NOVIEMBRE DEL 2011.- ¡Hola!, de nueva cuenta traigo un nuevo episodio de D4. En esta ocasión puedo decir que lamento mucho la tardanza de mi actualización, pero a veces no depende de mí el poder avanzar esta obra.

En un principio este fic tenía la intención de ser romántico y cursi, incluso había decidido tomar ideas de algunos shojo manga, pero mi sadismo y mis ganas de escribir sobre temas fuertes y pasionales pudo más que mis intenciones.

Muchas gracias a todos los que le tienen paciencia a este escrito. No tienen idea de lo que significan para mí cada uno de los reviews que recibo por parte de ustedes. Puedo confesar que cada comentario me alegra el día.

Actualmente mi fic se ha vuelto muy complejo, pero la idea inicial permanece: una chica llamada Sora se mete en problemas cuando los cuatro chicos más ricos y populares de la escuela le declaran la guerra.

Me disculpo si los personajes están distorsionados... mi intención es recrear a los personajes después de destruirles la vida. Además, mi idea es crear chicos imperfectos, porque es un hecho que los seres humanos lo somos... quizá ustedes lo vean como un fic oscuro, sin sentimientos, pero yo lo veo como una historia que se transformará con el amor.

ADVERTENCIA: Temática y lenguaje fuerte. Si eres sensible a temas relacionados con el sexo, violaciones y malas palabras, por favor no lo leas. No hay escenas demasiado explícitas, pero es un hecho de que se narran esos temas de alguna manera. No quiero que por leer cosas tan fuertes haya alguien que se sienta incómodo. Yo sólo quiero escribir una historia diferente y profunda.

RESUMEN: Sora es una de clase media que se mete en líos al descubrir que su madre volverá a casarse con un millonario que tiene un hijo que le hace la vida imposible en el instituto. Por declararle la guerra a ese joven, llamado Yamato, la chica se gana de enemigos a sus tres amigos.

En el último capítulo, Takeru y Hikari se escaparon del hospital para ir a una montaña a ver el amanecer, pero las cosas salieron mal porque el rubio se puso grave. En tanto, se realizó el concierto de los Lobos Adolescentes en donde Yamato participó de vocalista para impresionar a Sora. Tras rescatar a Hikari y Takeru, Tai perdió el control sobre sí mismo; Koushiro terminó acostándose 'sin querer' con Miyako, mientras que Yamato y Sora comenzaron a profundizar su relación.

En este episodio descubrirás cómo se conocieron Sora y Tai cuando eran niños. También sabrás quien mandó secuestrar a Yagami y se aclararán muchas cosas (que espero no hayan olvidado por mi tardanza en actualizar).

Gracias por su atención; los dejo con la lectura y espero su comentario en caso de merecerlo.

De antemano me disculpo, no sé si tengo errores en este capi. Creo que es necesario resaltar que hay que tener recuerdo de ciertos hechos pasados en entregas pasadas para entender este episodio.

O

Digital Cuatro

Por CieloCriss

Diecisiete.- "El balón de Sora Takenouchi"

Takeru Takaishi fue trasladado a terapia intermedia a media mañana. Sora lo supo porque escuchó hablar a los criados en la mansión Ishida.

El guardaespaldas personal de Yamato, Matsumoto, la había traído a la casa Ishida. Ninguno de los dos había hablado durante su traslado del hospital a la residencia, pero al final del viaje, el hombre se había ofrecido a acompañar a Sora a su habitación.

-"Señorita"- le dijo Matsumoto antes de alejarse, -"No lo parece, pero el joven tiene gran corazón".

Sora simplemente se le quedó mirando, anonadada. Sabía perfectamente que se refería a Yamato, pero ella no tenía por qué responder a las opiniones de un aliado de Ishida.

-"Hasta pronto"- contestó la muchacha con indiferencia, luego se adentró a la habitación que le habían designado desde que había llegado a ese enorme hogar sin alma.

Se encontró con Noriko-chan limpiando su cama, su escritorio y todo lo que podía asearse.

-"¡Sora-sama!"- se exaltó la sirvienta, quien de inmediato vio lo desastrosa que lucía la chica, -"¡¿Qué tiene? ¿Llamo a un doctor?".

-"Sólo déjame sola, Noriko-chan, y por favor no le digas nada a mi madre"-, pidió la pelirroja.

-"Pero...".

-"Te lo pido como amiga"- rogó Sora, porque detestaba la idea de tener sirvientas a su cargo... ella prefería amigas, aunque no tuviera muchas, -"Sólo retírate".

Noriko asintió muy confundida y se largó, cerrando la puerta tras de sí. Sora podía adivinar que la chica seguía en el pasillo, con la oreja pegada a la madera, pero no le importó.

Caminó hasta el baño y comenzó a desvestirse.

Se vio en el espejo mientras se quitaba la prenda del vestido, que estaba percudida y tenía un penetrante olor a sexo.

Notó que sus pezones estaban duros y en los alrededores de sus pechos se comenzaban a mostrar moretones dibujados por los labios de Yamato.

Lo mismo en su cuello. El rubio le había succionado el corazón por ahí, de eso estaba segura la pelirroja.

Abrió el grifo de la ducha y se metió al agua caliente sin pensar más.

Comenzó a lavarse con cuidado, con el tobillo todavía pulsándole y los ojos cerrados, suprimiendo el dolor.

Ahí, en su mente, con los párpados caídos, se le apareció Yamato mientras la poseía y de nuevo el vértigo se la tragó completa, al grado que tuvo que recargarse en los azulejos de la pared.

Recordar los besos tranquilos o los pasionales daban la misma. Rememorar las caricias dulces y las embestidas dentro de su vagina le despertaban la misma ansiedad de querer volver a tocarlo, de volver a rogarle que cambiara, de tener para siempre esos ojos de témpano derritiéndose por ella.

-"Soy la contrariedad andante"- lamentó la muchacha, desilusionada de su debilidad, de sus hormonas y de su mente.

Era tan frágil y dejada como todas las chicas que siempre había criticado.

Era impulsiva no sólo en sus metas, sino también en sus pasiones.

Era tan terrible su situación, que no sabía si ceder o apartarse más. No tenía idea de cómo podía reaccionar su corazón, no tenía idea de nada.

Lo único que le quedó claro era que ella estaba mucho más perdida que Yamato Ishida. Era ella, Sora Takenouchi, la peor de los dos, porque no tenía idea de cómo amar. De hecho, ni siquiera aceptaba sus sentimientos.

Se envolvió en la toalla y se secó lentamente. Estaba agotada, así que se puso una playera, un pantalón de algodón y se echó a dormir.

O

Después de cargar gasolina, Taichi se la pasó manejando su auto toda la mañana y parte del mediodía. No hizo caso de los rugidos de su estómago, ni de su sedienta garganta. La resaca no era parte de sus planes. En realidad, Tai no tenía plan alguno, sólo conducir como loco hasta calmarse la ansiedad.

Su respiración, sin embargo, no se acompasó. Su tristeza, además, no se diluyó. Lo único que se le acabaron fueron las lágrimas, o quizás fue que ni siquiera la noche pasada las había utilizado.

Eso era lo malo de sentirse desalmado: las lágrimas nunca fluían bien, se quedaban atoradas, como los remordimientos.

Cuando el tanque del combustible estuvo nuevamente vacío y cayó la tarde, el moreno se detuvo abruptamente al ver un edificio abandonado.

Era la bodega que había conseguido Koushiro clandestinamente. Era el sitio donde tenían cautivo a Yukio Oikawa, el tipo que había violado a Sora Takenouchi días atrás.

Vio luz en el sitio, así que aparcó con pereza, y se bajó del auto.

Tenía la vejiga inflamada y la espalda le crujía por tanto tiempo que había estado sentado en su automóvil.

Pensó en que si pasaba un rato ahí y torturaba al sujeto, se sentiría mejor consigo mismo.

Taichi Yagami no solía torturar personas con sus puños porque pagaba para eso, pero alguien capaz de violar a Sora debía seguir pagando toda la vida ese pecado.

'¡Arrepiéntete, mocoso!'escuchó entonces en su mente, porque le llovió un recuerdo, '¡Paga tus pecados, niño!'. Así le había dicho su secuestrador cada vez que lo ultrajaba.

Escuchó sus gritos de dolor de cuando era pequeño y le violaban... los alaridos que soltaba mientras lo penetraban lo invadieron de pronto, como náuseas en altamar.

Se puso a vomitar en un bote para la basura sin poder evitarlo. Además de restos de alcohol, llevaba dentro demasiados malos recuerdos.

Él había dicho que iba a hacer pagar al violador de Sora por sus pecados, ¿pero acaso el hombre que lo violaba a los 6 años no le decía lo mismo a él?

¿Por qué siempre tenían que juzgarse los pecados de otros? ¿Por qué sus pecados no le permitían ni siquiera hacer el amor con las mujeres y ser feliz?

Se limpió la comisura de los labios y, de un impulso, se internó en la bodega.

Abrió con una llave especial que también cargaban Yamato y Koushiro, ahí se encontró a Ryo Akiyama totalmente hastiado, sentado en una mesita mientras barajaba unas cartas.

-"¡Vaya, pero si es mi jefecito Taichi-kun!"- bromeó de mala gana Ryo.

Se notaba a leguas que estaba aburrido y cansado de estar encerrado en la bodega.

