Esto no puede ser, no podéis pedirme tanto lemmon ni tanta vida color de rosa entre las parejitas, ¿será posible? xD Ya dije hace tiempo que mi historia iría despacio, y bueno, creo que así va a continuar, y que las cosas no siempre son como uno desearía, así que por favor paciencia xD que lo bueno se hace esperar ¿o no?, jajajaja.
Pero para compensaros que hago lo que quiero con los personajes xD hoy cuelgo capítulo ESPECIAL ^^ "mega largo", como nunca he colgado otro igual jajajaja. Eso sí, no os acostumbréis, porque se trata de un caso puntual (y que tampoco sabía donde cortarlo y para no dejarlo cojo ahí va enterito xD)
Como siempre, gracias a todos los que me leen y sobre todo a los que me dejan review, sois los mejores: Daniiielaa098, Marcus, Merak84, miuri, SU-Black, HelenRosalie, ginny_potter, cristinamajicsblack, CristiRHr, Emmanuel, UltraVioleta, Uriel, Kary, RoSaNgElEs, Javiera-6, ELIZA, nena weasley granger, Nekiiito, Skinniy, Lily…, sk8girl59, Alecita-Luna, Val!, Daniels-Delirious19, , danielaweasely, avril3potter3and3xD, Catimb, , Nefer W ^^
ELIZA: el precio de la fama ¿eh? Jajajaja, bueno, intentaré llevarlo bien xD Bueno, a ver que te parece el capi de hoy ;) Besicos!!
Nekiiito: jajajajaja, madre mía, trasnochando y ebria pero al pie del cañón, ole tú!!!! :D Espero que los momentos RoMione de este capi te gusten ;) Besicos!!
Lily…: ¿se te hizo corto?, a ver este como se te hace xD Ron vive de todo en este capi xD Besicos!!
Val!: Me alegro que te gustase el momento comedor de los tontines jajaja Y en este capi veremos que pasa con Pansy y Neville. Besicos!!
Marcus: hola, bienvenido!! Espero seguir atrapándote en los sucesivos capis xD Esa es la idea, provocar mariposas en el estómago y tb más abajo xD Besicos!!
Ginny_potter: muchas gracias ^^ Bueno, lo de Harry y Ginny es diferente a los libros xD pero el final parecido, no desesperes xD Ron y Hermione, pues… lo suyo va pa largo tb jajaja Besicos!!
CristiRHr: Me alegro que te gustase tanto el anterior capi, a ver que opinas de este xD Siento que las relaciones avancen lentas, pero habiendo tanto personaje, es inevitable que sea así xD Qué ilusión que quieras imprimirlo jo ^^ cuídate mucho tú tb, besicos!!
Emmanuel: muchas gracias por tus palabras :$ y no te preocupes, no pienso dejar la historia inacabada ^^ A ver que te parece este capi tan lleno de personajes.
Uriel: jajajaja venga pedir lemmon, que la historia tiene más cosas jo xD Tranqui, ni abandono la historia ni dejaré de escribir escenas lemmon, pero todo cuando tenga sendito en mi fanfic xD paciencia, que te veo muy lanzado con Hermione jajajaja. Besicos!!
Kary: hola y bienvenida! ^^ sobre Harry y Cho parece que me leíste el pensamiento xD Sí, no me doy cuenta de que me lee gente de otros países, lo siento. Cuando escribo "jo", es una abreviatura de "jolín", que viene a ser una forma graciosa y light de decir joder xD Espero que te siga gustando mi fanfic :D Besicos desde España!!
Y sin más dilación, capítulo ESPECIAL doble duración xD
Capítulo 22. Entre amigos y enemigos
George carraspeó, miró alternativamente a su hermano gemelo y a la morena y empezó a hablar.
—¿Recuerdas ese verano de hace tres años, en el que se celebró un campamento de deportes de riesgo?
—¿Aquel al que no pude ir porque me puse enfermo? —contestó Fred.
—Sí… pues… Katie también se apuntó y allí nos conocimos.
—Aunque estabas diferente y tu nombre… —interrumpió la morena.
—Es verdad. Por entonces llevaba el pelo mucho más corto y me lo teñí de castaño, para pasar más desapercibido. Además utilicé el nombre falso de Oliver Phelps para que nadie me reconociera como miembro de la familia real Weasley.
—Pues te salió bien el plan, jamás imaginé quien eras en realidad. —Katie habló con cierto tinte de rencor en su voz. George la miró un poco arrepentido.
—El caso es que Katie y yo nos conocimos y en seguida nos caímos muy bien y…
Parecía que a George le costaba continuar con la historia, así que Katie quiso continuarla.
—Me quedé embarazada de ti y tuve que abortar.
—¿¿Cómo?? —gritaron al unísono ambos gemelos— No te dejé embarazada ¿verdad? —cuestionó George sintiendo un sudor frío recorrer su espalda—, tú y yo no llegamos a tanto… ¿o sí?
Katie lo miró levantando una ceja y con cara de pocos amigos.
—¿Tan poca huella te dejé que ni recuerdas lo que hicimos y lo que no hicimos?, qué decepción más grande —exclamó teatralmente.
—No, no hicimos… eso… estoy seguro… casi seguro, yo… —George balbuceaba con torpeza y Fred lo miraba incrédulo, no era capaz de reconocer a su hermano. ¿Cómo podía haber hecho algo así y no recordarlo?
—Puedes respirar tranquilo, no lo hicimos, y por supuesto no me quedé embarazada, sólo me estaba quedando contigo.
El pelirrojo resopló sonoramente, invadido por el alivio, su cuerpo se relajó, dejándose caer en el banco.
—¿Entonces…? —La impaciencia dominaba a Fred. Parecía que todo era dar vueltas sin decir lo que pasó o no pasó entre ellos.
—Katie y yo nos… liamos.
—Prefiero decir que salimos juntos ese mes —replicó la morena—, y cuando terminó el campamento me prometiste que me llamarías. La verdad es que pensaba que teníamos algo serio.
—No podía llamarte Katie, no quería complicar tu vida, estabas aún en el colegio, y yo no soy un chico cualquiera.
—Ya claro, pero tampoco pudiste explicarme todo esto entonces, me dejaste creyendo una mentira.
—Tenía miedo de que lo tomaras a mal y organizaras algún escándalo, como le ha pasado a mi primo Ron alguna vez.
—No soy ninguna niña histérica, y… tampoco me gustabas tanto —mintió. La morena estuvo loca por George aquel tierno verano de sus dieciséis años—. Pero ni se te ocurra pensar que te estuve llorando durante años. Superé hace mucho esta desilusión.
—Pues yo diría que todavía te molesta. Mi mejilla lo confirma —intervino Fred amablemente.
—Bueno… supongo que me pasé el tiempo esperando una explicación que nunca llegó —Levantó la vista y la clavó en George—, desapareciste sin decirme nada, me dejaste sin más, eso es lo que de verdad me dolió.
—Lo sé y te pido disculpas por ello, perdóname Katie, por favor —George alcanzó las manos de la morena y le habló con el tono más serio que pudo—. Ya que la vida nos ha vuelto a juntar, quiero que nos llevemos bien. Cometí un error, pero lo lamento de corazón.
Sus ojos color miel, su voz, el tacto cálido de sus manos… todo parecía envolverla, como si no hubiera nadie más que ellos dos. Aquel maldito conservaba sus dotes de persuasión intactas. ¿Intactas?, no, ahora eran más potentes. Sus cabellos largos y pelirrojos le daban un aire más atractivo, se le veía más hombre y mucho más interesante. Pero ¿qué pasaba con los hombres Weasley?, ¿por qué tenían que ser tan guapos y tan jodidamente encantadores e irresistibles? No podía negarle nada si la miraba y le hablaba de esa forma. Ahora más que nunca comprendería a Hermione, si es que sus sospechas se confirmaban.
—Está bien… George. Olvidemos el pasado y comencemos de nuevo. —Katie esbozó una sonrisa.
—Genial, entonces, volvamos con los demás, que sin nosotros deben estar muy aburridos —rió Fred. El trío se levantó de los bancos y se dirigió hacia sus amigos.
Sin embargo, el pelirrojo se equivocaba, o si no que se lo dijeran a Cormac McLaggen. Estaban de todo menos aburridos y la cosa prometía mejorar, ahora que Neville, el amigo apocado de Hermione, parecía reconocer a la mismísima Pansy Parkinson.
Ante la atónita mirada de todo el grupo, el moreno intentó hacerse reconocer.
—Pansy… ¿no te acuerdas de mí?, soy Neville Longbottom. —El gesto de ella había mudado de la sorpresa a la indiferencia más absoluta.
