Lamento de verdad la tardanza, pero es que este capítulo simplemente no me salía, problemas de inspiración y eso. Pero aquí lo tenéis.
Capítulo 21: Recapitulación
El trayecto hasta el Centro de Entrenamiento fue tranquilo y bastante silencioso. Me dieron un zumo de naranja con pajita y todo (solo le faltaba la sombrillita) y me dejaron sentada en uno de los bancos. El aerodeslizador se parecía bastante al que me había llevado a la Arena, y hasta juraría que uno de los Agentes de la Paz era el mismo que nos había acompañado a Naenia y a mí la vez anterior.
— Como no tienes heridas graves, ni te estás desangrando ni nada de ese estilo hemos decidido que las curaciones pueden esperar hasta que lleguemos al Capitolio —explicó una Agente de la Paz con tono serio.
— Oh —comenté, y como no sabía nada más que decir le di un sorbo a mi zumo.
Y me pasé el resto del viaje mirando el interior del aerodeslizador o por una de las ventanas mientras iba sorbiendo mi zumo. Creo que hasta vi a un par de Agentes de la Paz sonreír con indulgencia, como si fuera una niña pequeña.
Dentro del centro de Entrenamiento seguí a un par de Agentes de la Paz que me guiaron al primer piso. Allí nos encontramos con un equipo de médicos liderados por una mujer que tenía la piel como si fueran escamas azules y el pelo con diferentes tonos de verde.
— Hola, Izzy, soy Marissa, tu Jefa de Médicos. Si me sigues por aquí podemos empezar con…
Me adelanté hasta quedar a su paso y escuché con atención lo que me decía:
— Hemos estado observando los Juegos —rodó los ojos viendo la obviedad a ese estamento—, y hemos tomado cuenta de las heridas que has sufrido durante estas dos semanas. De esta manera sabemos ya de entrada qué es lo que tenemos que curar y por dónde hemos de avanzar.
— ¿Y si hubiera ganado Marcus? —pregunté con curiosidad.
Marissa sonrió— Eres la primera que se interesa en esto; normalmente están ya sedados o no se interesan por nada, algunos hasta no responden a ningún estímulo.
— Yo ya entré loca en la Arena —bromé—, esa locura no me ha afectado.
Un brillo extraño cruzó los ojos de Marissa, pero se extinguió tan deprisa como había venido y decidí dejarlo a un juego de luces. Sonrió amablemente.
— Con respecto a tu pregunta anterior… Hay una persona asignada a cada tributo para controlar sus heridas en los primeros días, suelen ser personal de diferentes equipos; por ejemplo, Flavius, el del pelo púrpura —señaló a un hombre que caminaba un par de metros delante nuestro—, se encargaba de controlar las heridas de la chica del 3. Como es obvio cuando muere el tributo ya no tienen que vigilar nada. Cuando ya solo quedan ocho tributos cada equipo de médicos recibe las fichas de dos tributos y nosotros nos encargamos desde allí de controlar las heridas. Mi equipo te tenía a tan solo a ti, ya que pasasteis de once a cinco. Cuando ya solo quedan dos, los equipos (o el equipo) se prepara para recibir al tributo vencedor y, si al ganar está en muy mal estado, cogemos un aerodeslizador más grande y en donde también hay una especie de hospital.
Mientras hablábamos Marisa me había guiado por diferentes pasillos, siempre con su equipo de médicos y unos pocos Agentes de la Paz a nuestro alrededor, hasta que llegamos a una habitación con una gran puerta blanca. De ella salió una mujer vestida completamente vestida de blanco y con una jeringa en la mano.
— Cámbiate en esto —dijo un médico tendiéndome la típica bata de hospital (¿esas cosas nunca pasaban de moda?).
Cuando salí con la bata puesta me hicieron sentarme en una camilla y la mujer de la vacuna se acercó a mí.
— No me gustan las agujas —le confesé a Marisa que estaba de pie junto a mí.
Marisa sonrió— No mires —me aconsejó.
— Como si no supiera ya eso —murmuré para mí misma girando la cabeza y cerrando con fuerza los ojos.
El pinchazo fue rápido y lo que fuera que estuviera dentro aún más, pues segundos después todo mi mundo se había vuelto de color negro.
