El curso terminó.

Querida Avril:

Me alegro que ya te encuentres mejor y que empieces a comer más. Te he mandado muchas magdalenas para que engordes un poco, que debes de estar en los huesos.

Aquí Míster Chew, se ha portado muy mal y ha hecho algo horrible. La otra noche, pasando por la cocina al salir de mi ducha, me lo encontré durmiendo dentro de la olla en la que tenía preparado el estofado para comer. No sé como lo hizo, pero se las apañó para retirar la tapa y meterse dentro de la comida.

Tuve que sacarlo y meterlo en la bañera, para poder quitarle todo el caldo del estofado. No le hizo mucha gracia el baño, pero al menos logré dejarlo completamente limpio.

Ahora él está enfadado conmigo y no entiendo el por qué. Tal vez deba hacerle algunas magdalenas.

Espero que te gustara el regalo que te envié. Fui a comprarlo con Míster Chew y fue él quien lo escogió. Tiene muy buen gusto en mi opinión. Los detalles del estuche me parecieron muy delicados.

Espero saber noticias tuyas pronto y que las pesadillas aflojen. Tengo que dejarte, he dejado unos huevos rellenos en la cocina y acabo de ver a Míster Chew dirigirse hacia allá. Temo por esos huevos.

Besos, Bathilda Bagshot.

Para cuando terminó de leer la carta, Avril no era capaz de mantenerse erguida de la risa. Tenía las piernas cruzadas, porque sentía que se mearía encima si no apretaba. Le pasó la carta a Lily, que la observaba casi con miedo y esta la puso en medio para que Mary y Marlene pudieran leerla también. A los pocos minutos, las tres se encontraban en la misma situación que Avril.

Cuando acabaron todas las clases, Avril fue a paso tranquilo hacia la torre oeste, en busca de una lechuza para responder a la carta de Batty. Allí arriba, se encontró de frente con Pandora Fiphell, que salía justamente de la lechucería. En la misma puerta se quedaron hablando sobre el experimento de Pandora, para el cual necesitó el humo que salía del tren, pero que finalmente no funcionó.

- Resulta que el humo mágico, es más imprevisible de lo que pensaba. Dependiendo de los ingredientes con los cuales lo mezcles, ocurre una cosa u otra – contaba Pandora -. Así que nada salió como yo quería. ¿Y tú qué haces aquí?

- Oh, vengo a enviar una carta a mi madrina – contestó al tiempo que alzaba la carta.

- Claro, lógico y normal – dijo más para sí misma que para Avril -. Pues te dejo que sigas con lo tuyo. Yo ya he enviado la mía.

- ¿Para quién va dirigida?

- Para Xenophilius. Es un tipo muy interesante con ideas realmente extrañas – respondió con un ligero guiño travieso -. Siempre me hace reír y va a montar un periódico, pero está teniendo algunos problemas de papeleo, así que le animaba a que no lo dejara.

- Eso es genial, espero que la cosa funcione – dijo imprimiendo un doble sentido en sus palabras.

- Sí, yo también – por su sonrisa, lo había pillado.

...

Los meses fueron pasando con normalidad. Con la llegada de junio, llegaron los agobios por los estudios para los exámenes y las chicas estaban más que insoportables. Ahora, no solo se encerraban a estudiar por horas y horas, sino que además, se llevaban a Avril también. Lo agradecía en cierta forma aunque le diera pereza y aprovechaba tanto esas horas de estudio como los repasos que se daban en clases.

En todo ese tiempo, los Merodeadores lograron lo que nunca creyó posible. Hicieron explotar los lavabos del baño de las chicas del segundo piso, provocando la ira de Myrtle la Llorona, que como pataleta, inundó todos los demás baños. En otra ocasión, se las apañaron para rellenar el pollo de la mesa de Slytherin con un picante tan fuerte, que les dejó sin papilas gustativas durante una semana entera. También llegó a sus oídos que volvieron a confrontarse con Snape. Mulciber y Avery también participaron.

Los castigos surgidos de varias de esas bromas, no fueron moco de pavo. Recordaba verlos llegar a la Sala Común, bien entrada la noche, como si acabasen de salir de un campo de concentración.

