21. Traiciones y Promesas

Nota: en este universo, Lindsay Sweetwater no tiene la edad de Lola Loud, como en la serie original. Es solamente dos años menor que Lincoln.


Después de su apasionado acto de amor y de hablar abiertamente sobre sus grandes amores anteriores, Lori y Lincoln se sintieron mucho más libres y tranquilos. Estaban construyendo una confianza que cada vez los unía más, que los hacía sentir más compenetrados; con ganas de sincerarse por completo y entregar al otro sus almas desnudas. Se quedaron tendidos en la cama, uno frente al otro; mirándose intensamente y acariciándose de vez en cuando. Pasaron unos minutos antes de que Lincoln retomara el hilo de su relato.

- Nunca supe bien lo que pasó después de que nos atacaron. Creo que estuve gritando y llorando mucho tiempo junto a Carol, hasta que me dormí o me desmayé. Lo siguiente que supe es que estaba descansando en una cama; vendado de la cabeza y con curaciones en muchas partes del cuerpo. Me rescataron unos amigos de mis padres adoptivos, con los que se juntaban para ir a buscar provisiones. Una familia me cuidó mientras me reponía, pero ellos tenían hijos muy pequeños y no podían cuidarme a mí también. Así que me llevaron con otra familia que aceptó quedarse conmigo. Eran los Sweetwater, y tenían una hija que se llamaba Lindsay.
Lincoln suspiró y se detuvo un momento. Lori lo miraba fijamente. Aquello parecía ser muy doloroso para Lincoln.

- Al principio, las cosas fueron bien. No eran muy cariñosos conmigo, pero no me trataban mal. Comía bien, y ellos me llevaban a conseguir comida con ellos. Iban junto con otras personas, y todos ellos me enseñaron a buscar, a detectar compuertas ocultas, y uno de sus amigos me estuvo enseñando cómo manejar un cuchillo para defenderme. Así fueron los dos años y medio que estuve con ellos. Los señores Sweetwater nunca buscaron que nos conociéramos o que nos volviéramos una verdadera familia. Lo que yo sentía, era que me dejaban vivir con ellos a cambio de que les ayudara a buscar alimento, y de que cuidara a su hija Lindsay de vez en cuando.

- Y ella... ¿Cómo se portaba contigo? - preguntó Lori, intrigada.
- La verdad, bastante bien. Ella me quería, y lo hizo desde el principio. Nunca le gustó que sus padres me llevarán a buscar comida, porque se hizo mi amiga muy rápido. Más que amiga, en realidad. Porque no tardó mucho en intentar comportarse como Carol.
- ¿Qué? -dijo Lori, sorprendida-. ¿Quieres decir que... Tú y ella... - Ajá -dijo Lincoln, sintiendo un poco de pena-. Pero bueno... todo era muy diferente. Lindsay era muy cariñosa, pero también... ¿cómo te lo digo? Era más brusca que Carol. Ella... Me tocaba cuando estaba dormido, ¿Sabes? Se metía en mi cama, sin que sus padres se dieran cuenta. Luego empezó a pedirme besos y caricias de una manera muy... ¿Cómo se dice? Muy directa.
- Mmm... ¿Y eso no te gustaba? -preguntó Lori, con un ligero toque de ironía.
- Bueno... No se sentía mal, claro. Pero tampoco me gustaba mucho. Es que... yo le tenía miedo a lo que pensaran sus papás, ¿sabes? No lo sé... Jamás confíe completamente en ellos. Y al final, fue algo muy bueno; porque tuve que escaparme.
- ¿Escapar? ¿Tuviste que huir de ellos porque querían hacerte daño? -preguntó la muchacha, cada vez más asombrada.
Lincoln apretó los labios y la miró con tristeza. Era evidente que todavía le dolía.
- Sí. Quisieron hacerme daño -dijo al fin.
- ¿Qué te querían hacer, amor? -preguntó Lori, abrazándolo con fuerza.
Lincoln se acurrucó contra su cuerpo. Tragó saliva, y se tomó varios segundos para responder.
- Quisieron comerme -repuso Lincoln, sin más.


