Star Fox: The Anglar Wars

Por Fox McCloude.

Disclaimer: Star Fox y todos sus personajes son propiedad de Nintendo. Todos los derechos reservados.

Misión 12: Asteroid Belt – Missile Attack!

Cinturón de Asteroides…

Después de abandonar Katina, el equipo Star Fox decidió retornar a Corneria mientras se preparaban para el asalto final. Pero primero hicieron una escala en el cinturón de asteroides para abastecerse y hacer algunas reparaciones. Pocas horas antes, Howler les había enviado una transmisión de audio, avisándoles que se retrasaría un poco, diciendo que necesitaba pasar por una estación médica primero, pero que se reuniría con ellos al día siguiente. Por como sonaba, quizás solo había tenido alguna complicación menor en recuperar el dispositivo.

Luego de irse, cuando contactaron a Peppy para decirle que iban en camino, este se sorprendió bastante de ver a Krystal de nuevo en las filas del equipo Star Fox. Como Howler aún no regresaba con el dispositivo, Peppy les dijo que de momento estaban fortificando las defensas en Corneria. Hacía años habían dejado fuera de línea un sistema de defensa constituido por varios satélites armados. Ahora estaban volviendo a ponerlos en circulación, pero con un propósito diferente.

- La flota Anglar aún tiene mucha fuerza como para que nos lancemos a enfrentarlos directamente. – dijo Peppy. – Decidimos removerles todo el armamento a los satélites y utilizarlos para crear la defensa máxima. –

- No le veo mucho sentido a eso. – dijo Falco.

- Estamos colocando generadores de escudos en los satélites. – explicó Peppy. – Cuando el sistema esté en línea, los enlazaremos y crearemos un escudo que cubrirá Corneria por completo. Con eso impediremos que nos ataquen hasta que estemos listos. –

- Suena como un buen plan. – dijo Fox.

- Tardaremos al menos una semana más en lanzar los satélites principales para activar el escudo. – dijo Peppy.

- Eso le dará tiempo a Howler para llegar. – dijo Fox. – En su último mensaje dijo que se retrasaría un poco, pero que llegaría mañana. Mientras tanto, nosotros terminaremos nuestras reparaciones y lo esperaremos aquí. Seguiremos en contacto. –

- Tengan mucho cuidado. General Hare fuera. –

Dicho esto, Peppy cortó comunicaciones. El equipo abandonó el puente y fue a dirigirse a la sala de máquinas. Ahora que Slippy había retomado su papel como el mecánico del escuadrón, la nave comenzaba a tener mejor pinta. Aunque claro, él solo no podía con todo.

- No puedo creer como los han maltratado. – hablaba consigo mismo mientras reparaba unos circuitos en los motores del Great Fox. – Por todos los cielos, no sé cómo es que se las arreglan sin mí. –

- ¿Necesitas una mano? – habló Falco.

- Varias, diría yo. – respondió, sin quitar la vista de lo que hacía. – Si tienes tiempo para holgazanear, me vendrían bien algunos repuestos por aquí. –

- Vamos, no te enfades. – dijo Falco.

Todo el equipo había redoblado sus esfuerzos en los últimos dos días, al fin y al cabo, sabían que la guerra pronto llegaría a su fin. Slippy consiguió inclusive volver a poner en línea el cañón gravitatorio del Great Fox, luego de limpiar un poco el óxido que se le había acumulado en los últimos años. Habiendo trabajado como mecánico durante tanto tiempo, él conocía la nave mejor que ninguno. Aunque con la desventaja de que solo podrían utilizarlo una vez por batalla debido a que en sus condiciones actuales tendría que utilizar más del 30% de la energía de la nave solo para lanzar un disparo, de modo que les quedaba como último recurso y solo para emergencias. Una vez que terminaron de hacer las reparaciones en los sistemas de propulsión, pasaron a revisar los cazas de cada uno. Krystal decidió hacer una prueba en el simulador, pues no había pilotado el suyo en mucho tiempo, y decidió que tenía que readaptarse.

El Cloud Runner, como Krystal lo había bautizado, a diferencia del Sky Claw de Falco, que era de tipo interceptor veloz, y el Bullfrog de Slippy, que era para asalto pesado, estaba mucho más balanceado, lo que lo hacía un caza de propósito general. Estaba armado con dos cañones láser con mira sencilla y dos niveles de recarga, y el lanzador de Bombas Nova solo tenía capacidad para una. A Krystal le llevó un poco volver a adaptarse a la velocidad, pues era un poco más rápido que el caza corneriano que había estado pilotando en los últimos meses, aún con la modificación que le había hecho a los propulsores. Krystal estaba pensando en incrementar un poco la potencia de fuego, para ser de más utilidad en el campo de batalla. Después de todo eso era lo que quería, demostrar que podía protegerse a sí misma y a sus amigos, en especial a Fox.

