¡Hola!

Aquí cumpliendo con mi palabra...

Les presento el capítulo final de una de mis historias favoritas.

Antes que nada, les aviso que aunque conté con tiempo para hacerlo con calma, por un inconveniente personal, al final me ha tocado hacerlo contra reloj, por lo que les suplico perdonen cualquier error.

Ahora sí, a leer y deseando que lo disfruten.


En puntillas

Vigésimo capítulo

Adiós Madrid

Su mente la había sumido en un estado de negación absoluta. A pesar de que con cada respiración iba volviendo en sí, Sakura intentaba con todas sus fuerzas que la inconsciencia la retuviera por más tiempo. Le temía a la realidad. Le aterraba despertarse y comprobar que, en efecto, sí había pasado; que no era una pesadilla. Su pulso se aceleró tras producirse ese pensamiento y un jadeo de pánico se abrió paso por su garganta, provocándole un acceso de tos, leve.

-¡Creo que está reaccionando! –la emoción de esa voz femenina no pasó desapercibida a los adormilados sentidos de Sakura y aunque ella no lograra reconocerla al punto, algo en su tono le reveló que podía confiar en ella.

-Sigo pensando que es mejor llevarla a un hospital –objetó otra persona en voz más baja que la anterior y con un indiscutible acento de pereza resbalando por cada silaba- esa herida no se ve nada bien.

La chica rubia que estaba sentada en la orilla de la cama, al lado de una Sakura bastante desalentada, hizo un gesto significativo con la mano para restarle importancia a los aportes del otro al tiempo que, como por arte de magia, la sola mención de la palabra herida ocasionaba que a la bailarina empezara a dolerle la cabeza como si un martillo estuviese golpeando un yunque dentro de ella.

-Como si no conocieras a Sakura –arrugó la nariz, hastiada- es peor que tú; si despierta en un hospital es capaz de acusarnos de secuestro. –parece meditar en algo- Además, en estos casos es mejor no mover al paciente –completó como si ella fuese una eminencia en medicina neurológica.

Justo en ese momento, la aludida abrió los ojos con dificultad. Todo daba vertiginosas vueltas en rededor suyo. Se llevó las manos a la cara en un movimiento aparatoso y rozó el borde de la banda antiséptica que cubría el pequeño corte de su frente. Ese hecho consiguió atraer aún más la atención de los dos chicos.

-¡Sakura! –exclamó la rubia de coletas con los ojos todos llenos de lágrimas mientras se abrazaba a la interpelada- ¡Gracias a Dios que estás bien! Estábamos a punto de llevarte al doctor.

-Sí como no –refunfuñó el otro de cabellos castaños, cuyo rostro estaba contraído en una mueca de fastidio- ¿No y que era mejor no moverla?

La chica escuchó las voces sin entender nada. Sin saber que hacían ellos allí. Sin adivinar la razón de su evidente alivio. Tenía la misma sensación de cuando se sintió mal en el velero de Tenten, por eso tomó una gran bocanada de aire y con la mirada aún perdida habló:

-¿Él…? –tosió para pronunciar mejor su pregunta y ese acto le fragmentó el cráneo en una punzada de dolor físico, casi, inaguantable. Volvió a llevarse las manos a la cabeza- ¿Dónde está él?

-¿Quién? –preguntó Temari, airada, incapaz de controlar su curiosidad- ¿Quién te hizo esto?

Cuando el nombre de Iruka resonó en su mente, Sakura reprimió un gemido de angustia para de inmediato estudiar a sus visitantes. Lo comprendió: ellos no sabían nada. Entonces ¿cómo habían llegado allí?

-¿Cómo se enteraron? –repreguntó.

-Me enviaste un mensaje –Sakura hizo un mohín de desavenencia- Bueno, es obvio que no fuiste tú, pero alguien me envió un mensaje desde tu celular diciéndome que estabas en peligro –corrigió la rubia, atropellando las palabras- cuando Shikamaru y yo llegamos hace como media hora, la puerta estaba entreabierta, tú estabas en la cama desmayada y con esa toalla ensangrentada cubriéndote la cabeza. Ahora sí, dime que carajos fue lo que pasó.

