Los personajes pertenecen a Suzanne Collins, la Historia es 100% original; cualquier parecido con alguna otra es mera coincidencia.
Capítulo 21
Peeta tira de mi hacia la salida de los servicios, al espiar por la puerta me doy cuenta que absolutamente nadie pone atención a la puerta del servicio de damas de la cual ha salido una pareja. Peeta me toma de la cintura ya que mis piernas flaquean al caminar. Peeta ha sido muy astuto al poner frente a la puerta por la cual salimos un anuncio de limpieza del servicio, no pasar. Justo cuando estamos por subir al Porsche me doy cuenta de algo.
— Peeta no le hemos avisado a tus hermanos. — Sentada en el asiento del copiloto Peeta se acomoda en su lugar y en su rostro se dibuja una torcida y encantadora sonrisa.
— Les avisare cuando lleguemos a Torre León. — Arranca el coche y pisa el acelerador a fondo haciendo que varios conductores suenen el claxon de sus coches.
— Y tampoco pagaste la cuanta.
— Finick es socio del bar, las bebidas de él y sus acompañantes son gratis, asi que no te preocupes.
Más pronto de lo esperado llegamos a Torre León, dejamos el coche en el cajón que nos corresponde, Peeta abre la puerta del coche para mí y me ayuda a salir. Llegamos a los ascensores y presiono el botón del ático.
Peeta no soporta mucho tiempo la distancia entre nosotros y se acerca a mí con paso decisivo, toma mi rostro entre sus manos y estampa su boca con la mía, yo envuelvo mis brazos a su cuello y abro mi boca. Empezamos un apasionado beso en el que solo se escuchan nuestras respiraciones aceleradas. Nuestras lenguas juegan la uno con la otra, se tantean, se seducen y se enredan apasionadamente. Peeta baja sus manos por mi espalda hasta llegar a ni trasero, lo aprieta para después deja sus manos en mis caderas y las acerca a la suyas sintiendo en plenitud su erección. Gimo. Y de repente el beso termina abruptamente.
— No lo hagas, de lo contrario jamás llegaremos a nuestro destino.
Las puertas del ascensor se abren, Peeta toma mi mano y me arrastra por el departamento hasta llegar a nuestro destino. Abre la puerta de su habitación, me jala para que entre y cierra la puerta de una patada.
Cuando quiero ir a la cama Peeta me toma por los brazos y me estrella contra la pared más cercana a nosotros. El hambriento beso que protagonizamos en el ascensor regresa y nuestras bocas están unidas de nuevo. Aplasta mi cuerpo con el suyo y sus manos acarician todo mi cuerpo; pasa sus manos a mis caderas y después a mi trasero, lo aprieta y dibuja círculos en esa parte. Yo me dejo llevar, pero mis manos no están quietas, con sumo esfuerzo he desabotonado la camisa de Peeta, la quiera deslizar por sus hombros pero sus manos están entretenidas con mi trasero.
— Despégate un poco…. — Gimo. —…para quirate la camisa.
Me obedece pero no solo le quito la camisa, desabrocho su cinto y el botón de los pantalones. El ansia de Peeta no es la más paciente del mundo y sus manos vuelven a la carga, su boca ahora está en mi barbilla, chupando y mordisqueando a su paso. En un momento dado las manos de Peeta pasan a mis muslos y los sube para que nuestros genitales se rosen. Ahora Peeta me carga a horcajadas contra la pared. Tengo miedo a que me deja caer, asi que enredo mis brazos a su cuello. Peeta besa el lóbulo de mi oreja y gimo nuevamente. Brevemente escucho mis zapatos caen al suelo.
— Manos arriba Preciosa, te quiero desnuda.
Haciendo caso al hombre que me tiene presionada contra la pared, subo mis manos en todo lo alto. Peeta toma las puntas de mi vestido, que ahora está arremolinado en mi cintura y me lo quita, lo arroja sobre su espalda y cae al piso hecho bola. Ahora estoy frente a Peeta acorralada contra una pared y su espléndido cuerpo completamente desnuda, mi sexo palpita de necesidad y Peeta lo nota.
— Toma ni cuello y enreda tus piernas a mi cintura.
Tomando mis muslos Peeta se aleja unos cuentos centímetros de mí, solo los suficientes para liberar a su necesitado sexo; se pone un condón y me mira a los ojos.
— Agárrate fuerte Preciosa, esto va a ser un poco rudo.
