Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, es autoría completa de J.K Rowling. Yo solo uso sus personajes para fines de entretenimiento y sin ánimo de lucro.
SUMMARY: Tras el despertar de su sangre Veela, Draco Malfoy comienza la búsqueda de su pareja. Una tarea titánica pues ella no lo quiere, ella no cae bajo su encanto y ella es la única que él desea y necesita. Ella es Hermione Granger.Draco!Veela/Hermione!Pareja
ADVERTENCIA: Este fic está catalogado como M pues aparecerán situaciones donde se pondrá en duda lineamientos morales versus deseos propios, situaciones de sexo explícito, relaciones entre criaturas mágicas y humanos, virginidad, entre otros. Sí eres sensible a este tipo de temas o eres menor de edad, ésta no es tu historia.
Debonair
Capítulo 21: No digamos adiós
1 de abril 1998
Hermione terminaba de escribir una misiva a su casa. Bastien, yacía ululando en el marco de la ventana que se encontraba abierta. A pesar que todavía, era un poco más viejo que un mochuelo, ya tenía la fuerza para recorrer distancias medianamente largas. Sus plumas enroscadas ya eran lisas y se veía mucho más oscuro. Poco a poco dejaba atrás su apariencia de bebé.
−Llévale esto a mis papás. Recuerda, nada de volar a otros lugares y perderte. No eres Pigwidgeon ¿de acuerdo? Además, tú eres mucho más guapo−le dijo acercándose para darle un beso en la cabeza.
Bastien, emprendió el vuelo rápidamente después de ello, siendo casi atropellado por la escoba de Theodore Nott.
−¡Hey! Cinco puntos menos para Slytherin−le gritó Hermione, tratando de ver a su mochuelo perderse con vuelo inconstante por el horizonte.
−Lo siento, Granger. Estaba probando la nueva escoba que gané gracias a tu novio.
Hermione le miró con suspicacia mientras hacía memoria.− ¿Eso fue el chantaje que le hiciste a Draco? ¿El trato por llevarlo a mi casa en diciembre?
Theo sonrió pleno y con dicha, afirmando con la cabeza.−Esta Saeta de Fuego, tiene nuevo dueño.
−No puedo creer que Draco accediera a comprarte una escoba.
Nott se giró para hacer un amague en el aire. Llevaba su uniforme de Quidditch y su cabello atado en una pequeñita cola de caballo.− ¿Comprar? ¡Ja! Ésta es la escoba de Malfoy.
La chica abrió la boca como una "O" no creyendo lo que su amigo le decía.− ¿Cómo es eso posible? Con lo envidioso qué es con sus cosas.
−¡Granger, cuidado con esa boca!
−Es la verdad.
Draco Malfoy venía sobre su nueva escoba y se le veía bastante incómodo. Parecía no encontrar una posición idónea y sus pies resbalaban, golpeándose frecuentemente en el empeine.
−No puedo creer que le hayas dado tu escoba a Theo, comenzando temporada de finales.
−Bueno, Granger, uno a veces hace cosas estúpidas.
Hermione le miró y se burló aún más con una risa incrédula. A pesar de lo apasionado y amoroso que podía llegar a ser Draco Malfoy en la intimidad, nunca dejaría su forma de ser. Él sería por siempre arrogante, frívolo en apariencia y terriblemente déspota.
−Creo que debería reemplazar a Draco como capitán. Parece que estuviera aprendiendo a caminar−comentó Theo, enfilando su escoba al campo de juego a máxima velocidad.
La Veela, gruñó con rabia, dispuesto a ir detrás de su mejor amigo. Pero al querer inclinarse para tomar velocidad, la escoba pareció irse sin él. Tuvo que agarrarse con fuerza para no caer. Hermione le veía desde la ventana conteniendo su risa.−Creo que deberías cambiar de escoba.
−Y yo creo que deberías cerrar la boca.
−Estaré ansiosa por ver cuando Gryffindor los acabe.
Su novio se enfurruñó como un viejito.−Adiós, Granger.
La chica le sonrió con afección viéndolo alejarse con dificultad.− ¡Te amo!−le gritó desde la ventana.
−Aja−le contestó su novio sin voltearse a verla.
Hermione se rio aún más, cerrando sus ojos para respirar el aire primaveral. La nieve ya no caía y todo se descongelaba con parsimonia, dejando sendas de charcos por el piso y la tierra. Olía divino y el ambiente se tornaba cálido. Todo parecía salir de una ensoñación prolongada acompañada por miles de colores.
Su último año finalizaba y con ella una gran parte de su vida. Una que comenzaría con nuevos retos, nuevos horizontes, pero con la misma Veela. Daba gracias internas porque su atormentada semi-criatura mantuviera una relación civilizada con sus amigos. No era fácil, aun se trataban despectivamente, siempre insinuándose deseos de muerte dolorosa.
