Capítulo beteado por Vhica Tía Favorita, Betas FFAD

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Los personajes de la Saga Crepúsculo le pertenecen a Stephenie Meyer, la trama y cualquier personaje fuera de la saga, son de mi autoría.

Capítulo 21

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—Hombre, cambia esa cara, parece que estuvieras en un funeral en lugar de una cena.

—Tampoco tengo tan mala cara —refunfuñé, mientras trataba de hacer salir una sonrisa.

—¿No? Si nadie se nos acerca por tu mal modo. Porqué mejor no te vas con Bella y así todos felices.

—Tiene razón Em, si quieres ve y yo te excuso.

—No, Rose, falta poco para que empiece la colecta y ya después me voy más tranquilo.

—¿Estás seguro?

—No, pero tampoco puedo dejar todo tirado. Me comprometí a dar el discurso inicial y ahora no puedo echarme para atrás.

—Yo lo puedo dar por ti —aseguró mi hermana.

—Lo sé y hasta mejor que yo lo harías, pero sabes que esto tiene un significado especial para mí.

—Sí, lo sé, pero si vas a darlo tienes que cambiar esa cara, porque con el semblante que tienes nadie va a querer aportar nada a la causa —argumentó dando a entender su punto.

Y comprendía lo que me decían por lo que traté de mejorar mi estado de ánimo, pero me estaba siendo imposible y no era porque estuviera separado de Bella, obvio la extraño, pero no es el estar lejos de ella lo que me tiene malhumorado, sino la consistente sensación en mi pecho; es como si una mano fría se introdujera en él, llevando a mi corazón en una carrera a doscientos por ciento de su capacidad, haciéndome sentir que algo no está bien con mi amor, sobre todo después de descubrir las dichosas flores dentro de su apartamento, por lo que no voy a estar tranquilo hasta que pueda estar a su lado y saber que todo está bien.

—¿Edward? —Llamó mi cuñado sacándome de mi pesimismo— es hora del discurso te están esperando —habló por lo bajo.

Poniendo la mejor cara posible, me dirigí al podio donde pude ver las fotos de veinte de las muchas chicas que ha ayudado el programa, lo que me hizo ser consciente de la importancia de lo que debía decir, logrando instalar una sonrisa genuina en mí cara, empecé:

—Buenas noches damas y caballeros, todos nos encontramos en este bello establecimiento con el conocimiento de que muchas jóvenes que podrían ser nuestras hermanas, sobrinas o hijas; están en este momento siendo explotadas sexualmente en las calles a nuestro alrededor, llevando una vida de maltratos, soledad y hambre —noté que con estas palabras lograba captar la atención de todos, así que con una emoción renovada empecé a detallar cada uno de los puntos importantes de esta fundación— …es por todos estos motivos que hoy les invito a donar, no por la costumbre o el que dirá la sociedad, sino a donar para ser parte de esta noble causa; porque por medio de nuestra donación, estamos extendiendo una mano para que una adolescente la tome y salga de ese infierno en el que está viviendo. Muchas gracias —concluí mi discurso sintiendo que había logrado llegar a más personas de las que esperaba, saludé a un par de conocidos mientras me dirigía a la mesa donde se encontraba una orgullosa Rose al lado de un sonriente Emmett.

—Muy buen discurso, si no se conmovieron sus corazones, no tienen como.

—Gracias, Emm, esa es la idea, que más personas se unan a la causa.

—Todo estuvo perfecto, no esperaba menos de ti hermanito, sé que muchas personas van a ayudar gracias a ti —dijo Rose mientras plantaba un beso en mi mejilla— ahora llama a esa mujer tuya y dile que ya vas para allá, a ver si deja de llamarte.

—¿Me llamó Bella? —pregunté volviendo a sentir el frío en mi pecho.

—Si no es ella, tendrás un problema conmigo —dijo Emmett tratando de parecer serio— porque ese móvil no ha dejado de vibrar desde hace rato.

No esperé oír más, tomé mi móvil y me moví a un lado donde hubiera menos ruido para poder llamarla; pero cuando vi las llamadas perdidas, no eran de mi amor si no de Jenks. Sentí el frio volver, inmediatamente redisqué el número, contestándome al primer tono.

—Señor Cullen, qué bueno que me devuelve la llamada.

—¿Qué pasa Jenks? ¿Hay alguna noticia de quién ingresó en casa de Bella?

—El ingreso a la casa se realizó con mucho cuidado, no forzaron la puerta y no dejaron huellas, solo encontramos una cosa que no cuadraba —dijo dejándome en suspenso.

—¿Y ese fue?

—En el espejo dónde dejaron las flores, habían varias huellas en su mayoría de la señorita Bella; pero una no concordaba, la buscamos y son de una Ángela Weber. ¿Se le hace conocido ese nombre?

—Sí, es mi secretaria.

—Cree que sea posible que ella hubiera estado en algún momento en la casa de Bella.

—Ellas son amigas, pero Bella nunca me ha comentado que la hubiera visitado.

