Los personajes de Percy Jackson no me pertenecen, solo juego con ellos.


Capítulo 21: El Menjurje de los Dionisianos.

Jason no tenía memoria de haber celebrado alguna vez su cumpleaños. Pero allí estaba.

Luego de que Thalia se contentara con Annabeth, poco después de que Eros dejara el campamento, se concentró en la organización de la sorpresa para su hermano; no había sido difícil con la ayuda de Pólux y Castor, quienes llevaban la fiesta en la sangre. Tampoco se le dificulto tener la celebración oculta de Jason, el chico era el ser menos entrometido que había conocido. Y enhorabuena.

Dionisio dio su consentimiento, más que por la fiesta, parecía feliz de poder hacer algo para contrariar las órdenes de Quirón. Era como un chiquillo más a la hora de romper las reglas. Dejo la Casa Grande a la disposición de sus hijos, pues era el lugar más grande. Solo tenían que procurar limpiar todo y dejarlo como estaba antes del lunes.

Leo instalo el sonido y sus hermanos, luces. Los hijos de Afrodita decoraron, los de Atenea supervisaban, los de Ares cuidaban que los de Hermes no hicieran ninguna de sus triquiñuelas; Deméter se quedó al margen, trabajando en los campos, sabiendo que solo estorbarían en los preparativos. Los chicos de Apolo estaban listos y guapos para que la fiesta empezara, mientras que Pólux y Castor, luego de dejar sus últimas indicaciones, se metieron en la cocina a hacer nadie-sabia-que.

Era una gran colaboración grupal. Solo los romanos se mantuvieron apartados, principalmente por orden de su pretora. Reyna había dicho que no debían meterse en problemas con el centauro, que ninguno debía ir a esa fiesta. Pero… ¿Cómo le dices a 40 legionarios, que aunque soldados también son adolescentes, que no fueran a una fiesta que se veía prometedora?

Thalia y Percy también hacían su parte: mantener distraído a Jason. Cuando se lo plantearon, no sabían muy bien como lo harían. La mayoría de los griegos estaría alrededor de la Casa Grande, acomodando y llevando cosas. ¿Cómo disimulas eso? En realidad, solo tuvieron que llevarlo a entrenar a la arena, y con la visita ocasional de Piper y Leo, toda la atención de rubio estuvo ocupada.


Si Reyna creía que sus soldados obedecerían y faltarían a la fiesta que estaban organizando para Jason, estaba muy equivocada. Los legionarios asistirían, y ya tenían un plan para eso.


-¿Comemos juntos?- pregunto Thalia a su hermano.

-Claro- el sonrió- solo debo darme una ducha.

-Bien- ella devolvió el gesto- te espero en la cabina 3.

Se ducho muy bien y se puso unos vaqueros y camiseta sentó en la cama y se quedó allí unos 20 minutos, no quería ir a la cabaña 3 y esperar a que su hermana también se duchara y cambiara, sabía que Thalia también se tardaba en cuanto a eso se refería.

Solo media hora después escucho música no muy lejos de allí. No tenía ni idea de donde podría venir, solo esperaba que la detuvieran temprano para que el pudiera descansar. Llego a la puerta de la cabaña 3, vio a la pequeña concha en la pared llamada Vincent, y toco a la puerta.

-¡Voy!- escucho que Thalia exclamaba.

Cuando su hermana abrió la puerta, el no pudo evitar mirarla como si le fuera crecido una segunda nariz. La chica traía un vestido negro corto hasta la rodilla de tirantes; Jason jamás la había visto usar algo como eso. Sin embargo, no le extraño verla usando gruesas medias de rejilla negra que cubrían sus palidas me piernas, converse negras en lugar de sandalias y su chaqueta de cuero.

-Te ves… diferente- quiso decir "bien", pero se le escapo otra palabra.

-Ojala pudiera decir lo mismo de ti- replico Thalia, mirándolo de arriba abajo con una mueca- dame un segundo- entro, dejando todas las luces apagadas. Cuando volvió traía una blazer gris, la cual le tendió y le ordeno ponerse- no puedes simplemente vestirte como si fueras a cenar y ya.

-Es que solo vamos a cenar, ¿o no?

-Ay, hermanito- suspiro la pelinegra, enganchando su brazo con el de el- eres todo un Cabeza de Aire.


-Va a matarme.

-No lo hará.

-Estoy muerto.

-Ya te dije que no te pasara nada.

-Me gustaría ver mi campamento una vez más antes de dejar este mundo.

