Lo había visto en miles de películas y había empezado a pensar que tan solo ocurría en la ficción, que los chicos no se arrodillaban para pedir matrimonio o que directamente, ni siquiera pedían matrimonio. Pero allí estaba Sam, delante de ella, junto a su cama, arrodillado y mostrándole un anillo.

"Se que es un poco precipitado, teniendo en cuenta todo lo que ha pasado y que apenas nos conocemos. Pero siento que eres la mujer que mi vida. Lo se y no voy a dejarte escapar."

"Sam…" Dijo Lindsay con una enorme sonrisa en los labios y las manos temblorosas. "Es una locura. ¿Cuánto hace que estamos juntos? ¿Cómo puedes saber que me quieres así sin más?"

"Lo se, pero has visto que hemos estado a punto de morir, tu has estado a punto de morir y casi no había tenido tiempo de decirte lo que realmente sentía por ti. Te quiero Lindsay Singer y quiero pasar el resto de mi vida contigo."

Con movimientos más lentos de los que le hubiera gustado, Lindsay se sentó en la cama y tomó las manos de Sam entre las suyas, aunque casi no pudo cubrir las dos con sus pequeñas manos.

"Yo también te quiero y sería la mujer más afortunada del mundo si pudiera pasar toda mi vida a tu lado. Sólo espero que cuando mi padre se entere de que estamos comprometidos no decida matarte."

"¿Eso quiere decir que quieres casarte conmigo?"

La mayor de las sonrisas apareció en el rostro de Lindsay. Nunca se había sentido tan feliz en toda su vida y por un momento el dolor por la herida, también desapareció cuando Sam la abrazó, con mucho cuidado para no lastimarla.

"Claro que si." Se besaron intensamente, como si no hubiera nada más importante en sus vidas. Tan sólo estaban ellos y su futuro, por un momento no había demonios, ni nada que pudiera lastimarles.

"¿Cuándo se lo diremos a los demás?"

Sam se sentó en la cama y esperó a que Lindsay se acomodara sobre él, la rodeó entre sus brazos y le besó en la mejilla.

"No lo se, pero espero que no me hagas pedirle la mano a Bobby, si ya le ha costado aceptar que estamos juntos, no se como vería que nos vamos a casar."

"Que gran noticia."

Sobresaltados, los dos se dieron rápidamente la vuelta.

"Castiel, ¿podrías avisar cuando llegas? Además, queríamos que fuera una sorpresa para todos." Sin embargo, el ángel no se inmutó, ni siquiera parecía haber cambiado su expresión por la noticia. "¿Qué ocurre? ¿Va todo bien?" Preguntó Sam, preocupado por su amigo.

"Ese demonio… ¿de verdad era tu hermano, un ángel?" Castiel asintió en silencio. "¿Y que pasó?"

Para Lindsay todo aquello de los ángeles y los demonios, pese a ser hija de un cazador, todavía le venía realmente grande, había escuchado a Bobby hablando con su madre sobre las criaturas que cazaba y todo eso, pero hasta hacía poco ni él mismo conocía la existencia de los ángeles, así que jamás había oído hablar de ellos.

Por eso, contempló a Castiel como si fuera una criatura extraña, que lo era, pero también físicamente. Se preguntó como sería su verdadero aspecto físico o si como decían los relatos antiguos, ver su rostro significaba morir fulminada.

"¿Dean lo sabe? Quiero decir, en todo este tiempo, en estos diez años, ¿Nunca has hablado con él?"

Castiel se movió ligeramente nervioso por la habitación. Era cierto, jamás había hablado del tema con nadie, ni cuando había tenido una relación más estrecha con Dean y Sam se había atrevido a contarles nada. Eran sus amigos, pero creía que no comprenderían lo que había tenido que hacer.

"Los seres humanos no comprendéis muchos de los comportamientos de los ángeles. En ocasiones tenemos que hacer cosas que no son bien vistas por vosotros." Sam y Lindsay escucharon en silencio. "Mi hermano… no sabía aceptar las normas, no le gustaba seguir las normas de mi padre y pronto nos dimos cuenta que no iba a ser una buena influencia para vosotros."

Mientras hablaba, Castiel se fue dando cuenta que empezaba a sentirse liberado, tanto tiempo guardando un terrible secreto y por fin parecía tener sentido todo lo hecho y vivido. Tal vez no había sido lo más acertado, pero hasta ahora no se había dado cuenta realmente.

"Teníamos que protegeros, mientras nuestro padre estuvo allí, los ángeles teníamos ordenado protegeros bajo cualquier circunstancia. Erais sus creaciones, sus hijos y nuestro padre quería que os mostráramos el camino." Castiel llegó hasta la ventana y miró el horizonte. "Sin embargo, no todos estuvieron de acuerdo, Lucifer fue el primero en levantarse contra aquella orden, pero le siguieron otros."

"El demonio fue uno de ellos." Sam rodeó con fuerza el cuerpo de Lindsay, ella le contestó con un pequeño suspiro de alivio.