Lori abrió sus ojos a todo lo que daban y se llevó una mano a la boca. Apenas podía creer lo que había escuchado.
- ¿Lo dices en serio? El chico solo afirmó con la cabeza. - P-pero... ¿cómo? ¿Qué pasó? ¿Cómo supiste, y cómo te escapaste? La joven no salía de su asombro. Su abuelo les había contado varias veces las cosas horribles que ocurrían en la guerra y los desastres. Les habló varias veces de la gente que practicaba el canibalismo; pero nunca conoció a nadie, ni estuvo en una situación en la que pudiera encontrarse con ellos.
Pero Lincoln sí. El muchachito tomo aliento varias veces y comenzó a contarle.
- Llegó un tiempo en el que casi no encontrábamos comida. Era muy poco lo que hallábamos, y los mayores empezaban a pelearse por el reparto. Los Sweetwater comenzaron a racionar la comida. Yo no tuve problema, pero Lindsay siempre se quejaba y lloraba porque tenía hambre. Yo también tenía, pero por alguna razón soportaba mucho más que ella. Sus papás comenzaron a comer aparte de nosotros para no escuchar sus quejas y su llanto; así que yo me quedaba a solas con ella, y le daba una gran parte de lo mío.
Lincoln suspiró. Lori tomó su cabeza, y lo besó en la espesa mata de cabello blanco. Su corazón sufría por su pequeño hombrecito. Podía sentir cómo él revivía aquellas durísimas situaciones.
- Ahora yo era el que tenía hambre todo el tiempo; pero aprendí a resistir, no sé cómo. Sabía que yo no podía decirle nada a los Sweetwater, porque me echarían a la calle sin nada más que lo que traía puesto. Qué irónico, ¿no? Porque al final... e-eso fue lo que tuve que hacer...
La voz de Lincoln se quebró, y comenzó a llorar. Lori lo abrazó y lo confortó lo mejor que pudo. Le dio muchos besos en todo su rostro y apretó su cabeza contra sus senos.
- Ya, mi amor... Ya pasó -le repetía una y otra vez-. Olvídalo ya, papito hermoso. Ya no me digas nada...
- ¡Tengo que hacerlo, amor! -exclamó Lincoln, desesperado-. Prometí que no iba a tener secretos para ti.
- Pero si te duele tanto, mi amor... -susurró la muchacha, apretando su mejilla contra la de él.
- ¡Es que todo fue tan raro, Lori! Hay cosas que no entiendo, o que no quiero entender todavía. Un buen día, ellos ya no quisieron que fuera a buscar comida con ellos, y me encargaron solamente que cuidara de Lindsay. Se fueron por dos días, y no nos quedaba nada para comer. Yo intentaba consolar a Lindsay como podía; y ella se abrazaba a mí y lloraba, y lloraba. El chico hizo una pausa, y Lori aprovechó para limpiar sus mejillas con los dedos de su mano.
- Cuando llegaron, traían carne desecada en sal. Cecina, le llamaban ellos. La cocinaron con algunas verduras enlatadas, y pudimos comer hasta saciarnos. Yo nunca había comido la carne así, pero sabía muy bien. Tenía un sabor un poco dulce, muy diferente a la carne enlatada que había probado antes.
Lori adivinó de inmediato lo que habían comido, y tuvo que hacer un esfuerzo heroico para controlar la náusea que le sobrevino. No quería vomitar frente a su pequeño. Después de todo, Lincoln era una víctima; no tenía la culpa de nada. Tal parecía que no era consciente de que comió carne humana. En un mundo sin animales, no había otro medio para conseguir carne.
- Estuvimos comiendo carne y algunas conservas durante varios días. A mí me extrañó mucho que algunos amigos de los Sweetwater no volvieron a aparecer. Una noche, escuché que los padres de Lindsay discutían a grito pelado. El señor decía que no había otra opción, porque cuando se acabara la comida, Lindsay iba a ponerse a llorar otra vez. Y ella decía que era cruel e inhumano lo que estaba pensando. Creo que el señor se rio... La verdad, no estoy seguro de lo que escuché. Estaba medio dormido.
- Ay, mi amor...
- Sí... Unos días después de eso, el señor me dijo que fuera con Bernie a conseguir la carne que comeríamos aquel día. Yo no me opuse, porque Bernie y yo nos llevábamos bien. El me enseñó a utilizar el cuchillo. Me llevó a una casa que no conocía, en uno de los barrios más pobres de Royal Woods. Nunca había ido por allí...
Se detuvo. Comenzó a temblar en los brazos de la muchacha. Lori tenía miedo de escuchar el final del macabro relato, pero tenía que hacerlo por Lincoln. Lo abrazó con más fuerza y lo besó varias veces en la frente, hasta que el pequeño consiguió la suficiente presencia de ánimo como para continuar.
- Todo fue raro, porque Bernie y yo nos llevábamos bien. Pero esta vez, no me habló en ningún momento. Me cortaba la plática, y se quedaba atrás de mí con el cuchillo en su mano. Me tranquilizó diciéndome que en aquel lugar había personas muy malas, y más valía tener listo el cuchillo para defendernos. Cuando llegamos a la casa, abrió la puerta y luego me dijo que me largara, que no quería volver a verme por allí...