Dakota se dio de lleno con la palma de la mano en la cara, estaba completamente frustrado. Para estar en la Primera Cohorte, ser el hijo de Venus más grande en tamaño y uno de los soldados más destacados, Michael Kahalad era un completo miedoso. ¡Estaba temblando porque le encargaron distraer a Reyna para que los demás pudieran ir a la fiesta!

Puesto de ese modo también sonaba un poco injusto, pero entre todos juntaron muchos denarios como compensación, además de deberle favores. Dakota mismo fuera sido el distractor pero, 1) el de verdad, de verdad, de verdad quería ir a esa fiesta y 2) no tenía la buena presencia de Michael. Reyna seguramente no querría su compañía.

-Solo vas a ir… charlar con ella, ya sabes, entretenerla- eso ultimo lo agrego con tono pícaro y moviendo las cejas sugerentemente.

Muy sonrojado, molesto y monetariamente bien pagado, hijo de Venus suspiro en derrota y se dirigió a la arena, donde la pretora entrenaba.


Nico entro en la Casa Grande y se sentó en un rincón. Prefería estar en el Inframundo y convivir con los muertos, eso era más simple que tratar con personas vivas. Solo estaba allí porque su hermana, Hazel, lo había, literalmente, halado hasta allí. No estaba molesto, sabía que ella lo hacía por preocupación: en las últimas 24 horas, él se había vuelto más callado, gruñón y taciturno de lo que era normalmente y Hazel quería que él se distrajera un poco de eso que lo tenía así. Esa era la única razón por la que Nico no se había marchado en cuanto su hermana lo soltó.

El ambiente tampoco era de su agrado. No le gustaba la música, ni muchas de las personas que estaban allí. Sus pocos amigos que estaban allí estaban más ocupados en otras cosas: Luke y Thalia estaban conversando en una esquina, muy juntos. Chris y Clarisse estaban jugando y riendo en la máquina de Pacman, Leo hablaba con Calipso; Percy… estaba con Annabeth, ella decía algo mientras construía una torre con piezas de genga. Algunos, tomando ejemplo de Piper, charlaban con los romanos. Incluso Katie y Travis convivían pacíficamente, mientras sus respectivos hermanos bailaban juntos.

Lo que más le molestaba era ver a la mesa de bocadillos. Hope estaba allí, hablando con Pólux. Él le sonreía todo el tiempo y ambos reían; aunque, Nico podía decirlo con solo verla, que había algo mal con la sonrisa de la chica, quien no lo había mirado ni una sola vez en todo el rato. Sintió un desagradable pinchazo en el pecho. Afrodita debía estar feliz, y Eros muy satisfecho.

-Hey, hombre- Castor lo saludo con una sonrisa, traía una charola con varios vasos grandes- ¿disfrutas de la fiesta sentado en este rincón?- Nico lo miro con cara de pocos amigos y volvió su vista a Hope sin poder evitarlo- oh, ya veo. Estas triste y así- Castor miro a su hermano, a la rubia con el y luego a Nico. Entendiendo el asunto, le tendió uno de los vasos que traía- bebe esto, quizá te ayude.

-¿Alcohol?- Nico miro el líquido con desconfianza.

-¡Por supuesto que no!... pero algo así- el chico sonrió- es solo para divertirse un poco. Ya sabes lo que dicen: Cuando el centauro se va, los campistas hacen fiesta. Literalmente.

-Si algo me pasa por beber tu menjurje, prometo perseguirte hasta en tus sueños.

Castor pareció reconsiderar el asunto, pero al final, resolvió que merecía el riesgo y le dejo otro vaso. El hijo de Dionisio siguió su recorrido repartiendo su bebida hasta que todos tuvieran una.

"Quizá te ayude" había dicho el gemelo, así que bebió… todo de una vez. Se sintió un poco mareado, pero la presión que había sentido desde el día anterior se disipo un poco y eso le gusto. Había oído que el alcohol no traía nada bueno, nada más había que ver al Señor D, pero bueno ¡Eso no era alcohol! Solo algo así. Se levantó y busco más.


La fiesta era cada vez ruidosa. Había luces de colores en todo el lugar dando a todo un ambiente de discoteca; la música había subido de volumen y dentro de la Casa Grande ya no había lugar para las conversaciones. Todos estaban bailando, con un vaso de no-alcohol en la mano.

Luego del "Feliz Cumpleaños" grupal que le dieron a Jason cuando llego, todos olvidaron el porqué de la celebración. Incluso el. Jason era generalmente tímido y retraído, pero decidió soltarse el moño, solo un poco.

