Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, del resto la historia es completamente mía.
Advierto que los personajes van a ser un poco diferentes que los que aparecen en el libro.
Este capítulo tiene algo de Lemmon (Sexo), queda de ustedes mis lectoras en leerlo.
Capítulo 20: Posesión
Al quitarle su camisa, vi como era su pecho y abdomen. Una vez me había contado que él le gustaba hacer ejercicio y debo admitir que su pasatiempo ha dado frutos; no lucía como un humano atlético, pero era bastante delgado y se veía un leve rastro de sus músculos tonificados debido al ejercicio.
Edouard seguidamente me quitó la camisa, dejando a su vista un sostén de copa color negro que cargaba. Apenas vio mis senos, con timidez levantó una mano hacia uno de mis senos y antes de tocarlos miró a mi rostro, pidiendo con su mirada permiso, cosa que con mi cabeza asentí. Apenas colocó una mano en uno de mis senos, lo apretó suavemente nervioso, me acerqué a él para seguir besándolo; mientras me besaba y acariciaba mis senos, tuvo el atrevimiento de bajar las tiras de mi sostén por completo, haciendo que dejara al descubierto mis pechos, él se separó de mí y las observó con detenimiento. Los latidos de su corazón aumentaron y se notaba que estaba nervioso; me terminé de quitar el sostén y lo lancé hacia algún lado del apartamento.
Edouard se encontraba paralizado, sabía que estaba muy nervioso y no admitía a viva voz que no sabía que hacer ante esto que estábamos haciendo. Tomando las riendas nuevamente, me alejé un poco de él y me puse a su lado; coloqué mis manos en su pecho y lentamente fui bajando hacia su pantalón, cuando llegué hasta su cinturón empecé a desabrocharlo y la respiración de Edouard aumentó. Una vez que desabotoné su pantalón dejó al descubierto su ropa interior, este trozo de ropa no era suficiente para cubrir la gran erección que tenía, ya que se podía asomar un trozo de la punta de su pene.
Miré a Edouard y este miró hacia sus partes, luego a mí y tragó seco.
–No te asustes. –luego de decirle esto, le di un dulce beso en sus labios.
Bajé un poco su pantalón y ropa interior, liberando su erección. Ensalivé un poco mi mano derecha y la llevé a su miembro, cubriendo parte de el y empecé con el movimiento, arriba y hacia abajo. Edouard inmediatamente empezó a gemir por mi contacto, echó su cabeza hacia atrás mientras tenía los ojos cerrados.
Sus gemidos iban en aumento y una de sus manos las llevó al posabrazos, apretándolo fuertemente, y cada vez más yo iba más aumentando el movimiento que le hacía a su pene. Hasta que finalmente produjo un pequeño grito de excitación, seguido de chorros de semen expulsando de su miembro, cayendo gran parte de el en mi mano. Mi mano la llevé cerca de mi boca y lamí aquel líquido amargo, llenando mi boca de su esencia, mientras lo hacía, veía a mi pareja como sus pupilas se dilataban de más, indicándome que le gustaba lo que estaba haciendo.
Una vez terminé de limpiarme, le quité a mi pareja sus zapatos y su pantalón, trayéndome con él su ropa interior. Edouard de forma nerviosa fue al broche de mi pantalón, pero de los nervios no podía desabrocharlo, así que lo hice por él; me quité los zapatos y empecé a bajarme el pantalón junto con mi ropa interior. Cuando mis pantalones estaban a la altura de mis muslos, sentí la llamada de mi creador, pero esta vez era diferente; en vez de ser un escalofrió, era un dolor de espalda en toda mi columna y ese aire etéreo me llamaba con más exigencia. El dolor hizo que cayera de rodillas al piso y tuviera a mi lado a un preocupado Edouard.
–¡¿Bella?! –se acercó a mi lado. –¿Qué te sucede? –negué con la cabeza para que no se preocupara.
–Solo que me dio un molesto dolor de espalda, eso me indica que me va a venir el periodo. –mi pareja, al no saber de estas cosas femeninas se lo creyó.
