Capitulo 21
Cuando todos los padres ya se habían desaparecido con sus hijos, y después de rechazar amablemente la invitación de Narcisa para celebrar el triunfo de su ahijado, se sintió lo suficientemente tranquilo como para dar un paseo por el cementerio, un lugar muy relajante para su gusto; tras unos minutos de caminata se percató de la presencia de una silueta sentada precisamente en la tumba del padre de Voldemort, al acercarse fue cuando se dio cuenta que se trataba de Michael.
— ¿Sabes dónde estás sentado?— el chico lo miró confundido y luego vio de reojo la tumba – ahí se encuentran los huesos del padre del Señor Tenebroso— susurro y el pobre se levantó como impulsado por un resorte — ¿qué haces aquí?—
—Solo pensaba profesor—
— ¿Tus padres?— comenzaron a caminar alejándose de la tumba Riddle.
—En casa— se encogió de hombros –no saben que estoy haciendo esto— suspiró— creen que estoy en casa de unos amigos, estudiando para presentar nuestra solicitud para trabajar en el ministerio—
—Entonces ¿qué haces aquí?— el hecho de ser un muchacho atractivo, estudioso y respetuoso hasta cierta medida de sus padres lo confundió un poco.
—estoy aquí por Mallika profesor— susurro deteniéndose –el señor Lestrange ha hablado conmigo, no quiere que su hija quede en manos de un vulgar mago— sonrió –debo hacerme de fortuna, de prestigio, de un maldito nombre que mis padres no han podido darme— metió las manos en sus bolsillos —amo a mi madre ¡pero el que sea muggle!— se interrumpió para no ofenderla.
—Y solo lo conseguirás…— guardo silencio dándole pie para que siguiera hablando.
—Siendo un mortífago profesor, como usted— sonrió haciéndole sentir incomodo, ¿considerarlo un ejemplo? –Es reconocido por todo el mundo mágico como el mejor pocionista, es un mago excepcional y siempre le he admirado – Severus no pudo evitar un gesto de sorpresa.
—Tal vez solo tengas una impresión errónea de mi persona— trato de no sonreír –no es fácil ser yo—
—Lo sé profesor— musitó –Malli me ha platicado sobre el trabajo que hizo al cuidar a la hija del Señor Tenebroso— el corazón de Severus salta por un segundo, ¿que pudo averiguar la niña Lestrange?
— ¿Te refieres a Wilhemina?— a cual otra imbécil pensó molesto–simplemente me dediqué a cuidar los intereses de nuestro Amo—
—Malli me ha platicado sobre las capacidades de la señorita Riddle— susurro con mucho respeto, tomaron asiento en un par de tumbas –en la universidad ha obtenido calificaciones perfectas, encabeza un par de grupos de estudio y le reconocen el hecho de haber sido una de las mejores aprendices de usted profesor—
—El merito es del estudiante, no del maestro— Snape inclinó la cabeza procurando que el cabello le ocultara el rostro, el hecho de saber eso de ella por otra persona lo lleno de orgullo, no podía esconder la sonrisa de satisfacción.
—Me hubiera gustado estudiar con usted— confesó Michael.
— ¿qué lo evito?, te corresponde Hogwarts mas nunca te vi— el chico se levantó molesto y se recargó en un viejo monumento, un ángel con las alas rotas.
—mis padres pagaron un profesor particular, aprendí poco con él y sin embargo se acabaron los ahorros y la fortuna familiar, debo de buscar trabajo para comenzar de nuevo— suspiro molesto.
—Nagi está interesada en ti, si hablo con ella tal vez pueda convencer al Señor Tenebroso para que te infiltren en un buen puesto del ministerio— sintió su mirada haciéndolo voltear, lo veía ilusionado.
— ¿En serio profesor?— Severus no contesto –perdón señor, soy un idiota, usted nunca bromea— sonrió abiertamente –no sabe cuánto le agradecería que…— comenzó a tartamudear.
—tranquilo, no te prometo nada, solo déjame hablar con ella en estos días, mientras tanto sigue practicando, me gusto mucho lo que hiciste en tu primera prueba— el pobre abre los ojos sorprendido, si sobrevive a tantas emociones en un día va a sobrevivir un simple ataque a Azkaban.
— ¿Usted cree profesor?— Snape afirmó con un leve parpadeo.
—Encontraste el punto débil de tu contrincante y lo usaste al máximo, el hecho de aguantar el crucio me llamó la atención, en nuestras prácticas creí que tus compañeros lanzaban crucios débiles— Michael sonrió tímido y sacudió la cabeza.
