Un mes sin actualizar, sé que no tengo vergüenza, pero por otro lado, puedo decirles que estoy actualizando como una casi-licenciada en psicología :O ¡Siiii! Solo me falta mi título y cédula, pero ya terminé mi formación académica y es tan increíble. Estas semanas fueron de completo caos y de bloqueo creativo, de hecho este capitulo lo escribí entre ayer y hoy. Solo necesitaba tiempo para escribir mis ideas.
En fin, no los aburro más y los dejo con este cap
Gracias por leer y por tenerme paciencia
Besos :*
CAPITULO 20: "La gota que colmó el vaso"
POV Katniss
Había pasado algún tiempo desde que no dormía bien por las noches. Usualmente el medicamento me ayudaba a descansar. Sí, tenía pesadillas, pero por lo menos dormía casi ocho horas seguidas durante la noche. Aunque eso cambió.
Después de que Peeta se despidiera de mí fui por la cena y comí junto con Wiress y Harold mientras ellos hablaban sobre no se qué cosa de su programa favorito del Capitolio. Los escuché y de vez en cuando participé con mi opinión. Terminamos de cenar y regresé a mi habitación aun en contra de la insistencia de mis amigos para que los acompañara a ver las noticias, trataron de convencerme alegando que los agentes de la paz buscaban a una chica que había estado comprometida con un tal Thread. No pudo importarme menos.
Así que para las nueve de la noche yo ya estaba recostada en mi cama, cubierta por una ligera sábana y abrazando la almohada que Peeta había usado la noche anterior. Me sentía patética, pero su compañía en ese breve fin de semana fue suficiente para renovar mi esperanza. Me hizo sentir normal e incluso hablamos de una posibilidad de estar juntos una vez que las cosas mejoraran. Teníamos un plan sólido, solo hacía falta que Gale autorizara mi alta.
Quizá fue toda la carga emocional o mi ansiedad por la próxima visita de mi madre, pero el sueño no llegó a mí. Di muchas vueltas en la cama sin poder encontrar una posición para dormir. Mis manos hormigueaban y sentía una opresión en el pecho por la desesperación. Tuve que practicar varios ejercicios que mi psiquiatra me había enseñado para lidiar con el estrés, sin embargo ninguno me funcionó. Tuve que rendirme y me pasé el resto del tiempo solo recostada, abrazando la almohada y rogando al cielo por que las horas pasaran rápidamente y sin ninguna visita indeseada.
Cuando estaba por amanecer, me acerqué hasta la ventana para poder ver los rayos del sol asomándose entre los árboles del bosque. Me abracé a mi misma y suspiré varias veces, al final la noche no había sido tan mala, pero tendría que hablar con Gale sobre ella y temía que significara un retroceso en mi terapia, seguramente no saldría antes de mi cumpleaños.
Fui hasta el baño para tomar una ducha, sintiéndome valiente me acerqué hasta el pequeño espejo que había en el lugar. Me gustó ver que la Katniss que me devolvía la mirada se veía bien, nadie podría decir que pasó una noche en vela, solo tenía unas pocas ojeras pero esas ya parecían ser normales en mí. Mi cabello lucía saludable y había un pequeño brillo en mis ojos, me veía estable. Rogaba para que eso jugara un papel importante a mi favor.
Rue llegó puntualmente para desayunar conmigo, en todo momento me vio como si temiera que fuera a derrumbarme sin previo aviso. Traté en verdad que eso no me afectara e incluso estuve a nada de pedirle que dejara de hacer eso, pero muy en el fondo sabía que su reacción era normal. Se preocupaba verdaderamente por mí. Lo único que podía hacer era seguir la conversación y demostrarle que no me encontraba al borde de un colapso nervioso por la partida de Peeta.
Mi amiga pareció por fin relajarse a mí alrededor y nos centramos en terminar nuestro desayuno. Antes de irse me recordó mi sesión con Gale y le aseguré que por nada del mundo podría perdérmela. Ya contaba los minutos para poder ver a mamá de nuevo. Rue me dejó sola para dejar los platos y atender sus responsabilidades junto a Tresh o Seele.
...
A las once de la mañana ya estaba parada frente a la puerta del cubículo número diez, el lugar de mi cita con Gale cada lunes. Respiré profundamente y limpié mis manos con el pantalón de mi uniforme varias veces antes de decidirme a tocar la puerta. Mi psiquiatra me indicó que podía pasar y aun así me tardé pocos segundos para entrar.
