Si, no es ninguna broma, he vuelto…. Bueno, he escrito un capitulo. Y vuelvo a repetir, esta historia se terminará… pero no se cuando. A veces dan ataques de escribir medio capitulo, otros de una frase, y otros de borrar medio capitulo. Para que se entienda, este capitulo lo he rescrito unas 3 veces, y sigue sin gustarme del todo…

Bueno sin más dilación… a leer

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EL SONIDO DE LAS GOTAS DE LLUVIA

MUERTO by med3s

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Parpadeó varias veces para convencerse que no era un espejismo creado por su mente. Mientras la observaba, varias gotas de agua se acumularon en sus pestañas impidiendo una visión nítida de la situación. Frotó sus ojos con el índice y pulgar de su mano derecha y volvió a centrar su mirada en la niña.

Vestía un chubasquero amarillo y unas botas de agua del mismo color. Su intensa, pero alegre mirada verde estaba protegida del agua por un paraguas con una serigrafía desenfadada. – ¡Hola Sean! Dijo simplemente lily mientras saludaba con su mano libre.

-¿se puede saber que haces aquí bajo la lluvia? Preguntó Harry con un tono de voz preocupado ante la presencia de la niña. Un tono de voz que cualquiera de los "muertos" que tenía como compañeros nunca hubiera reconocido en él. Inmediatamente se puso a su altura revisando rápidamente con su mirada por si tenía alguna herida o algo.

-estaba paseando bajo la lluvia, como haces tú. Dijo inocentemente.

El "extraño" no se percató que misteriosamente, la lluvia había cesado de precipitarse encima de él. El sonido de un pequeño charco al ser pisado por alguien reveló que no estaba solo. Parecía que no controlara la situación, un arte que había dominado a la perfección en todo momento a excepción de los últimos veinte segundos.

Al girar la mirada y toparse con unas piernas femeninas enfundadas en unos jeans desgatados, tuvo que mantener la serenidad precipitadamente. Cerró los ojos apenas un segundo y respiró tranquilamente antes de alzar la mirada y toparse con Hermione luciendo también una alegre sonrisa parecida a la de su hija.

-creo que quien debería responder a esa pregunta eres tú… ¡como mínimo Lily lleva paraguas! Argumentó eficazmente mientras la preocupación, fingida o no, hacía mella en su sonrisa.

-¿Por qué me atacas de este modo y no a ella?

-¿porque es mi hija?

-en eso estamos de acuerdo. Dijo harry haciendo una divertida mueca mientras se incorporaba y obligaba a Hermione alzar un poco el brazo que mantenía el paraguas encima de ambos.

El cielo se iluminó intensamente de repente en la lejanía. Varios segundos después, un débil eco del rayo ya difuminado llegó hasta ellos. El paraguas se zarandeó levemente ante el frágil rugido del trueno dando muestras de nerviosismo o miedo en el cuerpo de Hermione.

-¿y bien?

-y bien… ¿Qué? Preguntó Harry haciéndose el despistado.

-¿Qué si se puede saber que haces en medio de una calle de Londres, lloviendo, sin paraguas, mirando el cielo y por supuesto, mojándote por completo? Dijo Hermione en un tono sarcástico pero realmente preocupado.

Harry se limitó a mirar la pequeña bajo el diminuto paraguas, sonriendo. Y al contrario que su madre, ninguna preocupación o duda. Ante esa situación el ahora rubio alzó una ceja de forma cómica sin entender esa reacción.

-es que al levantarme decidí que hoy enfermaría de algo, vi que llovía, así que decidí que una pulmonía podría ser interesante… dijo superando con creces el sarcasmo empleado por Hermione.

-¡SEAN! Gritó enojada ante esa contestación.

-¡¿¡QUE?!? Nunca he tenido una, quería saber como era la sensación, es que un resfriado es demasiado común… Además, así aprovecho y hago visita turística de Londres de los pocos edificios que quedaron en pie con la segunda guerra mundial. Dijo Harry señalando un viejo edificio de estilo victoriano, aguantado como podía no reír ante la estupidez que terminaba de dejar al aire tan tranquilamente y sin inmutarse.

-no tiene gracia… y ese edificio tan solo tiene 20 años. Lo construyó un excéntrico abogado…

-¿de verdad? Yo creía que era de 1880 de una pequeña imprenta del periódico de este barrio. Dijo haciendo caso omiso de la débil risa de la niña tras de si.

-es que lo era, pero fue derruida por las bombas alemanas y… ¡no estábamos hablando de eso!

-¿era Smith o Todd el nombre del propietario?

-Todd, Smith fue el arquitecto que la reconstruyo por eso en algunos… ¡ya basta! Dijo enfadada por no llevar la iniciativa en esa conversación, y más aún que la supiera confundir y manipular tan hábilmente sin que pudiera hacer nada. En todo momento Hermione pasó por alto la ya sonora risa de su hija ante la escena que presenciaba con todo lujo de detalle.

-es divertido.

-no lo es.

-tu hija me da la razón. Dijo el "extraño" señalando a Lily.

-¿Qué? Sois divertidos. Dijo con una fingida expresión angelical.

-lo siento hija pero eso solo funciona con el resto de mortales menos con tu madre. Dijo seriamente Hermione. En su mente evaluaba como había llegado a esa situación con la hábil maniobra verbal del "extraño" que tenia enfrente.

