CAPITULO
20
Todavía temblorosa por la intensidad de los avances de Trunks, Pan hizo lo que pudo para arreglar su cabello y recomponer su apariencia, pero no tenía la menor idea de cómo podría ocultar la perturbación de su cuerpo de mujer. Nunca había imaginado con qué intensidad podrían afectar los besos de un hombre a su anhelante cuerpo, pues ninguno de sus pretendientes había llegado tan lejos como Trunks Brief.
Aun ahora le resultaba imposible apagar el fuego que la quemaba por dentro, y como se aproximaba el momento en que se vería sometida a la mirada de otros, sintió la necesidad de presentar una imagen tranquila aunque, en su interior, todavía se estremecía por el éxtasis que las caricias de Trunks le habían provocado.
En un momento tendría que intercambiar vestido con N°18 y pasar por la inspección crítica y perspicaz de su amiga. Sabía que para ese entonces debía recuperar una cierta compostura. Su mayor preocupación era tener que desvestirse en presencia de la mujer, pues temía que sus pechos erguidos delataran los apasionados besos de Trunks. No dudaba de que, si N°18 tenía la menor idea de que los avances habían llegado tan lejos, el juego terminaría mucho antes de empezar.
Levantó el mentón con un aire de serenidad que le costó simular y entró en el gran salón, mirando a un lado y a otro en busca de N°18. Pronto encontró a N°18 al otro lado de la cámara e inclinó levemente la cabeza a modo de señal. Luego, con suma gracia cruzó la habitación iluminada en dirección al vestíbulo. Su paso se hizo más rápido al alcanzar las escaleras, y casi en una carrera frenética entró en su habitación.
Para el momento en que N°18 se unió a ella, Pan ya se había quitado el vestido y se había puesto otra creación de rico terciopelo, de un tono verde oscuro que, por su simple elegancia, realzaba a la perfección su belleza. Desoyendo las advertencias y convicciones de N°18 había elegido el vestido especialmente para la ocasión, esta vez el escote era más que tentador para asegurarse de que las brasas de Trunks se mantuvieran encendidas hasta que llegaran a su residencia. Una cosa era tratar de controlar su pasión, pero otra muy distinta era satisfacer sus preguntas si llegaba a sospechar los motivos que tenía para acompañarlo.
Para preservar una razonable fachada de decoro, Pan se puso un chal sobre los hombros ocultando a la vista cualquier señal que pudiera haber quedado en su pecho. Con el mismo celo con que había guardado el secreto de su primer encuentro con Trunks, así mantendría oculto todo lo que había sucedido entre ellos esa noche.
Luego, escuchó el suave tintineo de las campanas que anunciaban que se acercaba un coche.
-Creo que mi chofer, Roshi ha regresado de casa de Maron –advirtió-. Le he dado instrucciones de que me espere hasta que baje.
-¿De verdad piensas que engañarás a N°17, que creerá que soy tú? – preguntó N°18 con aprensión.
Decir que estaba nerviosa con aquella estratagema era minimizar las cosas. Sin embargo, sabía que la muchacha se había empeñado en que se llevara a cabo ese cambio de identidad.
-Trata de no decirle nada a Roshi que pueda hacerlo sospechar de que tú vas en mi lugar – le indicó Pan-. El juego peligraría si se diera cuenta de su error, pues querría detenerse e interrogarte antes de partir. Con N°17 cerca, eso sería muy arriesgado. Ya le he dicho dónde tiene que ir y, aunque se sintió confundido por mi deseo de abandonar la fiesta, obedecerá sin hacer preguntas.
-He dejado que el príncipe Krilin pensara que estás enferma y no te encuentras muy bien; por eso no se sorprenderá con mi ausencia, pues creerá que estoy atendiendo tus necesidades. Ha prometido sustituirme como anfitrión durante mi ausencia, de modo que, mientras ningún otro invitado nos vea salir, estamos razonablemente a salvo. ¿Dónde dejaste al coronel Brief?
-Está esperándome en el jardín. Ha alquilado un coche para esta noche, de modo que no tendremos necesidad de usar el tuyo.