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Cuando abrí los ojos tuve que volver a cerrarlos rápidamente porque la luz me cegaba y me hacía daño. Observé la habitación, completamente vacía y desprovista de ventanas o cualquier mobiliario que no fuera la cama y una pequeña mesita de noche junto a esta.
Me sentía bastante bien, algo adormilada, por eso, y bastante hambrienta y sedienta. Afortunadamente no tenía ninguna IV ni nada de ese estilo, odiaba todo tipo de agujas.
Saqué la mano de debajo de la manta para frotarme la cara y así despertarme un poco. Pude ver como mi mano estaba perfecta (hasta las uñas) sin ninguna cicatriz ni marca de ningún tipo, incluidas las que me había hecho antes de llegar a los Juegos. Con curiosidad fui a mirar mi muñeca izquierda, pero la mordedura de James seguía tan permanente como siempre, supongo que ni siquiera la super tecnología del Capitolio puede vencer a los vampiros.
Entonces apareció un avox con una bandeja en sus manos y mi boca se hizo agua ante el olor de comida rica y caliente. El avox sonrió viendo mi mirada de desesperación clavada en la bandeja y la depositó en mi regazo. Luego, le dio a un botón para que la camilla subiera y me dejara sentada, inclinó la cabeza en mi dirección y desapareció.
Evidentemente engullí la comida como si no hubiera comido en días, lo que es probable que fuera, aunque no pude terminármela, pues parecía como si me estómago se hubiera encogido.
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A pesar de mis súplicas, protestas, lloros y hasta amenazas, no me dejaron salir hasta el tercer día y tan solo porque no encontraban más excusas para retenerme, no había estado más sana en mi vida. Era obvio que a mi equipo de médicos les entretenía mi comportamiento y no comprendían que odiaba los hospitales más de lo que odiaba las agujas.
—… y cuando estabais huyendo con los caballos estaba tan asustada —iba diciendo Naenia, que se había negado a soltarme de su abrazo desde que me había visto pasar por la puerta—. Estabas perdiendo tanta sangre, y no reaccionabas y…
— Ya, ya, Nae, déjala que se vista ¿no? —Cardea sonrió de lado desde la puerta.
— Sí, sí, perdona —Naenia se secó las lágrimas que habían acudido a los ojos—. Es solo que te he tomado mucho cariño, es casi como si fueras una hermana menor o hasta mi hija, y lo he pasado muy mal durante estas semanas.
Le sonreí sinceramente a mi estilista— Bueno —dije dando una palmada— ¿Qué me tienes planeado para esta noche?
Naenia alzó la cabeza y asintió en dirección a Cardea. Me giré confundida, pero tan solo llegué a ver a mi estilista desaparecer por la puerta. Naenia sonrió a mi expresión y dijo:
— Tú tan solo espera.
Cinco minutos después volvía Cardea con un vestido dentro de una bolsa. Las dos hermanas me hicieron cerrar los ojos mientras me ponían el vestido y luego me maquillaban y peinaban.
— Está bien, ahora ya puedes abrirlos —anunció Naenia.
Mi reflejo en el espejo me sorprendió. Llevaba un simple vestido blanco un poco por encima de las rodillas, el vestido tenía muy poco escote pero dejaba mis hombros al descubierto. Era ceñido por la cintura y se pegaba a la parte superior de mi cuerpo, pero luego caía simplemente. Para rematar había un lazo azul real que se detenía en mi estómago, pero la cinta daba toda la vuelta. En fin, era bastante inocente.
De maquillaje llevaba muy poco, un simple brillo de labios y colorete para que no me brillara la cara en el escenario con los focos. También una ligera sombra de ojos y las uñas pintadas de rosa pálido.
— Me gusta —sonreí—, parezco yo.
— Me debes la vida —anunció Cardea tendiéndome unas sandalias azules sin tacón—, esta loca quería volver a ponerte tacones.
— ¡Gracias, Car! ¡Estaré eternamente agradecida! —la abracé.
— En realidad el estilo fue sugerencia de Haymitch, el del 12, dijo algo sobre que era de extrema importancia que lucieras lo más inocente y tu posible.