Justo cuando termina de hablar me penetra de una sola estocada. Grito y me sacudo por sus fuertes estocadas. Entra y sale de mí a una velocidad de vértigo, todo mi ser tiembla por las sensaciones que provoca Peeta a mi cuerpo. Las manos de él no dejan mis muslos y mis manos jalan el cabello debajo de su nuca. El choque de nuestros sexos y nuestros gemidos y jadeos se escuchan en toda la habitación.
Peeta me advirtió que iba a ser rudo, pero se quedó corto, esto es sexo salvaje en estado puro. Su erección entra y sale de mí y por la posición en la que estoy llega profundamente a mi interior. De un momento a otro deja mis muslos y con la mirada me advierte que me sujete fuerte.
Ahora las manos de Peeta están sobre mis senos acariciando con los pulgares los pezones erguidos por lo que estamos haciendo.
— No te sueltes Preciosa, viene lo mejor.
Con un fuerte pellizco a mis pezones, aleja sus manos de mí y las apoya en la pared. Nuestras bocas se encuentran y nuestra respiración se acelera, Peeta se traga todos mis jadeos y eso me excita más de lo que espero, pero un frito ronco y alto sale de mi boca y la alejo de la de Peeta, ahora sus infames caderas de estrellan contra mí haciendo círculos con ellas, mis gritos de placer aumentan mientras su grandioso pene encuentra el punto sensible en mi interior, Peeta sonríe con suficiencia y malicia y sus caderas no se alejan de ese punto, las estocadas ahora sin más fuertes y mi sensible punto traicionero aumenta más de lo debido mi devastador orgasmo. Peeta lo nota y arremete sin piedad contra ese sensible punto, unas estocadas más certeras y mi orgasmo llega, esta vez es intenso y todo mi ser tiembla. Peeta no aleja sus caderas de mí pero en cuento mí interior sufre los espasmos de mi orgasmo, la liberación no tarda en llegar, se queda quieto dentro de mí y ahoga su grito en la curvatura de mi cuello.
Los dos estamos exhaustos y sudorosos por el esfuerzo. Cuando nuestras respiraciones vuelven un poco a la normalidad busco su mirada y la encuentro en poco tiempo. Le sonrió y él me mira extrañado.
— Así que, Señor Mellark, eso significaba Duro contra el Muro.
La carcajada de Peeta no se hace esperar y con la de él la mía lo acompaña. Suavemente me despega de la pared y me carga a horcajadas hacia la cama. Me deposita suavemente en ella y sale de mí para tirar el condón.
— Eso fue una clara explicación de su teoría antes mencionada Señorita Everdeen. — Se quita el resto de su ropa y zapatos y los arroja al suelo. — Y dejándonos de bromas, ¿cómo estás?
— Si te digo que estoy exhausta, cansada, siento mis brazos como gelatina y que dudo mucho que mañana me pueda poner de pie sin ayuda… ¿me creerías?
— Siendo sincero, sí. — Se coloca sobre mí. Sus muslos abren mis piernas y se cuela entre ellas. Nuestros torsos están tocándose y sus manos se colocan a mis costados. — Y me encanta que te sientas así. Eso te hace saber que solo yo he estado dentro de ti y que me perteneces. Eres mía Katniss, jamás lo olvides.
— Soy tuya.
Y tratando de hacérselo saber, acerco su boca a la mía y lo beso delicadamente, pero mis ojos no están cooperando mucho en este momento y se están cerrando sin ningún remedio.
— Descansa Preciosa.
— Pero es muy temprano. — Un bostezo descarado es la respuesta que mi cuerpo le da a Peeta
— Considerando la actividad de las últimas tres horas, tu cuerpo siente que son las tres de la madrugada. Descansa. — Siento como el cuerpo de Peeta se aleja de mí y mis brazos se aferran a su cuello.
— No te vayas aún Peeta. No hasta que me duerma.
— Siempre.
Un suave beso en mi frente y una caricia por mi mejilla es lo último que siento.
Al parecer Peeta tenía razón porque cuando abro los ojos el sol de la mañana se cuela entre las ventanas del ventanal de la habitación de Peeta. Por cierto que cumplió su palabra, sus brazos están alrededor de mí y no sé cómo llegue yo a recostarme sobre su torso, uno de mis muslos está sobre sus caderas, uno de mis brazos rodean el amplio torso de mi acompañante.
Con uno de mis dedos dibujo el torso de Peeta mientras me recreo con la tableta de chocolate que tiene por abdomen. Levanto el rostro y veo a Peeta sonreír, prueba de que ya está despierto.
— ¿Entretenida? — Sonríe ampliamente y me coloca a horcajadas sobre él. Nuestros ojos se encuentran y le sostengo la mirada.
— Mucho.