-y como yo soy inmortal tampoco funciona conmigo. Afirmo Harry con una amplia sonrisa.

-¿de verdad? Fue más una exclamación que una pregunta, Hermione miró extrañada a su hija ante tanta emoción por una simple broma.

-si… en verdad tengo 600 años pero me conservo muy bien. El medico me han dicho que hasta un par de años no es necesario que use bastón. Dijo Harry volviendo otra vez a la altura de la niña.

-no me lo creo, seguro que con estos paseos te dará el bastón antes.

-¡OYE! Que a los ancianos como yo deben ser tratados con más respeto. No te han explicado que la experiencia vital se convierte en sabiduría. Dijo el "extraño" evadiéndose por completo de todos los pensamientos acerca de su futuro.

-¡Si! Mama me dijo que siempre haga caso de mis abuelos, que son muy listos.

-no lo se…

-¡SI QUE LO SON!

-¡NO ME HECHIZES POR FAVOR! Dijo Harry fingiendo miedo ante la "agresiva" contestación de su adversaria verbal.

La reacción de Lily simplemente fue explotar en una gran carcajada. Mientras, Hermione miraba atónita la conexión de su hija con ese "extraño", parecida a la suya pero diferente. En su mente paso rápidamente la imagen de un hermano mayor extrovertido y bromista, capaz de hacer reír a cualquiera solo para hacerle sentir mayor. Muy pocas veces la había visto comportarse así. Sin filtros emocionales, sin frialdad, sin ser introvertida o comedida, sin miedo a ser lo que realmente era sin importarle la imagen que pudiera aparecer en los ojos de su interlocutor ante la seguridad que nunca la juzgaría.

La mirada de Hermione se apagó ante el recuerdo difuminado de la persona que la hizo sentir así, pero a la vez, una sonrisa amplia y brillante al ver realmente rasgos característicos de ambos en su hija. Al final dejó escapar un suspiro envuelto con todo el malestar que la rodeaba por unos segundos.

-¿quieres que te haga un juego de magia? Es nuevo… y mágico… donde las habré metido. Dijo Harry rebuscando por sus bolsillos.

-¡SI! Dijo ilusionada y feliz ante esa pregunta hasta que una de las manos de Harry se detuvo de golpe ante el hallazgo. Lentamente extrajo una baraja de naipes de uno de sus bolsillos interiores.

-solo tienes que pensar en una carta y la siguiente que destape será exactamente esa. Que te parece… ¿es posible que lo logre?

-mmmmm… si no fueras tu diría que no. Dijo con sinceridad, hipnotizada por el color negro azabache del dorso de los naipes.

-esta bien, solo pon tu dedo índice encima la primera carta y piensa en cualquiera. La niña accedió de inmediato. Hermione seguía atentamente el truco muggle de magia, pero le era familiar, tanto el truco en si, como la forma de ejecutarlo.

-de acuerdo… haber en cual pensabas. Dijo el "extraño" mientras volteaba la primera carta revelando un cuatro de diamantes.

La expresión de la niña se iluminó ante ese hallazgo. Sus ojos cambiaban múltiples veces de dirección, desde la carta volteada a los falsos ojos azules de Harry.

Hermione parecía más escéptica ante susodicho efecto mágico, rebuscaba una y otra vez en su mente un recuerdo demasiado semejante. La niña aplaudió ante el segundo acierto. Una y otra vez acertaba en la predicción sin cometer un solo error. Ambos reían bajo la atenta mirada de la madre de la niña.

Unos minutos más tarde y sin ningún fallo el truco de magia finalizó bajo los sonoros aplausos de la niña ahogados por las gotas de lluvia que los rodeaban.

-¿te ha gustado? Preguntó Harry sin dilación, con una sincera sonrisa dibujada en sus labios y anhelado una respuesta afirmativa. Realmente había olvidado cualquier motivo por el que se encontraba en una calle de Londres bajo la lluvia incansable de ese momento. Realmente, era feliz.

-¡SI! ¡MUCHÍSIMO! ¿Como lo haces?

-lo siento… pero la magia es misteriosa y secreta. Dijo con aire misterioso, barajando los naipes con soltura.

Un suspiro, entre aburrimiento y desacuerdo hizo que ambos alzaran la mirada hacia hermione que se vio sorprendida ante la misma reacción. –no puede ser…

-no se cree que sea magia. Terminó la frase la niña mientras sonreía.

-yo no dije que no me lo creyera… pero ese truco ya lo conozco. Dijo la castaña con autosuficiencia.

-¿perdón?

-los gemelos Wesley venden este mismo truco de "magia" en su tienda así que no es nuevo para mí.

-perdón… pero me has ofendido… ¿acaso crees que soy un mentiroso o un plagiador?

-¡mama! ¿Cómo puedes pensar algo así? Preguntó Lily decepcionada. Sus ojos reflejaban tristeza, pero también alguno de los lejanos relámpagos que cruzaban el cielo en ese momento.

-yo no he pensado que… no he pensado nada, solo he dicho que George y Fred tienen la misma habilidad. Dijo Hermione indecisa ante la respuesta correcta para no herir a su hija. Supuso que Sean no podría verse afectado ante la realidad.

