Hola, hola! Bueno, les cuento que la universidad me ha estado matando, y por lo mismo me he demorado un poco más de lo normal en actualizar. La verdad, hoy he tenido el día libre así que me he dedicado a escribir :D
Muchas gracias a Karol y a Melsol por comentar el capí anterior, me alegra que les haya gustado y que se hayan sorprendido con el final, era el objetivo jaja. Espero que este capí les guste :)
Y también les doy gracias a mis lectores silenciosos, que se dan el tiempo de leer mi historia y bueno, supongo que es porque les gusta, ¿No? (por favor que sea así ) jaja.
Estuve sacando la cuenta, y realmente quedan muy pocos capítulos para llegar al final, no me había dado cuenta!
Las Crónicas de Narnia no me pertenece, es obra de C.S Lewis. Yo simplemente juego con estos maravillosos personajes.
Los hermanos Pevensie quedaron petrificados al escuchar la respuesta del soldado. Podían esperar cosas, una infinidad de sorpresas. Narnia siempre lograba sorprenderlos, pero no de esa forma.
¿La madre de Caspian se encontraba viva? Se supone que ella murió.
Es decir, no es que Caspian nos hable alguna vez realmente del tema, pero en realidad, si ella estuviera viva, lo sabrían, ¿No?
-¿La madre de Caspian? –fue Edmund quién habló.
Seguramente por la impresión de la inesperada sorpresa, no midió el tono de voz con el que habló. Utilizo uno demasiado fuerte, y los soldados lo escucharon.
-¿Quien anda ahí? –gritó uno de los soldados acercándose a nosotros.
-Lucy, tu y Susan liberen a los prisioneros –dijo Peter sacando su espada al mismo tiempo que Edmund.
Lucy observó a su hermana.
-Debo hacer algo –dijo Susan antes de salir corriendo.
Se escuchó el grito de Lucy llamando a su hermana, pero esta no hizo caso y continuó corriendo y subiendo escaleras.
El sonido de las espadas al chocar hicieron que Lucy volviera a la realidad y dejara de lado sus pensamientos sobre a donde se dirigía su hermana tan apresuradamente.
Los soldados ya estaban enfrentándose a los hermanos Pevensie. Nada grave para dos experimentados reyes de Narnia, tres soldados solo serían vencidos en cuestión de minutos.
Algunas maniobras evasivas para esquivar los golpes de los soldados, dos o tres vueltas para marear al enemigo. Un ataque por arriba, las espadas chocar una vez, y el golpe letal por el costado. La espada clavada en pecho de los soldados, dejándolos caer muertos y con u ruido seco. Por último, sacar la espada del pecho del hombre derrotado.
El problema comenzó cuando uno de ellos comenzó a gritar para llamar a los demás soldados del castillo, quienes comenzaron a llegar rápidamente.
En cuestión de segundos, Peter y Edmund Pevensie se encontraban rodeados de guardias.
Lucy aprovechó el momento de distracción de los guardias, que se encontraban amenazando a sus hermanos, y corrió a toda prisa hacia los calabozos. Se acercó a los barrotes, desesperada por ayudar a quien sea que estuviera dentro.
Observó, impaciente por salir luego de ese lugar.
-¿Reina Lucy? –escuchó una voz conocída llamarla desde la oscuridad de la celda.
Caspian había llegado a la habitación central del castillo. No era muy grande a decir verdad, en realidad, se parecía a la pequeña bodega que había en el castillo telmarino, y no al gran comedor que funcionaba como habitación central. Ese castillo no era nada, en comparación a su castillo.
Observó todo con detenimiento antes de entrar, buscando algún soldado que pudiera atacarlo o a alguien que pudiera decubrirlo. Se quedo quieto, en completo silencio, y se dedicó a escuchar. Algún ruido, un paso al caminar, el sonido de un cuerpo al moverse o el aliento de alguien al respirar. Nada.
Entonces, decidió entrar, seguro de que no había nadie en la habitación. Caminó hacia el centro de esta, y observo el suelo, en donde se encontraba un hermoso dibujo de un rostro. Se preguntó quién podría ser.
¿Quién más? Sino aquel ser malvado, que buscaba vengarse de él.
-Bienvenido –se escuchó la voz de una mujer.
Se dio la vuelta rápidamente, desenvainando su espada y apuntándola directamente hacia el lugar de donde provenía la voz. Y la vio.