La interrogada suspiró con pesadez e hizo un aspaviento indicándole a su amiga que no podría contarle nada mientras hubiera Moros en la costa. Shikamaru quien, pese a blasfemar en contra de las mujeres tachándolas de "problemáticas", las conocía al dedillo, no le hizo falta una petición verbal y excusándose vagamente se marchó.

-Estamos solas –anunció Temari como si hiciera falta- ¿Puedes decirme de una vez por todas quién te hizo esto?

A Sakura casi que le toca amarrar a Temari luego de que le contara lo que Iruka estuvo a punto de hacerle. La rubia parecía un león enjaulado, imprecando de un lugar a otro de la habitación en contra de su antiguo maestro. Desde afuera Shikamaru sentía como si se estuviese reproduciendo el ataque a Pearl Harbor.

-Contrólate –pidió Sakura en un musito- a fin de cuentas que no pasó nada.

-No, sí que pasó. Ese desgraciado no puede seguir haciendo de las suyas. –una mirada fría se pinceló en los ojos de su apolínea amiga- Él tiene que pagar por esto.

-¿Quieres que lo denuncie? –preguntó Sakura, ofuscada, inspirando trabajosamente. Esa no era ni siquiera una posibilidad.

-No –replicó, macabra, la rubia de coletas- Quiero contratar a la Yakuza para que lo muela a golpes.

-Temari no exageres.

-¡¿Qué no exagere?! –repitió, escandalizada- Deja tú de actuar como si no fuera la gran cosa. Esto es más grave de lo que quieres ver.

-Estoy de acuerdo –trató de levantarse, pero se mareó- créeme que sé que tienes razón, pero si lo denuncio voy a volver a estar en el ojo del huracán ¿Leíste la prensa estos últimos días? Soy la comidilla de medio mundo.

-¿Y desde cuándo te interesa lo que la gente diga de ti? –la retó Temari con impaciencia.

-No es que me importe, sin embargo, no quiero tensar más las cosas con el Embajador. Otro escándalo y bueno, no quiero ni imaginarme que pasaría. Si de por sí ya no quiere veme ni en pintura.

Temari la estudió con ojo clínico para finalmente concluir:

-Tú no lo estás haciendo por tu papá, Sakura –mal plan mentirle a quien mejor la conocía- a ti poco te importa lo que él piense o deje de pensar. Lo entendería si esto hubiese pasado hace un par de años atrás cuando todavía tenías la esperanza de que si eras una chica buena, algún día el Embajador iba a prestarte atención y se comportaría como el padre amoroso que siempre has querido –una duda descabellada cruzó por su mente- ¿Por qué no quieres tomar represalias en contra de Iruka? –esperó la respuesta, pero Sakura no parecía dispuesta a contestar- ¿Tú no lo estarás encubriendo porque sigues enamorada de él?

-¡¿Estás loca?! –puso los ojos en blanco- no quiero que esto salga a la luz porque de hacerlo todo el mundo se va a enterar. Todo el mundo –subrayó y la rubia pareció entenderlo:

-No quieres que Sasuke se entere.

-Si se entera no necesitaremos a la Yakuza; él mismo irá a partirle la madre a Iruka. Si ya se pelearon por una estupidez; imagínate lo que pasaría si Sasuke se entera de esto.

-Lo mata –se mostró de acuerdo la rubia y por un instante sus ojos azules se iluminaron, malévolos, acariciando la idea- justo lo que se merece.

-Sí, pero eso sería caer en el mismo círculo vicioso y ya estoy harta de todo eso. Así que prométeme que no le dirás a nadie lo que pasó, ni siquiera a Shikamaru.

A regañadientes, Temari se lo prometió y por mala suerte, ella siempre cumplía sus juramentos. Siempre.

-Pero que quede claro que yo no estoy de acuerdo –advirtió.

