Capitulo XXI: La familia Yukimura.

Había pasado casi un mes, en el cual el hijo de Sanada y Yukimura, que se encontraba aun en la panza de su mamá, estaba creciendo. A pesar de que ya todo el barrio sabía de la noticia, los últimos que faltaban en enterarse eran la familia de Seiichi. Pero la pregunta que nos hacemos es: ¿Quiénes son los Yukimura? Según Sanada, era una familia muy amable, quienes poseían grandes lujos por los trabajos tanto de la madre como del padre, respetados en el barrio y más sobre todo por la familia Sanada, quien era muy buena amiga de ellos. Apenas el padre de Seiichi, el señor Yukimura, lo había conocido durante la ceremonia de graduación que se realizó hacía dos meses más o menos.

Volviendo al tema, era en el día de la fecha donde la familia de su novio volvería a su hogar luego de unas largas vacaciones al sur de Japón, se sentía un tanto nervioso por lo que conllevaba el regreso de ellos, sería el tener que enfrentar al padre de Seiichi y decirle que dentro de seis meses sería abuelo, lo que podría ocasionar: A) el perder su virilidad a manos del padre de Seiichi y un fino pero afilado cuchillo, aunque tener a las mujeres de la familia a su favor hacía que aquella idea se desvaneciera rápidamente; pero también quedaba una segunda idea, la B) de la cual se caracterizaba él siendo perseguido por, dicho hombre, con una escopeta de caza para colgar en su amplio living. Cualquiera de las dos opciones, ninguna era muy linda y divertida a decir verdad, es más, le provocaba cierto temor. Aunque, pensándolo bien ¡había sufrido mucho esos meses! Aunque sólo fueron dos, pero con las paranoias de Akaya, el mal entendido con Seiichi y todo lo demás, se merecía estar un poco en paz. Había cometido un error, esta seguro, no se cuidó cuando debería, pero amaba a Seiichi y amaba a su hijo lo suficiente como para resistir cualquier avalancha que se le atravesara por el camino, no por nada ¿eso era amor? Claro que si, y uno demasiado fuerte.

Suspiró y terminó de empacar la última caja, ¿realmente Seiichi se mudaba cuando se iba de vacaciones o sólo pasaba con él? Bueno, a decir verdad la idea de vivir con Yukimura le hacía un cosquilleo en el estomago, pues era la persona con la que tendría un hijo y compartiría todo. O eso creía.

–Ya terminé aquí –dijo Seiichi tomando una de las cajas.

–Déjame a mí, Seiichi –forcejeó levemente con su novio y le sacó la caja de su mano–. Estas embarazado.

–Embarazado, no paralítico, Genichirou –otra vez aquella misma discusión de siempre, apenas Seiichi tomaba algo por más liviano que sea como una caja de píldoras, Sanada iba corriendo y lo cargaba él, diciéndole que estaba embarazado.

–Pero no me gustaría que te pasara nada –aquella forma tan dulce de decirlo conmovió el corazón de su pareja, tal al punto de sonreír dulcemente.

–No tienes por que, nada me pasará –le abraza–. Además, no pesa nada la caja, y el problema está cuando ingrese al quinto mes, no ahora.

–Lo sé, lo siento –se disculpó.

–Ok, ah, por cierto ¿sabes las buenas noticias? –preguntó, Genichirou negó con la cabeza–. Parece que Fuji está en mi condición.

–¿Embarazado? –se sorprendió.

–Cuando supo mi noticia, con Tezuka aceleraron el proceso, supongo que quieren que nuestros hijos sean amigos y rivales jajajaja ¿no te parece lindo?

–Si tú lo dices –masculló, un tanto inconforme–. Pero nosotros no lo buscamos.

–Sí, eso sí –susurró, realmente él no había buscado el embarazo, se dio solo–. Pero aun así es lo mejor que me ha pasado.

–Ni que lo digas –habló nuevamente el moreno, esta vez con voz alta–. Bueno, creo que ya está ¿era necesario traer tantas cosas?

–Bueno, en realidad cuando vine traje la mitad, pero la otra mitad son lo que me compré para mí en Tokio y al bebé –saca de una bolsa una ropita de bebé y unas botitas–. ¿No son lindas?