-"Akiyama... traes una cara de imbécil que das lástima"- fue el saludo de Taichi.

-"Lo mismo digo, llevas la ropa de hace dos días"- Ryo, el cazarecompensas que trabajaba para quien le pudiera pagar, se puso de pie con su sonrisa automática, para inspeccionar a su jefe, que lucía perdido en algo más serio que las drogas.

-"Taichi-kun no luces nada bien. ¿A qué debo la visita del jefecito Yagami? ¿Será que me dará un bono extra por pasar gran parte de mi juventud vigilando a ese cerdo de Oikawa, cuya perversión va más allá de lo evidente?"- agregó.

Taichi se dejó caer en una de las sillas, pero inmediatamente se levantó, porque le dolía el coxis por haber estado tanto tiempo sentado.

-"Pídele a Yama dinero, ahora yo lo traigo reducido porque he hecho que mi madre se encabrone por haberle puesto los cuernos a mi prometida"- explicó con frialdad.

-"Caramba, chaval, tan bonita prometida que te cargabas"- se burló Ryo.

-"No es tan buena en la cama"- mintió Taichi. En realidad no podía saberlo, era él quien no había sentido nada al contacto de la blanca y tersa piel de Zoe.

-"Enséñale"- propuso Ryo, -"En mi caso fue mi Gatita quien me dio unas buenas lecciones".

Akiyama se carcajeó, pero al ver que Yagami estaba mudo y como en otra dimensión, desistió de sus bromas.

-"Me quedaré esta noche cuidando a Oikawa"- avisó de repente Taichi. No le apetecía ir a su casa ni a ninguno de sus departamentos, que eran sitios donde su madre podría encontrarlo.

Ryo se alegró.

-"Jugaremos poker, pero con apuestas de verdad"- comenzó a decir.

-"No. Tú te largas, yo me quedo. Así de simple"- dijo Taichi -"Quieres irte a acostar con esa enfermera que tienes de amante ¿cierto?, pues aprovecha. No te quiero cerca".

-"Yagami"- respondió con seriedad Akiyama, -"no estoy seguro de que convenga dejarte solo con Oikawa... traes pinta de que quieres quedarte solo con él para matarle, pero no es tan sencillo. Además, ese sujeto es de cuidado, es un pervertido sin remedio y es repulsivo. A veces se masturba mientras le reza a un tal K-sama".

Tai encogió los hombros.

-"Soy el que manda y si digo que te largues, te largas".

-"Sí, claro; pero en realidad ni tú ni Ishida son dignos de llamarse jefes. Son niños irracionales que no piensan en las consecuencias. Deberían dejar esos asuntos al mando de Izumi, quien por lo menos piensa en todo".

-"¡Que te largues ya!"- gritó Yagami, alzó ligeramente a Ryo por la camisa y lo aventó hacia las cajas.

Akiyama se rió.

-"Menudo niño rico me conseguí de mandamás"- ironizó. Se enderezó soltando un bostezo, -"me lo tomaré como noche libre entonces, pero llámame si pasa algo, Taichi-kun".

Tai no le respondió, sólo le tiró una mirada de león que decía más que cualquier rugido.

O

La señora Takenouchi abrió la puerta del cuarto de Sora y la obligó a levantarse.

Sora miró el reloj y notó con disgusto que sólo había dormido un par de horas.

La mujer a abrió las persianas de la ventana y comenzó a hurgar en la ropa de su hija, hasta sacar un vestido que la muchacha detestaba.

-"¿Noriko te ha dicho que estaba aquí?"- preguntó con desgano la pelirroja.

-"No. Las cámaras de seguridad"- comentó la señora, con un tono de voz frío, -"Las cámaras de seguridad me indicaron que no volviste en toda la noche y que llegaste hace dos horas y media".

Hubo un suspiro por parte tanto de la madre, como de la hija.

-"Supongo que estás muy decepcionada de mí"- mencionó la chica, haciendo a un lado el vestido que le había dado su madre.

Volvió a acomodarse en las cobijas y se tapó con el edredón. Takenouchi la volvió a destapar y la miró con impaciencia.

-"Vístete, que iremos al hospital, el hijo menor de Ishida se puso mal porque se escapó de la clínica"- avisó.

"Lo sé, de allá vengo", dijo la muchacha, recordando brevemente el rostro enfermo de Takeru.

-"Vienes de acostarte con Yamato-kun, ¿crees que no me doy cuenta?, llevas chupetes en el cuello"- la pelirroja se cubrió lo moretones causados por los labios del D4, -"y te ha cambiado la mirada, no hay duda, qué pena me da que estés en ese juego con ese chiquillo".

Sora bajó la mirada.

-"¿No es lo mismo que haces tú con el señor Ishida? ¿No tienes sexo con él también, sin importarte nada más que tus sentimientos?"- reclamó Sora.

No quería exaltarse, ni pelear con su madre, pero a veces era imposible vivir con ella.

-"No es lo mismo. Yo a Ishida lo amo"- dijo con seguridad Takenouchi, y a Sora le pareció que su madre decía la verdad más sagrada de su vida.

Ella se tocó el corazón, y su voz salió de su boca, sin que analizara sus propios latidos.

-"Yo también"- susurró -"Yo también quiero a Yamato".

Su madre le frunció el ceño entonces y Sora se puso muy roja, se cubrió la cara y se ocultó bajo las cobijas.

-"Mi hija se enamoró de un demonio"- gruñó la señora.

-"¡No es lo que quise decir!"- exclamó la muchacha.

-"Y no es lo que yo quise escuchar. Por ahora sólo vístete, que iremos a ver a Takeru-chan, es una orden de Ishida".

Su madre salió de la habitación, pero Sora no salió de la cama hasta minutos después.

Adentro de su abdomen había algo que le hacía cosquillas. Se levantó aturdida, se puso un pantalón vaquero y se dejó la chamarrita ligera con la que había dormido. Abajo de ésta llevaba puesta una blusa de algodón lisa y sencilla, como le gustaban a ella.

Bajó a la estancia con pinta de cansancio, pero agradeció que su tobillo estuviera menos hinchado que antes.

Llevaba puestos unos tenis en forma de botita de color negros.

-"Te había elegido un vestido para la ocasión, ¿por qué tienes que ser tan rebelde?"- renegó la mamá.

Sora encogió los hombros, miró de reojo la mirada perdida del señor Ishida y se dedicó a ignorar a los dos adultos.

La subieron en una limosina más lujosa que los autos que traía Yamato, adelante del vehículo viajaba un grupo de guardaespaldas, mientras que detrás también iba una camioneta Van llena de guaruras.

Esas personas vestidas de negro y con lentes oscuros hacía sentir a Sora insegura y encarcelada.

-"Querido, ¿estás seguro de que es adecuado que Sora y yo vayamos también?"- preguntó la mujer, la chica avivó su oído y dirigió su atención a los próximos esposos.

-"Son mi familia. Quiero que Natsuko se dé cuenta de que aunque perdí a un hijo, gané a una hija y a una mujer decente, como tú"- gruñó Ishida, con la mirada fija a su tablet, donde tecleaba cosas del trabajo.

-"Espero que todo salga bien"- decía la mujer, mirando con decepción a su hija, -"si tan sólo te hubieras puesto un vestido no me daría tanta pena".

Sora entendió que Natsuko era la madre de Takeru y de Yamato.

-"Su ex esposa... ¿irá al hospital a ver a Takeru-kun?"- se atrevió a preguntar Sora.

-"Sí"- fue la respuesta de Hiroaki Ishida.

Llegaron al hospital de los Kido y Sora sintió que detestaba ese lugar más que nunca, se bajaron del vehículo y los guardaespaldas los rodearon como si fueran la corte de unos reyes.

La pelirroja adelantó el paso sin tomar en cuenta los regaños de su madre y se adentró lo más pronto que pudo al hospital. No sabía por qué, pero sabía que Yamato estaba ahí y que necesitaba decirle que su madre iría al hospital.

Caminó por los pasillos del hospital hasta la habitación de Takeru. Vio a Yamato sentado en una banca cualquiera.

Lucía como un lobo solitario, como un predador que no había cazado presa en mucho tiempo.

El joven rubio miró hacia Sora y le sonrió. Fue una sonrisa triste. Se levantó y caminó hasta ella.

-"Ishida..."- saludó ella.

-"Mujer, ¿no te había mandando a que descansaras?"- reclamó él, acariciándole el cabello rojo y todavía húmedo, que le caía hasta los hombros.

La pelirroja retrocedió un paso, lo que provocó que Yamato Ishida resoplara.

-"No te alejes, te lo ordeno"- dijo.

-"¿Es así como piensas cambiar?, ¿ordenándome?".

-"Sí"- fue la respuesta de él. Tomó con brusquedad los hombros de Sora y la besó en los labios. -"No se puede evitar, eres tan esquiva".

-"Eso no es lo importante, sólo venía a decirte que tu padre viene a ver a Takeru... y también tu madre"- anunció con solemnidad Takenouchi.

-"Tu madre jamás será la mía".

-"No me refería a mi madre, sino a la señora Takaishi".

-"Ah, a Natsuko... bueno, ella no es mi madre"- aclaró el muchacho. Jaló la mano de Sora y la obligó a sentarse a su lado.

-"No digas eso"- dijo Sora.

-"Yo digo lo que se me pega la gana".