Sakura asiente, pergeñando una media sonrisa de complacencia luego de caer en la cuenta de que su amiga había ido a auxiliarla. Eso quería decir que ya no estaba molesta con ella. Al menos había sacado algo bueno del intento de violación de Iruka. Había recuperado a su mejor amiga. Razón tienen todos aquellos que dicen que no hay mal que por bien no venga.

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Sasuke entró a su departamento cargando sus maletas y las de Shion, que venía a pasar unos días en la ciudad antes de regresar a Tokio. De inmediato, marcó al celular de Sakura a ver si esta vez tenía suerte y lograba comunicarse con ella. Obtuvo el mismo resultado.

-Deberías ir a verla –sugirió Shion con una mueca obvia luego de que Sasuke soltara un bufido de frustración- yo mientras voy a darle una ojeada al departamento. No siempre se tiene la oportunidad de conocer el set donde se han desarrollado tantas escenas dramáticas –comentó con burla, refiriéndose a los sucesos que su amigo le había contado- ¿Dónde me dijiste que está la tina?

-No te lo dije –replicó Sasuke, cortante. Lamentablemente no estaba de humor para celebrar las bromas de su amiga- estoy muy preocupado por Sakura; desde ayer no atiende mis llamadas y no ha contestado a ninguno de mis mensajes.

-Pues sube a buscarla; si quieres voy contigo.

Sasuke lo sopesó por una milésima de segundo y enseguida, resolvió:

-Iré yo solo; mientras tanto, tú, instálate.

La rubia se limitó a asentir a la par que veía al chico perderse con paso apresurado por el umbral rumbo al piso de arriba. Suspiró, desenado que todo estuviera en orden. Ella no era supersticiosa, pero presentía que algo iba mal.

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El timbre resonó y la puerta seguía sin abrirse. Sasuke bufó con obstinación y volvió a tocar, insistente. Estaba demasiado ansioso, y es que no era para menos. Lo último que supo de Sakura fue por medio de un mensaje de WhatsApp, a eso de las nueve de la noche del día anterior, en el que ella le comentaba que recién había llegado a su casa, se metería a dar una ducha y de ahí directo a la cama; después de eso, por más que quiso, no logró comunicarse con ella. La paciencia, que para Sasuke siempre había sido una eterna y excelente compañera, acababa de llegar a su límite. Para ser exactos, el chico estaba que echaba la puerta abajo. Por fortuna, una vez que la idea cruzó por su mente no fue necesario llevarla a cabo. Alguien por fin se asomó.

-¿Dónde está Sakura? –preguntó, entrando sin ser invitado y oteando a Temari con una profunda mirada de sospecha.

-Hola, yo estoy bien, gracias por preguntar –refutó la otra, más que con sarcasmo, con burla mientras se sacudía el pliegue de una pijama que Sasuke reconoció. Ella se había quedado a dormir para acompañar a Sakura que todavía estaba bastante nerviosa por lo sucedido con el patán de su ex marido.

El muchacho le lanzó una mirada capaz de agriar la leche.

-Vale, -suspiró ella al tiempo que se encogía de hombros- está en el aseo.

Sasuke le propinó un último vistazo cargado de recelo y se fue en busca de Sakura. No tuvo que llegar al baño, pues una vez que hizo rodar la perilla y entró a la habitación, la vio de espaldas escudriñando en el armario, seguramente buscando algo para ponerse.

-Alguien debería hacerte entender que los teléfonos son para atenderlos.

Al escuchar la voz de su novio, el corazón le dio un vuelco. Una descarga de adrenalina le recorrió el torrente sanguíneo cuando se volvió y pudo vislumbrar ese, perfectamente, pincelado rostro suyo que le robaba el aliento a cualquiera; ella incluida.

-¡Sasuke! –exclamó de emoción, lanzándose en sus brazos- ¡Qué bueno que regresaste!

-Te extrañé mucho –repuso él, tomando su rostro para besarla, pero en lugar de eso, al percatarse de la curita que cubría parte de su frente, inquirió- ¿Qué te ha pasado?

