-¿Te has cansado de mi compañía? – le preguntó con una medio sonrisa.

-Alex, caminemos – le dijo sin contestar a la pregunta.

-Haga lo que haga no me vas a perdonar nunca por ser quien soy ¿verdad? – le dijo sin moverse de dónde estaba parada. Kate se giró para verla- Soy yo la que fui traicionada, yo la que debería odiarte, y sin embargo estoy aquí ayudándote a terminar con todos ellos, sabiendo que eso supone mi propio fin – comenzó a caminar de regreso a la cabaña.

-Alex – ésta se giró para comprobar cómo la detective agachaba la cabeza. Tras ver aquel gesto Alex continuó su camino hacia la casa.

Kate pese a todo decidió seguir con su propósito de llegar al pueblo, y ahora con más urgencia ya que las palabras dichas por Alex hacían que se preguntase si estaba actuando de la forma adecuada.

Cuando tres horas después abría la puerta de la vivienda comprobaba como las luces estaban apagadas, tras beber un poco de leche se dirigió hacia su dormitorio, pero volvió sobre sus pasos ya que necesitaba ver a su acompañante. Abrió con cuidado la puerta del dormitorio de la Vause comprando que estaba dormida, despacio se fue acercando hasta la cama, sentándose en el suelo al lado de la misma.

-Lo siento, desearía que todo fuera distinto, ¿sabes por qué? Porque por mucho que luche contra mí misma aún estoy enamorada de ti. Te quiero Alex, pero no sé cómo afrontar eso sabiendo que formas parte de todo por lo que mi madre fue asesinada- decía llorando y acariciando la mano de Alex- Te quiero.