–Sí son lindas pero ¿por qué tan seguro que será niño? –preguntó al ver la ropa celeste que traía en las manos.

–Bueno, algo me dice que lo será ¿acaso quieres una niña? –preguntó con una sonrisa, no se imaginaba a su novio con una beba en brazos, sería demasiado ¿posesivo? ¿Celoso?

–En realidad, no, me gustaría que mi primogénito sea varón, luego veré si el segundo será niña –sonrió, eso era lo que esperaba "un segundo" hijo.

–¿Estas seguro que querrás más? –un pequeño guiño y un acercamiento convencieron a Sanada, a pesar de que lo que había dicho lo dijo de impulso.

–En realidad… –luego de un silencio en el que su pareja se abrazaba suavemente volvió a hablar–….si, me gustaría formar una familia contigo.

–¿Podrás resistir un embarazo?

–No lo sé, pregúntame dentro de seis meses –aunque luego del embarazo vendría "lo peor" que era los gritos y llantos de un pequeño que necesitaba de la atención de sus padres, pero Sanada estaba convencido que él podría, que no se dejaría vencer por un enano, al menos esa era su filosofía luego de perder contra Ryoma.

–¿Cómo crees que sea? –se separó y acarició su vientre, de una forma tierna como él sólo podía.

–¿Hm? –Sanada alzó la ceja y recapacitó–. Espero que se parezca a ti, porque, si se parece a mi estamos en problemas.

–¿En serio? Pensé que yo era la oveja mala de la manada –rió, claro, como no, Seiichi era un demonio, pero aun así su sonrisa y paciencia eran formidables al contrario de Genichirou.

–Bueno, me refería a que….soy algo testarudo y no tengo paciencia –eureka, era la palabra clave, ¿cómo lidearía aquel joven de casi 16 años con un recién nacido?

–Pues tendrás que aprender a autocontrolarse, no me gustaría que le gritaras "tarundoru" a nuestro hijo porque llora –cruzó los brazos seriamente y alzó una ceja–. ¿Queda claro?

–Si, amor.

–Bien, aun así yo desearía que fuera como tú, aunque, no de nacimiento porque sino el parto me costará bastante –y es que a comparación del cuerpo de Seiichi, Genichirou era bastante más grandote y con una fuerte y bien formada espalda.

–Bueno, la genética.

–La genética jajajaja –rió bajo, claramente no podía contra ella. Se acercó a su novio y le abrazó, comenzando a besarse suavemente en una muestra de cariño poco común en el moreno.

RING, RING.

–¿Quién diablos será? –preguntó siendo interrumpido el muchacho más alto.

–Ni idea ¿esperas a alguien?

–No, ¿y tú? ¿Crees que sean tus padres? –Cuestionó nuevamente pero el chico de ojos añiles negó con la cabeza–. Mejor vamos a ver.

Ambos terminaron de acomodar todas las cajas para poder salir mientras el insistente timbre seguía sonando. Caminaron por los pasillos velozmente y llegaron a la entrada del dojo, para ingresar a la casa de la familia Sanada se debía pasar primeramente por un pasillo junto al dojo de Kendo familiar, o en cualquier caso, pasar por el dojo y entrar por la otra puerta de la casa que era corrediza, pero siempre era más fácil el primer método, ya que uno nunca sabía cuando hubiera alguien utilizando aquel salón. Al abrir la puerta que daba a la calle se sorprendieron a encontrar a Tezuka Kunimitsu frente a ellos, y no muy apartado del muchacho se encontraba su compañero y novio, Fuji Syusuke.

Inmediatamente el más joven abrazó a Syusuke con gran fuerza para luego saludar a Kunimitsu correctamente con la mano, en forma amable, Genichirou hizo lo mismo dándole la mano a los dos e invitándolos a pasar. Se disculpó por el desacomodo en su casa, pero debido a la "mudanza" de Seiichi a su casa estaba todo dado vuelta.

–No te preocupes, la casa de Suke está así todo el tiempo –habló Kunimitsu y Fuji le dio un codazo.

–¿Dijiste algo, amor? –preguntó inocentemente a lo que el castaño negó sin hablar, por falta de aire por el golpe.