-Supongo que está claro que ha aceptado encantado todo esto, quiero decir, llevarte a su casa y lo demás.
-Algo así. –Pan se negó a elaborar más la respuesta.
N°18 estudió su nueva apariencia en el espejo. Pasó la mano por el cuello del vestido y reflexionó en voz alta:
- Desde lejos, N°17 no será capaz de descubrir el engaño. –Giró la cabeza para considerar el reflejo desde diferentes ángulos y frunció el entrecejo al llegar al cabello-. Pero me temo que esto mechones rubios me delatarán. ¿Tienes un velo para cubrirme la cabeza?
-Esto será suficiente.
Pan ya había considerado el asunto y había separado una mantilla de encaje blanco que había usado en presencia de N°17. La acomodó en la cabeza de N°18 para cubrir los mechones.
Con una sonrisa, la condesa N°18 se dio la vuelta y se sometió a la inspección de su amiga.
-¿Qué tal estoy?
-Hermosa, como siempre- aseguró Pan con ansiedad.- Ahora ponte delante de la ventana, como si esperases el carruaje y deja que N°17 te vea. Una vez que estés fuera, no permitas que él se acerque lo suficiente como para reconocerte. En cuanto piense que soy yo la que sube al coche, sentirá curiosidad por saber dónde me dirijo y me seguirá con sus hombres hasta que Roshi detenga el carruaje. Para ese entonces, ya estaré en casa del coronel Brief.
-¿N°17 sabe dónde vive el coronel?
-Si no lo sabe, se ocupará de averiguarlo – respondió Pan secamente.
N°18 emitió un suspiro pensativo.
-Por la forma en que te miraba el coronel Brief esta noche, es probable que no quiera demorar mucho más su placer. Tal vez te sea difícil contenerlo hasta que llegue N°17.
-Si no puedo contenerlo, no tendré a nadie a quien echar la culpa excepto a mí misma- murmuró Pan, evitando la mirada de N°18.
-Debo irme. –N°18 suspiró y se consoló mientras pensaba en su solitaria excursión por la ciudad.
No hubo más demoras, y con un dramático suspiro de resignación N°18 se encaminó, decidida a llevar a cabo el engaño y, con el mentón erguido con elegancia, se acercó a la ventana simulando que buscaba el carruaje mientras sostenía las cortinas. En ese momento, Pan se apretó contra la pared para mantenerse fuera del campo visual hasta que los paneles de seda volvieron a cerrarse al mundo exterior. Después de depositar un beso en la mejilla de su amiga, N°18 se despidió de Pan y la dejó esperando en el silencio de la habitación hasta escuchar los sonidos del vehículo que se marchaba, Dejó que pasara un rato más antes de atreverse a mirar por una pequeña abertura entre las cortinas. Su corazón dio un salto de júbilo triunfante al comprobar que N°17 y los hombres que había contratado seguían al carruaje por el camino.
-Sin duda piensa que me encontrará sola y desprevenida- conjeturó Pan-. Le sentará bien a su orgullo hacer el papel de tonto.
Se echó una capa de terciopelo negro sobre los hombros y levantó la capucha para cubrir la cabeza. Abandonó su habitación y se apresuró a descender por las escaleras privadas que había cerca de las habitaciones de N°18. En un instante estuvo en el jardín, volando a los brazos de Trunks.
-Estaba empezando a preguntarme si regresarías- murmuró mientras la apretaba contra su cuerpo.
Pan echó la cabeza hacia atrás y encontró sus labios anhelantes. Saboreó su apasionado beso un largo rato, hasta que sintió que sus miembros se agitaban rápidamente con el violento palpitar del corazón de Trunks. Sin aliento, partieron, y sonriéndole, Trunks le tomó la mano y la condujo alrededor de la casa hacia el carruaje que los esperaba. La ayudó a subir y dijo al cochero las pocas palabras en ruso que había aprendido para ir y venir de su morada; luego subió y se sentó al lado de ella.
-Estás progresando mucho, Trunks – comentó Pan con una suave risa mientras él cerraba la puerta tras de sí-. No se necesita tanto tiempo para entenderte ahora.