—No… no te conozco, te debes haber confundido —aseguró sin apenas mirarlo.
—No me confundo, eres Pansy Parkinson, nos conocimos hace casi un mes, en un bar. —Neville no se daba por vencido y Draco observaba a su amiga con desconcierto.
—Ah, ya recuerdo —dijo despreocupadamente, mientras se dibujaba una sonrisa en el rostro de Neville—, eres el impertinente que estuvo toda la noche tratando de ligar conmigo. —La sonrisa del moreno se esfumó de inmediato, en su lugar, un rubio malicioso se reía.
—Ya decía yo, me extrañaba que… lo conocieras. —Draco no quiso decir en voz alta todo lo que pensaba del amigo de Granger, no era adecuado con la princesa delante, si quería seguir ganando puntos con ella. Pero con un solo vistazo tenía claro que Neville Longbottom era un perdedor, carente de todo atractivo e interés para las mujeres. No tenía sentido que Pansy lo conociera del modo que el pobre tonto parecía pensar.
—Pero, Pansy… —Levantó la mano hacia ella, pero la morena ya se había alejado unos pasos, dirigiendo su atención a otras personas. Hermione y Oliver se acercaron a su amigo.
—¿De qué coño va esa tía? —exclamó el moreno muy molesto.
—No me habías contado que conocías a Parkinson —dijo la castaña—, pero si algo sé es que no la creo a ella, tú no eres como dice.
—No lo comprendo… —Hermione lo cogía del brazo— Aquella noche fue tan encantadora conmigo.
—¿Pansy encantadora?, eso no me cuadra, siempre actúa como una prepotente y una estúpida —intervino Ginny—. Ojalá Draco hubiera venido solo.
—Ojalá Draco tampoco hubiera venido —se atrevió a decir Harry. La princesa lo miró frunciendo el ceño—. Siempre acaba ocasionando molestias Ginny, ¿o no lo has visto?
—La estúpida ha sido Parkinson, no Draco.
—Bueno, dejadlo —sugirió el príncipe—. Mira Neville, lo mejor es que no te acerques a Parkinson, es una víbora, y no te traerá nada bueno.
—Aunque ella esté bien buena —bromeó Cormac. Ginny rodó los ojos y Luna, ajena a todos, se acercó hasta el moreno.
—Esa chica no sabe ni lo que dice, es todo un conflicto con piernas, me da un poco de lástima —exclamó la rubia—, oye, he visto que llevas un libro de flora y fauna autóctona, ¿te gusta la naturaleza?
Nunca se acostumbrarían a la facilidad de Luna para cambiar de tema en cuestión de segundos.
—¿Eh?... sí, bastante.
—Me gustaría discutir contigo unas dudas que tengo, sobre cierta especie, ¿te apetece?, es que no soy mucho de deportes, prefiero sentarme a mirar. —Sonrió con su habitual expresión dulce y soñadora y Neville esbozó un amago de sonrisa.
—¿No creéis que estos dos hacen buena pareja? —dijo Tonks por lo bajo a Hermione y Ginny, mientras señalaba con la mirada a Luna y Neville, que ya se encaminaban hacia un banco. Las chicas rieron.
—Pero Luna, me dijiste que te pondrías conmigo en la competición de parejas chico y chica, ¿ahora con quién me pongo si todas están ocupadas? —se quejó Cormac.
—Pídeselo a Cho, seguro que estará encantada, es que prefiero hablar con Neville.
La expresión de decepción del rubio mudó. Buscó con la mirada a la asiática, que ya había vuelto de hablar con su amiga. Pero no estaba sola, hablaba con Harry y parecían entenderse bien.
—Ginny es mi mejor amiga, pero a veces me saca de mis casillas.
—Sobre todo si se trata de Draco Malfoy —sugirió la asiática.
—Sí… joder, Malfoy es un…
—Capullo integral —rió la morena— a mí tampoco me cae nada bien. —Harry rió de verdad por primera vez en lo que llevaba de día.
—¡Sí!, ¡un capullo!, me alegra que estés de acuerdo.
—Bueno, ya sabes, los plebeyos somos inferiores para él. Yo también he tenido que aguantar algunos comentarios desagradables de su boca. —Miró hacia el rubio con los ojos entrecerrados.
Draco se había llevado a unos metros a Pansy, junto a la entrada de los vestuarios.
—¿Qué fue eso, Pansy? —preguntaba divertido. La morena se sintió agobiada, por nada del mundo le contaría al rubio lo agradable que había sido el rato junto a Neville Longbottom. Serviría de burlas constantes hacia ella, o quizá peor, para que Draco la despreciase y no quisiera volver a tocarla.
—No tengo culpa de que los tíos se monten películas sólo porque les dirija la palabra —contestó fingiendo despreocupación. El rubio rió con ganas.
—Pobre perdedor… ¿cómo dijo que se llamaba?
—Neville Longbottom —Pansy contestó tan rápido que a Draco se le pasaron ideas por la cabeza que no le gustaron nada, pero prefirió no darle más importancia al asunto del amigo de Granger—. Eso dijo, tengo buena memoria.
—Cuando quieres —Sonrió de medio lado—. Centrémonos en asuntos más importantes. ¿Vas a hacer algún movimiento con el príncipe?
—¿Tú lo harás con la princesa? —replicó molesta.
—Por supuesto, no me gusta perder el tiempo.
—Entonces yo también haré mi parte.
—Estupendo, pero recuerda, ese imbécil de Ron no debe imaginar que yo estoy detrás de esto.
—Descuida. —La morena dirigió una mirada a la princesa, cargada de rabia. Después miró a Neville, que ahora estaba sentado en un banco con Lunática Lovegood, su rabia desapareció.
—Hola chicos, ¿nos hemos perdido mucho? —preguntó alegremente Fred.
—Pues… de todo un poco, luego te pongo al día —dijo Tonks.
Oliver y Ron parecían retarse con la mirada, compitiendo por la atención de Hermione, que seguía cogida del brazo del pelirrojo.
Ginny, por su parte, no había perdido detalle de las risas compartidas por Harry y Cho, no le habían hecho ninguna gracia y deseosa de liberarse de tales pensamientos, propuso al grupo algunos partidos.
—Bueno, creo que va siendo hora de mover los cuerpos ¿no?, para eso hemos venido —decía enérgicamente.
—Estoy de acuerdo, el mío pide movimiento —reveló Draco, que ya se había unido al grupo, con Pansy a su lado. Harry y Cho también se habían acercado, aunque el moreno habría deseado no escuchar la frase del rubio, sintió arcadas y ganas de romperle la cara.
La princesa se ruborizó ligeramente ante la mirada de aquellos ojos grises. Ron y Hermione miraban con desconfianza al hijo del duque de Wellington.
—Chicas, vamos a los vestuarios. Podemos jugar por parejas de chico y chica o del mismo sexo —sugirió Katie.
—Lo hablamos mientras nos cambiamos, si os parece —replicó George.
—Eso, lo hablamos con las chicas en los vestuarios —bromeó Cormac, mientras se adelantaba con ellas hacia el vestuario femenino.
—De eso nada Cormac. Menudo listo eres tú. Esto es territorio prohibido para ti. —Tonks bloqueaba la puerta del vestuario con una amplia sonrisa, le encantaba seguirle el juego al rubio, y echaba de menos a Fleur, porque seguro que se habría unido a sus picardías. Cormac rió con su amiga y giró sus pasos hacia el grupo de chicos.
—Si quieres, puedes ocuparte de las chicas Remus —dijo Sirius Black con una sonrisa. Eso facilitaría a su amigo estar más cerca de Tonks.
—Gracias.
El castaño se quedó en la puerta, apoyado contra la pared, Tonks le rozó el brazo con disimulo, para que nadie lo advirtiera. Remus sonrió bajando la mirada.
Oliver entró el último en el vestuario de chicos. Se sentía totalmente aislado entre tanta personalidad, exceptuando al rubio chistoso McLaggen, el resto eran todo aristócratas, y tres de ellos encima príncipes. ¿Por qué demonios no practicaba deporte Neville?
Pero pronto advirtió que no era el único aislado. Draco Malfoy dejó su mochila negra sobre un banco que nadie más quiso ocupar. Era más que evidente que no le caía en gracia al heredero ni a sus amigos y que esa aversión era mutua. De pronto aquel rubio empezó a caerle bien y decidió que podría ser un buen compañero de juego.
—Hola, veo que no le tienes mucho aprecio al príncipe.
—Así es. —Miró al moreno con cierta arrogancia.
—Me llamo Oliver Wood y creo que ya tenemos algo en común. —Le tendió la mano.