Abrí la puerta lentamente y asomé la cabeza hacia el interior, mi estómago se hizo un nudo por la imagen ante mí. Gale se encontraba sentado en un sillón de la sala, tenía algunos papeles sobre la mesa y parecía estar seriamente concentrado en ellos, lo que más me impactó fue verlo acompañado de mi madre. Di unos pasos hacia el interior y supe que la sonrisa en mi rostro no podría ser más grande.
Mamá se puso en pie al notarme en el lugar, no tuve que contar hasta cinco para sentirla tomarme en brazos. Una enorme calidez me invadió y de pronto todo parecía mejor. Por un momento casi pude olvidar los meses anteriores, y solo centrarme en descansar en los brazos de mi mamá. Sentí que besó mi sien y supe que debía decir algo, sin embargo no encontré las palabras adecuadas.
—Te amo— mamá me dijo en un susurro en mi oído ocasionando que las lágrimas corrieran libremente por mis mejillas.
—También te amo— logré decir, haciendo con ello que mi mamá me abrazara más fuerte.
Pasamos varios minutos así, simplemente repitiéndonos lo mucho que nos habíamos extrañado y riendo de vez en cuando. Cuando por fin superamos la emoción inicial, nos separamos y vimos a Gale contemplarnos atentamente. En su rostro estaba una enorme sonrisa y el orgullo llenaba su semblante. Mi madre limpió su rostro y después hizo lo mismo conmigo. Con ese simple gesto sentí la necesidad de echarme a llorar de nuevo, pero afortunadamente me contuve.
—Gracias— le dije a mi psiquiatra con voz ronca—. Gracias.
—Por nada, Katniss— Gale me guiñó un ojo y nos invitó a sentarnos en el sillón de dos puestos—. Susan, ¿Cómo ves a tu niña?
—Mi niña— mamá rió y me vio fijamente por un largo rato—. La veo hermosa. Es toda una luchadora. Anoche no pude dormir por nos nervios de saber que iba a verte de nuevo— mi sonrisa solo pudo crecer ante sus palabras. Por un momento había temido que ella no estuviera esperando por mí—. Y tengo, tantas cosas que decirle.
—Yo te entiendo, Susan y créeme que vas a poder hacerlo, sin embargo por ahora me gustaría que Katniss te hablara sobre su estancia en el once— mi psiquiatra me vio fijamente y asintió con la cabeza para darme ánimos.
No hablé de inmediato. Me tomé el tiempo suficiente para meditar acerca de la verdad que quería que mi madre supiera. Al final decidí contarle todo, desde mi forma de estar atrapada en mi propio mundo, hasta la manera en la que salí con ayuda de Rue, Gale y Seele. Las expresiones de mamá fueron diversas, en más de una ocasión derramó lágrimas y tuvo que aceptar los pañuelos que el doctor Hawthorne le daba. Pero sin duda el momento cúspide fue cuando le hablé de mis recompensas, le transmití mi emoción de poder responder a las cartas de todos y hablar directamente con ellos a través del celular.
—Como ves, Susan, Katniss ha logrado varios avances y comienza a reforzar sus redes de apoyo— bajé la mirada a mis manos unidas en mi regazo, ocasionando una risa suave por parte de mi psiquiatra—. Aun debemos trabajar en su capacidad para recibir elogios, pero eso se puede arreglar.
Mamá acercó una de sus manos y la entrelazó con la mía, supuse que en ese momento ella preguntaría acerca del tiempo que me quedaba en esa casa de reposo, sin embargo no tocamos el tema. No voy a mentir, me decepcioné por su esfuerzo en ignorar esa pregunta tan obvia, pero logré disimular un poquito.
La terapia terminó después de que mamá me contara acerca de las cosas relevantes que pasaron en el doce. Eso era importante ya que, según Gale, me ayudaba a darme cuenta de que la vida siguió su curso y que cada persona debía lidiar con sus asuntos para salir adelante.
Fue extraña la manera en la que cambió por completa la dinámica entre mamá y yo una vez que abandonamos el cubículo de Gale. Nos vimos envueltas en un completo e incómodo silencio mientras caminábamos por el pasillo hacia mi habitación en el centro de reposo. Sin la presencia de mi psiquiatra para ayudarme a regular mis emociones, temía que el pequeño resentimiento que aun albergaba hacia mi madre, saliera por fin a la luz.