−Ronald, ¡ya basta!−insistió Hermione tomándolo por los hombros echándolo para atrás, mientras Harry lo sostenía por la parte de adelante, impidiendo que agarrara a Malfoy con sus manos.
− ¡Él comenzó! ¡Atrévete a decirlo de nuevo, maldito infeliz!
−Con mucho gusto, Tontonald. Mi casa es mucho más grande que la tuya, ende evita los tumultos, ende es mucho mejor.
− ¡Desgraciado hurón oxigenado!−maldijo, arremetiendo de nuevo contra Draco.
No habían sido los treinta minutos más agradables de su vida. Cuando sus amigos llegaron, para pasar tiempo con ella y Draco, en su mente pasaron toda clase de escenarios posibles.
Entre ellos había historias de peleas físicas y de maleficios. Se habían insultado entre ellos mismos hasta perder el sentido las palabras. Mucha agua había pasado debajo de ese puente, llevándose consigo cualquier rastro de buenas intenciones.
Malfoy nunca se sentó en todo el rato que habían estado departiendo. Sentía como si intrusos hubiesen entrado a su territorio. A pesar de su malestar, ya no sentía amenaza para con su pareja o para él. Así que lo que sobraba era su animosidad eterna. No los soportaba y no creía jamás poder sentir otra cosa diferente.
Harry le miraba siempre por encima de los lentes estando sentando. No le despegó los ojos y él, contento de sentirse peligroso, se paseaba por detrás del sofá de un lado para el otro.
Draco no habló ni una vez y el único sonido que había salido de su boca había sido una risa burlona, cuando Ginevra Weasley se dirigió a su hermano mayor como "Tontonald". Por supuesto, esto había incrementado la llama, que hasta el momento, estaba baja.
Solo fue esa risa mal disimulada, que hizo a Ron pararse del asiento y decirle a Hermione, el gran error que estaba cometiendo al estar con Malfoy. Gritó colérico al rubio, que la única razón por la cual su amiga había accedido a estar junto a él, era por mera lástima.
Por supuesto ninguno de los presentes creía eso, pero al furor del enfrentamiento, Ron sacaba toda la malicia que le faltaba en su diario vivir. Draco, no se quedó atrás y atacó por donde más le dolía al Weasley: sus finanzas familiares.
También era muy cierto lo que decía el rubio. Él odiaba las multitudes. Solo de recordar la cena con la familia de Hermione, le entraban las arcadas. Ahora, si todo ese pueblo eran Weasleys, era algo digno de la más espantosa escena de terror.
Hermione soltó a su amigo, cuando Ginny la relevó.−Draco, es suficiente.
−Dile eso a tu pelirrojo favorito.
− ¡Cuántos celos, Malfoy!−le gritó Ron colérico.
Había dado en la vena de la ira. La Veela sacudió la cabeza para calmarse. Pero era tanta la tentación de rasgarle las entrañas, que no quería refrenarse. Sus colmillos surgieron y su voz gruesa comenzó a opacar su timbre humano.−Cuidado con lo que escupes de tu boca, Weasley. Podría ser lo último.
Hermione se interpuso entre la mirada de su novio y su amigo, viendo directamente a la Veela a los ojos. Estaba molesta con él.−No hace faltan las amenazas, Malfoy. Porque yo también puedo ser capaz de decir muchas.
Draco respiró fuertemente soltando un gruñido colérico, yéndose a su cuarto con toda la rabia, que Ronald Weasley no pudo sacarle, pero que si lo hizo su linda pareja de ojos fieros.
Hermione sonrió ante el recuerdo y cerró la ventana para bajar y encontrarse a sus amigos. Saldrían por unas cervezas de mantequilla. Era sábado libre y con un hermoso clima.
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Draco cerraba sus ojos, mientras el agua caliente de la ducha, caía en su rostro de forma constante. El entrenamiento había sido terriblemente pesado y doloroso. Fue el blanco de todas las burlas por parte de su equipo de Quidditch. Se había caído y tropezado. Casi se da contra uno de los aros, si Blaise no lo hubiese agarrado del brazo. Todos llegaron a la conclusión, que la escoba odiaba a Malfoy. Así como las varitas elegían al mago, también lo hacían las susodichas.
Cuando le prestaron una Nimbus vieja, que usaban de reemplazo, el capitán de Slytherin volvió a ser el mismo de siempre. Cosa que le quitó cargo de conciencia a Theo. Lo que era obvio, era que no le iba a devolver la Saeta, y por supuesto que Draco tampoco la quería de vuelta.
