Capítulo 21: Memorias de Godric Gryffindor

A medida que Abril llegaba a su fin, y Mayo se abría paso, el clima en Hogwarts se fue volviendo cada vez más tenso. Los exámenes finales estaban cada día más cerca, y los alumnos pasaban ahora horas encerrados en la biblioteca o en sus salas comunes tratando de retener toda la información necesaria para aprobar.

Como si eso fuera poco, Albus tenía que repartir su tiempo entre el estudio y el Quidditch. Emocionado por la victoria contra Hufflepuff, y con más posibilidades que nunca de ganar la Copa de Quidditch, Heros Morgan ocupaba todos los tiempos libres con entrenamientos.

Y a todo eso, Albus debía de sumarle sus períodos de vigilancia de Icarus Primus. Habían acordado con James que cada uno tendría el Mapa durante una semana, y se encargaría de chequearlo todas las veces que fuera posible, para comprobar si es que en algún momento, el Profesor de DCAO salía del castillo, o bien transitaba alguna zona poco común. Pero hasta el momento, no habían dado con nada. Icarus Primus parecía estar hibernando, a la espera. Albus estaba convencido de que el profesor estaba esperando la Brújula.

Aquella tarde de principios de Mayo, Albus intentaba por todos los medios, durante la clase de Transformaciones, convertir una caja de zapatos en libro, sin mucho éxito aparente. A su lado, Hedda soltó un bufido, fastidiada.

—Detesto esta materia —le dijo ella, en un susurro, mientras que se derrumbaba en la silla, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Transformaciones era la materia que menos se le daba a la pálida chica.

—¿Sucede algo, señorita Le Blanc? —preguntó la voz amable del profesor Gray. Hedda se enderezó inmediatamente en su silla.

—No, profesor… —aseguró ella, evitando mirar al profesor a los ojos. Spike Gray le dedicó una gentil sonrisa.

—¿Algún problema con el hechizo? —preguntó el hombre, tranquilamente. Hedda no pudo evitar volver a fruncir el ceño ante esas palabras.

—¡Es que no lo entiendo! —le confesó la chica finalmente—. He hecho todo como usted lo explicó y sigue sin funcionar—agregó Hedda, decepcionada.

—Mmm… pues, talvez no está sujetando la varita de la manera correcta, señorita. Muéstreme —le pidió Gray, gentilmente.

En ese preciso instante, mientras que Hedda le mostraba al profesor cómo solía sujetar su varita al hacer el hechizo, Albus sintió que algo en el pecho le quemaba suavemente. Su cuerpo entero se tensó al comprender lo que era.

—Profesor… —lo llamó Albus, con un hilo de voz. Gray le dirigió una mirada preocupada.

—¿Sí, señor Potter? —preguntó el profesor. Albus supuso que la preocupación debía de haberse filtrado a su rostro, pues el profesor lo miraba como si estuviera a punto de caer desmayado al suelo.

—No me siento muy bien… —comenzó a decir Potter, aprovechando el aspecto que de seguro debía de tener en ese momento—. ¿Puedo ir a la enfermería? —pidió.

—Sí, claro… ¿quiere que le pida a algún alumno que lo acompañe? —sugirió Spike Gray, con la gentileza y educación que lo caracterizaban. Albus negó rápidamente con la cabeza. No tenía tiempo para todo aquello.

—No, está bien —le aseguró Potter, e inmediatamente, tomó sus cosas y salió de la clase antes de que el Profesor Gray pudiera discutirle algo. Antes de cerrar la puerta de la clase, notó la mirada inquisitiva de Hedda y Scorpius. Pero nuevamente, no tenía tiempo para eso.

Apenas estuvo fuera de la clase, Albus metió una mano debajo de la camisa, y tomó el Amuleto.

Tengo información nueva. James.

