A la mar
El agua. Azul… ondulante… seguramente salada, pero no la probaría para asegurarme. Es como probar a abrir una caja de galletas para ver si hay galletas dentro. El borde del puerto no tenía mucha distancia hasta el agua, y había escaleras ocasionales que se hundían en la orilla para aquellos desafortunados que se cayeran al mar y no encontraran forma de subir, o simplemente para el disfrute de los más jóvenes.
De hecho, ahora había un grupo de niños jugando en el agua, tutelados por unos viejos pescadores que descansaban en un banco, mirando al infinito del mar y recordando viejos días.
Que no os engañe lo que pueda parecer. Soy un estúpido. Y lo digo… em… con neutralidad. No es que quiera bajar las expectativas que podáis tener sobre mí. Es simplemente que no soy alguien impresionante. Permitidme desarrollar mi afirmación:
Sobre el misterio del sitio ese, y lo de la maldición y todo, he de confesar que no es que sea un genio como Leo. Solo he sido afortunado de estar en los lugares apropiados en los mejores momentos. Hablar con la gente correcta… escuchar a escondidas ciertas conversaciones… ya me habéis visto. Vosotros también lo habrías sacado de haber estado donde yo. ¿O no? *Pregunta retórica*
Y… la batalla de ayer… bueno, mirad lo que hice. Me electrocuté yo solo y casi me muero por ello. ¿Qué otra prueba de mi idiotez queréis? Ahora que lo pienso, podría haber hecho muchísimas cosas diferentes. Por ejemplo, en vez de usar la lanza contra mi oponente en el agua, podría haberle derrotado con la espada y haber arrojado la lanza contra el gigantón del martillo. Así podría haber ganado el tiempo suficiente para acercarme y electrocutarlo con el grado medio de descarga.
Lástima que no pueda llevar mis pensamientos a una dimensión paralela donde el tiempo no fluya, pues así podría deliberar mi proceder durante el suficiente tiempo para ser alguien 'perfecto'. Todos queremos ser la mejor versión de nosotros mismos, y quien diga que no es un mentiroso que pretende quedar bien. Y si aún insistes en que no, solo quieres quedar bien ante ti mismo, o como se llama también, ser tu mejor versión. La humildad… es para los ignorantes.
"¿Qué estás haciendo aquí tan solo?" Me preguntó alguien a mis espaldas, sacándome de mis asfixiantes pensamientos. Me había envenenado tanto al pensar todo eso que os he contado –por lo que me disculpo ante vosotros- que no tuve ni ganas de volverme para averiguar de quién se trataba.
"Recordando lo imbécil que soy, en un lugar refrescante." Sonreí, perdiendo la mirada en el agua. El mar siempre me animaba. Es impasible, y cuando llega la tempestad, se une a ella.
"¿De bajón?" Suspiró Silas, sentándose a mi lado con su armadura aún puesta. "Supongo que es normal, después de todo lo que has pasado. Lo de Cheve fue brutal, y encima pasaste por aquel asalto en la ópera. No me imagino cómo debes sentirte." Se apiadó de mí. Seguro que sí lo sabía, pero estaba siendo amable.
Me agarré los brazos, agachando la vista. También estuvo lo de anoche, pero de eso no hablaría.
"¿Sabes? Estar con vosotros… es complicado." Comencé, alzando la vista para mirar a las blancas y distantes nubes. Algo lejos de dónde estábamos, había un gran barco donde habían empezado a cargar muchos suministros. Invadiríamos Hoshido, o eso me dijo Corrin. Por eso íbamos a coger un barco. Me da miedo, no lo niego.
"¿A qué te refieres?" Me preguntó Silas, intrigado.
"A que sois condenadamente buenos." Suspiré en un quejido, relajando los hombros. "Sois tan geniales que me habéis cegado, haciéndome pensar que yo podría ser como vosotros." Sonreí, notando que mi espalda dejaba de estar tan encorvada. Entonces me giré para mirarle de frente, con la expresión más relajada que había puesto en lo que me parecieron días.