Sorprendentemente alta, mucho más que él, que ya era considerado uno de los hombres más altos de Narnia, junto con Peter. Se asombro al verla, y ella al darse cuenta, dibujo una sonrisa en su rostro.
Luego se fijo en su cara. De cabello dorado resplandeciente, le recordaba a la hermosa melena de Aslan, claro está, por el color y no porque ella estuviera despeinada. En realidad, llevaba un elegante peinado que la hacía parecer una mujer de sociedad. Su rostro, sutilmente blanco, no pálido, en lo absoluto. Sus ojos, de color negro, dejaban en evidencia que ella era telmarina. Solo los telmarinos poseían esos ojos tan llamativamente profundos. Sus labios de color rojo escarlata, y pensó, que nunca en su vida había conocido a alguien con unos labios así de gruesos.
Ella lo observó sonriente, con una sonrisa hermosa, ha decir verdad. Se acercó a él con un caminar lento, sensual, coqueto. Lo miraba de forma coqueta y directo a los ojos.
-Eres igual a tu padre- dijo cuando estuvo lo suficientemente cerca de él como para acariciarle la mejilla.
Caspian la observó dudoso. Dio un paso hacia atrás, pero no logró apartarse de ella, o no quiso hacerlo. Se quedó ahí, observándola extrañado por su actitud tan amable, mientras ella lo miraba a los ojos y le acariciaba la mejilla, a una proximidad peligrosa.
-Tienes sus ojos –dijo ella- eres idéntico a él.
Él se matuvo en silencio.
-No temas –dijo ella sonriendo- no podría hacerle daño al hijo de Caspian IX
-Lo único que buscas es vengarte de él –Caspian al fin habló.
Ella cerró los ojos y dejo que la voz de Caspian se dejará escuchar por toda la habitación.
-Si cierro los ojos, y te escuchó hablar, es como si él estuviera a mi lado-dijo ella amablemente- me has devuelto la vida.
Caspian guardó su espada.
-¿Qué pretendes? –le preguntó de forma seria- soy el rey Caspian X de Narnia, y vengo a recuperar la liberta de mi prometida, a quien tú has secuestrado. Y vengo a poner fin a esto. Serás castigada por querer dañar a tu rey y a la gente de Narnia.
-¿Mi rey? –dijo ella comenzando a reír a carcajadas- yo tuve un rey, joven Caspian, y no pretendo tener otro.
Ella comenzó a acercarse a él nuevamente, esta vez de manera desafiante.
Caspian tomó su espada, por seguridad, aunque no la desenvaino.
-Te ordeno que me digas donde esta mi prometida –dijo Caspian de manera desafiante- o las consecuencias que pagarás serán las peores.
Entonces, la puerta de la habitación se abrió con un gran estruendo. Una apresurada Susan se dejo ver, tomando una flecha de su espalda y posicionándola de forma correcta en su arco. Se detuvo cuando estuvo junto a Caspian y apuntó a Morgana con su arma.
-Aléjate de él –dijo.
Morgana dio unos pasos hacia atrás.
-Él joven rey solo me estaba preguntando donde está su amada prometida –dijo Morgana de forma inocente.
Susan hizo caso omiso a las palabras de Mogana.
-Dile donde tienes a su madre –dijo Susan.
Caspian la observó sorprendido.
Lucy observó con desconfianza el lugar de donde provenía la voz que la llamaba.
-Soy yo –se escucho decir- Lilliadil.
Lucy sonrió.
-Lilliandil, un segundo, iré a buscar las llaves.
Lucy corrió por el calabozo a toda prisa, con la esperanza de que los soldados hubieran dejado caer la llave durante la pelea con sus hermanos, pero no fue así.
-Ayúdame Aslan –rogó.
Intentando encontrar alguna solución para poder abrir la celda y sacar a Lilliandil, levantó la vista y lo primero que vieron sus ojos, fueron las llaves de las celdas colgadas en un débil clavo en uno de los muros.
Sonrió, agradeciendo internamente a Aslan por la ayuda. Cogió las llaves y se devolvió a la celda en donde se encontraba Lilliadil.
Abrió la puerta de la celda y abrazó a Lilliandil, alegre de volver a verla.
-¿Estás bien? –le preguntó observándola para ver si tenía alguna herida.
-Estoy bien –dijo sonriendo- solo un poco débil.
-Esto te hará bien –dijo entregándole la pequeña botella de su poción mágica- solo una gota hace falta.