–¿Quieren algo de tomar? ¿Café, té, chocolatada, jugo? –preguntó Genichirou señalándole los sillones para que se sienten, los muchacho le hicieron caso.

–Un té esta bien ¿tienes de Sakura? –preguntó el muchacho de gafas, el moreno afirmó.

–Yo quiero un vaso de agua, por favor –habló Syusuke.

–Yo quiero jugo, de pomelo si es posible –adornó la frase con una sonrisa y Genichirou fue en busca de los pedidos–. Me enteré de la noticia ¡felicidades!

–¿Cómo te enteraste? –preguntó Syusuke.

–Me lo contó Atobe, él esta vacacionando acá bueno, no sé si está vacacionando o siguiendo a Jirou –habló, acariciándose la barbilla en forma de pensamiento.

–¿Atobe? ¿Y quién se lo dijo a él? –preguntó nuevamente, esta vez fue el muchacho de lentes.

–Creo que se lo dijo Chitose, y Chitose creo que brilló y lo adivino…

–Aaaah –susurraron ambos.

–Ese Chitose, no se puede tener secretos con él brillando por doquier –rió el chico de ojos claros y se sentó mejor en el sillón.

–Lástima que no adivina cuando lo golpean con algo ¿no? Sería eficiente eso, se ahorraría idas al hospital.

–Tienes razón, por cierto, supe que tus papás llegan hoy ¿verdad? –preguntó Syusuke, Seiichi afirmó con la cabeza.

–Deben estar llegando en las próximas horas, con Genichirou iremos a mi casa, él me llevará en el auto de sus padres –suspiró–. No sé como reaccionará mi papá ante la noticia, creo que mi mamá, mi abuela y mi hermana se lo esperan, pero ya sabes, soy su único hijo varón y…..bueno, eso.

–Bueno, suerte con ello –murmuró Syusuke.

–Seiichi, acaban de llamar tus padre, parece que ya llegaron a su casa –habló Genichirou asomándose desde la cocina–. ¿Me ayudas con esto, Tezuka?

–Genial, ahora tengo que enfrentarlos…. –mascullo mientras observaba al castaño levantarse para ayudar al moreno–. Syusuke ¿me acompañas?

–¿A dónde?

–A hablar con mis padres junto a Genichan

–No te preocupes –murmuró y le sonrió–. Iremos contigo.

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Yanagi y Kirihara eran la pareja más dispareja que hubieran visto todos los japoneses en su vida; el más joven era del tipo visual, aquellos que se intoxicaban con el arte electrónico tal al punto de no distinguir la realidad de la ficción, mientras que el mayor se basaba en hechos comprobables y precisos dentro del ámbito real. Realidad y virtualidad, eso era lo que separaba dos mundos unidos por el cariño y entendimiento mutuo; pero muy a pesar de la diferente focalización de prioridades, ambos sabían buscarse el lugar para compartir y repartir, es decir, para estar juntos como una pareja, charlando, tomándose de la mano, paseando, besándose o simplemente siendo ellos mismos en un mundo hostil e inmaduro que amenazaba con autodestruirse. No muy separados y como si lo hubieran programado, se encontraba otro dueto, con las ropas algo desacomodadas por pasar toda la noche despiertos y a la intemperie, sus ojos parecían vidriosos dando el hecho que necesitaban dormir y sus cabellos algo desprolijos debido al fuerte viento. Niou y Yagyuu era otra de las "parejas disparejas" que se habían conformado, y es que ellos se complementaban y separaban casi con tanta facilidad que parecían dos piezas que iban juntas de un rompecabezas. Mientras que Niou parecía a simple vista alguien completamente inmaduro, que dejaba caer a sus presas aparentando cosas que no era y dando una visión de él mismo que, en la mayoría de los casos, no era real. Y Yagyuu, un muchacho perfecto, prolijo, con gran determinación, que sabía que hacer y cuando, todo con respeto y caballerosidad. Diferentes pero iguales.