"Solo soy un psicólogo, que resulta que está aquí. No debo olvidar eso." Murmuré, sintiéndome mejor mientras espiraba por la boca.
"Ah, comprendo lo que te pasa. Es duro intentar aprender a luchar cuando los demás ya son tan capaces. Pero eso nos pasó a todos cuando aprendimos." Intentó animarme. "Al menos, fue mi caso."
Me fijé de nuevo en los niños que jugaban inocentemente. Sus vidas eran sencillas en la costa. Estaban lejos de la capital oscura… no pasaban hambre gracias a la pesca, y los únicos problemas que podrían tener serían los que el mar trajese, con guerra o sin ella de por medio.
Esos niños tendrían una buena vida. No es que me queje de la mía, pero he pasado por algunas cosas crudas. La pérdida de mis padres… recibir la noticia perforadora de que Mark murió… no poder confiar ni en mis compañeros de carrera por el maldito sistema de graduación… Solo deseo que esos jóvenes no tengan que pasar por cosas como las que me he visto forzado a participar en los recientes días.
"A veces desearía ser más idiota todavía." Proseguí llevándome una mano a la frente, ajustándome el flequillo mientras aireaba lo que tenía en mente. "Así no me preocuparía por éstas cosas y mis pensamientos serían mucho más tranquilos."
Silas me observó de soslayo, algo extrañado. Entonces pareció darse cuenta de algo.
"Oh, creo que sé de lo que hablas. Eso es la tensión, hombre." Me sonrió, posando su brazo sobre mis hombros. "Tienes que intentar relajarte." Añadió con una sonrisa juguetona. Entonces, sin que lo pudiera impedir, me empujó al agua mientras se reía.
Caí de cara. Por suerte, no llevaba encima mi macuto. El agua estaba fría. Y sí que estaba salada. Tanto mi chaleco gris como mis pantalones oscuros se mojaron, pero no me preocupaba. Debía relajarme. Silas tenía razón.
"¡Maldición! ¡No sé nadar!" Teatralicé mientras daba palmadas en el agua, escondiendo mi sonrisa bajo el agua. Silas se alarmó como sabía que haría, tirándose a mi rescate. Cuando me agarró de los hombros para mantenerme a flote, se dio cuenta de que no tenía que hacer fuerza para ayudarme a sacar la cabeza del agua.
Mi sonrisa le pilló desprevenido. Aaaah… realmente necesitaba relajarme. Es la única explicación de que me pudiera sentir tan bien con una broma como aquella. Ay, no podía quitar mi sonrisa de mi boca. Qué alegría. Jijiji…
"¡Serás mequetrefe!" Sonrió de vuelta el caballero, agarrándome del cuello con el codo para hacerme una ahogadilla.
-O-O-O-
"¿Y bien? ¿Has cuidado a nuestro señor medianamente bien, Felicia?" Preguntó otro sirviente, con unas garras de metal sobre sus manos. Estaban junto a la rampa de embarque del gran navío que les llevaría a Hoshido.
"¿Eh?" Se sobresaltó la pelirosa, dándose cuenta de que todavía no le había contado cierta cosilla. No se imaginaba cómo reaccionaría Jacob, ya que suele ser un poco como Camilla cuando se trata de Corrin, sobreprotector, acaparador, y de varias caras.
"Bueno, creo que ya no rompo tantos platos como antes, y más o menos he podido limpiar el bastión yo sola." Suspiró Felicia, decidiendo guardar silencio al respecto, acalorada. Jacob la miró de soslayo, sosteniendo una lista en su mano de los bienes que debía comprobar que se cargaban al barco.
"No sé cómo te arreglas…" Suspiró el peliblanco, en una mezcla de decepción y honesta sorpresa. "Después de todo lo que te hemos intentado instruir Gunter y yo, sigues sin… dejar de ser un desastre con patas." Finalmente, anotó que acabaron de subir hasta la última mercancía, por lo que su trabajo había concluido.
