Volví a sufrir el mareo de aparecerse en otros sitios, pero lo ignoré. Ethan vio de lejos que yo tenía otra tarea que realizar de modo que se despidió de mí con un espero que nos volvamos a ver algún día. Yo le dije lo mismo –como pude- y corrí allí donde estaba el cuerpo de Elara. Estaba llevando mis fuerzas al límite con tanto correr de arriba abajo y, a pesar de temer alguna desgracia por ello, seguí corriendo.

Finalmente llegué al lugar donde me llevó Elara antes de pasar su alma a la Vara de Plata. Ahí mis piernas ya no lo soportaron más y se vinieron abajo, provocándome una caída que me obligó a arrastrarme a cuatro patas hasta estar casi pegado al cuerpo blanco de la dragona.

Lo primero que hice fue coger la Vara de Plata por los dos extremos y hacer presión hasta que se quebrara. Algo me decía que la fuerza para romper la varita no debía ser muy grande, aunque con el cansancio que llevaba encima me parecía una tarea titánica. En un último intento conseguí que el palo se partiera en dos, dando lugar a un destello blanco como la vez en la que Elara dio su alma. Aquello me llenó de alegría, pues podía significar que Elara volvería a la vida.

Pero no fue así.

Cuando desapareció el destello todo volvía a estar como antes, con la luz a través de las nubes del sol y el cuerpo inerte de la dragona delante de mí. Me acerqué a ella y pegué mi cabeza en el estómago del animal con la esperanza de sentir un ligero respiro, o algo que indicase que estaba recuperándose. Nada. Elara seguía quieta, sin hacer ningún movimiento y con los párpados caídos. Continuaba estando muerta. Me había mentido.

-¡Mentira! –Exploté de ira mientras las lágrimas caían de mis ojos-. ¡Me has mentido, dragona estúpida! ¡Has conseguido que te pierda para siempre, maldita sea!

Con mis llantos y mis quejas lo único que conseguí fue agotar definitivamente mis fuerzas y caí ya, abatido por el agotamiento, sobre el cuerpo de la dragona.

-0-

Despierta –resonó una voz en mi cabeza-. Despierta, Jinete. Vamos, ya hemos dormido bastante, ¿no crees?

Al principio negué la intención de despertar ya que estaba muy cómodo dormido, aunque un golpe en mi cuerpo me obligó a abrir los ojos. Bostecé, el llanto que había tenido a saber cuantas horas antes me había sentado bastante bien al fin y al cabo, pero también me desperté sin saber prácticamente dónde estaba ni qué había sucedido, hechos que me impulsaron a preguntar qué había pasado y dónde estaba.

¿Es que no recuerdas nada de lo que acabamos de vivir, Jinete?

Aquella voz me hizo abrir los ojos todavía más. Me llevé la mano a la cabeza, pensando que me estaba gastando una broma, no obstante, la esperanza me ayudó a mirar en al dirección en la que esperaba recibir una buena noticia.

Y vaya si la recibí.

-Elara… ¿Estás…?

¿Viva? Te dije que volvería si rompías la Vara de Plata cerca de mí.

-Pero lo hice y ni siquiera respirabas –me quejé.

En eso debo pedirte disculpas, aunque tú también deberías ser algo paciente.

-¿Por qué?

Verás, lo que te pedía tenía una posibilidad media de que saliera bien o no. Sabía que si te lo decía directamente ya te negarías incluso a cumplir una promesa, por eso dije que volvería a la vida sí o sí. Y te digo lo de ser paciente porque ¿acaso pensabas que mi alma regresaría al momento a mi cuerpo? Se expandió por todo el bosque y me costó reunirme conmigo misma. Pero solo fue por una escasa hora y media. Ahora ya estoy aquí de nuevo y esta vez no pienso darte otro susto.

-No creo que puedas; hemos ganado.

Lo sé. Yo estuve allí, ¿recuerdas?

-Sabía que eras tú –dije como si me diera a mí mismo la razón-. Me dejaste asombrado cuando te apareciste en el duelo de Voldemort contra Harry.

¿Estás diciendo que no fuiste tú quien sujetaba la Vara de Plata? –inquirió la dragona sorprendida.

La verdad era que ni yo mismo me había dado cuenta de ello. El tema de la Vara de Plata con la que solo una persona podía cogerla sin ser disparado por los aires por esta… ¿Cómo Harry pudo coger la varita y usarla sin ser disparado por los aires? Supuse que esa pregunta quedaría en el misterio para siempre y jamás encontraría una respuesta.

-Da igual –quise cambiar de tema-. ¿Por qué no vamos a Hogwarts y celebramos la victoria con nuestros aliados?

Claro. Pero no te olvides de la misión de los Malfoy –me recordó la dragona.

No me había olvidado ni de Draco ni de Narcissa. Al primero deduje que lo encontraría en Hogwarts, escondido en alguna parte del lugar, y Narcissa… no sabía nada de ella desde que Elara la llevó a un lugar seguro.

Esperé a que la dragona me diera el visto bueno para montarla. Tras unos estiramientos por parte del animal, subí por la silla hasta sentarme en esta y la dragona despegó cuando se lo dije en dirección a Hogwarts.

Por cierto, Jinete –me dijo Elara mientras volábamos hacia el castillo-. ¿A quién se supone que estabas llamando estúpida?

No podía creerme que Elara me hubiera escuchado llamarla estúpida. Me ruboricé por ello e intenté librarme de la conversación con una excusa, pero no había nada que me sacase del aprieto.

-Lo siento. -Fue lo único que me vino a la cabeza.

Disculpas aceptadas –respondió la dragona con tono alegre-. Pero intenta ser más paciente y confía al menos un poco.

-Si me mientes, ¿Cómo quieres que confíe? –Ahora había sido yo quien había puesto a Elara un una mala posición.

Lo siento.

-Disculpas aceptadas –reí ante el cambio de tornas que acababa de suceder.