— ¿Siempre tenéis que ponerme un lazo? —pregunté con curiosidad mirando el lazo azul—. Quiero decir, en los carruajes llevaba un vestido verde con un lazo dorado, en la entrevista llevaba un vestido malva con también un lazo, y este también lleva lazo.
— Me gustan los lazos —dijo Naenia frunciendo el ceño— ¿Tienes algo en contra de los lazos? —inquirió de forma amenazante.
— No, no, nada —respondí rápidamente.
— Así me gusta —sonrió mi estilista.
Cardea rodó los ojos— Venga, vamos, los demás nos esperan.
A medio camino nos encontramos con Silvius y Aneas, luego con Darren y por último con Hersilia, que lo estaba coordinando todo desde la sala donde tendríamos que ir subiendo por una plataforma uno a uno hacia el escenario.
Primero pasaron Cardea, Silvius y Aneas, los tres deseándome suerte con la entrevista. Luego fue Hersilia, seguida por Naenia y por último Darren. Entonces mi plataforma empezó a ascender (tuve una ligera sensación de deja vu, pues al entrar en la Arena la situación se le parecía bastante) y de repente las luces y los vitores de la gente me dejaron cegada y ensordecida.
— ¡Izzy! Estás encantadora —la voz de Caesar me llamó desde el centro del escenario.
Sonreí y avancé con paso confidente hacia él, lamentablemente tropecé justo cuando estaba a punto de llegar y Caesar tuvo que cogerme para que no cayera al suelo. Evidentemente estaba roja como un tomate y las carcajadas a mi alrededor no ayudaban demasiado.
— Veo que tu torpeza sigue tan mal como siempre —bromeó Caesar soltándome el brazo.
— Nadie es perfecto, ¿no? —dije tímidamente a la vez que me sentaba en el recargado sillón en el que tendría que estar sentada las tres próximas horas para mirar la recopilación obligatoria de los Septuagésimo Segundos Juegos del Hambre.
— Pero es un defecto encantador —trató de animarme el presentador de pelo verde.
Resoplé— Es encantador si no lo sufres tú, ¿cómo te crees que sé tanto de heridas?
Caesar rió— ¿Has tenido ocasión de tomar muchos zumos de cerezas?
Hice un puchero— ¡No! ¡No me han dejado! Me estoy empezando a hartar de sopas y estofados. Te aseguró que cuando pueda me voy a tomar tanto zumo que voy a acabar empachada.
El público y Caesar volvió a reír.
— Bueno, supongo que ya sabes por qué estás aquí… —empezó Caesar, pero le interrumpió la aparición del sello del Capitolio en la pantalla y la disminución de la intensidad de las luces.
Durante toda la duración der video sentí lágrimas acudir a mis ojos más de una vez, aunque en otras tuve que reír y en algunas me sentí enfadada. Sabía que todo el mundo estaría viendo mis reacciones, pues aparecían en un cuadradito junto a la recopilación de los Juegos, pero no me importaba.
La historia que contaba en el video era una de amistad y confianza, algo nuevo en los Juegos dado que normalmente los tributos no son muy amigables entre sí. Enseñaron partes de antes de los juegos (como las cosechas, el desfile, las entrevistas y las puntuaciones) durante la primera hora. Sentí cómo se me encendía la cara cuando vi que durante las entrevistas también me estaban grabando a mí, Axel, Bianca, Theo y Angelique mientras comentábamos.
Vi cómo morían Theo y los demás tributos, como Bianca, Diane y Thomas formaban una alianza en la que estaban bastante tensos, como los Profesionales se miraban a todos con recelo y como Angelique, Evan, Cooper, Lucy y yo bromeábamos y actuábamos como si no estuviéramos en los Juegos. Se me encogió el corazón cuando me vi a mi misma matar a Sophie y no había nadie que pudiera detener mis lágrimas al ver la muerte de mis amigos.
Cabe decir que, cuando encendieron las luces y se terminó la recopilación, estaba bastante aliviada, aunque no en mi mejor estado. Era una suerte que Cardea fuera muy previsora y no me hubiera puesto rímel.
Volvió a sonar el himno y me levanté, echándole un corto vistazo a Caesar que tenía los ojos delatadoramente enrojecidos. Apareció el presidente Snow seguido de una niña que llevaba una corona en un cojín de terciopelo.