"Lo siento…" Murmuró la pelirosa, agachando la cabeza. "Por cierto, Jacob, ¿cómo te tomarías que te dijera que Corrin y yo ahora somos pareja?" Planteó la sirvienta, deseando que solo quedase en una pregunta hipotética. El peliblanco afiló la mirada, como si Felicia se hubiera convertido en un enemigo. Pero esa expresión desapareció tan rápido como vino, quedando una sonrisa llena de hipocresía.
"En ese caso, me interpondría entre vosotros constantemente, a fin de impedir eso. Si el señor Corrin estuviera con alguien como tú, estaría en un riesgo constante. ¿O me equivoco?" Planteó, agresivo, pero sin perder su compostura. Felicia se llevó la mano al pecho, alterada.
Era verdad. Ella es un desastre. Podría poner en peligro a Corrin con su torpeza. Nunca se lo había planteado…
"E-entiendo." Asintió la pelirosa, sacudiendo la cabeza para no pensar en aquello en ese momento. Pero, sin duda, no podría parar de darle vueltas a aquello en un buen tiempo. Lo cual sería peligroso.
Jacob no era alguien irritante precisamente. Al menos, no para Corrin. Cuando se proclama como su vasallo, no exagera, pues aunque es solo un sirviente a su servicio, daría su vida misma por él, traduciéndose en que se desvive por él. Al encontrar el escondite de Lilith y por fin reunirse con sus camaradas el día anterior, tuvo ciertos problemillas con Camilla.
En su ausencia, Felicia había intentado impedirlo, pero Camilla logró arrebatarle algunos de los cuidados a Corrin, como limpiar la ropa. En parte, cedió para intentar acercarse más a la princesa, pues no le haría daño llevarse bien con ella.
Pero ahora que Jacob estaba de vuelta, eso debía cambiar. Al principio, solo se mostraron los dientes entre sí, peleándose por la ropa interior de Corrin. Pero luego, en cuando comprendieron que si se peleaban era por la gran estima y amor que le profesaban al príncipe, decidieron aliarse.
Al menos, de momento. El plan maestro de Jacob era monopolizar sus cuidados. No le costaría mucho arrebatárselos a Felicia, gracias a su torpeza, pero Camilla sería un buen desafío, especialmente siendo una princesa.
-O-O-O-
No he viajado mucho en barco, la verdad. Por eso me emocionaba. El bamboleo de las olas, la brisa húmeda y fresca del mar… me podría acostumbrar a aquello.
Antes de subir saludé a Odin, quien iba cargado de unas cuantas bolsas… er… que no parecían ligeras precisamente. La cara de satisfacción de Selena a su lado me da una pequeña pista de lo que pueden haber hecho aquella mañana. Aunque la mula la Destructora no se quejaba tanto como antes. Parecía estar con los nervios a flor de piel, como a punto de saltar en cualquier momento. Y lo que más me hizo gracia fue que Selena sabía aquello, y lo aprovechaba para meterse con él de vez en cuando. Definitivamente algo pasó entre ellos dos, aunque no parecen ser precisamente una pareja. Tal vez Laslow sepa más detalles.
Silas me dejó para ir a llevar un informe del estado del armamento al príncipe Xander, acompañado de Peri y Laslow, de hecho. Aunque me ofrecieron que le acompañara para conocer al futuro rey de Nohr, preferí conservar una agenda más humilde. Soy psicólogo, no político. ¿Para qué tendría yo que conocer a cada uno de los príncipes y princesas de la nación? Al menos no me habían obligado a conocer a ningún noble ricachón que estuviera de acoplado. *Suspiro aliviado*
¿Os imagináis si intentasen hacer de mí un mono de feria por ser psicólogo? Sería horrible. Quiero decir, haría un numerito, desde luego, y les daría lo que piden, pero para mal, sacando trapos sucios como si no hubiera un mañana. Heh, no, no soy ningún mono de feria, y es casi recomendable ignorar todo lo que sé de psicología la mitad del tiempo. Solo es útil en los momentos donde se necesita. El resto del tiempo podría ser un mero pasatiempo.