Casi habiendo terminado las reparaciones, ROB llamó al equipo desde el puente, avisando que acababan de interceptar una transmisión. Cerca de donde se encontraban en ese momento había además una estación de vigilancia corneriana. Aparentemente se dieron cuenta de que estaban allí, pues de inmediato los contactaron por el canal de emergencia. Y se llevaron una gran sorpresa al ver quién enviaba la transmisión.

- ¿Equipo Star Fox, están allí? –

- ¿Papá? – dijo Slippy. Se trataba de Beltino Toad, su padre. - ¿Qué estás haciendo por aquí? –

- La estación de vigilancia me llamó para que les ayudara con algunos problemas. – Beltino luego volvió su atención hacia Fox. – En fin, en cuanto supe que estaban por la zona intenté contactarlos. Necesitamos su ayuda. –

- ¿Qué ocurre, Beltino? – preguntó Fox.

- Nuestras sondas de exploración detectaron actividad extraña en el cinturón de asteroides. – explicó Beltino. – Hace unos días pudimos confirmar que se trata de los Anglars. –

- No se dan por vencidos todavía, ¿verdad? – dijo Falco. – ¿Y qué están tramando esta vez? –

- Una de nuestras sondas logró enviarnos una transmisión de video que muestra que en el cinturón de asteroides han colocado varios misiles de alcance interplanetario. Es probable que estén allí desde hace meses. –

- No se cansan de usar misiles, por lo visto. – volvió a comentar Falco. Justo en Katina, habían tenido que lidiar con uno. Dos, de hecho.

- Eso no importa. Si están aquí, significa malas noticias para nosotros. – dijo Krystal. – Desde esta zona, Corneria es el planeta más cercano, ¿no? –

- Exactamente. – dijo Beltino. – Si disparan esos misiles, Corneria no tendrá forma alguna de defenderse. –

- Aguarden, ¿qué hay sobre el escudo satelital que dijo Peppy? – preguntó Slippy.

- Él dijo que aún necesitaban dos o tres días más para poder activarlo. – dijo Fox. – Hasta entonces estarán vulnerables. –

- La flota corneriana aún está dispersa por todo el sistema intentando resistir el avance Anglar. – dijo Beltino. – Si deciden disparar los misiles en este momento, no hay suficientes fuerzas para montar una defensa, y lo más probable es que los refuerzos no lleguen a tiempo. –

- Entonces, la alternativa es que nosotros les hagamos una visita antes de que lo hagan, ¿me equivoco? – dijo Fox.

- Siento delegarles esta tarea tan de repente, pero ustedes son los únicos que podrían detenerlos a tiempo. –

- Ja, no tiene por qué disculparse. No sería la primera vez que tenemos que improvisar, ¿cierto, amigos? – dijo Falco.

- Hasta que en Corneria terminen de montar el escudo satelital, tenemos que protegerlos. – dijo Fox. – Cuente con nosotros. ¿Hacia dónde debemos ir? –

- La sonda nos envió la transmisión desde estas coordenadas. – Beltino las mostró en pantalla. – Parece ser que los lanzadores de misiles se concentran mayormente por esa zona. Pero tengan cuidado, no creo que estén tan confiados como para dejarlos sin ninguna protección. –

- Eso es obvio. – dijo Fox. – Iremos con cautela. –

- Buena suerte. Beltino Toad fuera. –

- ¿Deberíamos avisarle a Peppy sobre esto? – preguntó Slippy.

- No creo que sea necesario. – dijo Falco. – El viejo tiene bastante de qué preocuparse, no deberíamos echarle más. –

- Estoy de acuerdo. – dijo Fox. – Peppy tiene mucho qué hacer ahora. Lo que no sepa, no le molestará. Aparte, él sabe que estamos acostumbrados a actuar por nuestra cuenta. –

Tras cortar la transmisión, Fox le ordenó a ROB que mantuviera el Great Fox en su posición actual. Ellos cuatro se ocuparían de ir a atacar los misiles a bordo de sus cazas. Si utilizaban el factor sorpresa, tendrían la ventaja de su lado. Decidido el plan, los cuatro pilotos se dirigieron a la bahía de lanzamiento. Tenían que inutilizar esos misiles, y rápido, hasta que Corneria terminara de levantar su defensa.


En otra zona…

El ejército Anglar había obtenido varias derrotas significativas, y habían perdido muchas armas y tropas en el proceso. Las fuerzas cornerianas ganaban terreno a cada momento, y en las ocasiones que creían darle vuelta a la situación, de algún modo los cornerianos se alzaban de nuevo y lograban salir victoriosos. Y no pasaba desapercibido que, en la mayor parte de dichas ocasiones, el equipo Star Fox había estado presente. Los Anglars no podían creer que un simple equipo de mercenarios, y más uno con solo unos cuantos pilotos, fuese capaz de cambiar el curso de una contienda. Su fuerza radicaba en mucho más que la habilidad proverbial de sus pilotos: les infundían a los demás esperanza, los inspiraban a levantarse cuando caían, a redoblar sus esfuerzos cuando no parecieran suficientes, a no darse por vencidos incluso aunque las posibilidades estuvieran en su contra.