Los dos quedaron en silencio. La muchacha notó que el rubio Ishida no le soltaba la mano, sino que le apresaba con fuerza la muñeca.

Ella suspiró. En realidad no entendía para nada a ese D4.

A cada instante la presión en su mano era más fuerte.

-"Me duele, Ishida"- se quejó Sora.

-"Sólo un poco más".

Fue entonces cuando la pelirroja alzó su mirada rojiza y vio que una mujer se acercaba adonde estaban.

De inmediato supo que se trataba de Natsuko Takaishi. Lo supo porque se parecía horrores a Yamato. Los dos tenían los ojos de iceberg, azules como el océano y rasgados, como un relámpago.

Llevaba una melena corta, su cabello era castaño claro, tirándole al rubio. Sin duda, era la señora más guapa que Sora había visto jamás.

Ella caminaba con un porte de reina, vestía un elegante traje sastre y no llevaba guardaespaldas.

Se acercó haciendo sonar el tacón de sus zapatillas. Tac tac tac. Tac tac tac.

A cada paso, Yamato más fuerte le apretaba la muñeca a Sora.

-"Haz vuelto a crecer"- fue lo que dijo Natsuko cuando tuvo enfrente a su hijo mayor. Yamato se puso de pie sin soltar a Sora.

Era alto comparado con su madre. Los dos se miraron como si fueran extraños. El rubio no dijo nada.

-"Es una pena que en el fondo seas tan parecido a Ishida y destruyas lo único bueno que hicimos él y yo en nuestro matrimonio", comentó con crueldad, "me refiero, por supuesto, a mi hijo Takeru".

De nueva cuenta Yamato no dijo nada más.

Natsuko entonces notó que al lado de Yamato estaba una Sora estupefacta al ver la escena.

-"¿Tu novia?"- preguntó Natsuko.

-"El amor de mi vida"- entonó Yamato, su voz sonó como un aullido de lobo.

La señora Takaishi observó a la pelirroja con inquietud.

-"No le destruyas la vida a esa muchacha"- mencionó, dándose media vuelta para seguir su camino.

Sin embargo, en ese instante, Hiroaki Ishida y la madre de Sora aparecieron en escena.

-"No le sueltes tu veneno a mi hijo"- ordenó el dueño de las televisoras de Japón a su primera esposa.

Se le veía pálido y trémulo, totalmente inseguro.

Natsuko miró con desdén a su ex marido y a su nueva prometida.

-"¿La décima esposa?"- preguntó con frialdad.

-"La séptima"- anunció Ishida. Sora notó que el hombre también sostenía a su madre de la muñeca.

-"Ya veo. Esta vez parece una buena mujer"- analizó Natsuko, dando media vuelta -"iré por mi hijo y me lo llevaré a Francia".

-"Estás loca, lo que necesita Takeru es reposo"- anunció Ishida, soltando a su prometida y encarando a Natsuko, -"esto ha pasado porque no vigilaste bien a tu hijo".

-"Cállate Hiroaki, ha sido Yamato quien lo ha traído a Japón"- renegó Natsuko.

-"¡No metas a mi hijo aquí, ha sido el tuyo quien ha venido solito!"- gritoneó Ishida.

Yamato permaneció callado.

-"¡Takeru ha recibido una herida de bala y tiene una fiebre extraña!, por su fuera poco, se ha escapado del hospital y ha comenzado a sangrar"- se enojó Natsuko.

-"¿Y qué? ¿vas a culparme? tú y tu estúpido marido nuevo ni siquiera habían venido a por él"- peleó él.

La vista de Yamato parecía nublada, como si ver discutir a sus padres lo pusiera mal, como si ese par junto fuera su punto débil. A Sora le recordó también las discusiones que tenían sus padres antes de divorciarse.

A veces, los padres no tenían idea del daño que le hacían a sus vástagos, reflexionó.

-"¡Basta ya!"-, interrumpió Sora Takenouchi, cuando sintió que en su muñeca ya no circulaba con normalidad su sangre, por el apriete del D4.

Natsuko y Hiroaki miraron a Sora. La primera la miró intrigada; el segundo ya parecía estar impuesto a que a su futura hijastra le gustaba interrumpir conversaciones, justo como a su mujer.

-"Si van a pelear, háganlo a solas, ustedes no tienen idea de lo que hacen sufrir a sus hijos"- soltó la pelirroja, -"¿Por qué niegan a sus propios hijos y separan su amor por ellos? ¿Por qué si los dos tiene a ese par de hijos niegan a uno de ellos?, ¡Son horribles! ¡Son horribles y no es justo que Yamato los vea discutir! ¡No es justo que él crea que no tiene una madre, y que obliguen a Takeru-kun a renunciar a su papá!"-.

La pelirroja soltó las lágrimas, Yamato quedó impasible, con su mirada dirigida a la mujer con tarjeta roja.

Ella lo jaló a él, y se retiró del lugar con la indignación hirviéndole todo el cuerpo.

¿Cómo podría ser Yamato un mejor hombre escuchando esas conversaciones?

De alguna manera -lo sabía la chica- ella necesitaba que Matt fuera una mejor persona.

Llegaron a hasta el hall del hospital.

-"Sora..."- dijo por fin Yamato, con la voz muy suave.

-"¿Qué?"- respondió ella con brusquedad.

-"Te quiero".

-"No digas cosas al azar, vamos a tu casa para que descanses..."- sugirió.

-"Sí..."- respondió de manera dócil -"pero no me sueltes la mano y acuéstate conmigo a descansar".

Sora no respondió, ahora fue el rubio quien salió del edificio con ella a cuestas.

Sin embargo, no llegaron muy lejos. Yamato se detuvo al ver que en el estacionamiento del hospital se estacionaba un auto antiguo que a Sora le pareció una carroza fúnebre.

-"¿Qué pasa?"- preguntó.

-"Es el doctor Kido"- dijo él -"El padre de Joe".

Sora se mordió los labios. Sabía que ese sujeto era quien la había mandando a secuestrar para vengarse del amorío de su padre con el hermano de Jyou-senpai.

De alguna manera, ese vehículo se le hizo familiar pero no supo por qué.

La puerta fue abierta por un sujeto alto, con gorro y un traje de chofer; del carro salió un hombre enjuto, con el cabello canoso y lentes en el rostro afilado y viejo.

Sora quedó quieta, el corazón comenzó a latirle muy rápido.

Kido bajó del auto y caminó con displicencia por los jardines que estaban frente a su enorme clínica privada.

Se le veía sombrío, y a pesar de que tenía cierto parecido con Jyou, Sora supo que el corazón de ambos hombres era totalmente opuesto.

Por un instante, la pelirroja y el médico se miraron con una intensidad que Ishida notó.

-"¿Qué pasa?"- preguntó.

-"Es K-sama..."- fue la respuesta de ella, pero su contestación parecía ser para ella misma.

-"¿K-sama?".

Yamato no comprendió, por lo que siguió su camino con ella atrás, cuando se cruzaron con Kido, Ishida le hizo un reverencia, pero Sora no.

El viejo Kido tampoco respondió con reverencia, pero le hizo un gesto al rubio, miró de nueva cuenta a Sora y siguió su camino.

-"Tengo una audiencia con su padre y Natsuko Takaishi sobre la salud de su hermano, joven Ishida", avisó, parecía que sus palabras carecían de vida.

Una nueva reverencia de Yamato y el hombre se terminó de ir. Matt quiso seguir su camino, pero no pudo hacerlo, porque Sora no respondía a sus jaloneos.

-"¿Qué pasa, Sora?"- indagó.

La muchacha ya no tenía la vista fija en Kido o sus guardaespaldas, sino en la limosina del hombre.

El enorme auto no tenía los vidrios polarizados. Las ventanillas estaban abiertas y Sora pudo ver claramente un balón en los asientos traseros.

No era cualquier balón, y eso lo supo la chica.

Era un balón de fútbol soccer viejo. Era rojo con negro. Estaba hinchado, estaba igual que hace 11 años.

La muchacha se llevó la mano a la boca y se ahogó un grito. Yamato la miró sorprendido.

A Sora se le doblaron las rodillas por el temblor que la invadió.

-"... Mi balón"- chilló -"¡Es mi balón!".

-"Sora, ¿qué tienes?"- insistió Matt.

-"Dios mío, dios mío, ¡Pobre Taichi!"- mugió la chica y en sus ojos una bomba atómica explotó.

Ahora lo comprendía todo.

O

Flash back

O

Era un parque pequeño, pero a Sora le parecía enorme.

Su padre le soltó la mano, se sentó en la banca y se puso a leer un libro con notoria preocupación. La niña no notó esos ojos cansados del señor Takenouchi, ni reparó en las ojeras, ni en el cabello despeinado.

Para ella, era un día en el que la felicidad se solía desbordar por los columpios, los resbaladeros y la cancha de fútbol.

Se sentó junto a su padre, abrió una mochila roja y panzona que llevaba en sus espaldas y sacó un balón de soccer que a leguas se veía que era profesional.

Su padre se lo había dado de Navidad, y desde entonces Sora se había hecho adicta a patear balones y había dejado relegadas a las muñecas.

-"¡Papito, vamos a jugar!"- rogó la niña a su progenitor, quien dejó de leer y la miró con cierta irritabilidad.

-"Borreguita, papá no se siente con ánimo de jugar hoy"- admitió el hombre, como si un tsunami de preocupaciones le hubiera caído encima recientemente.