Apenas leyó esas palabras, escritas a fuego en el trozo de metal, Albus sintió que la emoción lo envolvía. ¿Información nueva? Su mente daba vueltas tratando de dilucidar qué datos nuevos podría haber descubierto su hermano mayor. Concentrándose, Albus sujetó el Amuleto y pensó el mensaje que quería enviarle a James.

Te espero en el séptimo piso. Solo. Al.

Y comenzó a correr escaleras arriba, hacia el séptimo piso, hacia el único lugar que consideraba lo suficientemente seguro como para hablar tranquilo con James. Los pasillos estaban desiertos. Todos los alumnos y profesores estaban en clase.

Cuando llegó al séptimo piso se detuvo en seco, tratando de recuperar el aire. Le dolía el estómago de tanto correr, y sus pulmones no daban a basto para captar aire.

Una mano invisible lo sujetó del brazo y lo arrastró detrás de un tapete, hacia un pasadizo secreto.

—Soy yo —se apuró a decir James, mientras se sacaba la capa de invisibilidad para que Albus pudiera verlo—. Te mueres cuando te muestre lo que tengo… —comenzó a decir James, emocionado, mientras que buscaba algo entre sus bolsillos.

—¡Espera, aquí no! —le advirtió Albus, lanzando una mirada recelosa hacia ambos extremos del pasadizo secreto—. Vamos a la sala de Menesteres —le sugirió, mientras que descorría el tapete.

Albus pasó tres veces delante de la pared que escondía la Sala de Menesteres, mientras que James esperaba inquieto a un lado, visiblemente ansioso. Luego de la tercera pasada, una puerta se materializó de la nada. Albus empujó la puerta, e hizo una seña a su hermano, invitándolo a pasar.

La Sala de Menesteres había adoptado la misma forma que cuando Albus y sus amigos se reunían allí para charlar o hacer deberes. Una vez que los dos estuvieron dentro, Albus cerró la puerta de nuevo. James caminaba por toda la habitación, como un animal enjaulado, muy típico de él cuando estaba inquieto por algo.

—¿Y bien? ¿Tenías algo para contarme, no? —lo instó a hablar Albus. James detuvo su caminata abruptamente, y sonrió abiertamente. Metió una mano en su bolsillo, y sacó un pergamino enrollado, de aspecto muy antiguo—. ¿Qué se supone que es eso? —inquirió Al, frunciendo suavemente el entrecejo.

—Ven y averígualo —le respondió su hermano, extendiéndole el pergamino. Albus prácticamente se lo arrancó de las manos. Se acercó hacia la mesa más cercana y desenrolló el pergamino apresuradamente.

Y hemos recorrido mucho, y conocido mucho. Pero de todas las invenciones que los magos habéis desarrollado hasta hoy, creo que ninguna es tan maravillosa y aterradora como la del antiguo Griego.

¡Oh, quién de nosotros no ha soñado alguna vez con conquistar la muerte! ¡Que increíble y aterradora belleza se esconde detrás de un poder semejante! ¡Revivir a muertos! ¡Verdaderamente revivirlos! No simplemente como espíritus o fantasmas. Sino vivos.

Pero no os dejéis engañar. Pues mortales hemos nacido, y así hemos de terminar. La muerte debe de ser nuestro ineludible final, e intentar sortearla solo traerá caos y sufrimiento. Dejad a los muertos donde pertenecen. Ese es el mejor consejo que os puedo dar al respecto.

Si a mi me lo preguntáis, mis hermanos, creo que algo tan sobrenatural como el Templo debería de ser destruido. Pero como en todos los aspectos de la vida, no existe una única y universal opinión. Obviamente, ésta no es la excepción. Pues mi querido compañero Salazar discierne conmigo. Hemos pasado horas enteras discutiendo al respecto, pero es imposible disuadirlo cuando está convencido respecto a algo. Para él, una pieza de tan excelentísima magia no debe de erradicarse, sin mayores miramientos. Algo tan valioso y fascinante como el Templo debe de ser protegido, escondido de ser necesario, pero jamás aniquilado. Me querido amigo Salazar… a veces pienso que la ambición terminará por destruirlo.