Sentí un escalofrío recorrerme cuando el presidente colocó la corona en mi cabeza y me lanzó una mirada glacial, aun sin dejar de sonreír, como si hubiera asesinado a su perrito.
Después de eso vinieron los saludos, reverencias y vítores. Por fin pude salir del escenario, no sin que antes Caesar me recordara que me esperaba al día siguiente para las entrevistas, y lo único que pasaba por mi mente era un largo baño calentito y con burbujas.
Pero mis deberes no acabaron allí, no. Tuve que ir a la mansión del presidente para el banquete de la victoria, aunque mucho banquete yo no tuve, y donde tuve que hacerme foto, tras foto, tras foto junto a mis patrocinadores.
— ¡Hola! —me secuestró una mujer de unos veinticinco años (pero con el Capitolio nunca se sabe) con un vestido verde muy bonito (y que yo nunca podía ponerme). Parecía bastante normal, excepto que su pelo marrón tenía mechas azules y rosas y que una mariposa plateada estaba tatuada siguiendo el rabillo del ojo.
— ¿Hola?
— Soy Banny, bueno, mi verdadero nombre no es Banny sino Debany, pero ya sabes, es muy largo y eso —mostró su perfecta dentadura en una radiante sonrisa (¿eran imaginaciones mías o sus dientes eran más blancos de lo normal?)—. Yo soy la que llaman tu patrocinadora principal, o sea, soy tu primera patrocinadora de todas, y la que más ha pagado, de hecho, yo te envié las galletas de chocolate, entre diversas cosas. ¿No te importa una foto, verdad?
Parpadeé varias veces para sacarme la sensación del flash de mi retina. Por el rabillo del ojo vi a varios posibles patrocinadores más acercándose, pero no quería hablar con ellos, de forma que me enganché a Banny para que no pudieran hacerme más fotos.
— Y… ¿cómo es que tienes tanto dinero? Pareces algo joven…
Banny sonrió, aparentemente halagada— Bueno, aparte de herencia familiar, tengo una empresa bastante efectiva de dulces y demás caprichos. Todo el mundo quiere en el fondo una golosina y yo me encargo de venderlas.
— Vaya, entonces, ¿el zumo de cereza es tuyo? —pregunté.
— Sí —asintió con una sonrisa—, y debería agradecerte un montón que dijeras que te gustaba tanto, no sabes la de ventas que me has dado.
— ¿En serio? —mi boca se abrió sola.
— Por supuesto, cariño. Ahora eres lo más top de Panem, todo lo que tocas, comes, bebes o vistes todo el mundo quiere tenerlo. Es una pena que ya tengas mucho dinero, porque podríamos hacer un gran negocio en publicidad —suspiró.
— Sí, bueno —me sentía incómoda—, ahora creo que simplemente me tomaré algunos meses de descanso. Ya sabes, relajarme y todo eso.
Banny soltó una risita, como si ella supiera algo que yo no, pero no me dio tiempo a preguntarle pues se despidió rápidamente y se entremezcló con la gente de la fiesta.
Eso me dio mala espina, generalmente los vencedores eran rápidamente olvidados después de su Tour de la Victoria, excepto cuando sus tributos ganaban en los Juegos. Bueno, y menos Finncik y algunos tributos buscadores de atención, como Gloss del Distrito 1.
Para cuando Hersilia logró por fin sacarme de esa horrible fiesta ya estaba amaneciendo y yo estaba a punto de quedarme dormida de pie. En realidad ni siquiera recuerdo como llegué a mi habitación, ni como me puse mi pijama ni nada. Tan solo recuerdo que mi cama me llamaba, y que yo no me resistí a esa llamada tan tentadora.
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Mary Mellark: Sí, un pulpo y no, mejor no preguntes porque no tengo ni idea del porqué del pulpo TT. Bella ha llegado allí por ayuda externa, eso es lo único que te puedo decir (pero probablemente eso ya lo sabías). Jajaja, ¿y no se te ocurrió moverte al ver que te estabas helando?
Besos a tod s.
CF98
PD: THE BLOOD OF OLYMPUS (o La Sangre del Olimpo) YA TIENE FECHA PARA ESTE OCTUBRE! (Para los fans de Percy Jackson que puedan haber por aquí)