Hice uso de todo mi autocontrol para no decir nada de lo que me arrepentiría más adelante, ese día solo era para pasarlo con mamá después de poco más de cuatro meses. Así que simplemente me limité a caminar con la cabeza baja y a un ritmo tranquilo, a pesar de que deseaba realmente alejarme corriendo. Me regañé mentalmente por tener ese pensamiento tan ridículo, eso era algo que haría la antigua Katniss, la chica que huía de sus problemas para refugiarse en los brazos de sus amigas "imaginarias". Yo era una nueva versión de mí, así que debía actuar de una forma coherente.
— ¿Ya comiste? — pregunté en voz baja hacia mi madre cuando llegamos a la sala de entretenimiento.
—Desayuné algo en el tren— asentí con la cabeza, tratando de encontrar un nuevo tema para compartir—. Pero puedo acompañarte si ya quieres comer algo.
—No, estoy bien— forcé una sonrisa que solo llegó a ser una mueca.
De nuevo nos quedamos en completo silencio. Con la mirada busqué a Rue para que me apoyara, sin embargo mi amiga permanecía lejos de nosotros, suspiré pesadamente ocasionando que una risa saliera de los labios de mi madre. Asombrada, fijé mi vista en la de ella.
—Kat, te noto un poco incómoda—tragué en seco por su observación y moví mis manos nerviosamente. Ella estaba corriendo directamente hacia los temas que yo deseaba evitar.
—No, estoy bien— al momento en que las palabras salieron de mi boca quise golpearme. La sonrisa en el rostro de mamá amenazó con fallar, entonces supe que necesitaba decir algo más inteligente—. Es solo que no puedo decidir qué hacer ahora.
— ¿Quieres ir a los jardines?— mi madre me ofreció amablemente, señalando hacia las puertas de cristal.
—Creo que preferiría presentarte a mis amigos— la sorpresa llenó su semblante y tuve que hacer uso de mi autocontrol para no poner los ojos en blanco. No era tan extraño que hubiera hecho amigos—. A Wiress le encanta ver novelas del Capitolio y a Harold casi nadie le gana en el ping pong, incluso Peeta tuvo que esforzarse demasiado para no perder de inmediato.
Mamá no me dijo nada, simplemente asintió y me siguió hasta donde se encontraban mis amigos. Silenciosamente me felicité por haber encontrado esa salida para hacer que nuestro momento juntas no se tornara incómodo.
El resto de la tarde me enfoqué en seguir la misma táctica que usé con Peeta al inicio: mantenernos acompañadas el mayor tiempo posible, de esa manera mamá no tendría oportunidad de tocar temas inadecuados que podrían detonar una serie de reclamos de mi parte. Vimos alrededor de cuatro capítulos de la telenovela de Wiress y resulta ser que esa historia logró cautivarme, ahora no podía esperar a verla completa con Peeta. Jugué de nuevo con Harold y otra vez le gané, haciéndome creer que mi amigo decidió concederme cierta ventaja. Mi mamá también quiso probar su suerte y decir que jugaba mal era poco para describir sus habilidades en el ping pong, sin embargo eso no impidió que disfrutáramos el momento.
Después de ir por mi medicamento, platicamos un largo rato con Tresh y Gloss cerca del puesto de enfermeras. Mamá parecía encantada de convivir con mi entorno y, sobre todo, no mostraba indicios de haber descubierto mi plan sobre mantenernos siempre acompañadas y evitar un tema desagradable.
...
— ¿Sabes?— algo en el tono que usó para decir esa simple palabra hizo que me sintiera a la defensiva. Regresábamos hacia la sala de entretenimiento para ver si podíamos unirnos a una partida de cartas, pero mamá decidió quedarse de pie frente a la puerta de cristal que daba hacia el jardín, me quedo a su lado y ambas contemplamos a los pocos pacientes que dan un paseo tranquilo—. Muchas veces me paré en este mismo lugar, observándote en tus paseos, siempre rogando silenciosamente para que voltearas a verme. Pero nunca lo hiciste. Recuerdo que Madge y Finnick me dijeron que por poco y los descubres. Y qué decir de Peeta, ese chico te atrajo como un imán. Pero yo...
