Smells Like Teen Spirit
Capítulo XXI:
"Bésame dos veces, soy esquizofrénico." –Anónimo.
"Some Nights"
Luego de los diez segundos que le tomaron a mi cerebro asimilar por completo lo que el profesor Terada había dicho, me volteé para ver a Nakuru. Ella se giró y me miró como quien ya conoce su sentencia de muerte y la está escuchando por segunda vez.
¿Había dicho ayudarnos mutuamente?
Querrá decir matarnos.
-¿Qué le parece la idea, señorita Kinomoto?
Abrí la boca para decirle que prefería morir calcinada antes de hacer lo que me había pedido, pero su móvil comenzó a sonar antes de que pudiera quejarme.
-Permiso.
Se puso de pie y salió del salón, cerrando la puerta tras de sí. Dejándome sola con Nakuru.
Y este es el momento en el que ustedes se preguntan cómo llegué a parar a la oficina del profesor Terada junto con Nakuru Akizuki. Eso, queridos amigos, es algo que ni siquiera yo misma entendía bien.
El miércoles a media mañana me encontraba en clase de Historia junto con el resto de mis compañeros, cuando de repente…
-Sakura Kinomoto, por favor presentarse en la oficina del profesor Yoshiyuki Terada.
La voz de la mujer de la recepción sonó en los altavoces. Los ojos de mis compañeros se posaron en mí, y el profesor de Historia asintió y me señaló la puerta, indicándome que podía retirarme.
Yo, que no tenía idea de qué podría querer Terada un miércoles a media mañana, me puse de pie sin decir nada. Antes de salir del salón le envié una mirada de desconcierto a Tomoyo. Ella me guiñó un ojo de forma alentadora, lo cual me hizo pensar que aquello no debía ser nada malo. Me encogí de hombros y dejé de pensar en ello. Luego me daría una escapadita a la cafetería para comprar un chocolate.
Pero cuando entré a la oficina de Terada y vi a Nakuru Akizuki sentada frente a él con una expresión de estoicismo que bien podía ser de obediencia o sumisión, supe que algo no andaba bien.
¿Qué habíamos hecho, tan grave que había alterado el orden natural de las cosas, para que Terada nos citara a las dos al mismo tiempo?
El profesor alzó el rostro y me sonrió.
-Sakura, por favor siéntate junto a tu compañera.
Asentí con la cabeza y me senté en la cómoda silla de cuero marrón. Nakuru, que estaba vestida con el uniforme de Educación Física –el cual, por cierto, le quedaba muy bien- apenas hizo contacto visual conmigo. Noté que había algo en su mirada que no encajaba en el cuadro. Ya no era estoicismo u obediencia, sino resignación.
-Te mandé a llamar porque quería que habláramos de algo importante. –Explicó lo obvio de forma amable-. Los exámenes finales se acercan y ambas tienen materias en las cuales no les ha ido tan bien.
Aguanté mis ganas de rodar los ojos.
Todos los años me tocaba escuchar la perorata de cada profesor consejero sobre lo mal que me iba en Matemáticas y que si no mejoraba las notas, tendría que presentar el examen recuperativo. Por supuesto, nunca las subía y me tocaba rendir la tediosa y horripilante prueba, la cual pasaba en la rayita luego de varios días de mal humor y mucho estudio.
Pero este año era diferente por dos razones: la primera, porque era mi último año y si no pasaba la prueba, no me podía graduar con mis compañeros; tendría que esperar al segundo examen recuperativo, que era después de la graduación. La segunda, porque el profesor consejero de último año era nada más y nada menos que Yoshiyuki Terada, benevolente defensor de los débiles y rebeldes, fiel creyente en la salvación de las causas perdidas y abnegado educador. Eso significaba que probablemente tendría alguna idea utópica e irreal para que pasara el examen.
Suspiré.
-Otra vez Matemáticas, Sakura. –Me miró intentando aparentar rigidez. Eres muy mal actor, Yoshiyuki. Asentí con la cabeza y él miró a Nakuru-. Y con mucho dolor debo decir Educación Física, Nakuru.
¿Quién lo diría? Yo, la mejor atleta de último año y la primera en Educación Física, representante del colegio en las competencias de atletismo y capitana de las porristas, no daba pie con bola en Matemáticas. Y Nakuru, que era un prodigio de los números y los cálculos, que sacaba notas altísimas en los exámenes de esas materias y participaba en las Olimpiadas de Matemáticas y Física, pasaba de los deportes y el atletismo como de la peste.
De repente, me di cuenta de lo que podía estar sucediendo. Las paredes de la oficina de Terada comenzaron a moverse a mi alrededor, acaso en un cuadro de Salvador Dalí, y el calor del patio comenzó a inundar el recinto de manera sospechosa e irreal. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal en el momento en que mi cerebro asimiló la situación.
De ser lo que estaba pensando, Terada tenía que estar loco si creía que yo iba a participar de este circo.
¡Ni en un millón de años!
-¿Puedo preguntarles por qué?
Me tomó algunos segundos entender su pregunta. ¿Por qué me iba mal en Matemáticas?
-Los números me odian y yo los odio a ellos. –Respondí tajantemente mientras me cruzaba de brazos. Terada alzó ambas cejas-. ¿Y cuál es el punto de aprender todas esas fórmulas inútiles que nunca voy a usar? Nunca en mi vida voy a necesitar el coeficiente de fricción de algo ni tampoco usaré pi.
Yoshiyuki me miró como queriendo decirme algo, pero no lo hizo. En cambio posó sus ojos en Nakuru, esperando que su respuesta fuera menos incisiva y con más argumento que la mía.
-Los deportes me odian y yo los odio a ellos. –Respondió, utilizando el mismo argumento que yo-. ¿Cuál es el punto de aprender todos esos ejercicios que nunca voy a usar? Nunca en mi vida voy a tener que lanzar una jabalina ni tampoco entraré en una competencia de voleibol.
Aquello me causó gracia, y no pude evitar sonreír. El profesor Terada nos miró a ambas sin decir nada. Pasaba sus ojos de los míos a los de Nakuru, una y otra vez. Cuando abrió la boca para decir algo, Nakuru lo interrumpió.
-Profesor, tiene haber otra manera. Sakura y yo estamos bien en las demás materias, quizás podría hacer una excepción y no tomarnos el examen, quizás podríamos nivelar…
-Las cosas no se resuelven así, señorita Akizuki, ya se lo dije. Y sí, hay otras maneras, pero esta es la mejor para ambas.
-Pero…
-Sakura. –Terada volvió a interrumpirla para mirarme. Yo me sobresalté-. El recuperativo de Matemáticas es en dos semanas, el mismo día y a la misma hora que el de Educación Física. Como ya sabrás, los profesores que les imparten la materia no son los que les tomarán el examen, por normativa del colegio.
Entendí que me lo estaba explicando únicamente a mí –algo que por cierto ya sabía de memoria- porque Nakuru ya había tenido esta conversación con él. Y algo me decía que hoy no había sido la primera vez. De hecho, Nakuru estaba pidiendo otra alternativa… porque ya conocía esta. Y no le gustaba.
Fruncí el ceño.
-¿Qué es, exactamente, lo que quiere decirme, profesor?
Por favor que no sea eso, por favor que no sea eso.
-Bueno, como usted es una excelente atleta y su compañera Nakuru es muy buena en Matemáticas, había pensado que podían ayudarse mutuamente para los exámenes.
Boom.
Luego de los diez segundos que le tomaron a mi cerebro asimilar por completo lo que Terada había dicho, me volteé para ver a Nakuru. Ella se giró y me miró como quien ya conocía su sentencia de muerte y la está escuchando por segunda vez. Se encogió de hombros mientras me miraba con frustración e impotencia.
¿Había dicho ayudarnos mutuamente?
Querrá decir matarnos.
-¿Qué le parece la idea, señorita Kinomoto?
Nunca había entendido la manía que tenía Terada de querer hacerse el amigo de los estudiantes tuteándolos y llamándolos por su nombre, para luego hablarles de usted y utilizar su apellido.
Abrí la boca para decirle que prefería morir calcinada antes de pasar tardes estudiando con Nakuru, pero su móvil comenzó a sonar antes de que pudiera quejarme.
-Permiso.
Se puso de pie y salió del salón, cerrando la puerta tras de sí… dejándome sola con Nakuru.
Un silencio cargado de tensión se hizo presente. Si así era en este momento, no quería imaginarme cómo sería todas las tardes durante dos semanas.
Decidí que no me importaba lo que Terada decidiera, yo no iba a ser partícipe de semejante acto antinatural. Estiré las piernas y coloqué mis pies sobre el escritorio de Yoshiyuki.
¿Cómo a Rika podía gustarle ese hombre con lo intenso que era?
Sentí que los ojos de Nakuru se posaban en mí.
-Sakura.
Giré el rostro y durante algunos segundos de silencio, me dediqué a estudiar su fisionomía. Pronto Nakuru se decidió a hablar.
-Sé que no nos llevamos bien, que lo que sentimos la una por la otra no es ni amistad ni cariño –al menos tenía todo bien claro-, y que ambas hemos hecho cosas para perjudicar o molestar a la otra en distintas ocasiones.