El Emperador Anglar estaba tan furioso por lo que sucedía que tomó una decisión. En vista de que Corneria se rehusaba a someterse, destruiría el planeta por completo para acabar con el núcleo de la resistencia de una vez por todas. En el cinturón de asteroides habían estado ensamblando en secreto varios misiles de alcance interplanetario. Estos no eran mega-misiles, sino GIGA-misiles, mil veces del tamaño del que habían intentado usar en Katina para destruir la base (aunque habían fallado) y desde luego mil veces más destructivos. Una veintena de ellos sería suficiente para convertir un tercio de Corneria en un verdadero infierno. La regla número uno del imperio era: "Si el enemigo se rehúsa a someterse, hay que destruirlo." Por su tamaño, claro está, habían tardado mucho más en construirlos, y tardarían aún más en ser operables. Pero el emperador había dado la orden oficial: en cuanto estuvieran listos, los dispararían todos a la vez. El planeta Corneria sería reducido a cenizas, junto con todos sus habitantes.

Los operadores en el cinturón de asteroides habían enviado su último mensaje al emperador, diciendo que los misiles serían operables en solo unos cuantos días más, tal vez dos o tres. El Emperador, sin embargo, no se tomó esto como una buena noticia. Según sus espías, los cornerianos ya estaban al tanto del "arma secreta" que Andross había dejado atrás y podría destruirlos, y por lo que sabía, una vez que cayera en sus manos podrían lanzar un ataque masivo en Venom. Por consiguiente, tenían que dispararlos antes que eso ocurriera. Destruir Corneria parecía ser la única alternativa viable que les quedaba para ganar la guerra. Los operadores, con esto en mente, redoblaron sus esfuerzos para terminar antes. Por supuesto, ninguno de ellos tenía idea de la amenaza que rondaba cerca de ellos. La amenaza que le había dado vuelta a todos los enfrentamientos importantes en los últimos meses.

A Fox le habían permitido conservar el equipamiento stealth que le habían prestado en Katina, mismo que al final no tuvo que utilizar por haber servido como "carnada". Con ayuda de Slippy, pudieron replicarlo con las partes de reserva que tenían a mano, y se lo instalaron al resto de las naves. Slippy, sin embargo, les advirtió que, aunque pudo replicar el sistema del bloqueador de radar sin problemas, el camuflaje óptico era otra historia. El camuflaje óptico solo era temporal, no les duraría más de unos 20 o 30 minutos cuando mucho.

- Esperemos que sea suficiente. – comentó Falco a este respecto.

- Tendremos que destruir todos los misiles que podamos rápido. – dijo Fox. – Mientras podamos mantenernos fuera de vista, tendremos ventaja. –

- Nos estamos aproximando a las coordenadas. – dijo Slippy. – Enviaré algunas mini-sondas exploradoras para revisar el área antes de que entremos. –

Slippy abrió una compuerta de carga en la parte inferior de su nave, dejando salir varias versiones en miniatura del Bullfrog, todas de color negro. Como su nave no era exactamente la más rápida, al momento de adentrarse en una zona desconocida lo mejor era hacer algo de reconocimiento a distancia segura. Configuró las sondas en modo automático para que se dispersaran por toda el área. Por lo pequeñas que eran y por su color serían más difíciles de detectar en caso de que el enemigo tuviera sensores de movimiento o de emisión de energía. Y en caso de que al menos una de ellas fuese destruida, eso serviría para alertarlos de su ubicación aproximada.

Lo más difícil de estar buscando al enemigo en el cinturón de asteroides era que el lugar era perfecto para esconderse. Muchos de los asteroides estaban huecos por dentro, y no sería la primera vez que alguien intentaba construir una base o algo similar dentro de ellos, de ese modo podían permanecer ocultos incluso de los radares convencionales. Esa sería en parte la razón de que no hubiesen podido descubrir, al menos hasta ese momento, que estaban planeando disparar los misiles contra Corneria, tomando ventaja de lo que ellos consideraban como una defensa natural. El radio de alcance de las sondas era relativamente limitado, pero al enviar varias Slippy podía cubrir un espacio mayor, aún si no se podía concentrar en todas ellas a la vez.

- ¿Qué tenemos aquí? – dijo Slippy de repente. – Acabo de ver algo con la sonda número 4. –

Al acercar la imagen, se percató de que se trataba de un pequeño grupo de cazas Anglar. Solo había tres de ellos, y lo más probable era que estuvieran patrullando la zona por si aparecían visitantes no deseados. Como ellos, por ejemplo.