— Me agrada que lo estés. — Me besa dulcemente en la boca mientras sus manos vagan perezosamente sobre mi espalda hasta detenerse en el límite de mi trasero y la espalda baja.
— ¿Qué vamos a hacer hoy? — Pregunto inocentemente.
— ¿Qué quieres que hagamos?
— No lo sé. Tú eres el que vas a pagar. — Socarronamente le muerdo el labio y tiro de él.
— Mmm, por eso el beso… si me das a elegir que hacer hoy, te recomendaría que te pusieras cómoda porque no te dejaría salir de la habitación hasta la mañana siguiente.
Mis ojos se abren como platos y ya siento que la erección de Peeta quiere encontrar mi cavidad húmeda para hundirse profundamente en mí. Peeta nota mi reacción y me tranquiliza son suaves carisias en mi espalda.
— Desgraciadamente Preciosa, tengo una llamada importante por hacer dentro de tres horas. Si quieres puedes arreglarte para salir a comer a alguna parte fuera. En cuanto termine la llamada decidimos que comer.
— Me parece bien.
— Ahora, ¿cómo estás? — Me sonrojo fuertemente, pero quiero ser valiente y le sostengo la mirada a Peeta.
— Bien.
— ¿Te sientes adolorida?, ayer fui un poco rudo. — Ladeo mi cabeza y le hago una mirada interrogatorio.
— ¿Rudo?, lo de ayer fue salvaje, sexo en estado puro. — Me sonríe y ahora el ladea la cabeza imitando mi cuestionamiento.
— Y… ¿Te gusto?
— Si, diría que es lo mejor que hemos hecho.
— Mmm asi que a mi preciosa Katniss le gusta hacerlo salvaje y fuerte. — Si mis mejillas eran rojas ahora lo son más.
— Es lo que me has enseñado, no tengo nada con que compararlo. Asi que no tienes por qué molestarme por eso. — Trato de sonar molesta pero la estúpida sonrisa en mi boca hace la tarea poco creíble.
— Y me gusta que yo sea el único. — Cambio de conversación, despues de todo no comí nada anoche.
— ¿Tienes hambre?
— De ti, siempre.
— De comida Mellark
— De eso también.
— Bien , porque tengo hambre también.
— ¿De mí? — Peeta se muerde el labio seductoramente, pero dos pueden jugar este juego.
— De ti siempre.
Un beso en los labios y me bajo de su cuerpo, busco su camisa, me la pongo y salgo de la habitación rumbo a la cocina. Ahora deje a un aturdido y excitado Peeta en la cama, y sé que su venganza será implacable; pero ahora quiero que sea implacable con mi cuerpo. ¿Estará algo mal en mí?
Varios minutos después, Peeta emerge de la habitación con un pantalón de pijama, el desayuno está casi listo, y la mesa ya está puesta.
— Eso huele delicioso.
— Gracias.
— Tienes varios talentos Preciosa.
— Solo soy una simple mortal.
— Y eres toda mía.
Mi sonrojo vuelve. Sirvo el desayuno en dos platos y nos disponemos a comer.
Cuatro horas después del desayuno me visto después de una larga ducha, Peeta después del desayuno se encerró en su despacho y no lo he visto salir. Decido que unos jeans de mezclilla, una blusa ajustada con cuello en pico color rojo y unas zapatillas del mismo color complementan mi atuendo. Mi cabello lo he dejado suelto y las ondas se dibujan sobre este disimuladamente, maquillaje muy natural y un vistazo en espejo terminan por dejarme satisfecha. Me he arreglado en mí habitación, asi que tengo que bajas para encontrarme con Peeta.
Como siempre él ya está listo antes que yo y ya me espera en la sala de estar con un atuendo muy casual. Los jean ajustados dibujan deliciosamente su apetecible trasero, la camiseta blanca marca cada uno de los músculos de su delicioso cuerpo. Me detengo y lo escaneo con la mirada una mirada lascivia; ahora que lo pienso, su idea de no dejarme salir de la habitación durante el día es más apetecible en este momento.
— ¿Le gusta lo que ve Señorita Everdeen? — Me sobresalto al oír su voz, Peeta por el contrario me sonríe con todos sus dientes y me tiende una mano para que me acerque a él.
— Simplemente estaba admirando el paisaje.
— Yo hacía lo mismo.
Deposita un casto beso en mis labios y me lleva al mullido sofá que hace una semana estrenamos juntos.
— Y…¿Qué planes tienes Preciosa? ¿A dónde quieres ir a comer?
Ir a comer. La simple oración me trae recuerdos no muy gratos, pero quiero ir a un solo lugar.
— Quiero comer una hamburguesa, de la cadena de restaurants de la estrella. — Peeta alza las cejas en clara respuesta y me observa pensativo.