Bien, eso era cierto, no podía negarlo. Mi enemistad con Nakuru había empezado tres años atrás, y desde ese entonces todo había sido venganzas y actitudes que sólo ella y yo entendíamos. Quizás olvidé mencionar que este año, por ejemplo, yo me había salido con la mía dos veces seguidas.
Al enterarme de que Nakuru había hecho una audición para el papel principal de la obra teatral de bienvenida, decidí que yo también haría una audición. No porque fuera aficionada al teatro, sino porque estaba segura de que le quitaría el papel. Justo antes de que la profesora Katayama anunciara que el personaje era para Nakuru, porque era muy buena actriz y nadie lo había hecho mejor que ella, me presenté en el auditorio con mi cara bien lavada para la audición. Y la profesora, que me amaba incondicionalmente por ser la capitana de las porristas y porque sentía por mi hermano Touya uno de esos cariños que algunos profesores le agarran a algunos de sus estudiantes, no sólo me permitió hacerlo, sino que me dio el papel que le correspondía a Nakuru.
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Y quizás olvidé mencionar que a Nakuru le gustaba Hiro. Sí, Hiro Matamiya, mi exnovio. A mí también me gustaba Hiro, aunque no estaba segura si debía formalizar una relación con él, ya saben ustedes por qué. Pero cuando una noche en una fiesta me enteré de que a Nakuru le atraía, me dejé llevar por los numerosos tragos de vodka que tenía encima y decidí decirle que sí a Hiro, sabiendo que con eso conseguiría molestarla. Un golpe muy bajo. Y bien merecido por todas las cosas que ella me había hecho el año pasado… entre las cuales incluían dejarme desnuda en los vestidores después de mi práctica con las porristas.
Sakura 2, Nakuru 0.
Pero luego ella inició una relación con Kero, y el marcador cambió con un punto a su favor. Y después pasó lo de ella y Shaoran, lo que le rompió el corazón a Kero, por lo que me enfurecí mucho más que antes.
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-También sé que no estoy en posición de pedirte nada, porque sé que soy la última persona a la que querrías ayudar. –Continuó. Bajé las piernas del escritorio de Terada y giré la silla completamente, para quedar de frente a ella-. Créeme que intenté disuadir a Terada, le presenté todas las opciones posibles, y ninguna sirvió para distraerlo de su plan caritativo. –Rodó los ojos y miró al techo-. Los profesores son expertos en crear mala química.
-Y en juntar gente que no se lleva.
Volvimos a hacer contacto visual.
-¡Sobre todo Terada! –Exclamamos al unísono.
Era cierto. Terada, con su mentalidad de salvador de causas perdidas y su carácter de romántico sin esperanza creía que todo el mundo se llevaba bien, porque éramos todos amiguitos y podíamos ayudarnos a vivir felices para siempre.
Nakuru sonrió ante la casualidad.
-Se me ocurrió una idea que nos puede evitar a las dos muchas horas de incomodidad y dolores de cabeza. –Retomó su seriedad-. Yo no quiero aprender a jugar voleibol ni correr los cien metros, y estoy segura de que tú no quieres hacer problemas de Cálculo. –Asentí con la cabeza-. Terada ya me dijo que él no va a estar en el colegio ese día, porque tiene que acompañar al equipo de natación a una competencia intercolegial. Las dos pruebas son el mismo día a la misma hora, y la que va a tomar el examen es la profesora de primaria.
-¿La rubia nueva?
Ella asintió-. Y el examen de Matemáticas lo tomará la profesora Amamiya, y ella nunca nos dio clases…
Si Nakuru estaba pensando lo mismo que yo, confirmaría una vez más el concepto que tenía de ella: era una maldita bruja inteligente y retorcida. Y en verdad tenía que estar desesperada para…
-Estoy dispuesta a presentar el examen de Matemáticas por ti, Sakura.
Boom.
Si alguien me hubiera dicho esta mañana que esas palabras saldrían de la boca de Nakuru Akizuki, me habría reído en su cara.
-Tengo –Hizo una pausa-, no, necesito aprobar ese examen con la nota más alta. –Bajó la mirada y luego de un silencio que a mí me pareció muy largo, soltó un suspiro pesado y volvió a mirarme-. Debo presentar un examen, enviar un montón de documentos y un ensayo a la Universidad de Cornell, y necesito tener todas las materias aprobadas antes de la fecha límite. Educación Física es la única que tengo desaprobada. Y aunque al final termine yendo a otra universidad, Cornell es una tradición familiar. Ni siquiera voy al viaje de graduación por eso.
Mi mente reparó en dos cosas. Nakuru y yo teníamos algo en común: a ninguna de las dos nos gustaba dar explicaciones. Y si ella me las estaba dando justo a mí, entonces en verdad tenía que estar desesperada. Lo que me lleva a la segunda, y es que el asunto Cornell no me sorprendía en absoluto. Nakuru era muy inteligente y sus padres tenían muchísimo dinero, por supuesto que podía darse el lujo de asistir a una universidad Ivy League.
-Obviamente no voy a pasar mis tardes practicando ningún deporte. No sé si sabías, pero si no haces bien la prueba física, te ponen una teórica. ¡Teoría en Educación Física! –Exclamó alzando los brazos-. ¿Qué tan imbéciles pueden ser? Es demasiado obvio que nadie estudiaría para eso.
-Nunca entenderé cómo no pasaste Educación Física.
Ella rodó los ojos.
-Fue por las faltas, nunca traía el uniforme o no me daba la gana de hacer los estúpidos ejercicios. Y tú sabes cómo es Terada de intenso con su materia; si por él fuera, todos seríamos atletas de las olimpiadas. –Frunció el ceño y se cruzó de brazos-. Y si es por eso, digo lo mismo de ti. No hay nada más fácil que los números, y sin embargo tú preferirías cambiarle las llantas a un camión de carga antes que entrar a clase de Matemáticas.
-¡Porque los números son horribles y me odian!
Nakuru esbozó una sonrisa.
-Y por eso yo voy a presentar tu examen de Matemáticas y tú harás mi prueba de Educación Física. Si le decimos a Terada que no queremos trabajar juntas porque no nos llevamos bien, nos va a asignar un tutor a cada una del cual no nos vamos a poder librar por las tardes, y encima vamos a tener que presentar los malditos exámenes con la incertidumbre de si nos irá bien o mal.
Antes de que yo pudiera pensar o decir algo más, el profesor Terada entró al salón. Ambas acomodamos nuestras sillas mientras él tomaba su lugar frente a nosotras.
-Lo siento, era una llamada importante. –Sonrió y luego posó sus ojos en los míos-. ¿Y bien, Sakura? ¿Qué te parece mi idea?
En este momento tenía el futuro de Nakuru en mis manos. Podía decir que no estaba de acuerdo, que nos asignaran un tutor para frustrarle la vida y hacer que las adversidades no estuvieran a su favor para que no pasara el examen. Eso hubiera saldado lo que pasó con Kero.
Pero no iba a hacerlo. Primero porque yo no era tan hija de puta como para jugar con el futuro de una persona, por más terrible que me cayera; segundo, eso no me haría mejor persona, sino todo lo contrario, y yo podía ser cruel a veces, pero no me consideraba una mala persona; y tercero, yo también necesitaba pasar el examen. Además, Nakuru estaba siendo diplomática y madura al ofrecerse a rendir por mí. Era una oportunidad que no podía desperdiciar.
-Si no estás de acuerdo, puedo asignar un tutor especial para cada una…
-¡No, no! –Exclamé, sonando más desesperada de lo que quería-. No, lo que quiero decir es que su idea me parece muy buena, y estoy dispuesta a trabajar con Nakuru.
La sonrisa de Terada se expandió hasta convertirse en una verdadera expresión de felicidad y satisfacción. Lo único que le faltó fue abrazarnos y dar palmaditas de alegría.
-No se diga más, entonces. –Sin borrar su sonrisa del rostro, abrió su agenda negra e hizo un par de anotaciones-. El sábado 20, dentro de dos semanas, pueden presentar sus exámenes…
-¡¿Sábado?!
Tanto Nakuru como yo gritamos nuestra indignación al unísono. ¿Cómo era posible que pusieran un examen en sábado? Eso debería ser inmoral, inconstitucional, ilegal y ¡pecado!
Terada se rio y cerró su cuaderno. Entrelazó sus dedos y nos miró cual padre satisfecho con la lección que ha dado a sus hijas.
-Siempre he pensado que ustedes dos se parecen muchísimo. Ambas son muy inteligentes, pero muchas veces desaprovechan su potencial por querer hacer otras cosas. Y sí, el examen es el sábado 20, sin falta. Pueden retirarse.
Nakuru y yo nos pusimos de pie antes de que a Terada se le ocurriera otra de sus brillantes ideas. Una vez fuera del salón, Nakuru volvió a hablarme.
-¿Tenemos un trato, entonces? –Extendió su mano y por primera vez en muchos años, sentí que no la detestaba. Ya no tanto.
-El sábado 20 yo seré Nakuru Akizuki y tú serás Sakura Kinomoto. –Estreché su mano.