La bailarina tragó grueso a la par que la respiración se le empezó a entrecortar.

-Na-nada… bueno, nada grave… -sus ojos empezaron a dar tumbos por toda la recamara sin saber a ciencia cierta dónde posarse- me caí y me golpee con el borde de la cama.

-¿Te caíste? –repitió con incredulidad. Vamos, era bailarina; se suponen que ellas tienen un talento natural para mantener el equilibrio.

-Aja –suspiró ella mientras hacía un ademán de desinterés para cambiar el tema, magistralmente- ¿Qué tal tu vuelo?

Él se alzó de hombros a la par que contestaba:

-Excelente.

Sakura tomó un vestido de tirantes de su guardarropa y lo cambió por el pijama que traía puesto; todo eso, bajo la atenta mirada de su novio. Solo que al instante siguiente de ponérselo, cambió repentinamente de opinión. Agarró, entonces, una camisa de mangas largas blanca y un short de poliéster color beige.

-Siempre me ha gustado cómo te queda el vestido –apostilló Sasuke- ¿Por qué te lo cambias?

Ni loca que estuviera para decirle que acababa de notar que tenía moretones en los brazos; marcas cortesía de Iruka. Suficiente tenía con tener que disimular la bofetada bajo toneladas de maquillaje.

-Es que tiene una costura ida –replicó sin darle la menor importancia. En seguida, un recuerdo se paseó por su ajetreada mente- ¿Has visto a Temari?

-Está en la sala.

Entonces, Sakura salió a la estancia, siendo seguida por Sasuke. Allí se reunieron con Temari, quien tuvo que morderse la lengua para no contarle al novio de su amiga lo que el malnacido de Iruka quiso hacerle. Seguía pensando que ese idiota tenía que recibir un castigo. No obstante, cuando vio el rostro sombríamente amenazante de Sakura, no le quedó de otra que cumplir con su palabra. No dijo nada, ni ahora ni nunca.

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Así se fueron pasando los días…

La convivencia en el edificio San Pedro mutó completamente; llegando al límite de la rutina. Sasuke y Sakura estaban aparentemente felices. Con Shion, Shikamaru y Temari salían a divertirse muy seguido y cuando los amigos del cantante retornaron de Marbella, la fiesta estuvo completa. Todo marchaba viento en popa. Sakura no volvió a saber nada de Iruka después de que Hana le contara que el susodicho se había devuelto a Australia. Lo único que seguía igual y que, por los vientos que soplaban, seguiría así por el resto de sus días, era la relación de la bailarina con su padre: insosteniblemente tensa como era, ella ya no tenía esperanza ni ganas de alentar una mejora en ese aspecto de su vida.

En resumidas cuentas, el cosmos le estaba retribuyendo con creces todos los malos momentos que le tocó experimentar. Ya no había fantasmas del pasado pisándole los talones ni ningún secreto que pudiera suponer un obstáculo en su felicidad. A excepción de que Sakura no sabía qué hacer con la propuesta de la compañía norteamericana, podría decirse, que no había nada que la preocupara.

El departamento de Tenten, donde por supuesto vivía Neji, se había convertido en la guarida de esa pandilla de jóvenes japoneses radicados en el país europeo. Allí pasaban la mayor parte de su tiempo, haciendo nada y hablando de cualquier trivialidad. Sasuke, prácticamente se había mudado al piso de Sakura, mientras que Hinata y Sai seguían instalados en el quinto piso del edifico con Shion como huésped.

-Gracias, pero yo paso –comentó Hinata, sonrojada por la petición de Tenten de posar para ella.

-Anda, cuñadita, no seas mala –rogó la pelicastaña con disimulo mientras le acariciaba los hombros a su novio y el resto de los presentes reprimía las ganas de reír por la cara de espanto de Hinata; solo Sai parecía no estar disfrutando de la broma de Tenten- tú serías perfecta para figurar en uno de mis desnudos.

Hinata volvió a negar, rotunda.

-Al menos piensa en mi oferta y luego me dices –acordó.