Sora era pelirroja, morenita y de sus mejillas resplandecían chapitas rosadas. Sus ojos tenía un brillo rojizo que elogiaban todas las clientas de la florería que atendía la madre de la pequeña.

-"¿Es porque mamá y tú se pelearon?"- cuestionó Sora con una voz triste.

Sus cejas se encogieron y dejó caer la pelota al pasto. Su padre entonces le negó y le sonrió.

-"No te preocupes por esas cosas, Borreguita, es sólo que papá tiene mucho trabajo, así que, ¿por qué no vas a jugar con los niños?".

Sora estuvo a punto de rezongar. Le había explicado muchas veces a su padre que los niños no querían jugar con ella porque era mujer, ¿por qué siempre se le olvidaba a papá lo que ella le explicaba con tanto detalle?

-"Pero papito..."- se quejó débilmente.

Su padre ya no le respondió con palabras, sólo le revolvió el cabello cobrizo y le dio un empujoncito a Sora, para que se fuera a jugar mientras él atendía su libro.

La niña ya no insistió más. Recogió su balón y se acercó adonde estaban los otros niños.

Un grupo de diez niños jugaba soccer en la pequeña cancha de fútbol. Los observó detalladamente y examinó si era conveniente acercarse a ellos.

Se sentó en el pasto, como chica bien portada, y miró las jugadas de los niños.

Poco a poco, con un entusiasmo que no podía evitar, Sora se puso de pie y corrió hacia la cancha para patear el balón de los chicos a la portería.

Era una pelota que nadie de ellos podía alcanzar, pero que ella podía convertir en gol, así que no se limitó, corrió todo lo que pudo y pateó con fuerza hasta anotar de manera perfecta, como si sus 6 años no fueran limitación para nada.

-"¡Es goooooooool!"- gritó emocionada Sora, dando un aplauso y saltando -"¡Mira papá, es gol!".

Su padre no la atendió. Cuando la pelirroja volteó a la banca, lo encontró sonriéndole a un grupo de señores que ella no conocía.

-"¿Pero qué le pasa a esta niña?"- rugió con furia uno de los niños -"¡El fútbol es para hombres!".

Le dio un empujón a la pelirroja, pero ésta no se dejó caer.

-"Tú no eres un hombre, eres un niño"- retó -y las niñas sí podemos jugar muy bien.

Sonrió muy contenta, olvidándose de su padre y su compañía.

-"No eres nuestra amiga, así que no puedes jugar"- siguió diciendo el niño. Otros varoncitos asintieron, pero otros tantos no dijeron nada.

Sora se entristeció nuevamente. Eso pasaba siempre que la sacaban a jugar a los parques. Ninguno de los niños quería jugar con niñas.

-"Las niñas juegan a las muñecas"- agregó otro más -"mi hermanita está ahí"- señaló la zona del arenero -"si quieres puedes ir a jugar con ella".

-"Es que a mí me gusta el fútbol".

-"¡Que las niñas no juegan fútbol! ¡Qué tonta eres!"- la pelirroja volvió a ser empujada y esta vez cayó en el pasto.

-"Ya déjala, Kazuo, las niñas son más débiles y no debemos pelearlas"- dijo otro.

Sora se levantó y se sacudió la ropa. Llevaba la boquita hecha un óvalo por el coraje.

-"Las niñas no somos débiles"- defendió -"pero si no quieren jugar conmigo no importa, yo puedo jugar solita".

Con dignidad, Sora le sacó la lengua al niño busca pleitos, quien volvió a empujarla con más fuerza.

-"¡Ya vete niña fea y marimacha!".

Los ojitos se le humedecieron a la pelirroja. Sus padres decían que nunca debía seguir el juego a las peleas de otros chavales. Por eso, cuando le decían groserías o la empujaban, Sora apretaba los puños con fuerza, se mordía los labios y trataba de ser fuerte.

Generalmente, se las ingeniaba para soltar frases interesantes que se comían cualquier humillación, pero en esta ocasión no se le ocurrió nada.

Volteó a ver a su padre otra vez, pero éste seguía absorto con esos señores que nunca había visto. Al ver a su papá, Sora descubrió que ya no lucía triste ni devastado, ahora parecía revitalizado y feliz.

Dio un largo suspiro y, sin poder evitarlo, la chica le dio un puntapié al chico que la había llamado marimacha. Le pegó tan fuerte como si fuera un balón y lo aventó al suelo.

De inmediato, el llamado Kazuo se puso a llorar y Sora no pudo hacer otra cosa mas que huir.

-"Perdón"- dijo mientras se iba -"pero nunca debes ser grosero con las niñas, eso dice mi papá".

Los nueve varoncitos restantes pusieron los ojos como platos y no se atrevieron a seguirla. El otro chico siguió berreando, Sora incluso lo seguía escuchando cuando llegó con su padre y lo interrumpió, jalándole el pantalón.

-"Papito, he hecho algo muy malo"- dijo la niña.

-"Ahora no, Borreguita, papá está ocupado"- los otros adultos miraron a Sora como si se tratara de un bicho raro.

-"Takenouchi-sensei, ¿tienes una hija?".

-"Qué bonita está, sensei".

Sora les hizo mala cara, porque no le gustaba que dijeran que estaba bonita. Sabía que era una mentira que le decían los adultos a todos los peques.

-"Papito, ¿y si nos vamos?, es que le he pegado a un niño...".

Takenouchi suspiró, se agachó a nivel de Sora y le dio un beso en la frente.

-"Las niñas tienen que ser unas damitas y nunca deben de pelear ¿de acuerdo?".

-"¡Pero es que me ha dicho fea y...!".

-"Borreguita, ¿no ves que papá está ocupado?"- refunfuñó levemente el hombre.

La niña se sentó en la banca, de reojo veía que el niño al que había golpeado seguía llorando y los demás la miraban con enojo.

Se abrazó a su pelota. Ella en realidad no quería ser una niña mala.

No supo cuántos minutos pasaron hasta que su padre volvió a prestarle atención.

-"Hijita, tu papá tiene que irse a darle clases a estos muchachos"- explicó -"Como ya eres una niña grande, ¿por qué no juegas un rato más y te vas a casa antes de que llegue tu madre de la floristería?"

Sora negó inmediatamente, agarró suavemente la chaqueta de su papá y se recargó en ella con dulzura.

-"No quiero, dijiste que vendríamos juntos...".

-"Lo siento, Sora-chan, pero papá debe trabajar ¿sabes?, ese balón tan bonito no se compra solo, ¿lo entiendes, verdad?".

La pelirroja, que llevaba unos pantalones de mezclilla y un abriguito azul claro, asintió muy desanimada.

-"Esa es mi reina, sé buena y te compraré muchos regalos"- su padre volvió a besarla, lo que hizo sonrojar a Sora.

Los otros hombres que la niña no conocía y que lucían más jóvenes que su papá también se atrevieron a hacerle cariños, pero esos gestos no hicieron feliz a la pequeña.

O

A los pocos minutos se quedó sola. Vio que su padre se perdía entre las veredas del parque. Ella también empacó con rapidez, porque sabía que los chicos de las canchas de soccer querrían perseguirla.

Guardó su balón en su enorme mochilita roja, se la echó en la espalda y se echó a correr lejos de ahí.

Su casa estaba a unas cuantas manzanas del parque, pero tomó justamente el camino contrario. No le apetecía llegar a su hogar y encontrarlo solo.

Su madre estaba trabajando, y de estar ella, seguramente Sora tampoco querría estar ahí. Su mamá era muy severa y siempre le alzaba la voz.

Cuando estaban ella y papá juntos, lo único que hacían era discutir.

Y Sora sufría mucho con esas peleas. Le dolía el pecho, sus manitas le temblaban y no sabía cómo comportarse.

Decidió visitar a sus amigos favoritos del barrio, los gemelos Miyamoto y Takuya.

A Sora le encantaban sus vecinos, porque eran mayores que ella y no la trataban mal por ser una niña. Takuya era simpatiquísimo, Koichi siempre le contaba historias y Kouji la cargaba en la espalda.

Llegó al taller y tuvo el detalle de peinarse el cabello, poner su mejor sonrisa y tocar con fuerza el portón.

Takuya y los gemelos tenían una banda de música desde hacía un par de semanas y ensayaban en el taller del papá de otro integrante del grupo, un chico rellenito que se llamaba Junpei.

Fue este último quien le abrió la puerta y la miró un tanto decepcionado.

-"Pensé que era la pizza"- suspiró el preadolescente de 12 años, sobándose el abultado vientre.

-"¿Todavía no llega el maestro?"- Sora oyó de lejos la voz de Takuya.

-"No, es la niñita que siempre les persigue-" renegó el gordito, a quien llamaban J.P.

-"¡Sorita!"- gritó eufórico Takuya, corriendo hasta el portón y echándose a Sora en los brazos.

Kouji y Koichi también se acercaron con una sonrisa.

-"Cada día estás más bonita, ¿verdad hermano?"- dijo uno de los gemelos, que tenían 11 años.

Kouji asintió. En una acción callada, arrebató el pequeño cuerpo de Sora de los brazos de Takuya y la subió en sus hombros.

-"¡Los extrañé mucho!"- dijo Sora.

-"¿Qué tanto?"- preguntó Takuya.

Sora observó su mochila.

-"¡Tanto como de grande es mi balón que está en mi mochila!"