-Si hubiera sabido que iba a venir a este país, habría comenzado tres años antes a aprender el idioma. –Trunks le sonrió por encima del hombro mientras se estiraba para cerrar las cortinas de las ventanillas y asegurarse cierta intimidad. El coche se puso en movimiento y, entre risas, se apoyó en el asiento. Se inclinó sobre ella mientras sus ojos tentaban la oscuridad para hundirse en el brillante fulgor de los de ella-. Mientras tú puedas entenderme, no importa el lenguaje que hable, mi hermosa Pan. Eso es todo lo que me importa. Descubrirte aquí ha hecho que todo valiera la pena.
-Estaba segura de que N°18 te había dicho que estaría en su casa esta noche.
-Tú has hecho que valiera la pena mi venida a Rusia – le explicó aclarando su afirmación anterior-. En cuanto a esta noche, estoy muy feliz de que hayas vuelto, Pan. Estaba empezando a considerar seriamente ir en tu busca y saciar mi deseo donde quiera que te hubiera encontrado.
Pan estiró la mano y con suavidad le acarició la mejilla, las marcas de la risa cerca de su boca hasta que sus dedos rozaron sus labios.
-Te burlas de mí.
Trunks no respondió directamente a su suposición, pero le susurró.
-No tenía idea de cuán largo podía ser un siglo hasta que me encontré esperándote en el jardín.
Los delgados dedos subieron al puente de su nariz aquilina y siguieron su noble descenso.
-¿Cómo pasa el tiempo ahora?
-Me temo que demasiado rápido.
El pulgar de Pan desarmó un duro gesto en el entrecejo antes de que la punta de sus dedos se movieran, como con admiración, por su delgada mejilla.
-¿Qué puedo hacer para que se detenga?
-Quédate conmigo para siempre –le respondió.
Su mano hizo una pausa en su recorrido mientras sus ojos confluían en los de él, que la observaba si descanso.
-Sólo tengo un par de horas para estar contigo –advirtió Pan-. Debo regresar esta noche.
-Entonces cada momento que pase estará perdido para siempre – murmuró Trunks acercando la cara hacia la palma de su mano y depositando en ella un ardiente beso. Levantó la cabeza y acarició con sus labios el hermoso rostro que tenía delante del mismo modo que ella había recorrido sus facciones con los dedos-. Debo apresurarme a hacerte mía.
-Espero que no – suspiró Pan contra su boca-. Por el contrario, me gustaría disfrutar del tiempo que pasemos juntos y convertirlo en un recuerdo duradero que los dos podamos valorar. ¿No es mejor saborear el amor despacio para conservar cada medida del placer que nos ofrece?
Los labios de Trunks rozaron su frente y descendieron para sentir el pulso acelerado de sus sienes.
-Tu sabiduría me asombra, Pan. Si no es la experiencia, ¿cuál es la fuente?
-Mi madre –suspiró, jugando con las cintas de seda que cerraban su chaquetilla.
-Una mujer sabía. Debió de amar mucho a tu padre para abandonar su patria y todo lo que conocía para venir aquí con él.
-No fue un gran sacrificio considerando lo que sentían.- Un nuevo suspiro de tristeza se escapó de sus labios-. Ojalá los hubiera podido tener conmigo un poco más. La princesa Maron fue un pésimo sustituto y el príncipe N°17 es un lujurioso libertino. Aunque me hostigó con sus amenazas, considero un milagro haber escapado intacta hasta ahora.
-¿Sus amenazas? – preguntó Trunks levantando la cabeza para observarla mejor.
Bajo esa mirada inquisidora, Pan no pudo dejar de ruborizarse.
-El príncipe N°17 se encargó de aclararme que me quería en su cama, y me amenazó con serias consecuencias si me resistía.
-Aunque no puedo culparlo por desearte, aborrezco sus métodos de persuasión.
-¡Qué bien expresar mis sentimientos, Trunks!
Su boca abierta descendió para situarse encima de la de ella.
-Prefiero que vengas a mí por tu propia voluntad.