La Veela masajeó su cuero cabelludo con esencia de menta, dejándose llevar por el aroma.
Estaban todos los prefectos y ambos Premios Anuales en reunión, como todos los martes en la mañana. Ya eran mediados de febrero, y hasta ese día, habían concretado ideas para la fiesta de despedida de los de séptimo.
Sería una comida de gala en el Gran Comedor. No habría mesas divididas por casas y era obligatorio el uso de túnica formal y vestido para las mujeres. Sería algo parecido al Baile de Navidad, pero sin tantas personas, sin nieve y más estilo rural. Como una cena al aire libre.
Cada pareja de prefectos se encargó de una tarea específica, ayudándose en sus homónimos de años inferiores. El festejo había sido fijado para el veintiséis de mayo. Una semana antes de culminar ese año escolar. El último para muchos.
−Pensé que te alegraría terminar el colegio.
Hermione levantó la mirada para encontrarse con su novio. Draco le miraba serio, como era usual, pero con un ceño de preocupación. Claro, ella estaba nostálgica. Despedirse de lo que había sido su hogar, su introducción a su mundo nuevo… al inicio de la magia. No era tan sencillo decir "adiós".
−Una parte, la otra no tanto−contestó arreglando sus papeles en una carpeta.
Draco, en un gesto muy íntimo, le acarició rápidamente el labio inferior, donde tenía las diminutas cicatrices de la marca. Solo eran visibles acercándose muy de cerca, así que a ambos no les preocupaba ser vistas. Hermione se sonrojó y tembló por dentro. Le miró rápidamente, bajando sus ojos cohibida ante la caricia.
El rico aroma a chocolate, reemplazó el cítrico de manzana verde, y Draco vibró por dentro. Un tenso ambiente comenzó a suscitarse entre ambos…enfrente de todos los presentes.
−Creo que ya se dieron cuenta−musitó Theo, antes de salir del cuarto con una sonrisa de burla.
Draco vio a los prefectos, que tan solo carraspearon con la garganta, volviendo a retomar conversaciones improvisadas entre sí.−Vamos a clase.
Hermione no respondió, pero se paró y se fue con él. La Veela la tomó de la mano, sin ninguna expresión en particular en su rostro. Tan solo siguió siendo el mismo Malfoy, con mirada impávida, levitando en lugar de caminar. Con la única diferencia al llevar a su novia de la mano.
Había sido extraño e incómodo. No por soportar las miradas o escuchar los murmullos, sino por tener que oler tantos aromas ácidos y amargos esparcidos en el aire. Todos de mujeres, y uno que otro de un hombre. No les gustaba lo que veían y claro que él podía sentirlo. Era particularmente desagradable pero había tenido que oler peores cosas antes.
La gran noticia que algo ocurría entre los dos Premios Anuales se supo a lo largo de ese mismo día. En verdad no había sido algo planeado. Sí había que pararse a pensar profundamente, había sido casual. Tocar a Hermione, de esa manera, era natural en él. Era su pareja después de todo. Reconfortarla y hacerla sentir segura y bien, eran cosas de simple naturaleza. Era su labor velar por ella. Había dejado de ser una obligación y de hecho, le encantaba hacerlo. Siempre las respuestas de Hermione eran fascinantes y venían con caricias extra.
Para cuando llegó la comida, ambos entraron al Gran Comedor tomados de la mano. Draco acarició con su pulgar, el dorso de la mano de su novia y ella le sonrió. No necesitaban grandes abrazos, o ese tipo de besos de comerse la cara. Entre la mirada con visos azules y el olor a chocolate cálido, entre ambos ya estaba dicho todo.
Hermione se separó de él y se sentó en su mesa y él hizo lo mismo. Todas las casas quedaron en silencio. Cuando él se sentó en su mesa, nadie dijo nada. Theo le saludó del mismo modo de siempre y Blaise susurró un "por fin" lleno de tedio y cansancio.
Muy dentro de sí, se aplaudió por el valor que le había nacido de la nada, pero luego, al ver la cara de congestión de Weasley y de Potter, al no estar del todo contentos por el espectáculo, fue más que suficiente para que tuviera una cena muy tranquila y llena de felicidad.
Draco, cerró los grifos de la ducha, tomando la toalla blanca colgada del perchero de la puerta. Se secó minuciosamente, se enroscó el lienzo a la cintura y caminó a las gavetas donde tenía la ropa.
Blaise se cambiaba justo atrás y Gregory, junto con Vincent, apenas entraban a darse un baño. Tenían lodo por todo el cuerpo al igual que Theo, quién prefería contar con la privacidad del baño de prefectos. Nunca había usado el baño destinado a los jugadores.
− ¿Por qué nunca te bañas acá?