- Activando modalidad de seguimiento. – dijo Slippy, presionando unos botones en el control de la sonda número 4. – Esos idiotas nos guiarán hacia donde están sus misiles. –

El plan de Slippy era programar la sonda para que siguiera a esos cazas. Si estaba en lo correcto y solo estaban patrullando, tarde o temprano tendrían que regresar a la base principal. Y cuando la encontraran, encontrarían su objetivo.

- Ojalá que no estén demasiado lejos. – dijo Falco.

- No deberían estarlo. – dijo Slippy.

Tal como Slippy estaba esperando, no estaban demasiado lejos de su posición actual. Había una gran fragata Anglar que sin duda estaba supervisando la operación, y decenas de naves constructoras ensamblando por partes los enormes misiles, para luego colocarlos dentro de los lanzadores, que como habían supuesto antes, estaban escondidos dentro de los asteroides huecos. Slippy revisó por la zona utilizando la sonda, y calculó, por el tamaño de los lanzadores, la cantidad de misiles que habría en el área. Los Anglars tenían unos veinte lanzadores, cada uno con capacidad para cuatro misiles, pero afortunadamente eso era contando los que aún estaban ensamblando. Pero una vez que estuvieran completados, Corneria estaría en grave peligro. El equipo se apresuró al área indicada, y antes de entrar en el rango activaron su equipamiento stealth.

- Tendremos que dividirnos la tarea para ganar tiempo. – dijo Fox. – Falco y Krystal, ustedes ataquen a las naves ensambladoras. Slippy y yo nos ocuparemos de los lanzadores. –

- ¿Qué hay de los cazas que vigilan el área? – preguntó Falco.

- Será mejor ignorarlos. Céntrense en el objetivo. – dijo Fox. – Solo destrúyanlos si se atraviesan en el camino. –

- Eso va a ser aburrido. – dijo Falco. – Espero que se atraviesen. –

Una vez entraron en el área, rompieron la formación y se lanzaron a sus objetivos respectivos. El equipamiento funcionó: no los detectaron hasta que comenzaron el ataque. Falco y Krystal destruyeron con sus disparos una de las naves ensambladoras, mientras Slippy y Fox se iban hacia el lanzador de misiles más cercano para inutilizarlo. Como los cazas de ambos estaban armados con lásers de plasma, el esfuerzo combinado de los dos fue suficiente para destruirlo con unas cuantas rondas. El inicio del alboroto, desde luego, alertó a los Anglars de su presencia.

- ¡Comandante, estamos bajo ataque! – gritó uno de los oficiales de navegación en la fragata.

- ¿Quién ha sido? – preguntó el susodicho comandante.

- El enemigo no aparece en el radar. Deben estar usando equipamiento stealth. –

- Desplieguen a todas las naves, que cubran toda el área. – ordenó el comandante. – Si vinieron aquí no dejaremos que escapen. –

- Sí señor. –

La fragata desplegó varios escuadrones de cazas para cubrir toda el área posible. Pero como se estaban enfrentando a un enemigo "invisible", ninguno estaba del todo seguro qué hacer, e inclusive el comandante no sabía cómo coordinar el ataque si ni siquiera tenía idea de dónde estaba el enemigo. Tardaron varios minutos en percatarse de que estaban centrando sus ataques en los lanzadores de misiles y las naves ensambladoras que llevaban las partes de los que aún estaban montando.

- ¡Rastreen las emisiones de energía de sus armas! ¡Así determinaremos dónde están! – ordenó el comandante Anglar.

Usando el equipamiento stealth el equipo Star Fox estaba protegido contra el radar, y el camuflaje óptico impedía que pudieran verlos a simple vista mientras mantuvieran la distancia, pero los sensores de energía todavía podían detectar las emisiones de sus armas cada vez que las disparaban. El comandante Anglar ordenó que los cazas se dividieran para proteger los lanzadores y las naves ensambladoras, cuando se hizo evidente que estaban tras ellos para impedir que dispararan los misiles. Las señales solo los delataban cuando disparaban las armas, por unos segundos, pero era tiempo suficiente para que los Anglars pudieran detectar su posición aproximada. El equipo Star Fox ya había logrado destruir tres lanzadores, pero aún quedaban más por toda el área. Con uno solo que quedara en pie, su misión habría fracasado.

El escuadrón lo estaba haciendo bien, pero seguían estando en una enorme desventaja numérica. Usando las emisiones de energía para localizarlos, los Anglars habían comenzado a rodearlos mientras comenzaban a disparar entre todos, tratando de cubrir todas las rutas posibles de escape. En esa situación, el equipo no tuvo más remedio que levantar sus escudos deflectores para protegerse de la interminable lluvia de fuego, y la emisión de energía de estos era mucho más fuerte, y los delataba con mayor precisión.