- ¡Lárgate de aquí, mocoso! No debes volver por aquí, ni tampoco puedes regresar a casa de los Sweetwater, ¿entendiste? ¡Jamás!
- P-pero Bernie... ¿Qué te pasa?
El hombre apretó los labios y miró al muchachito con pena y lástima. Pero se rehízo enseguida, y endureció su mirada todo lo que pudo. - ¡Dije que te largues, Lincoln! ¿No entendiste? ¿O quieres terminar como estos desgraciados?
Abrió bruscamente la puerta de la casa, e iluminó el interior con una potente lámpara LED.
Lincoln se asomó, y estuvo a punto de desmayarse por el olor. El lugar hedía a putrefacción, suciedad, orina y excrementos. Pero eso era lo menos tétrico. Cuando miró con cuidado, vio a varias personas sentadas, acostadas o encadenadas a la pared. Ninguna estaba completa. A la mayoría le faltaban brazos y piernas. Aquellos desgraciados se arrastraban entre cadenas, gemidos de dolor, y súplicas de misericordia.
Aquello era tan atroz, que Lincoln no podía procesarlo. Se quedó petrificado frente a la puerta, pero Bernie lo tomó por los hombros y le dio un violento empujón en la espalda.
- ¿Quieres que también te coman? ¿Eh? ¡¿Eso quieres?! ¡Nadie debe volver a verte, mocoso! Les diré a esos cerdos de los Sweetwater que te me escapaste, o una cosa así. ¡Jamás se te ocurra volver a asomar las narices por aquí, o por el lugar donde vivías! ¡Llévate esto, y vete... o tendré que matarte de verdad!
Tendido de bruces, Lincoln escuchó un portazo. Jamás volvió a ver a Bernie ni a los Sweetwater. A su lado, tirado en el piso, estaba el cuchillo de cazador con el que Bernie le había enseñado a pelear.


