Al parecer no llegó la notificación del capi 20, así que si están

leyendo este capítulo por favor primero lean el anterior.

Y como lo prometí. Aquí dejo el siguiente chap.

Disfrútenlo.

Y nuevamente, lamento la demora.


Disclaimer: ninguno de los personajes de ´Naruto´ me pertenecen, pero la historia es completamente mía.

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NOTA: "Pecadores" es mi primer fic largo, les pido paciencia ya que nunca he escrito una historia de capítulos.

ooo

El parque es grande, no tanto pero tiene un buen tamaño, hay muchos árboles grandes y por ende ardillas y palomas. No hay mucha gente, y la que hay son mayores así que estoy a salvo de que alguien me reconozca, aunque no me quito ni las gafas ni el sombrero, tampoco lo hace Cerezo.

Invito a Sakura a una limonada que venden en un carrito de perros calientes. Caminamos por unos minutos y después tomamos asiento en una de las banquetas que hay.

—Me sorprende que no te hayan descubierto —dice mientras vemos a las ardillas corretearse entre ellas.

—Bueno, ¿ese no es el punto de estar encubierto?

—No sólo ahora, sino todo este tiempo.

—Ah, ya entiendo.

—¿A ti no?

—Bueno, sí y no.

—Explícate. —pide.

—Pues, en este momento estamos centrados en el nuevo álbum, así que no hacemos nada "interesante" para la prensa.

—Ya veo.

—Además, ya pasamos los años salvajes.

—¿Años salvajes? —gira la cabeza para mirarme curiosa.

—Sí, ya sabes, los primeros años cuando la fama es nueva y haces tonterías. Ya sobrevivimos a eso —pero apenas y lo hicimos. Vaya que viajecito fue esa época.

—¿Muchas locuras? —pregunta volviendo a mirar las ardillas.

—Pues, sinceramente, sí. Esa época fue rara. No todo fue bueno pero tampoco fue totalmente malo, algunas mierdas fueron bastantes fuertes y difíciles.

—¿De verdad?

—Sí, casi perdimos el rumbo. Pero aprendimos a manejar la presión. —aunque Naruto casi lo joden por completo su adicción a los fármacos. Años difíciles. Aunque no sólo fue el rubio, los otros también estuvimos fuera de control. Yo tuve mi cuota de mierda. Toda esa cosa de los Anti-depresivos y los Depresivos te pueden volver mierda rápidamente—Y por otra parte ahora, quizás, soy el miembro más aburrido del grupo. No me gusta llamar la atención, me gusta mi privacidad.

—¿Eres el que mantiene un bajo perfil? Ya entiendo.

—Es eso o es porque hace poco cambie de auto, así que… —ella se ríe pero termina ahogándose con la limonada.

—Oh, cielos, esa estuvo buena.

—¿También te gusta el bajo perfil o sobresalir?

—La primera. —responde sin pensarlo—Cuando tienes a una abuela y mejor amiga como las que yo tengo, aprendes que es mejor guardar la calma.

—Te comprendo.

Nos quedamos hablando un tiempo más hasta que nos da hambre y vamos por el almuerzo.

Optamos por ir a una cafetería.

Hamburguesas y malteadas suenan bien.

Nos sentamos en una de las mesas del fondo y compartimos un buen momento. De esa forma me entero de que después del fiasco con el gato feral y de otros intentos de "mascotas", que incluyo hasta un mapache, Nana opto por la jardinería y horticultura porque las plantas no se ponen de mal humor y te atacan.

Sabia decisión.

Me pregunta que sí, aparte de Kurama, he tenido otras mascotas. Le aclaro que la bola de pelos no es mía y que no, nunca he tenido mascotas porque a mi padre no le gustaban. Pero como la casa de mis padres queda en una urbanización a las afueras de la ciudad y estaba rodeada por muchos árboles, siempre había animales cerca, y termine desarrollando un gusto especial por las aves. Mis favoritos son los Halcones. Podía pasar horas viendo las aves, principalmente cuando migraban. Y mis años como niño explorador no ayudaron mucho a disminuir mi aprecio.

Terminamos de comer y voy a la caja a pagar, el hombre que estaba delante de mí se gira y resulta ser un conocido. Es un productor musical que ha trabajado con la banda de mi hermano y con otros amigos de la industria. Estoy hablando un poco con él cuando Cerezo se acerca mirando su celular.

—Te espero en el auto. —dice sin dejar de hacer lo que sea que está haciendo.

—¿Ya olvidaste tus modales? A Nana no le va a gustar—bromeo.

—Oh, lo lamento —levanta la mirada y se congela.

—Sakura, te presento a…

—Hola, papá —dice fría y sombríamente.