-No es exactamente un sueño, pero es justo y necesario. –Dibujó una de sus sonrisas burlonas y soltó mi mano-. Gracias, Sakura. En verdad te lo agradezco.
-Que esto represente el final de nuestras vendettas. Yo no te debo nada, ni tu a mí.
Ella asintió con la cabeza y esbozó una sonrisa casi imperceptible. Correspondí y me di la vuelta para irme. Mientras caminaba me dije a mí misma que en diez minutos podían ocurrir las situaciones más inverosímiles de este mundo. Ahora iría a la cafetería a comprarme mi merecido chocolate.
-Ah, y Kinomoto.
Me giré para mirar a Nakuru, que también se había detenido y volteado para verme.
-Por favor llega temprano.
No pude evitar reírme ante el tono recriminatorio de la petición de Nakuru. Incluso ella conocía mi terrible costumbre de llegar tarde a todas partes.
-Lo voy a intentar.
-Eso espero.
Se dio la vuelta y se marchó. Yo alcé el rostro, cerré los ojos e inhalé profundamente.
Matemáticas era oficialmente una preocupación menos.
Exhalé.
Ahora tenía que pensar cómo iba a decírselo a Tomoyo.
(Shaoran)
Después del instituto, fui a almorzar con la familia de Sakura a su casa.
Mientras me cambiaba de ropa, analicé el comportamiento de mi novia desde su visita a la oficina del profesor Terada. Se le notaba tranquila y relajada, como si estuviera satisfecha con la vida. Pero al mismo tiempo, un poco ansiosa, intranquila.
Cuando le pedí que me contara qué le había dicho Terada, su respuesta fue:
-Después te cuento.
Pero ese después nunca llegó. Y yo maldije internamente esa necesidad que tenían las mujeres de andar con un misterio para arriba y para abajo. Todas, todas y cada una, siempre había algo que te intrigaba de ellas, y uno podía pasarse la vida intentando averiguar qué era.
Tuve el placer de volver a comer algo preparado por la madre de Sakura, esta vez canelones de carne y queso.
Pero la mejor parte fue el postre: pastel de chocolate relleno de fresas y crema de chocolate. Necesitaba venir más seguido a comer a casa de Sakura.
Durante la sobremesa, comenté lo mucho que me gustaba el chocolate y lo increíble que había estado el pastel. Nadeshiko sonrió y dijo, muy amablemente, que yo siempre era bienvenido en la casa.
-¿Cómo quieres que se sienta bienvenido si Touya se encarga de que sienta lo contrario? –Preguntó Sakura con el ceño fruncido.
-Es cierto, Touya es muy celoso con Sakura. –Comentó Fujitaka con una sonrisa-. No es nada personal, Shaoran.
-Pero ahora que ya no vive aquí puedes venir con más frecuencia. –Agregó Sakura regalándome una sonrisa y acariciando mi mano por debajo de la mesa.
Yo sonreí.
-¿Sigue en su luna de miel?
-Regresó hace unos días. –Respondió Nadeshiko-. Casualmente, me dijo que pasaría hoy por la casa a buscar unas cosas. –Miró el reloj en la pared pero-. Pero como no lo ha hecho, supongo que vendrá mañana.
Ojalá.
-¿Tú tienes hermanos, Shaoran? –Inquirió Fujitaka.
-Sí, tres hermanas mayores. –Y fastidiosas, hablantinas, escandalosas y necias, quise agregar, pero probablemente a los padres de Sakura no les hubiera hecho gracia que le hiciera mala publicidad a mi familia.
Los ojos verdes Nadeshiko se abrieron con sorpresa y emoción.
-¡Tres mujeres, y mayores! –Exclamó-. Me imagino que por ser el único varón debes ser el consentido de tus hermanas.
No pude evitar sonreír. Bien, eso era cierto.
-Digamos que es un poco diferente, pero sí. –No estaba lejos de la realidad. Aunque más que el consentido, era el conejillo de indias de mis hermanas.
-¿Viven en Hong Kong con el resto de tu familia?
Asentí con la cabeza. Pero…
-Pero vendrán para la graduación. –Desafortunadamente-. En unas semanas deben estar aquí.
Sakura me miró sorprendida, probablemente porque no se esperaba esa respuesta. El único que sabía que mis hermanas venían era Eriol. Ni siquiera Meiling. Dios prohíba que se entere todavía, eso significaría un calendario donde contara los días restantes, noches de Skype con mis hermanas, miles de planes…
Sólo pensarlo me agotaba. Física y mentalmente.
Me incliné ligeramente hacia ella y susurré:
-Después te cuento.
El padre de Sakura se despidió de nosotros y se marchó al aeropuerto a buscar a un colega suyo que llegaba hoy de El Cairo. Sakura y yo nos ofrecimos a levantar la mesa, Nadeshiko se excusó y se retiró a su habitación a descansar un rato.
Después de ordenar todo, nos dirigimos al salón familiar a ver un poco de tele y a esperar a que se hiciera más tarde porque había una fogata en el Parque Pingüino con el resto de nuestros compañeros.
No teníamos ni quince minutos de estar sentados en el sofá, cuando mis hormonas comenzaron a despertarse. Hacía un tiempo que no tenía la oportunidad de estar completamente a solas con Sakura, por lo que teníamos rato sin poder… intimar como se debe.
Sakura se había acostado en el sofá, colocando su cabeza en uno de los apoyabrazos y sus piernas en mi regazo. Parecía muy concentrada viendo la repetición de las audiciones de The X Factor. Yo aproveché la posición para acariciar sus piernas lánguidamente. Ella esbozó una leve sonrisa y sin quitar los ojos del televisor, me dijo:
-Me estás haciendo cosquillas.
Yo hice caso omiso a sus palabras y continué acariciándola. Ella intentó alejar sus piernas, pero no la dejé.
-Me gusta tu piel –dije mientras ascendía por sus muslos-, es muy suave.
Ella me miró rápidamente y me guiñó un ojo.
Me incliné hacia ella a medida que mis manos ascendían, pasando por sus shorts amarillos y levantando ligeramente su camiseta azul oscuro para poder acariciar su vientre.
-Estás muy cariñoso hoy. –Dijo ella apenas mirándome. Yo sonreí y asentí con la cabeza.
-Siempre.
Acerqué mis labios a la cálida piel de su abdomen y repartí varios besos. Alcé el rostro mientras la besaba y me sonreí a mí mismo al ver que cumplía mi objetivo. Sakura cerró los ojos y soltó un suspiro casi imperceptible. Esta vez acaricié su piel con mi lengua y dirigí mis manos hacia sus pechos, para tocarlos por debajo de la camiseta. Ella se estremeció debajo de mí.
-Shaoran, creí que querías ver tele. –Abrió los ojos y me sonrió de forma pícara-. ¿No te gusta The X Factor?
Me incorporé para poder colocarme sobre ella y acerqué mi rostro al suyo.
-Pero tú me gustas más.
La besé y ella colocó sus manos alrededor de mi cuello. Continué acariciando su cuerpo y ella me mordió el labio inferior.
-Eres una mala influencia, Shaoran. –Abrí los ojos y vi a Sakura mirándome con diversión-. Yo quería ver tele y mira lo que estamos haciendo.
Sonreí-. Pero si todavía no estamos haciendo nada…
Volví a besarla, esta vez con más ganas. Sakura me rodeó con sus piernas y comenzó a moverse contra mí.
-¿Y ahora? –Susurró en mis labios. Trazó un camino con su lengua de mi boca hasta mi oreja, y allí se dedicó a morder y lamer el lóbulo y el resto-. ¿Seguimos sin hacer nada?
Yo respiré profundo. Su aliento, su boca, su lengua y sus movimientos me habían excitado demasiado. Alcé su camiseta e intenté quitarle el sostén, pero ella no me dejó.
-Vamos, Sakura –mordí su cuello-, no seas mala conmigo.
Su aliento me acarició al reírse.
-Creí que te gustaba que fuera una chica mala, Shaoran. –Volvió a morder mi oreja y yo dejé escapar un suspiro.
La tomé por la cintura y la alcé para conseguir que quedara sentada sobre mí.
-Me encanta.
Sakura sonrió y dirigió sus labios a los míos y los unió en un beso voraz. Sin dejar de besarme, me empujó, haciendo que mi espalda chocara contra el otro apoyabrazos del sofá. Acaricié su cuerpo con ambas manos y se me ocurrió una idea.
-Creo que deberíamos darle una mejor ubicación a tus manos. –Dije entre besos y tomé su mano derecha para dirigirla al botón de mis shorts-. Un mejor uso.
Abrí el botón y bajé el cierre con mi mano. Introduje la mano de Sakura dentro de mi ropa interior y…
-Monstruo, ¿has visto mi…?
Sakura y yo dejamos de besarnos para mirar a la puerta que acababa de abrirse. Y Touya Kinomoto dejó de hablar al entrar al salón y toparse con lo que debió ser la escena más desagradable de su vida. No sé qué era peor, ver a su hermana menor sentada sobre mí, o verme a mí introduciendo su mano en mis pantalones.