En eso percibí dos olores en la puerta de mi apartamento. El olor de Alec y de… mi creador. Alec tocó la puerta y miré a Edouard, este sin decirle nada, empezó a vestirse, al igual que yo. Una vez vestidos me acerqué a la puerta para abrirla; apenas mis ojos posaron en Stefan me tuve que contener en no lanzarme hacia sus brazos, pero en sus ojos denotaba preocupación.
¿Qué pasó?
Alec miró al fondo del apartamento, viendo a Edouard y luego a mí, se notaba por su rostro que sabía lo que estaba sucediendo. Mi creador se dio cuenta de esto, pero su rostro no mostraba ninguna emoción alguna, solo preocupación y frustración.
–Discúlpenme por arruinar el momento, pero tengo que llevarme a Edouard antes de que sus padres se preocupen. –dijo Alec. Y sin algún filtro verbal habló Edouard.
–Bella ¿Quién es él? –señalando con su mirada a Stefan. Estaba posesivo y más por la forma en que me miraba mi creador.
–Él es Stefan, mi…–no podía decirle creador, pero tampoco amigo. Stefan se dio cuenta y habló.
–Soy su padre adoptivo. –miré a mi pareja y este abrió los ojos nervioso. Edouard tardó en reaccionar, hasta que finalmente habló.
–Mucho gusto señor. –Edouard le dio la mano a Stefan. –Me llamó Edouard Masen.
–Bella me ha hablado mucho de ti. –dijo Stefan. Yo los miraba impasible a los dos. –Eres un buen chico. –Edouard solo asintió nervioso.
–Edouard vámonos. –habló Alec finalmente.
–Un momento. –Edouard se giró a mi y cogió mis manos incomodo, debido a que Stefan nos miraba. Miré a mi creador y con mi simple mirada regresó fuera del apartamento junto con Alec. Apenas mi creador cerró la puerta de mi apartamento, subió sus manos a mi rostro.
–Que no te suceda nada malo. –me dijo mientras acariciaba mis pómulos con sus pulgares. –Eres lo mejor que me ha pasado. –luego me besó con pasión. Cuando finalmente nos separamos hablé.
–Luego seguimos con la sesión. –le dije de forma picara y este sonrió cómplice. Luego Edouard se puso serio nuevamente.
–Cuídate mucho y regresa pronto. –me volvió a besar, pero esta vez era mas pequeño.
Se giró a la puerta y antes de abrirla para salir, me vio por última vez por unos momentos y salió.
Me quedé mirando fijamente la puerta… no quería alejarme de mi pareja… algo dentro de mi lloraba por su acercamiento, pero tenía que resistir y más por lo que tenía que hacer.
Stefan entró y su rostro se veía aliviado, el se acercó a mí y me abrazó, yo no le devolví el abrazo, pero si mi respiración era más errática.
–Finalmente te puedo ver. –no respondí. Mi creador solo me sobaba la espalda. –Sé que duele mucho, pero tienes que resistir… saber como controlar esas emociones de estar con el chico. –no respondí. – Yo pasé por algo similar, fue al principio cuando había encontrado a mi pareja, hasta que pude acostumbrarme a esa sensación. –fruncí el seño ante lo que me dijo. –Antes de que preguntes en donde está mi pareja, fue asesinada. –me alejé de él sorprendida. –Todavía estoy vivo porque estoy esperando el momento exacto para rescatarla. Ya falta poco. –hizo una pequeña sonrisa. De pronto cambió el tema. –Tu humano tiene un poder extraño, no puedo verlo. –en estos momentos no quería hablar. Así que dejé que mi creador viera mi destino. –Así que ni tus hermanos, Alec y tú no pueden verlo, el chico es un mortal y ya tiene un poder. –luego de unos segundos, mi creador volvió hablar. –Hija mía, si quieres estar con él tienes que deshacerte de Zafrina e inmediatamente convertirlo, sin importar su edad, sé que Edouard te va a querer. A él también le afecta la separación y va a ser imposible que se pueda separar de ti. –puso su mano en una de mi mejillas. Luego su rostro frunció. –Lo que no entiendo es que ahora no puedo verlo, antes si, pero ahora no. –dijo Stefan frustrado. Finalmente hablé.