—Draco Malfoy. Siempre es un placer conocer a gente afín. —Le estrechó la mano, no sin cierta molestia, pues Wood no dejaba de ser un plebeyo más, pero contrario a Ron y eso era ya mucho en aquel vestuario plagado de partidarios Weasley.
—¿Lo aclaraste con George?
—Sí, pero menudo shock. Mira que encontrarme con él después de tres años y encima ser el primo del príncipe Ron, qué cosas tiene la vida ¿no?
—Y tanto. Oye, ¿habías notado raro a Neville de un tiempo a esta parte?
La castaña puso al día a su amiga, sobre el asunto Parkinson, pero sin levantar la voz, pues la protagonista estaba en la misma estancia.
—¿Hablas en serio Hermione?, pobre Neville —decía Katie con sinceridad—, ahora que me lo dices, yo ya lo notaba un poco ausente estas últimas semanas.
—Pues decidle a vuestro amigo que ni se le ocurra acercarse a Parkinson —intervino Tonks desde el banco contiguo.
—Por su propio bien, es mejor que la olvide cuanto antes… —Ginny giró la cabeza para dedicar un vistazo rápido a Pansy, que se cambiaba en un banco alejado— Sólo le haría daño, es una estúpida.
La morena sabía que hablaban de ella. Incluso podía sentir sus miradas clavadas en la espalda, pero no tenía intención de replicarles, no quería meterse en problemas tan pronto. Su principal objetivo era acercarse al príncipe. Sin embargo, Neville volvió a su cabeza.
"Maldita sea, ¿por qué tenía que encontrarme con él y precisamente hoy?... Sé que mis palabras le hirieron, pero es lo mejor para todos"
—Como somos justo seis chicas, podríamos formar parejas y jugar entre nosotras, para ir calentando antes de jugar con ellos.
—Me parece buena idea Katie —contestó la princesa— ¿Cómo nos ponemos?
—Uf, como queráis, pero ya os advierto que la que vaya conmigo tendrá que esforzarse el doble, soy malísima —dijo Hermione entre risitas.
—Mientras no me toque con Parkinson, yo me doy por satisfecha —murmuró Ginny.
—Mira que sois indecisas, a ver… —empezó una dispuesta Tonks. Las chicas agradecían siempre sus dotes de liderazgo— Ginny con Hermione, yo con Katie, así podréis enfrentaros, que os veo las ganas —morena y pelirroja se sonrieron encantadas— y Cho, te pones con Pansy ¿no?
—Qué remedio —dijo de mala gana.
—No te preocupes, el placer es mutuo —replicó la morena.
—Pero Hermione…
—¿Qué?
—No pensarás jugar a tenis así, ¿verdad? —preguntaba Tonks mientras tiraba con los dedos de la tela oscura de sus pantalones— En cuanto corras un poco te vas a ahogar de calor con esto mujer.
—Ya se lo dije yo antes de venir, pero no me hizo caso —añadió la pelirroja.
—Típico de Hermione —remató Katie riendo—, si es que hasta me sorprende que la hayáis convencido para que juegue.
—No veo el problema, me siento cómoda con este pantalón —se defendía la castaña.
—Con una falda estarás mucho más cómoda y jugarás mejor —aseguró Tonks.
"Claro, ¿y qué más?, si me la pongo y Ron me mira me moriré de vergüenza y Oliver lo notará y se molestará con toda la razón del mundo, y yo soy idiota, ufffff"
—Tierra llamando a Hermione, ¿me recibe alguien? —bromeó Katie.
—¿Eh?
—Nada, nada. Así no puedes jugar, estarías en desventaja. Y como siempre llevo ropa de repuesto… —Tonks empezó a revolver su bolso— Voilà, una falda para Hermione.
—¡¿Eso es una falda o un cinturón ancho?! —exclamó la castaña escandalizada.
—Ay perdón, ésta no es, ésta es para la noche —rió Tonks, volviendo a la búsqueda de la falda de repuesto.
—Todavía no entiendo como tus padres, con lo clásicos que son, te dejan salir así vestida —dijo la princesa.
—Es que me cambio fuera de casa —Guiñó un ojo y dirigió de nuevo la mirada a su bolsa—. Les he salido un poco moderna, ¿qué le voy a hacer?
Mientras Tonks y Ginny reían, Katie las observaba y miraba también a su mejor amiga, que ahora ponía cara de circunstancias. Aquellas alegres chicas le habían caído francamente bien, Hermione tenía suerte de contar con ellas en medio de toda la farsa.
—Ésta sí. —Tonks enseñó una falda deportiva de un color blanco impoluto.
—¿Y ésa por donde llega exactamente?
—A mitad de muslo, no te quejarás. —Hermione suspiró resignada, era inútil enfrentarse contra las tres a la vez. Que pasara lo que tuviera que pasar.
Los chicos se habían repartido entre los bancos libres del vestuario. Ron y Harry estaban en uno, Cormac y los gemelos ocupaban otro y Oliver y Draco estaban en un tercero.
—Te he visto muy sonriente con Cho Chang.
—Es una buena chica —explicaba Harry.
—No la conozco mucho —replicó Ron.
—Pues piensa igual que nosotros sobre Draco —informó entusiasmado.
—¿En serio?, mira, ya me cae bien —rió el pelirrojo.
—¿Por qué nunca me contaste lo de Katie Bell? —preguntó de repente Fred.
—Porque… preferí no darle más importancia, no quería complicaciones para ella ni para mí —se justificaba su gemelo—. A fin de cuentas ella conoció a Oliver Phelps y esa persona dejó de existir en cuanto terminó el mes de campamento. Hice lo mejor.
—¿Te gustaba mucho?
—Era una niña muy graciosa, y ya sabes que las morenazas me pierden —afirmaba George entre sonrisas.
—Pero ella estaba más colgada, eso es evidente. Ya te vale hermanito, yo que pensaba que el rompecorazones de la familia era Ron. —Fred le revolvía el pelo mientras lo inmovilizaba del cuello.
Cormac acercaba la cabeza sin disimular, ansioso de saber lo que al final no había podido escuchar por culpa de Luna.
—¿Te has perdido alguna frase Cormac?, si quiere repetimos la conversación —bromeó George. El rubio les dedicó un gesto soez y los gemelos se rieron con él.
Cuando todos hubieron salido de los vestuarios, las miradas y pensamientos volaron por sus jóvenes mentes al verse los unos a los otros. El príncipe miró a Hermione, nunca había visto sus muslos al descubierto, perdió la noción de la realidad unos instantes.
—Mírala, se ha puesto faldita —decía embobado mirando a Hermione.
—Sí, es verdad —replicó Harry mirando a Ginny.
—Es preciosa —exclamaron a la vez.
Oliver, por su parte, también observó a la castaña, pero sus ojos se dirigieron pronto al pelirrojo, que no le quitaba la vista de encima a la que era su novia de pega y le hirvió la sangre. Deseaba que no la mirase así, con ese deseo tan evidente. Lo tenía muy claro, el príncipe Ron era un mujeriego y fuera como fuera, ahora Hermione le resultaba atractiva, ¿qué lo frenaría para intentar seducirla? El moreno estaba muy agobiado y Draco lo miraba en silencio, le gustaba el gesto de odio que Oliver dedicaba a Ron.
—No pienso darte tregua princesa —amenazó Katie de broma, mientras sacudía su raqueta en el aire. George la miraba y sonreía, era la misma chiquilla del campamento, llena de energía y vitalidad, pero ahora más mujer. Avanzó decidido hacia ella, Fred lo siguió.
—¿A dónde vas Ron? —preguntó Harry.
—A saludar a mi novia, por supuesto. —Tenía claro que pensaba aprovechar las circunstancias. No es que fuera a hacer nada inapropiado, pero saludar a la que se suponía su pareja, no tenía nada de malo.
El moreno deseaba tener el mismo arrojo y acercarse a Ginny, pero sentía sus pies tan pesados como el plomo. Así que, una vez más, Draco se le adelantó.
—Oh Dios, Ron viene hacia aquí —musitó la castaña al oído de Katie, mientras le estrujaba el brazo.
—Ya lo veo ya, qué bien le sienta la camiseta, madre mía.
—¡Katie!
—Tranquila Hermione, no creo que monte ninguna escena, ahora os lleváis muy bien ¿no? —Dicho esto se liberó de su agarre para dejarla sola con el príncipe.
Ron le dedicó un gesto de cabeza a la morena y centró toda su atención en la castaña. Sus ojos azules la recorrieron entera, de la cabeza a los pies, causándole a ella un temblor por todo el cuerpo y rubor en sus mejillas. El pelirrojo la cogió de la mano y la hizo dar una suave vuelta sobre sí misma. Su falda se elevó un poco con el giro, mostrando un poco más de sus muslos y su coleta castaña y enmarañada se movió de manera graciosa.