—de hecho, si son muy débiles los crucios que me lanzaron— trago saliva –pero mi padre cree en la mano firme y un buen maleficio para corregir a los hijos— ¿quiere decir que su padre lo castiga así?
—Al menos te ha servido para salir adelante— Severus sabe perfectamente lo que es tener un padre abusador.
—Como a todos profesor— murmuro; se quedaron en silencio un largo rato, no le interesaba en que pensaba el muchacho, pero Severus recordaba cada momento familiar; si en un futuro pudiera tener su propia familia, definitivamente su hijo no pasaría por lo que Michael o él.
—Wilhemina me ha dicho que Mallika se preocupa mucho por ti— cambio el tema, Michael salió de sus recuerdos más no lo interrumpió — ¿te gustaría ser mi discípulo... mi aprendiz?—
— ¿Cuanto tiempo me queda de vida profesor?— respondió con voz apenas audible y pálido con los ojos castaños fijos en Snape.
— ¿de qué hablas?—
—Señor, con todo respeto— tragó con dificultad —solo que esté agonizando¿por que en una sola noche se ven cumplidos casi todos mis sueños? ¿quiere que sea su... ayudante? —
—tanto como querer no— respondió fríamente —sin embargo necesito a alguien que me ayude con algunos trabajos y si eso significa que debo enseñarte, si... serías mi aprendiz, aunque soy muy exigente y deberás realizar un esfuerzo sobrehumano para ganarte mi total confianza—
Michael no contestó, sonrió ampliamente y apretó los puños moviendo nervioso las piernas, claramente quería dar un fuerte abrazo al profesor y le costaba mucho contenerse.
—En la tarde te visitará mi elfo domestico, llevará una nota a tus padres, quizá incluyendo la respuesta que me dé la señora Nagini sobre mi propuesta de que te infiltre al ministerio—
— ¡Profesor gracias!— respondió en un hilo de voz — ¡no sabe usted lo que todo esto significa para mí!—
—Lo sé muchacho— le dio una palmadita en el brazo —por ahora lárgate a casa, no queremos preocupar a tus padres o que sospechen—
—Si señor— le dio la mano con un efusivo apretón — ¡lo siento!— contrariado lo soltó, Snape acostumbrado a ocultar lo que sentía creyó no poder aguantar más la risa — ¡gracias profesor!— repitió el joven antes de desaparecer.
—Creo que te ha gustado rodearte de chicos entusiastas Snape— Nagini salió detrás del monumento del ángel — ¿le dirás a Tom?—
— ¿Lo cree conveniente señora?— respetuoso la miraba frente a frente.
—no por ahora querido, sin embargo ya hablamos sobre infiltrar al muchacho al ministerio, aprovecharemos cuando recontraten empleados tras... la penosa plaga que nos va a aquejar— una sonrisa malévola curvó los turgentes labios —por ahora es mejor que te marches—
—Madame— con una sutil inclinación se despidió y desapareció en una nube negra.
Liberar un virus en el ministerio implica muchas precauciones, y peor aún, debe lidiar con algo que no le molestaba hacia años, el hecho de que no quiere que caigan inocentes ¿qué demonios le pasa? Siempre se había sentido capaz de matar desde hombres fuertes y jóvenes hasta mujeres, niños, ancianos… pero ahora no quiere que salgan dañados al menos los niños.
Al volver a casa y encontrarse de nuevo solo, su primer impulso fue llamarla, decirle los planes de su padre, las nuevas órdenes, prevenirla sobre el virus, pero ve la hora, son casi las siete de la mañana de un sábado, no sabe si esté en clase sabatina o descansando más la necesidad de verla y escucharla es mayor que la razón.
—Wilhemina— susurró, estuvo a punto de volverla a llamar cuando la vio reflejada, sonriente y quizás algo ansiosa –hola princesa, ¿qué haces?—
—Hola— murmuró –estaba a punto de llamarte— sus ojos algo enrojecidos y con marcadas ojeras que le preocupan.
— ¿Todo bien?— la pelirroja movió la cabeza ligeramente y gruesas lagrimas comenzaron a correr por sus mejillas, se sintió angustiado y terriblemente inútil – ¿qué pasa Mina?— Wilhemina limpio apresuradamente las lagrimas forzando una sonrisa.
—que te extraño ¡ya no quiero estar aquí!— gimió y volvió a derramar más lagrimas.
– ¿Erick?— asintió y luego negó apenada – ¡dime qué demonios paso!— esa sensación de enojo comenzó a invadirlo.
—No es nada Sev— contestó mirando nerviosa la puerta –tuvimos una discusión, es todo— respiró profundo, le notó algo distinto.