Y por último, también venían caminando Jackal y Bunta. El pelirrojo recientemente de novio y el moreno que pensaba que como teniendo su compañero novio tenía que aun así pagarle todos los gastos. En definitiva, ahora estaban las tres parejas en la playa, frente al mar, y ninguno de los chicos sabía como era posible, sin previo planeamiento, que se juntaran en aquel lugar.

–Veo que todos decidimos individualmente venir aquí –murmuró Yanagi, Yagyuu afirmó con la cabeza y miró a las otras dos parejas con extrañes.

–¡Ah! Veo que al fin decidiste decirle, Niou –habló Bunta lamiendo su paleta helada, Yagyuu gira su mirada hacia su pareja.

–Em, si creo que si –masculló incómodo.

–Oigan ¿qué onda? ¿Por qué estamos todos acá? –de nuevo Akaya, quien había perdido el sentido minutos atrás que no escuchó el hecho de la sorpresa apenas se vieron.

–Sentí la necesidad de venir acá y Masaharu me acompañó –dijo Yagyuu.

–Yo le dije a Akaya que sería bueno para entrenar, caminar en la arena.

–Yo vine acá porque el señor de los helados hace ricos sorbetes panda –señaló Bunta a un pobre hombre con un carrito.

–Bueno, no importa que hacemos aquí sino ¿qué haremos aquí? –repreguntó el de cabellos de alga.

–Ni idea, podemos pasear o podemos hablar de los que no están –sonrió Niou, obviamente eso era ser metiche.

–Parece que ya volvieron los padres de Yukimura –habló el pelirrojo y todos le observaron.

–¿Cómo sabes? –preguntó Yanagi.

–Acabamos de pasar por su casa y llegaban en una camioneta roja –esta vez el moreno tomó la palabra ya que Bunta se había colocado todo el helado en la boca.

–Entonces deberíamos ir a saludar ¿no?

–Según tengo entendido –dijo Niou interrumpiendo a Yanagi–. Parece que es el día de hoy en el que Sanada podrá en juego su pellejo y le dirá al papá de Seiichi que tendrán un bebé.

–¡Wooo! Quiero ver eso –alentó Akaya.

–Yo también, ¿jugamos una apuesta? –propuso Bunta y tanto Niou como Akaya parecieron interesados.

–Yo no jugaré más apuesta contra ustedes –habló Yanagi–. Siempre pierdo.

–¿Qué apostamos? ¿Si el señor Yukimura castrará a Sanada? –cuestionó Niou sacando su billetera.

–Podemos apostar que es lo que va a hacerle el señor Yukimura a Sanada muejejejeje –Bunta también saca la billetera.

–¡Oye! Bunta, esa es mi billetera, además en una apuesta uno tiene que apostar SU dinero, no el de otros –masculló Jackal tratando de sacarle su billetera al pelirrojo, pero éste era muy rápido.

–¡Ah, pero así es más divertido! Además no tengo dinero, mamá cobra a principio de mes y me da dinero para mi mesada –buscó en la cartera de Jackal y sacó unos yenes–. Apuesto 500 yenes.

–¡600 yenes a que Sanada tartamudea! –apostó Akaya sacando de su billetera el dinero.

–Mmmm, tengo 700 yenes para apostar a que el papá de Yukimura se desmaya –habló Niou.

–¡500 a que Sanada queda esteril! –esta vez apostó Bunta.

–¡Oigan! Que crueles son, ¿no tienen corazón acaso? –preguntó Jackal. Los tres chicos se miraron entre si, miraron al moreno y continuaron su apuesta–. Lo supuse.

–Tranquilo Jackal, además, ¿qué daños colaterales podría ocurrir? Bueno, aparte de que pierdan el dinero claro, pero tómalo como bueno, uno de ellos ganará –habló Yagyuu.

–Podemos, ya que estamos, apostar el sexo del bebé de Seiichi y Genichirou –Yanagi sacó unos billetes.

–¿Tú también Yanagi sempai? –preguntó Jackal sorprendido.

–Pero no hay muchas opciones, puede ser niña o niño –respondió Bunta.

–O Alien, nunca se sabe lo que pueda salir de Sanada –dijo Akaya y recibió un golpe en la cabeza–. Yanagi sempai ¿por qué me pega?

–No deberías decir eso…..Sanada es tan humano como tú y yo…..creo…..