–Igual yo, desde hace años tenía visiones de él, pero ahora…–le admití frustrada por este hecho.
–Lamento haberte arruinado el momento. –dijo mi creador en tono culpable. –Cuando desperté simplemente habías desaparecido de mis visiones, me teletransporté donde estaba Alec y él me dijo que no sabía donde estabas, pero suponía que estabas aquí, por esto te llamé con más furia, hasta que sentí una leve sensación de ti.
–Literalmente me hiciste daño para la segunda vez que me llamaste. –le conté a mi creador.
–Tu humano es asombroso. –mostrándome una pequeña sonrisa. –Pero en su mirada se muestra que tiene una dura y triste vida.
–Y la tiene. –le admití.
–¿Qué tal si conseguimos algo que comer y me cuentas sobre tu pareja? –en eso me di cuenta que tenía ojeras y sus ojos estaban más oscuros.
–Si, pero no nos podemos tardar mucho. Tenemos que cuidarlo de Zafrina. –el asintió y ambos salimos de cacería.
Después de consumir tres cuerpos cada uno, sin vaciarlos, le di un pequeño tour cerca de donde vive mi pareja, solo para que conociera el terreno. Antes de terminar la noche, estando en mi apartamento, llamé a Alec para que vigilara a mi pareja; luego, fui a la cama y segundos después de tocar la cama, Morfeo me recibió en sus brazos.
Abro mis ojos, me doy cuenta que estoy acostada y lo que encuentro es un cielo nublado, de él brotaba del cielo pequeños copos de nieve. Me siento y observo que estoy en una especie de bosque muerto debido al invierno que había en el lugar, a unos cuatro metros se encontraba un lago negro como la noche.
¿En dónde estoy?
De repente escucho un ruido por el bosque, algo moviéndose… me levanto rápidamente, pero me doy cuenta que la velocidad que me levanté del suelo era humana, noto que en mi pecho hay un tambor, mi pecho se mueve y suena.
¿Mi… corazón? ¿Soy mortal otra vez?
Entre los arboles aparece Zafrina y esta se acerca a mi lentamente, pero no eran unos pasos normales, era una posición de ataque. No podía enfrentarme a ella siendo mortal.
—Es hora de morir Isabella. — me respondió con una sonrisa desquiciada y en un parpadeo ya estaba en el suelo, Zafrina me jalaba el cabello arrastrándome a no sé qué lugar del bosque.
Intente como pude lanzar algún poder para detenerla pero nada servía, empecé a luchar con mi cuerpo para que me soltara, pero no le hacía nada a Zafrina y esta empezó a reírse a todo pulmón.
¿Qué está pasando?
—Querida no me harás nada, perderás tu tiempo. Eres una simple mortal delante de un dios. — Como pude seguí luchando con todas mis fuerzas para que me soltara y en eso siento que algo me lanza por los aires, cayendo en el lago negro.
Cuando ya estaba en el agua, el lago era profundo y muy frio, tanto que sentía como se clavaran cuchillas en mi cuerpo; como pude empecé a nadar a la orilla, pero Zafrina fue más rápida que yo, en un parpadeo ya estaba cerca de mí. Me agarro el cabello y me hundió al agua, empecé a luchar para que me soltara, pero nada servía… el agua entraba por mi nariz sintiendo una gran incomodidad… me estaba ahogando.
Cuando ya no me quedaban fuerzas, cerré mis ojos y deje que el agua inundara mis pulmones.
—Dulces sueños Isabella. —fue lo último que escuché de Zafrina.
Por alguna razón siento mi cabeza aplastada por algo más grande… como si… alguien estuviera en mi cabeza… haciéndome a un lado… como queriendo en cierta manera apoderarse de algo…