—Mamá, eso no importa— mi voz fue apenas un susurro y al no obtener respuesta de su parte, temí que esa línea solo la hubiera pensado. Al cabo de unos pocos segundos mi madre por fin se giró hacia mí, su rostro completamente lleno de tristeza y las lágrimas amenazando con correr por sus mejillas.
—Importa para mí— trata de sonreír pero fracasa desastrosamente—. En una forma un tanto irracional, me hace creer que no hay ningún vínculo entre nosotras. Que algo se rompió hace cuatro meses— mi lado de hija me dice que debería decirle algo, desmentirla y prometerle que todo está bien entre las dos, pero eso sería una vil mentira.
—Nada se rompió cuando me trajeron al once— las palabras se sienten amargas cuando salen de mis labios. Mamá cree que estoy a punto de consolarla, pero no es nada cerca de la realidad. Ella tocó un tema sensible y las consecuencias están por llegar—. Nada se rompió porque ya todo estaba deshecho desde antes.
—Katniss— mi nombre se escucha como un susurro ahogado y casi al mismo tiempo pone una mano sobre su pecho. Le estoy causando un gran dolor, quisiera evitarlo, sin embargo...
—Cuando se arruinó todo fue desde el día del accidente de papá— es extraña la sensación que acompaña a mis palabras, es casi liberadora—. Me obligaste a ir a ese hospital, cambiaste por la presión de Sae, me amenazaste con lo que más temía y me dejaste a merced de mi abuela— mis manos están hechas puños a cada lado de mi cuerpo, mamá llora silenciosamente y agradezco que nuestras expresiones estén escondidas para el resto de las personas.
—No tenía idea— muerdo el interior de mi mejilla y me regaño al instante por hacerlo.
—Claro que no— digo un poco más alto de lo que hubiera planeado—. Pero tampoco es como si te hubieras dado el tiempo para preguntar. Me obligaste a visitar el hospital y cuando me dio el maldito ataque de ansiedad, ni siquiera te preocupaste por eso. No me cuidaste. Cuando me viste parecías culparme de todo y...
—Tu padre estaba grave— veo como traga en seco y recupera un poco la postura, pero cuando gira su cabeza hacia mí su poca valentía parece esfumarse.
—El tenía a su madre para acompañarlo. Yo necesitaba a la mía. No te pedía todo el tiempo, solo unas pocas horas— siento algo caliente rodar por mis mejillas y tardo en darme cuenta de que estoy llorando—. Y no conforme con eso, haces todo lo posible por olvidar a mi padre. Amo a Madge, pero me hubiera gustado pasar más tiempo en mi casa, recordar a mi padre ya que no tenía ni la más mínima idea de lo que pasó en su funeral. ¡Ni siquiera recuerdo donde está su tumba!— mi grito es tan fuerte que logro escuchar varios jadeos a mis espaldas.
—Kat, yo... yo no sé qué decir— mi madre se aleja unos pasos de mi lado y cubre su boca para evitar que un sollozo salga de ella.
—Eso no es novedad— digo amargamente y cierro los ojos antes de que una mano se pose suavemente en mi hombro.
—Saeta— la voz de Rue es suave y conciliadora, era obvio que ella vendría después de escucharme gritar— ¿Está todo bien?
No respondo porque no puedo por el nudo en mi garganta, en su lugar abrazo a mi amiga y recargo mi cabeza en su hombro, el llanto no debe tardar en llegar y preferiría estar en mi habitación para ese entonces. Mamá se acerca a nosotras e instintivamente me alejo de su toque.
—Katniss— mi madre habla en un susurro y estoy tentada a tapar mis oídos.
—Estaba bien, estaba bien— susurro rápidamente y odiándome a mi misma por mi actitud—. Rue, lo juro, estaba bien.
—Yo lo sé, Saeta— mi amiga acaricia mi espalda antes de que algo me pique en el brazo—. Pero necesitas tranquilizarte.
Me alejo de mi amiga lo suficiente para ver como guarda una jeringa completamente vacía, su rostro está lleno de culpa. Lucho contra el mareo y fijo mi vista en mi madre que llora silenciosamente, trato de verla mal para transmitirle mi molestia pero no consigo mi cometido y en lugar de eso, cierro por completo los ojos y me desvanezco en los brazos de alguien.
...