Por suerte para ella, en todo ese tiempo, ningún Slytherin trató de hacerle algo más allá que un simple encantamiento, lo que le llevó a pensar, que realmente estaban tramando algo más gordo. Las veces que se había cruzado con Dolohov, este la había ignorado o lanzado una mirada asesina que nunca llegaba a más, seguramente porque tenían mucho público alrededor.

Para cuando llegó la semana de exámenes se sentía más preparada que nunca, llegando a sacar mejores notas de las que la primera vez hubo logrado. Tal y como lo supuso, tuvo extraordinarios en todas las asignaturas, exceptuando astrología (que se quedó en un aprobado), pociones y adivinación (que fueron un "supera las expectativas").

- No puedo creerlo – Lily parecía algo indignada -. Pero si apenas has hecho absolutamente nada en todo el curso.

Avril estaba tumbada en su cama, observando como Lily metía prenda tras prenda en su baúl. Les darían las vacaciones en un par de días y ella ya estaba recogiendo cosas. Toda aquella aparente indignación se debía a las notas de Avril, aunque en realidad se alegraba muchísimo por ella.

- No sé de qué te quejas – decía ella con parsimonia -. Si las tuyas son todavía mejores.

- Ya, pero yo me he esforzado durante todo el año para sacarlas.

- ¡Eeehh! – fingió ofenderse -. Yo también me he esforzado lo mío.

- No tanto – Lily detuvo lo que estaba haciendo para mirarla durante unos instantes con una sonrisa maliciosa -. Creo que mereces un escarmiento.

- ¿Un escarmiento? – preguntó sin esperárselo - ¿Por qué?

- Porque si te esforzaras, tendrías mejores notas.

- Pero si estoy contenta con las que tengo.

- No es suficiente.

- ¡Pero Lily!

Lily la ignoró y se lanzó a la cama de Avril para cumplir su sentencia. Se enzarzaron en una pelea de cosquillas, que Lily tenía ganada desde el principio, porque Avril se quedaba sin fuerzas con la risa. Suplicó misericordia, pero el ataque no cesó hasta que Mary entró en el cuarto.

- ¿Qué hacéis? – preguntó con una ceja alzada al ver la escena.

- Nada. Castigo a Avril.

La nombrada trataba de recuperar el aliento. Ni siquiera se sentía con fuerzas para incorporarse y de vez en cuando, se le escapaba una risilla nerviosa cada vez que Lily hacía como que volvería a atacarla.

- ¿Y eso por qué? – Mary la observó, completamente derrotada en su propia cama -. ¿Qué ha hecho?

- Es por sus notas – explicó Lily.

- Pero si las ha tenido muy buenas.

- Sí. Y apenas se ha esforzado. Imagínate lo que lograría si se aplicara un poco más.

- Oh, comprendo – después negó con la cabeza, como diciendo que en realidad no lo comprendía -. En realidad creo que hoy estáis todos fatal.

- ¿Todos? – logró pronunciar Avril.

- Allí abajo, en la Sala Común, han bajado James y los chicos como locos. Gritando algo de que lo habían terminado y que eran unos genios.

Aquella información captó el interés de Lily y por consiguiente, también el de Avril.

- Hay que ver como se ponen por haber acabado los exámenes. Montan jaleo por cualquier cosa.

- ¿Pero por qué iban a ponerse así por los exámenes? – Lily no las tenía todas consigo.

- ¿Qué tiene de raro que lo celebren? – le preguntó Avril.

- Voy a bajar a ver qué pasa.

Lily la había ignorado por completo y ahora se dirigía hacia la puerta del cuarto para bajar a la Sala. Avril se encogió de hombros y decidió seguirla.

Efectivamente, allí abajo los cuatro chicos pegaban saltos y se abrazaban los unos a los otros. Muchos otros alumnos les seguían el juego y aplaudían y gritaban a la par, pero tal y como sospechaba Lily, ellos no parecían tan contentos sólo por los exámenes.

Las dos bajaron las escaleras hasta llegar al centro de todo. Antes de que Lily preguntara sobre lo que ocurría, Sirius se dio cuenta de la presencia de ambas.

- ¡Lo hemos terminado! – gritó al tiempo que se acercaba a ellas.

