Personajes: Harry, Ginny, Luna y Rolf.

En el tiempo: unos cuantos años después.


Epílogo 21. Dos más uno son tres.

Harry no dejaba de sujetar su mano mientras observaban como Luna Lovegood se casaba. De todas las amistades que tenía, Luna era la más libre, un espíritu demasiado especial incluso para el mundo mágico. Por eso la boda estaba resultando tan peculiar y emotiva a la vez y ella estaba intentando de todo corazón no llorar allí mismo. Harry la miró de reojo y sonrió divertido.

- Está muy guapa¿verdad? –se inclinó hacia ella.

Ginny asintió con la cabeza.

- Esas flores que lleva en el pelo¿son margaritas? –preguntó Harry.

Ella volvió a asentir. Suspiró cuando Rolf leyó un poema que había escrito para Luna. Harry no era la persona más romántica del universo y siempre tenía que presenciar cosas así y no vivirlas. Aunque no echaba de menos esa característica en su marido. Sobre todo porque las únicas muestras de romanticismo que había llevado a cabo habían sido un desastre y resultado más cómico que otra cosa. Todo lo que no era Harry se veía compensado con creces por lo que sí era y nunca le cambiaría. Había algunos defectos que hasta le gustaban, pero no pensaba confesarlo.

- ¿Eso lo ha escrito él o lo ha copiado de algún libro? Porque es un poco cursi…

- ¿Te quieres callar? –espetó en voz baja.

Ginny no lo pudo creer cuando le miró fulminante y él se limitó a sonreir ampliamente y guiñarle un ojo. Romántico no era, pero resultaba endemoniadamente travieso cuando se lo proponía. Definitivamente un punto a su favor. Aunque el hecho de que se estuviese divirtiendo a su costa no le hacía demasiada gracia en ese momento.

Cuando terminó la ceremonia esperaron a que la pareja de recién casados llegase hasta ellos para felicitarles.

- Felicidades, Luna –dijo Ginny y abrazó a su amiga.

- Oh, gracias. Hoy es un día encantador¿no crees, Harry? –preguntó Luna.

- Definitivamente –contestó él y también la abrazó.

Luego se dirigió a Rolf y le dio un apretón de manos. Luna aprovechó para hablar un poco más con Ginny.

- Creo que deberías decírselo hoy.

Ginny abrió los ojos de par en par y sonrió nerviosa cuando Harry las miró con curiosidad.

Se sentaron en una mesa junto a Ron y Hermione, algunos de los miembros de la familia Weasley y compañeros de Hogwarts que hacía más tiempo del que quería recordar que no veía. De vez en cuando notaba como Harry la miraba esperando a que dijese algo o simplemente estudiando su comportamiento. Odiaba cuando hacía eso. Tenía la sensación de que utilizaba sus técnicas de auror para descubrir algún secreto. Como si ocultase algún secreto a su marido. Era de locos.

Así que conversó con Hermione sobre su trabajo, Ron le preguntó por el equipo y por el próximo partido contra los Cannons y recordaron algunas anécdotas de cuando todos iban al colegio. Hasta que empezó el baile y todos parecieron más dispuestos a bailar que nunca. Excepto Harry, que volvía a mirarla como si intentase leer sus pensamientos. Si estaba utilizando la legeremancia con ella era hombre muerto.

- ¿A qué se refería Luna? –preguntó.

- ¿Perdón? –contestó con calma.

- Ha dicho: creo que deberías decírselo hoy. ¿Hay algo que tengas que decirme?

Ginny se metió un pedazo de pastel en la boca y le miró con lo que esperaba que fuese su expresión más inocente posible. Era hora de mostrarse un poco más evasiva.

- A no ser que no tengas nada que decirme a mí.

- Aquí no, Harry –contestó ella.

Lo último que quería era sacar allí el tema. Rodeados de familiares y amigos, en la boda de una de sus mejores amigas. No era el lugar más adecuado ni el mejor momento. Por muco que conociese a Harry y a veces no necesitase decirle algo porque su intuición era en ocasiones inhumana, no podía imaginarse su reacción ni en un millón de escenarios posibles.

- ¿He hecho algo? –preguntó con confusión.

- Por favor…

- No, Gin. Si ocurre algo que tenga que saber no entiendo por qué no quieres hablarlo ahora. Y si es algo que he hecho, con más razón para…

- Estoy embarazada –interrumpió de pronto.

No le quiso mirar directamente a la cara. Si su silencio era muestra de algo, con eso bastaba. Pero después de cinco minutos solo conseguía ponerla más nerviosa de lo que ya estaba y arrepentirse de haberse dejado llevar y decirlo cuando no quería hacerlo. Se giró hacia él. Tenía la vista fija en la gente que estaba bailando pero era mucho suponer que miraba a alguien en particular.

- Harry.

No obtuvo respuesta. Le cogió por la barbilla y movió su cabeza para que la mirase. Volvió a llamarle.

- Harry –no dijo nada.- Di algo, por favor.

- No lo sé –contestó con un hilo de voz.

- ¿No sabes qué? –preguntó Ginny cada vez más preocupada.

- No sé que decir.

- ¿Qué te alegras? –inquirió con esperanza.

- Supongo.

- ¿Supones? –empezaba a sentirse terriblemente mal.

- No, Gin. Quiero decir, supongo que me alegro, porque me alegro. O bueno, de verdad que sí, que me parece bien. No, no. Genial. ¿Te lo parece a ti?

- Supongo.

Harry la cogió la mano y sonrió. Se acercó y la besó en los labios.

-Eso es suponer mucho –susurró.

Siguió sujetando su mano y los dos miraron al resto de los invitados bailar, beber y reir, y charlar. No tuvo conciencia de cuánto tiempo pasó hasta que volvió a hablar.

- ¿Tienes miedo?

- ¿La verdad? –preguntó él.

- Sí.

- Estoy acojonado. ¿Tú?

- También, pero no se lo digamos a mi madre. Pensaría que somos unos padres horribles antes de que lo seamos de verdad.

Harry apretó su mano y ella apoyó la cabeza en su hombro. La idea de convertirse en madre por mucho que ahora él lo supiese no dejaba de producirle un temor constante del que empezaba a pensar que no se libraría jamás.

- Si es una niña podríamos llamarla Lily Luna.

Ginny se echó a reir. Harry la miró absolutamente ofendido.

- ¿No suena bien? –cuestionó.

- Suena perfecto. Espera a que lo sepa.

Fin.