-"Waaaa, qué linda"- de nuevo Koichi le hizo cariños.

Junpei soltó un suspiro.

-"Sí... concordamos con que Sora-chan es una ternura, pero no podemos cuidarla ahora porque viene nuestro maestro de música y nos va a presentar al chico que nos falta para completar el quinteto.

Los gemelos y Takuya suspiraron, pusieron a Sora en el suelo a regañadientes y después de hacerle más mimos, le dijeron.

-"Sorita ¿y tu mamá?".

-"En la florería"- respondió la seisañera.

-"¿Y tu papá?"

-"No sé, me dijo que jugara sola".

-"Entonces ve a tu casa, que puede pasarte algo por andar en la calle solita"- aconsejó Koichi.

-"Sí, Sora, es que no podemos cuidarte y jugar ahora... tenemos clase de música"- agregó Kouji.

Sora asintió un poco incómoda.

-"¡Luego podremos jugar!"- aseguró Takuya -"¿por qué no vas con esa niña Suzie quevive en elbarrio?

La pelirroja negó.

-"Es que no le gusta jugar fútbol conmigo, dice que eso no lo hacen las niñas".

-"Bueno, pues entonces juega a cosas de niña, Sora-chan"- despidió de mala gana Junpei, dirigiendo a la niña a la salida del portón.

-"¿Qué tiene de malo que Sora se quede?"- rezongó Kouji.

-"Que es mi casa y no quiero cuidar a una cría de 6 años"- se quejó Junpei.

Sora dijo adiós con decepción. Sus amigos también parecían un poco incómodos por tener que dejarla.

-"Ahora la música es más importante para ellos que jugar con niñas que no usan vestido"- lamentó la pequeña, rascándose la mejilla.

O

Al final, mientras el sol de la media tarde la hacía más morena, Sora quedó sola en la calle con su hermoso balón de soccer.

Vagó largo rato por las calles sin fijarse por dónde iba. Iba molesta porque papá y sus amigos mayores no habían querido jugar con ella.

Más que molestia, sentía un poco e tristeza, pero a cada segundo ella se animaba a sí misma para sentirse fuerte y segura.

Caminaba viendo sus tenis, le gustaba el movimiento de sus agujetas. Cuando le dio por levantar la carita, para ver dónde se encontraba, se dio cuenta de que estaba en un lugar que no conocía.

Ahí, las casas no parecían tener dueño. Ahí, los edificios eran lugares sacados de cuentos de terror. Le dieron escalofríos a pesar de lo valiente que era.

Sora agarró con fuerza su mochila por temor a que un señor malo se la arrebatara, y cuando escuchó ruidos, se escondió en unos arbustos cuya hojarasca estaba completamente seca.

No supo por qué, pero no pudo cerrar los ojos. Tenía que ver si se trataba o no de un monstruo que hiciera juego con esa zona escalofriante.

Se hizo campo entre los arbustos y en la acera de enfrente vio que un auto muy raro se acababa de estacionar.

La niña abrazó más su mochila, encogió un poco el rostro, compungida. Eso le pasaba por no obedecer a papá y a sus amigos.

Los pasos que también se escuchaban provenían de dos sujetos vestidos de negro, que llevaban puestas máscaras.

Del auto bajó un hombre alto pero ligeramente jorobado. Encima de su ropa, llevaba una bata blanca, de las que Sora sabía que usaban los doctores.

El hombre debía ser más grande que su padre, llevaba anteojos y una barba muy bien cuidada. El cabello oscuro-azuloso se le mezclaba con las canas, dándole el aspecto de ser un señor muy serio y estricto.

A Sora le dio la sensación de que se trataba de un doctor como el que había creado al monstruo Frankenstein, por eso abrió más sus ojazos y se le erizó el vello de sus bracitos.

Los sujetos vestidos de negro lo reverenciaron.

-"K-sama, bienvenido"- dijo el sujeto más robusto de todos.

La niña alcanzó a escuchar con perfección esos susurros.

-"¿Está vivo?"- preguntó con frialdad el hombre de la bata de doctor.

-"Sí. Estaría mejor, pero todos los días, Zero-san lo maltrata, señor"- se quejó el más bajito de los tres.

-"¿Y eso tiene algo de malo?"- cuestionó K-sama -"De cualquier forma va a morir".

Sora soltó un pequeño grito de susto.

Esos adultos lucían tan temibles, que los regaños de su madre eran cosas de bebés.

-"Zero, Two, ¿qué ha sido eso?"- preguntó K-sama, al distinguir un segundo grito de Sora, -"¿Es que no están vigilando como debe de ser? ¿Hay alguien en la zona?".

Hablaba con calma, pero de alguna manera, sus palabras dolían.

-"Echaré un vistazo"- se apresuró a decir Two, esculcando los arbustos de la otra banquetas mientras que Sora se cubría la cabeza con las manitas, porque se sentía incapaz de pensar y actuar.

Un gato que acechaba por ahí fue lo único que encontró el sujeto enmascarado, alzó al felino, que empezó a zarandearse.

-"Fue este gato, señor, no hay nadie"- comenzó a decir Two, pero justo en ese momento el otro secuaz sacó una pistola, apuntó al minino y le disparó.

Sora se tapó con más fuerza la boca, para ahogar su grito, al oír el maullido de dolor del animal.

De verdad que eran malos, de verdad que esos adultos eran de una película de terror. De los ojitos de la niña comenzaron a brotar lágrimas que le nublaban la vista.

Con la vista borrosa vio que el que sostenía al gato, ya muerto, lo lanzó rumbo adonde estaba, lo que la dejó con el corazón y la respiración paralizada.

-"Pudiste haberme dado, Zero"- renegó.

-"¿Dudas de mi puntería, Two?"- se rió el hombre enorme, mientras le quitaba la bata de médico del jefe, que parecía indiferente ante el asesinato del gato.

-"Te prohibo que mates de esa forma al niño"- mencionó K-sama.

-"Mi señor será quien le dé el remate al cuerpo"- sonrió Zero.

-"Por ahora sólo quiero ver que le violes"- comentó con la frialdad de siempre, -"será hasta mañana cuando destruya a ese pequeño heredero".

El auto desapareció.

-"¿Está conduciendo One?"- preguntó Two.

El jefe no respondió, caminó escoltado por esos hombres hasta una pequeña casa de aspecto deplorable.

Si bien no parecía una casa de espantos, como las demás, era un edificio abandonado, lleno de hollín y graffiti

Sora no pudo hacer nada mas que seguir temblando, viendo de reojo al gatito negro chorreando sangre.

En cuanto el miedo se le diluyo, corrió hacia el animalito y lo abrazó sin importarle mancharse de rojo.

-"Son muy malos, ¡yo debí haberte ayudado!, ¡son muy malos! ¡Son muy malos!"- chilló débilmente besando la cabecita del minino.

Con sus manitas se apresuró a escarbar un agujero, pero un grito de dolor la detuvo. Se asomó por las hierbas y descubrió que el sonido provenía de la casa donde se habían metido los señores malos.

Sora sacudió la cabeza.

Quiso llamar a un policía, pero ahí no parecía haber ninguno y no sabía ningún teléfono de policías. Le echó una ojeada al gatito, que había quedado con los ojitos azules abiertos y con las piernas temblando la niña se puso de pie.

-"No te pude ayudar, pero esta vez, detendré a esos señores malos"- dijo decidida, pero con la voz temblándole irremediablemente.

Para una niña como Sora, quizá no era adecuado cargar tanto valor consigo.

Tomó su mochila, volvió a colocársela en la espalda y tras limpiarse las manos con su abrigo azul, corrió como alma en pena hacia la casita, donde volvió a esconderse tras la maleza.

Justo en la pared donde estaba, se oían voces y se podía apreciar una ventana recubierta de madera. Sora rebuscó y encontró un hueco por lo que vio lo que estaba sucediendo.

O

Lo primero que vio fue la espalda de K-sama, quien estaba sentado en un sofá mugriento. A su lado, el secuaz que se hacía llamar Two y que también estaba de espaldas, se cubría el rostro.

Sora no comprendió lo que estaba haciendo el otro sujeto, llamado Zero, que se alcanzaba ver a lo lejos.

El hombre estaba mugiendo como toro sobre la mesa del comedor.

Parecía estar aplastando a alguien, porque alcanzaba a ver que debajo del enmascarado sobresalía una mata de cabellos castaños y unas manitas.

De ahí provenían los gemidos.

-"Ah... no... Ngh... ¡Ah! ¡Me duele! ¡me duele mucho!"- chillaba ese alguien y a Sora se le encogió el corazón.

Era la voz de un niño. Vio la silueta del chico, que tenía los puños apretados, la cara con un antifaz negro y el cuerpo severamente percudido.

El sujeto lo zangoloteaba, y Sora no entendía nada, sólo sabía que era algo malo, algo que ella estaba viendo de lejos, pero que se veía que dolía mucho.

Dolía más que ver al gatito morir.

Se cubrió los ojos y esta vez lloró con más ahínco, pero sin emitir sonido alguno.

-"Paga tus pecados, niño"- rugió el secuaz.

El niño volvió a gritar de dolor, y acto seguido lo comenzaron a golpear con un cinturón.

-"Que no grites, cabrón!"- dijo Zero-san, y Sora se mordió los labios.

-"Ayuda... Yama-chan...".