—Creo que debería consultarlo, señor Cullen, porque cuando se descubrió de quién era la huella, busqué algún cabo que la relacionara con la señorita Swan y hay un factor en común entre ellas: Tomás Volterra.

—¿Tomás Volterra? Sé que he escuchado ese nombre, pero en este momento no recuerdo quién es.

—Tomás Volterra era la identidad que acogió Aro Volturi.

—¡Nooo! —fue el susurro que salió de mi boca, sentí que sacaron todo el aire de mi cuerpo.

Sin pensarlo dos veces salí corriendo a buscar mi auto, Bella estaba en peligro, siempre lo supe, no debí haberla dejado. ¿Pero Ángela? ¿Qué hacía ella con Aro? ¿Sabría ella el tipo de monstro que era? Eran muchas las preguntas que pasaban por mi mente mientras me acercaba a la casa de Ángela. Me encontraba a menos de una cuadra cuando el sonido me impactó, un fuerte estruendo seguido de una potente onda expansiva, chocó mi auto activando las alarmas de los alrededores, dejándome en shock momentáneo. Luego que el susto inicial del impacto pasó, busqué de donde provenía y mi peor pesadilla estaba frente a mí, el lugar donde estaba la casa de Ángela se encontraba consumida en llamas que se elevaban hacia el cielo, haciendo una danza de humo; no sé cómo pasó, pero cuando reaccioné, me encontraba buscando alrededor del fuego, necesitaba un indicio de que Bella no se encontraba ahí. Mi Bella no podía estar ahí.

—Joven, no se acerque. —me decía una señora que se había acercado después de escuchar la explosión.

—¡Necesito encontrarla! ¡Comprobar que ella no está allí! —contesté mientras movía escombros a los lados.

—Ella ya no está allí.

—¿Cómo lo sabe? ¿Usted vio salir a Bella? —pregunté con un leve sentimiento de alivio.

—No, joven, allí no hay nadie, porque después de esa explosión, no creo que nadie esté con vida.

—¡NOOOOOOO! ¡Mi Bella no puede morir! ¿Ella no me puede dejar! —dije mientras caía al suelo dejando derramar mis lágrimas.

—Vamos, joven, le daré un poco de agua para que se tranquilice; los bomberos no deben de tardar en venir.

—¡NO! ¡Debo encontrarla! ¿Ella está bien, tiene qué estar bien! ¡No puedo dejarla ir, no puedo! No puede morir, no puedo perderla, no después de todo lo que nos costó encontrarnos, Bella no me puede dejar, lucha amor, lucha que te voy a encontrar de nuevo, no me dejes.

Removía los escombros que podía tratando de encontrar al amor de mi vida y con forme pasaban los segundos, mi corazón se iba desgarrando. Los bomberos habían llegado y trataban de aplacar el fuego, pero yo no cesaba mi búsqueda. ¡Debía encontrarla! Presentía que está con vida, tenía que estar con vida.

—Señor, debe alejarse, es peligroso.

—No, debo encontrarla, ella está con vida —era mi mantra, mientras lo pensará, tenía motivo para seguir moviéndome—. ¡Ayúdeme! ¡Pídale a sus hombres que busquen, hay que encontrarla!

—Señor, no va a encontrar a nadie, por favor despeje la zona —sentenció dándome a entender que si no lo hacía, me apartarían aunque fuera a la fuerza; pero en ese momento la vi, bajo los escombros había una mano.

—Mire, ahí está, ayúdeme, es mi amor. ¡AYUDENME, RÁPIDO! —gritaba mientras trataba de levantar la pared, varios hombres llegaron a mi lado y entre todos logramos levantarla, descubriendo el cuerpo de mi amada.

Sentía que mi corazón terminaba de explotar ante la visión tan desastrosa, De su cabeza manaba sangre al igual que de sus brazos y sus hermosas piernas las que tanto amo, estaban fracturadas; en la derecha el hueso había traspasado la piel, pero lo que más me aterrorizaba era ver el rostro blanco y sin vida de mi amor.

—¡Bella! ¡Amor, háblame! —le susurraba mientras buscaba un lugar donde poder posar mis manos sin lastimarla.

—Señor, debemos revisarla.

—¡NO! ¡Llamen una ambulancia, hay que llevarla al hospital!

—La ambulancia viene de camino, pero permítame revisarle los signos —me dijo el bombero, mientras otro me separaba del cuerpo de mi Bella—. Signos vitales muy bajos, aplíquenle oxigeno, vías respiratorias despejadas. —Decían mientras los veía venir con una mascarilla y un tanque de oxigeno, pero yo lo único que quería era estar a su lado, sostener su mano, que supiera que estoy con ella.

—¿Es usted familiar?

—Soy su prometido.

—Señor, creo que lo mejor es que la movamos, las paredes están a punto de colapsar. ¿Lo autoriza?

—Sí, pero no le hagan daño.

—Trataremos que así sea, señor. —en una camilla improvisada subieron a Bella, para llevarla al otro lado de la calle, ya se oían las sirenas de la ambulancia acercarse.