Con las mismas Lily se hizo a un lado, dejando desprotegida a Avril. Sirius la abrazó con fuerza, levantándola del suelo y dando vueltas, al tiempo que continuaba con la misma cantinela. Avril, sorprendida se dejó hacer sin comprender lo que ocurría. Los otros tres se acercaron también entre gritos de júbilo y risas. James agarró a Lily de los hombros y le dio una ligera sacudida, con una sonrisa de oreja a oreja.

Para entonces, Sirius había dejado de darle vueltas y en esos momentos le plantó un buen par de besos sonoros en la mejilla. Prácticamente se la pasó a James, una vez hubo soltado a Lily, quien también la abrazó con energía. Peter daba vueltas alrededor y se puso a hacer un extraño bailecito con Sirius. Remus llegó en cuanto James la dejó libre y se dejó caer en su espalda, pasando los brazos por encima de sus hombros y dejando sus cabezas muy juntas.

- Ya está terminado – dijo con entusiasmo Remus.

- Sí, de eso ya me he enterado – le costaba un poco hablar y mantenerlos a ambos de pie, pero se las apañaba como podía – Pero, ¿qué es lo que habéis terminado?

- Todas nuestras dificultades como merodeadores, terminan aquí – proclamó Sirius en voz alta-. A partir de ahora, estáis ante los nuevos y mejorados Merodeadores. ¡Más astutos! ¡Más inteligentes! ¡Y más escurridizos que nunca!

- ¿De qué está hablando? – preguntó Lily a Remus, que seguía colgado en la espalda de Avril.

- Oh, no le hagas caso – contestó Remus despreocupado.

Pareció darse cuenta de que estaban llamando mucho la atención, más de lo que les convenía, así que se separó de Avril y se acercó a Sirius, James y Peter para pararles los pies.

- Sirius – llamó el licántropo –. Eh, Sirius - este sin embargo, no le hacía caso ninguno, por lo que lo intentó de otra forma -. ¡Canuto!

Inmediatamente, los tres chicos se detuvieron y Sirius lo miró con una sonrisa perruna implantada en la cara.

Avril, sin embargo, se congeló en el sitio. Todas las piezas comenzaron a juntarse en su mente y descubrió, que aquello que celebraban era el haber terminado el famoso Mapa del Merodeador. Una inmensa añoranza se implantó en su pecho pero supo sobreponerse.

- ¿Cómo acaba de llamarle? – le preguntó Lily, mientras observaban como los cuatro conversaban sobre algo y decidían subirse al cuarto.

- Creo que ha dicho Canuto – contestó sin demasiada importancia -. Venga, volvamos a la habitación. La fiesta ha terminado.

...

- Vamos tíos, tenemos que ser un poco más cuidadosos – decía Remus mientras cerraba la puerta de la habitación.

- No seas aguafiestas Lunático – James se dejó caer bocarriba en su cama -. Acabamos de terminar el mapa. Y en el próximo curso ya no pasarás más lunas llenas solo. ¡Este verano tenemos que terminar de completarla!

- ¿Sabéis? Los motes aún suenan algo forzados – comentó Peter.

- Es cosa de acostumbrarse. A Remus le quedó genial antes – Sirius se había acomodado al lado de James, que jugueteaba con su Snitch -. Pero James tiene razón. Cuando volvamos del verano, debemos haber terminado de completar la transformación en animagos. ¿Has entendido Peter?

- Colagusano – corrigió James a su lado.

- Es verdad.

- No me convence mucho mi nombre – refunfuñó débilmente Peter.

- Ya lo hemos hablado. Ahora concéntrate en practicar mucho en el verano. Eres el que más atrasado va de los tres. Fíjate en James, ya lo tiene prácticamente dominado.

- ¿Qué puedo decir? Soy un genio en transformaciones – con ese último comentario se llevó un cojinazo de regalo por parte de Remus.

- Sigo diciendo que es una locura – dijo mientras se rascaba la nuca -. Seréis animagos no registrados. Si os descubren, iréis directos a Azkaban.

- Esto también lo hemos hablado muchísimas veces, Lunático – James se incorporó apoyándose en un codo -. Somos amigos y no vamos a dejar que pases las noches solo.

- ¿Pero y si os ataco? Ya no es solo el riesgo de ir a Azkaban, sino que…

- No vas a hacernos daño, Remus – Sirius se quedó sentado al lado de James -. Los licántropos no suelen atacar a otros animales porque sí. De hecho, representas más peligro para ti mismo que para nosotros. Deja que te cuidemos.