−No me apetece−le respondió subiendo sus cejas y con la escoba recargada en su hombro.
−Entonces ¿qué demonios haces acá?
−Vamos a tener una fiesta en los calabozos.
Draco miró al interior de su casillero meditando las palabras de su amigo. ¿Ir o no ir? Ese era el dilema. Era sábado. Era el día perfecto para no salir de su cuarto. Era el día favorito de la semana para besar a su pareja desde la uña de los pies hasta sus rizos cortos.
−Ya le pregunté a Granger y me dijo que estaba bien.
Todos los compañeros comenzaron a chiflar y Draco enrojeció de furia.− ¡Yo no necesito del permiso de Granger¡
−Claro que si−contestó su mejor amigo yéndose rápidamente del lugar.
−Malfoy ¿qué se siente estar tan sometido?
−Silencio, Zabini−gruñó Draco cerrando la puerta de un manotón.
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Harry, Ron, Hermione y Ginny estaban en la Sala Común de Premios Anuales, disfrutando del calor de la chimenea y de los dulces comprados en Sugarplum. Era ya tarde en la noche y sostenían una amena charla. Tal y como les había prometido la chica de cabellos rizados, Draco no estaría sino al otro día entrada la madrugada.
Los cuatro, con pijamas, estaban en el suelo recordando anécdotas.
−Prometo ir este verano a visitar a tus padres, Harry−le dijo Hermione tratando de no reír.
−Por favor, creo que quieren adoptarte a ti y dejarme a mí con Sirius.
−Sirius, me encanta.
− ¡Qué asco, Ginevra! Por favor no digas esas cosas.
Ron se tapaba la cara con un cojín ocultando su malestar. Sus amigos tan solo reían al ver tan incómodo al chico.
−Sirius es, sin lugar a duda, uno de los hombres más guapos que yo he visto−concordó Hermione con mirada soñadora.
− ¿Qué tú no eres pareja de una Veela?−preguntó Harry divertido.
−Eso no me deja ciega.
Todos se miraron entre sí y rieron a la vez. Pasar tiempo con sus amigos, había sido tarea necesaria. Al romper la barrera de la marca y superado El Cortejo, Hermione y Draco, formaron un lazo muy fuerte a nivel mágico, emocional y físico. Siempre sentían la presencia del otro y eso alegraba sus corazones.
Tenerlos a todos juntos, Gryffindor y Veela, aún era un reto difícil de superar. Durante los días de los meses pasados, cuando ella intentaba reunirlos, todo terminaba en gritos. Se dio cuenta que para soportarse entre sí, era vital compartir espacios en común y no pasar del saludo. De esa manera, los tres Gryffindors comenzaron a pasar mucho tiempo en la Sala Común de Premios Anuales y Hermione iba ocasionalmente a las reuniones de Slytherin. Algo que no le fascinaba en concreto, pero siempre estaba Theo, y Blaise, resultaba siempre divertido para hablar.
−Verlos a los dos juntos me parece aún muy irreal−comentó Harry con un poco de burla.
−A mí también−concordó Hermione.
−Es que… de verdad Hermione. No podías encontrar a alguien más decente. Le encanta fastidiar y eso me enerva tanto. Aún recuerdo lo que pasó en mi cumpleaños y me vuelven las ganas de matarlo.
−No podría explicarte, Ron. Él es un hombre terriblemente seductivo.
−Claro, como Malfoy disfrutó tanto que nosotros le pidiéramos permiso para tocarte, sabiendo que ya no teníamos por qué. Es un maldito imbécil−farfulló el pelirrojo llevándose una empanada de calabaza a la boca.
Era el primero de marzo cuando Hermione festejaba el cumpleaños de uno de sus mejores amigos, Ronald Billius Weasley. Era sábado en la noche y caminaba deprisa con el regalo en sus manos.
−Fíjate por donde caminas, Granger. Podrías romper ese bonito regalo que traes.
Hermione alzó su mirada encontrándose con Draco y su risa de burla. Iba con Blaise y Pansy. Todos vestían de traje y Parkinson lucía, especialmente, deslumbrante. Con sus labios rojos y grandes, su vestido largo azul oscuro y su brillante cabello negro. A ella definitivamente le iba más el corte corto que a Hermione.
−Que se diviertan en su comida−les dijo la Premio Anual.
Comida de Deshielo. Era un encuentro que hacía la mamá de Blaise, como una excusa mediocre de reunir a las familias sangre pura y adelantar los cotilleos dejados de lado por el invierno. Era la antesala a las galas de primavera y escenario para pavonear los últimos estilos. Era un evento que le agradaba de manera desmedida a Zabini al ser, él mismo, el anfitrión del evento. Es decir, el foco de atención toda la noche. Siempre era importante tener una dosis personal de narcisismo.
