ESPECIAL CAPÍTULO 21

— ¿Dónde está Mycroft?

¿Qué le hace pensar que sé dónde está? Oh, no me diga que ha sido a él a quien ha llamado.

— ¡Dónde está!

No se enfade tanto, le afectará a la salud. Y no queremos que eso ocurra, ¿verdad?

—Te lo advierto por última vez, grandísimo hijo de…

Está claro que no podremos tener una conversación medianamente formal… Ay, quería que lo descubriera usted mismo pero no hay más remedio. No le estoy hablando desde el móvil de su amigo.

— ¿Pero qué mentira me estás contando? ¡Has contestado su teléfono!

Ah, eso. Verá, cuando uno se ha citado con una persona en un parque poco transitado, lo último que debe hacer es dejar su teléfono móvil desatendido. Por algún casual alguien podría pasar a su lado y, no sé, cambiarle todos los números de teléfono por uno en concreto.

— ¿Qué?

Fue demasiado fácil hacerlo, ¿sabe? Pero aun así me ha sorprendido una vez más, creí que llamaría a Sherlock en vez de a Mycroft.

—Entonces… ¿No le has hecho nada a Mycroft?

Por mucho que lo desee, no.

— ¿Así que eres realmente tú el que me envía las cartas?

Vamos, Detective, pensé que haría preguntas más originales. Pruebe otra vez.

—Deja de jugar con tanto acertijo y di de una puñetera vez qué quieres de mí.

Eso no sería entretenido para ninguno de los dos.

—Yo no busco diversión.

A mí no me lo parece. ¿Lo ve? No contesta porque tengo razón. Su vida era muy aburrida hasta que le envié la primera carta.

—No es cierto.

Sí lo es. Un matrimonio que acabó en desastre, una casa miserable donde pasar el poco tiempo libre que tiene, un trabajo que le da más disgustos que satisfacciones… Su relación con Mycroft era lo único medianamente bueno, y no fue hasta que no leyó mi primera carta que se puso realmente interesante.

— ¿Cuánto tiempo me has estado vigilando?

Bastante, dejémoslo ahí. Por cierto, si no se ha dado cuenta, he dicho "era".

—Sí, me he dado cuenta. Te juro por lo más sagrado que como ocurra algo no voy a parar hasta tenerte esposado en el calabozo.

Ajá… Sí, le veo capaz de ello. Por lo menos de intentarlo, difícilmente acabaré en un calabozo. Aunque si alguna vez llega ese día, le garantizo que usted no querrá encerrarme.

—No quieras tentarme, porque saldrás perdiendo.

¿Eso cree?

—Deja de reírte de mí y dime de una puñetera vez porqué estás haciendo todo esto. ¿Qué cojones es lo que quieres?

Ya lleva tres cartas y no se está dando cuenta de nada, Detective. Es un poco triste, pensé que a estas alturas ya…

— ¿Por qué has abierto una línea de comunicación entre nosotros?

— ¿Ve? Ahora sí está haciendo preguntas interesantes. A partir de ahora las cosas cambiarán bastante para usted.

—Explícate.

Sea más específico, hay muchas cosas que puedo explicar de esa frase. Oh, no resople tan fuerte. Por teléfono queda muy mal.

— ¿Por qué cambiarán las cosas?

A mejor no irán, desde luego. Está empeñado en ir por caminos que no le llevarán a ningún sitio, y no parece aprovechar mis ayudas.

— ¿Quieres contestarme claro de una puñetera vez?

Se lo dije, Detective. Olvide todo lo que sabe, y no sólo de Charlie sino también lo que cree que sabe sobre el tráfico ilegal de diamantes. Eso es sólo una parte muy pequeña, minúscula en comparación.

— ¿En comparación con qué?

Con el plan que hay en marcha.

—No me hagas perder la paciencia…

Me gusta que me pregunten por información. El otorgarle las cartas con la historia de Charlie ha sido un gesto más que generoso por mi parte.

—Está bien, está bien… ¿Cuál es el plan que está en marcha y qué tiene que ver conmigo?

Despertó muchos sentimientos ocultos cuando intentó resolver por primera vez el caso Schmidt. Y ni se imagina la de gente que está molesta por ello.

—Sí, eso me lo llevo imaginando mucho tiempo. ¿Eres tú una de esas personas?

En parte, pero no debería preocuparse de mí. Si cree que yo soy peligroso, no se puede imaginar lo temibles que pueden ser otras personas. Personas que, por otra parte, estarían encantadas de verme muerto.

—No lo entiendo. Eres tú el que está amenazando a Mycroft, el que ocasionó la muerte de Solomon, el que…

Se equivoca una vez más. Sí, es cierto que tengo una cuenta pendiente con su amigo desde hace bastante tiempo, pero no fui yo el que asesinó a Solomon. Eso fue un accidente que no pude controlar.