-de acuerdo… dijo Harry mientras volvía la mirada a la niña que permanecía en pie a su lado a diferencia de él. –deberemos demostrarle que no es ningún plagio… lo siento, no quería poner en evidencia a tu madre… pero no me deja ninguna otra salida.

-no te preocupes… dijo Lily fingiendo tristeza ante esa revelación. –pero ella se lo ha buscado al querer dejarte en ridículo.

Ambos rieron ante tal respuesta, mientras desde las alturas que suponía estar de pie en ese momento, Hermione los observaba sorprendida. Una pequeña risa sin control intentaba escaparse entre sus labios ante la contagiosa risa de los dos.

-si tu lo dices… quien soy yo para reconocer que estoy equivocado. El extraño se incorporó lentamente procurando no salirse de la protección del paraguas. –de acuerdo, no crees que sea magia, sino una mediocre imitación de los famosos y bromistas por excelencia gemelos wesley. Dijo con un tono lleno de sarcasmo, alzando un poco la voz en ciertas palabras como mediocre, excelencia y Wesley.

-yo…

-lo siento… pero ahora atente a las consecuencias… dijo con una voz fría. Si no existiera esa caótica situación entre diversión y misterio, ese tono de voz hubiera congelado el corazón al más valiente de los aurores. Pero madre e hija se limitaron a sonreír ante tal actuación.

-veamos… dijo el extraño a la vez que mezclaba las cartas una y otra vez. -Cuando diga ya, limítate a poner la mano encima los naipes y concentrarte en ellos, luego aparecerá la verdadera magia.

Hermione obedeció un segundo después de que Harry terminara con la acción repetitiva de mezclar. Realmente se concentró en el conjunto de cartas entre su mano y la del extraño, aislándose del resto del mundo. De su hija, la lluvia, los truenos, relámpagos… hasta de los intensos faros de un coche muggle que cruzó la calle.

-ya está. Puedes retirar la mano… ahora, piensa en un número y después en una de las cuatro figuras… diamantes, tréboles, corazones o picas… cuando lo hayas hecho asiente con la cabeza.

Hermione solo pudo realizar un pequeño descenso con su cabeza antes que resonara la voz del extraño entre la lluvia.

-diez de tréboles. Dijo a la vez que extraía la carta ante los desorbitados ojos de la castaña.

Hermione ahogó una pregunta inútil antes que sus impulsivos labios dibujaran la primera palabra en el aire.

-piensa otra… dijo mientras colocaba el diez la última de todas.

Antes que ni tan siquiera pudiera afirmar con la cabeza que tenía la imagen en ella. Él ya estaba alzando una nueva carta de arriba y preguntando con una sonrisa. -¿Es esta?

Justo frente a sus ojos se alzaba nuevamente un diez de tréboles. Su plan de dejarlo en ridículo ante la posibilidad que no pudiera acertar al repetir la misma carta y menos sin tocar la baraja trucada se estaba desvaneciendo en el aire como el humo de un cigarrillo.

-¿otra? Preguntó con una sonrisa entre malvada y divertida que marcaba claramente un jaque bastante peligroso a su teoría de falsa proclamación de "magia".

-si. Dijo Hermione con tono solemne y seguro, totalmente fingido, pero real ante cualquier persona que oyera la afirmación.

Una y otra vez el extraño acertaba, y ella no podía entenderlo. No seguía ninguna pauta de repetición, ningún movimiento realizaban sus manos, solamente levantaba una carta y después de comprobar que no se equivocaba volvía a colocarla en el último lugar. Pero por la mente de Hermione cruzó una remota posibilidad.

-ya lo entiendo nunca fallas porque…

-espera, espera… ¿quieres destrozar la ilusión de una encantadora niña solamente porque quieres saberlo todo?

Ante la pregunta de Harry, una mezcla de sentimientos cruzó el cuerpo de la castaña. Ira, enfado, tristeza, vergüenza… pero todo se desvaneció ante las dos débiles risas y sobretodo cómplices que empezaban a envolver sus oídos.

-en este momento tu madre como es muy inteligente ha pensado en la posibilidad que sea una mejora en el truco de magia de los gemelos. Ya no de comunica una sola vez al naipe tus pensamientos, sino que al tocarlo una sola vez, las cartas de la baraja se unen "mágicamente" a la mente de la última persona que la ha tocado excepto quien realiza la "magia". Dijo el extraño enfatizando, incluso en exceso, todas las palabras que contenían magia.

Alargó la mano y la niña palpó, barajó y manoseó ante la atenta y penetrante mirada de su madre. Pocos segundos después, el extraño volvía a erguirse con sobriedad y seguridad ante ella.

-dado que dudas de mi magia, y yo dudo de tu duda, lanzamos una dado para desvanecer la duda de tu duda de mi duda. Extraño y niña empezaron a reír al unísono ante la celeridad en que había pronunciado semejantes palabras. –mejor… o tu tienes razón o yo la tengo, no tocas las cartas, la última en tocarlas ha sido tu hija. Así que si acierto tengo razón y sino ganas tu, sencillo. Piensa en una carta.

Hermione se limitó asentir. En su mente todas las posibles combinaciones se mezclaban como una baraja de cartas a una velocidad frenética. Números, letras, figuras colores. Pero su mente se bloqueó, 4 de diamantes.