−Gracias, Granger. Sin duda alguna la pasaremos mejor que tú.
Hermione afirmó con la cabeza llevándole la corriente a Zabini.−Claro, por supuesto. Yo me quedaré acá, muriéndome de la envidia.
El chico moreno le sonrió y siguió con Pansy a su lado, la cual no se molestó en saludar.−No te vayas a quedar besuqueándote con Granger. Esos espectáculos son de quinta.
−Gracias por el consejo, Kit−le respondió Draco viendo a sus amigos alejarse.−Y tú, no vayas de mucho abrazo con Tontonald.
−No me digas que hacer y no lo llames así.
Ambos se quedaron mirando en un duelo de miradas serias. Fue Hermione la que le sacó la lengua y él rodó los ojos evitando sacar una sonrisa. Pero si se sonrojó notablemente. Pocas personas caminaban por ese corredor a esa hora y ella aprovecho para empinarse y darle un beso rápido en los labios.−Te ves muy guapo−le susurró al oído antes de salir corriendo y retomar su camino a la Sala Común de Gryffindor.
Draco se relamió los colmillos pensando en su revancha al otro día. Llegaría de sorpresa a su dormitorio y la "atacaría" cuando estuviera dormida. Luego pues, sólo le dejaría la camisa del pijama y el resto iría a parar al suelo. Estaba tan feliz imaginando que cuando vio el rojo pelo de Ron Wesley, todo su lujurioso tren de pensamiento hizo una parada obligatoria. Después retomaría su marcha al destino prometido.
−Malfoy, necesito hablar contigo.
−Que mal, porque yo no.
Ron lo tomó del brazo para que parara. Draco de inmediato quitó su brazo de mala manera y se quedaron viendo el uno al otro, queriéndose degollar en cualquier momento.
−Si no me vuelves a poner tus mugrientas manos encima, tal vez contemple la idea de escucharte.
−Esto es muy difícil de decir, pero lo haré. Mione es mi familia y hoy es mi cumpleaños… ¿puedo tocar a Hermione?
Draco en su interior gruñó de pura satisfacción. Al parecer Hermione no le había contado a sus patéticos amigos, la situación. Una vez acabado El Cortejo, ella era libre de tocar y dejarse tocar de cualquier hombre. Él ya no sufría de dolor y una mueca macabra de gozo le pintó la cara.− ¿Sabes, Weasley? Con una condición.
Ron respiró entrecortado poniéndose totalmente rojo. Sus pecas nunca jamás se vieron tan nítidamente.− ¿Cuál?
−Dejarás que en el próximo partido de Quidditch anotemos cincuenta puntos.
Ronald apretó sus puños hasta dolerle. Era su último año en Hogwarts. Que ganara Gryffindor era cuestión de principios. No podía dejar vencer a Slytherin. Luego estaba Hermione. Y luego estaba el Quidditch. El chico trató de hablar pero no pudo.
−Él no los va a dejar ganar, Malfoy. Y no solo porque Gryffindor no necesita esa patética diferencia de puntos para ganar sino porque sencillamente somos mejores que Slytherin.
Hermione Jane Granger, apareció detrás de ambos hombres con mirada asesina. Se había devuelto al escuchar a Ron. Él al lado de la Veela era siempre sinónimo de problemas. Draco maldijo internamente como externamente evitando la mirada de su novia.
−Si me pueden tocar, Ron. Desde hace ya algún tiempo de hecho. Esa regla ya está caducada.
Weasley tuvo que contenerse terriblemente para no lanzarse a darle un puño en toda la cara. En gran parte gracias a que su mejor amiga veía con mucha rabia a Malfoy. ¡Ha! Increíble que su cumpleaños hubiese sido tan maravilloso al final del día.
−Adiós, Draco−le dijo Hermione llevándose a Ron con ella.
−Pss−le siseó Ron sin que su amiga se diera cuenta.
El rubio se giró y el pelirrojo le mostró el dedo de en medio. Ya sabía bien Draco que significaba eso. Había tenido de compañía a Zabini y a Nott toda la vida. La Veela rugió colérica y enfiló sus pasos rápidamente para no tener que verlos ir.
Cabe decir que al día siguiente, cuando Draco llegó a la habitación de su pareja, la Veela tuvo que devolverse por donde había entrado, e irse a dormir directamente a su cuarto.
Harry tuvo que tomarse el estómago, cuando el dolor de la risa incontrolable lo embargó.
−Esa semana casi nos destrozamos en Quidditch−recordó Ginevra con una sonrisita traviesa.
−Fue caótico. Pobresita mi Veela−masculló Hermione con un deje de culpa pero sin evitar reírse a la vez.