Peeta Mellark está parado junto a mí mientras me mantengo tendida en la cama, alarga su mano para acariciar mi rostro casi con veneración. Logro enfocar su rostro y una leve sonrisa aparece en su rostro segundos antes de que se incline hacia mí y junte sus labios con los míos, dándome un gran sentimiento de calidez. Una vez que se aparta toma mis manos entre las suyas para ayudarme a incorporarme, sin oponerme lo obedezco. El chico Mellark besa mis nudillos ocasionando que mis mejillas se sonrojen.
— ¿Qué sucedió, Everdeen?— me pregunta un poco decepcionado.
—Mamá. Eso pasó— murmuro y trato de apartar mis manos de las suyas, pero las mantiene en su lugar—. Al principio me gustó verla, pero después recordé todas las cosas que me hizo y tuve que reclamarle.
— ¿Y funcionó?— Peeta acercó de nuevo sus labios a mis nudillos y subió la mirada para verme directamente a los ojos mientras besaba en dorso de mis manos—. ¿Te sentiste mejor?
—Algo— confesé, porque era verdad, aunque aun podía sentir cierta culpa—. Pero ahora me siento enojada... Rue tuvo que aplicarme un calmante. Tenían demasiado tiempo sin ponerme una inyección. Tengo miedo de que me dejen mucho más tiempo en este lugar.
—Solo fue un error, no pasará a mayores— Peeta alarga su mano para acariciar mi mejilla.
—Aun así tengo miedo— confieso y el chico de ojos azules sonríe tranquilizadoramente.
—Quizá Gale te dé algún correctivo, sin embargo solo va a ayudarte a salir adelante— me promete y se acerca a besar de nuevo mis labios—. Solo esfuérzate mucho, Everdeen.
Estaba por decir algo más cuando sentí como si me tomaran por la cintura y tiraran hacia abajo, de pronto desperté sobresaltada en el centro de mi cama, en la habitación de la casa de reposo del once y sin la compañía de Peeta. Giré hacia derecha para encontrarme con Gale, sentado en una silla junto a mí. Su rostro estaba serio y sus gafas estaban puestas en la mesita de noche.
—Katniss— me encogí ante el tono frío de su voz, temí que en cualquier momento comenzara a llamarme de nuevo por ese odioso sobrenombre— ¿Qué te sucedió?
—Exploté— hablé firmemente, esperando que eso me ayudara demostrar que estaba bien—. No pude con todo.
—Cuando explotamos, es porque dejamos que todo se acumule. No hablamos en su momento acerca de lo que nos molesta y terminamos por colapsar— asentí y me acerqué más al borde de la cama— ¿Cuál fue la gota que colmó el vaso?
—Mamá, hablando sobre las veces que me vio en el jardín. Dijo que sentía como si algo se hubiera roto cuando me mandaron aquí— hablé en voz tranquila, como un niño que es descubierto en plena travesura—. Le dije que algo falló desde el accidente de papá y... bueno, todo lo demás ya lo sabes.
—Katniss, es cierto que tienes varios temas que hablar con tu madre, pero por ello les doy el espacio de la terapia, espacio que se desaprovecha si te niegas a hablar— bajé la mirada a mis manos en mi regazo—. Pero eso puede esperar a mañana. Hoy debes estar cansada por los sedantes que, aunque no fue mucho lo que administramos, tu cuerpo podría resentirlo y no quisiera que te causara inconvenientes. Así que Rue va a traer tu cena y algunas cartas que llegaron hoy.
—Gracias Gale— mi psiquiatra se puso en pie y se atrevió a alborotar mi cabello como si fuera una niña, me dedicó una sonrisa amable y se fue.
Como dijo, mi amiga entró minutos después con una bandeja y mi plato de comida. Rue me dejó a solas argumentando que debía atender otros asuntos y, aunque dudaba de la veracidad de su excusa, asentí con la cabeza. Comí mi cena y después puse la bandeja afuera de la puerta de mi recámara, cepillé mis dientes y al regresar a la cama me centré por completo en las dos cartas que Rue había traído para mí.