- ¡Comandante, tenemos confirmación! Son cuatro naves en total, cazas pequeños. –

- Vaya, increíble que solo unos cuantos sean capaces de causar tantos problemas. ¡ATAQUEN SIN PIEDAD! –

En medio una lluvia de disparos láser, el equipo Star Fox de pronto se vio encajonado al estar rodeados por completo por sus enemigos, incapaces de ir a ninguna parte. Solo sus escudos los mantenían a salvo por el momento, pero los estaban apartando de su verdadero objetivo: los misiles.

- Maldita sea, con estos idiotas de por medio no podremos destruir esos misiles. – farfulló Falco.

- Intentaré despejar un poco el área. – dijo Slippy. - ¡Tomen esto! –

Slippy disparó una de sus bombas Nova tratando de abrir una brecha en la barricada de enemigos, apenas sí tuvo tiempo para escapar usando el turbo, pues su máxima velocidad no era comparable con las de sus compañeros. Tomando ventaja de la conmoción momentánea, disparó hacia el grupo que tenía rodeado a Fox para darle la oportunidad de escapar. Entre los dos se dividieron la tarea de liberar de su aprieto a Krystal y Falco, y ahora tenían que cambiar su estrategia.

- Cambio de objetivo. – dijo Fox. – Todos concentren su fuego en los lanzadores operables, dejen de lado a los que están a medio terminar, y también a las naves ensambladoras. –

- ¿Y cómo sabremos cuáles son los operables? – preguntó Falco.

- Eso déjenmelo a mí. – dijo Slippy. – Los que están operables ya tienen misiles cargados, y el generador de poder de lanzamiento tiene que estar encendido. –

- Bien, contamos contigo, Slippy. – dijo Krystal.

Si bien Slippy nunca había sido precisamente el más hábil de los pilotos del equipo Star Fox, siempre podía ayudar de otras formas, incluso en medio de la batalla. Y uno de sus fuertes era analizar al enemigo y con eso encontrar sus puntos débiles. Combinando el sensor de energía con su radar, Slippy determinó cuáles de los lanzadores en el área ya estaban operacionales. Sin perder tiempo retransmitió la información a los demás y les indicó dónde estaban. Habían destruido tres, y según los datos de Slippy, había un total de ocho lanzadores activos.

- ¡Divídanse y ataquen, ahora! – ordenó Fox.

De nuevo, los cuatro pilotos rompieron la formación, y se dispersaron para atacar los lanzadores. La fragata Anglar, que por sí sola no tenía armamento para enfrentar a los cazas pequeños, desplegó más de los suyos intentando recuperar la ventaja numérica. Pero a pesar de todo, la habilidad y el trabajo en equipo de Fox y los demás prevalecía. Como Slippy y Fox eran los que tenían mayor potencia de fuego, se ocuparon de atacar directamente, mientras Falco y Krystal intentaban cubrirlos de los ataques de los cazas. Falco en particular resultó ser de gran ayuda, pues él podía atacar múltiples blancos con un solo disparo cargado, mientras Krystal le cuidaba las espaldas. Los Anglars habían cometido el error de confiar solo en el ocultamiento y no montar otro tipo de defensas, y ahora lo estaban pagando.

Transcurrieron 30 minutos desde el inicio de la batalla, y justo en ese instante el camuflaje óptico de Falco, Krystal y Slippy comenzó a fallar. Para ese momento ya habían logrado inutilizar cinco lanzadores, pero aún quedaban otros seis activos. Luego de unos instantes de intermitencia, los cazas de los tres pilotos perdieron su camuflaje óptico por completo. Al revelarse, por fin los Anglars pudieron ver contra quién estaban peleando.

- ¡Maldición, es el equipo Star Fox! – gritó el comandante Anglar. - ¡Si no los destruimos aquí, todo lo que hemos hecho habrá sido por nada! –

Los Anglars pasaron a control visual para enfrentarse al escuadrón. Aún si no podían verlos en el radar, ya sabían en donde estaban con solo mirar hacia afuera. El único que aún estaba cubierto por su camuflaje era Fox, que tenía el dispositivo stealth original. Fox les indicó a Falco y los otros que iniciaran una formación de ataque y se mantuvieran juntos para protegerse de los disparos, mientras él tomaba distancia para atacar por sorpresa. Los Anglars redoblaron sus esfuerzos intentando contenerlos, al haber reconocido la amenaza que representaban, pero sus esfuerzos resultaban inútiles. Distraídos por los tres que estaban visibles, no se daban cuenta hasta que ya era demasiado tarde que aún había otro que los atacaba por detrás. El número de cazas disminuía, y con ello la protección de los lanzadores. El comandante Anglar empezaba a desesperarse.