−Si piensa seguir contigo, que se acostumbre−dijo Harry con total convicción.
Hermione suspiró mientras se acostaba boca arriba y dejaba vagar su mente. "Seguir con ella" y el futuro que llegaba con eso era algo que siempre la invitaba a imaginar diferentes escenarios. Unos que le sacaban una sonrisa interna siempre.
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Cuando Draco entró a su Sala Común, la chimenea soltaba las últimas flamas amarillas. Ya solo quedaban cenizas prendidas de color rojo encendido y un agradable olor a comida y chocolate caliente. Habían tazas vacías con el rastro de la bebida y con su olfato buscó entre los Gryffindors sí habían dejado un poco.
−Te deje una taza en tu cuarto−le susurró Hermione con ojos entrecerrados bastante adormilada.
La Veela se acercó a ella, arrodillándose a su lado. Llevó su mano derecha al rostro de su novia y le acarició el cabello en un mimo sumamente tierno. Se agachó y le beso la frente, luego la punta de la nariz y por último los labios. Veía lo suficiente para verla enrojecer. Cómo le arrobaba el aliento. La amaba. La había extraño terriblemente.
−En serio no puedo creer que hayas dejado dormir a estos tres gatos en nuestra Sala Común−le musitó pasito sin dejar de consentirla.
−Yo no me quejo de tus amigos−le contestó en susurró tratando de no bostezar.
−Porque son geniales.
Ella frunció el ceño cerrando los ojos. En verdad estaba exhausta. De hecho no estaba segura de estar soñando toda la situación. La Veela le besó los labios a modo de despedida de buenas noches y le puso otra manta encima.−Duerme bien, Nini. Te amo.
Hermione no le respondió, pues ya estaba inmersa en un sueño profundo.
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26 de mayo de 1998
Draco fumaba un habano con todo el gusto posible. Estaba junto a Blaise y Theo en unas poltronas clásicas de fieltro verde oscuro. La bulla de la música hacia que hablaran a gritos, pero eso no le quitaba diversión al momento. Era la fiesta de fin de año.
El Gran Comedor había sido hechizado para mostrar el cielo nocturno, mientras cientos de estrellas fugaces danzaban de un lado para el otro. Había un árbol de cerezos floreciendo en toda la mitad del salón que dejó una alfombra de pétalos rosas que hacía mullido el piso. Faroles incandescentes de tonos rojos y amarillos levitaban por los aires y una barra de bocadillos de todos los tamaños y aromas deleitaba a los invitados.
Tanto el director como los profesores, habían abandonado hace ya unas horas el comedor, dejando a sus estudiantes, libres para disfrutar la última fiesta de su vida en Hogwarts.
−Pansy te está haciendo ojitos en este momento−gritó Theo vaciando su pipa en un vaso.
−Que mal educada−contestó Zabini, volteándola a ver.
Estaba bailando con un chico de su misma casa y que tenía todo el rostro compungido en placer. La chica se contoneaba lo suficiente para prender sus motores. El problema era que lo hacía para otra persona. Una que se acercó a ellos y se la llevó de la mano lejos del Gran Comedor.
Draco y Theo rieron estrepitosamente. No había mejor manera de terminar esa fiesta que de la manera que lo hacía Blaise. Fue en ese momento cuando su mejor amigo se paró rápidamente y se perdió en la multitud, cuando cuatro chicas de diferentes casas lo tomaron de ambos brazos y se lo llevaron, Merlín sabría dónde.
− ¿Menta?
Draco apagó su cigarro y aceptó el dulce de buena gana. Hermione tenía alzada su ceja izquierda y una sonrisa divertida.
−La Premio Anual ha bebido−la acusó con certeza.
−Lo suficiente para sentirme audaz pero no demasiado para arrepentirme.
−Ese es limbo perfecto para mí.
El príncipe Dragón tomó a la chica de la mano, entrelazando sus dedos con los de ella. La giró para darle una vuelta que la desequilibró de su eje, haciendo que se aferrara a él con fuerza. Draco sonrió con satisfacción oliendo su aroma delicioso a chocolate.
Varias personas los siguieron con la mirada sin poder creer del todo la situación. Para todos era claro que la relación entre Draco Malfoy y Hermione Granger era real y un hecho. Había sido un fenómeno bien extraño de ver, pues todo y nada había cambiado. Cuando se les veía juntos, los escuchaban reñir seguido, incluso se llamaban por sus apellidos cuando sus discusiones se tornaban intensas.
A pesar del pensamiento popular, ninguna chica amenazó a Hermione de muerte por ser la novia de Draco. Cualquier supuesto, digno de escenario de preparatoria, se quedó en eso: en un imaginario. Aunque eso no eliminó el delicioso paradigma del chisme. Muchos hablaron a sus espaldas, pero era algo que sucedía, incluso, sin estar juntos. Ya bien recordaba la Gryffindor, cuando todos decían que estaba embarazada de Harry y de Ron.