— Sabes que podemos ir a cualquier restaurante que elijas, desde el más simple al más sofisticado y tu simple eliges comer hamburguesa. ¿Puedo preguntar porque?
— Me trae ciertos recuerdos.
— ¿Qué clase de recuerdos?
— Unos que viví durante mi adolescencia.
— Ilumíname.
Esto es difícil de decir, pero Peeta es tan abierto conmigo que quiero hacer lo mismo. Mi valentía sale a flote y empiezo la cruel historia.
— Cuando mi hermana y yo éramos niñas, y llegaba el día de nuestros cumpleaños, mi padre solía llevarnos a cenar después de la escuela, siempre elegíamos la cadena de restaurantes que te mencione porque nos gustaba jugar y comer hamburguesa. Cuando mi papá murió todos estábamos devastados, más mi madre, pero lo peor no fue eso. Tres meses después de la muerte de mi padre llego el cumpleaños de Prim, ella por supuesto quería ir a comer hamburguesas, pero algo había cambiado; con el dinero que mi papá nos dejó al morir, lo empleamos en pagar la hipoteca de la casa en la que vivíamos, asi que nos quedamos sin dinero para comer. Prácticamente vivíamos al día y no había dinero para cumplir el deseo de Prim. Ella me pidió que la llevara a comer y yo solo le dije que esperara. — Las lágrimas salen de mis ojos y ruedan por mis mejillas. — Ese día no llegue a mi casa hasta altas horas de la noche. Encontré a Prim vestida con su vestido favorito para ir a cenar. Ella se había arreglado para celebrar su cumpleaños, Peeta y yo no pude cumplir su deseo. A la mañana siguiente salió de su cuarto con la sonrisa más radiante que le conocía y me abrazo y me dijo que no importaba que yo no hubiera llegado, que el siguiente año saldríamos a comer… — Mis lágrimas salen de mis ojos desesperadas, y mi voz ya está entrecortada gracias al llanto. — ¿Peeta, como le dices a una niña de seis años que no hay dinero para celebrar su cumpleaños?, ¿Cómo la miras a los ojos sin que te parta el corazón la confianza que tiene en ti mientras le dices que el siguiente año la llevaras a donde quiera? Y ¿Cómo le dices que la comida que hay en su mesa en realidad son los desperdicios de comida del lujoso restaurante al que solías ir cuando tenías una familia?, ¿Cómo se lo dices Peeta?, ¿Cómo?
Peeta me carga en su regazo y me arrulla como si fuera una niña pequeña, me aferro a su camiseta y lloro desconsoladamente. El abrazo de Peeta es fuerte y reconfortante. Hace mucho tiempo que nadie me abraza así; desde que mi padre murió y deje de confiar en mi madre. Ningún abrazo me ha hecho sentir tan a salvo. Y ahora los brazos de este hombre son mi salvavidas que nunca dejare de abrazar.
— Tranquila Katniss, aquí estoy yo para protegerte. — Sus palabras me calman y la respiración tranquila de Peeta me ayudar a tranquilizarme más rápido. — ¿Comiste desperdicios cuando eras niña Katniss?
— Si, el dinero no abundaba en mi casa después de la muerte de mi padre, y las ocasiones en las que nos ayudaban con una comida decente sobre la mesa fueran escasas.
— Dios, ¿Cómo pudiste pasar por eso?
— Sobreviví, y gracias a eso soy muy fuerte.
— No lo dudo. ¿Prometes que si te llevo a comer a ese restaurante dejaras de llorar y me regalaras una sonrisa y un beso? — Como siempre Peeta cambia mi humor de un segundo a otro, busco su mirada y esta es consoladora y comprensiva le sonrió animadamente y me devuelve la sonrisa. Enredo mis brazos a su cuello y lo beso castamente, este me devuelve el beso y mordisquea mi labio inferior cuando trato de separarme.
— Asi me gusta. — Limpia con sus nudillos las lágrimas que se quedaron atrapadas en mis mejillas y me levanta para ir al ascensor.
Esta vez vamos en el Merc deportivo de dos asientos y el viento sopla en nuestra cara. Llegamos al restaurante de comida rápida y ordenamos, teniendo nuestro pedido en mano tomamos asiento muy cerca del área de juegos y comenzamos a comer.
No pasa mucho tiempo cuando un niño de cabello cobrizo y ojos verdes pasa corriendo por nuestro lado y cae de bruces en el suelo, su llanto parte el alma de Peeta que se levanta precipitadamente de su asiento, corre a levantar al pequeño y lo inspecciona, pero el niño no se deja examinar por Peeta y hace muecas de dolor, Peeta toma unas cuantas french fries y se las entrega al pequeño. Este empieza a comer y deja que Peeta lo examine, aparentemente no tiene nada, solo un moretón en su rodilla derecha a causa del golpe.