Así, mi profe de esgrima me dejó solo, mientras Peri se despedía agitando dulcemente la mano y Laslow con su actitud elegante de mentón alto. Algo me parecía distinto entre ellos dos. Parecían mucho más cercanos que antes.
Eso me llevó a recordar el cambio de la asesina compulsiva. ¿Cómo lo estaría llevando? Antes se la pasaba hablando de cómo le gustaba desparramar las tripas de sus enemigos por el suelo, pero ahora apenas habla de eso. Tal vez se había buscado un nuevo hobby, ya que eso explicaría por qué su pelo parecía diferente, como… mejor cuidado. Peluquera, ¿eh? Heh, parece que no es capaz de soltar filos todavía, pero es un buen cambio.
En un paseo por un pasillo interior, encontré a una pelirosa cabizbaja, con una expresión triste. No es una buena cualidad en mí, pero cuando veo a alguien así, me siento revitalizado. Quizás sea una habilidad que he desarrollado, pues normalmente esas fuerzo las dedico a intentar ayudar a esa pobre figura que me inspire lástima.
"Felicia, ¿qué es de tu vida, mujer?" Le pregunté, posando mi mano en su hombro y sacudiéndola un poco. Así intentaba devolverle las fuerzas al espabilarla, y comprobaría su estado.
"¿Miles? No gran cosa." Suspiró la sirvienta, cerrando los ojos. No se vio muy afectada, por lo que debía estar enterrada profundamente en sus pensamientos.
"Vaya, eso no es bueno." Me sorprendí. "Hasta hace nada no podías parar de sonreír, te diste un paseo con Corrin llevando ropa nueva…" Enumeré, encontrando aquellas cosas dignas de alguien cuya vida es la gran cosa.
Y lo del paseo lo vi desde la ventana de la biblioteca. Me acuerdo porque no es muy frecuente ver a la sirvienta sin su conjunto. Olía a obra de Camilla, pero reservaré mis corazonadas para cuando hablara con la augur, quien por cierto parecía haber empezado una especie de rivalidad con Nyx. Era gracioso, pues una era madura físicamente pero inmadura en actitud, y la otra todo lo contrario.
"¿Qué ocurre?" Pregunté, intentando echar un pequeño vistazo a lo que se cocía en su mente.
Felicia me miró desanimada, insegura. Había algo que la atormentaba, y yo quería ayudarla a aliviar ese pensamiento hiriente.
"Puedes contarme lo que sea." Le dije, neutralizando la expresión e intentando ponerme en su línea de visión. "¿Qué ocurre?" Repetí, paciente y con una sonrisa que pretendía invitarla a abrirse.
"¿Está realmente bien… que alguien como yo… esté con Corrin?" Comenzó, con la voz frágil. Se apoyó en la pared del desierto pasillo. La mayoría de la tripulación estaba o en sus camarotes, asentándose, o en cubierta, poniendo el barco a trabajar. Niles había comenzado a investigar a la tripulación, siempre presto a sacar los trapos sucios, y Effie ayudaba con algunas labores que requieren gran fuerza.
"¿Qué te hace pensar lo contrario?" Pregunté de vuelta. Ahí debía estar el problema. Felicia pasó a sonrojar su cara un poco, agitada.
"Que soy una patosa que no para de equivocarse. ¿Y si le hago daño a Corrin?" Se temió, con las manos apretadas a la altura de su pecho. Alcé mi brazo para posar mi mano sobre su cabeza.
"Oh, venga. Como si eso le importara a Corrin." Le repliqué, con una sonrisa piadosa. "Ya deberías saber, y mejor que nadie, que él no es la clase de personas que le dé importancia a eso. Tú eres Felicia. Y eso es lo único que importa." Proclamé, orgulloso de ser tan buen cupido. Aunque no soy tan buena diana, ya me habéis visto.
La pelirosa volvió a agachar la cabeza, con una expresión más relajada.