Estaba bailando. No sabía bailar, pero nadie le prestó atención a él. Y estaba bailando con Piper. La chica se había arreglado, al igual que los demás asistentes; llevaba jeans ajustados y un suéter verde ligero, con su melena suelta en una cascada de rizos castaños. Estaba hermosa, no es que fuera algo raro en ella.

Ya nadie lo estaba celebrando a él, pero en este punto, y con la compañía de Piper, ¿Qué demonios importaba?


Michael vio a Reyna al entrar en la arena. Ella entrenaba con su espada, dándoles estocadas y mandobles a maniquíes de paja. Respiro profundo, se infundió valor y rogo a su madre por un poco de encanto para poder cumplir su misión.

-Reyna- dijo, entrando con una seguridad que no sentía.

-¿Qué haces aquí?- ella le dio una mirada severa- ¿no deberías estar durmiendo?

-La música de la fiesta está muy fuerte, no podía dormir- Reyna solo lo miraba- preferí venir a entrenar, hacer algo productivo, y no quedarme en la cabaña escuchando los cuentos tontos de los otros chicos. ¿Te importa si te acompaño?

La pretora no parecía tener muchas ganas de hablar, así que solo asintió y se puso en posición de ataque blandiendo su espada. Él la imito.

El choque de sus espadas hacía eco en el lugar. Los golpes de Reyna eran fuertes y rápidos, le era difícil a Michael seguirle el ritmo y no resultar herido al mismo tiempo. Ya habían entrenado juntos antes en un par de ocasiones, ella no era así de agresiva en las prácticas. Reyna no estaba bien.

Dispuesto a comentarlo, Kalahad bajo la espada un segundo, en el que Reyna casi le rebana la garganta. Cayó al suelo de espaldas en un intento de evitarlo.

-¡Reyna!- exclamo el, atónito, con una mano en la garganta.

-¡Pensé que lo bloquearías!- extrañamente la muchacha parecía aún más indignada- ¡¿Por qué bajas la espada cuando tu adversario ataca?!

Estaba tensa, sostenía con demasiada fuerza la espada y apretaba los dientes. Su instinto de hijo de Venus le dijo por dónde iban los tiros.

-¿Qué sucede, Reyna?

-¡No es de tu incumbencia!

-Considerando que casi me rajas la garganta, puede que si sea un poco mi asunto.

Se miraron con fijeza unos instantes. Michael trataba de verse firme, confiable, comunicarle silenciosamente que podía contarle su problema. Y podía percibir en su postura y su mirada que ella quería decirlo, soltarle, hablar con alguien de eso que le molestaba, pero podía notar la inseguridad hacia él. Él no era tonto ni ignoraba los por qué. Era amigo de Octavian, quien no se llevaba bien con Reyna y viceversa.

Seguramente ella creía que él le contaría todo a Octavian.

-Lo que me digas aquí, se queda aquí- le aseguro Michael- puedo jurarlo por el Estigio si así lo prefieres.

Y así lo quiso Reyna. Michael se sorprendió por la desconfianza, pero juro. Entonces la muchacha se desahogó.

-Estoy molesta por todo- comenzó la hija de Bellona- desde que llegamos a este lugar nada ha ido bien. Ya nadie me escucha. Cuando les ordeno que hagan algo, fingen obedecer y luego no lo hacen. ¡Porque Jason decidió que aquí no éramos legionarios! Nos ha ido mal en las pruebas…

-Solo porque el hijo de Neptuno rompió las reglas.

-Buen punto, continúa.

-Y… y…- la chica estaba indecisa, lo que iba a decir parecía costarle verdaderamente. Él le sonrió, dándole ánimos- y me siento muy sola. En el Campamento Júpiter me mantengo ocupada, hay trabajo que hacer, y en los momentos de ocio puedo hablar con Jason… aquí, en cambio, todos están en cualquier lado, el que manda es el centauro y Jason… Jason lo único que hace es pasearse por allí con esa hija de Afrodita.

Michael no necesitaba oír más. Ya lo había entendido todo. Jason era la razón de todo.

-Sabes que los oficiales tienen prohibido enamorarse- hablo el finalmente, con voz neutra.

-Lo sé- Reyna asintió, cansada de negar todo- pero, ¿Por qué la griega? ¿Por qué ella? Apenas la conoce.

-El amor es algo inexplicable, Reyna, ¿no lo crees?- Michael le sonrió- por ejemplo, ¿Por qué el? ¿Por qué Jason? Sabes bien que su relación no podría ser, además, si te soy sincero, ustedes harían una pareja dispareja.

-Nos llevamos bien- defendió la pretora.