—Hermione… Estás preciosa. —La sonrisa no abandonaba su rostro pecoso.
—Gracias… Ron… —logró decir ella.
Oliver los observaba con fuego en los ojos. El estúpido príncipe estaba coqueteando con su Hermione. Por unos segundos deseó olvidarse de la farsa y apartarlo de ella, pero no quería ocasionarle problemas a la castaña, ella no tenía la culpa de que el jodido pelirrojo fuera un mujeriego asqueroso.
Katie Bell tampoco había dejado de mirarlos, en especial a su amiga, y tenía claro que entre ellos pasaba algo, no era habitual ver a Hermione tan sonrojada por un chico.
—Creo que para empezar a calentar podemos jugar entre chicos y entre chicas, y luego hacer parejas mixtas, ¿os parece? —sugirió Tonks. Todos le dirigieron la mirada y asintieron.
—Veo que sigues tan enérgica como siempre —exclamó George.
—Sí, gracias… hay cosas que nunca cambian. —Lo miró durante demasiados segundos, hasta que Fred intervino.
—Pues si juegas tan bien como me ha contado George, tengo ganas de enfrentarme contigo.
—Será divertido —replicó Katie con una sonrisa.
—¡Oye Hermione! —gritó George. La castaña salió de su atontamiento y le dirigió su atención al gemelo.
—Dime.
—Tendrías que haber traído antes a tu amiga, Katie es un encanto, guapa y buena deportista…
—¿Qué más podemos pedir?, es al chica perfecta —terminó Fred, entre risas.
—Oh basta, sois los dos igual de impertinentes… —La morena les daba pequeños empujones. Hermione sonrió al verla tan cómoda con ellos, ahora sí estaba segura de que el tema Oliver Phelps había quedado en el pasado. El príncipe llamó su atención, al hablarle.
—Te deseo mucha suerte en tus partidos. —Le cogió la mano y se la llevó a los labios.
—Gracias Ron, yo también… te deseo suerte.
Su mano temblaba ligeramente, el pelirrojo lo había notado y le había gustado sentir que no le era indiferente su contacto, que la seguía poniendo nerviosa.
—Siempre bella, Ginny, deslumbras a cualquiera —Draco empezó su retórica—, espero no tenerte de adversario, porque no acertaré a la pelota, estaré mirándote todo el tiempo a ti. —Remató sus palabras con una de las miradas más intensas que le había dedicado nunca a la pelirroja y ella sintió como su cara ardía.
—Gracias Draco, pero seguro que exageras —rió tontamente. Pansy estaba a sólo dos pasos de la princesa, y estuvo a punto de acercarse al rubio, pero era más que obvio que él sólo tenía ojos para la princesa Ginevra. Se encontraba ya en pleno despliegue de encantos para enamorarla y a juzgar por la cara de la pelirroja, no le iba nada mal.
La morena apretó los puños, no podía evitarlo, sentía mucho odio hacia Ginny, porque le estaba arrebatando al hombre que amaba, de hecho, se lo había arrebatado antes si quiera de conocerlo, porque desde siempre, el destino de Draco Malfoy era casarse con Ginevra Weasley.
Sumida en sus pensamientos, Pansy no advirtió que sí había alguien que no perdía detalle de sus movimientos y gestos. Neville había entablado una agradable conversación con Luna Lovegood, era una chica un poco particular, pero le había caído bastante bien. Sin embargo, al ver salir a las chicas, sus ojos se posaron irremediablemente en la morena. Escuchaba la vocecilla de Luna como una letanía débil, sabía que debía hacerle caso, por educación al menos, pero era incapaz de apartar su mirada de aquella bella mujer, sobre todo cuando reconoció en su rostro la sombra de la misma tristeza resignada que mostraba aquella noche en el bar. Su gesto parecía compungirse más cada vez que miraba al rubio estirado y a la princesa. Luna, chica sensible donde las hubiera, no ignoraba nada de lo que Neville estaba experimentando, pero optó por quedarse en un segundo lugar, a la espera de que el moreno volviera a prestarle su atención.
Harry seguía mustio, mirando como Draco avanzaba posiciones, para variar.
—No le des más vueltas, tú ya le has dicho lo que piensas de él —El moreno desvió la mirada para encontrarse con Cho—. Es cosa de la princesa darse cuenta de que Draco Malfoy no es de fiar.
—Sí, tienes razón —El moreno logró sonreír—, más que le hemos advertido su hermano y yo… pero insiste en dejarse pretender por ese impresentable.
—La princesa no es tonta, tarde o temprano se dará cuenta.
—Espero que sea temprano.
—Eres muy buen amigo, Harry, veo que te preocupas de verdad por los tuyos —Dicho esto, Cho se agarró a su brazo con una sonrisa—. Sé que juegas muy bien al polo, ¿qué tal se te da el tenis?
—Pues… creo que bastante bien. —Por segunda vez, aquella chica había logrado relajarlo en medio de un momento crítico. Empezaba a cogerle aprecio a Cho Chang.
El grupo ocupó dos pistas relativamente cercanas y una mesa que caía entre medias.
El primer partido femenino enfrentó a Hermione y Ginny con Katie y Tonks. La castaña apenas tocaba pelota, a pesar de sus intentos, Tonks se reía de las caras que Hermione ponía. Katie y Ginny llevaban el peso del partido, controlando la pelota la mayor parte del tiempo. Ambas estaban disfrutando al máximo el encuentro, se habían reconocidos como dignas rivales.
Mientras los gemelos se enfrentaban a Draco y Oliver, Cormac sugirió acompañar a Cho y Pansy en la mesa. Harry estuvo encantado con la idea, Ron no tanto. Cormac miraba distraídamente a unas y otras. Harry y Cho empezaron a hablar de nuevo, al moreno le sorprendía todavía un poco que aquella chica encantadora le estuviese prestando tanta atención a él, que nunca había tenido excesivo éxito con las chicas. Siempre deseó que Ginny le hablase y lo mirase así, no como a otro hermano.
Pansy trató de aprovechar la coyuntura para tantear al príncipe.
—¿Te pondrás con Granger en todos los partidos?, ¿o las demás tenemos alguna oportunidad de ser pareja del príncipe? —preguntó la morena, haciéndose la interesante.
Mas no le salió bien la jugada. Ron la miró frunciendo el ceño.
—Por supuesto que me pondré con ella en todos, es mi novia.
Y tras estas escuetas palabras, sus ojos azules volvieron a Hermione, le parecía tan graciosa y deseable, así sofocada, corriendo detrás de la pelota aunque apenas lograse golpearla. La castaña se dio cuenta de que Ron la miraba fijamente y se puso nerviosa, jugando todavía peor.
—Pero Hermione, si tu novio te mira deberías jugar mejor, no al contrario. —Tonks no podía dejar de reírse, mientras una apurada castaña la maldecía por lo bajo y al pelirrojo también, por mirarla de ese modo. Definitivamente, el partido quedaba en manos de Katie y Ginny.
Pansy no perdía detalle, y aunque le sorprendía como pocas cosas en la vida, el príncipe Ron miraba a Granger como si fuera la mujer más bella del planeta, no, la más bella no, como si fuera la única mujer del planeta, porque a ella la había ignorado completamente, y Pansy si de algo no dudaba, era de sus atractivos. No podía entenderlo, pero era un hecho. Ahora comprendía la actitud de Lavender Brown en la piscina. La rubia prefirió hacerse a un lado, porque el estúpido pelirrojo sólo tenía ojos para su novia Granger, quizá ella debía hacer lo mismo, era mala idea intentar algo con él si Hermione Granger andaba cerca. ¿Qué demonios le daba esa poca cosa para tenerlo tan embobado?, no parecía el príncipe de siempre, atento a cualquier chica bonita que tuviera alrededor.
Sabiendo que no podría avanzar mucho lo suyo con Ron aquel día, Pansy decidió dedicarse más a sí misma, y al prestarse atención notó que tenía sed, así que abandonó la mesa en un discreto silencio, nadie advirtió su marcha. Se encaminaba a la barra, para pedir algo fresco que le alegrase un poco el día, porque parecía pintar cada vez peor.
La morena ocupaba uno de los taburetes de la barra y se disponía a abrir su monedero, cuando una mano depositó un par de billetes sobre la superficie marmórea.
—Cóbrese de aquí la bebida de la señorita. —Pansy se volvió hacia su izquierda, descubriendo a Neville Longbottom.