No sé exactamente quién hizo la primera movida, pero pronto estuvimos de pie y separados, uno a cada lado del sofá. Sakura se bajó la camiseta y yo me acomodé los pantalones, intentando disimular lo que estaba sucediendo allá abajo. Totalmente en vano, porque Touya ya nos había visto.
Creo que nunca antes me había sentido tan cercano a mi muerte como en ese momento. Sentí que el corazón me latía fuertemente y todos mis nervios colapsaban. Ni siquiera cuando mis padres me descubrieron en plena fiesta me había sentido así. Nunca. Y era entendible, porque nada se comparaba con la mirada furibunda de Touya Kinomoto, con su mandíbula apretada y sus puños cerrados… los cuales se estamparían contra mi cara en cualquier momento, estaba seguro.
-Sal, Sakura. –Fue lo primero que dijo, arrastrando las palabras por lo apretados que tenía los dientes.
Bien, al menos Sakura no tendría que atestiguar la masacre.
-Pero…
-Sal.
Mierda. Su tono de voz fue tan frío y cortante, que Sakura se calló ipso facto y salió del salón familiar sin siquiera mirarme.
-Tú…
Dijo cuando estuvimos solos. Pronto sentí el ambiente mil veces más tenso que antes. El hermano de Sakura se acercó a mí y yo tragué saliva. ¿Era mejor si cerraba los ojos para recibir el golpe?
-Maldito mocoso abusador.
Me quedé callado, en parte porque no tenía nada qué responder a eso, y en parte porque, ¿qué podía decirle al hermano de mi novia luego de que me hubiera encontrado en una situación bastante comprometedora con ella?
-Te dije que no quería verte haciendo arrumacos con mi hermana, y mucho menos dentro de mi casa.
Se acercó a mí amenazante y yo di un paso atrás. Era muy fácil sentirse intimidado ante Touya Kinomoto por lo alto que era. Pero lo siguiente que hizo, no me lo esperaba. Dio otro paso adelante y con un movimiento rápido y brusco me agarró de la oreja que minutos antes su hermana había estado mordiendo.
-Escúchame bien, mocoso insensato, porque solo lo voy a decir una vez. –Me apretaba la oreja fuertemente mientras hablaba-. Sé que no puedo controlar lo que hagas con mi hermana cuando están solos, pero espero que cada vez que tengas ganas de tocarla indebidamente te acuerdes de mí.
Auch, auch.
-Mírame cuando te hablo.
Era difícil hacerlo si tenía agarrado por una oreja.
Como si hubiera escuchado mis pensamientos, Touya me soltó y me agarró por el cuello de la camisa. Tragué saliva una vez más.
-Mientras estés en esta casa, no vas a tocarla, besarla ni nada que se le parezca, ¿entiendes?
Asentí con la cabeza, intentando no demostrarle lo asustado que estaba. Me soltó con brusquedad y me dio un fuerte empujón en el hombro que hizo que perdiera el equilibrio y diera dos pasos hacia atrás, pero por suerte no llegué a caerme.
-Quiero que mantengas tus sucias manos lejos de mi hermana. Y las suyas lejos de cualquier parte de tu cuerpo. –Volvió a acercarse a mí-. En especial esta.
Me asestó un puñetazo en la entrepierna y yo me encogí ante el dolor. Él se quedó de pie frente a mí, mirándome mientras me quejaba, disfrutando de mi sufrimiento. Cuando me dejé caer en el sofá, se alejó de mí. Y antes de abrir la puerta, volvió a mirarme:
-Que no se te olvide, Li.
Y así sin más, se largó.
(Sakura)
Si había dos personas con mucha suerte sobre la faz de la Tierra, éramos Shaoran y yo. Y es que, haber sobrevivido a que Touya nos encontrara en una situación comprometedora era casi un milagro.
Después de que Touya me echara del salón familiar para quedarse solo con Shaoran, me senté en las escaleras a esperar mi hora, porque sabía que Shaoran no sería el único. Aproveché para acomodarme el pelo y sentí que el rostro se me encendía de la vergüenza. Dios mío, ¿y si mi hermano hubiera llegado minutos después?
Me llevé las manos al rostro como si aquello pudiera aliviar de alguna forma lo que sentía. No sé exactamente cuánto tiempo pasó, pero para mi fue una eternidad.
Cuando escuché que la puerta del salón familiar se abría, me tensé. E iba a ponerme de pie cuando Touya estuvo frente a mí, pero él me indicó que siguiera sentada. Durante los primeros segundos, nadie dijo nada. No sabía si mi hermano lo estaba haciendo a propósito para hacerme escarmentar, pero estaba funcionando. Estudié sus facciones y su expresión. Ya no se veía tan furioso como minutos atrás, pero mantenía su semblante severo. Tenía el rostro de color bronceado, por su luna de miel en alguna isla griega.
-Monstruo. –Masticó las palabras-. Sakura.
Asentí con la cabeza, incapaz de pronunciar una palabra. Después de todo, ¿qué podía decir? ¿Esto no es lo que parece?
-No sé adónde se van las palabras cuando te las digo, pero aparentemente no quedan registradas en tu cerebro. –No entendí si debía responder a eso, pero a juzgar por la expresión de Touya, me parecía que sí-. ¿Recuerdas todas las veces que te dije que no te quería ver en esas situaciones con el mocoso?
Volví a asentir. Él alzó ambas cejas.
-Ah, entonces sí me escuchas y sí procesas lo que te digo. –Se cruzó de brazos-. Pero decides ignorarlo.
-Touya, yo…
-Mierda, Sakura. –Golpeó el pasamano de la escalera-. ¿Cómo voy a lograr que el mocoso me escuche y no ponga sus sucias manos en ti si a la primera que me descuido tú se lo pones en bandeja de plata?
Abrí la boca para protestar, pero no se me ocurrió una buena respuesta. Touya cerró los ojos y suspiró.
-Bien, entiendo que ya tienes casi dieciocho años y puedes tomar tus propias decisiones con respecto a tu cuerpo y a…
Silencio. Hice mi mayor esfuerzo para ocultar la sonrisa que amenazaba con escaparse de mis labios. Nunca me aburría ver a Touya incómodo por el tema Sexo-Sakura.
-Ya no puedo decirte qué cosas no debes hacer. –Mi hermano retomó la conversación, esta vez con un tono menos molesto y más resignado-. Lo único que te voy a pedir es que por favor no lo hagas en la casa, ¿qué pasa si mamá hubiera bajado?
Probablemente no estaría teniendo esta conversación.
-¿Yo? ¡Sería incapaz, Touya! –Exclamé con mi mejor cara de niña inocente. Si él supiera…
-No sé a quién intentas engañar con esa cara, Monstruo, pero conmigo no te está funcionando. –Batí mis pestañas y Touya frunció el ceño-. El mocoso debe saber agradecer las oportunidades que le da la vida, y tú –me señaló con un dedo acosador-, no se lo pongas tan fácil, Sakura.
Volví a batir mis pestañas.
-Claro que no, Touya, ¿por quién me tomas? –Me llevé las manos al pecho y me puse de pie-. Tienes un concepto muy equivocado de mí.
Sonó el timbre y yo aparté a mi hermano del medio para dirigirme a abrir la puerta.
-Será porque me has dado razones para tenerlo.
-¡Qué exagerado!
Abrí la puerta y agradecí al cielo que Anastasia Kirgyakos, mi cuñada, estuviera frente a mí. Se veía preciosa con la piel bronceada y la felicidad del matrimonio. Lo cual era inentendible, porque no me imaginaba a Touya en plan de esposo amoroso y romántico, haciéndola feliz. Me encogí de hombros.
-Anastasia, qué bueno que llegas. Tu esposito está necesitando de tu dulzura y buen humor en este momento.
Ella sonrió y me dio un beso en la mejilla. Me despedí y antes de entrar al salón familiar, le lancé un beso a Touya.
-¡Te quiero!
Él me lanzó una mirada amenazante y yo me reí.
Entré al salón y cerré la puerta tras de mí. Me sorprendió ver a Shaoran intacto sentado en el sofá con las manos en la ingle. Bueno, quizás no tan intacto…
Tenía la expresión de quien ha recibido un golpe en sus partes nobles. Pero no parecía ser nada grave, así que acorté la distancia entre nosotros y me lancé sobre él para abrazarlo.
-¡Shaoraaaaan, te quiero!
Él me abrazó a duras penas y se rio.
-Sakura, ¿estás loca? Tu hermano nos acaba de perdonar la vida y tú lo primero que haces es tirarte sobre mí. –Asentí con la cabeza y le besé el rostro repetidas veces-. Pensé que me iba a matar, pero además de un discurso moral lo único que recibí fue un puñetazo en la entrepierna.
Aquello me hizo recordar algo. Me incorporé para arrodillarme en mi lado del sofá y lo golpeé en el brazo.
-¿Por qué no me dijiste que tus hermanas venían?
Shaoran se quejó y me miró con sorpresa como si aquella fuera una pregunta muy estúpida.
-Vaya, veo que la demencia es de familia. –Dijo mientras sobaba su brazo.
Volví a golpearlo, esta vez más fuerte.
-¡Es en serio!
-¡Ay, Sakura! –Me agarró las manos para que no pudiera volver a pegarle.