Lilliandil la observó algo dudosa y finalmente decidió hacerle caso. Tomo una gota de la poción, y segundos después ya se sentía llena de vida.
-Debemos ir a buscar a Caspian –dijo Lucy- esta buscándote en algún lugar del castillo.
Lilliandil sonrió.
-Hay alguien más –dijo Lilliandil tomando de la mano a Lucy y guiándola hacia otra celda.
Lucy abrió la celda a toda prisa y entró, junto con Lilliandil. Las dos se acercaron a la persona que yacía sentada en el suelo, casi desmayada.
-¿Está bien?-preguntó Lilliandil.
Lucy no contestó. Tomo su botellita de forma apresurada y le dejo caer una gota de la poción en los labios de la persona. Inmediatamente, está se levanto impresionada.
-¿Es magia? –pregunto confundida.
-Algo así –dijo Lucy sonriendo- pero es magia buena, de la que ayuda a las personas.
-Mi nombre es Evolett –dijo la señora.
-Soy la reina Lucy –se presentó sonriente- de Narnia.
-¿Reina Lucy? –preguntó la señora sorprendida- he escuchado cuentos de narnia desde hace mucho tiempo, no creí que fueran verdad. Tu y tus hermanos gobiernan ese país, ¿no es así?
-Así es –dijo Lucy sonriendo- bueno, nosotros y Caspian.
-¿Caspian?
-Si, Caspian X, el rey de Narnia.
-¿Caspian X? –volvió a preguntar la señora- ¿cuánto tiempo ha pasado desde el reinado del rey Caspian IX?
-¿El padre de Caspian?
-¿Lo conoces?
-No he alcanzado a conocerlo –dijo Lucy apenada- ha sido asesinado por Miraz mucho antes de que mis hermanos y yo volviéramos a Narnia.
-¿Miraz?
-Si, el tío de Caspian –Lucy respondía algo confundida- ¿puedo saber hace cuanto tiempo esta usted aquí?
-Mas del que quisiera admitir –dijo ella- fui encarcelada cuando el rey Caspian IX gobernaba estas tierras.
Todas se quedaron en silencio.
Evolett fijo su mirada en la estrella.
-Soy Lilliandil –dijo ella sonriente- una estrella, hija de Ramandú. La prometida de Caspian X
-¿Prometida? –preguntó Evolett sorprendida- mi hijo ya tiene una prometida.
-¿Su hijo? –preguntó Lilliandil sorprendida.
-Usted es la madre de Caspian –dijo Lucy emocionada.
-¿Su madre? –preguntó Lilliandil- necesito que alguien me expliqué.
-¿Cómo esta él? –preguntó Evolett.
-Deberíamos ir a buscarlo y así podrás verlo –dijo Lucy comenzando a camina- es mejor que los encontremos antes de que algo malo suceda.
Lilliandil las observó confundida mientras Lucy y Evolett caminaban y se alejaban conversando como buenas amigas.
-¿Qué dices Susan? –preguntó Caspian confundido.
-Hemos escuchado a los soldados hablar –dijo Susan, aún apuntando a Morgana- tienes encerrada a la madre de Caspian.
-¿Mi madre? –Caspian no podía creer lo que estaba escuchando.
-Es de muy mala educación escuchar conversaciones agenas –dijo Morgana riendo- ¿No te lo enseñaron tus padres?
Susan se enfadó.
-Pagarás por haberles hecho daño.
-Oh no me culpes a mí –dijo ella- en realidad, yo solo he querido acercarme a Caspian X. Él es el verdadero responsable de todo lo que les ha sucedido últimamente.
Susan la observó seria.
-¿Por qué tienes a mi madre aquí? –preguntó Caspian lleno de rabia, desenvainando su espada- se supone que ella murió, ¡Ella esta muerta!
-Puedes seguir creyendo eso si quieres –dijo Morgana- como tú lo prefieras.
Susan disparó la primera flecha, pasado por el lado de la cabeza de Morgana, rozándole el rostro y dejando una pequeña herida.
-Esta bien –dijo Morgana limpiándose la herida- bueno, no sé que te hayan hecho creer rey Caspian X. Pero bueno, tu ya sabrás toda la historia de tu padre, no era un caballero muy correcto que digamos.
-Era un buen hombre –dijo Caspian.