Es así que hemos llegado a un punto en común, a una misma conclusión final: El Templo debe de esconderse. Aquí, sentado frente al las mismísimas puertas del inframundo, mientras escribo éstas memorias, comprendo la magnitud de nuestro descubrimiento. Estoy convencido de que nosotros, los hombres, aún no estamos listos para el Templo, y creo que jamás lo estaremos.

Así, Salazar y yo hemos aceptado el desafío que yace ante nosotros, de manera inevitable y apocalíptica. Esconderemos la parte que ha sido delegada a nuestro cuidado, y la esconderemos donde siempre pueda estar bajo nuestro vigilancia. Confío en que nuestros poderes, combinados, lograrán brindarle la protección necesaria. Y en cuanto a las otras dos partes, solo nos queda confiar en los magos a quienes han sido delegadas. Y que su poder sea suficiente para esconderlas lejos de la codicia y maldad del ser humano.

Y Si leéis esto, mortal, ¡pues ten cuidado! Porque la tentación es grande, pero debes comprender, que el peligro es mayor. Una vez más, te repito: Dejad a los muertos donde pertenecen.

Albus volvió a leer el extracto de texto cerca de cinco veces antes de levantar la mirada hacia su hermano.

—James, ¿qué es esto? —volvió a preguntar Albus, todavía asimilando la información.

—Esto, Albus, es un extracto de las memorias de Godric Gryffindor —le explicó su hermano, con una sonrisa satisfecha, mientras que se sentaba en una de las sillas, y apoyaba los pies sobre la mesa

—¿Las memorias de Gryffindor? ¿De dónde la sacaste? —preguntó Potter, sorprendido.

—De la Sección Prohibida —respondió James, con ligereza.

Albus alzó las cejas, invitándolo a continuar. James bajó los pies de la mesa, y acercó la silla más hacia Albus, como si quisiera contarle una confidencia que nadie más podía oír.

—Verás… esta semana me tocaba vigilar a Icarus Primus, ¿recuerdas? —dijo James, pero continuó hablando sin esperar confirmación de su hermano—. Pues eso estaba haciendo, cuando hace tres noches, descubrí algo muy interesante… antes de acostarme, comprobé el Mapa como tú me habías dicho, hermanito, y vi a Primus saliendo de su oficina, camino a la Biblioteca. No le di mayor importancia, pero al día siguiente, durante la noche, vi que nuestro querido profesor volvía a escabullirse hacia el mismo lugar. Así que ayer por la noche, decidí ponerme en acción. Y esperé hasta verlo moverse desde su despacho hacia la Biblioteca, y lo seguí debajo de la Capa —le explicó el mayor de los Potter, con una sonrisa de lado.

—¿Qué? ¿Te has vuelto completamente loco? ¡Tendrías que haberme dicho algo! ¡Imagínate si te llegaba a descubrir! —estalló Albus, más enojado de lo necesario. Un sentimiento de culpa flotaba en su pecho. Había sido él quien había acudido a James en ayuda, y ahora, su hermano se había arriesgado peligrosamente, por su culpa.

—¡Ey, tranquilo lunático! —lo contuvo James rápidamente, sorprendido por la reacción—. No me ha pasado nada, todavía tengo todos los dedos de la mano, así que relájate un poco. Talvez tú pienses que los únicos capaces de arrastrarse sigilosamente son ustedes las serpientes, pero créeme, yo sé muy bien cómo pasar desapercibido cuando lo necesito —le aclaró.

—Lo sé, es que… —quiso continuar quejándose Albus.