Sus labios se cerraron como si fuera a soplar unas velas ante ella, sus pulmones empezaron a extraer el aire haciendo resonar sus cuerdas vocales, transportando el sonido hasta moldearlo con lengua, dientes y labios. Alzó la mirada. –cua… pero ahí terminó el sonido.

Enfrente de ella sonriendo victorioso y, sin provocar este calificativo, sensual, se alzaba la figura del extraño sosteniendo un cuatro de diamantes. La derrota empezaba a plasmarse en su cara pero con hábiles reflejos miro a su hija cambiando la expresión a una de victoriosa.

-¡se equivocó! Era un…

-¿cuatro de corazones?

-¡QUE! Gritó Hermione al ver que la carta había cambiado a la misma velocidad que su mente. El extraño, como la niña, dieron un pequeño paso para atrás ante la enfurecida reacción de la castaña. En su mente resonaron las palabras "no puede ser".

-creo que tu madre lo niega… dijo mostrando la carta a Lily. La reacción, una risa contenida al leer la palabra "no" escrita a la perfección en la carta que apenas un segundo antes tenía cuatro corazones dibujados.

-y ahora no puede creerlo… dijo mostrando una gran exclamación. Una fracción de segundo antes la mente de Hermione volvió a reproducir el grito "¡QUE!".

-ahora se pregunta algo… su mano continuaba alzada mostrando un signo de interrogación que ocupaba toda la carta.

En ningún momento la miraba fijamente, podría decirse que el 90% del tiempo estaba mirando a Lily ocultando risas comunes ante el nerviosismo y descontrol de la castaña.

Fracciones de segundo después de que un fugaz pensamiento cruzara su mente la imagen en la carta se deformaba hasta encontrar una única interpretación de sus pensamientos. Hermione no podía explicarse que estaba haciendo, como lo hacia era la pregunta más revelante y repetida en su mente. Una y otra vez el signo de interrogación volvía aparecer.

El "juego" perduró durante unos minutos ante la mirada incrédula de Hermione y las ya sonoras risas de Sean y Lily. Las imágenes se sucedieron indefinidamente hasta que apareció nuevamente la palabra, "no". Pero esta vez sin exclamación, ni interrogación, ni puntos suspensivos… ni cualquier signo de puntuación que diera una ligera pista. Ante los ojos verdes expuestos a la débil luz de la tormenta, y los ocultos tras unas lentes de contacto solo se pudo vislumbrar una única respuesta. Era una rendición.

Las risas se desvanecieron tras la continua lluvia que creaba perfectos oleajes circulares al impactar contra el suelo encharcado. –creo que gané. Afirmó con rotundidad Sean mirando a Lily. La niña afirmó con una sonrisa admitiendo la derrota obvia de su madre.

Sean volvió la mirada a Hermione. Una mirada profunda, intensa, pero calida y tranquilizadora. Sus ojos decían claramente lo que sus labios nunca dijeron. "es solo un juego".

Pero para ella, esa mirada significó la creación de una llama ardiendo en su interior que aumentaba progresivamente su intensidad hasta descontrolarla por completo. Un color rojizo empezó hacer mella en su rostro, pero al ver la carta aún levantada y ver dibujada en ella la silueta de dos amantes besándose hizo que el tenue rojizo se convirtiera en un rojo pasión sobre sus mejillas. Pero sobretodo hizo percatarse que era su propio pensamiento reflejado en esa carta. Tuvo que apartar la mirada hacia el cercano callejón, oscuro y sin vida, al ver la seductora sonrisa de quien sostenía la carta y antes que la silueta de los amantes tomaran formas reales.

Hermione pudo intuir como Sean guardaba la carta sin mirarla. Los fuertes latidos de su corazón se detuvieron en seco al no verse comprometida ante ese irónico, sarcástico, listo y bufón rival. ¿Cual hubiera sido su comprometedor comentario? Ella prefería no experimentarlo.

-¿mama? La voz extrañada de su hija le hizo volver aponer los pies en el suelo. Esa única palabra fue como un contrahechizo a la situación en la que se encontraba su mente.

-estoy bien Lily, puedes dejarnos a solas unos minutos. Tengo que hablar con Sean sobre algo importante.

-pero…

-Lily, quiero hablar un par de cosas con él. No te alejes mucho.

La niña parecía decepcionada. Quería disfrutar aún más de la derrota, no para reírse de su madre, sino hacer alguna que otra broma sin sentido para el resto del mundo. O, escuchar una vez detrás de otra las defensas perfectamente esquivadas por parte de Sean. Pero viendo la débil suplica de Hermione, accedió pateando uno tras otro los pequeños charcos que se iban formando en el suelo. Disfrutaba escuchando como rompía la monotonía de la lluvia cuando simplemente salpicaba el resto del mundo con cada charco que encontraba.

Mientras, Sean y Hermione miraban fascinados e intrigados la rara reacción de la niña. Ella casi nunca recordaba una suplica subida de tono por parte de su hija. Parecía que siempre aceptara, las decisiones sin rechistar. Pero a ojos del extraño era sorprendente ver como con tan poca edad se paraba a pensar si el motivo era cierto o simplemente una burda farsa para quitársela de encima.