"Tengo que ir a verle ahora mismo." Me dijo, cogiendo determinación. "Gracias por animarme, Miles." Se despidió, corriendo por el pasillo para subir las escaleras de madera hacia la cubierta.
Solté un suspiro, distante. Hacía tiempo que no veía a Camilla. Al menos, el suficiente como para que me desagradara. Entonces me propuse un nuevo objetivo en mente. Uno… jujuju… perverso.
"No hay de qué."
-O-O-O-
Estaba haciendo una locura, y ella lo sabía. Tuvo la corazonada de que irían por mar en vez de por tierra, por lo que se adelantó con su pegaso hacia las tierras nohrias. Tenía algo que hacer antes de que fuera demasiado tarde, aunque tal vez fuera inútil.
Ella no acostumbraba a llevar pantalones, pues el conjunto de jinete pegaso que llevaba solo tenía una falda corta. No obstante, era necesario para mantener su disfraz. Eso, ropas bien anchas que no reflejen su complexión y unas gafas grandes que ocultaran sus ojos hoshidanos.
Sería una misión difícil, pero debía hacerlo. Se infiltró en la tripulación sin muchas dificultades. Buscó a cierto príncipe con la mirada desde la cubierta, pero no se le veía. Entonces bajó a las salas inferiores. Lo halló hablando con una sirvienta en una habitación vacía. Entonces les vio besarse.
Aquello logró alterarla, pues no se había esperado aquello por parte de Corrin. De hecho, le dolió un poco ver que el chico por el que tanto se sacrificó había encontrado tan rápidamente a alguien en su vida.
Sacudió esos pensamientos de su cabeza, pues el tiempo apremiaba, y había cosas más importantes que sus problemas personales. Debía recuperarle.
Fue a entrar en la sala, pero una mano la detuvo, agarrándole del cuello de la camisa y arrastrándola a otra habitación. Intentó resistirse al principio, pero cuando vio al par de rubios altos decidió guardar las apariencias.
"Perdón por secuestrarte así, pero te necesitamos para una cosilla." Me disculpé. Le oí refunfuñar algo que extrañó a Arthur. Pusimos a aquel chico de gorro gris y pelo rojizo boca abajo en una cama. Se intentó resistir, más agitado de lo que esperábamos. ¿Qué creía que íbamos a hacer? Su rostro estaba muy colorado, y tuve que impedir que se levantara, dejando espacio para que el maestro comenzase a masajearle la espalda.
"Si quieres aprender a dar masajes, debes saber controlar tu fuerza apropiadamente. Si te pasas, le harás daño, pero si no usas la suficiente, no harás nada." Me enseñó el héroe justiciero. El joven al que secuestramos se retorció un poco, intentando luchar de vuelta, pero poco podía hacer cuando las manos de Arthur le atraparon.
Me enseñó las zonas a presionar para aliviar la tensión, desde los hombros hasta la cintura. Cuando le palpé la espalda, me di cuenta de que bajo esa ropa había alguien muy musculado, pese a sus desgarbadas pintas. Obviamente, yo no sabía hacerlo tan bien, pero el joven me dio indicaciones, medio extasiado.
De repente, la princesa Elise salió de un barril en el pequeño camarote en el que estábamos practicando.
"¡Hola, chicos!" Nos saludó, con la tapa superior del barril entre sus manos.
"¿Señorita Elise? ¿Qué hacíais en ese barril?" Preguntó Arthur, dejándome solo con los masajes. Me topé con un tropezón en su espalda, lo cual me extrañó, pues era como si debajo de la ropa tuviera un vendaje a la altura del pecho. No le di mucha importancia.
"Estaba jugando con unos amigos que he hecho, ¡aunque todavía no nos hemos conocido!" Sonrió la rubia, señalando los otros dos barriles a su lado. "Me los encontré recorriendo juntos un pasillo, dentro de los barriles, y me pareció tan buena idea que me uní a su juego. ¡Hemos recorrido casi todo el barco de ese modo, y nos comportábamos como ninjas!" Se entusiasmó Elise.