Lori estaba casi en shock. Apenas podía creer toda la mezquindad y la crueldad que Lincoln había tenido que soportar a sus pocos años. Era tan deprimente y terrible, que no pudo evitar el llanto. Lincoln, con el rostro oculto en el hueco de su cuello, apenas podía seguir hablando.
- Lori, amor... Te lo juro, ¡no sé qué fue lo que hice mal! Intenté ser bueno, ayudar en todo... Me hice cargo de Lindsay y traté de no dar molestias nunca. ¿Y qué fue lo que obtuve? Me quedé solo en el frío y la oscuridad. Y si Bernie no se hubiera apiadado de mí, creo que mi muerte hubiera sido horrible. ¿Qué está mal conmigo, Lori? ¿Tú puedes decirme?
Esas palabras desgarraron el corazón de la muchacha. Sujetó a Lincoln con más fuerza que nunca. Quería que sintiera su calor; su amor. La sinceridad de sus palabras y sus sentimientos.
- Linky... ¡No hay nada mal contigo! ¡Tú no eres malo, mi vida! Si fueras malo o tuvieras algo malo, ¿tú crees que Carol, Lindsay y yo nos hubiéramos enamorado de ti? ¿Tú crees que los Pingrey te hubieran cuidado y querido durante tantos años? ¿Crees que Bernie te hubiera ayudado, o que me hubieras salvado dos veces si hubiera algo malo contigo, mi amor? ¡No hay nada malo en ti, papito hermoso! Por desgracia, hay gente muy mala en este mundo y has tenido la mala suerte de toparte con ellos, mi vida. Has tenido mala suerte, corazón. ¡No hay nadie a quién culpar de ello!
Lincoln intentó sonreír. Sentía la sinceridad de las palabras de Lori, y ansiaba creerlas con todas sus fuerzas. Pero, ¡eran tantos malos recuerdos y tantas penurias por las que había pasado!
- Puede ser. Pero, ¿Cómo puedo creer eso? Estuve solo durante casi siete meses. Al final casi me moría, porque una tormenta de nieve me sorprendió en el camino hacia mi refugio. Nunca estuve solo antes, ¡Y tuve tanto miedo aquella primera noche! No sabía qué hacer, no sabía a donde ir... No sé cómo me atreví a acercarme a un grupo de casas y meterme en la primera que pude abrir...
Lincoln se estremeció ante sus propios recuerdos.
- Casi no pude dormir las primeras noches. Tenía hambre, frío... y muchísimo miedo. Cada sonido me sobresaltaba. Dormía por ratitos, y me despertaban las pesadillas. Me sentía tan mal y tan débil, que... ¡Ay, amor! Te juro que no sé de dónde tomé fuerzas y valor para salir a buscar qué comer al día siguiente.
- Linky, mi vida... -dijo ella, pasándole la mano por los cabellos- ¡No sabes cómo me hubiera gustado estar allí contigo para cuidarte... Para consolarte!
- Yo lo sé, amor. Pero en aquel momento fue tan horrible... Exploré varias casas con todas las técnicas que me enseñaron. Llevaba siempre el cuchillo en mi mano. Nunca me encontré con nadie, y solo hasta el tercer día encontré comida. Luego, jamás dejé de buscar. Exploré casa por casa de todo ese barrio durante meses. Aprendí a ser muy cuidadoso; pero un día me descuidé y salí en medio de una tormenta de nieve. Traté de regresar, pero no tenía ropa apropiada para el frío que hacía. No sé si te haya pasado. El frio de una tormenta corta, aturde... es como si te fuera robando todo el calor y la energía. Creo que me desmayé, caí, y ya no supe nada más. Estoy seguro de que si los McBride no me hubieran rescatado, hubiera muerto allí, bajo la nieve.
- ¿Y quiénes eran ellos, cariño? -preguntó Lori.
- Dos señores que tenían un hijo adoptivo. Howard y Harold McBride, y su hijo Clyde.
Lori se sobresaltó por un momento. Creyó haber escuchado mal.
- Espera. ¿Howard y Harold? ¿Dos hombres con un hijo adoptivo?
Lincoln la miró con extrañeza.
- Sí. ¿Qué tiene?
- Bueno... No sé. Es raro. - ¿Por qué? -dijo Lincoln, con suspicacia-. Tú fuiste novia de tu hermana Luan.
Lori se sonrojó visiblemente. Se sintió tan avergonzada de sí misma que apartó la mirada del rostro de Lincoln. ¡Qué fácil podían surgir los prejuicios! Era muy bueno que se lo hubiera hecho ver.
- Perdón, Linky. Continúa, por favor.
Lincoln asintió, y siguió contando su historia.
- Gracias a los McBride, volví a tener una familia. Howard y Harold nos cuidaban bien, y Clyde fue de verdad como el hermano que nunca tuve. Ellos eran tan disciplinados como los Pingrey. Tenían una buena reserva de alimentos, y todos los días alguno de ellos iba a buscar más. Clyde y yo teníamos la misma edad, y gustos muy parecidos. Le encantaba leer, me contaba muchas historias, y me mostraba comics que sus papás habían rescatado de una vieja tienda del centro comercial. Nos hicimos muy aficionados al superhéroe Ace Savvy, y Clyde me enseñó los dibujos que había hecho. Así que, para pasar el tiempo, nos pusimos a escribir nuevas aventuras para Ace Savvy y luego intentamos dibujarlas. No nos salían bien, pero eran nuestras. ¡Nuestras, producto de nuestra imaginación! Me imagino que los cuadernos con nuestros dibujos seguirán por allí, enterrados en algún rincón olvidado del refugio donde vivimos...
Lincoln reía a la vez que lloraba, y pronto Lori estaba haciendo lo mismo. ¡Esa era justamente el tipo de infancia que se merecía un pequeño como Lincoln! Sin preocupaciones, llena de diversión, con juegos y amigos... Justo como había sido la suya, antes de que todo ocurriera. Pero Lincoln había conocido muy poco de eso. Dios, ¿por qué todo tenía que ser tan injusto?
- Al final, también los perdí a ellos. La comida, y sobre todo el agua comenzaron a escasear, y tenían que salir cada vez más lejos. Se iban por más tiempo y corrían mucho más peligro. Un día Harold se fue, pasaron tres días y no regresaba. Todos estábamos angustiados, pero sobre todo Clyde. Él quería que fuéramos a buscar a su padre, e insistió tanto que Howard accedió por fin. Se fue junto con Clyde a buscar, pero me pidieron que me quedara en el refugio por si acaso Harold regresaba en algún momento. No quería hacerlo, porque desde que me dijeron que se iban tuve un muy mal presentimiento. Una angustia que no podía explicar. Una sensación de soledad y vacío muy fuertes, como ya lo había sentido antes...
- Y nunca regresaron, ¿verdad? -completó Lori.
Lincoln se limitó a asentir, mientras las lágrimas amenazaban otra vez con anegar sus ojos.
- No. Yo salí a buscarlos. ¡Los busqué durante días! Solamente encontré a Clyde... Congelado entre la nieve...
Su voz se quebró, y lloró desconsoladamente. Lori ya no sabía qué más decirle para consolarlo; se limitó a abrazarlo con fuerza y retenerlo contra su pecho hasta que sus sollozos fueron amainando.
- Me quedé solo tres veces, Lori... ¡Tres veces! Por eso, al principio no quería ir contigo. ¿Y si te pasaba algo por mi culpa? ¿Y qué tal si...
Lori cubrió la boca del muchachito con su mano y lo miró directamente a los ojos.
- ¡No, Lincoln! Entiéndelo bien, ¡Tú no tienes la culpa de nada! Yo también me quedé sola... por mucho tiempo. ¡Es este maldito mundo, en el que no puedes descuidarte ni por un momento!
Tomó la cabeza del muchachito entre sus manos, obligándolo suavemente a que siguiera mirándola.
- Por eso debemos encontrar un lugar seguro, Linky. Tenemos comida, pero no seguridad. Teneos que encontrarla y estar siempre listos... ¡Tenemos que cuidarnos muy bien el uno al otro! Yo voy a separarme nunca de ti, corazón. ¡Y menos después de lo que acabamos de hacer juntos!
- Lori, p-pero...
- ¡Shhh! -la chica lo silenció con un corto beso en los labios-. Ni siquiera pienses en que vamos a fallar, o que podemos quedarnos solos otra vez. ¡No lo permitiré, amor! Yo nunca te voy a dejar solo. Lincoln la miró con intensidad y tristeza. Era demasiado para él. Dos pequeños ríos de lágrimas escurrían por sus mejillas.
- Por favor, mi amor... -dijo en un susurro-. No prometas lo que no puedes cumplir.
- Jamás haría eso, mi amor -dijo la muchacha.
Lo abrazó, y buscó los labios del pequeño con los suyos.