-Que sean amigos no significa que también puedan ser novios- Kalahad se acercó a ella y le puso una mano en el hombro- lo que deba ser, será. Seguramente mi madre tiene a alguien especial para ti, no pierdas la esperanza.

Reyna le sonrió.


Apoyo la espalda en el árbol y se dejó caer. Bebió un largo trago de la botella de no-alcohol que había conseguido. Sonrió, recuerdos llegaron a su mente. Buenos recuerdos. Cerró los ojos para disfrutarlos.

-Nico.

Abrió los ojos y frente a su mareada y difusa vista estaba Hope. Al verla tan cerca, luego de tenerla ignorándolo, supo que era solo un truco de su mente. Uno muy cruel, sin embargo, sonrió.

-Soy tan patético- rio el chico ebriamente- ¡Ahora alucino contigo!

-Nico, ya deja esa botella- le dijo Hope-alucinación, preocupada- no es bueno que…

-Adiós- y se hundió en las sombras del árbol, saliendo de nuevo junto a la cabaña 3. Tomo otro trago, y uno más. Ella volvió- déjame en paz.

-Me preocupas- susurro la chica con angustia- deja la botella.

La ignoro y volvió a hundirse en las sombras, terminando en el árbol en el que estaba. Hope-alucinación regreso, Nico se fue de nuevo. Así continuaron varias veces, sin ella desistiera en lo más mínimo. Entonces, él se detuvo a pensar, ¿Por qué alejarse de esa imagen tan vivida que su mente le proporcionaba, si quería estar cerca de ella? Y para calmar un poco su consciencia, ¿Por qué no decirle a esa hermosa aparición todo lo que no ha podido a la verdadera Hope? La miro fijamente cuando se detuvo nuevamente a unos metros de él.

-Castor dijo que esto- alzo la botella- "quizá me ayudaría". Pensé que se refería a que no pensaría en ti, no que te aparecerías frente a mi como un fantasma; el cruel que mi mente alucine contigo- ella lo miraba, con los ojos llenos de preocupación- ¿sabes? Aún recuerdo el día en que desapareció, hace dos años. Fui al parque en el que siempre nos veíamos y no llego. Ni ese día, ni el siguiente, ni la semana siguiente, ni dos meses después.

Hope-alucinación se llevó una mano a la boca, mientras que de sus ojo sorprendido escapaba una lágrima que rodo por su mejilla. El no pretendía hacerla llorar, camino hacia ella y estiro el brazo para quitar la lágrima. Pero se contuvo. ¿y si la tocaba y ella desaparecía?

-Nico…

-Solo ha pasado un día y se siente como un mes, no creí que fueras a ser una parte tan importante en mi vida- respiro profundamente, al soltar el aire en sus labios se dibujó una mínima sonrisa- hueles a vainilla. Vainilla y muerte- susurro- eso dicen los pegasos, Percy me lo conto. Dice que es por pasar mucho tiempo conmigo.

-Ya para- la voz de la rubia era un susurro ahogado.

Nico se dio la vuelta y volvió a sentarse apoyado en el árbol. Siguió hablando, pero como si estuviera solo.

-Lo de Percy… yo era más joven y muy impresionable. Él era como los héroes de la mitología de los que tanto había leído. Entonces, me quede solo y él era mi único amigo. Luego me di cuenta de lo que sentía y me sentí fuera de lugar en el campamento. Me aleje- suspiro- entonces tu volviste y ya no quise irme de aquí. Te extraño… ya dije todo lo que quería decir- Nico volteo la botella y se deshizo del contenido- ya te puedes ir.

Pero ella no desapareció. El culpo a sus ganas de verla a que Hope-alucinación siguiera allí. La muchacha se acercó lentamente, se arrodillo frente a él y tomo el rostro de Nico entre sus manos. El hijo de Hades se sorprendió por el tibio tacto y lo real que se sentía. La rubia lo miro a los ojos antes de acercarse y besarlo.

Nico tuvo que recordarse que no era real, aunque así se sintiera. "mi primer beso es con una alucinación", se dijo con burla. Pero aun así le correspondió, sintiendo la cercanía. La rodeo con sus brazos, aun con miedo de que despareciera, y la acerco más a él. La muchacha se sentó en su regazo. Profundizaron el beso.

Cuando se separaron, ella acomodo su cabeza en el pecho de Nico; él no la soltó en ningún momento. Se quedaron en completo silencio.

Nico no estaba seguro si era real o no, pero en el caso de que no fuera así, bien merecía la pena tratar de repetir esas alucinaciones.