Malfoy abrazó a su novia por la cintura, arrullándola en un vaivén seductor que le sacó una risita divertida.−Nos tenemos que ir. Tus queridos gendarmes quieren venir a matarme.
−Entonces, vamos a la biblioteca.
Hermione se mordió el labio inferior viéndole con intensidad. Sin dejarlo reaccionar, aprovechó la inhibición de su timidez y corrió junto a él, saliendo a tropezones del Gran Comedor. La joven tenía toda la intensión de secuestrar a su Veela para llevarlo lejos del mundanal ruido y de la multitud escrutadora.
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29 de mayo de 1998
Hermione leía de corrido, subiéndose los lentes cada vez que se escurrían por su nariz. Estaba sentada en el borde de su mesa de escritorio. Sus pies descansaban en los hombros de Draco, quién sin prestarle mucha atención a su discurso, prefería besar las piernas de su novia, mientras acariciaba sus pies con sus largas garras.
Solo faltaba una semana para terminar su séptimo año. Con solo una asignatura por evaluar, Hermione se encontraba de nervios, puliendo su disertación final sobre las Veelas macho, para Cuidado de Criaturas Mágicas.
Eran ya las once de la noche, cuando por fin se decidió leerle su texto final a Draco. Nada como la misma semi-criatura de la cual escribías, para dar su opinión objetiva a un tema tan delicado. Claro que ese pensar, ya no era tan cierto. El rubio se había arrodillado en el piso con el pretexto de darle un masaje relajante. Ahora no pasaba ni lo uno ni lo otro.
−"Las implicaciones sociales pueden tener una repercusión mayor que las…" ¡Uh!−gimió Hermione sin terminar de leer la oración. La chica vio a su novio, quién le miraba con su par de orbes azul profundo.−En verdad necesito que escuches−le reprendió de mal humor.
−Te estoy escuchando, Granger−le contestó con una sonrisa irónica subiendo la mano derecha por su muslo izquierdo, por debajo de la falda.
Justo cuando llegó a su ropa interior y la acarició por encima, su novia le pegó con el pergamino en la cabeza.−Es en serio.
La Veela frunció el ceño y decidió seguir con su objetivo. Le besó la rodilla y fue subiendo de beso en beso perdiéndose por debajo de la prenda. Hermione enrojeció apretando bien la hoja. De verdad quería que la escuchara. Así que eso hizo. Siguió leyendo entre suspiros.
La Veela se quitó su camisa, al sentir sus alas querer emerger. Algo que siempre pasaba cuando estaba intimando físicamente con su pareja. Había dejado de ser doloroso y ahora era muy placentero. Era como un empujón de adrenalina. Con sus alas extendidas podía sentir más y a su novia le fascinaban. Cuando Hermione lo miraba con ese deseo desmedido y acariciaba las plumas negras, todo él era una corriente eléctrica potente.
La joven se dejó hacer pero no por eso dejo de leer. Era trabajoso pero delicioso a la vez. Con una mano sostuvo el texto y con la otra comenzó a acariciar la espalda de Draco. Trazó varios círculos en sus omoplatos estimulando la salida de ese par de miembros alados de color negro. Era un éxtasis a la vista y a los sentidos.
−Que buena anotación, Nini−le dijo Draco besando el interior de sus muslos.−Creo que ese párrafo debería ir en la explicación argumentativa y no en las conclusiones.
Había subido la falda, hasta remangarla en su cintura. El olor que destilaba lo tenía borracho. Era demasiado chocolate para soportar. Tan dulce y tan potente. Su boca salivó terriblemente y sin aguantarse más, pegó una lamida a ese punto aromático tan íntimo, mojando la ropa interior bonita de punticos de colores que llevaba.
Hermione cerró sus ojos exhalando terriblemente. De la intensidad, arrugó el pergamino. Se concentró mejor para tener autocontrol y continuó con la lectura. Entre sonrojos y llamados a la Veela, el par de alas negras emergieron rodeándolos. Los pocos halos de luz se filtraban por los resquicios que habían entre el plumaje.
−Quita esa frase, no es para divulgar−comentó Draco acariciando el puntico de placer que tanto le encantaba perturbar.
Hermione afirmó con su cabeza con mucha dificultad.
−Te escucho, Nini. Continúa−le susurró tan cerca, que sintió cada sílaba contra ella. Justo contra esa rocío nacido de los estímulos. Era percibir el frío desde el interior.
Hermione siguió con su lectura y ahogó un gritó en lo profundo cuando sintió la lengua de Draco saborearla hasta el último rincón.