— ¿Quién lo ocasionó, entonces?

Una de esas personas que quieren verme muerto. Y a su amigo también. ¿No le dije desde el principio que yo era su amigo? El enemigo de su enemigo es su amigo.

— ¿Me estás diciendo que…?

Le estoy ayudando desde el principio, pero no lo ha querido ver. El causante de todos sus problemas es una persona temible, hasta a mí me causa pavor. Ha estado jugando con usted desde que reabrió el caso Schmidt, y no podía permitir que eso pasara. Por eso le envié la primera carta. ¿No dice nada?

—Puedes estar mintiéndome.

Decidirlo depende de usted. Yo sólo le voy a decir una cosa: quiero cobrarme yo mismo mi venganza contra Mycroft Holmes, y si para ello tengo que estar ayudándole a través de usted, lo haré. Hasta que llegue el momento oportuno, desde luego.

— ¿Por qué quieres vengarte?

Oh, ya sabe, esos temas internacionales tan aburridos. Me hizo perder millones de dólares y me dejó en la ruina. Por eso quiero hacerle lo mismo personalmente y no dejaré que nadie más le destruya.

—Es una forma de pensar muy retorcida.

En el mundo criminal es lo normal, Detective. Tendría que haberlo aprendido ya.

— ¿Y por qué las cartas y los acertijos cuando diciéndome todo podrías ahorrarte dinero y tiempo que no tenemos?

Se lo he dicho muchas veces, ¿cuántas más lo tengo que repetir? No sería divertido. Y además así puedo ayudarle sin que nuestro enemigo común se entere. Le tiene muy vigilado.

—Todo el mundo me tiene vigilado, por lo que veo. Mycroft, tú, ese nuevo personaje que sale en escena… Y nunca veo a nadie que me siga.

Esa es la maravilla del disfraz.

—Supongamos por un momento que te creo. ¿Contándome la historia de Russ podrás derrotar a tu enemigo?

Llegará un momento, Detective, en el que usted actúe gracias a lo que yo le cuento. Será usted quien le derrote, no yo. Es usted quien tiene la cuenta pendiente con él.

— ¿Así que si yo resuelvo el caso Schmidt, tú destruirás a Mycroft?

Efectivamente. Sé que querrá decirme que en ese caso no resolverá el caso Schmidt, pero los dos sabremos que miente. Y si por otro lado decide aliarse con nuestro enemigo, él también destruirá a Mycroft. ¿No le parece divertido?

—No.

Los ingleses tienen poco sentido del humor.

—Entonces no me queda más remedio que encontraros a los dos.

¿Para intentar salvar a Mycroft? Sí, es una posibilidad, pero no se lo recomiendo. En el momento que se acercó a usted, Mycroft firmó su sentencia de muerte. Él lo sabía, yo lo sabía, y nuestro enemigo también lo sabía. Usted es la pieza fundamental en todo este juego a tres bandas. Quien le tenga a usted, gana.

— ¿Por qué yo?

Pregúntele a Mycroft. Eso mismo me he cuestionado desde hace mucho tiempo, y no ha sido hasta ahora que me he dado cuenta. Usted tiene algo especial, Detective. Pero no se crea que todo este revuelo lo ha ocasionado usted, no. Esto ya estaba en marcha muchísimo antes. Podría decir que usted fue el punto de "no retorno". ¿Sabe lo que es?

—Sí.

Nuestro enemigo y Mycroft llevan tanteándose mucho tiempo, ninguno de los dos cedía. Entonces Mycroft destrozó mi vida y yo también entré en el juego, esperando destrozarle. Era un "todos contra todos", y ninguno éramos capaces de obtener los resultados que queríamos. En ese momento usted, Detective, entró también en el juego. Una pieza nueva que se podía controlar al antojo de cualquiera de los tres. Y ha desempeñado muy bien su papel, por cierto. Felicidades.

—Entonces…

Sí, Mycroft le metió en todo este problema y no con intenciones simplemente románticas. Él sabía perfectamente que le usaríamos, que le confundiríamos, que le obligaríamos a moverse.

— ¿Cómo…? ¿Cómo ha pasado? ¿Qué…?

Mycroft se acercó a usted, poco a poco.

—Sí, pero…

No me interrumpa todavía, por favor. Tanto nuestro enemigo como yo nos dimos cuenta de la intimidad que su amigo quería crear con usted, aunque por aquél entonces usted ni siquiera sabía quién era Mycroft, sólo creía que era un caso más para el gobierno. Pero nosotros caímos en su trampa y decidimos actuar. Fui yo el que mató a Russ colgándole de la viga, y más tarde nuestro enemigo preparó el doble asesinato en el almacén. En ambos casos, por supuesto, lo organizamos para que fuera usted el que se encargara de ellos. ¿No dice nada? Entonces seguiré. Mycroft supo que esos asesinatos eran un mensaje para él, y dejó que usted los investigara, o que por lo menos lo intentara diciéndole que ni se le ocurriera hacerlo. Le estaba provocando desde el principio, Detective. Y usted hizo exactamente lo mismo que él quería, seguir investigando, enfadar a la gente equivocada y hacer que poco a poco nosotros dos saliéramos a la luz.