- Además, siempre te ha preocupado que termines atacando a alguien. Si estamos contigo, vigilaremos que nadie se acerque o al revés – James chocó el puño con Sirius, dando cuenta de que esa era la opinión de ambos.

Remus sonrió agradecido. Aun le preocupaba como saldrían las cosas, pero era lo suficientemente egoísta, no solo como para quererlo, sino también para permitirles que lo hicieran. Peter asentía a todo lo que ellos decían, pero en su fuero interno, sabía que prefería enfrentarse a la furia de McGonagall mil veces, antes que terminar de llevar a cabo la transformación. Pero ellos lo dejarían atrás si no les seguía, y no estaba dispuesto a ello.

...

5 de julio de 1975.

Atacado el Ministerio de Magia.

La pasada madrugada, el Ministerio de Magia se vio asolado por un ataque de mortífagos, dirigidos por aquel-que-no-debe-ser-nombrado en persona. Hicieron acto de presencia a la hora del crepúsculo, entrando en el Ministerio sin ser notados y comenzando varios ataques simultáneos en distintas plantas.

Sobre el Ministerio de Magia, apareció la temida Marca Tenebrosa, que muchos ya conocemos de observarla en ataques anteriores, invocada por uno de sus leales siervos, al finalizar el asalto.

Se conoce que el ataque se debió al desacuerdo del modo de tratar con las familias Sangre Pura del país de la actual Ministra Eugenia Jenkins, que como todo el mundo sabe, colabora con las marchas a favor de los Derechos de los Squib y trata de favorecer a los hijos de muggles.

Varios de los magos y brujas que aun trabajaban allí, han fallecido o están gravemente heridos. Los aurores hicieron todo lo que estuvo en su mano, pero ha habido bajas entre sus filas.

Este es el primer ataque que produce tantas víctimas y no se han reconocido a los asesinos, a causa de las máscaras que usaban. El departamento de defensa ya se ha puesto en marcha para buscar a aquellos que participaron. Los aurores aseguran que se trata de una estrategia opresiva, en la que tratan de asustar y crear el caos, todo con la finalidad de alcanzar más poder.

Desde el Profeta, rogamos a todas las familias de magos que extremen precauciones, de modo que no sean blanco de las atrocidades recientemente acontecidas.

William Barsy

Avril cerró el periódico y lo lanzó de cualquier forma al escritorio cerca de su cama. Escuchaba a Bathilda entretenida en la cocina, preparando la comida para almorzar, mientras destrozaba lo que era una preciosa balada. Aquel era el periódico de ese mismo día.

Sentía que iba a vomitar el corazón por la boca. Hasta el olor del delicioso estofado que llegaba de abajo le provocaba nauseas. Voldemort había aparecido oficialmente. Después de varios meses sin dejarse ver, mandando solo a sus subordinados, se dejaba ver en aquel ataque. Tal y como el periódico mencionaba, era una estrategia para dar miedo, para imponer. Y lo estaba consiguiendo.

Volvió a mirar el titular desde la distancia y quiso que todas aquellas palabras no fueran ciertas. Reconocía en aquellas palabras, los pensamientos de alguien que no estaba nada de acuerdo con el suceso. Aquel que redactó el artículo, nada tenía que ver con lo que alguna vez escribió Rita Skeeter. Hablaba con convencimiento y se preguntó cuánto tiempo duraría aquel hombre en su puesto. Si las cosas se estaban poniendo tan mal como parecía, lo menos que le ocurriría a ese hombre sería que lo despidieran.

Avril se tumbó en la cama, pensativa. El destino parecía cada día acercarse más y más. En cuestión de seis años, la historia volvería a repetirse. Todo volvería a ocurrir.

La dulce Lily, sacrificando su vida, por el hijo en común con la persona que más amaría. El mejor amigo de este, desquiciado por sus muertes. El traidor, viviendo libre, como una sucia rata rastrera. Y el licántropo condenado en vida a la soledad. ¿Realmente merecía la pena?

Lloró, pensando en que sus días estaban contados. Lloró con amargura, porque no soportaba conocer el destino de todos ellos y no hacer nada por evitarlo.