—¡Bella, amor, ya vienen! ¡Resiste por favor, amor!¡No me dejes, te necesito! —repetía tomado su mano, sollozando de miedo y besando los nudillos de sus manos renegridas por el hollín revuelto con su propia sangre.

—Señor, permítanos revisarla —fue el turno de los paramédicos de alejarme de ella.

—Signos vitales en disminución, presión arterial sesenta sobre cuarenta y cinco, fractura expuesta de fémur derecho, hematoma craneal con posible hemorragia, laceraciones en los brazos y posibles costillas fracturadas… —recitaba el paramédico mientras trabajaba sobre Bella y la subían a la ambulancia, subiendo yo detrás de ellos.

El camino al hospital se me hizo eterno, mientras el insistente bip me hacía consiente que mi amor seguía conmigo; mientras en mi interior recitaba el mantra de que no me iba a dejar y le pedía a Dios que la dejara conmigo, yo no podría vivir sin ella.

Ya en la sala de urgencias, no me dejaron seguir con ella, por lo que tuve que irme a la sala de espera. Necesitaba a alguien a mi lado, necesitaba el apoyo de alguien mientras esperaba noticias de que el amor de mi vida iba a estar bien; pero no tenía el móvil conmigo para avisarle a nadie y por nada del mundo me separaría de ese lugar. Los minutos pasaban y la espera se hacía insoportable, sentía que con cada segundo que transcurría, mi vida se iba drenando; con cada lágrima que brotaba de mis ojos, mi alma se iba secando.

—¿Edward? —me llamó una conocida voz del pasado, poco a poco levanté mi cara de entre mis manos, para encontrarme ante un disfraz de enfermera caliente.

—¿Lauren? ¿Qué haces aquí?

—Aquí trabajo.

—¿Vestida así? —pregunté en shock

—Por supuesto, es mi uniforme. ¿Está todo bien? ¿Tuvo otro accidente Rose?

—No —dije volviendo a caer en el abismo de dolor que me había envuelto desde que vi el fuego— Bella, mi novia acaba de ingresar.

—¿La chica del incendio? —Asentí ante su pregunta—. Viene muy mal, no creo que lo logre —sentenció hundiendo más la daga en mi corazón.

—¡NO! ¡ELLA ES FUERTE, VA A LUCHAR PARA QUE ESTEMOS JUNTOS! —grité para terminar en sollozos sofocados por mis manos.

—Oh, Edward, no te pongas así —decía mientras me acercaba a su pecho para consolarme— vas a ver que todo va a estar bien, pero si no es así, aquí me tienes a mí.

—No lo voy a soportar, si ella se me va, mi vida no tiene sentido —lloraba mientras me aferraba a su cuello como un niño.

—Tranquilo, aquí estoy para ayudarte —dijo mientras apretaba su agarre a mí. No sé cuánto tiempo pasamos así, pero mis lágrimas no dejaban de salir— ya ha pasado tiempo suficiente, voy a ir a averiguar qué noticias hay.

—Te lo agradecería, que me dejen verla lo antes posible, no soporto estar sin ella.

—Claro, claro —contestó mientras entraba por la puerta de emergencias.

Durante los cinco minutos más largos de mi vida, mantuve mí vista fija en las puertas corredizas, esperando que Lauren volviera; pero cuando la vi salir, mis esperanzas se derrumbaron, su rostro se mostraba afligido y no había ni un solo brillo de luz en sus ojos.

—¿Lauren? —pregunté cuando se acercó lo suficiente.

—Lo siento, Edward.

—¡NOOOOOOO! ¡NO PUEDE SER! ¡NO ME PUEDE DEJAR!

—Estaba muy mal.

—¡CÁLLATE! ¡NO ES CIERTO! ¡NO PUEDE MORIR! ¡BELLA, NOOOO!

—De nuevo lo siento

—¡NOOOOOO! —grité mientras caía sobre mis rodillas deseando que la muerte me llevara a mí también.

—Edward —dijo poniéndose a mi lado— sé que es difícil pero tienes que sobreponerte, aquí me tienes a tu lado para lo que sea —me consoló mientras acariciaba mi rostro— sabes que siempre voy a estar a tu lado. Vamos, te llevo a tu casa.

—No, tengo que verla —atiné a decir. Esto no era cierto y cuando la viera, comprobaría que era un error.

—No puedes, tienen que hacer el informe y trasladarla a la morgue, eso va a tardar horas; no tiene caso que te quedes aquí solo, yo puedo…

—No —la interrumpí cortando su explicación y sintiendo como el corazón se me hacia añicos, y la inconsciencia me reclamaba en sus brazos.

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—Edward —mi amor miraba.

—¿Bella? ¡Estamos juntos!

—Sí, amor.

—¿Entonces yo también morí?

—Estamos juntos, pero tienes que ser paciente.

—Pero no quiero ser paciente, quiero estar contigo.

—Te necesito, Edward, pero debes esperar. Espérame.

—Todo lo que sea necesario, amor.

—Espérame, te amo.

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¡Hola Chicas!

¡SORPRESA!

Espero les haya gustado mi regalo por el día de la amistad.

Las quiero

Besos

Yas