—¿Qué haces?, no necesito que me pagues nada.
—Lo sé, pero te debía una copa, tú me invitaste la otra vez. —Mientras hablaba, mostraba una sonrisa amable. No entendía lo que había podido pasar, pero él estaba convencido de que la chica no había actuado con normalidad, tal vez por estar delante de tanta gente. Ahora estaban solos y tenía que volver a ser la de entonces.
—¿Aún sigues con eso?, será mejor que me vuelva a la mesa. —Hizo amago de abandonar el taburete.
—No te vayas así, por favor. Me he acercado para hablar contigo. —¿Cómo podía haber cambiar tanto?, ¿acaso sólo había fingido cuando se conocieron y la verdadera Pansy Parkinson era la que tenía delante en esos momentos?, se negaba a creerlo—¿Por qué te comportas así ahora?, aquella noche en el bar…
—Aquella noche en el bar se queda allí, tuve un mal día ¿vale?, estaba demasiado sensible y no me importó tu compañía. Eso fue todo. —La morena empleó el tono más seco que pudo.
—Pero Pansy…
—Deja de tutearme, tú y yo no somos amigos. Olvídate de mí ¿quieres?
—No te reconozco… Allí te quedaste conmigo, rechazando al otro tipo, fuiste tan encantadora.
—Yo soy como estás viendo, ¿ya no te caigo bien?, pues estupendo. —Hacía verdaderos esfuerzos para esquivar la mirada de Neville.
—Está bien —dijo él con voz apagada—, si quieres actuar de este modo lo respeto, pero sé que algo te ocurre Pansy, lo veo en tus ojos, lo vi antes, cuando mirabas a ese Malfoy y a la princesa. Aunque por supuesto, no es algo que querrías compartir con este "impertinente".
Neville le dio la espalda y se alejó de la barra arrastrando los pies. Pansy levantó su mano en un intento inútil de alcanzarlo, pero pronto reprimió ese impulso. Su boca no pronunció palabra, se limitó a cerrar los ojos con cierta angustia en su interior. Se sentía francamente mal por haberlo tratado de ese modo, sobre todo después de que el moreno se hubiese dado cuenta de que ella no estaba bien, algo que ni Draco ni nadie parecía haber advertido. Pero ¿qué podía hacer?, no quería marear a Neville ni arriesgarse a perder el favor del rubio, estaba atada de pies y manos. En momentos como ése, Pansy Parkinson se daba cuenta de lo sola que estaba. Su absoluta dedicación a Draco le había robado la posibilidad de cultivar amistades valiosas, porque lo que tenía con las hermanas Greengrass o Zabini no era precisamente cariño desinteresado sino más bien un cúmulo de intereses mutuos. A ellos nunca les contaría sus sentimientos más íntimos, pero ¿por qué, aunque fuera durante unos segundos, sintió el deseo de contárselos a Neville?
Durante la ausencia de Neville, Luna se entretenía leyendo el libro del moreno. No advirtió que una pelota amarilla caía entre sus pies, procedente de la pista de los chicos. Fred pidió a Cormac que se la recogiera, el rubio aprovechó la excusa para dirigirse a Luna.
—¿Me permites? —Se agachó a sus pies, para alcanzar la pelota.
—Oh… —Luna levantó las piernas para facilitarle el trabajo.
Cormac quiso aprovechar la coyuntura, para asegurarse de que sus encantos seguían funcionando, incluso con las chicas difíciles como Luna Lovegood. Desde el suelo, levantó el rostro y clavó su mirada verdosa en los ojos azules de ella. Trató de intimidarla con su cercanía. Pero ocurrió algo asombroso, aquella muchacha, no sólo no se sonrojaba, sino que incluso le dedicó una sonrisa de lo más tranquila, sin ninguna incomodidad por tenerlo casi encima de ella. Cormac, desconcertado como pocas veces en su vida, se irguió y no se dio por vencido.
—¿No te cansa tanta lectura?, ¿quieres jugar un rato?
—La verdad es que no, me encanta este libro. Espero que Neville quiera prestármelo —contestaba la rubia despreocupadamente, sin apartar sus ojos soñadores del papel.
—Ya sé lo que pasa, no eres buena jugando a tenis ¿verdad?
—Es cierto —Por fin le dedicó una mirada—, soy mala jugando, pero no me quita el sueño.
—Si quieres… puedo ayudarte a mejorar tus toques —propuso seguro de sí mismo. ¿Qué chica en su sano juicio le diría que no a una clase particular con el vástago de los McLaggen?, y pronto supo la respuesta, Luna Lovegood.
—Gracias Cormac, pero no me apetece nada. Prefiero seguir leyendo con Neville.
No tenía nada en contra de Neville, pero empezaba a molestarle la indiferencia de Luna. Su orgullo de Don Juan estaba herido. Luna parecía más interesada en hablar con Neville que en estar con él, aún siendo mucho más atractivo que el moreno, no le cabía en la cabeza. Finalmente desistió, ya había soportado bastantes rechazos por el momento.
—Como quieras, hasta luego.
—Hasta luego, Cormac.
Se retiró, asombrándose con la sonrisa que la rubia le dedicaba a Neville, ya de vuelta tras su penosa charla con Pansy.
El partido de las chicas llegó a su final, con la victoria de Katie y Tonks sobre Ginny y Hermione, ésta última se deshacía en disculpas hacia la pelirroja por su patético juego, pero la princesa sólo se reía, quitándole toda la importancia a su derrota, estaba demasiado feliz. Las cuatro se acercaron a la mesa que ocupaban sus amigos.
Como Hermione ya había tenido suficiente para un tiempo y Tonks tenía otras cosas en mente, las adversarias de Pansy y Cho serían Katie y Ginny, o "las incansables" como las había apodado la castaña entre risas.
—No te preocupes, para cuando termines el partido, te tendré pedida una Coca Cola bien fresca —decía amablemente Harry
—Muchas gracias Harry —replicaba una encantada Cho.
La pelirroja no daba crédito, ¿desde cuándo se llevaban tan bien esos dos?, ¿por qué Harry le tendría preparado nada a la morena en vez de preparárselo a ella?, ¿y por qué narices le sentaba tan mal que él estuviera pendiente de otra chica que no fuera ella?
Harry Potter siempre había estado a su lado, desde que era una niña, siempre la había colmado de atenciones, cuidados y compañía. A Ginevra Weasley se le hacía demasiado extraño verlo hacer esas cosas con otra chica, pero no tenía nada de malo, el moreno podía tener otras amigas, incluso podía tener… novia. Qué mal le sonaba esa frase "Harry con novia". Estaba tan acostumbrada a tenerlo a su alrededor, que su falta de atención le afectó más de lo que habría imaginado. Aunque por supuesto, no podía ser más que eso, la costumbre a su presencia, celos de amiga, ¿qué otra cosa si no?
—Buen partido —exclamó el príncipe con una sonrisa, cuando la castaña llegó a su altura.
—Oh vamos Ron, no te rías de mí, he estado patética —protestó ella entre profundas respiraciones. El pelirrojo se rió.
—Has estado genial, ha sido muy divertido verte.
—¿Divertido?, pues casi echo el hígado por la boca con tanta carrera ufffff —resopló.
—Estás empapada, espera. —Ron alcanzó una toalla pequeña y se la acercó.
—Gracias… —No pudo recogerla con su mano, pues el príncipe ya había empezado a secarle el sudor de la frente con suma delicadeza. La tocaba con tanto cuidado que deseó que no terminara nunca, mientras se perdía en sus ojos azules como hipnotizada. Katie y los demás asistían a la escena entre sonrisas.
—Anda, siéntate un rato para reponerte un poco. Te he pedido una bebida energética.
—Le ofreció la lata plateada con una de sus perfectas sonrisas y Hermione sintió que se iba a desmayar por el agotamiento físico del partido y el emocional de tener a Ron tan atento. Cayó en la silla, casi despatarrada, ante la mirada divertida de él.
—Ten cuidado… —decía levantando esas cejas rubias.
—¿Por? —preguntó la castaña inocentemente.
—Porque si te sientas así, enseñas tus braguitas… —señaló entre sus piernas y Hermione se puso roja como un tomate, irguiéndose de inmediato en la silla, como si alguien le hubiera soltado una descarga por los pies. No sabía donde meterse ni hacia donde mirar. El príncipe reía pero sin malicia, cuando ella se sonrojaba le resultaba irresistible.
Oliver observó la idílica escena a escasos metros, pues el partido de los chicos también había terminado. Deseaba decirle cuatro cosas a su novia, ¿cómo podía coquetear tan abiertamente con aquel tipo?, y a Ron, simplemente quería partirle la cara.