-Era un infeliz –gritó ella enojada- y tu madre fue la razón de que él se separara de mí. ¿Qué se suponía que hiciera? ¿Quedarme a ver como la familia feliz engendraba a un príncipe y vivian una vida feliz en familia? Ella me lo arrebato todo. Y tu padre dijo que solo la necesitaba para darle un heredero a su pueblo. Así que espere, pacientemente, fui a su boda y los felicité. Fingí ser feliz con la noticia, la Evolett, reina y esposa de Caspian IX, daría a luz al heredero del rey. Y deje que sucediera. Ella dio a luz, tuvo a un hermoso hijo, y cuando él creció lo suficiente para poder vivir sin su madre, me encargue de ella.
Caspian tenía lágrimas en los ojos.
-¡Dijeron que había muerto por una extraña enfermedad! –gritó.
-¿Y qué esperabas que te dijeran? ¿Qué tu madre había desaparecido, y jamás la habían encontrado? Era una noticia demasiado cruel para contarle a un pequeño. Esperaron que tuvieras la madurez suficiente para entenderlo todo, y cuando se rindieron y sus búsquedas cesaron, la dieron por muerta. Fue sencillo, nadie se interesó por ella después de eso, ni siquiera su propio hijo.
-Creí que estaba muerta –se defendió- si hubiera sabido que había desaparecido, no me habría cansado de buscarla jamás.
-Esas fueron las decisiones de tu querido padre.
Susan estaba en silencio, impactada al escuchar la crueldad de la que era capaz Morgana. No podía creer como era capaz de contarle eso a Caspian, como si fuera una bonita historia. Ella estaba orgullosa de lo que había hecho.
-No pareces telmarina –dijo Susan, intentando cambiar el tema para que Caspian tuviera tiempo de analizar todo.
-Es increíble lo que el poder de la magia puede hacer –dijo ella sonriendo- creo que la tez morena y el cabello oscuro son algo anticuados. El rey Caspian X debería permitirme ayudarlo a cambiar.
-Aléjate de él –dijo Susan sacando otra flecha y apuntando a Morgana.
Morgana sonrió.
Susan fijo su mirada en Caspian, estaba apretando su espada con tanta fuerza, seguramente por la rabia que sentía, que se estaba haciendo daño en su propia mano. Sus ojos estaban llenos de lágrimas y por sus mejillas corrían algunas que habían logrado escaparse.
-Vas a hacerte daño –susurró Susan acariciando la mano de Caspian.
Caspian levanto la vista y fijo sus ojos en ella.
-Pero ya basta de tanta platica –dijo Morgana sonriendo de forma maliciosa- de todas formas, aún no entiendo que se creen entrometiéndose en mi castillo.
Entonces, un grupo de cinco soldados entró en la habitación. Uno de ellos tomo por la espalda a Susan, y puso una espada en su cuello.
-Si das un paso más ella se irá junto a sus padres –dijo Morgana a Caspian, al verlo inquietarse por Susan.
Susan fijo su mirada en Caspian.
-Yo que tu no me atrevería a tocarla –Se escuchó la voz de Peter.
Inmediatamente después, el soldado que amenazaba a Susan cayó al suelo. Muerto.
-Rey Peter –dijo Morgana sonriendo irónicamente.
-¿Estás bien? –preguntó Peter.
Susan asintió, feliz de verlo.
-Bueno, bueno –dijo Morgana- no quería llegar a estas circunstancias, pero si así lo quieren.
Morgana hizo una seña con la mano, y de inmediato las puertas de la habitación se abrieron, dando paso a dos soldados, que traían amenazadas a Lucy, Lilliandil y Evolett.
-Caspian –susurró Lilliandil sonriendo emocionada.
-Lilliandil –dijo Caspian sonriendo.
Susan fijó su mirada en Caspian, y luego él la miró a ella.
-Creo que no es necesario decirles que cualquier intento que hagan de atacarme, podrán decir adiós a estas tres hermosas mujeres. Suelten las armas.
De inmediato, las espadas de Caspian y de Peter cayeron al suelo, seguidas por el arco de Susan.
-¿Caspian? –preguntó Evolett al verlo.
Caspian la observó confundido.
-Que tierno reencuentro –dijo Morgana- Caspian, te presento a tu difunta madre.
Caspian continuó observándola incrédulo, mientras Evolett no podía dejar de sonreír de felicidad.
-Lástima que hayas llegado solo para verlo morir –dijo Morgana, dirigiéndose a Evolett.