K-sama se rió. Sora tembló más, pero sólo un momento. No supo por qué, pero sin pensarlo sacó su amado balón y comenzó a dar vueltas por la casa, hasta que encontró una ventana sin maderos y protecciones

Con la fuerza de todos sus goles apuntó a ese lugar y pateó la pelota, de modo que ésta se estrelló contra el vidrio y lo rompió, penetrando en la morada.

-"¿Quién está ahí?"- gritó Two.

A Sora se le aceleró el corazón.

-"Encierren al niño y vayan a ver"- ordenó K-sama.

Sora se mordió los labios. Miró un lugar en dónde esconderse y se encontró con una coladera.

Recordó que en las caricaturas los personajes se ocultaban ahí. Con sus manitas logró zafar el registro y sin pensársela dos veces, saltó.

Apenas cupo y como no había caído en un lugar muy profundo, Sora se las arregló para volver a tapar la coladera y quedarse temblorosa y paralizada ahí abajo.

Escuchó cómo caminaban sobre el lugar donde estaba.

-"Mierda, todos los días estaba tan tranquilo hasta que K-sama hizo la visita"- renegó Two.

-"Alguien se atrevió a interrumpir mi tiempo con ese pecado"- renegó el otro. Sora supo que era el hombre que estaba sobre el niño y lo hacía gritar.

-"¡Zero, he revisado todo y no hay rastro de nada!".

-"¿que no hay rastro, Two-kun?"- de nuevo la niña oyó la helada voz de K-sama.

Se abrazó las piernas y escondió la cabecita en ellas. A su alrededor hedía, sentía que le caminaban bichos por todo el cuerpo y no podía ver nada, pero eso era mejor a que esos malos se dieran cuenta de que ella había lanzado el balón.

-"¿Pero qué trae en sus manos, señor?"- preguntó Two.

-"Es un balón"- respondió con frialdad.

-"Señor, permítame ayudarle para que no ensucie sus manos"- Zero intentó acercarse o eso pensó la niña.

-"No me toques después de haber tocado a un Yagami"- gruñó K-sama. -"Además, he recogido el balón con guantes. ¿Es que son tan idiotas que no se dan cuenta de que fue un niño quien nos ha interrumpido?"-.

-"Pero si aquí no hay niños, K-sama, si hubiera alguno, Zero le violaría"- ironizó Two.

-"Para mañana deberán encontrar al dueño de este balón, no podemos descuidarnos y menos por un niño, yo me llevaré este balón para buscar alguna huella".

-"Señor, ¿el juguete no será del rubito Ishida que también tuvimos capturado unos días?", se atrevió a preguntar. "Cuando lo intercambié por el botín, el niñito farfulló hasta inconsciente que volvería por el morenito".

"No digas tonterías, Two, ¿tú crees que esa criatura volverá a ver la luz del sol en los próximos meses?, Hiroaki Ishida, su padre, no lo permitiría".

Sora ya no pudo oí nada más, porque los tres sujetos se alejaron. Ella comenzó a gatear en el drenaje, horrorizada por la situación.

De su pantalón sacó el viejo celular que le había cedido su papá cuando éste había comprado otro.

Se lo había dado a escondidas de su madre y le había explicado que podía usarlo para llamarle cuando estuviera en peligro.

El único contacto que tenía era su papá, por lo que la pelirrojita pulsó el botón verde para que se enlazara la llamada.

Sin embargo, del otro lado no hubo respuesta.

'El número que usted marcó no está disponible o está fuera de servicio, le aconsejamos llamar más tarde'

Sin embargo y aunque su padre no le había contestado, Sora se alegró al notar que su celular iluminaba parcialmente la coladera donde se encontraba.

Se trataba de un tubo angosto, en donde ella sólo podía moverse gateando. Los bichos que caminaban sobre ella eran cucarachas, pero a Sora no le preocupó demasiado. Esas cosas no le daban miedo. Al menos no más que los señores de arriba.

Vio que el tubo era largo y pensó que si lo transitaba podría encontrar la salida.

O

Comenzó a gatear temerosa, con rodillazos inseguros y torpes. A veces crujía el metal con fuerza, a veces toda ella pasaba desapercibida.

Se detuvo cuando, de nuevo, escuchó los gemidos del niño.

Se oían muy claritos, pero a la vez débiles. Alzó su celular-lámpara y vio que el tubo de drenaje tenía una bifurcación vertical, de donde provenían los llantos.

Comenzó a trepar hacia arriba, aprovechó que el tubo estaba oxidado y cada vez que sus tenis amarillos intentaban subir por el círculo metálico, éste se agujereaba, creando una escalera por accidente.

Sora vio que el tuvo volvía a doblarse, otra vez de manera horizontal. Terminó de trepar y alumbró lo que seguía, ahí pudo ver unas rendijas.

Puso el celular ahí y con debilidad se dio cuenta de que estaba en un sótano, y ahí, aplastado en un rincón, estaba el niño.

Pateó las rendijas, las zafó y se introdujo en la habitación oscura.

El niño gritó al sentir la luz y se hizo bola en el rincón. Daba la impresión de que quería desaparecer.

-"¡Ya no! ¡ha sido mucho hoy! ¡me duele!"- berreó.

-"Espera, yo no soy ninguno de los malos"- rogó Sora, inclinándose, -"¡Yo he venido a rescatarte!".

-"¿Yamato?"- el niño se dio la vuelta inmediatamente. Tenía el cuerpo desnudo y esquelético. En la habitación olía tan feo como en el drenaje.

-"No. Soy Sora"- dijo la pelirroja.

Vio al niño y estuvo a punto de echarse a llorar por lo frágil y delgado que se veía.

-"¿Tienes frío?"- preguntó.

"¿Vienes del Cielo?"- cuestionó el niño con inocencia.

-"No, sólo soy Sora"- respondió la nena, quitándose su abrigo y echándoselo encima al niño, -"Póntelo, nos vamos a escapar de esos malos"-.

El niño asintió. Se puso el abrigo azul claro, que le quedaba lo suficientemente largo como para llegarle a media pierna.

Se acercó tímidamente Sora, a quien podía ver muy tenuemente por la escasa luz.

La cogió de la blusa amarilla.

-"¿Cómo te llamas tú?"- preguntó Sora.

-"Taichi"- susurró -"o eso dice Yamato, porque perdí la memoria, pero creo que sí soy Tai".

Sora le asintió con una sonrisa.

Le gustaba el nombre de ese niño y la voz que sacaba de ese débil cuerpo.

-"¿Eres valiente?"- preguntó Sora, llevando al niño hasta la coladera.

-"Yamato dice que sí"- fue la respuesta de Taichi.

Sora buscó en la habitación, pero el único mueble era una silla. La recargó en la pared, se subió y lanzó su mochila hacia la coladera, donde por suerte la maletita y sirvió de soporte.

-"Tai-chan"- sugirió Sora, -"Súbete a mis hombros y toma la mochila, ¿tú sabes trepar, verdad?"-.

-"Lo intentaré"- musitó Taichi, subiéndose arriba de Sora hasta ponerse de pie.

A pesar de lo débil que parecía, el niño era hábil, lo que hizo sonreír a Sora.

Tai logró coger el cordón de la mochila y se trepó sin problemas.

Como si los dos niños se entendieran, Tai se quitó el largo abrigo, lo sostuvo de un lado y lo dejó caer del otro.

Sora saltó y se sostuvo del abrigo, el cual Tai sujetó con toda la fuerza que le quedaba.

Los dos niños hiperventilaron tras subir a la tubería. Tai se puso a llorar, como si no se la creyera.

-"Yo no sabía que por ahí podía escapar"- se lamentó.

-"No llores, mejor hay que irnos de aquí, ponte la chamarra que hace frío"- aconsejó la niña con un toque maternal del que ella no estaba consciente.

Taichi y Sora deambularon por los túneles del drenaje por horas. A los dos les daba miedo salir porque creían que se iban a encontrar con los señores secuestradores.

Cuando finalizó el túnel, Sora destapó el registro y reconoció de inmediato el parque donde había estado con su papá al mediodía.

Afuera ya se veía el ocaso.

-"¡Estamos cerca de mi casa!"- gritó con alegría la pequeña -"ahí nadie te hará nada malo".

Taichi salió y palideció. No recordaba el exterior, pero ese pequeño y sucio parque le pareció la cosa más hermosa que había visto en su vida.

Ya en la luz, Sora pudo apreciar muy bien a su amiguito. Era un niño muy bonito, pero desgastado.

Los ojos no le brillaban, eran como chocolates opacos. Las piernas estaban llenas de moretones y en la cara interior de los muslos, surcos de sangre llegaban hasta las piernas.

El sol hizo que se cubriera los ojos.

Siempre que cubría su mirada con las palmas, Taichi se echaba a llorar.

-"No llores, Tai-chan"- animó Sora.

Taichi abrazó a la niña.

-"Es que es tan bonito aquí afuera...", lloriqueó, "ya no tengo miedo, pero no sé nada, sólo sé que me llamo Tai".

Sora sonrió.

-"¡Te puedes quedar conmigo!".

Tai se separó de la niña y le sonrió, aunque un poco más temeroso.

-"So-sora-chan"- la llamó con dulzura.

-"¿Uhm?".

-"Eres mi tesoro".

-"Tai-chan"- preguntó la niña, -"Después de que vayamos a mi casa a comer y te pongas bien, ¿juegas fútbol conmigo?".