— ¿Me estás queriendo decir que…? ¿Mycroft…?

Abra los ojos, Detective. El atentado en el Club Diógenes estaba planificado al milímetro por los hermanos Holmes, así como su hospitalización. Era la única manera en la que Mycroft podía acercarse a usted, haciendo que poco a poco usted se enamorara. Y con esos sentimientos contradictorios que le inculcó a nivel subliminal, ¿cómo no iba a seguir investigando algo que podría acercarle más a él? Cada movimiento suyo, Detective, lo sabía su amigo de antemano. Desgraciadamente también supo las reacciones que provocaría en nosotros, y ha estado bastante cerca de pillarnos alguna vez. Por eso decidí que tres eran multitud, tenía que centrarme en eliminar a una sola persona, nuestro enemigo. ¿Quién mejor para acabar con él que usted? Ahora, nuestro enemigo y yo nos estamos disputando quién eliminará a Mycroft Holmes. Y usted, como la pieza fundamental que ha decidido las jugadas de nosotros tres, lo va a decidir. Espero haberme explicado bien. ¿No hay alguna otra pregunta que quiera hacerme? Tenga en cuenta que sólo hablaré durante esta llamada, ya tendrá tiempo después a asimilar toda la información.

—Yo… Yo… Vale, de acuerdo, seguiré preguntando. ¿Por qué…? ¿Qué…?

Dese prisa, Detective.

— ¿Cuál es el nombre de nuestro enemigo?

Tiene muchos nombres, aunque yo le conozco Diventare. Creo que es un verbo en italiano, o algo del estilo.

— ¿Y el tuyo? ¿Cuál es tu nombre?

Me gusta ser el amigo anónimo, aunque si lo prefiere llámeme Anónimo. Siguiente pregunta.

— ¿Por qué…? ¿Por qué quiere Diventare destruir a Mycroft?

Eso se escapa a mis conocimientos. Lo que sí le puedo decir sobre él es que fue el que asesinó a Solomon, como advertencia hacia mí. No sé si se dio cuenta, Detective, pero fue de la misma manera que yo hice con Charlie. Por mucho que le odie he de decir que es un genio.

— ¿Por qué mataste a Charlie? ¿También mataste a Schmidt?

Eso lo sabrá mediante mis cartas, no voy a decirle por teléfono nada relacionado con ellos.

— Y… Y… Si fue Diventare el que hizo esos tres asesinatos, ¿todas las pistas que hay son falsas?

No tiene por qué. Tiene que pensar en una cosa, Detective: todo ha estado dispuesto para que dé tumbos sin ton ni son, para que nos permita a nosotros reaccionar. Algunas pistas sí lo serán, desde luego, pero otras no. No tengo los detalles, así que no se lo puedo decir. Ya sabe todo lo importante, así que será mejor que vayamos terminando esta interesantísima conversación.

— ¡No!

Suena realmente desesperado, Detective. Aunque no me extraña, saber toda la verdad de golpe le habrá dejado desorientado. Sobre todo por Mycroft… ¿qué es lo que siente? ¿Odio? ¿Venganza? ¿Se siente engañado? A fin de cuentas le ha usado, y es más, ha dejado que otros le usaran. Ahora que le conozco un poco más, deduzco que ya se lo había imaginado, pero que se lo haya afirmado debe ser un golpe muy duro. Vaya, ¿ningún insulto? Realmente le ha afectado. Entonces seré breve con lo que aún tengo que decirle: sólo contestaré una vez más a su llamada, Detective. Dentro de 24 horas, cuando haya resuelto el acertijo de la última carta. Tic-Tac, Detective. Tic-Tac.


¡Y hasta aquí el capi de hoy! Lo he llamado especial porque, como habréis visto, es sólo diálogo. Quiero que seáis vosotros los que imaginéis las reacciones de Greg y de Anónimo.

¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Lioso? ¿Explicativo? ¿Se entiende por qué Greg está metido en todo esto? Pobre Greg, por fin se ha enterado de la verdad... ¿Cómo reaccionará a toda esta nueva información? ¿Y qué pasará a partir de ahora? ¿Quién es ese nuevo enemigo? En fin, muchas cosas nuevas aparecen aquí, y por supuesto habrá consecuencias de todo esto... Por lo menos Mycroft no parece que haya sufrido ningún daño. Menudo susto os dí, ¿verdad? xD

Como siempre muchas gracias por leer, seguir, favoritear y comentar, ya lo sabéis ^.^

¡Un beso y hasta el siguiente capi!