-¿Es que acaso no quieres que sepan quien soy? –Utilicé mi mejor tono dramático y me llevé una mano al pecho y la otra a la frente-. ¿Te avergüenzas de mí, Shaoran? ¡Dímelo!
Él se rio y se acercó para darme un beso, pero yo lo empujé. Intentó hacerlo de nuevo, y al darse cuenta de que iba a golpearlo, volvió a inmovilizarme las muñecas.
-Sakura –Pronunció mi nombre con dificultad mientras luchaba contra mí -, aunque yo no lo quisiese, aunque te escondieras debajo de una piedra, ellas harían hasta lo imposible por conocerte, créeme.
Sonreí y dejé de luchar. Eso era todo lo que quería saber.
-¿Y cómo son? –Pregunté sonriendo, haciendo que Shaoran confirmara una vez más que su novia sí estaba loca, después de todo.
-¿Mis hermanas?
-No, las Pussycat Dolls. ¡Obviamente tus hermanas, tonto!
Shaoran se encogió de hombros y bufó.
-Insoportables e intensas. Ni siquiera tu hermano podría con ellas, Sakura. Touya se quitaría la vida el primer día.
Me reí y le di un empujoncito. ¡Qué difícil era conseguir que este hombre me hablara bien de su familia! Era como si estuviera predispuesto todo el tiempo.
-No, en serio, nunca hablas de ellas. –Insistí-. Tiene que haber algo bueno que tengas para decirme. Aunque sea sólo una cosa.
Él alzó una ceja y se cruzó de brazos.
-Te recuerdo que no son maravillas precisamente lo que dices de tu hermano.
Rodé mis ojos.
-Ay, es diferente. Además, tú ya conoces a Touya.
Shaoran pareció pensarlo por un momento. Suspiró y asintió con la cabeza. Se recostó en el sofá y me indicó que me tumbara junto a él. Yo apoyé mi cabeza en su hombro.
-Supongo que tienes razón. Puedo intentar recordar algo positivo de cada una y decírtelo, aunque nos lleve todo el día...
Me reí y asentí con la cabeza.
-Fuutie es la mayor y es la más dulce de las tres. Es una romántica empedernida que cree que todos los finales serán felices. –Esbozó una sonrisa, probablemente ante algún recuerdo agradable, y yo no pude evitar sonreír al ver los hoyuelos que se le formaban en las mejillas-. Cuando era pequeño solía tener muchas pesadillas. –Explicó-. A mis padres no les gustaba que fuera a su cuarto asustado buscando algún tipo de consuelo o resguardo; el sueño de mi madre es imperturbable, y mi papá me decía que encendiera alguna luz y que ya se me pasaría.
Me imaginé a un Shaoran de seis años pequeño y atemorizado, con el pelo revuelto y los ojos llorosos, y quise consolarlo inmediatamente.
-Hubo una noche en que Fanren y Feimei se habían ido a acampar con sus amigos, y cuando me desperté por una horrible pesadilla, lo primero que se me ocurrió fue ir corriendo al cuarto de Fuutie. Tenía pensado escabullirme en su cama sin que se diera cuenta, pero estaba despierta hablando por teléfono con una de sus amigas.
-¿Te echó de su cuarto?
Él negó con la cabeza.
-Ni siquiera lo pensó dos veces al verme de pie desamparado y temblando en la puerta de su habitación. Le dijo a su amiga que se iba a dormir, colgó y me abrió los brazos para que me acostara con ella. –Volvió a sonreír-. Desde esa noche, cada vez que tenía una pesadilla, me iba al cuarto de Fuutie y ella me recibía con los brazos abiertos estuviera despierta o no. Me acuerdo que solía cantarme canciones y acariciarme el pelo hasta que me quedaba dormido.
Por la manera en la que lo dijo, supe que Shaoran le agradecía a Fuutie por ese gesto tan solidario y dulce. Y supe que él había capturado esa esencia para adaptarla a su personalidad.
-Fanren es otra historia. –Abrió los ojos como si tuviera algo muy interesante que decirme y se incorporó ligeramente para estirarse-. Mis papás no son el tipo de padres a los que te acercas para hablarles de tus intimidades e inquietudes adolescentes, si sabes a lo que me refiero. –Me guiñó un ojo y yo me reí-. Pero mi hermana Fanren siempre estuvo ahí para eso. Cada vez que tenía alguna duda sobre algún tema que no pudiera tocarle a Ieran ni a Liang, acudía a ella. Si me entraba la curiosidad, tenía algún problema con una chica o algo así, Fanren me daba sus mejores consejos y me asesoraba.
-¿Y Feimei?.
-Feimei es muy especial. La gente suele acercarse a ella por su belleza, y muchas veces le cuesta hacer amigos duraderos por esa razón. Muchas mujeres le tienen envidia y celos porque creen que sus novios se van a enamorar de ella. La mayoría de los hombres simplemente quieren acostarse con ella. Pero Fei es mucho más que una cara bonita, ¿sabes? –Yo asentí con la cabeza-. Jamás haría algo para perjudicar a otra persona, sobre todo porque cree fervientemente que la gente no es mala de corazón. Feimei es muy chiclosa. Siempre dice que hay que decirles a las personas que la quieres cada vez que puedas, porque no sabes si podrás hacerlo de nuevo.
Mi cerebro hizo clic al escuchar esa oración. Cada vez que puedas…
Y yo ni siquiera había tenido la valentía de decirle a Shaoran que lo amaba una sola vez. ¿Sería eso una señal?
El timbre sonó.
¿Debería decírselo ya, ahora que estábamos solos y habíamos sobrevivido a la furia de Touya?
-Shaoran.
-Sakura. –Dijo él sonriendo de forma divertida y despreocupada.
Me armé de valor y respiré profundo.
-Te quiero.
Él acercó su rostro al mío y me dio un beso.
-Yo también te quiero.
Nos quedamos un silencio durante un momento, simplemente mirándonos.
Vamos, Sakura, ahora es el momento. No te eches para atrás.
-No, es que yo…
Silencio.
Son solo dos palabras, tú puedes.
-Yo te…
-¡Sakura, hija, Kero está en la puerta esperando por ti!
La voz de mi madre me devolvió a la realidad. ¿Kero? ¿Qué quería…? ¡Oh, el parque! Recordé nuestros planes de esta noche y me puse de pie rápidamente. Esa había sido una señal. Quizás no tenía que decirle nada a Shaoran, quizás hubiera salido corriendo despavorido y…
Negué con la cabeza para ahuyentar esos pensamientos. Shaoran tomó mi mano para evitar que me alejara.
-Dime, Sakura.
-¿Qué? –Fingí demencia.
Pero al girarme, me encontré con la intensidad de su mirada ambarina. Y en ese momento, se me ocurrió que a lo mejor Shaoran sabía lo que iba a decirle segundos antes. Y que quizás él también sentía lo mismo por mí.
-Ibas a decirme algo. –Insistió-. Dímelo, por favor.
Pero el momento había pasado. La intimidad se había perdido. No podía confesarle algo así con Kero esperándonos en la puerta, muchos cuando tenía ciertos planes que ejecutar.
-Simplemente que te quiero mucho, eso es todo. –Respondí para zafarme.
-¿Segura?
Asentí con la cabeza. Shaoran pareció decepcionado, pero también asintió.
Reanudé la marcha y él me siguió. Apagué la luz del salón y ambos caminamos por el pasillo hasta la puerta. Antes de llegar, Shaoran me tomó por la cintura, y sin detenernos, susurró en mi oído:
-Yo te quiero más.
(Shaoran)
Cuando llegamos al Parque Pingüino, mi mente seguía dándole vueltas lo que Sakura me había dicho en su casa. O debería decir, a lo que no me había dicho.
Por un momento, quizá el más feliz de mi vida, pensé que Sakura iba a decirme que me amaba, que estaba enamorada de mí. Por un momento.
Hasta que la madre de Sakura nos interrumpió para informarnos que Kero había llegado. ¡Maldito Kerberos! Había interrumpido un momento importante. Porque incluso si Sakura no iba a confesarme su amor, yo sí planeaba decirle lo que sentía.
Tenía que hacerlo. Haber sido atrapado por el hermano de Sakura en una situación comprometedora y vivir para contarlo tenía que ser un milagro, una señal. ¡Una oportunidad!
Pero una vez más, mis planes se vieron truncados por el destino. O por un griego entrometido. Me sentía como uno de esos villanos que salían en Scooby-Doo.
El Parque Pingüino se llamaba así porque en la parte de los juegos tenía un tobogán gigante en forma de pingüino rey. El resto del parque consistía en hectáreas de pasto, algunos árboles y bancos por aquí y por allá. Un lugar muy espacioso para hacer picnics o ejercicio, actividades al aire libre, o una reunión de graduandos que incluía una fogata, salchichas, malvaviscos y cerveza.
-¿No se supone que es ilegal consumir en alcohol en lugares públicos? –Preguntó Meiling, la agregada especial del encuentro.
-¿No se supone que es ilegal el consumo de alcohol en menores de edad? –Esta vez fue Naoko Yanagisawa la que intervino.