Ahora conocemos a grandes rasgos los eventos más importantes de Lori y Lincoln antes de que se encontraran. Parecen estar a salvo en un magnifico refugio. Pero, ¿podrán permanecer en él, o las circunstancias los obligarán a abandonarlo?

Pronto lo sabremos. Por ahora, paso a responder las reviews del capítulo anterior.

Sergex. ¿Extraña? Bueno, quizá tengas razón. Aunque yo siento que lo que la hace extraña es la situación que plantee de inicio. Salvo tu mejor opinión, claro está.

Pretendo que la intensidad siga in crescendo, amigo. Le esperan cosas bastante fuertes a esta linda parejita.

¡Saludos!

viruz pirata. Completamente de familia, amigo. Aunque creo que en estas circunstancias debemos considerar los atenuantes. Después de todo, ¿qué otros varones dispuestos estaban al alcance de Lori?

La escena de cama estaba hecha para ser así, medio torpe y medio tierna. Después de todo, los dos tienen un mínimo de experiencia, pero algo mínimo de verdad ;-)

Y lo de la canción… Bueno, un toque tierno. ¿Educación cristiana? Bueno, quizá tengas razón. Hay varios pasajes de incesto en la Biblia (Lot y sus hijas, Absalón y Tamar…)

Tus penúltima pregunta fue interesante. No sé… Quizá a futuro pueda considerar hacer un spin-off para resolverla. La última ya fue contestada aquí.

Gracias por tu review, amigo. Nos seguimos leyendo.

t10507. Servido, amigo. Espero que la parte de Lincoln también te haya gustado. ¡Gracias por tu review!