¿Qué pasaría si Snape continuara siendo amigo de Lily, si no se sintiera perdido y solo? ¿Qué ocurriría con Regulus si confiara en su hermano, si no tratara de hacerlo todo por su cuenta? ¿Tan horrible sería que ella interviniera un poco?

Recordaba las incansables conversaciones con Dumbledore. Aquellos momentos en los que trataba de hacerle entender, que siempre existían más caminos, otras opciones. Incluso en este tiempo, se lo había sugerido. De hecho, en la última conversación que tuvo con él antes de las vacaciones, le pidió que se tomara un tiempo para pensar en su futuro. En qué haría cuando acabara Hogwarts.

Pero las reglas impuestas por su abuela la habían obnubilado. Solo tragedia y catástrofe traerían los cambios en el tiempo, pero ¿acaso no había intervenido ya?, ¿acaso no merecía la pena intentarlo? ¿Qué podría ser peor?

"Todo Avril. Incluso podrías evitar el nacimiento de Harry." Pensaba para sí misma. Tal vez, simplemente debería marcharse de una vez por todas a Francia. Dejarlo todo atrás. Pero se había habituado tan bien a su nueva vida. Le encantaba la suave forma que Lily tenía de despertarla, o los graciosos berrinches de Marlene. Realmente adoraba a Sirius, James y Remus, sus conversaciones sarcásticas y fingidos teatros. Incluso la presencia de Peter se le hacía menos molesta.

"¿Qué pierdes por intentarlo? Ya no tienes nada. No te queda nada. Y lo perderás todo si no haces algo pronto."

- ¡Avril! – el grito de Bathilda sonó agudo y algo chirriante -. ¡Baja a comer!

Avril dudó tan solo cinco segundos. Después supo que todo sería más fácil si simplemente baja a comer.

- ¿Sabes que me han dicho? – inquirió nada más verla cruzar la puerta de la cocina -. La señora Potts, la que vive al final de la calle, me ha comentado que las infusiones hechas con pasiflora, ayudan a conciliar el sueño sin tener pesadillas.

- ¿En serio? – preguntó interesada.

Las pesadillas apenas le daban un respiro, aunque algunas semanas desaparecían o alternaban los días.

- Así es. Dice que tienen algún componente antidepresivo – Bathilda comenzó a servir los platos -. Creo que podríamos investigar un poco y mezclarlo con algunos otros ingredientes. A ver si logramos crearte una poción con la que no acabes creando inmunidad o adicción.

- Soy pésima para hacer pociones – recordó.

- Pero se te da bien la teoría – añadió la anciana con una sonrisa -. No te preocupes niña, encontraremos algo.

- Gracias Batty – dijo con sincera gratitud.

Bathilda volvió a sonreír en respuesta y después de echarle algo de estofado al plato de Míster Chew, que le hizo cara de asco, continuó con la conversación.

- Por cierto. En unos días, tendré que visitar el Callejón Diagón – informó -. La editorial quiere hablarme de un nuevo proyecto y prefieren hacerlo en persona. ¿Tú qué quieres hacer?

- Te acompañaré si no te supone ninguna molestia.

- Menuda farfarrullada – bufó indignada. Avril rió a escondidas por la palabra -. No es molestia ninguna, ya lo sabes. Pero me temo que seguramente no te dejen entrar conmigo.

- Oh, no te preocupes. Me quedaré por el Callejón, dando un paseo y comprando cosas para entretenerme.

Bathilda le asintió en respuesta, conforme con la idea.

- Ah, otra cosa más. Hace algo así como tres cuartos de hora, que llegó correo para ti – a Avril se le iluminaron los ojos en respuesta -. Está encima de la mesa del salón, cuando acabes de comer ve a echarle un vistazo.

- Genial, gracias Batt.

Queridísima Avril:

No vas a creer desde donde estoy escribiendo. ¡Estoy en París! Aun no me lo creo ni yo. Mis padres lo prepararon todo antes de acabara el curso y ha sido toda una sorpresa. Lo estamos pasando genial y realmente todo aquí es muy bonito. Hasta Tuney está de buen humor.

En realidad, creo que es más porque ha conocido a un chico que por el viaje. Se llama Vernon Dursley, es un chico de la misma edad que Tuney, algo relleno y con un carácter aburrido a mi parecer. Pero parece que trata muy bien a mi hermana y con eso me conformo. Se la ve muy emocionada aunque trate de ocultarlo.