Cuando Sean volvió su mirada a Hermione, se topó con la desafiante mirada de siempre. La misma mirada de preocupación o desaprobación ante algo que acababa de suceder cuando aún estaban en hogwarts. Tuvo que respirar profundamente para volver a concentrarse y no cometer algún error infantil.

El "extraño", sacó nuevamente una carta, y la figura de una persona con una gran sonrisa aparecía claramente dibujada. Tras voltearla para ver el resultado, "así que piensas que soy un bufón… supongo que hay trabajos peores en la supuesta corte real" dijo sin tapujos, como arremetiendo con fuerza, pero con un punto disimulado de burla.

-¡no, no, no! Yo no… si… creo que… creo que eres un comodín. Dijo Hermione cambiando su desafiante mirada por una inocente y vulnerable.

-pues yo veo claramente un bufón… hasta han dibujado unos cascabeles en sus zapatos extravagantes. Dijo seriamente, señalando, en la carta que sostenía con firmeza, ese detalle nimio.

-¡basta! Yo solo quiero… yo…

-solo le falta algún instrumento, eso si, para distraer y que disfruten con música. No se, ¿un violín?, supongo que depende la época porque también podría ser un laúd. O una flauta pero no se si existía alguna de metal en esa época. Seguro que alguna arpa o lira había en ese supuesto castillo.

Sean no paraba de recitar rápidamente, múltiples posibilidades sobre el atuendo de un inexistente bufón. Casi hablaba consigo mismo, cada vez que hermione separaba los labios, su entonación aumentaba frenando sus deseos de interrumpirlo. Los labios del extraño dibujaban una sonrisa mientras entre sus dedos la carta giraba frenéticamente. A la misma velocidad cambiaba una y otra vez de aspecto.

-¿Por qué? Grito exasperada Hermione ante la verborrea acelerada de su acompañante.

-porque ¿que? Porque llueve… pues mira es un fenómeno climatológico que…

-¡No!

-aaaah, perdona… mira, los relámpagos se producen porque se crea una diferencia de…

Antes que Hermione abriera los labios, ante ella se alzaba la carta con una señal de tráfico dibujada en el centro.

-no se porque, pero creo que estás pensando que pare…

Ella respiro aliviada, una conversación de minuto y medio acababa de dejarla agotada. Al fijar la mirada en Sean. Vio una frialdad increíble, sus ojos irradiaban furia y venganza, sed de sangre ante su presa. Los truenos explotaban detrás de él en el horizonte lentamente. El constante ruido de la lluvia aumentaba progresivamente, una voz serena y fría salió de los labios de Sean desafiando a cualquiera que lo escuchara.

-o porqué no les maté y en vez de en una calle, nos encontráramos en mi juicio o en su funeral.

Hermione, no titubeo, no parpadeo asustada. Seguía en la misma postura, sin inmutarse, desafiante. Parecía ausente a la vez. Tres aurores habían sucumbido en un par de segundos. Tres aurores con los máximos reconocimientos. Tres aurores cayeron derrotados e humillados ante un mago que ni siquiera poseía una varita ante sus ojos.

-¿Por qué dejaste que te atraparan en esa patética y previsible trampa? Dijo Hermione con un tono de voz completamente lineal, sin subir ninguna entonación por encima de otra.

Sean sonrió.

-¿Por qué los curaste?

Sean siguió sonriendo.

-¿Por qué quisiste crear terror hacia tu persona?

-¿Por qué no eres tu la auror si serías diez veces mejor que ellos tres juntos? Si respondes, responderé a tus tres preguntas. Dijo Sean guardando la carta y ocultando la imagen que acababa de aparecer en ella.

-porqué sería diez veces peor que cualquiera de ellos tres con solo pensar un segundo en Lily y su bienestar.

Ambos se miraban a los ojos fijamente esperando encontrar alguna reacción diferente en el otro. Ambos compartían la misma mirada, entendían a la perfección esa situación y ese sentimiento. Compartían el mismo problema. Tenían la misma debilidad.

-porqué… empezó recitando Sean. Tenía en la punta de la lengua toda una explicación al primer porque.

Pero algo sucedió, un cambio en el aire, una gota de agua diferente a todas las otras, un débil ruido escondido entre la lluvia. Alrededor de él todo estaba detenido, su mente procesó toda la información de sus sentidos. La humedad y una dirección de la brisa en sus dedos. La ropa pesada por el agua. Todo lo que alcanzaba su vista, cada sombra en la lejanía, la situación a su alrededor de las últimas gotas en el último medio segundo.

Encontró el detalle, el sentido de la brisa en los pómulos era diferente a su mano. Y encontró la diferencia, no oía un charco a su izquierda desde hacia 3 segundos.

El tiempo transcurría a cámara lenta. –LILYYYYYYYYYY!!!!! Gritó arrancando ese nombre de su corazón. Mientras los ojos de Hermione se abrían sin entender que estaba sucediendo. Sean introdujo la mano en su chaqueta, extrayendo un cuchillo reluciente de los suyos. Mientras, giraba sobre si mismo en la dirección de ese desaparecido charco.

Hermione aterrorizada ante el arma que acababa de asomar empezó a girar en la misma dirección que él, más por casualidad, que por otra cosa.

Sean armaba su brazo con la intención de lanzarlo por los aires, aguantándolo por el filo sin pestañear. Pero Hermione vio algo que la horrorizó aún más. Su hija. Estaba atrapada entre los brazos de alguien, envuelta en una especie de niebla, sus labios cerrados por una mano. El inicio de una sonrisa diabólicamente siniestra y reconocible auguraba malos presagios.