Varios gruñidos salían de la garganta de Draco cuando sentía las piernas de Hermione generar ese tic de fuerza para sostener el cuerpo a lo inminente. Se ayudó con su dedo índice y la acarició con seguridad y perseverancia. Hermione se inclinó hacia adelante cuando el colapso al morir de dicha la abrazó como un rayo.
Draco puso de nuevo la ropa interior de colores en su sitio y bajó la falda de su novia. Se paró para verla, limpiándose las rodillas, para después acomodar los lentes de Hermione en el tabique de la nariz.−Haz esas correcciones que te dije y estará perfecto.
Sin más salió del cuarto de la Premio Anual, con toda la intención de dejarla trabajar, y así terminar el último texto escrito para Hogwarts.
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2 de junio de 1998
Hermione abrazaba una y otra vez a Harry.
La estación King's Kross, en la estación 9¾, estaba abarrotada. Gente iba y venía. Todos con pesados baúles y lechuzas en jaulas. Bastien, muy tranquilo, se encontraba en su jaula al lado de Hedwig. Esperaba con paciencia a que su dueña, terminara de llorar y de abrazar a cuanta persona se le atravesaba.
−Juro solemnemente, que iré el domingo a tu casa. Mañana cumple Theo, así que no estaré cerca. Pero ten por seguro que estaré sin falta pasado mañana.
−Conmigo no te tienes que escudar Mione. Es con mi papá. Luego soy yo el que me lo tengo que aguantar.
La familia de Harry, aguardaba a los tres amigos, junto al clan Weasley y los padres de Hermione; justo en la entrada de la estación. Habían decidido brindarles privacidad a sus hijos y no ver sus lágrimas de despedida. Además, tendrían un gran festejo los siguientes días. Realmente no era un adiós, pero sí lo era para Hogwarts.
−Amo a tu papá.
−Él también te ama, y más que a mí.
Ron soltó una carcajada ante el comentario, imaginado a James Potter claudicar a la idea de ver a Hermione como novia de su hijo. Es más, ansiaba el momento en que Hermione les dijera ese domingo que en verdad era la pareja de una Veela. Una Veela que era Malfoy. Eso si iba a estar divertido.
El pelirrojo volteó a ver hacia adelante y divisó al susodicho con sus amigos.
− ¿No te vas a despedir de Malfoy? Porque si es así, sería la mejor parte del día.
Hermione le sacó la lengua de manera aniñada para voltear a ver a su novio a la distancia.−De hecho voy a ir a su casa en la noche. Narcissa Malfoy hará una comida de bienvenida.
−Como quisiera ir contigo, Mione.
−Me encanta cuando el sarcasmo te invade−dijo Hermione riéndose de su amigo pelirrojo.
Ron abrazó a Harry y a Hermione a la vez. Los dos restantes también lo hicieron. Parecía un equipo deportivo discutiendo una estrategia.
−No digamos adiós−les dijo Ron sin abrir los ojos. Estaba tenso y apretaba los puños con afán.
−Nos vemos, entonces−musitó Hermione con voz quebrada.
−Hasta dentro de un rato−confirmó Harry.
Draco Malfoy divisó al trio dorado de Gryffindor y el aroma de su pareja llego a él. Era tierno y dulce, terriblemente cítrico. Estaba triste. Estaba desolada. Pero al mismo tiempo, el perfume que emanaba era precioso.
Al ver a los tres amigos despedirse, pudo sentir a Hermione de una manera nueva y diferente. La estaba viendo cerrar un ciclo para comenzar otro. Uno donde estaba él. La Veela sonrió por dentro escuchando a Pansy hablar sin cesar, a Blaise suspirar, a Theo carcajear y a su pareja llorar de la alegría.
Continuará
COMENTARIOS DEL AUTOR
*Bueno chicos, el próximo capítulo es el final. Lo subiré para Año Nuevo. Nos despedimos este 2015.
*Quería agradecer a Ana Luca Malfoy, BadBitchAndRealest, AnaDelNottZabinni, Gizz Malfoy Granger, Dousy Black, yomii20, samii−ceron, Bliu Liz, Sarelia, Sally Elizabeth HR, Doristarazona, Cleoru Misumi, Miqa, Pekis Fletcher, kaoru−uchiha, Kimi Alexa Infinity, lovedracoluciusmalfoy98, Liz, marinatrejo9, Duhka, anónimo, Debyom y NaomiRadcliffe.
*Gracias a Puchufy por betear como siempre. Gracias, gracias, gracias.
Preguntas, dudas, comentarios. Toda crítica es bienvenida, sí y solo sí es constructiva.
Miyuki Uchiha
Escuchando "Counting stars" by OneRepublic