—Tranquilo Wood. Ahora jugaremos contra él y lo vamos a humillar —musitó Draco—, pero antes, debo atender a mi preciosa princesa. —Sonrió de medio lado.
Ginny no le dejó ni dar todos los pasos hasta la mesa, pues se reunió con él a medio camino, con dos toallas en sus manos, una para ella y otra para el rubio. Draco agradeció cortésmente el gesto de la pelirroja y celebró internamente que todo fuera viento en popa.
Neville no lograba sonreír sinceramente con la rubia, no dejaba de darle vueltas a la breve conversación con Pansy. Luna lo sabía y se desvivía por hacerlo pensar en otra cosa.
—¿Has visto alguna vez esta especie de ardilla?, mi padre dice que entran a las casas en verano, cuando la gente deja las ventanas abiertas y que roban cosas.
—¿Eh?... no, no he visto ninguna —contestaba con voz desanimada.
—Pues mejor, a menos que quieras que se lleven tu reloj o incluso tu móvil, ¿para que querrán las ardillas un móvil? —El moreno se limitaba a esbozar una sonrisa forzada.
—¿Es verdad que tus padres tienen un jardín botánico privado?
—Sí, pero no es muy grande, a mi familia le encanta la herbología.
—Tienes que llevarme un día a verlo Neville, me encantaría —exclamó Luna con una amplia sonrisa.
—Claro… —El moreno ya no sabía qué pensar. Aquella muchacha era tan simpática y agradable con él que… ¿podría ser que le gustase?, ¿o simplemente era así de buena?
Decidió que, aunque fuera durante un rato, tenía que apartar a Pansy de su cabeza y prestar su atención a Luna, porque la rubia se lo merecía.
Tonks se excusó ante el grupo por una indisposición de chicas, y nadie dudó de su palabra. La joven se dirigió a los vestuarios, seguida discretamente por Remus Lupin.
Cuando se aseguró que no había ninguna chica dentro del vestuario, se asomó y le hizo un gesto al castaño, para que entrase con ella.
Fue cosas de un segundo que se cerrase la puerta y Tonks se echase sobre Remus, abrazándose a su cuello y buscando sus labios con desesperación. Así, apoyados contra la puerta, se besaron durante unos minutos de éxtasis, hasta que separaron sus bocas para tomar aliento. Las dos semanas sin poder verse a solas pesaban mucho.
—Te echaba tanto de menos, mi lobito —ronroneaba cariñosa Tonks.
—Y yo a ti, mi niña —respondió él. Pero Tonks lo miró contrariada.
—No me llames así.
—¿Por qué?
—Porque parece que quieras recordarme que soy más joven que tú. —Deshizo el abrazo y le dio la espalda.
—Lo eres, pero no era esa mi intención. Perdóname cariño. —Ella se volvió hacia el castaño de inmediato.
—¿Cómo me llamaste?
—¿Eh?
—¿Qué acabas de decirme? —insistió ilusionada.
—¿Cariño?
—¡Sí!, me has llamado cariño… nunca me habías llamado así.
—Bueno yo… —Se azoró, bajando la mirada. Tonks enmarcó su rostro con las manos y lo miró a los ojos.
—Me encanta que me llames cariño, me hace sentir que lo nuestro va muy en serio.
—Por supuesto que va en serio, de lo contrario yo no…
—Cállate ya tonto, y vuelve a besarme.
La pareja se enlazó en un nuevo e intenso beso.
—Ahora me toca jugar a mí —dijo Ron, guiñándole un ojo a Hermione.
—Suerte.
—¿Seguro?, mi adversario… es tu novio —susurró en el oído a la castaña.
—Que gane el mejor, alteza. —Oliver le tendió la mano.
—Por supuesto.
Se retaban con la mirada, marrón contra azul. Draco sonreía y Harry esperaba que el pelirrojo no perdiera la compostura.
Comenzaron ambos partidos. Hermione no sabía hacia donde mirar, el juego de las chicas le daría más tranquilidad, pero el juego de los chicos le interesaba mucho más. El enfrentamiento entre Ron y Oliver le preocupaba bastante. Optó por sentarse en la mesa, junto a Cormac, mucho más pendiente de los movimientos que llevaba las cortas faldas de las chicas. Los gemelos permanecían en pie, tras al valla metálica de la pista de los chicos, atentos a su juego.
Al principio, el partido estaba bastante igualado. Ron y Harry respondían sin problemas a los maliciosos golpes de Draco y Oliver. Pero conforme avanzaban los minutos, el pelirrojo empezó a sentir cierto dolor en la espalda y el hombro derecho.
"Mierda, ahora no" maldijo para sus adentros.
El duro golpe que se llevó una semana atrás, en el partido de polo contra Diggory, hacía una aparición estelar en el peor momento. No quería perder ese partido, en él iba su orgullo, necesitaba patear a Draco y Oliver de alguna forma, era su oportunidad de soltar toda la rabia contenida. Apretó los dientes y haciendo caso omiso de los avisos de su cuerpo, siguió jugando, con más intensidad incluso.
Hasta que Draco alcanzó a interpretar una extraña mueca en su cara pecosa. Advirtiendo que algo no iba bien con él. Haciendo memoria, recordó la caída del caballo, había salido en los telediarios y periódicos.
"Así que te duele todavía ¿eh?.... genial"
—¿Qué pasa alteza?, ¿no ha calentado suficiente? —se burló Oliver cuando Ron perdió una pelota relativamente fácil.
—Pasa que me distraje mirando a mi novia. Está preciosa con esa falda ¿verdad? —exclamó Ron con toda la intención de fastidiar al moreno.
Oliver sacó con todas sus fuerzas, el pelirrojo se colocó para recibirlo, sin estar seguro de lograrlo, pero afortunadamente Harry salvó la situación, ya se había dado cuenta de que algo fallaba.
—Te duele ¿verdad?, la caída del otro día —preguntó a su amigo.
—Joder, sí… pero no pienso parar el partido, ¿de acuerdo?, vamos a ganarles.
Harry conocía bien al príncipe, no lograría convencerlo jamás, así que haría todo lo posible por facilitarle el juego.
Los saques y golpes se sucedieron, pero Ron seguía perdiendo fuerza en su brazo derecho, y siendo diestro era un verdadero problema. Draco informó a su compañero de la debilidad del enemigo y ambos dirigieron sus pelotas contra el pelirrojo.
Harry trataba de devolver todas las que podía, pero Ron le gritaba que no se metiera en su terreno.
—¡Quédate en tu puesto, yo me encargo de esta zona!
—Pero Ron…
—¿No me has oído? —Orgullo Weasley hasta el final.
—¡Van a por ti!, ¿no lo ves?
—¡Me da igual!, ¡puedo con ellos!
Pero sus palabras no concordaban con el desarrollo del encuentro. Draco y Oliver empezaron a anotar puntos, mientras Ron perdía casi todas las pelotas. A pesar de todo, seguía intentando alcanzarlas. Hasta que su cuerpo dijo basta, en forma de un calambrazo que nació en su columna y le recorrió media espalda y todo el brazo derecho. Sintió tanto dolor que la raqueta se le escapó de la mano y cayó de rodillas sobre la pista, con los ojos cerrados y la mandíbula en tensión.
—¡Qué gusto me da tenerte de rodillas Weasley! —rió Draco enseñando sus dientes perfectos.
—Maldito seas, Malfoy —Logró farfullar el príncipe.
—Ron dejémoslo, ya no podemos remontar, han ganado.
—¡De eso nada, joder!, dame dos minutos y continuamos. —Trataba de ponerse en pie, ayudado por el moreno.
—¿Piensas seguir jugando en ese estado?, no te hagas el valiente —se mofó Draco.
—A lo mejor pretende impresionar a alguien —dijo Oliver mirándolo con odio.
—Pues dudo mucho que así impresione a nadie. —El rubio estaba disfrutando como nunca un partido de tenis, y tener a Ginny ocupada en otra pista le permitía sacar su mala leche contra Ron sin miedo a quedar mal.
—¡Déjalo Ron, el partido ha terminado! —gritó George desde la valla.
—He dicho que no, voy a seguir jugando. —Se había puesto en pie, pero no podía dejar de apretarse el hombro derecho con la mano, le dolía horrores.
Hermione llegó corriendo junto a los gemelos. Había visto a Ron ya en el suelo y estaba muy preocupada.
—¿Qué ha pasado?
—Tu novio, que es un cabezota y no quiere dejar el partido —informó Fred.
—Ron… —Verlo con la mano en el hombro le esclareció el misterio en el acto— Le duele la caída del sábado pasado. —Su voz sonaba realmente afectada.