-Y hablando de ofertas –intervino Temari, dirigiéndose a Sakura- ¿Tú ya decidiste si vas aceptar la propuesta de la compañía?

Ella se quedó en silencio; quien contesto fue Sasuke.

-¿Qué propuesta?

-La de la New York City Ballet –replicó Temari con obviedad; segura de que él estaba al tanto.

La cara de Sasuke se contrajo en una mueca de incomprensión al tiempo que Sakura deseaba matar a su amiga por ser tan indiscreta.

-¿Vas a bailar para la New York City Ballet? –preguntó Shion, entonando con júbilo- ¡Eso es genial, Sakura!

-¡¿Nueva York?! –escupió el cantante, enfadado- ¿Piensas irte a Norte América? ¿Por qué no me lo dijiste?

Sakura suspiró con agobio antes de decir:

-Porque aún no he decidido nada.

-Pero es lo que siempre has querido –empeoró Temari para horror de su pacata amiga- no creo que tengas mucho que pensar.

Sakura puso los ojos en blanco. Iba a matarla, por Kami que sí.

-Sí –se aclaró la garganta- pero ahora quiero otras cosas.

Sasuke negó y bufó al mismo tiempo. Acto seguido se levantó del mueble que compartía con Shion y Sakura. Lanzándole una mirada glacial a ésta última, pidió con voz indefinida:

-¿Podemos hablar?

Ella dejó caer las pestañas en un gesto de asentimiento para después seguirlo hasta la terraza. Una vez cerró la puerta, Sasuke la enfrentó:

-¿Por qué no me dijiste que planeabas irte a Nueva York?

-Sasuke, yo no estoy planeando irme a ningún lado. Apenas y lo estoy considerando.

-¿Dices que no sabes si vas a irte? –siseó la pregunta con suspicacia- Pero Temari tiene razón, eso es lo que tú siempre has querido. Me los dijiste muchas veces antes de que nos hiciéramos novios.

-Las prioridades cambian –se limitó a decir al tiempo que se situaba a su lado, recostándose en el balcón.

-No las de este tipo, Sakura, tú siempre has anhelado el día que una compañía de Nueva York te contratara –Sasuke sonrió de forma vacía, casi, seca- Ese es tu sueño y no puedes renunciar a él.

-Tú no entiendes –señaló con un aire de depresión extrema.

-Explícame –la impelió con voz arrulladora, aunque él ya se imaginaba la razón de la reticencia de Sakura; eran las mismas por las que él había optado por abrir un sello disquero en la ciudad española.

-No quiero separarme de ti –confesó, avergonzada de sus propias palabras- tengo miedo de… -se detuvo y ocultó el rostro con su flequillo.

Jamás le había gustado ser vista como una fangirl, pero la verdad era que ahora mismo le aterraba alejarse de Sasuke. Si algo dictaba la historia es que nada bueno pasaba cuando ellos dos se separaban. Era un hecho casi inexpugnable que de montarse en ese avión estaría condenando su noviazgo a la extinción.

-…De que si te vas nuestra relación termine –Sakura asintió, cabizbaja- Eso no va a pasar, Sakura –aseguró él, rodeándola con sus brazos-Y en el peor de los casos, tú no puedes dejar de lado aquello que tanto amas por nada.

-Puedo hacerlo por ti, porque te amo más.

-Eso dices ahora –pensó en ello durante un minuto- pero cuando te des cuenta que dejaste lo más por lo menos, te vas a arrepentir.

-¿Crees que no lo sé? –suspiró con acritud- Ésta es la decisión más importante de mi vida; por eso es tan difícil decantarme por una opción.

-Tú eres bailarina; no debería ser tan difícil.

-Pues lo es –replicó ella, curvando los labios en una sonrisa triste- y el ballet es lo que hago, Sasuke, no lo que soy. A menos, claro, que tú quieras que me vaya porque temes que si dejo de bailar ya no te interesaría como mujer.

-¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

Ella hizo una profunda aspiración y de inmediato replicó:

-Una vez me contaste que te enamoraste de mí cuando me viste bailando –se encogió de hombros- ¿Crees que ya no te interesaría igual si no fuera una bailarina?

-Sakura… -dudó un minuto- ¿Cómo decirlo? Yo no te amo porque seas bailarina, te amo a pesar de ello.

A la muchacha se le iluminaron los ojos, pero, en definitiva, seguía sin saber qué hacer. Temari y Sasuke tenían razón: ese era su sueño. Lo que más había querido. Era la solución a todos sus problemas. Para empezar, ya no tendría que seguir dependiendo económicamente de su papá y por ende las visitas desagradables a la Embajada ya no serían necesarias. Eso, hablando en términos lucrativos, sin embargo, el punto más importante era el aspecto vocacional. Si se iba a Nueva York tendría la posibilidad de convertirse en una de las mejores bailarinas del mundo; sería como su mamá.

-Tengo que pensarlo –dictaminó alzando las manos al cielo como en busca de una contestación astral.

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Transcurridas dos semanas, era mucho lo que había sucedido. No obstante, el acontecimiento más transcendental tenía que ver con la resolución de Sakura. La bailarina tuvo que admitir que aunque tenía sus reservas en cuanto al futuro de su idilio con Sasuke, no podía perder esa oportunidad que le brindaba la vida. Después de todo, nada pasa de las misma manera dos veces; era ahora o nunca.

Por eso, Sasuke con la ayuda de Temari y la chica Hyuga, le organizó, en su departamento, una fiesta de despedida a Sakura que hoy en la noche viajaba a Norte América para firmar su contrato con la compañía neoyorquina.

-Todo está listo –avisó la chica de ojos azueles mientras observaba orgullosa su trabajo- ¿En cuánto tiempo llega Sakura?

-No debe tardar –apuntó Sasuke, verificando la hora en su reloj de muñeca- Shion dijo que ya estaban llegando.

El timbre sonó y Neji fue abrir la puerta.

-¡Espera! –lo detuvo Sasuke- Es una sorpresa, ¿lo recuerdas? Apaga la luz antes.

El chico obedeció. Luego de que el lugar se quedara a oscuras, abrió para acto seguido escuchar las voces de todos explotar en gritos de algarabía recitando: "¡Sorpresa!". Pero la sorpresa se las llevaron ellos, porque quien había llamado no era Sakura, sino un repartidor de pizza que, obviamente, se equivocó de piso. Después de sacarlo de su error, el muchacho volvió a cerrar la puerta, pero como el timbre sonó un segundo después, Neji abrió sin darle tiempo a los demás de prepararse ni de apagar las luces. Esta vez si eran las chicas.

-Hola –dijo Sakura con una sonrisa incómoda al percatarse de que todas las miradas estaban sobre ella. Luego de inspeccionar mejor el lugar, notó los globos y las serpentinas- ¿Qué es todo esto?

-Se supone que era una fiesta sorpresa –rugió Temari, molesta.

-¿Me preparaste una fiesta? –indagó, impostando la voz de una cría de siete años mientras se disponía a besar a Sasuke.

-Todos lo hicimos –replicó Shikamaru en un bostezo- y ahora por culpa de Neji se ha arruinado.

El chico se encogió de hombros al tiempo que otra acusación se lanzaba en su contra:

-Debiste saber que eran ellas- le recriminó su prima con tristeza por sus esfuerzos arruinados.

-Ni que tuvieran mirada de rayos X –alegó en su defensa.

-Es cierto –lo apoyó Tenten- ¿Cómo iba a saber que eran ellas? Ver a través de las paredes es imposible.

-Está bien –terció Kin, quien había sido invitada junto con otros bailarines de la compañía. De hecho, casi todos asistieron; a excepción de Gaara que se negó a ir y Paul que por razones más que conocidas no fue tomado en cuenta, estaba la compañía en cuerpo presente- solo disfrutemos de la fiesta.