–Oigan, mejor vayamos para la casa o nos perderemos el espectáculo –señaló Bunta al cuarteto que caminaba por la calle.

–Son Sanada y Yukimura ¿y esos dos? ¿Son los de Seigaku? –cuestionó Jackal.

–Si, son ese chico Fuji y el otro que tenía el brazo medio roto –habló Akaya.

–Vamos entonces….

Y los seis chicos salieron corriendo tras su objetivo, ver si Sanada iba a sufrir el castigo de los Yukimura cuando éstos le dijeran lo que pasaba y se preguntaban los chicos, si Seiichi daba miedo ¿qué tanto miedo daría su padre?

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Durante todo el camino hacia la mansión que era la casa o residencia Yukimura, Sanada estaba pensando en la forma más fructífera de decirle la verdad al padre de Seiichi. A decir verdad, en todos estos años que había sido amigo del capitán del Rikkai había hablado con su padre sólo dos o tres veces. Y en todas aquellas ocasiones se había puesto extremadamente nervioso, seguro porque el hombre tenía aquella mirada que te desconfiguraba como una computadora, esa mirada típica de la familia. Gracias a dios su papá no estaba ahí para vigilarlo, por lo cual menos peso caían sobre sus hombros, eso lo hacía sentir un poco más incómodo pero aun así temeros pues se iba acercando más y más al hogar. Tezuka estaba a su derecha y le echaba un vistazo debes en cuando, ya que solía trastabillar en las esquinas y detenerse un poco para recapacitar y probablemente salir corriendo, pero no, siempre fue valiente y esta vez no sería lo contrario.

A lo lejos se podía ver la mansión de la familia del chico, aunque lo que sorprendió a Sanada es ver a todo su equipo en la puerta, mirando el reloj como quienes esperan algo.

–¿Qué hacen aquí? –preguntó Sanada señalando a sus compañeros a lo lejos.

–No sé, tal vez vienen a saludar –murmuró Seiichi acercándose a sus compañeros–. ¡Que linda sorpresa, chicos! ¿Qué haces aquí?

–Vinimos a ver como cae Sanada en manos de tu padre –habló con sinceridad Niou.

–Si, claro, "a saludar" –masculló Genichirou con enojo, Seiichi sonrió.

–Niou, no digas esas cosas –regañó Yagyuu–. Vinimos a ver como andaba todo, pensábamos que ya estabas aquí.

–Sí, bueno, acabo de llegar, los chicos traen mis cosas –muestra que Sanada y Tezuka vienen cargados.

–Jejejejejeje –rieron por lo bajo Akaya, Marui y Niou, pero fueron silenciados por la mirada de Sanada.

Derepente la puerta se abre y sale la abuela de Seiichi, la cual se sorprende al ver tantos chicos en la puerta. El nieto enseguida la abrazó y ella aceptó el abrazo con gran cariño, no por nada había estado casi dos meses y medio afuera. Inmediatamente invitó la señora a todos los chicos a pasar, mirando de reojo a Sanada que parecía un tanto nervioso. Seguramente algo pasó, eso creía la abuela, pero ya se enteraría cuando su nieto le dijera. Al llegar al living la pequeña hermana de Seiichi se abalanzó a su hermano mayor, dándole un gran beso, seguro por la mamá y el papá que dejó un momento el teléfono para poder abrazar a su hijo, que hacía mucho no veía.

–Papá, Mamá, estoy tan contento de verlos –sonrió el muchacho, aunque la mayoría estaba expectante para ver como le decía el ex buchou a sus padres que pronto serían abuelos.

–¿Cómo haz estado, mi vida? ¿Haz tenido recaídas? –preguntó la mamá acariciándole el cabello a su hijo.

–Sí, pero se debe a otra cosa….

–¿Cómo? –preguntaron los padres.

–Mamá, papá….hay algo que tengo que decirles….. –el silencio inundó la habitación, Genichirou se trataba de esconder tras las cortinas pero era imposible debido a su forma corporal.

–¿Qué pasa cariño? –volvió a preguntar la mujer.

–…yo….estoy embarazado…

–…

–Van a ser abuelos –sonrió de forma nerviosa.

Continuará