El pelirrojo la miró con gesto muy serio. No era sólo el dolor físico, le dolía en el alma que lo viera perder frente a Draco y peor aún, frente a Oliver Wood. Ella no podía verlo perder, otra vez no, con Diggory ya tuvo suficiente. Entonces volvió sus ojos azules al campo contrario.
—¡Seguimos jugando!, sigo aquí —bramó con orgullo.
—Si insistes… —El rubio se puso en posición, jugando con su raqueta entre las manos. Oliver, sin embargo, seguía pendiente de la cara de Hermione, que mostraba auténtica preocupación por el capullo pelirrojo y total indiferencia hacia él, pues no le había dirigido una sola mirada desde que se había acercado.
—Dile algo Hermione, a ti te hará caso, eres su novia. Si sigue jugando puede lastimarse gravemente —sentenció Fred muy serio. Ella lo miró y después miró al príncipe.
—¿Qué pretendes demostrar?, maldita sea, ¿no ves que estás herido? —chilló la castaña. Ron la miro con perplejidad, ¿a qué venían esos gritos? — Por favor, deja el partido, ya está bien por hoy Ron. —Ahora su voz sonaba más dulce y emocionada.
Sus ojos marrones parecían acompañar la súplica de su voz. El pelirrojo apretó los puños con fuerza, clavándose las uñas. No quería rendirse y darles el gusto de ganar a esos impresentables, pero ella tenía razón, igual que Harry o los gemelos. Si seguía jugando, probablemente empeorase su herida, de hecho, no debería haber forzado tanto su cuerpo, pero la ocasión lo merecía. Finalmente, Ron avanzó hacia la puerta de la valla.
—Vámonos Harry, otro día ganaremos a esos idiotas.
—Claro que sí. —El moreno sonrió.
—¿Entonces?, ¿os rendís?, ¿hemos ganado? —preguntaba jocoso Draco.
—Sí, habéis ganado —escupió el príncipe.
Oliver sonrió satisfecho y buscó a Hermione con la mirada, pero ella ya se estaba alejando de la pista, caminando junto al pelirrojo y sus amigos.
—Draco y Oliver se han portado muy mal, han ido a por Ron todo el tiempo, en cuanto se han dado cuenta de que le dolía la espalda —dijo Harry indignado.
—De Malfoy era de esperar, pero ¿qué narices le pasaba a ese Wood? —se quejó George— Parecía que odiase a Ron con ganas. No lo entiendo.
La castaña y el pelirrojo se miraron, pero ninguno sacó a George de sus dudas.
—Bueno, dejémoslo, no merecen más palabras nuestras. A ver Ron, necesitas un antiinflamatorio en seguida, mírate eso. —Harry estaba en lo cierto. Su hombro pintaba mal, estaba enrojecido y abultado de manera un tanto escandalosa, y a eso se sumaba el dolor que seguía sintiendo— Con un buen masaje se calmaría.
Fred llegó a ellos con un tubo que había pedido en la enfermería y la castaña se lo cogió de las manos.
—Yo puedo aplicárselo. Vamos a ese banco Ron. —Señaló un banco alejado de todos.
El pelirrojo la miró sorprendido por ese arrebato, pero encantado al mismo tiempo. Los dejaron marchar hasta el banco, donde Ron se sentó de lado y ella se colocó de pie, detrás de él.
—Tendrás que quitarte la camiseta ¿no? —afirmó Hermione un poco nerviosa.
—Sí claro. —Ron se empezó a levantar la prenda con muchas dificultades, el dolor le impedía mover su brazo derecho con comodidad. La castaña lo ayudó, tirando hacia arriba. En el camino, la camiseta había despeinado sus cabellos, medio empapados de sudor, pero increíblemente brillantes y naranjas a la luz del sol. Hermione sintió el deseo de acariciarlos, su mano se movió inconscientemente y se los peinó hacia abajo.
—¿Eh? —El príncipe se vio sorprendido de nuevo, esta vez por aquel gesto inesperado.
—Estabas despeinado "qué estúpida excusa" —Agradecía que él no pudiera ver su cara de atontada.
—Ah, vale.
Si sus cabellos color de fuego le atraían, su torso desnudo la enloquecía. Aquello sería difícil, una cosa era mirarlo, como en la piscina, otra muy distinta tocarlo. Pero era lo que se esperaba de cualquier novia enamorada de su novio, no podía dejar la farsa por un poquito de vergüenza.
Los músculos bien definidos de su espalda se contraían y relajaban con los leves movimientos que hacía mientras plegaba su camiseta, ajeno a las miradas de deseo que Hermione no podía evitar dedicarle a su cuerpo. Las manos le temblaban, pero tenía que hacerlo, así que abrió el tubo de crema, lo apretó y depositó una pequeña cantidad en la palma de su mano. Después la posó sobre su hombro enrojecido, suavemente.
—Dime si la notas muy fría. —Un gracioso gruñido le indicó que sí.
Empezó a masajear la zona más alterada, intentando concentrarse en el acto médico y no pensar otro tipo de situaciones. La temperatura de la crema fue aumentando, hasta que Ron sólo apreciaba las suaves manos de Hermione acariciando su piel. Estaba tan a gusto que cerró los ojos. Hasta que la ausencia de aquella pequeñas pero virtuosas manos le hizo abrirlos de nuevo.
—A ver si ahora la notas menos fría. —La castaña exhaló varias veces sobre la crema de su mano y volvió a aplicarla sobre la piel pecosa de Ron.
—Mucho mejor Hermione, gracias —afirmó sonriendo.
La escena era contemplada por un enrabiado Oliver y por una curiosa Katie, que caminaba hacia la puerta de su pista, después de dar por finalizado el partido de las chicas.
Hermione intentaba no alterarse más, pero sentir aquellos fuertes músculos bajo sus manos era demasiado para ella. Sus mejillas ardían, afortunadamente ni Ron ni los demás podían apreciarlo. Su corazón latía desbocado y algunos instantes, sus propias manos se movían con torpeza, pues ya no sabía si estaba dándole un masaje para calmar su molestia o estaba metiéndole mano a un hombre que la volvía loca. ¿Por qué tenía que experimentar tanto deseo hacia aquel pelirrojo?, ¿por qué jamás había sentido lo mismo con otro?
—Eres muy buena dando masajes. Si llego a saberlo me lesiono antes.
—Idiota —contestó riendo, al tiempo que le daba un golpecito.
—¡Ay!
—Perdona Ron, ¿te hice daño? —preguntó toda apurada.
—No, pero me encanta que te preocupes tanto por mí.
—¡Imbécil! —Ahora le dio más fuerte.
—¡Auuu! —se quejó.
—No te creo.
—Esta vez era en serio. —Hermione sonrió mientras acariciaba la zona que acababa de malograr, para calmar el dolor rápidamente.
"Ojalá estas caricias precedieran a algo más. Debe ser increíble hacer el amor contigo, Hermione" reflexionaba el príncipe mentalmente. Si podía acariciar así, no quería imaginar como haría el amor por completo. Mentira, sí quería imaginarlo, pero no debía. A la mierda el deber. En sólo unos segundos le vino la imagen a la cabeza. Ambos sentados en la cama, y ella abrazada a él por detrás, de manera que Ron podía sentir sus pechos desnudos contra su espalda, mientras sus pequeñas manos acariciaban sus pectorales. Suspiró.
—¿Te duermes? —preguntó divertida.
—Debe ser grandioso hacer el amor contigo —ronroneó.
—¿Qué? —Ron abrió los ojos azorado. Su manía de pensar en voz alta cuando se trataba de ella le empezaba a preocupar.
—Nada que… que debe ser grandioso aprender a dar masajes contigo. —Probó suerte, pero no era eso lo que Hermione había entendido la primera vez.
—Bueno, creo que lo podemos dejar aquí. En unos minutos empezarás a notar los efectos de la crema.
—Sí, porque los de tus manos ya los he notado —dijo volviéndose hacia ella—, muchas gracias, Hermione. —Esos ojos azules como el cielo, esa sonrisa pícara y perfecta, esa voz aterciopelada y profunda, y por si fuera poco, esa tableta de chocolate que tenía por abdominales y ahora podía contemplar a escasos centímetros. O se apartaba de él o le iba a dar un ataque de ansiedad.
—De nada, bueno… será cuestión… de volver con todos, que ya terminaron las chicas también. —Se alejó con pasos rápidos, dirigiendo su mirada hacia la mesa, ahora muy concurrida.
"Así que te sigo poniendo muy nerviosa ¿eh? Pero ¿qué tienes con Wood?, ¿acaso él todavía te trastorna más?" se preguntaba el pelirrojo compungido.