Y eso fue lo que hicieron. Un par de horas después, todos estaban bailando, bebiendo y platicando. En fin, la concurrencia parecía estar pasándosela bien. Inclusive Sasuke que con cada minuto que pasaba se sentía morir por la cercanía de la inminente despedida, se veía bastante alegre.

-¿Usas la psicología inversa o mientes como un campeón? –lo cuestionó Sai.

-¿Por qué dices eso?

-Sasuke nadie va a creerte que estás feliz de que Sakura decidió perseguir su sueño –señaló Neji, que estaba totalmente de acuerdo con la postura del pintor-así que deja de sonreír tanto.

-Exacto… -coincidió Sai con una de sus sonrisas forzadas- Así como nadie le cree a Tenten que no esté secretamente enamorada de mí –apostilló solo por picar a Neji´, que hace un rato había hecho un comentario sobre él y Hinata cuando adolescentes- Es que lo estuve pensando, es muy raro que se haya fijado preciso en ustedes dos, mis mejores amigos.

-Eso es porque tú siempre has estado con Hinata –le siguió la corriente Sasuke y los tres rompieron en risas al unísono.

-¿Sasuke? –lo llamó Sakura a sus espaldas- ¿podemos hablar?

El chico se separó de los otros dos y siguió los pasos de su novia hasta un rincón apartado del pasillo que conducía a su habitación.

-¿Pasa algo?

Ella sonrió con picardía.

-Pasa, que me voy en menos de dos horas y quiero hacer el amor contigo. Pasa, que me vuelve loca la idea de irme y no saber cuándo voy a volver a verte. Pasa, que te amo y…

-Sakura, yo también quiero hacerte el amor –le devolvió una sonrisa socarrona- y no te preocupes por lo demás; no se acaba el amor solo con decir adiós.

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No sabría decir si fue por la certeza de que tal vez ésta sería la última vez que la tendría entre sus brazos antes de que pasara mucho tiempo, pero hacer el amor con Sakura le había dejado extasiado. Había cambiado el sinsabor que lo acompañaba desde que se enteró de su decisión. Esa decisión que él avalaba, pero que no por eso, dejaba de causarle dolor.

-Nos perdimos la fiesta –comentó Sasuke cuando ella se estaba vistiendo.

-Corrección –esbozó una mueca traviesa mientras se abrochaba la blusa- hicimos nuestra propia fiesta; una VIP solo para los dos.

-Te amo –le soltó así de repente, incapaz de ahogar las palabras.

-Yo también –dijo ella, tendiéndole una mano para que se incorporara de la cama- yo también te amo y mucho. Ahora mientras tú te vistes, yo voy a atender a mis invitados antes de que me vaya. En media hora tengo que estar en el aeropuerto.

El muchacho asintió antes de propinarle un corto beso en la frente donde apenas y se notaba la marca que dejó aquel "accidente".

-Enseguida te alcanzo.

Ella correspondió de la misma manera y acto seguido salió del dormitorio para reunirse con sus amigos e invitados. Pasaría su último tiempo con ellos.

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Sasuke vio a Sakura secarse las lágrimas cuando rompió el abrazo que la unía a Temari. Luego de besarse en la mejilla, la bailarina volvió a sacudir la mano como señal de despedida; todos los chicos que se apostaron en el umbral del edificio San Pedro le devolvieron el saludo. Después de que ella se montara al taxi, él hizo lo propio. Durante el trayecto ninguno de los dos abrió la boca más que para lo necesario. Cuando llegaron al aeropuerto, ambos estaban sumidos en un silencio ladino que acordaron no romper.

-Llegamos –anunció el chófer al darse cuenta que sus pasajeros estaban absortos en quien sabe que pensamientos.

Sasuke le preguntó cuánto era y luego de escuchar la suma, pagó el efectivo. En seguida ayudó a Sakura con las maletas. Ya en la sala de espera, luego de escuchar el insistente llamado de su vuelo, la chica se dispuso a marcharse.

-Recuérdame por qué estoy haciendo esto.

-Porque es lo correcto –trató Sasuke de confrontarla cuando él mismo tenía el corazón hecho trizas- Yo soy el que tiene que dejar de hacer esto.