Una de ellas era de Peeta, obviamente el chico Mellark se esforzaba al máximo por cumplir su promesa de escribir todos los días. Con una amplia sonrisa leí lo que tenía para decirme. Aparentemente su regreso al doce fue demasiado ocupado y tal vez un poco trágico, sin embargo todo mejoró cuando me dio la noticia de que iba a ser hermano mayor. No puedo simplemente describir la emoción con la que recibí sus palabras. Yo siempre había deseado tener varios hermanos, pero mis padres decidieron que conmigo era más que suficiente, sobre todo con la historia médica familiar. Al saber la noticia no podía más que estar feliz por mi chico Mellark. Así que sin perder tiempo, fui por una hoja y plumas para escribirle una respuesta inmediata, si le entregaba a Rue esa carta, probablemente Peeta tendría la respuesta a la mañana siguiente.
Trabajé rápido y en orden, le hablé brevemente sobre mi día, sin ser demasiado específica sobre el incidente con mi madre y no desperdicié la ocasión para felicitarlo por su pequeño hermano. Le mandé un saludo a Haymitch y a Effie, junto con mis mejores deseos.
Como si supiera el momento exacto para entrar, mi amiga llegó y tocó a mi puerta, simplemente intercambiamos unas pocas palabras y después le entregué mi carta para Peeta. Regresé al centro de mi cama y tomé la siguiente carta entre mis manos, esperaba ver el nombre de Finnick en el sobre, sin embargo me congelé al instante al reconocer la caligrafía de Johanna.
Sin detenerme a pensar demasiado sobre la razón para que ella me escribiera, rasgué el sobre y saqué la hoja donde estaban escritas las palabras de la chica Mason.
"Bueno, sé que estás a cientos de kilómetros de distancia, pero hasta acá puedo escucharte decir ¡Que mierda! Porque, okay, es exactamente lo que yo diría si estuviera en tu lugar.
Ahora quiero decir gracias ya que has decidido no botar la carta después del primer párrafo, supongo que te gustaría conocer algunas respuestas... estás en tu derecho.
Si nos viéramos de frente tu expresión sería de completo asombro, nunca demasiado enojo, porque ambas sabemos que tienes un muy buen autocontrol para eso. Tu primera pregunta sería ¿Porque diablos decides hablarme hasta ahora? Bien, la respuesta es sencilla: por fin pude arreglar mis jodidos problemas como para acercarme a las personas que me importan de nuevo. Decidí ir a un loquero y resulta que no es tan terrible como pensé que era al principio. Lamentablemente a mi no me tocó un tipo caliente como el infierno igual que Gale—culo—sexy—Hawthorne.
Tu Segunda pregunta supongo que sería, ¿Porque? Haciendo referencia a mi patética huida. Bien, esa ya no es tan sencilla, pero haré mi mejor esfuerzo: Como te dije, Kat, tuve que lidiar con la mierda que eran mis asuntos personales, los cuales trataba de olvidar con tu compañía y con la de Finnick, sin embargo me di cuenta que tu también tenías, y esto lo digo sin tratar de ofenderte, mucha mierda con la que lidiar. No sé si te lo dije, pero tuve un hermana llamado Oliver, el cual también tenía esquizofrenia tipo paranoide. ¡Vaya jodida suerte la mía! Y su suicidio ocasionó que mi familia "colapsara". Intenté alejar los recuerdos recurrentes de sus ataques. Todo iba bien, hasta que no pude huir más de mi realidad. No te culpo, pero aquella vez que te seguía al baño, me di cuenta de lo grave que te encontrabas y fue lo que influyó para tomar mi decisión. No pretendo justificarme, simplemente creí que necesitabas saberlo. Ahora yo también te hablé de un secreto mío.
Tu cara ahora debe de ser tipo "Jodeeeer" y no te culparía. Yo solo te cuento esto para que logres entenderme un poquito. No te pido disculpas porque, bueno, estaba en todo mi derecho de mantener distancia, aunque si te doy la explicación que mereces.
Me animé a escribirte después de tener demasiadas dudas al respecto, hasta mi parecer tu familia podía odiarme, sin embargo por consejo de mi psicóloga fui a una de las tantas cenas a las que Susan me invitó. Nunca dejó de hacerlo. Entonces, pude comprobar que estás rodeada de personas geniales, es decir Finnick es tu protector, Peeta tu chico enamorado, Madge tu tía increíblemente buena para la moda y cien por ciento comprensiva, Gale es tu sexy psiquiatra y Susan... es la mamá en completo balance, te ama y puede llegar a consentirte, pero a la vez logra poner tus pies sobre la tierra y te ayuda a ver las cosas desde diferente perspectiva. Y luego estoy yo, para darle un pequeño balance a tu vida casi perfecta.