—¿Vas a dejarme terminar de contar la historia o planeas seguir quejándote mucho tiempo más? —lo interrumpió James. Albus aceptó a regañadientes. Su curiosidad podía más en ese momento. —Pues bien, escondido debajo de la Capa, lo seguí hasta la Sección Prohibida. Y desde un lugar seguro, puedes quedarte tranquilo sobre ello, lo observé sacar uno de los libros que había allí. Esperé un rato, a ver si se decidía a volver a su despacho. Pero Primus parecía dispuesto a pasar toda la noche leyendo ese libro, así que decidí memorizarme el lugar donde se encontraba el libro, y volver hoy a buscarlo —continuó su relato—. Así que hoy me salteé las clases de la mañana, y me escabullí una vez más en la Sección Prohibida… ¿y adivina el libro que estaba leyendo nuestro querido profesor? —ironizó.

—¿Las Memorias de Gryffindor? —sugirió Albus, aunque con cierta duda.

—¡Exacto! —lo felicitó James con una sonrisa—. Tardé un rato en encontrar algo interesante entre tanta palabrería de nuestro venerable Gryffindor… pero al fin, encontré esta hoja que tan amablemente arranqué para ti…

—¿Arrancaste la hoja del libro? —lo interrumpió Albus, entre sorprendido y divertido. James se encogió de hombros de manera desinteresada.

—Tenía como 2000 hojas, no creo que le importe perder ésta —rió su hermano mayor—. En fin… ¡fíjate lo que dice, Albus! —lo instó a leer nuevamente.

—¿Crees…—comenzó a formular Albus, no muy convencido de lo que estaba a punto de decir— crees que están hablando del Templo de Hades? —formuló finalmente.

—¡Claro que sí! —aseguró James, completamente convencido. —Tiene sentido… Slytherin y Gryffindor encuentran el Templo, y como lo consideran muy peligroso, deciden esconderlo… parece que entre varios magos se repartieron los Ojos del Cerbero… a ellos les toca esconder uno de los Ojos en…—James buscó con la mirada una frase puntual del texto— "donde siempre pueda estar bajo nuestro vigilancia" —citó luego, señalando con el dedo el párrafo donde se encontraba dicha frase.

—Hogwarts —comprendió Albus. James tenía razón. Todo aquello tenía sentido. —Diablos, James… ¿Te das cuenta que este texto confirma que nuestra teoría es correcta? El Tercer Ojo está escondido en algún lugar de Hogwarts.

—¡Claro que me doy cuenta! —le respondió su hermano, completamente exaltado.

—Pero… ¿dónde? —preguntó Albus, más para sí mismo que para James.

—Pues, creo que eso es lo que quiere averiguar Primus… pienso que eso es lo que está buscando en la Sección Prohibida —arriesgó James. Albus negó suavemente con la cabeza.

—Dudo que lo encuentre en un libro —le dijo luego.

—¿Por qué?

—No sé… por lo que Gryffindor escribe en esta hoja, parece que el Templo no le resultó algo muy… agradable. Es decir, él quería destruirlo directamente. Pienso que al no poder destruirlo, debe de haber hecho todo lo posible por esconderlo lo mejor posible. Dudo que haya escrito en algún libro dónde escondió el Ojo —se explicó Albus. Era una simple hipótesis, pero para Albus, tenía el mayor de los sentidos.

—Bueno, eso reduce bastante sus posibilidades de hallar el Ojo, ¿no crees? Si solo Slytherin y Gryffindor sabían dónde estaba escondido…—razonó James.

—En realidad, solo necesita una cosa… la Brújula Voluntaria —lo contradijo el menor. James chasqueó la lengua, derrotado.

—¿Crees que esa cosa funcione dentro de Hogwarts? —inquirió James. Albus se encogió de hombros. No había forma de saber la respuesta a esa pregunta. —Si tan solo pudiéramos llegar antes que él… —suspiró James luego de unos segundos.

Albus no dijo nada, pero mentalmente, estuvo de acuerdo con su hermano. Si tan solo pudieran llegar al Tercer Ojo antes que Icarus Primus…

Todo aquello era simplemente frustrante. Albus sabía, estaba completamente seguro, de que Primus iba detrás del Templo de Hades. Pero no tenía pruebas. No tenía nada. Simplemente su intuición, unas charlas escuchadas a escondidas, y el extracto de una carta de un tal Tobías. Oh, y claro, ¡cómo olvidarse!, Un mito que había salido de los labios de Xenophilus Lovegood.