-¿El qué? –preguntó, picada por la curiosidad sin darle la menor importancia a la voz que se desgañitaba por los altoparlantes exhortándola a abordar el avión.

-Despedirme de ti en los aeropuertos; vas a terminar por matarme.

Sus mejillas se estiraron evidenciando una sonrisa triste. Entonces, él la abrazo con tanta fuerza como si no planeara dejarla ir.

-Nos veremos pronto –prometió él con la voz casi rota.

-Lo sé –jadeó ella, concentrándose en meter aire en sus pulmones. Porque ella le atribuía ese dolo en su pecho a la falta de oxígeno- pero supongo que ya no será aquí. Ya no será en Madrid.

-Será donde tenga ser.

-Hasta luego, Sasuke –y la lágrima que se empeñó en reprimir, encontró su camino, cristalizando sus ojos jades; esos que él tanto amaba, esos que lo habían enamorado la primera vez que lo divisaron- Adiós Madrid –recitó viendo por encima de su hombro.

Sasuke notó que ella caminó con paso firme hasta el túnel de abordaje, entregó su tiquete de avión y aspiró una gran bocanada de aire, seguramente para insuflarse ánimos. "Solo no tiene que mirar hacia atrás", pensó Sasuke envuelto en su propio sufrimiento.

Sakura, sin embargo, no dejaba de cuestionarse su decisión ¿Qué le aseguraba a ella que irse no era el peor desatino de su vida? Volvió a suspirar al tiempo que la cabeza se le hacía bolas. "Sí lo es", concluyó con severidad.

Pero no había mucho que hacer al respecto. Ella era un alma errante. Una eterna forastera. Había abandonado su país cuando era apenas una niña y solo logró sentirse en casa tiempo después de haberse mudado a aquel apartamento del Edifico San Pedro. Allí enconcontró su nación y su frontera estuvo bordeada por la calle Barcelona. Viró hacia atrás y lo vio, mirándola; se sorprendió de lo difícil que le estaba resultando la despedida, a ambos.

El cantante pudo capturar el instante en el que ella, en un momento de debilidad, volvió el rostro. Le sonrió, otra vez, y aunque quiso decirle adiós con la mano, no lo hizo pues leyó en sus ojos la indecisión. No sabía que pasaba ahora mismo por su cabeza, pero sabía que no la dejaría ir. No ahora que la había encontrado. Ella también lo sabía y lo deseaba con la misma fuerza. No obstante, aquel que está acostumbrado a viajar, sabe que tarde o temprano tendrá que irse. "Hasta siempre", suspiraron a la par en la privacidad de su subconsciente.


Tachán... éste es el tan escurridizo final. Gracias por haber llegado hasta aquí, por comentar, por darme sus ideas, agregar a Favoritos y Alertas: Vane-Namikaze, Ladyrose23, Cacciatore-Souh, reikotakashima, DULCECITO311, Majo, Namiroku, bookcrushlover20 y todos los demás.

Espero que haya valido la pena todos los traumas por los que los hice pasar. Bueno, supongo que ya notaron que el desenlace no es el típico "y vivieron felices para siempre"; es más bien un final abierto. Totalmente a criterio del lector y hablando de criterios; por favor, si son tan amable, respondan la siguiente encuesta:

1. En una escala del 1 al 10 cómo calificarías el trabajo del autor.

2. ¿Qué te pareció el final de la historia?

3. ¿Quedaste conforme o esperabas algo más?

4. ¿Te gustaría que hubiera un epílogo o ya basta de tanto drama?

5. ¿En caso de apoyar el epílogo en qué te gustará que se centrara?

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Bueno, tal vez algunos piensen que las preguntas son irrelevantes, dado que la historia llegó a su fin, pero aunque no pueda poner en práctica sus sugerencias en esta historia; sin lugar a dudas me ayudarán para mis próximos proyectos.

Gracias por todo y si mejan un review me harían muy feliz.

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¡Feliz existencia!