— Bueno no tienes nada campeón, ¿cómo te llamas? — Pregunta Peeta con una sonrisa y su rostro cambio, al parecer se preocupó por el pequeño porque ahora est más relajado.
— Charlie.
— Buen nombre para un chico valiente.
Una mujer de cabello cobrizo, ojos verdes y el rostro de preocupación se acerca a nosotros.
— Charlie, ¿estás bien?
— Sí mamá. — Los ojos verdes de Charlie destilan arrepentimiento.
— No tiene ningún rasguño severo, solo un pequeño golpe en la rodilla. — Dice Peeta mientras le entrega a Charlie a brazos de su madre.
— Muchas gracias señor.
— No se deben. — Peeta sonríe y clava sus ojos azules en los verdes del pequeño. — Y tú me vas a prometer ya no correr en los restaurantes ¿Cierto?
— Sí, señor. — Peeta extiende la mano y la estrella con la del pequeño haciendo que este ría de alegría, después se pegan con el codo y Peeta le acaricia la cabeza de nuevo.
— Provecho. — Nos desea la señora cuando se va con Charlie en brazos, pero después se voltea y nos sonríe ampliamente. — Van a ser unos padres maravillosos, además que sus hijos serán preciosos porque los dos están guapísimos. Hacen una bella pareja.
Con los deseos de la mujer mi rostro se vuelve escarlata de vergüenza. ¿Niños?, una vez que mi padre murió y mi hermana y yo sufrimos lo que sufrimos, prometí jamás hacer pasar a los seres que quiero a semejante descuido. Cuando levanto la cabeza Peeta me observa y me sonríe alegremente.
— ¿No te gustan los niños Katniss?
— No sé, nunca he tenido uno. Solo mi hermana Prim
— Pero cuando piensas en el futuro… ¿los hijos son parte de él? — ¡Oh no!, por la reacción de Peeta con el pequeño estoy segura que el futuro de él incluye niños corriendo por toda la casa.
— Nunca me he puesto a pensar en mi futuro, siempre pienso en el de Prim antes que en el mío.
— ¿No piensas tener familia?, ¿Un esposo, hijos? — No, grito internamente, pero… ¿Y si el esposo llega a ser Peeta y mis hijos tienen ojos azules y cabello rubio?, ¿Seguiria con la misma respuesta?
— No a corto plazo, tal vez dentro de algunos años más…
— ¿Cuántos aproximadamente?
— No lo sé…
El móvil de Peeta suena e interrumpe la conversación que teníamos y yo lo agradezco profundamente.
— Annie… — El rostro de Peeta pasa de la felicidad a la angustia en un nano segundo.
— ¿Pero qué pasó exactamente? — Escucha atentamente a Annie pero se desespera.
— ¿Seneca esta con él? — ¿Seneca?, algo malo pasa con su hermano estoy segura.
— Estoy comiendo con Katniss, vamos a Torre León. Tranquila y tranquiliza a Johanna, esto no es su culpa, todo va a estar bien. Tranquila Annie los cuatros estamos en esto.
Peeta cuelga y guarda su móvil. Y se pone de pie.
— Katniss lo siento, pero mi papá se puso enfermo en Boston. Seneca esta con él pero Annie y Johanna están preocupadas. Johanna se culpa por estar en Chicago y no en Boston con mi padre ¿me perdonaría si interrumpimos esta comida y vamos al ático?
— No hay problema Peeta, Vámonos.
Me pongo de pie a su lado y salimos del restaurante, antes de abrir la puerta para mí Peeta me abraza por la cintura y me atrae hacia él, me besa profundamente mientras sus manos vagan por mi espalda. Unos minutos después terminamos el beso y me mira a los ojos.
— Gracias Preciosa.
— ¿Por qué?
— Por estar conmigo.
Gracias por leer. Y ahora un pequeño informe a las personas que siguen esta historia.
Como saben actualizo miercoles y domingos, pero el miercoles y el domingo siguientes voy a estar algo ocupada con mi familia. Como puedo atrasar la publicación de los capítulos los puedo adelantar, no se hasta ahora como lo voy a manejar, pro no se angustien, no dejare la historia, ademas hasta ahora no los he defraudado... ¿Verdad?, siempre publico dos capitulos por semana.
De nueva cuenta, gracias por leer y recomienden la historia. Espero sus comentarios y nos leemos hasta la próxima.