- ¡Comandante, perdimos otro lanzador! –

- ¡Ya lo sé, idiota! – gritó el comandante. – Demonios. Envíen a todas las tropas de reserva. Protejan los lanzadores 2, como dé lugar. –

- ¿Qué pasará con los otros? –

- Con que salvemos unos cuantos será suficiente. Los vamos a disparar aquí, y ahora. –

- Pero señor… -

- ¡No cuestiones mis órdenes! Preparen la secuencia de lanzamiento, y a mi señal nos largaremos de aquí. Vamos a dispararlos, TODOS –

Las tropas Anglar cambiaron bruscamente de estrategia, y comenzaron a concentrarse en los lanzadores 2, 3 y 5 para protegerlos. Haciendo esto, claro está, dejaron los otros relativamente indefensos, cosa que el equipo Star Fox aprovechó para neutralizarlos. Parecía que estaban perdiendo, pero en realidad los Anglars solo estaban tratando de ganar tiempo. Esos tres lanzadores ya estaban a punto. El plan original era disparar todos los misiles a la vez, una vez que los veinte lanzadores estuvieran a pleno y cargados, con eso se asegurarían de no dejar ningún sobreviviente en Corneria. El equipo Star Fox los descubrió cuando aún faltaban varios por preparar. Sin embargo, con un solo lanzador, es decir cuatro misiles, todavía podrían darle un golpe devastador a Corneria. Si tenían tres de ellos, los impactos podrían ser suficientes para destruir no menos de una tercera parte del planeta, y las explosiones lanzarían gases mortales a la atmósfera y matarían a toda la vida en el planeta en cuestión de meses. Los que estuvieran fuera en ese momento ya no tendrían un lugar al que regresar, y con el centro del poder de Lylat fuera de la ecuación, la resistencia habría sido eliminada. Solo necesitaban unos minutos,

- Comandante, los misiles están listos para disparar. Solo dé la orden. –

- Esto es todo para ustedes, planeta Corneria. ¡ABRAN FUEGO! –

Y con solo presionar un botón, los lanzadores se abrieron, dejando salir sus enormes proyectiles. El comandante Anglar emitió una orden a todas las naves para que abandonaran la zona, y dejar al equipo Star Fox que lidiara con los giga-misiles, si es que realmente podían.

- ¡Estoy recibiendo una lectura de energía! – dijo Slippy. - ¡Proviene desde esos lanzadores! –

- ¡Aléjense, los están disparando! – gritó Krystal.

- ¡Maldita sea! – gritó Falco. - ¡Dejaron esos desprotegidos a propósito para lanzar esos! –

- ¡El enemigo se está retirando! – dijo Slippy. La fragata Anglar y los cazas restantes estaban abandonando la zona.

- ¡Dejen que se larguen, tenemos que detener esos misiles! – ordenó Fox.

El equipo Star Fox, que estaba ocupado con los lanzadores que habían dejado indefensos, no podía creerlo, realmente iban a disparar con lo que tenían, con tal de causar un daño a sus adversarios. Pero detener estos misiles en movimiento no iba a ser tan sencillo. Empezando por el hecho de que a pesar de su tamaño iban muy rápido, también estaba la desventaja numérica. Ellos eran cuatro, y había doce misiles en total. Por muy rápidos que fueran, en teoría cada uno de ellos solo podría detener un misil a la vez. Una vez que se salieran del rango, no podrían pararlos.

- ¿Y qué hacemos ahora, gran líder? – preguntó Falco.

- No hay alternativa, cada uno tendrá que ir tras un misil y destruirlo lo más rápido posible. – dijo Fox.

- Así no vamos a poder con todos. – señaló Krystal. – Son demasiados. -

- Bien, si alguien tiene otra idea, me gustaría escucharla. – dijo Fox.

- Puede que haya otra alternativa. – dijo Slippy. - Estoy calculando la trayectoria. –

- ¿Eso de qué servirá? Sabemos hacia dónde van, a Corneria, genio. – dijo Falco.

Pero Slippy no escuchaba a Falco. Continuó calculando el curso que seguirían los misiles hacia Corneria. Y se golpeó la palma con el puño en señal de triunfo. Inmediatamente abrió un canal de comunicaciones con el Great Fox.

- ROB, escucha, necesitamos tu ayuda. Lleva el Great Fox hacia estas coordenadas, de inmediato. – Se las señaló en pantalla. Estaba dentro del curso de los misiles, un poco más adelante.

- Entendido. -

- ¿En qué estás pensando, Slippy? – preguntó Falco. – Aguarda, no me dirás que… -

- Sí, eso es, exactamente. – dijo Slippy, de inmediato volvió a hablar con ROB. – Ahora, espera mi señal, y mientras tanto, prepárate para disparar el cañón gravitatorio. –

- ¿El cañón gravitatorio? – dijo Krystal. – Slippy, ¿estás seguro de eso? –

- Esto es una emergencia. – dijo Slippy. – El cañón es la única arma que podría destruir los misiles, y ROB es el único que los puede interceptar antes que se salgan del área. –

- Pero tendrá que destruirlos todos de un solo tiro. – observó Fox.