Arthur se quedó mirando con una cara preocupada los barriles junto a la rubia. Un incómodo silencio comenzó a alertar a los que se escondían bajo los barriles, pero una heroica risa relajó el ambiente.
"¡Vaya juego tan emocionante! ¡Ni siquiera nos dimos cuenta de cómo entrabais en la habitación!" Elogió el super héroe, posando su mano sobre uno de los barriles todavía ocultos. El otro, se levantó ligeramente e hizo una especie de reverencia, para después volver a su posición.
El chico a quien había comenzado a masajear cada vez mejor se quedó mirando los barriles, extrañado. Casi parecía asustado.
"¿Os importa si me uno a vuestra diversión?" Preguntó el vasallo, acercándose a un barril vacío y asegurándose de que lo estuviera.
"¡Claro! ¡Venga chicos, avanzad!" Lideró Elise, comenzando a salir de la habitación dentro de su refugio de madera. Los otros dos barriles parecieron no querer dejar la habitación, pero uno de ellos le dio una pequeña patada al otro, como moviéndole para que siguieran el juego.
No pasó mucho tiempo hasta que se escucharon gritos y fuertes golpes. Seguramente un desastre de los de Arthur. Mi suspiro de familiaridad permitió a mi acompañante relajarse un poco, viendo que no había saltado la alarma.
Tras la marcha de los barriles, nos quedamos a solas el joven y un servidor. Aunque era divertido mejorar mi habilidad con lo de los masajes, tampoco estaría mal llegar a conocer mejor a ese muchacho tan bien musculado.
"¿Tan joven y ya eres marinero? ¿Qué te llevó a lanzarte al mar? Si puedo preguntar." Le dije, centrándome en la zona debajo de los omoplatos. Noté cómo se tensaba con la pregunta, pero no tardé mucho hasta que relajé aquello con presión gentil.
"Yo… solo quiero hablar con alguien." Me dijo, con una voz que no me esperaba. Era más afeminado de lo que anticipé, teniendo en cuenta su bien construido cuerpo.
"¿Es alguien que conozco?" Proseguí, viendo si podría ayudarle en su búsqueda.
"Seguramente, aunque no sé hasta qué punto habrás conocido al príncipe Corrin." Replicó el muchacho afeminado, con los brazos cruzados por debajo de su cabeza, con la espalda expuesta. Mis pulgares ya se habían acostumbrado al ejercer presión, pero tampoco me olvidé del resto de dedos. Arthur hizo unos movimientos circulares con todos ellos en una zona, así que intenté imitarlo.
"¿Corrin? Sí que le conozco. Aunque te pueda parecer un aprendiz de masajista, en realidad soy psicólogo." Aclaré, explicando mi relación con Arthur. "Corrin y sus acompañantes me rescataron de unos bandidos, y desde entonces, viajo con ellos. Te sorprendería la de problemas que tienen los príncipes." Suspiré, apartándome para concluir el masaje.
"¿Uh? ¿De qué estás hablando?" Me preguntó, incorporándose para sentarse a mi lado, moviendo su espalda y sacando pecho para estirarse. Me quedé pensativo un rato, planteándome cómo hablar de aquello.
"Si Hoshido es la luz, Nohr es la oscuridad." Comencé, algo genérico. "El centro de esa oscuridad es la figura de nuestro demente rey. Y atados de manos y pies, obligados a permanecer a su lado y cumplir sus monstruosas órdenes, los príncipes. Corrin no debió volver." Suspiré, agachando la cabeza.
"¿Tú también piensas eso?" Se emocionó el joven, acercando su rostro al mío. Ahora que me fijaba, tenía grandes ojos rojos. No era alguien de Nohr. "¿Y por qué lo hizo entonces?" Me preguntó, apretando los dientes. Me llevé la mano a la barbilla, relajando la espalda.