Pero si llegara a atraparlo en el momento exacto… si conseguía la menor prueba de que su historia era verídica…

—James, tú has recorrido mucho los pasillos de Hogwarts, ¿verdad? —le preguntó Albus, sorpresivamente. James se sobresaltó en su asiento al escucharlo. Ambos habían estado demasiado ensimismados en sus propios pensamientos.

—Sí… he recorrido bastante —respondió el chico de Gryffindor, con cierta inseguridad al no comprender hacia donde se dirigía aquello.

—¿Se te ocurre algún lugar donde Slytherin y Gryffindor podrían haber escondido el Ojo? —volvió a preguntar Albus, pensativo. James tardó en responder, mientras que repasaba sus recuerdos de Hogwarts.

—Este castillo es demasiado grande, Al… podría estar en cualquier lugar —sentenció James.

—Sí… cualquier lugar —repitió su hermano menor, con cierta decepción—. Necesitamos ayuda—agregó luego—. Necesitamos ayuda para registrar el castillo.

—Oh, bueno… creo que si conseguimos cincuenta personas de confianza terminaremos por registrar este castillo en… cincuenta años —se burló James, con ironía—. Es imposible.

—Si nunca empezamos, no vamos a descubrirlo, James —le criticó Albus, frunciendo el ceño. No le gustaba que su hermano hiciera ese tipo de chistes en momentos como aquellos.

—¿Y a quién piensas pedirle ayuda? —le espetó el mayor, desafiante.


—¿Eres conciente de que esto es una completa locura, no? —repitió Rose, por tercera vez en la tarde. Albus soltó un suspiro, mientras que se contenía de estallar. Armándose de paciencia, giró a mirar una vez más a su prima.

—¿Se te ocurre algo mejor? —preguntó Potter, y cierta exasperación se filtró a sus palabras.

—Esperar —fue la propuesta de la pelirroja.

—¿Esperar a qué? —intervino Scorpius, no muy convencido.

—A que Icarus de señales de algo sospechoso… —comenzó a decir Rose.

—¡Oh, claro! ¡Porque todavía no ha dado ninguna señal sospechosa en lo que va del año! —ironizó Scorpius, mientras que ponía los ojos en blanco.

—Ya, basta ustedes dos —los atajó Elektra, antes de que Rose pudiera responderle. —Albus… —dijo luego, girando a mirar al pelinegro. —Hogwarts es gigantesco… podrías recorrerlo todos los días de aquí a fin de año, y no encontrarías nada.

—Rose tiene razón, Al… no podemos buscar a ciegas por todo el castillo… ¡podría estar incluso enterrado en algún lugar de los terrenos! Es como buscar una aguja en un pajar —señaló Hedda, en tono calmo, pero decidido.

—¿Lysander, tu qué crees? —preguntó Albus, acudiendo a la única persona que le quedaba en la habitación. El muchacho se removió incómodo en su asiento.

—Pues a mi tampoco me agrada la idea de quedarme sentado esperando a que Icarus haga su próximo movimiento… para entonces, podría ser tarde —dijo finalmente el gryffindoriano. Albus sonrió satisfecho con la respuesta. Lysander estaba con él.

—Entonces podemos tratar de investigar en la biblioteca… talvez haya algo de información que se nos ha escapado… ahora tenemos un nuevo dato: las Memorias de Gryffindor —propuso Rose, tratando de convencer a los varones.

—Bien… ustedes tres busquen en los libros. Nosotros buscaremos en los pasillos —dictaminó Albus. Y Rose supo que no conseguiría hacerlo cambiar de opinión.