-"¡Sí! ¡Creo que sí recuerdo cómo jugar!"- por primera vez, le brillaron los ojos a Tai.

O

Fin de Flash Back

O

Sora había soltado las palabras como si fueran mantequilla. Palabras suaves, dolorosas, nítidas.

Yamato la sostenía para que no terminara en el suelo. Los dos estaban sentados en una jardinera de la clínica Kido, pero daba la impresión de que la pelirroja iba a deshacerse por su confesión.

El rubio había sido quien en primera instancia había exigido a Sora Takenouchi recordar su pasado en común con Tai, pero Ishida no imaginaba que detrás de aquel recuerdo existía una historia tan densa.

Le dio un escalofrío el sólo imaginar a una niña de seis años rescatando a su mejor amigo del encierro. Sintió empatía por la pelirroja, porque ambos habían visto como el secuestrador abusaba sexualmente de Taichi.

Sin embargo, lo que tenía más impactado a Matt era la posibilidad de que fuera el doctor Kido el autor intelectual del secuestro de su mejor amigo.

Le costaba trabajo imaginarse al médico ideando ese plan tan oscuro. Además, ¿no había estado Joe cuando se habían aparecido los secuestradores?

-"Y sin embargo no se los llevaron a él"- dijo Ishida. Sora no le respondió, estaba inmersa en sus recuerdos, los cuales habían aflorado tras ver a K-sama.

La ira comenzó a dominarle el cuerpo. Quiso levantarse e ir a matar a golpes al doctor Kido, pero no hizo nada.

Contrario a los impulsos irracionales que conducían a Taichi por la vida, Yamato era calculador, frívolo, inteligente.

Si iba a cazar a una presa la saboreaba y le preparaba a una trampa. Si iba a desenmarañar el secreto del secuestro de su mejor amigo, más le valía hacerlo con cuidado, como un profesional dedicado a la venganza.

Supo de inmediato que necesitaría la ayuda de Koushiro Izumi. Entendió de inmediato que había que tener cuidado con Jyou Kido y que Tai no debía de enterarse de las confesiones de Sora.

La venganza la iba a disfrutar él solo. Con esa estrategia, Yamato sentía que iba a revitalizar el alma atormentada de su mejor amigo.

Y Taichi sonreiría entonces, liberado de tanta pesadilla... eso pensaba el rubio.

-"El doctor Kido quería matarte no porque tu padre sea amante de su hijo, sino porque descubrió que tú eras la dueña de ese balón"- relacionó el rubio, atorando a Sora en un abrazo. -"pero ese repudio de hombre no volverá a tocarte jamás, yo te protegeré".

La muchacha encogió los hombros.

¿Qué no comprendía Yamato que ser protegida no era lo que le importaba en esos momentos? ¿Qué no se daba cuenta de que Taichi Yagami había sido secuestrado por un supuesto amigo de la familia?

Por eso sus lágrimas no se detenían. Cada gota que derramaba le recordaba lo mala que era para olvidar... cada mugido parecía confesarle que para alguien como ella, era difícil bloquear los recuerdos.

-"No podemos permitir que le hagan más daño a Yagami"- chilló la chica, secándose las lágrimas. -"Yo le prometí de niña que le iba a proteger y no lo he hecho, ahora él ha cambiado, ahora se está hundiendo cada día más en arenas movedizas".

"Lo lamento, has tenido qué recordar cosas terribles", comentó él.

Ella se levantó, todavía restregándose el rostro.

-"Ojalá hubiera recordado antes, pero juré a Tai-chan en esa ocasión que los dos lo olvidaríamos".

Yamato se levantó tras ella, la rodeó de la cintura, pero Sora lo rechazó.

-"Pero hay cosas que nunca se pueden olvidar"- señaló Ishida.

-"No lo sé"- fue la respuesta -"Quizá nunca lo olvidé, sólo lo bloqueaba por miedo".

-"Es justo como sucede con el amor"- relacionó Yamato -"Nunca se puede olvidar por más que se bloquee".

Takenouchi negó, como si lidiara con un peso sobre su cuerpo. ¿cómo podía Yamato hablar de amor ahora, cuando había recordado las memorias más tristes de su infancia?

-"Cuando no es amor no importa"- peleó por costumbre.

-"Desafortunadamente para los dos lo es. Es amor".

Tambaleante, con las mejillas ardientes, ella intentó huir.

No le interesaba hacer manada con ese lobo. O quizás era al revés, porque cuando Yamato Ishida estiró la mano y envolvió sus dedos para seguirla, ella no pudo oponer resistencia.

O

Minutos después, cuando no había rastro de Akiyama en la bodega, Taichi se lavó la cara y tomó ropa de cazarecompensas para vestirse. Se colocó un pantalón de mezclilla que le venía un poco grande y una playera caqui, con el cuello redondo.

Se vio largamente en el espejo, se dio ligeras cachetadas para que su cerebro se olvidara de su falta de sueño y se bebió una cerveza que había en la pequeña nevera que había en el sitio.

Koushiro se había encargado de modificar esas instalaciones, de modo que incluso habían acomodado una cama y todo lo necesario para que Ryo Akiyama pudiera vivir ahí. A Oikawa lo tenían en una habitación especial, que en otros tiempos probablemente había sido la oficina de la pequeña fábrica.

Olía a polvo, a madera y a mierda. O eso pensó Taichi.

Soltó un suspiro porque no pudo evitar recordar el lugar donde había permanecido secuestrado. Era una casa y no una bodega, pero el olor que expedía el lugar era similar.

-"No entiendo por qué demonios mis recuerdos están tan lúcidos últimamente"- se encabronó Tai -"Sora-chan, ¿no recuerdas que prometí olvidar todo ello?... ni siquiera puedo cumplir las promesas, pero es tu culpa, por enamorarte de Yama".

Se tronó el cuello, miró las llaves y finalmente encontró la del cuarto de Oikawa.

A diferencia de su pocilga, el lugar donde permanecía Oikawa era un sitio digno para los humanos.

Había luz, un baño y una cama. Aunque el secuestrado tenía atados los pies, tenía las manos liberadas y estaba sentado frente a la mesita, en donde comía con lentitud unas bolas de arroz, envueltas en un alga brillante y negra.

Tai le vio la espalda, preparó la pistola especial de los D4 y se acercó.

Yukio Oikawa no le prestó atención, lo que provocó que Yagami se enojara más y se pusiera un antifaz negro; su primer saludo fue patear la silla donde estaba el hombre que había violado a Sora, por órdenes del doctor Kido.

-"Voy a prohibir que te den de comer, hijo de puta"- dijo tranquilamente -"O qué ¿te crees digno de comer después de haberle hecho eso a una chica?".

Le dio la vuelta a Oikawa con uno de sus pies.

Su piel cetrina, como la cera de las velas, estaba sudorosa, lo que le provocó a Taichi un escalofrío. Era como si ese sudor ya lo hubiera sentido antes en su piel.

Los labios de Oikawa tenían restos de alimento, las manos del sujeto estaban a la altura de su cremallera, la cual estaba desecha y dejaba ver su miembro empalmado.

Taichi Yagami quedó hecho piedra unos segundos, pero su primer impulso fue patear otra vez al secuestrado, a quien se le oía un gemido torcido, lejano, enfermo.

El chico retrocedió, pero no pudo apartar su mirada chocolate de la entrepierna de Yukio.

No pudo dejar de verle el genital. No pudo dejar de pensar en sus gritos cuando era niño, ni en su pequeño cuerpo destrozado.

Oikawa levantó su mano húmeda y le miró con intensidad.

Taichi le apuntó con la pistola al tiempo en que un terrible escalofrío comenzaba a invadirle el cuerpo. Deseó con todas sus fuerzas que el arma que portaba fuera un revólver de verdad con el que pudiera matar a alguien. Lo deseó como nunca antes había anhelado algo.

Los ojos negros y hundidos de Oikawa parecían desnudar a Taichi, o por lo menos causarle una estampida de deja vu.

O

"Ah... no... Ngh... ¡Ah! ¡Me duele! ¡me duele mucho!".

O

Tai soltó el arma, horrorizado. ¿Por qué entre más veía a ese hombre más le torturaban sus recuerdos? ¿Por qué no podía moverse?

¿Por qué le dolía tanto el cuerpo? ¿Por qué estaba ahí, en esa cárcel, con ese violador de mierda?

Ante la parálisis de Yagami, Oikawa tomó la pistola del D4 en sus manos.

Una honda de calor insoportable invadió a Tai en el vientre.

Al sacudir la cabeza, descubrió que Oikawa le había disparado y gotas de sangre comenzaban a brotar de su estómago.

Una descarga eléctrica le hizo caer al suelo, pero no perdió la conciencia.

El arma que había diseñado Koushiro para los D4 era tan dolorosa como un balín, pero en realidad no traía dentro una bala, sino el fragmento de un metal que causaba una herida poco profunda y descargaba electricidad.

-"¡Hijo de Puta!"- gritó por fin, reaccionando. Se asió el vientre y trató de detener a Oikawa, pero no pudo moverse por las convulsiones que había sentido por el disparo.

El integrante del Clan Oikawa lo miraba con una sonrisa indescriptible mientras se liberaba las piernas utilizando el disparo de la misma pistola.

Taichi vio horrorizado que Yukio se ponía de pie. Era alto, mucho más que él, mucho más incluso que Joe.