- Así es. – dijo Slippy. – Por eso estoy calculando el área exacta para maximizar el daño. –

- Pues hazlo rápido, porque mientras hablamos se nos están alejando. – dijo Falco.

Intentando facilitar la tarea de ROB, Fox, Falco y Krystal se lanzaron a perseguir los misiles para intentar eliminar a los que pudieran por su cuenta. Sin embargo, el Arwing II de Fox, al estar armado con lásers de plasma, era el único cuya potencia de fuego era lo bastante alta como para destruir un misil por sí solo, excepto tal vez por el Bullfrog de Slippy, pero dado que él estaba ocupado con sus cálculos, obviamente no estaba disponible. El Cloud Runner y el Sky Claw no tenían el mismo poder de fuego, por lo que tuvieron que combinar esfuerzos para poder destruir un solo misil. Entre los tres apenas pudieron derribar cuatro, pues los gigantescos proyectiles aceleraban a medida que avanzaban, y los ocho restantes lograron salirse de su rango antes que pudieran perseguirlos. Slippy continuaba con sus cálculos, hasta que finalmente ROB le envió una transmisión.

- El Great Fox está en posición. –

- Canaliza toda la potencia que tengas en el cañón gravitatorio. Lanza el disparo a máximo poder en dirección hacia el punto Zeta-201, en cuanto te dé la señal. – dijo Slippy.

- Entendido. –

- Por nuestro bien, más vale que ese disparo cuente. – dijo Falco. – Es el único que tenemos. –

Los misiles continuaban avanzando indetenibles. Los pilotos del equipo Star Fox estaban tensos, todos menos Slippy, en espera del momento de la verdad. Slippy no se mostraba intranquilo, seguía esperando, observando en su radar la posición de los misiles, y la distancia hacia donde se encontraba el Great Fox, en posición y esperando para lanzar el disparo. Ese único disparo era su única oportunidad, no podía fallar, pero tenía que lanzarlo a la distancia correcta. Si lo lanzaba demasiado lejos, se arriesgaba a que la potencia no fuese suficiente para destruir todos los misiles en un solo tiro. Si lo lanzaba demasiado cerca, el Great Fox podría quedar en el rango de detonación de los misiles, y en el peor de los casos ser destruido por completo.

Pasados varios minutos, Slippy finalmente le dio la señal a ROB. El robot obedeció, y presionó el gatillo del cañón gravitatorio. La proa del Great Fox se abrió, revelando una acumulación de energía. Llegado al punto álgido, el cañón disparó un amplio y potente rayo de energía. El alcance era impresionante, el rayo recorrió una enorme distancia hasta que alcanzó los misiles. El escuadrón cruzó los dedos, esperando que los cálculos de Slippy hubiesen sido correctos. Unos instantes después, Slippy intentó contactar de nuevo con el Great Fox.

- ROB, responde. Danos el informe. – Pero no hubo respuesta, solo estática en la comunicación. – ROB, habla Slippy. Pronto, responde. –

- ¿No creerán que…? – Falco aparentemente estaba empezando a asumir lo peor.

- ROB, vamos, responde… - Al cabo de unos instantes, la estática se disipó y ROB reapareció en pantalla.

- Contacto restablecido. – dijo el robot. Todos los demás suspiraron de alivio.

- ROB, por un momento creímos que… -

- La explosión de los misiles cortó momentáneamente las comunicaciones. – explicó ROB.

- Bueno, dínoslo ya. – dijo Falco. - ¿Lograste destruirlos todos? –

- Destrucción de los misiles confirmada en 100%. Ninguno de ellos logró salir del área. –

- ¿Y el Great Fox? – preguntó Krystal.

- El disparo del cañón gravitatorio utilizó más del 30% de la energía de la nave. Necesitaremos al menos otras ocho horas para volver a recargarlo. –

- Significa que tendremos que hacer otra parada en la estación de abastecimiento. – dijo Fox. - *Suspiro*, es un gasto adicional, pero un precio pequeño por mantener a Corneria a salvo. –

- Y que lo digas, esta vez estuvieron muy cerca. – dijo Falco. – Esos Anglars van estar muy molestos cuando se enteren de esto. –

- Ya no tenemos nada que hacer aquí. – dijo Fox. – ROB, nos reuniremos de vuelta en la estación de abastecimientos. Siguiendo nuestro plan original, pasaremos allí la noche y esperaremos a que Howler llegue. –

- Entendido. –

Eso era todo. El equipo abandonó la zona y se dirigió de vuelta a la estación. Lo que les quedaba ahora era descansar un poco y esperar a que llegase su compañero. Podrían dormir tranquilos, a sabiendas de que en Corneria estarían a salvo, al menos de momento.