-Sí y sí –respondió Kerberos-, pero cuando Chiharu fue a pedir los permisos explicó por escrito que no habría alcohol en nuestra reunioncita hippie. –Sonrió-. ¿Crees que sería capaz de mentir?
La fogata había sido organizada por Kari Tomino, Chiharu Mihara y otras de las porristas. Aparentemente, el permiso lo habían conseguido de forma rápida y fácil porque el padre de Tomino era el intendente de la ciudad o algo así. Y no conforme con eso, a Chiharu se le había ocurrido la idea de presentar una carta estableciendo que como habría menores de edad y por tratarse de un lugar público y familiar, no habría bebidas alcohólicas en nuestra reunión.
Brillante.
La gente comenzó a llegar y a agruparse en torno de la hoguera que Takashi, Kano y Hiro Matamiya intentaban encender.
Sakura se alejó con sus amigas para repartir malvaviscos y salchichas entre los presentes. Yo aproveché para observar a mi alrededor y noté que la mayoría de los presentes vestían pantalones cortos, tanto hombres como mujeres. Fruncí el ceño y recordé la sugerencia que habían hecho hoy en el colegio. Tendría que ver con alguna actividad a desarrollarse durante la noche, probablemente.
No pasó mucho tiempo hasta que la fogata estuvo encendida y todos estuvieron sentados asando salchichas y malvaviscos.
Sakura arrugó el rostro porque odiaba la cerveza, y era lo único que había para tomar, además de Coca-Cola.
Chiharu miraba a Yamazaki con asco mientras él untaba el malvavisco derretido en su salchicha. Él se puso de pie y comenzó a relatar historias y anécdotas sobre el colegio, siendo interrumpido por su novia cada vez que comenzaba a exagerar los eventos o a agregar detalles que no habían ocurrido.
-Recuerdo como si hubiera sigo ayer cuando el pequeño Shaoran llegó a Seijo. –Takashi sonrió y me miró.
Yo dejé de masticar cuando me di cuenta de que la atención se mis compañeros estaba puesta en mí
-Tuvo un primer día muy especial, una cálida bienvenida. –Su sonrisa hacía que sus ojos se vieran muy pequeños. Mis compañeros de salón rieron al recordar la historia-. Aunque no a todos les gustó el desenlace, ¿verdad Hiro?
Sakura soltó una carcajada y pronto se tapó la boca. Yo me reí ante su reacción. Hiro Matamiya le sacó el dedo del medio a Yamazaki y le dio un sorbo a su cerveza.
Luego de las historias, subieron el volumen de la música y la gente comenzó a formar sus propios grupos por aquí y por allá. Ayudé a apagar la fogata con varios de los chicos del equipo de fútbol. Las porristas se agruparon con Kano y un chico de baja estatura que estaba en el otro salón, y de un momento a otro, desaparecieron.
Fruncí el ceño. Tenía el presentimiento de que aquí iba a pasar algo más. No creía que estaba reunión era únicamente para tomar cerveza y charlar junto a una fogata.
Mientras conversaba con algunos de mis compañeros vi llegar a Eriol junto a Tomoyo. Aquello me sorprendió y extrañó al mismo tiempo. Primero, por la hora a la que estaban llegando; segundo, porque estaban juntos.
Tomoyo se despidió de mi mejor amigo con un gesto y caminó en dirección de Rika Sasaki. Eriol pareció buscar a alguien entre la gente.
-¡Eh, Eriol! –Lo llamé.
Él me miró y caminó hacia donde estaba.
-Te vi llegar con Tomoyo. -Alcé ambas manos en señal de duda.
-Estábamos en la dichosa cena familiar con su mamá y mis tíos. ¿Te acuerdas que te comenté? -Me respondió y yo alcé las cejas y asentí con la cabeza-. Pues al final Tomoyo y yo no pudimos zafarnos y nos tocó asistir.
-¿Y qué tal?
Eriol pareció pensarlo. Empezamos a caminar por entre nuestros compañeros, que bebían cerveza y coreaban la canción que estaba sonando desde algún lugar que yo no había podido identificar.
-No fue tan incómodo como pensé. Mis tíos son muy discretos, y aunque a Sonomi le gusta hablar mucho, no hizo preguntas indeseadas.
Yo sonreí, evocando la imagen de la mamá de Tomoyo. Luego de la boda del hermano de Sakura, había tenido la oportunidad de verla dos veces más, en casa de Tomoyo, en dos ocasiones en las que habíamos ido a ver películas. Una de esas veces, un sábado, yo había ido a la cocina para servirme algo de tomar y hacer más palomitas, cuando Sonomi apareció. Yo intenté que no se me saliera la baba cuando la vi aquella elegante bata de satén que no dejaba ver demasiado, pero que mostraba lo suficiente para que mi imaginación se disparaba. Recuerdo que me comentó que acababa de finalizar su sesión semanal de masajes, que la ayudaban a liberar el estrés de la semana, y me preguntó por mí (mi familia, Hong Kong, las clases, mi futuro). Yo estaba tan encantado de que aquella espectacular y maravillosa mujer quisiera tener una conversación conmigo, que ni siquiera me di cuenta de cuando Tomoyo entró a la cocina a buscarme, indicándome que me estaban esperando en la sala.
-No puedo creer que hayas cenado en la misma mesa que Sonomi Daidouji. -Le respondí, recordando lo sensual que se había visto con aquella bata blanca-. Yo hubiera lamido su plato.
Eriol soltó una carcajada y me miró con los ojos muy abiertos.
-¡Vaya! ¡Así que a ti también te gusta la mamá de Tomoyo! -Exclamó mirándome con las cejas alzadas-. Pues, tendrás que hacer fila. Tiene un club de fans, y el presidente es Yamazaki.
Yo me reí y asentí con la cabeza. Le pregunté por la cena, y Eriol me contó que seguramente ya sus tíos y Sonomi sabían que lo suyo con Tomoyo se había terminado, pero como después e la cena habían salido directo para el parque, no había tenido tiempo de hablar con sus tíos.
Yo pateé una piedrita y fruncí los labios.
-Yo también tuve un encuentro cercano con la familia de Sakura.
Eriol sonrió al ver la expresión en mi rostro.
-Y por esa cara deduzco que no fue precisamente un día en el campo.
Me reí ante el recuerdo del hermano de Sakura amenazándome de muerte.
-Al principio lo fue. Almorzamos y tomamos el postre con sus papás, una amena velada. Nadeshiko es encantadora y el Sr. Kinomoto es un ángel. Luego el padre de Sakura fue a recoger a un amigo suyo al aeropuerto y su madre subió a su habitación a descansar. Nos quedamos solos en el salón viendo la tele, y como teníamos mucho tiempo sin estar los dos juntos y solos yo no me pude controlar… así que la cosa se puso picante.
Eriol alzó una ceja-. No entiendo qué puede tener eso de malo, hasta ahora suena como una reunión feliz con un final prometedor. –Esbozó su sonrisa pícara y me guiñó un ojo.
-Pues es aquí donde hay un giro en la historia, amigo mío. O debería decir, un invitado especial e inesperado: la aparición estelar de Touya Kinomoto.
Eriol abrió sus ojos y su boca sorprendido, y yo me reí ante su expresión.
-No me digas que te encontró making love to his little sister.
-No, no exactamente. Pero entró justo en el momento en que yo metía la mano de Sakura dentro de mis pantalones e introducía mi lengua en su boca.
Por la forma en la que mi mejor amigo se rio, no me costó deducir que tenía mucho tiempo sin hacerlo a carcajadas. Algunas chicas nos miraron y sonrieron. Él se secó las lágrimas y colocó su mano sobre mi hombro, en señal de apoyo.
-Es casi un milagro que sigas vivo, hermano. –Me dio un par de palmadas en la espalda y yo asentí con la cabeza-. Y con todas las partes de tu cuerpo intactas.
Bajó su puño para intentar golpearme en la entrepierna, pero yo fui más rápido y lo esquivé. No iba a recibir dos de esos en un día, oh no.
-Las mujeres nos van a matar un día de estos. –Comentó mi mejor amigo mientras sonreía.
¡Eso era lo que yo siempre pensaba! De una mujer vinimos y por una de ellas nos iremos. Y hablando del tema…
-Ahora que estamos hablando de mujeres y morir… lo único que me faltaba es que mis hermanas hayan decidido venir a visitarme. –Rodé los ojos y Eriol me miró sorprendido.
-¿Ah, sí? ¿Por la graduación? –Asentí. Él sonrió-. ¿Y, cómo está Feimei?
-Bien.
Intenté aparentar seriedad ocultando mi sonrisa. Ya sabía por dónde se iría la conversación. Si Tomoyo vivía torturada por los comentarios inapropiados con respecto al físico de su madre, a mí me pasaba lo mismo con mis hermanas. En especial con Feimei.
-Insoportable como siempre. Aunque me imagino que ahora más porque no me ha visto en mucho tiempo. ¿Sabes qué es lo peor? Que las tres tienen planeado quedarse en mi casa.
-Eso no me extraña. Pero me imagino que tus señores padres no comparten esa idea.