Las pestañas de Pan temblaron cuando cedió al ardor feroz de su beso, y fue un largo rato después que Trunks levantó la cabeza, dejándola en medio de suspiros de placer. En un susurro reconoció:
-Tus besos doblegan mi voluntad.
-¿Te satisfacen entonces?
-No, no me satisfacen –se quejó Pan, siguiéndolo con labios anhelantes hasta que se inclinó hacia él-. Hacen que desee más.
Con una risa suave, Trunks le quitó la capucha de la cabeza y regaló a sus labios suaves besos cálidos mientras sus dedos trataban de desatar los lazos de la capa. Cuando las cuerdas de seda se soltaron, empujó el terciopelo que le cubría los hombros dejando que la capa cayera sobre el asiento que estaba detrás de ella. Pan miraba a Trunks en la escasa luz preguntándose si se había equivocado al mostrar tanto. Contuvo el aliento mientras él levantaba un dedo y dibujaba con él lánguidamente los hombros, el cuello, el camino que conducía hacia abajo hasta encontrar el borde del vestido. Por un momento pareció contentarse con recorrer la línea del escote, hasta que Pan, temblando extasiada a la espera del instante en que se aventurara a ir más abajo, se acercó a él con los labios separados en busca de su boca. Era lo único que se le ocurrió para detener la exploración de su pecho, pero fue como combatir fuego con fuego. El beso se volvió más profundo, y alcanzó el verdadero centro de su ser de mujer despertando todos sus sentidos en la ávida búsqueda del dulce rocío.
Aún con sus labios en los de ella, Trunks alcanzó su cadera y deslizó una mano por debajo de sus glúteos llevándola sobre su regazo. Pan apenas tenía conciencia de algo más de ese beso, y no fue hasta que se echó hacia atrás para recuperar el aliento cuando se dio cuenta de que sus faldas ya no estaban debajo de ella. Podía sentir que sus glúteos se apoyaban con audacia en la ingle y en los muslos vestidos de terciopelo de Trunks. La conmoción la sacudió y la devolvió a la realidad de lo que había ido a buscar.
Al darse cuenta de su vulnerabilidad, Pan trató de abandonar el regazo, pero Trunks la detuvo con su poderoso brazo. Estaba muy ansioso porque quedara allí, pero era mucho más gratificante para sus sentidos tenerla sin esa innumerables capas de faldas y enaguas. Estaba seguro de que nada podía haberlo estimulado más que la propia sensación del peso de sus suaves muslos desnudos sobre él, excepto tener también los suyos sin ropa debajo de ella.
-No me dejes, Pan – murmuró contra su oído -. Me gusta sentirte cerca de mí.
En un intento por distraerla, Trunks la volvió a besar, esta vez sin reservas, entregándose por entero mientras exploraba la fortaleza de su resistencia. Su boca se estrelló contra la de ella, con una avidez desenfrenada, apoderándose de la dulzura embriagadora que poseía y exigiendo que ella le respondiera de la misma manera hasta que, lentamente, rechazara sus objeciones y le diera la que estaba buscando. A tientas al principio, mientras permitía que su lengua recorriera la boca de él; luego, con pasión al encontrar sus osadas estocadas con el mismo fervor.
Pan ansiaba una nueva muestra y se acercó más mientras sus labios acariciaban la boca de Trunks con golpecitos ligeros como los de una pluma. Él pareció echarse atrás, como si considerara con mucho cuidado esos besos juguetones. Con cierta decepción por su falta de entusiasmo, Pan entrecruzó los dedos por detrás de su cuello, y con los brazos apoyados en su pecho lo miró.
-¿Te aburren mis besos de novata? - le preguntó en un ligero susurro, confundida por su falta de ávida participación.
Trunks le sonrió ante semejante idea absurda.
-Estoy fascinado con todo lo tuyo, Pan, aunque en este momento encuentro que tu vestido resulta especialmente tentador.
Su mirada bajó a las pálidas redondeces de seda que se henchían bajo la suave coraza del corpiño. Aunque ella parecía no advertir lo que estaba revelándole al acurrucarse contra su pecho, Trunks sabía apreciar muy bien lo que las sombras dejaban entrever.