Estación de abastecimiento, al día siguiente…

Temprano en la mañana el equipo fue despertado por una transmisión desde el cuartel general en Corneria. Por lo visto, aunque el equipo Star Fox no dijo nada, Beltino decidió mencionar en su informe que los habían contactado para hacerse cargo de los misiles en el cinturón de asteroides. El hecho de que Peppy estuviese aliviado al saber que los habían salvado de un peligro potencial mientras terminaban de montar su escudo satelital no impidió que el viejo conejo los regañara por irse a ciegas a enfrentarse a los Anglars, sin decirle nada a él. Inclusive, la excusa de "no queríamos que te preocuparas" no sirvió con él. Sin embargo, cuando Fox le recordó que al ser una unidad mercenaria tenían libertad para actuar por su cuenta (y recordándole que él también había pertenecido a ella), Peppy admitió a regañadientes que no podía penalizarlos por ello, legalmente hablando.

- El viejo no parecía estar muy feliz por lo que hicimos. – dijo Falco.

- ¿Puedes culparlo? Éramos compañeros, es obvio que se preocupe por nosotros. – señaló Krystal.

- Que irónico que eso era lo que intentábamos evitar. – dijo Slippy. – Tendré algunas palabras con mi papá después de esto. –

- Por cierto, ¿en dónde está Fox? – preguntó Krystal.

- Sigue en la sala de comunicaciones, esperando a que le avisen que Howler ha llegado. –

En efecto, Fox seguía esperando a que Howler apareciera. Una vez que él estuviera presente, el equipo completo estaría reunido. Apenas podía creer que hubiera pasado tanto tiempo desde la última vez que estuvieron todos juntos. Aparte, él era quien debía traer el dispositivo de Andross, para que pudieran llevarlo a la milicia corneriana. Ya habían esperado casi toda la mañana, y empezaban a impacientarse un poco. Fox se reclinó sobre el asiento, y distraídamente se puso a jugar con sus pulgares, hasta que sonó la señal de comunicaciones. Fox presionó el botón para accionarlo, y apareció una joven chica halcón en pantalla, evidentemente era una de los trabajadores de la estación en pantalla.

- Señor McCloud, estamos recibiendo una señal aproximándose a la estación. Se está identificando con la frecuencia del equipo Star Fox. –

- Es Howler. – dijo Fox, parándose de golpe. – Recíbanlo en el hangar, díganle que me espere. –

- Sí señor. – Fox cortó la transmisión, y de inmediato sacó el comunicador de su cinturón para contactar a los demás.

- Chicos, parece que Howler ya llegó. Será mejor que vayamos a recibirlo. – Y sin esperar respuesta, dejó la sala y se dirigió a reunirse con su compañero en el susodicho hangar.

Los cuatro pilotos se encontraron en el hangar, justo cuando el Ray Wolf atravesaba el escudo translúcido de la entrada. Los trabajadores lo guiaron para que aterrizara, indicándole el lugar, mientras Fox y compañía se acercaban. El Ray Wolf tocó tierra, y la cabina se abrió. Howler salió de ella de un salto, para encontrarse con sus compañeros. Estaba tan sonriente como siempre, pero tenía una venda alrededor de la parte superior de la cabeza y una gasa en la mejilla derecha.

- ¿Cómo están, amigos? ¿De qué me perdí? –

- No mucho, en realidad. – dijo Falco. – Según parece tú también estuviste ocupado, ¿eh? –

- Sí, Wolf quiso defender el dispositivo con uñas y dientes, pero al final no pudo impedir que me lo llevara. – replicó Howler como si nada.

- ¿Significa que lo tienes contigo? – preguntó Slippy.

- Oigan, no me hubiera atrevido a volver sin él. respondió Howler. – Siento el retraso, en la estación médica dijeron que me quedara la noche a descansar. Y ya ven que ni siquiera me dio tiempo a quitarme todos los vendajes. -

- Eso es lo de menos. – dijo Fox. – Nos alegra que estés de vuelta. Ahora todo el equipo está reunido otra vez. –

El equipo Star Fox estaba completo nuevamente. Y ahora, con el dispositivo de Andross en su poder, tenían el arma que necesitaban para terminar con la guerra. Su siguiente parada sería en Corneria, donde harían las preparaciones para la batalla final contra los Anglars, que ya estaba muy próxima.

Esta historia continuará…


Notas del Autor:

Vaya, lo acabé más pronto de lo que pensaba. Ya queda poco, solo un par de capítulos más, y luego la conclusión y el epílogo. Supongo que volver a jugar Star Fox 64 en el 3DS me sirvió de buena motivación. Je, había olvidado lo desesperante que era el modo experto en el N64. Ya solo me faltan las medallas de Katina y el Sector Z para completarlo del todo. Qué lástima no poder usar el sensor de movimiento en ese modo, me hubiera resultado muy útil.

Gracias por los reviews a Dianager Rambaldi, Ray Wolf Aran y dragon titanico. Subiré el próximo de inmediato, ya que lo hice bastante corto. Si mantengo el paso, habré terminado tal vez en uno o dos meses.