El rostro de Sean se petrificaba por la ira que emergía de su interior. Fijaba el blanco y apretaba con fuerza los dedos para no errar ni un milímetro el tiro. Hermione transformaba su rostro en una mezcla de rabia y pavor ante la situación.

Los brazos de Bellatrix Lextrange rodeaban a la inocente niña utilizándola a la vez de escudo. La risa cesó al ver al desconocido que acompañaba a la madre. La hirviente sangre de crueldad y matanzas de Bella acababa de helarse ante el grito y la rápida reacción del acompañante. Su expresión reclamaba venganza y no parecía dudar en arrancarle la cabeza si era necesario. Pero cuando vio asomar un pedazo de metal por encima de uno de sus hombros, empezó a rezar para que el hechizo tuviera efecto antes que la alcanzara y se materializara el deseo del acompañante.

-¡despídete de tu madre enana! Gritó la mortifaga mientras una niebla negra como el cielo la iba envolviendo junto a su presa. Pero a pesar de querer mantener una actitud maléfica, su miedo iba creciendo a la misma velocidad.

Una lágrima rompió la fuerte defensa de unos ojos castaños. Una lágrima que podía llegar a cambiar todo. Una lágrima que crearía un gigantesco infierno. Una simple lágrima que complicaría todo…

Hermione no sabía que sucedía, pero lo peor de todo es que no sabía que hacer. Ante ella, un afilado y largo cuchillo empuñado por un extraño, dispuesto avanzar por el aire en dirección a su hija. La ira en los ojos de su poseedor parecía encender todo a su alrededor, hasta parecía que su chaqueta creara pequeñas volutas de humo con cada gota de agua que caía en ella.

Pero al otro lado, estaba quien había hecho desaparecer a Sirius Black y nimphadora tonks sin pestañear, disfrutando de sus muertes. Y ahora, sus brazos asesinos rodeaban el cuerpo de su hija.

Jamás sabría porqué lo hizo, pero alargó su mano chocando con el brazo de Sean. Confiaba en ese hombre, podría decirse que casi ciegamente a pesar de no conocer nada con exactitud. Pero lo hizo. Alargando su mano tocó el antebrazo de Sean mientras estaba en medio del lanzamiento de ese extraño y afilado cuchillo.

Lentamente ante los ojos de ambos, el cuchillo empezó a girar sobre si mismo mientras avanzaba en dirección a la mortifaga y a la niña. Prácticamente eran capaces de intuir como acababa de cortar por medio una gota de agua. Giraba una y otra vez, penetrando en la creciente niebla negra. La dirección era totalmente recta, otra vuelta y otra, hasta que en la última, el filo del cuchillo se mostró agresivo ante las dos posibles receptoras.

Un único impacto, un único sonido. El gong como de una campana resonó por toda la calle. El típico sonido de metal contra metal llegaba hasta los oídos del extraño. La nube negra desaparecía como lo habían hecho la mujer y la niña. El único rastro que había sucedido algo era el cuchillo atravesando un contenedor de metal que ocupaba la mitad del callejón. Su mirada cambio rápidamente al miedo, a la desesperanza, al pavor, a la petrificación y finalmente volvió la ira. Una ira bajo control, la furia lo consumía pero empezaba a guardarla para un previsible futuro.

Apretó fuerte el puño, clavándose las uñas en la palma de la mano. Cerró los ojos focalizando su mente en una voz, buscando cualquier rastro mágico. Pero una mano lo golpeó con fuerza en la mejilla.

-¡¡ESTÁS LOCO!! ¡¡Podrías matarla!! Gritó Hermione, incapaz de controlar su ira y desesperanza.

-¡NO! Respondió agresivo Sean.

-¡la secuestran y tu la atacas! ¡Pero que te pasa por el cerebro si lo tienes! Hermione lo encaraba con fuerza, alzando aún más la voz. La calle estaba desierta, pero si un transeúnte hubiera estado cerca habría huido ante semejante batalla verbal, física y de sentimientos encontrados.

-¡era la única forma de retenerla!

-¿¡¿a Bellatrix?!? Gritó enrabietada ante esa supuesta falta de interés en el bienestar de la niña. Hermione impotente, mezclaba la ira y la tristeza, capaz de matar a alguien, capaz de llorar eternamente. La tristeza ganaba enteros en fracciones de segundos y una lágrima rebelde conseguía escapar de su prisión.

-¡¡¡A LILY!!!

-¿¿¿qué??? La expresión de Hermione volvió a cambiar rápidamente, y la confusión transformó cualquier idea sobre la motivación de Sean que estuviera gestando en su mente. Sus ojos decían la verdad, era imposible que mintieran, pero no lo entendía, porque un arma blanca. Mejor un hechizo, un conjuro, un objeto mágico, pero porque eso. Y volvió la rabia dentro de su ser. -¡¡¡podrías haberla Herido!!! ¡¡¡Sin querer podrías…

-¡¡¡quería herirla!!!

La respuesta de Sean fue precisa, sin dudar ni un segundo, fría, calculadora, premeditada, arrancada directamente de su corazón con una facilidad pasmosa. Al igual que veía en su mirada que quería retener a su hija ahora veía a través de esos cristalinos ojos que quería herirla. Y una vez más el rostro de Hermione se deformó.