La sonrisa de Evolett desapareció, dando paso a un rostro de preocupación.
Morgana tomo la espada de uno de sus soldados, y se acercó lentamente a Caspian.
-Deberías alejarte un poco de él –Morgana se dirigió a Susan- no quiero hacerte daño con la espada mientras acabo con su vida.
Caspian observó a Susan preocupado.
-No voy a abandonarlo –dijo Susan, tomando la mano de Caspian.
Él la observó confundido un momento. Quería que ella se fuera, se alejara de ese lugar. Con Lucy, Lilliandil y Evollet como rehenes de Morgana, no tenían opción alguna de defenderse. Morgana acabaría con ellos, uno a uno, cuando en realidad, es algo que solo tiene que ver con él
Miró a los ojos a Susan, y entendió que ella no se iría de su lado, estaba decidida a quedarse.
No le importo nada. Ni la mirada de dolor de Lilliandil, ni el rostro de enfado de Peter, o el de felicidad de Lucy. Tomo la mano de Susan, y entrelazó sus dedos con los de ella.
Morgana los observó sonriente.
-He tomado a Lilliandil, ya que es lo más querido del rey de Narnia, pero me he equivocado. Lo mas preciado del rey Caspian X es la reina Susan. Querida –dijo refiriéndose a Lilliandil- jamás debiste fijarte en un rey, no valen la pena. Todos merecen morir.
Entonces, Morgana dejo escapar un grito. Tomo la espada con las dos manos, y la levanto con fuerza. Sus ojos brillaban, dejando ver la alegría que traía para ella acabar al fin con la vida del rey Caspian.
Y entonces, algo sucedió.
Una espada atravesó a Morgana. Justo en el estómago. Sus ojos se tornaron blancos y su semblante palideció completamente. Dejo caer la espada de sus manos y un brillo extraño comenzó a rodearla.
Comenzó a desvanecerse, lentamente, y su vestimenta se convirtió en polvo. La única prueba de que ella había estado en ese lugar.
Todos se observaron extrañados. No sabían que era lo que había pasado.
Y de pronto, el rey Edmund se dejó ver.
-Después de todo, nunca pude vengarme de la Bruja Blanca, al menos mate a alguien parecido a ella –dijo sonriendo, con la espada en la mano.
Todos se miraron sonrientes. Edmund había asesinado a Morgana. Todos eran libres.
Los soldados, al ver que su "reina" había fallecido, dejaron sus espadas y corrieron a toda prisa del lugar.
-Arrancan como las ratas que son –dijo Peter enfadado- creo que les habríamos dado su merecido.
Lucy se acerco a Peter, y lo abrazó con fuerza.
-¿Estás bien? –le preguntó.
-Estoy bien –aseguró la mejor de los Pevensie- ya estoy grande, puedo cuidarme sola. Lo tenía todo bajo control.
Peter sonrió al escucharla.
-Creo que debería agradecerte… -dijo Caspian a Susan.
Susan no contestó. Solo sonrió cordialmente y luego se abalanzo sobre él en un abrazo.
-Me alegra que nada haya pasado –dijo.
-¿Caspian? –era Liliandil.
Susan se separó de Caspian.
-Deberías ver si tu prometida esta bien –dijo Susan, su tono de voz era triste.
Caspia la observó apenado.
-Susan –dijo Lucy acercándose a su hermana.
Susan le dedicó una mirada de tristeza a Caspian, y se fue a ver a su hermana.
-Por Aslan, te he extrañado mucho –dijo Lilliandil abrazando a su prometido- no sabes la falta que me has hecho. Tenía mucho miedo, pero sabía que vendrías por mí.
-No podría haberte dejado aquí –dijo Caspian besándole la frente.
-¿Caspian?
Caspian se separó de Lilliandil.
En frente de él, estaba parada su madre. Con una sonrisa nerviosa en su rostro.
-No puedo creerlo –susurró Caspian al verla.
Y de pronto, el suelo comenzó a temblar, cada vez con mas intensidad. Los cuadros colgados en los muros comenzaron a caer al suelo y los pilares que afirmaban el techo del castillo se trizaron.
-¿Qué esta sucediendo? –gritó Peter, apenas manteniéndose en pie.
Los grandes ventanales estallaron y de pronto, el castillo entero comenzó a desmoronarse.
-¡Tenemos que salir de aquí! –se escuchó el grito de Caspian.