-Ieran y Liang se hospedarán en el mejor hotel cinco estrellas, por supuesto. Yo sólo espero que las niñas decidan hacer lo mismo. –Bufé.
-¿Crees que Feimei quiera conmigo ahora? –Me miró como un cachorro que espera una recompensa luego de haber aprendido un truco nuevo-. Ya soy mayor de edad.
-Eriol, hermano, lamento ser yo quien te diga esto, pero soy tu amigo y debo ser honesto contigo. –Coloqué mis manos sobre sus hombros-. A las mujeres no les gustan los cuatro ojos.
Eriol soltó una carcajada y me dio un empujón. Yo me reí.
-Ahora que lo pienso, creo que solo a Tomoyo le gustan... o debo decir, gustaban. -Coloqué mi mano en mi mentón-. ¿Y te los dejabas puestos durante el sexo? Y si no, ¿cómo ves? -Cerré los ojos y extendí mis manos-. "Tomoyo, Tomoyo… ¿Esta es tu cara? ¡Ups, creo que no!"
Ambos nos reímos mientras yo acariciaba un cuerpo imaginario.
-Si tengo cerca el objeto de interés, lo veo perfectamente; mis lentes son para ver de lejos, principalmente. Y al menos este «cuatro ojos» nunca fue amenazado por un hermano mayor celoso y psicópata. Mi vida sexual jamás se vio afectada ni por un hermano ni por una prima intensa que se mudó conmigo.
Golpe bajo-. Touché. Por cierto, ¿cómo hacías para tener sexo con Tomoyo? Si no te molesta contarme, claro.
-Cuando mis tíos estaban de viaje, íbamos a mi casa. Cuando Sonomi estaba de viaje, lo hacíamos en la suya. Y si mis tíos y su mamá estaban en Tomoeda, pues, nos las ingeniábamos. Nuestras casas son muy grandes.
Me guiñó un ojo y yo asentí con la cabeza. Iba a hacer un comentario sobre si alguna vez había fantaseado con su exsuegra, cuando Meiling se acercó a mí para darme un abrazo.
-Kero me va a llevar más temprano a la casa, Xiao. Estoy cansada y me duele la cabeza.
-¿Tienes llave? –Pregunté rodeándola con uno de mis brazos.
Mi prima asintió con la cabeza y me dio un beso en la mejilla y luego de separarse, se despidió de Eriol.
Mientras se alejaba caminando de nosotros, me crucé de brazos y miré a Eriol alzando las cejas, todavía sin poder creer lo que mis ojos veían.
-Borrón y cuenta nueva con Meiling.
-Me alegra saberlo. –Coloqué mi mano sobre su hombro-. Es bueno saber que ya no te odia por haberle roto el corazón frente a un montón de gente…
-¡No me hagas sentir peor!
-¡Y el día de su cumpleaños! –Exclamé y me reí. Eriol me miró con el ceño fruncido y una clara expresión de culpabilidad.
-No te deseo mal, pero ojalá Sakura no quiera acostarse contigo en lo que queda de año.
Solté una carcajada y mi amigo sonrió. Definitivamente ese sería un castigo terrible, pero ahora lo que me preocupaba era otra cosa.
Iba a contarle a Eriol sobre mi situación, pero no tuve tiempo, porque cuando una serie de eventos que ocurrieron simultáneamente alteraron el orden de todo lo que estaba sucediendo.
Primero, escuché gritos detrás de mí, pero antes de girarme, tres chicas que estaban sentadas en el pasto muy cerca de nosotros gritaron y se pusieron de pie para largarse a correr. Luego, algo ovalado de color amarillo golpeó en el hombro, salpicándolo de pintura.
Pero cuando iba a girarme para ver de qué huían las chicas, algún objeto desconocido me golpeó el rostro, y al hacerlo, me salpicó de lo que parecía ser pintura. Entonces lo entendí todo.
Me pasé ambas manos por la cara y al recuperar la visión, me di cuenta que lo que me había golpeado había sido un globo lleno de pintura morada.
Las chicas que antes habían corrido hacia mi derecha, se regresaron corriendo con un grupo aún mayor de personas, que también parecían igual de sorprendidos y aterrorizados que ellas.
Alcé el rostro y me encontré con un ejército de porristas con cubetas llenas de globos inflados con pintura. Sakura me guiñó un ojo y me lanzó un beso.
Así que fuiste tú, traviesilla.
-Oh, mierda.
Eriol había dejado de intentar quitarse la pintura amarilla de la camisa para mirar al otro lado. Al voltearme vi a los chicos del equipo de fútbol que cargaban pistolas de agua que también estaban rellenas de pintura. Mierda, traicionado por mi propia gente.
Me encontraba en el centro de una guerra de pintura, acorralado junto con Eriol y el resto de mis compañeros.
¿Y ahora quién iba a salvarnos de esta?
-.-
Meiling salió del auto seguida de Kerberos, que se quejaba de cómo los productores de algunas series las prolongaban innecesariamente, convirtiendo la historia en un laberinto sin pies ni cabeza.
Mientras su amigo hablaba, Meiling pudo evitar recaer en una idea que le había surcado la mente como una estrella fugaz aquella mañana, al caminar hacia la entrada del edificio y se acercaba el momento de despedirse.
Luego de haber aclarado sus asuntos con él, su amistad con Kerberos había continuado igual que antes. Y ella le hubiera agradecido a la vida por ello, de no ser porque cada día se convencía más de que no existía ni la más remota posibilidad de que su amigo la viera como algo más que eso.
Meiling había intentado pasar la página, colocar a Kerberos en la zona de amigos y olvidarse de su atracción hacia él. Pero la idea de que pudieran intentarlo era mucho más fuerte que cualquier otra cosa. Se acercaba el día de su regreso a Hong Kong, así que debía aprovechar el tiempo al máximo. Y si Kerberos la rechazaba, entonces aceptaría su situación y continuaría como su amiga.
-Espera.
Kero detuvo sus pasos y al girarse, y se encontró con los grandes ojos de Meiling mirándolo.
-No te vayas aun.
Meiling tuvo que repetir la petición al ver que él no decía nada. Su silencio estaba poniéndola nerviosa.
-¿Por qué?
-Porque me gustas. –Lo interrumpió.
-Pero tú y yo, es que… somos amigos, yo pensé que…
-¿No te gusto ni siquiera un poco? -Preguntó ella.
-Sí, pero...
Eso era todo lo que necesitaba. Meiling acortó la distancia que los separaba, rodeó el cuello de Kero con sus brazos y unió sus labios a los de su amigo.
¿Amigo? ¡El mejor amigo que había tenido en toda su vida!
Kero correspondió al beso luego de los pocos segundos que le tomó a su mente asimilar lo que estaba sucediendo, pero tuvieron que separarse en el momento en que una pareja de adultos les pasó por un lado cuando salían del edificio.
-Buenas noches. –Dijo la mujer intentando ocultar su sonrisa.
-Buenas noches. –Respondieron al unísono.
Los siguieron con la mirada hasta que el hombre se subió al auto –después de haberle abierto la muerta a su novia o esposa- y encendiera el motor para perderse calle abajo.
-¿Qué piensas?
-Pienso que vas a tener que besarme otra vez, porque soy obsesivo compulsivo y no me gustan los números impares.
Meiling sonrió y antes de que Kero pudiera corresponderle, volvió a besarlo.
(Shaoran)
Me sentí en el centro de un mosh pit cuando ambos grupos comenzaron a correr hacia nosotros para lanzarnos globos y dispararnos pintura. De repente todos corríamos en cualquier dirección para intentar huir de la pintura, pero siempre era demasiado tarde.
Al menos para la mayoría, y sobre todo para mí, que había recibido globazos azules, verdes y rojos, y uno que otro disparo amarillo y rosado. Mientras corría, mis ojos buscaban a Sakura entre el despelote de gente. Necesitaba encontrarla para sumergirla en pintura.
-¡Ahhhh, auxiliioooooo!
Me giré bruscamente para identificar a la persona que venía gritando ayuda, y me encontré con Kari Tomino, la mejor amiga de Nakuru, y la chica con la cual me había tropezado en mi primer día de clases haciendo que todos sus papeles se cayeran al suelo. Hasta ahora, había salido bastante bien librada con tan solo una mancha de pintura en su rodilla. Un momento, ella también era porrista… o sea que era una guerra de todos contra todos.
-¡Quítate! –Me gritó y yo miré detrás de ella para ver a Yamazaki, que venía persiguiéndola con un enorme globo rosado.
Al verme, sonrió y arrojó el globo con tanta fuerza que probablemente iba a alcanzarme. Oh, no, esta vez no sería yo quien se llevara el fiasco.
Obedeciendo la premisa que establecía que en la guerra todo se vale, me aproveché de dos cosas: la primera, que Kari Tomino corría en mi dirección; la segunda, que era una chica de baja estatura y complexión delgada. Así que la alcé por la cintura y bloqueé el globazo con su cuerpo.
El grito no se hizo esperar, así que volví a colocarla en el suelo.
-¡Eres un…! –Alzó su rostro mientras se tocaba la espalda, y al reconocerme de cerca, sus ojos se abrieron por sorpresa y furia-. ¡Grandísimo imbécil! ¡Ugh! ¡Te odio!