Pero bueno, cuéntame como siguen tus vacaciones. Cuando leí lo que escribiste del accidente que tuvisteis con las escaleras casi me da algo. Dime que estás bien y que se te ha curado del todo la herida del tobillo. Espero que ya hayáis arreglado esas infernales escaleras, las casas de madera que tienen sus años, suelen acabar con la madera podrida. Por favor, ten mucho cuidado.

Nosotros nos quedaremos aquí durante una semana o dos más. Espero saber noticias tuyas pronto.

Un beso, Lily.

..

Qué pasa, Avril:

¿Cómo llevas ese verano? Aburrida sin mi presencia supongo. No sé ni para qué pregunto. Aunque a decir verdad, el mío también está siendo de lo más aburrido. Puedo asegurarte, sin exagerar, que tus cartas son lo único que alivian un poco este tedio mortal al que estoy sometido.

¿Tú ves normal que mi madre me obligue a asistir a la aburridísima fiesta de compromiso de mi más aburrida prima Narcissa? Te juro que casi me muero del asco. Todos hablando de lo mismo, no te imaginas cuanta suciedad hay escondida en mi familia. Y luego soy yo la oveja blanca. Vale, mal chiste, no lo leas.

Aunque la verdad, poco me importan. El único por el que más lo siento es mi hermano. Al pobre Reggie le están comiendo la cabeza con toda esa sarta de estupideces sobre la pureza de sangre y yo no soy capaz de alejarlo de ellos. No sé qué más hacer. Si vieras cada pieza que vive en la "Noble y Ancestral casa de los Black".

Pero bueno, suficiente de desquitarme contigo. Pasemos a cosas mejores. He estado hablando con James. Me ha invitado a pasar las últimas semanas del verano con él. No me voy antes porque no puedo, pero si por mí fuera ya estaría allí. Hemos pensado intentar reunirnos todos uno de esos días en el Callejón Diagón. Contamos contigo, ¿verdad? Intenta traerte a Evans. Últimamente James no para de pensar en ella. Ya a finales de curso me estaba dando la tabarra. Que si "mira a donde va". Que si "hoy Evans tiene el pelo precioso". "¿No crees que el culo de Evans merece un diez?" No lo aguanto. A ver si se le pasa pronto.

Por cierto, gracias por las magdalenas. Dile a tu madrina que estaban deliciosas. Las tuve que esconder en mi cuarto para que Kreacher no se las comiera.

Espero verte pronto.

Un beso Un abrazo, Sirius.

...

Avril, siento las prisas, pero me tengo que ir en breves y no podía irme sin dejar esto enviado.

¿Sirius te ha contado ya que pensamos quedar todos juntos en el Callejón Diagón sobre las últimas semanas de vacaciones? Si no lo ha hecho, te lo digo yo. Vamos a quedar un día todos juntos. Aun no hemos decidido la fecha. Supongo que te apuntarás, ¿verdad? Di que sí. Te lo suplico. ¿Y podrías traerte a Evans?

Se lo preguntaría yo mismo, pero seguro que si lo hago me mandará volando en hipogrifo a la otra punta del mundo. Ahora que lo pienso, debe molar montar en un hipogrifo.

Bueno, sé que no te esperabas mi inusitado interés en tu mejor amiga, pero... creo que me gusta. Pero gustarme de verdad, ¿vale? ¿Crees que podrías convencerla de ir?

En fin, me marcho ya, voy a ir con mis padres a visitar a una tía. A la pobre le falta poco para dar el último paso y queremos despedirnos.

Un abrazo, James.

P.D.: Habla con Remus, el tío dice que no sabe si podrá quedar. ¿Te lo puedes creer? Anda, trata de convencerlo tú también, seguro que te escucha.

...


Y este es el el capítulo de hoy. Lo se, es más cortito de lo que lo suelo subir últimamente, pero no os apuréis, que al fin de al cabo no es el último. Ya leeréis otro el miércoles que viene.

Se que os habéis quedado con las ganas de leer carta de Remus, pero todos no iban a escribirle a la vez, ¿cierto?

Os veo en el próximo cap.

Un kiss

Debyom