Cuando sus ojos se alzaron para encontrar los de ella, brillaron con el calor abrasador de dos carbones encendidos, y como Pan había querido, su boca abierta se apoyó en la de ella con la misma urgencia que, sólo unos momentos atrás, había echado abajo las barreras de su resistencia femenina. Pero esta vez Trunks estaba decidido a seguir adelante.
Con un sutil movimiento de la mano, separó la manga del hombro y continuó hacia abajo, impulsando el descenso de la prenda hasta liberar las deliciosas redondeces que se ocultaban bajo el vestido. Tomó uno de los senos con la mano y recorrió la piel suave y tibia, aplacando, por fin, los deseos madurados en sus sueños. Envalentonado por su falta de resistencia, bajó el corpiño un poco más, mientras el brazo que estaba detrás de su espalda le arqueaba la columna para elevar un poco más los pechos desnudos. La piel pálida y lustrosa brillo en la luz mortecina, y fue tan gratificante como un refinado festín después de un largo ayuno. Trunks estaba hambriento y bajó la boca con gula para devorar lo que había soñado tanto tiempo. Comenzó a recorrer con sus labios los valles y las colinas que tantas veces había imaginado. Pan no podía respirar con normalidad mientras la sed que Trunks tenía de ella la consumía. Sentía un fuego encendido en su interior que se volvía más ardiente con el terreno que había ganado. Lo deseaba todo.
Concentrada en saborear el éxtasis que despertaba dentro de su cuerpo, Pan no se dio cuenta de que la mano que Trunks tenía libre se deslizaba por debajo de las faldas, recorriendo el muslo y colocándose donde nadie antes se había atrevido a tocar. Si él la hubiera quemado, el efecto habría sido el mismo. Con una sacudida, Pan luchó por incorporarse, y se encontró con su boca otra vez cubierta por la de él. Así intentaba silenciar sus protestas. El calor de ese beso hablaba de su urgencia, pero que la tocaran de un modo tan íntimo hizo que Pan entrara en una vorágine de sensaciones ¡Era como ser abrasada por las llamas!
-¡Por favor, no! -alcanzó a decir liberando la boca. Colocó un brazo entre los dos, lo cogió de la muñeca y trató de detener su intrusión-. ¡No debes!
Con reticencia, Trunks retiró la mano, aunque precisó una gran determinación para refrenar su ardiente pasión.
Era como encerrarse en una jaula de acero que controlara sus instintos, para no poseerla en ese mismo momento. Aunque el calor de su repuesta lo había convencido de que ella estaba dispuesta, no era tan tonto como para pensar que podía forzarla y aún así darle placer. La idea de que con un poco de paciencia Pan podría convertirse en una amante que llegara a valorar tanto como a una esposa le fascinaba. Quería instruirla con sumo cuidado con las intimidades que disfrutaba una pareja que se amaba y hacerle sentir innumerables sensaciones que hicieran muy difíciles para ella separarse de él en el futuro. Con esa meta en mente, supo que tenía que tomarse su tiempo. Debía esperar un poco más.
-Ven, Pan -instó, mientras ella atravesaba su brazo sobre sus pechos desnudos para cubrirlos con la mirada. Trunks levantó la capa y la extendió en un gesto de protección sobre sus hombros, dándole así lo que tanto deseaba-. Cálmate, mi amor. No te haré daño.
Pan todavía temblaba por la conmoción que había sentido con su invasión y no estaba del todo dispuesta a dejarse convencer y relajarse contra su pecho. Deslizó una mano por la capa abierta y cubrió sus pechos con el vestido, pero no se atrevió a mirarlo por temor a que él captara un miedo diferente del que estaba esperando encontrar.
En ese momento, le pareció que iba a ser muy difícil poder escapar de su ardor, pues sus osadías parecían no tener límites ni reservas. Cuando su mano se deslizaba hacia el territorio prohibido, Pan había comprendido que él no tenía más que una cosa en mente. Por su vida, pudo ver que no había otra forma de evitar lo que él había iniciado a no ser retirándose de su presencia.