"Si, pero entonces no era un demonio."

"¿Cómo se llamaba?"

Castiel guardó silencio y luego se dio la vuelta, dejó caer todo el peso de su cuerpo sobre el marco de la ventana y se cruzó de brazos. No dijo nada, tan sólo clavó los ojos en Sam, como si el muchacho tuviera que saber la respuesta esa pregunta. Bajó por fin la mirada, ¿Qué iba a saber Sam? No se podía creer que se sintiera celoso de la relación de hermanos que tenían Dean y Sam. Pero era cierto, estaba celoso, tenía envidia por ver como arriesgaban la vida mutuamente por el otro, sin importar lo que pudieran perder por el camino.

Una vez habían sido así, cuando los humanos todavía no eran homo sapiens siquiera, cuando ellos no tenían que proteger a nadie y cuando no habían tenido que tomar un bando u otro, a favor o en contra de su padre.

"¿Cass?"

"Hace mucho tiempo de eso, hace siglos que no me preguntaba nadie por su nombre y casi lo había olvidado." Sonrió con tristeza; había cometido demasiados errores en toda su existencia, muchos por seguir ciegamente las instrucciones de gente como Michael y otras como ahora recordaba que le había ocurrido con su hermano, por no intentar confiar un poco más en la familia. "Su nombre era Daniel."

"¿Cómo el profeta del antiguo testamento." Lindsay se dio la vuelta y miró a Sam. "¿Qué pasa?"

"Ahora entiendo porque tu hermano dice que eres demasiado listillo a veces."

"¿Eso dice? Tendré que hablar con Dean." Besó a su novia hasta que notó los ojos de Castiel clavados en él. "Perdona, acabamos de prometernos, ya sabes, la euforia de los primeros momentos." Castiel se mantuvo impasible. "¿Por qué no te mostrarte a Dean en todo este tiempo y si a los niños? Después de que yo… mi hermano hubiera agradecido un amigo cerca y tu, Cass, siempre has sido su mejor amigo."

"Lo se. Pero no podía estar cerca de tu hermano y mirarle a la cara. Soy un ángel, estaba protegiéndoos pero no me di cuenta por lo que estabas pasando. Dean cree que te falló, pero no fue culpa suya."

"Cass."

"Estuve siempre pendiente de Dean, vigilándolo y más de una vez temí que cometiera una estupidez."

Lindsay notó las manos de su novio apretando sus brazos con fuerza y escuchó que contenía la respiración. Frotó sus brazos y mejilla y le besó cariñosamente. En el tiempo que hacía que conocía a los hermanos, se había dado cuenta de la estrecha relación que había entre ellos; algo mucho más grande que el simple cariño, que más se parecía a la devoción que a cualquier otra cosa.

Lo cierto era que el menor de los hermanos, ya había pensado en eso. Ya se le había pasado por la cabeza, la posibilidad de que Dean no hubiera sido capaz de seguir con su vida por si mismo, una vez muerto él. Sin embargo, siempre lo había rechazado, por resultarle demasiado macabro.

"¿Dean intentó… alguna vez…?"

"No lo hizo, pero se que lo pensó." Al escuchar la respuesta de Castiel, Sam apretó todavía más el cuerpo de Lindsay, hasta casi hacerle daño. "No tuve más remedio que entrar en su mente y averiguar si tenía pensamientos suicidas."

"Y lo pensó."

"En más de una ocasión si. Pero hasta que conoció a Carolina, tu fuiste siempre la única razón para no hacerlo." Lindsay acarició de nuevo su mejilla y se acurrucó entre los abrazos de Sam. "Temía defraudarte si tiraba la toalla."

"¿Cómo pensaba hacerlo?"

"Sam, no pienses en eso cariño." El cazador bajó la mirada hasta Lindsay y trató de sonreír, volver a ser feliz como veinte minutos antes y sentirse protegido por aquella joven enfermera que apenas podía rodear su cuerpo con ambos brazos. "No lo hagas más difícil, se trata del pasado, mi amor, Dean está bien, tu estás bien; mírame a mi, yo estoy bien también. ¿No te parece suficiente?"

Sam le contestó con un beso en los labios y un abrazo; la rodeó con sus brazos, pero al hacerlo miró a Castiel. "Tienes razón, Dean no me ha vuelto a preguntarme por lo que yo hice, así que no tengo que hacerlo con él."

Castiel comprendió esa mirada, por mucho que hubiera pasado el tiempo, los años que habían pasado luchando hombro con hombro, le habían permitido conocer cada una de las expresiones de los cazadores. Sam no se iba a quedar tranquilo con eso, quería volver a hablar sobre lo que había hecho Dean o lo que realmente no se había atrevido hacer.

Le daba miedo saberlo, igual que le daba miedo tener que llegar a contar el momento en el que decidió quitarse del medio para evitar que Lucifer ganara aquella guerra, pero los secretos entre Dean y él no habían hecho más que producir daño a la larga. Los dos tenían que saber la verdad y Castiel todavía tenía que contarles muchas cosas.