Estás en tu derecho de mandarme directamente a la mierda romper mi carta, quemarla y bailar sobre sus cenizas, sin embargo me gustaría creer que legaste al final porque tenías solo un poquito de curiosidad sobre todo lo que una descerebrada como yo pudiera decirte. Pero quisiera que entendieras que voy a estar un poco más cerca de ti, Finnick y yo estamos intentando algo de nuevo... y me gustaría demasiado regresar a la amistad que tú y yo teníamos antes, si se puede algo mejor, para no hacer las cosas extrañas e incómodas.
Si te agrada la idea, o quieres recordarme la jodida perra que soy, puedes escribirme una carta, Finn dice que ya tienes ese privilegio. Y si estás de acuerdo, me halagaría que me permitieras ir a visitarte el fin de semana, sé que son pasos gigantescos los que te pido, sin embargo te pido que los consideres.
Johanna."
Por más que leo la carta varias veces no puedo salir de la sorpresa inicial. Aunque tengo la prueba en mis manos aun no soy capaz de asimilar que Johanna por fin se pusiera en contacto. Una pequeña sonrisa se dibuja en mis labios y siento que mi red de apoyo comienza a crecer poco a poco. Sí, hay temas que me gustaría hablar con ella, aunque la mayoría ella ya las tocó en su carta. De nuevo voy por mis cosas y escribo una respuesta para la chica Mason, aunque esa carta sería entregada hasta mañana.
Son cerca de las nueve de la noche cuando por fin me recuesto y me quedo dormida al instante, agotada por todas las emociones de mi día.
El martes no es Rue la que llega a desayunar conmigo, sin no Seele que simplemente se queda en mi habitación hasta que termino mi comida y después me escolta hacia un cubículo donde estoy cien por ciento segura de que Gale está esperándome. No me equivoco, como el día anterior mi psiquiatra está sentado en el escritorio revisando algunos papeles y mi madre se encuentra en una silla frente a él, cuando entro los dos se giran para verme y me saludan casi al mismo tiempo, suspiro antes de llegar hasta ellos y comenzar con esta terapia que promete ser un dolor de cabeza.
Casi una hora después creo que ya no puedo llorar más y creo que mamá está en la misma situación. Básicamente Gale nos obligó a abrir heridas para comenzar con la limpieza. Es como cuando era pequeña y me caía, ocasionándome un profundo corte en la rodilla, seguía jugando con tal de olvidarme del dolor, sin embargo lo peor venía una vez que llegaba a casa. Mamá se alarmaba y me obligaba a ir al baño para lavar la herida y la sangre seca. El dolor regresaba y con cada gota de alcohol que ponían sobre mi piel era peor que la otra, pero mi madre decía que todo eso era por mi bien.
Así que el doctor Hawthorne nos hizo hablar sobre el accidente de papá y su estadía en el hospital, mi madre se disculpó por no haberme visitado cuando tuvieron que internarme, pero no lo hizo por obligarme a ir de vista con mi padre y mucho menos se disculpó por vender la casa y el auto. Sin embargo eso parecía pasar a un segundo plano de importancia, por fin platicábamos civilizadamente.
Lo único rescatable fueron los recuerdos. Mamá me habló sobre el funeral de papá, dijo que no daba indicios de estar perdida en mi mundo, sino que simplemente lucía demasiado consternada, dijo que Peeta me mantuvo cerca, sosteniéndome en sus brazos y susurrando cosas tranquilizadoras. Mi madre tuvo que reconocer que el chico Mellark era bueno para mí, junto con mis demás amigos.
También me habló de las cenas que organizaba en casa y de la buena relación que estaba manteniendo, aseguró que para el momento en el que regresara al doce, me encontraría con un buen lugar para seguir con mi recuperación.
Así que durante toda esa sesión no pude más que agradecer un poco más a Gale por su trabajo y apoyo.
...
El resto de la semana parece transcurrir en relativa calma. Mamá regresa el miércoles al doce, no puedo evitar llorar porque en el fondo me afecta saber que ella regresa a su vida y yo me quedo atascada en ese lugar, sin duda es algo que necesito volver a hablar con Gale lo más pronto posible. Por la tarde de ese mismo día mi tía Madge llega para relevar a mamá y no puedo, ni quiero, esconder mi emoción. Ambas lloramos abrazadas y trato de ponerla al corriente de todo.