Dejó a un lado la impotencia, la ira la dominó por completo. Quería atacar a su hija, quería herirla, quería hacerle daño a su pequeña. Ese extraño se convirtió en todos los posibles males que podrían ocurrirle o le ocurrirían a su hija.

-¡¡QUE!!! Gritó arrancando su voz de sus entrañas, desgarrándose la garganta con esa única palabra, vociferando un rugido de león ante un enemigo. Armó su brazo mucho más rápido que antes, cerró el puño con fuerza deseando romperle la mandíbula al extraño que se encontraba delante de ella.

Pero antes de darle de lleno en el objetivo, una fuerte mano apretó su muñeca. No pudo pestañear y armar el otro brazo que ya tenía la otra muñeca apresada de la misma forma. Los tranquilos ojos de Sean parecían calmados y serenos a tan solo un palmo de distancia.

-me ofende que pensaras que quisiera hacerle daño a tu hija sin una explicación coherente. Me ofende que pensaras que quería poner en peligro la vida de tu hija para cazar a Bellatrix. Te ofendes a ti misma que me atacaras antes de preguntar, porque seguro que defiendes lo contrario y pongo la mano en el fuego que no seria la primera vez que recriminaste esta actitud a alguien…

La templada voz de Sean parecía contener a la fiera desatada volviendo a sus cauces sin nada que lamentar. Dejó libre la mano izquierda de ella, e hizo desaparecer la lágrima rebelde que recorría la mejilla de Hermione con el pulgar de su mano izquierda. –ahora lo entenderás… susurró casi para si mismo.

El extraño dio media vuelta, hacia el callejón. Alzó su brazo derecho, en su mano se balanceaba grácilmente de un lado a otro, un pequeño objeto de no más de 30 centímetros, fino y estilizado. Él lo sostenía con su dedo índice y pulgar, todo consistía en un juego de llamar la atención de alguien que diera la señal.

-¡mi varita! Exclamó Hermione rebuscando en su manga izquierda al reconocer el objeto que llevaba Sean. No sabía como lo había hecho, pero se encontraba desarmada. Miró a un lado y a otro, buscando que hacer. Pero su propia mente la alarmó de cómo estaba actuando, si casi se jactaba de la fe ciega en ese extraño y ahora buscando una salida por si era una trampa.

-reaccionas como todos, huyes, tienes miedo, buscas una salida, preparas una posible defensa… pero eso solo sucede cuando olvidas como y quien eres… Hermione… pronunció Sean creando una larga pausa antes de nombrarla.

Los ojos de la castaña se volvieron a centrar en él. De inmediato toda la mano rodeó con fuerza la varita de ella.

-¡ACCIO! Gritó Sean apuntando hacia su cuchillo y el container donde permanecía clavado.

-¡ACCIO! Grito nuevamente.

-¡ACCIO! ¡ACCIO! ¡ACCIO! ¡ACCIO! ¡ACCIO! ¡ACCIO! ¡ACCIO! ¡ACCIO! ¡ACCIO! Una y otra vez gritaba el extraño apuntando en la misma dirección.

-¡Flipendo! ¡Expeliarmus! ¡depulso! ¡movilecorpus! ¡Carpe retractum!! Los rayos se iban sucediendo una y otra vez, pero nada sucedía. Hermione, volvía a experimentar la sensación que el agua desapareciese en contacto con la chaqueta de Sean.

-¡BOMBARDA! Grito Sean prácticamente desgarrándose la garganta para pronunciar ese hechizo.

Nada sucedió. Nada, como en todos los intentos anteriores. Ni un movimiento, ni un centímetro, nada había cambiado en esa dirección. El extrañó empezó avanzar en esa dirección, bajo la intensa lluvia que se cernía sobre los dos parecía crear un muro que los separaba.

Hermione se limitó a no olvidar quien era y como era. Todos los sucesos empezaban a recorrer su mente a gran velocidad. Buscaba respuestas a todo y de momento no encontraba nada. Pero una pequeña luz se encendió, existía la posibilidad y muy probable, que no pudiera dominar su varita, que por mucho que intentara utilizar ningún hechizo podría conjurarse correctamente.

Otro fuerte ruido metálico volvió a resonar en el callejón, diferente, no era el gong metálico de un impacto, parecía más el roce entre cuerpos metálicos. Hermione salió de todas sus posibilidades para ver como Sean miraba como un juguete a la afilada arma blanca. Parecía buscar cualquier diferencia, parecía escudriñar milímetro a milimetro el estado del cuchillo.

El extraño lo aguantaba por el cuerpo metálico con el dedo índice y el pulgar de la mano derecha. Miró fijamente a Hermione, una mezcla de culpabilidad e ira se mezclaban en sus ojos antes de desaparecer y volver la frialdad de esa mirada azul. Sean deslizó su mano izquierda rápidamente por su cabello deshaciéndose por un tiempo del agua acumulada mientras se acercaba a ella. La miraba fijamente, como a una victima, pero esta vez ella no se sentía así.

El extraño se detuvo frente a ella, nuevamente un solo palmo los separaba a ambos.

