¡He regresado! :D Después de ponerme al día con mi carrera, desempolvar el escritorio y regresar a la escritura. ¡Cómo lo extrañaba! Y pues, quise retomar primeramente éste conjuto de drabbles al cual le tengo un inmenso cariño.
Primeramente, me disculpo por la demora y la desaparición, pero he regresado para subir con más continuidad los capítulos :3 Y como siempre, agradecer a todas las personas que siguen ésta historia y aquellas que se detienen a dejar sus comentarios, como SkuAg, Jacque y En Partes :3
Sin nada más por añadir, me despido hasta la siguiente entrega :D
Disclaimer: Digimon no me pertenece.
Summary: Hasta la luz más pequeña puede brillar en la oscuridad más profunda. Ahogadas en dolor, la luz de la otra puede hacerlas salir de aquel abismo que parecía no tener fin.
Nombre de la imagen: Sala de concierto.
Propuesta por: Nii-chan Ukio.
Enlace: en el perfil.
Cantidad de palabras: 497.
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Caos
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Miyako volvió a perderse delante de su reflejo, pasando los dientes de su peine entre la cascada violeta que caía sobre su hombro derecho y bañaba su camisón azul, aquel que Ken le había regalado por el día de los enamorados hace varios años atrás. El movimiento lento y pensativo de su mano la ayudaba a guardar la calma y apaciguarse a sí misma, siendo un ejercicio ideal para acomodar sus pensamientos.
No se dio cuenta que Ken había ingresado a su cuarto, ni deslumbró la sonrisa ligera que su esposo esbozó al verla ensimismada en sus propios pensamientos. Sólo cayó en su presencia al sentir las manos dulces del hombre acariciar sus brazos. Miyako dio un ligero respingo y sonrió al reflejo que tenía de Ken.
―¿Debo preocuparme por verte tan callada? ―Miyako se sonrojó un poco y sonrió a su esposo.
―Cualquier persona puede permanecer mucho tiempo en silencio ―Comentó la de hebras violetas.
―Tú no eres cualquier persona ―Y sintió los labios de Ken sobre su cabeza.
El azabache se alejó de ella para ir a la cama, quitando la sábana y acomodando las almohadas. Miyako lo observaba desde el espejo. Tenía muchas cosas aún rondando en su cabeza, cosas que no lograba solucionar.
―Ken... ―Llamó su esposa y el azabache la miró―, ¿recuerdas que te había hablado sobre la amiga de Hikari?
―Jun Motomiya. La mujer que salvó a Hikari, sí lo recuerdo ―Respondió Ken, frunciendo el ceño ligeramente―. ¿Le sucedió algo a alguna de ellas?
Miyako se apresuró a negar.
―¿Entonces?
―No lo sé..., sólo... ―Ken apreció a su esposa un poco ansiosa, sin poder expresar lo que realmente quería. La oyó suspirar y entonces Miyako se dirigió hacia él, sentándose frente a él―. ¿Recuerdas cuando fuimos al concierto de la primaria de los hijos de Sora?
Ver la expresión cansina de Ken al rememorar tal ocasión la hizo sonreír un poco. El azabache asintió ante su pregunta.
―Así siento a esa mujer.
―¿Descontrolada? ―Inquirió, haciendo memoria a la poca coordinación que había entre instrumentos y los niños. Miyako asintió.
―Es como un concierto de instrumentos que no tienen armonía.
Ken enarcó una ceja sin comprender.
―Joe me había dicho que Hikari no debía estar expuesta a emociones ni situaciones fuertes, pero esa mujer es un poco caótica; Jou parece estar conforme con ello.
―¿Y Hikari? ―Ante su pregunta, Miyako lo miró―. ¿Has preguntado a Hikari cómo se sentía con Jun?
Miyako lo pensó un momento y acabó encogida de hombros. Su esposo sonrió ligeramente y acomodó un mechón violeta tras la oreja de la mujer.
―El caos no es algo malo..., sólo es... Un orden incomprendido ―Miyako frunció su ceño―. Por más que no haya un guía en un elenco de instrumentos, eso no significa que esté mal. Puede que sólo a nosotros nos parezca incomprendido, pero habrá otros que lo crean totalmente armónico.
Miyako meditó sus palabras y abrazó a su esposo. Ella también era caótica, pero Ken sabía comprenderla.
Muchas gracias por leer :3