El jueves tenemos una sesión con mi psiquiatra en donde ahora expongo algunas quejas en forma amable y asertiva, estoy segura que eso me da muchos puntos para mi próxima salida de ese lugar.
Por la tarde salimos a pasear y mi tía me acompaña a leer las cartas de Peeta y Finnick, incluso me ayuda a responderles. Le hablo sobre Johanna que solo escribió una vez más para confirmarme su asistencia el fin de semana.
Y cuando menos me lo espero, el viernes ha llegado. Ni siquiera tuve demasiado tiempo para analizar cuanto extrañé a Peeta, simplemente me centré en mí día a día y logre seguir adelante, lo que me da tranquilidad ya que no me gustaría caer en cierta dependencia hacia el chico Mellark.
El viernes por la tarde, después de la partida de Madge me dediqué por completo al cuidado de nuestro huerto. Tresh me designó como capitana de un grupo de pacientes y juntos nos encargamos de cortar algunos vegetales y plantar nuevos. Mi atención está completamente en Randy, un paciente con ansiedad que no logra realizar adecuadamente sus tareas y el tiempo está por terminarse, estoy por tomar sus herramientas y hacer su trabajo pero es cuando siento una intensa mirada posada sobre mí y un escalofrío recorrer mi columna vertebral, justo como una semana atrás. Me pongo de pie y dirijo mi vista hacia la puerta de cristal, estando completamente segura de lo que voy a encontrar.
— ¡Everdeen!— Peeta trota en mi dirección y ayudar a Randy queda en un segundo plano. Recorro la distancia que me separa de mi chico de ojos azules y me refugio en sus brazos. La sonrisa en mis labios no podría ser más grande.
—Llegaste— murmuro contra su pecho y lo siento besar mi coronilla.
—Llegamos, de hecho— la voz de Finnick me sorprende y aunque quisiera besar a Peeta, necesito llegar hasta mi mejor amigo.
—Vaya, eso sí que fue digno de una película de romance hecha por el Capitolio— encuentro a Johanna junto a Finnick y no tardo en notar sus manos entrelazadas. En ese momento quizá pude llorar un poco por la emoción.
—Acabas de leer mi pensamiento— el chico Odair le contesta entre risas.
Abrazo a cada uno y besos sus mejillas antes de regresar junto a Peeta y tomarlo por la cintura haciendo que él me acerqué un poco más hacia su costado. Quiero decir algo, pero las palabras simplemente se niegan a hacer una oración coherente.
—Por Dios, bésala ya. Poco les falta para comenzar a follarse con la mirada— Jo nos da uno de sus comentarios y logra sonrojarme, sin embargo no tengo demasiado tiempo para pensar antes de que Peeta tome mi rostro entre sus manos y deposite un cálido beso sobre mis labios, haciéndome recordar algunos de mis sueños y vaya que la realidad supera con creces los recuerdos—. Ya, campeón, déjala respirar. O la adorable enfermera Rue va a tener que lanzarles una cubeta de agua fría.
—Gracias, Jo— susurra Peeta y después deposita un último beso en mis labios—. Hola, cielito.
—Hey— lo empujo amablemente y rio por el apodo que decidió darme.
— ¿No te gusta? Puedo buscar otro, en lo personal me gusta Saeta, pero Rue no va a estar contenta de que usurpe su idea. También podría llamarte mi chica en llamas— sonrío tontamente por sus palabras y recargo mi cabeza en su pecho, solo para sentir algo bajo la tela de su camisa, sin pedir permiso abro el primer botón y encuentro el dije de sinsajo que le di para navidad.
—Santo cielo, busquen una habitación— Finnick se encarga de cubrir los ojos de su novia.
—Deja, Odair, no es como si no lo hubiera visto antes—. En un momento estamos riendo y al otro un silencio incómodo se apodera de nosotros—. Mieeeerda.
Aun sin entender veo de Johanna a Finnick y de ahí hacia Peeta. Ninguno dice nada pero cada uno de ellos parece entender el secreto. Me alejo del abrazo del chico Mellark y puedo ver en su rostro varias emociones, entre ellas la culpa y el miedo.
— ¿Peeta?— mi voz parece rota y me hiere que él no diga nada—. ¿Porque Johanna dijo eso?
