Aún perdura grabado en mi piel el ardor de aquel beso sustituto de mi desayuno habitual. He fingido varias veces que la mermelada se había terminado, esperando un resultado similar. Sin embargo, te limitas a fruncir el ceño y chasquear la lengua, negando con la cabeza. Moh, eres cruel. No puedes darme un caramelo y luego prohibirme degustarlo de nuevo. Hemos regresado a las caricias lánguidas, cogidas de manos fugaces. He intentado sobrepasarme pero siempre me lo impides, apartándome bajo la excusa de que soy un acosador. Sospecho que aunque disfrutaste de nuestra breve pero intensa aventura, la culpa te reconcome y por eso evitas un contacto más directo. No me preocupa, soy consciente de que necesitas tiempo y cuidado para curar tus viejas heridas y que tus fantasmas sigan visitándote en el presente, lo hace difícil. Después de tantos años amándote a escondidas, he desarrollado una paciencia increíble.

Me estiro igual que un gato, incluso ronroneo haciendo la gracia, aunque nadie puede oírme. Estoy aburrido y me obligo a ser menos acosador por el bien de tu salud mental y de todas esas cosas acerca de nosotros que debes pensar. Estoy esforzándome, espero que sepas verlo, Guren~

Encamino mis pasos a la biblioteca, con intención de buscar una lectura que me atrape entre sus páginas y me despeje, pues los bostezos no cesan de ocupar mi boca. Vago por las estanterías, rozando los lomos con la yema de los dedos, deleitándome con la suavidad de la piel que traspasa mis guantes. Estos se ponen negros enseguida, a causa del polvo acumulado. Unos murmullos amortiguados llegan de un par de estanterías más allá. ¡Eres tú!~ Me acerco sigiloso, queriendo darte una sorpresa. Me asomo con cautela. La sorpresa me la llevo yo. Estás de pie, la espada desenvainada en tu mano. Mahiru te abraza por la espalda, apoyando los brazos en tu pecho, en actitud protectora. Debería de irme, es un momento demasiado íntimo como para que yo lo presencie. Sin embargo, tu expresión vacía me clava en el sitio.

-Me perteneces, Guren –susurra su espectro. Su voz de ultratumba me causa escalofríos-. Deberías recordarlo, pues soy tu poder –sisea.

-Sí, dependo de tu poder –Tu vista está fija en algún punto que solo tú puedes ver. Tus ojos no muestran emoción alguna.

-Intentas autoengañarte creyendo que Shinya te ama, pero no es así, lo sabes –Acaricia su mejilla con la tuya. Creo que voy a vomitar-. Soy la única que te ama. Incondicionalmente. Siempre estaré a tu lado aunque sea de esta manera. Es más de lo que te puede prometer ese traidor Hiragi –Su tono se ablanda. Aprieto los dientes. Maldita…

-Sí, tienes razón –asientes, monocorde.

-Tu corazón es mío –Se acurruca en tu hombro, en un deje cariñoso-. No lo olvides, mi amor… -Su silueta se desvanece y noto cómo tu corazón se estrella contra el suelo. Sospecho que el mío también.

Guardas el arma, emitiendo un quejido. Te apoyas en la estantería que tienes detrás y te resbalas, sentándote en la mullida moqueta; ocultas la cara tras tus manos. Mis labios forman una fina línea y me impulsa el deseo de enredar tus dedos en los míos y asegurarte que no estás solo, que poco importa lo que diga Mahiru pues no es cierto. Joder, ¿acaso no te he demostrado lo contrario en estas semanas? ¿No he sido lo suficientemente claro acerca de mis sentimientos?

-Shinya… -musitas mi nombre. Se me encoje el estómago-. Shinya, lo siento… -Últimamente pronuncias esas palabras demasiado a menudo.

Quiero decirte que no hay nada que sentir. Que no es culpa tuya, sino de unos recuerdos que disfrutan atormentándote y haciéndote creer que cualquier amor hacia otra persona está prohibido porque ella es lo único que importa. Y eso es falso. Guren, eres libre de elegir. Eres tú quien tiene las riendas de tu vida y no puedes permitir que tus errores sean superiores. Eres humano y, como tal, tropiezas. Pero precisamente por tu naturaleza humana debes aprender a levantarte. Sabes hacerlo, te he visto mil veces. Tantas batallas libradas, a cada cual más imposible, sin atisbo de rendición en tu rostro. Sin embargo, mira qué bajo que caes por una mujer. Valiente ante los vampiros, frágil ante el amor. Vas a luchar, Ichinose. Y yo te voy a dar las herramientas para ello. Porque tus ganas de comerte el mundo son mayores que tus temores.

Y quizá por eso te amo.