¿¡Papá!?

Ok, estoy completamente perdido.

Ahora soy yo el que se congela. Salgo de mi estupor y miro entre ellos. Kizashi esta pálido y desconcertado. Sakura está impávida y lo mira como… bueno, como me mira mi padre. Ojos fríos, helados, inexpresivos. Hasta yo me siento incómodo y no soy el objetivo de esa mirada.

—Hola, Sakura —Kizashi trata de sonar normal pero falla—¿Cómo está tu madre?

—Muerta —¡Ouch! Eso fue aún más frio.

Y si el padre de Sakura parecía desencajado, ahora lo estaba más.

Esto cada vez se pone más incómodo. Como cuando mis padres discutían enfrente a mí y no me podía ir porque sabía que sería peor que si me quedaba, entonces sólo pretendía que estaba ocupado en algo más, como en el cuadro de Picasso que había en la sala. Tsk, gracias a esos malos momentos ya no soporto el cubismo.

—¿Mebuki murió? —creo que lo pregunta más por la conmoción que por otra cosa.

—Si. —Responde calmadamente—Te veo afuera —me dice, aun mirando a Kizashi. Y sin más se va. Dejando atrás el ambiente un poco pesado.

—Creo que mejor me voy —digo algo incómodo—Adiós —puede que no sea lo más educado pero siendo realistas a estas alturas nada puede mejorar las cosas.

Apenas pongo un pie fuera de la cafetería la tensión disminuye considerablemente.

Hallo a Cerezo recostada en la puerta del copiloto. Con la cabeza gacha y con los brazos cruzados sobre su estómago.

Me acerco y me paro frente a ella, nuestros zapatos tocándose.

Sakura toma aire, lo sostiene y lo expulsa lentamente.

—¿Nos vamos? —pregunto tentativamente.

—Si —dice con tono desaminado. Antes de que pueda abrirle la puerta, ella lo hace, toma asiento y la cierra. Voy al lado del conductor y hago lo mismo. Pongo el auto en marcha.

Hemos estado en silencio por unos minutos cuando de pronto ella dice: —No me lleves a casa, ¿sí?

—¿A dónde quieres ir?

—No lo sé, sólo no a casa.

—Bien.

Después de haber conducido por un rato, se viene a la mente un lugar en especial. Sin pensarlo dos veces, conduzco hacia allá.

Llegamos a uno de los miradores que hay en las colinas que rodean la ciudad. Ambos estamos en nuestros respectivos asientos sin decir nada, en completo silencio, sombreros y gafas fuera, mirando el panorama urbano que se extiende frente a nosotros.

No sé cuánto tiempo llevamos haciendo esto, pero por la pequeña incomodidad que estoy comenzando a sentir en mi trasero, supongo que son unos buenos minutos. No hay ruido que nos distraiga, sólo el sonido de algunos pájaros. Tampoco hay gente que nos moleste, bueno al menos no en otros autos, por ser las horas de la tarde no hay mucha actividad por aquí, la mayoría de las personas aún se encuentran en horario laboral, y las pocas que hemos visto subir lo hacen caminando y casi todos prefieren ir a la cima de las colinas y no los miradores a los miradores, los cuales yo prefiero porque los arboles dan sombra y porque, a decir verdad, hay mucho menos gente molesta.

Cerezo continua sin decir nada, al igual que en todo el camino hacia aquí, y por lo que veo no tiene la intención de hacerlo por lo pronto. Tampoco hago nada para cambiar la situación, lo peor que se puede hacer es iniciar una conversación unilateral, porque es obvio que no quiere hablar. Y quien mejor que yo para saber que lo único que se quiere en esos momentos es calmar la tormenta emocional que esta desatada por dentro. Por cierto que después de eventos tan fuertes, la mente corre a mil por hora y te hace ensimismarte o hacer tonterías. Aun no puedo creer que haya bebido de esa forma anoche.

Salgo del auto para darle tiempo a solas a Sakura, y porque ya se me entumieron las piernas y las tengo que estirar. Me acerco a la baranda y me apoyo en esta, me distraigo observando a los gorriones volar entre las ramas de los árboles, pelear entre ellos. También hay unas cuantas palomas y tórtolas, lo cual es un poco raro ya que están tan habituadas a la vida en la ciudad como nosotros los humanos. Mientras observo la fauna local, Cerezo se acerca a mi lado. Suspira. Y de la nada comienza a reír. La miro entre confundido y preocupado, ese exabrupto me desconcierta.

—Oh, cielos, ella enloqueció —susurro para mí mismo. Cosa que sólo la hace reír aún más fuerte.

—No estoy loca —me dice después de que termina, secándose unas lágrimas—Es sólo que estos dos días han sido de verdad extraños.