Los pantalones se le cayeron y volvió a ver desnudo a ese hombre, que se le echó encima con ferocidad.

O

-"¡Arrepiéntete, mocoso!… Ah… expía las culpas de tus padres".

-"Perdón… Ngh…. M-e du-duele… ¡Perdón-n!".

O

Los recuerdos hicieron que Tai se aplastara la cabeza. Oikawa lo aventó al suelo, le echó encima su enorme cuerpo y se acercó al oído de Yagami, mientras le quitaba el antifaz.

-"Chiquito, he extrañado tanto tu culo"- le soltó, con una risa enferma, -"veo que no te has arrepentido de tus pecados, veo que no te acuerdas de mí".

Puso en la pistola en la garganta de Taichi, con la otra mano se dirigió a la entrepierna del muchacho.

-"... n-no"- fue lo que dijo el moreno, perdido en el infierno que lo torturaba desde la infancia.

-"Puedo hacerte recordar todo... puedo hacer que espíes tus culpas..."- Oikawa desabrochó el botón del pantalón -"puedo matarte, como era el deseo de mi señor, si te mato mi señor volverá a quererme a su lado... y yo gozaré castigándote, porque has sido malo, has sido muy malo, mocoso".

El contacto del sudor de ese sujeto, los dedos naufragando por su pantalón, la voz, el cabello grasiento, su incapacidad de moverse y de gritar, fueron elementos suficientes para que Taichi se diera cuenta de que estaba ante su violador: el llamado Zero.

Era el Zero que le había ultrajado el ano a los seis años y le había destruido las entrañas del corazón. Era el hombre que lo había secuestrado, el que lo había hecho perder la memoria, el que cada día lo desnudaba y atormentaba su cuerpo.

Ese hombre era su pesadilla, era el verdadero culpable de que el placer ya no tuviera ningún significado para él.

Era él... era Yukio Oikawa. El violador de Sora también era el suyo.

Era él... y nuevamente permitía que estuviera sobre él, dominándolo, abusándolo, quebrándolo.

Era él... el que le había robado la felicidad.

El vómito se le vino a Taichi, pero frenó sus ansias de arrojarlo y se lo tragó.

Oikawa le bajó el pantalón, le subió la camiseta.

Recordó a Yamato cuando era niño, diciéndole: "Tai, sí eres muy valiente, más que yo".

Valentía. Valentía. Valentía.

Yamato, cuando niño, decía que él era valiente.

La carita de una Sora pequeña también se le dibujó en sus recuerdos.

"¿Eres valiente?", le había preguntado la pelirroja, después de rescatarlo de su secuestro.

"Yamato dice que sí", respondió esa vez Yagami.

Los recuerdos desaparecieron y pudo enfocar a Oikawa, dirigiendo sus manos a su cuerpo.

Ya no tenía 6 años. Tenía 17. Ya no era un niño desvalido, era un joven. Ya no era débil, era fuerte. Ya no tenía inocencia dentro, ahora era una máquina de rencor, de odio.

-"... y de valentía"- se dijo Tai, alzando sus puños temblorosos y dándole un puñetazo a Oikawa, el cual sólo despertó una sonrisa cínica en su rostro.

Tai repitió el puñetazo a pesar de que la pistola que le apuntaba en el cuello fue cargada por Yukio.

-"Sé dócil, bonito, te voy a matar después de que pagues tus pecados"- dijo Oikawa lentamente -"y mi señor será feliz".

-"Y yo te voy a castrar antes de que me mandes al otro mundo"- respondió Tai, con los ojos húmedos, con sus lágrimas vertiéndose en sus mejillas tostadas.

No dio otro puñetazo, pero con sus piernas gruesas y fornidas por tanto fútbol, lanzó una patada directa a los genitales de Oikawa, lo que provocó en el mismo una mueca de dolor que ayudó a hacer a un lado al hombre, mientras Tai se incorporaba.

Volvió a patear donde mismo y siguió haciéndolo varias veces mientras Oikawa gemía de dolor y disparaba al azar con la pistolita del D4.

Yagami comenzó a llenar de sangre al sujeto y se le nubló la visión.

Recordó el dolor de su propio cuerpecito, de las operaciones que habían tenido qué hacerle para que no se le rompiera el intestino de tanto que había sido penetrado. Rememoró la sangre que salía de él y por eso, cegado por el terror de enfrentarse a su propia pesadilla, siguió pateando, hasta sintió que unos brazos lo sostenían y lo alejaban.

-"¡Le vas a matar, Taichi-kun!"- exclamó Ryo Akiyama, separando a Tai de Oikawa y sacándolo de la pequeña prisión.

Akiyama miró horrorizado que Tai estaba herido, con un pantalón suyo colgando en los tobillos, pero el bóxer bien puesto.

-"¿Qué ha pasado, jefecito?"- preguntó preocupado.

Tai respondió vomitando de nueva cuenta y tallándose los ojos.

-"Tengo que matarle"- afirmó después de que el reflujo se detuvo, -"Tengo que matarlo"-.

-"¡Ve a tu casa ahora, chaval!, mientras yo esté aquí no vas a matar a nadie"- bramó Ryo.

-"¡Tú eres mi sirviente! ¡Yo te pago! ¡Me debes lealtad!, ¡si yo digo que voy a matar es porque voy a matar, miserable!"- chilló Yagami, histérico.

-"Bien, tienes razón, ¡mátalo entonces, jefecito!"- retó Akiyama.

Ryo subió los pantalones de Tai, le pasó su revólver, uno de verdad, y jaló al muchacho de nueva cuenta a la habitación de Oikawa.

El sujeto se retorcía como lombriz, con el cuerpo amoratado, con sangre de algunas heridas causadas por los puntapié y con la cara enferma, degenerada por emociones sólo conocidas por los que viven con locura.

-"Está cargada la pistola, apúntale"- ordenó Akiyama, y Taichi lo hizo, pero comenzó a temblar.

-"Ahora dispara, Taichi-kun"- mandó Ryo, al ver que el moreno no se decidía.

Estaba con la piel amarillenta, con los ojos sin sol.

-"¿Querías matarle, cierto?, ¡Pues hazlo!".

Pero Tai no lo hizo, le devolvió la pistola a Akiyama.

Su cuerpo todavía estaba temblando, su corazón tenía demasiado odio adentro, pero aún así no era capaz de matar a sangre fría.

-"Me largo", dijo.

Y así lo hizo.

Sin dejar de llorar desapareció de la bodega.

Finalmente el infierno lo quemaba más profundo que nunca. Lo supo, lo entendió, lo comenzó a vivir.

Ahí, en esa desesperanza de quien no puede cometer venganza cuando tiene la oportunidad, Tai susurró el nombre de la persona que más deseaba ver.

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Flash Back

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Cuando Sora llegó a casa, mamá la regañó.

Tai la esperaba escondido en el jardín trasero, porque primero la pelirroja tenía que pedir permiso para que la dejaran hacer una pijamada con su nuevo amigo.

Sin embargo, la señora Takenouchi no parecía contenta de ver a su única hija embarrada de lodo y apestando a cloaca.

Por suerte, la sangre se había quedado en el abrigo que llevaba puesto Tai.

-"¿Qué pretendes, Sora? ¿Invitar a un chico a dormir?, ¿Estás loca?, estás castigada por llegar tan tarde, además, no se supone que debas jugar con niños, sino con niñas"- comentó la señora, mandando a su hija a su habitación.

Sora le sacó la lengua a su madre con indignación, trabó la puerta de su cuarto con la silla del escritorio, abrió la ventana, y le silbó a Tai, quien corrió desde su escondite hasta la ventana.

-"Mi mamá no es buena hoy, así que no podemos decirle que te quedaste a dormir"- le explicó.

-"¿Me voy?"- preguntó Tai, con carita de perrito abandonado.

-"No, Tai-chan, ¡eres mi amigo y quiero que vengas a dormir!, te ves bien cansado, además no sabes dónde está tu casa"- dijo Sora, ayudando a su protegido a entrar.

-"Pero estoy sucio...".

-"¿No te has lavado con la manguera del patio como te dije?"- preguntó la pelirroja.

El moreno asintió.

-"Pero..."- dijo con la carita triste -"hay algo que no se me quita, huelo muy feo"-.

-"No te preocupes, ya no huele nada"- consideró la chica, y le compartió unos moshi que había guardado de la cena.

-"Eres mi heroína..."- susurró el niño. -"Tienes que conocer a Yama, es tan valiente como tú"-.

La pelirroja asintió, cediendo agua a su invitado, quien le imprimiría los mejores recuerdos de sus días de niña.

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Fin de Flash Back

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Continuara...

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¡Gracias por leerme!

Como pueden ver, resulta ser que el doctor Kido fue quien mandó secuestrar y matar a Tai... y al parecer lo odia. Además, fue Oikawa quien violentó al Taichi de 6 años.

¿Por qué Sora lo había olvidado? ¿Por qué Taichi también?, eso lo explicaré luego.

No tengo mucho qué decir, salvo darles las gracias y pedir su opinión... honestamente sé que no ha sido mi mejor entrega, pero re-conectarme a este fic no es sencillo... hay demasiada complejidad en esos personajes tambaleantes, pero no me juzguen rudo, que poco a poco el fic tendrá más romance y la oscuridad será intercambiada por un mejor panorama.

¡Saludos!

Atte. CieloCriss