Cuando el príncipe y Hermione se reunieron con todos se organizaron las parejas mixtas. Harry quiso invitar a Ginny a jugar con él, pero la pelirroja estaba algo molesta con él por sus atenciones hacia Cho Chang, así que hizo gestos a Draco para que se acercase a ella, quedando juntos como equipo. El moreno se quedó bastante mustio, hasta que la asiática le propuso formar pareja. Oliver había tenido suficiente con la escenita de los masajes en el banco, no tenía ganas de jugar más. Cormac invitó a Pansy a jugar con él, la morena aceptó. Y los gemelos se disputaron el favor de Katie, a la que consideraban la mejor jugadora de entre las chicas.
—¿A quién concederá el placer de acompañar como pareja esta preciosa morena? —galanteaba George.
—Si es un poco lista me elegirá a mí, contigo ya tuvo bastante —rió Fred.
—Difícil decisión, sois muy parecidos —La morena tenía razón, lo eran, salvo por un lunar que tenía George en el cuello, lo recordaba bien, lo había besado algunas veces, se sonrojó ligeramente al pensarlo. Después se fijó en Fred y descubrió que tenía una cicatriz sobre la ceja derecha—. Creo que tendréis que echarlo a suertes, no quiero mostrar favoritismos. Y recordad que quien vaya conmigo gana seguro —bromeaba.
—Katie, ¿tú también montas a caballo? —preguntó Fred interesado.
—Sí, desde hace muchos años, me encanta cabalgar.
—Ainsss, cada minuto que pasa tu amiga me cae mejor, Hermione —confesó el gemelo—. Es que como Hermione tiene miedo de los caballos, pensé que tú a lo mejor… —se justificaba el pelirrojo.
—Es que a Hermione no le va mucho el deporte en general —La morena sonrió—, pero en los estudios me gana por goleada. Todos rieron con su cometario.
—Señorita Bell, está usted invitada al próximo baile que celebremos en Buckingham —pronunció George con una reverencia.
—¿En serio? —exclamó la morena emocionada.
—Por supuesto que sí, y yo mismo seré tu pareja, si me aceptas.
—Eso será si no me elige a mí, presuntuoso —replicó Fred con una mueca graciosa.
Katie se acercó a Hermione, la abrazó de lado y le susurró.
—Dios, qué bien me lo estoy pasando hoy, gracias por invitarnos. Y encima me salen pretendientes a pares —rió divertida.
—Pero ¿tú no estabas saliendo con aquel atleta?
—Estaba… lo dejamos hace un par de días.
—Pues no te veo muy afectada —afirmó levantando una ceja.
—Mujer, no llevábamos ni dos meses y nos veíamos muy poco, no había conexión —explicó despreocupadamente y se acercó a los gemelos de nuevo.
Oliver se sentó en la barra, prefería no estar con la parejita feliz, no lo podría soportar. Las parejas se repartieron las pistas y empezaron a jugar. Ron y Hermione se sentaron en un banco cercano al de Luna y Neville, que seguían enfrascados en conversaciones de ardillas ladronas y otras curiosidades semejantes.
—Siento que por mi culpa te quedes sin jugar, de verdad que no me importa que te pongas con cualquiera de ellos "mientras no sea con Oliver".
—No te preocupes, si no me apetece jugar más, esto no es lo mío. —Reía Hermione.
—Pues yo quería jugar contigo de pareja ¿sabes?
—Deja de decir tonterías, no estás para jugar a nada. ¿Quieres que esto se convierta en algo serio?
—¿Hablas de mi golpe o de nuestra relación?
—¿Eh? —Se volvió hacia él de inmediato con los ojos como platos.
—Sólo bromeaba. Tienes razón, he sido un poco temerario.
—Deberías aprender a contener tus impulsos Ron —replicó ya más serena.
—¿Todos, Hermione? —Su mirada azul cielo se clavó en los ojos de la castaña, atravesándola como si fuera transparente. Se sintió como si estuviera desnuda ante él, como si pudiera leer cada uno de sus pensamientos.
—Ron, por favor.
—Perdona —se disculpó el príncipe.
—Tal vez para ti sea divertido hacer ese tipo de comentarios, pero a mí me resultan incómodos Ron, por favor, deja de hacerlo.
—Lo siento… no quería molestarte. No volverá a pasar.
Oliver aprovechó el silencio que reinaba entre la pareja para acercarse y pedirle a Hermione que lo acompañase hasta la barra. Ron le dedicó una mirada de tirria.
—Pero ¿qué demonios estabas haciendo hace un rato?
—¿Qué quieres decir? —preguntó la castaña sin entender nada.
—Esos masajitos a su alteza.
—Ayudaba a Ron. Que estaba bastante lastimado gracias a Malfoy y a ti.
—Creo que te has pasado mucho, no necesitaba una niñera que le diera friegas ¡joder!
—¡Maldita sea!, tenía que hacer algo, Ron es mi… —Y su voz frenó en seco, antes de decir algo que a ratos le parecía demasiado real.
—¿Tu qué, Hermione?, el príncipe ¿es tu qué? —preguntó Oliver muy enfadado.
—¡Mi novio!, ¡de puertas para fuera es mi novio!, tenía que atenderlo, cualquier otra reacción habría suscitado sospechas, ¿no lo entiendes?
—¿No será que te estás tomando todo esto demasiado en serio?
—Tengo que ser creíble, Ron también se esfuerza.
—Desde luego, ya lo he visto. Él tonteaba y tú le seguías el juego.
—Pero ¿qué estás diciendo?, no hemos tonteado ninguno de los dos. Pensaba que comprendías la situación, pero ya veo que no. —Se bajó del taburete enfadada y pretendía alejarse del moreno, pero él le cogió la mano.
En sólo unos minutos se habían disculpado con ella ambos. Ron y Oliver parecían haber entrado en una competición por ganar sus atenciones, cada uno con los motivos que fueran, pero así se sentía la castaña, en medio de una pelea de machos, y odiaba la situación. Pero lo peor, con diferencia, era que no tenía las cosas claras, por mucho que le parase los pies a Ron de cuando en cuando. Había momentos en que tenía claro que quería a Oliver y no podía romper su relación de un año por una locura, pero había otros en que el remolino de sensaciones y sentimientos que Ron le provocaba la cegaban y no era capaz de ver más allá de él.
—Espera Hermione, por favor. Lo siento joder, pero es que veros juntos, como si de verdad lo vuestro… me ha vuelto loco, perdóname.
—Vale. Pero por favor, no reacciones así, esto también es difícil para mí, me cuesta muchísimo fingir "fingir que no siento nada cuando lo tengo cerca, maldita sea".
—¿Puedo darte un abrazo?, ¿o pensarán cosas raras? —preguntó Oliver con resquemor.
—Puedes, pero si es rápido mejor.
—Lo sé. —La abrazó con cierta desesperación, necesitaba sentir que Hermione era todavía suya. La castaña respondió con mucho afecto a sus brazos, tranquilizándolo, ella misma necesitaba serenarse y volver a la tranquilidad de su relación con Oliver.
El pelirrojo había observado a la pareja desde el banco. No sabía qué podían haberse dicho, pero intuía cierta discusión, seguramente por su culpa, aunque parecían haber terminado reconciliándose a juzgar por el abrazo. Y por primera vez desde que la había conocido, comprendió lo que había supuesto para Hermione el escándalo del Everlasting y lamentó profundamente haber complicado su vida, ella no merecía todo lo que le tocaba vivir por culpa de un inútil como él. Sus estudios, su vida familiar, sus amigos, su novio… todo patas arriba porque el muy idiota pensó que sería divertido besarla a la fuerza.
Después de la breve charla con Hermione y de verla junto a Wood, Ron tenía claras dos cosas. Primera, que lo que sentía por ella era mucho más fuerte de lo que había sentido jamás por otra mujer. Y segunda, que tenía que encerrar esos sentimientos bajo llave, porque manifestárselos sólo complicaría las cosas entre ellos. Hermione no mostraba indicios de querer dejar a Oliver, por mucho que a veces el pelirrojo lograse ponerla nerviosa. Pero ¿sería capaz de enterrar bien hondo todo lo que sentía por Hermione? La frustración que empezaba a circular por sus venas le hizo golpear el banco con el puño. Al menos el dolor de sus nudillos sabía como tratarlo, pero ¿qué se hace cuando lo que te duele es el corazón?
CONTINUARÁ…
¿Qué tal el mega capítulo? xD
Pasaos por mi blog "los fics de Ysabel Granger", he colgado nuevo póster ^^ espero que os guste, a mí me encanta como me ha quedado.