Él apretaba los dientes tratando de controlar una agresividad inadvertida por ella hasta el momento. Ella apretaba los labios tratando de controlar cualquier emoción. La lluvia seguía cayendo a cantaros mientras ellos dos simplemente se miraban fijamente.

Sean sorprendió por sus reflejos a Hermione. Rápidamente agarró la muñeca derecha con su mano izquierda y colocó el cuchillo en la palma de la mano de ella. Apretó con las dos manos para que no pudiera soltar el cuchillo y notara el peso, notara la sensación de llevar semejante arma. Sin que ella pudiera negarse, él llevo sus manos y la de ella de tal forma que la punta del cuchillo estaba apenas un centímetro del corazón de Sean.

Ambos notaban la frialdad del aire, y como parecía helarse por segundos, Hermione miraba horrorizada la frialdad de esos ojos azules. Todo su cuerpo temblaba mientras el de su supuesto adversario parecía imperturbable como una montaña.

-si realmente pensaras que fue mi culpa, si realmente pensaras que intentaba hacer daño a tu hija, si realmente pensaras que no me importa lo mas mínimo lily. ¿Dudarías en clavármelo? ¿Dudarías en matarme? ¿Dudarías en mancharte las manos de sangre? Dijo el extraño mientras se acercaba lentamente el cuchillo a su corazón, forzando cada milímetro sin que ella pudiera resistirse. Hermione volvía a descontrolarse emocionalmente, no sabía que hacer, no sabia que podría hacer, no sabía que iba a suceder, no sabía nada. Nuevamente, él conseguía desbaratar toda su fortaleza mental, no conseguía entenderlo.

-no lo harías y lo sabes… porque eres buena persona y las buenas personas no matan… dudan, buscan cualquier salida antes que hacer daño o matar a alguien. Yo no soy buena persona, yo torturaría, mataría, convertiría la tierra en un infierno si fuera necesario. Jamás dudaría, como no dudé en lanzarlo contra tu hija. Dijo Sean alzando la voz progresivamente, cambiando el tono de amable a siniestro.

-la única forma de detener en ese momento a bellatrix está ahora en tus manos. Su hechizo no podía ser detenido, había iniciado el túnel de oscuridad, y no preguntes que es ahora. Dijo rápidamente al ver como se abrían los labios de Hermione. –ella, como lily, iban a desaparecer ante nosotros. Lo que tienes entre tus manos es un cuchillo forjado con una aleación capaz de repeler cualquier magia, no puede ser afectada por ningún hechizo ni maleficio, nada en el mundo mágico puede manipularla. El extraño deslizo uno de sus dedos por el filo del cuchillo lentamente.

-¡ESTA! Era la única posibilidad de detenerla. Y si quería atravesar la mano de lily, pero… ¡Porqué era la única forma que no fuera llevada donde se encuentra ahora!

Sean dejó de apretar la mano de Hermione. Por su propio peso el cuchillo empezó a resbalar de la mano de ella. Jamás llegó a tocar el suelo, en otro movimiento muy rápido, él se apoderó en pleno aire de su arma y la guardó rápidamente en su chaqueta.

Hermione no dejaba de mirar una pequeña rotura superficial que había producido en la chaqueta con un solo roce del cuchillo. Su mano en el aire temblaba sin remedio ante toda esa situación. No sabía que decir, no sabía si lo que acababa de escuchar era algo bueno o no. El agua resbalaba rápidamente por su rostro, salada y dulce, cada instante de lo que había ocurrido la dejaba trastornada. No era capaz de discernir cual era el siguiente paso a dar.

-si quieres una prueba… ¡BOMBARDA! Gritó con fuerza Sean ante hermione. Los ojos castaños de ella fueron del brazo de Sean hacia su varita, para ver como apuntaba al contenedor del callejón.

Un crujido metálico fue el primer síntoma que esta vez era real. De golpe como si dos fuerzas golpearan por ambos lados, el contenedor vio reducido su longitud a la mitad mientras pequeñas llamas iban apareciendo entre las grietas. Entonces una fuerte explosión se produjo, e instintivamente Hermione se cubrió los ojos.

Las cenizas se mezclaban con la lluvia y el aire. La castaña tosió un par de veces y recuperó la compostura. Sean había desaparecido, no era frente a ella. Miró a ambos lados de la calle principal, para después dirigir sus ojos hacia el callejón. Una silueta se desvanecía entre la pequeña nube de cenizas que cubría parte del callejón.

Instintivamente alargó su mano derecha en esa dirección como si con un simple movimiento pudiera desvanecer la niebla y atraer esa figura hacia ella. Hermione notó el peso de su varita nuevamente en su manga, tras palpar varias veces que era real, la empuñó con fuerza y decisión.

Aquí se termina el capitulo….

Si es mas corto de lo normal. Y que nadie se queje que lo he dejado en mal momento, porque mi idea era dejarlo cuando desaparecen… o en otro momento…

Muchísimas gracias a toda la gente que aún se acuerda de la historia y siguen incansables como el primer dia... que es decir mucho jajajajaja perdon si no contesto reviews pero para decir que voy escribiendo y que no dejaré la historia pues… ya lo sabeis, a pesar de la demora jajajajaja

Un abrazo!

PD: no hago comentarios respecto a los asesinatos porque ya he visto varias personas sospechosas siguiéndome jajajajja