"¿Por qué iba a ser si no? Por sus hermanos." Presenté, impasible. Aquello dejo seco a mi acompañante. "Conoció la maldad tras el rey, y vislumbró la penosa y dura vida que llevaron aquellos a los que llegó a amar. ¿Cómo iba a dejarles solos con el monstruo de Garon?" Le repliqué, cerrando los ojos.
"Y… ¿y no podría haber luchado por ellos junto con sus hermanos de verdad?" Preguntó en un murmullo el joven, agachando la cabeza.
"Si hubiera hecho eso, no habría luchado por ellos, sino contra ellos, me temo." Expliqué, imaginándome lo vacío que se debería haber sentido Corrin de haber escogido aquello.
"Entonces… ¿no hay nada que pueda hacer para que vuelva con nosotros…?" Preguntó casi sin voz el pelirrojo, notándose frágil.
"Venga, mujer. No te desanimes. Corrin aún tiene un sitio en su corazón para Hoshido. De hecho, no poder llenar ese hueco le ha hecho sufrir bastante." Intenté aliviar, pasando mi brazo por encima de su hombro, así como me hizo mucho Silas. Y lo de mujer, fue un error. Es solo que me pareció un chico de voz tan femenina que mis palabras me traicionaron.
El pelirrojo se levantó de golpe, nervioso. Se acercó a la puerta, pero en cuanto fue a agarrar el pomo para salir, alguien se le adelantó. El chico pelirrojo tropezó entonces en su paso, derrumbándose sobre la persona que intentó entrar. Interpuso sus manos entre ellos, pero eso solo lo hizo peor.
Camilla abrió lentamente sus ojos, sorprendida de que alguien se le echase encima. El joven había caído sobre ella, entrecruzando sus piernas con las de ella, y con las manos sobre sus pechos.
Verles de aquella forma me alteró en más de un sentido. No solo acababa de ser asaltada la mujer que me gustaba, no solo estaba tocando esos atributos que yo aprendí a ignorar, encima era sobre aquella mujer tan inclemente ante los pervertidos.
"Vaya, deberías tener más cuidado por donde andas, jovencita." Sonrió Camilla, identificando al instante el género de quien tenía encima. Aquel comentario frenó mis movimientos, pues ya había iniciado el protocolo: coger al chiquillo, tirarlo por la borda para que salvara la vida y desanimar a Camilla en su probable endemoniada persecución.
"L-lo-" Fue a disculparse la joven pelirroja. Al identificar sobre quien se había caído, y la posición en la que estaban, se alarmó muchísimo, quedándose muda. Se apresuró a levantarse, pero estaba tan sobresaltada que se movió muy torpemente.
La princesa pelimorada la ayudó a levantarse, paciente y con una sonrisa.
"No es frecuente ver a una joven marinera, pero me alegra ver que eso no te ha detenido de embarcar con nosotros." Animó Camilla, pensando que era una joven atrevida que se disfrazó de chico. La pelirroja se ajustó las gafas y el gorro, mirando con terror a Camilla.
"Oh, venga, que no muerdo." Se rio la princesa, acercándose de nuevo a la joven con un suave vaivén de cadera. "¿Miles? ¿Qué hacías con una señorita tan encantadora en tu camarote?" Me preguntó Camilla al verme, con las cejas en alto.
Imaginaos. No quería que pensara lo que muy probablemente fuese a pensar: que era la mujer que me gustaba. Debía impedir aquello. Pero tampoco quería revelar lo de los masajes, pues mi meta final era darle uno a ella. Culpable.
Intenté contestar, pero las palabras no me salían. Me puse colorado al no hallar una respuesta. Al pensar que mis colores le harían malinterpretarme, me puse todavía más nervioso, siendo mis propios temores el combustible de mi rubor.
"No me digas… ¿es ella la chica que te gusta?" Preguntó Camilla, parpadeando un par de veces. Esperó un largo rato a que contestara, pero no lo hice. "Mejor os dejo a solas: no quería interrumpir nada." Sonrió mientras se fue, moviéndose con pequeños saltitos. Tenía mala cara. Lo sé por sus ojos.