—¿Cómo es eso? —pregunto intrigado.

—Me llamaste en medio de la madrugada ebrio porque tuviste una horrible cena familiar y tuve que irte a buscar, lo cual no es algo muy normal en ti. Tampoco olvidemos el incidente del gato—bien… tiene razón en eso—Y después pasamos el día juntos, lo cual también es raro porque estas muy ocupado en estos días—eso también es cierto—Y después de casi veinte años sin saber de él, me encuentro a mi padre en una cafetería. Ni siquiera sabía si estaba vivo, y que posibilidad había de que viviéramos en la misma ciudad, ¿ah? Por eso me rio, porque todo eso no tiene sentido. Es una locura.

Bueno, al menos se ríe y no llora. No me siento cómodo en situaciones que involucren lágrimas. Si no me gusta llorar, ni hablemos cuando lo hacen los demás.

—Sí, supongo.

Nos volvemos a sumir en el silencio.

—Los padres apestan. —digo sin razón alguna, pero con toda la intensión.

—Si. No todos, sólo los nuestro, por lo que veo.

—Jump. Que deprimente, Cerezo. —digo tratando de alivianar la situación.

—Sólo es la verdad. Tu padre es… —me mira en busca de ayuda para encontrar la palabra correcta.

—¿Un hijo de puta? ¿Un desgraciado? ¿Un monstruo sin corazón? —comienzo a creer que los hámster son mejores padres, y eso que ellos se comen a sus hijos, sin embargo, eso es jodidamente mejor que torturarlos emocionalmente durante años.

—Y el mío… creo que ni lo puedo llamar padre, ¿no? Embarazo a mi madre, nunca estuvo mucho tiempo alrededor cuando era pequeña, siempre iba y venía, hasta que un día, sencillamente, desapareció. Y poco después mamá murió. —ahora sé el porqué de la falta de información sobre los padres de Sakura, no la había.

—Por lo menos tú tuviste a tus abuelos. Por mi lado, tuve a mi, algo desnaturalizado, hermano mayor. Créeme cuando te digo que él que no era mucho mejor, la suertuda eres tú.

—Mmm, viéndolo así, lo soy. Pobre de ti, Sasuke.

—Ni lo digas.

—¿Ya conocías este lugar o sólo apareció después de tanto conducir sin rumbo? —pregunta. Agradezco el cambio de tema.

—Vengo aquí desde niño, cuando invitaron a varios clubes de exploradores a hacer parte de la restauración de este lugar. Tuvimos que recoger basuras o esas cosas.

—Un momento, ¿fuiste niño explorador? —me mira extrañada.

—Si.

—¿Tú? ¿Sasuke Uchiha, la estrella de rock, alias el Sr. Oscuro y peligro, también recientemente conocido como Sr. Misterioso?

—Sí, ¿Por qué la sorpresa?

—Nunca te vi como uno de los niños buenos.

—No soy tan malo como lo imaginas. —me defiendo—Además dije que estuve en los exploradores, el resto lo supusiste.

—¿Ayudaste a las ancianas a cruzar la calle, vendiste galletas?

—Si y gane la medalla al mérito por civismo. Y no, no vendí galletas porque Naruto se las comía todas y su padre me las pagaba.

—¿Cómo se llamaba tu tropa? —oh, no. Eso si no se lo diré.

—Deja de ser entrometida, Cerezo. Acuérdate que soy muy privado.

—Oh, vamos, dímelo.

—No. Además no dure mucho como explorador, sola hasta que descubrí mi pasión por la música y me concentre de lleno en eso.

—Está bien, te dejare conservar ese secreto.

—Que considerada —ruedo los ojos.

—Lo soy, acuérdate que me crio Nana.

—Hablando de ella, ¿le contaras sobre Kizashi?

—Claro, de todas maneras se enterara. ¿Cómo? Ni lo preguntes porque no lo sé. Ella siempre se entera de todo. A veces creo que es bruja.

—Yo la veo más como una espía. —después de mucha reflexión, lo hago.

—Tal vez lo sea. Con mi abuela nunca se sabe —se encoge de hombros—¿Ahora qué hacemos? ¿Qué tienes en mente? —pregunta.

¿Qué no tengo en mente? ¿Un lugar algo oculto, un auto, lejos del público? Se presta para muchas cosas. Soy bastante creativo. Aunque dudo que ella se refiera a ese tipo de ideas.

—No sé —miento. Mejor opto por la diplomacia— ¿Qué quieres hacer?


Espero que les hayan gustado.

Bueno, ahora sabemos las respuestas a la incógnita sobre los padres de Sakura.

Nos leemos pronto.