Yamazaki se tiró al suelo para reírse a carcajadas. Yo le sonreí a Kari y me acerqué a su frente para darle un rápido beso de agradecimiento.
-¡Muchas, gracias me salvaste!
Ella se limpió la frente y yo salí corriendo antes de que decidiera golpearme.
Sakura, Sakura, ¿dónde estás, mi flor de cerezo?
Ya de por sí era difícil ubicar a alguien con tanta gente corriendo y gritando, y si encima estaban cubiertos de pintura, sólo me complicaba más el asunto. Además, sin nada para defenderme, era el blanco perfecto para cualquiera.
-¡Shaoran!
Rika Sasaki me lanzó una de las dos pistolas de agua que tenía y yo la atajé con dificultad, porque estaba manchada. Le agradecí con un gesto y ella asintió con la cabeza.
Ya armado, continué con mi búsqueda.
-¡Encendieron los aspersores!
Alguien gritó a mis espaldas y me giré para encontrarme con los aspersores del parque encendidos, a varios metros lejos de mí. Sonreí ante la casualidad y, al quedarme atolondrado, sentí que alguien me salpicaba con pintura roja.
-¡Qué bien te sienta ese color!
Tomoyo me había lanzado un globo no muy grande. Aproveché se había quedado desarmada par acercarme a ella. Disparé un poco de pintura al aire para intimidarla, y descubrí con sorpresa que era verde.
-Queridísima Tomoyo, no debiste hacer eso.
Ella sonrió y se echó para atrás.
-No te atreverías, Shaoran, ¡creí que éramos amigos!
-Yo también, hasta que me lanzaste un globo rojo. –Caminé hacia ella con paso lento pero decidido.
-En realidad era morado, la pintura era roja.
Esta vez fue mi turno de sonreír.
-Me preguntó cómo te verás cubierta de mi color favorito… aunque sería una lástima, porque la ropa que tienes puesta es muy bonita y elegante.
La apunté con la pistola pero ella corrió hacia mí para quitármela. Forcejeamos durante unos segundos, donde ambos nos embarramos de pintura verde. Cuando intenté morderle la mano para que la soltara por fin, ella me disparó un chorro de pintura verde en la boca.
Me alejé para escupir la pintura y limpiarme. Ella se rio triunfante. Aproveché que se reía y ya no me atacaba para quitarme la camiseta y limpiarme la boca y el rostro con ella, y después usarla de bandera blanca. Aunque pareciera más bien un arco iris.
-¡Me rindo, me rindo! –Le dije alzando mi camiseta-. Hagamos un trato. Te dejo la pistola si me ayudas a buscar a Sakura.
Ella asintió con la cabeza-. Sígueme, soldado.
Nos tomó diez segundos ubicar a Sakura, que estaba casi intacta arrojándole globos de pintura a todo el que pasaba cerca de ella y de Chiharu. Aproveché que estaba dándome la espalda para correr hacia ella y cargarla de volandas.
-¡Ahhh, Chiharu, ayudaaaaa!
Chiharu alzó un globo para arrojármelo pero Tomoyo fue más rápida que ella, y le disparó con la pistola. Sakura alzó el rostro para ubicarse y entender qué estaba sucediendo.
-¿Qué es esto? ¡Traicionada por mi novio y mi mejor amiga!
Le di una nalgada mientras me alejaba con ella hacia los aspersores. Ella me golpeó. La canción anterior se acabó y comenzó a sonar una que reconocí de inmediato.
Some nights I stay up cashing in my bad luck
Some nights I call it a draw
Some nights I wish that my lips could build a castle
Some nights I wish they'd just fall off
Sentí un escalofrío muy gratificante recorrer mi espina dorsal. Si había una banda y una canción que podían ponerle emoción a una guerra de pintura, era Some Nights FUN.
But I still wake up, I still see your ghost
Oh, Lord, I'm still not sure what I stand for oh
Whoa oh oh (What do I stand for?)
Whoa oh oh (What do I stand for?)
Most nights I don't know anymore...
-¡Shaoran, bájame! –Sakura gritaba encima de mi hombro mientras me golpeaba la espalda sin detenerse.
-Has sido una niña muy mala, Sakura Kinomoto, y voy a castigarte por eso.
-Si no estuviéramos en estas circunstancias, no me molestaría en absoluto que me dijeras eso.
-This is it, boys, this is war! –Repetí la letra de la canción.
-¿Adónde me llevas?
-Ya verás, preciosa.
Caminé con paso rápido hasta que llegué justo al centro de donde se encontraban los aspersores. Sakura gritó cuando sintió que el agua helada la mojaba.
-¡Si no te puedo llenar de pintura, será de agua!
La coloqué sobre el pasto y ella me empujó y me golpeó el pecho y los hombros.
-¿¡Por qué me odias, Shaoran!?
Volví a alzarla, esta vez como esos recién casados que cargan a sus esposas para entrar a la habitación de bodas.
-¡Fuiste tú quien empezó! –Exclamé mientras daba vueltas para marearla-. Y no te odio, Sakura, ¡te amo!
No sé si fue la adrenalina, la pintura, el agua o la canción de FUN., o quizás todos los elementos juntos, pero muy dentro de mí sentí la necesidad de decirle a Sakura que la amaba.
-¡Amo que seas una tramposa y que hayas acaparado todos los globos con Chiharu! –Exclamé mientras dejaba de mecerla-. Amo te gusten estas cosas y que de hecho tengas buena puntería. –Volví a bajarla y puse mis manos en sus mejillas-. Y amo que en este momento me mires como si estuviera loco.
Sakura tenía los ojos muy abiertos y la expresión de quien acaba de ver un fantasma. O de escuchar algo que no se esperaba. En medio de una guerra de pintura y debajo del agua helada de unos aspersores.
-Pero probablemente lo estoy. Y sé que voy a sonar como un cliché caminante, como el tipo más cursi del mundo, pero tú me vuelves loco, Sakura. –Sonreí mientras acariciaba su rostro-. Y por eso te amo.
La voz de Nate Ruess continuaba cantando a todo pulmón. Sakura abrió la boca un par de veces, pero volvió a cerrarla. Y antes de que yo pudiera arrepentirme y preguntarle qué pensaba, esbozó la sonrisa más grande que le había visto, me rodeó el cuello con sus brazos y me plantó un beso en la boca.
Yo rodeé su cintura con mis brazos y le correspondí, satisfecho con esa respuesta, porque sabía lo que significaba ese gesto.
-El día que nos besamos por primera vez también nos mojamos con aspersores, ¿te acuerdas? –Preguntó luego de separar sus labios de los míos Asentí con la cabeza-. Amo que hayas elegido este momento para decirme esto. Yo también estoy loca por ti, Shao –me beso repetidamente-, locamente enamorada.
Esta vez fui yo quien esbozó la sonrisa más grande de mi vida, mientras sentía que me daban el premio al hombre más afortunado del mundo.
-Y también te amo.
La besé con toda la emoción y las ganas que sentía. Y no me importó que nos arrojaran globos, ni que me dispararan pintura, ni que el agua nos estuviera empapando. Porque en ese instante, lo único que me importaba era que Sakura me amaba, y yo la amaba a ella. Que sus labios me besaran con la misma intensidad, y que su cuerpo se aferrara al mío mientras la alzaba y le daba vueltas por el pasto, significaba el mundo para mí.
No me importaba que me vieran haciendo una escena, ni que la canción se estuviera por acabar, ni que nos echaran del parque por ese despelote. No me importaba agarrar una neumonía ni que el hermano de Sakura fuera un psicópata enfermo.
Porque aquel era el mejor momento de mi vida.
Así que lo que tenía preocupada a Nakuru era el extraño plan de Terada. "Antinatural", como dijo Sakura. ¿Se imaginan a esas dos haciéndose pasar la una por la otra para salvarse el pellejo? ¿Qué pensarán Tomoyo y Kero? ¿Y Shaoran? Lo único que les puedo adelantar es que Nakuru juega un papel más importante del que creen para el desenlace de la historia... y no, no es el de villana hija de puta. El papel de antoganista ya lo tuvo. A sus haters les digo que tal vez no la odiarán tanto en el futuro, pues tendrán la oportunidad de conocerla mejor.
Hablemos de Touya. Vaya, tal parece que Anastasia tiene buena mano y le ablandó el corazón durante la luna de miel, porque en otras circunstancias hubiera mandado a Shaoran al hospital -o a la morgue- y a Sakura a un convento. Pero el hermanito decidió ser benevolente. Y hablando de hermanos... ¡las hermanas de Shaoran! A todas las interesadas, no se impacienten, que van a aparecer muy pronto.
¡Y Meiling y Kero también tuvieron su momento! Espero sus comentarios.
Y ahora, lo más inesperado del capítulo: la confesión de amor. Conociendo a nuestros personajes, me parece que no podía ser de otra forma. En medio de una guerra de pintura, bajo el agua de los aspersores y con Some Nights de fondo.
Eso es todo por hoy. Muchas gracias por sus comentarios, espero con ansias los reviews de este capítulo.
Canción: Some Nights
Cantante: FUN.
Álbum: Some Nights