Alargué mi mano para impedírselo, pero no logré detenerla, volviéndome a quedar a solas con aquella descubierta mujer. La pelirroja pareció mucho más tranquila al irse la princesa, pero yo solo me sentí peor.
"Qué mal…" Murmuré, apoyando mi espalda contra la pared. "¿Cómo arreglo yo ahora esto?" Me quejé, desesperanzado.
"… Miles-dono… tengo un favor que pedirle." Comenzó la chica, quitándose el gorro y las gafas. Tenía el pelo de un color rojo fuego, y su aspecto se me hacía familiar, aunque no logré identificarla. Era atractiva, aunque extrañamente varonil. Radiaba carisma… o esa era mi impresión.
"Soy la princesa Hinoka, de Hoshido." Se presentó, con la expresión seria. "Nadie debe saber de mi presencia en éste barco, y menos aún los príncipes. Pensarían que vengo a llevarme a Corrin… y no se equivocarían…" Aquello me alarmó un poco, obrando que me tensara en el sitio. "Pero tras hablar contigo… no creo que pueda hacer eso. Sería egoísta y desconsiderado…" Contó agachando la cabeza.
"No puedo escapar sin mi pegaso, y ya nos hemos alejado demasiado de la orilla… a-así que permíteme ser tu n-novia." Pidió en un ruego, inclinándose bastante, ocultando sus colores al agachar el torso. Ahora que Camilla la había fichado como tal, ese sería el único rol con el que podría esconderse.
Guardé silencio, mirándola como quien no es capaz de procesar lo que tiene delante. De hecho, omitid el 'como'.
"¿Eh?" Fue lo único que logré pronunciar.
-O-O-O-
Camilla cerró la puerta al salir rápidamente, apoyando la espalda contra ella. No se había esperado aquello. Al fin y al cabo, estuvo allí la noche que Miles fue herido en el hombro, cuando habló con Felicia… sobre ella… No comprendía por qué el rubio no negó estar interesado en la pelirroja.
¿Fue simplemente un producto de su imaginación? ¿Fueron las palabras 'creo que me he enamorado de Camilla' un simple error de interpretación?
De ser eso cierto, ¿por qué se sentía tan mal entonces? Cuando escuchó aquella confesión accidentalmente, se quedó sorprendida. No era la primera vez que un hombre afirmaba quererla, pero era la primera vez que alguien habló así de ella. No sabía que su sonrisa… pudiera importarle tanto a alguien.
Y cuando le buscó para preguntarle sobre la persona que le gustaba… fue porque quiso escuchar de nuevo su confesión. Quizás por el agradable sentimiento de ser querida. Deseaba verle decir aquellas palabras de nuevo, aunque ni ella misma sabía lo que habría contestado ella de haberle hecho hablar.
Por eso se sentía así de mal ahora que acababa de verlo con otra mujer. Había aumentado tanto sus expectativas que se había dado de boca contra una pared que ella misma levantó. ¿Estaba Miles con aquella pelirroja o no? Debía averiguarlo. Era imperativo.
-O-O-O-
… Lo voy a parar aquí. Podría haber seguido alargando el capítulo, cierto, pero no sé. Me parecía un buen momento para detenerme.
Algo importante que voy a hacer a partir de ahora es economizar (Comentario del futuro: ¡Ja! Iluso de mí...). Mirad la obscena cantidad de personajes que hay en éste mundo. Sería una locura contaros la historia de todos, así que en vez de usar al narrador omnisciente para contar las cosas, voy a intentar centrarme un poco más en Miles. O si no, perderé la cabeza. Y vosotros también lo harías.
Una historia demasiado amplia carecería de protagonistas, y prefiero centrarme en unos, en vez de en otros. Aunque no será como si me olvidase de ellos. Ya veréis… (no subáis las expectativas, aprended de Camilla)
Se aprecia el feedback y los reviews. *Guiño, guiño* *Codo, codo*