—Te quiero de vuelta— esa necesidad de tenerla a su lado creció al verla en ese estado –debes regresar—
—No puedo, estos meses han sido difíciles pero creo que no pueden ser peor— trago saliva e intento sonreír de nuevo–pero dime, ¿todo bien allá?—
—Tengo un encargo de tu padre para mañana, estoy trabajando en ello— lo miró con ternura.
–me gusta verte así, estas…diferente—
— ¿Diferente?, querrás decir agotado— Mina lo observó con interés— quiero pedirte algo princesa— puso más atención – a partir de mañana no recibas ni toques nada procedente del ministerio, si llegan personas a tu colegio de nuestro ministerio evita acercarte –la chica torció la cabeza en un símpatico gesto de curiosidad –mañana voy a liberar al virus en el ministerio—
—Es peligroso, cuídate mucho por favor— sus palabras tuvieron un efecto relajante en él, solo atino a verla fijamente.
—tengo mis precauciones y una de ellas era informarte—
—Entonces descansa— sonrió— gracias por avisarme—
—Me comunico contigo en cuanto todo esto pase, por ahora debo irme— no quería dejar de verla, no quería dejar de escucharla pero tiene una misión importante, quizá la única oportunidad de obtener la indulgencia del Lord para quedarse con la chica.
–Debo irme también — murmuró cuando se escucharon unos golpes en la puerta, giro un poco y Severus noto algo en el rojo cabello.
—Mina, ¿qué te paso?— la vio extrañado, sorprendido y muy molesto.
—me… yo… te refieres a mi cabello ¿verdad?— Snape asintió ante su gesto contrariado –tuve que cortarlo, un accidente en el laboratorio—
—Hablamos de eso después— le molestó el hecho de verla con el cabello corto – te llamo en cuanto pueda— Mina le dedico una larga y triste mirada — ¿quieres que vaya por ti?— sus ojos brillaron, estaba a punto de volver a llorar.
—No Sev, termina tus asuntos con papá, todo está bien— golpearon de nuevo su puerta –¡nos vemos!— guardó el espejo, por un minuto se quedo inmóvil, viendo su reflejo y sin entender qué diablos le pasaba, decidió terminar pronto con todo lo relacionado con la guerra y sus ordenes para poder viajar al lado de Mina.
Antes de liberar el virus en el ministerio, había que reconocer los síntomas en magos vivos; lo había dejado de lado por la visita de la chica pero ahora era inaplazable.
Salió vestido como un muggle, camino algunas calles y desapareció para reaparecer en una villa alejada de la ciudad, una población de ciento treinta magos en su mayoría ancianos que se habían instalado en una campiña verde y generosa para vivir sus últimos años de vida en la contemplación y meditación propia de sus avanzadas edades.
Un viejo caminaba por la solitaria calle, al parecer llevaba algo de prisa, Snape simplemente lo aturdió y llevó el cuerpo a un callejón, remojó un palillo en el claro liquido contaminado aplicándolo de inmediato en el anciano.
Casi de inmediato el mago comenzó a toser como si la boca y garganta estuvieran secas, a los veinte minutos ya tosía una mucosidad sanguinolenta, a la media hora su temperatura en grados centígrados era de cuarenta y cinco, en una hora su estomago estaba literalmente licuado y sufría evacuaciones muy dolorosas, el hombre ya estaba despierto mas deliraba por la fiebre; como estaba por amanecer utilizó algunos hechizos protectores para evitar que los vieran algunos madrugadores; tres horas después de la infección y por el efecto inestable del virus le reventaron los ojos, siguió respirando todavía cinco horas después de la infección y murió a causa de un paro cardiaco, tras revisarlo descubrió que el cerebro tenia múltiples hemorragias y el corazón había estallado como los ojos del pobre infeliz.
Al volver a Londres tuvo que aguantar el impulso de tumbarse en la cama y dormir una semana seguida, tenia ordenes explicitas de liberar el virus ese mismo día, solo se dio un baño y guardo una cantidad de poción virulenta en sus ropas, el saber sus efectos le ponía nervioso, así que entre más pronto terminara con esto, mejor para él; ya tenía lista una poción multijugos, solo agrego los cabellos del mago que suplantaría, un chico que fue su cobaya una semana atrás y la bebió de golpe, transformándose casi de inmediato, cambio sus prendas por algo más casual y menos distintivo a su personalidad, Jumble se llevó a la cabaña un paquete con ropas que usaría más tarde; comenzó la misión apareciéndose fuera del ministerio, entro en la cabina telefónica y el tiempo comenzó a correr.