Albus estaba decidido. No había conseguido la ayuda de sus amigas, pero tenía a Lysander y a Scorpius de su lado, y con ello le bastaba por el momento. Sabía que tarde o temprano, las chicas también se sumarían. Era cuestión de esperar, pacientemente.


A partir de aquel día, el Mapa del Merodeador y la Capa de Invisibilidad quedó en manos de cuatro personas: James, Albus, Scorpius y Lysander.

Cada día, los muchachos se turnaban los dos objetos, un día cada uno, y se dedicaban a vigilar durante dichas veinticuatro horas todos los movimientos de su profesor de Defensa contra las Artes Oscuras. Durante los horarios libres, los chicos se escabullían por todos los pasillos de Hogwarts, buscando algún lugar que pareciera sospechoso, o que pudiera esconder un pasadizo secreto que el mapa no mostraba, y que llevaba al escondite del Tercer Ojo.

Durante las noches, se escondían debajo de la Capa, uno por vez, y recorrían una vez más los pasillos, con la esperanza de encontrar algo, cualquier cosa, que los guiara hacia el Templo.

Pero todos sus esfuerzos eran infructíferos. Después de dos semanas seguidas de hacer la misma rutina, no habían conseguido nada.

Aquella tarde de mediados de Mayo, mientras que la gente disfrutaba de un bellísimo día soleado, Albus deambulaba por las mazmorras. Hacía horas que caminaba sin ningún sentido definido. El oscuro pasadizo lo llevaba a través de paredes frías y húmedas, desde las que colgaban las antorchas, que iluminaban precariamente el camino, reflejando tenebrosas sombras sobre el suelo y las paredes.

Finalmente, el pasadizo desembocó en un salón oval, al cual desembocaban otros tres pasillos, y para su disgusto, Albus comprobó que había estado dando vueltas en círculos. Reconoció el lugar gracias al gigantesco cuadro, colgado en una de las paredes, que retrataba a una mujer, que sostenía en su mano un gran reloj de arena. La mujer llevaba un vestido negro, y miraba fijamente aquel reloj, mientras que la arena caía de un lado al otro. Albus recordaba muy bien aquel cuadro, porque le había pedido indicaciones ya una vez, y la mujer le había mirado fijamente, y como toda respuesta le había dicho "¿Nos conocemos?"

Enfadado, lanzó un puntillazo contra una de las paredes de piedra, y sintió el dolor del golpe extenderse por su pie, a través de su pierna, haciéndolo olvidarse momentáneamente de su enojo.

Una vez que el dolor hubo pasado, Albus se encaminó hacia el pasadizo que confiaba lo llevaría de regreso a la Sala Común de Slytherin.

Esperándolo junto a la puerta, con una expresión de frustración muy similar a la que él mismo llevaba en ese momento, se encontraba Scorpius Malfoy. El muchacho rubio tenía la mirada fija en la pared contraria, con la frente arrugada y los labios apretados.

—Tampoco tuviste suerte, ¿eh? —dijo Scorpius en cuanto lo notó llegar, rengueado por el dolor que todavía le escocía en el pie.

—Prefiero no hablar del tema… estuve dando vueltas en círculos durante cerca de media hora allí abajo —bufó Albus, mientras que daba la contraseña a la puerta, y ésta se abría para dejarlo entrar en la sala.

—Lysander y yo tampoco conseguimos nada útil —le informó Malfoy, mientras que entraba detrás de él, y buscaban con la mirada alguna mesa en la que sentarse a hacer sus deberes atrasados y estudiar para los exámenes, que cada vez estaban más cerca.

—¿Y James? —preguntó Potter, mientras que localizaba con la mirada a Hedda.

La muchacha se encontraba en ese momento sentada en una mesa, y una expresión extraña surcaba su rostro. Una fingida sonrisa se dibujaba en sus labios, mientras que sus ojos celestes centellaban de manera amenazadora y aterradora. Sentada frente a ella, se hallaba Zafira Avery.

La bella muchacha dos años mayor que ellos hablaba de manera apresurada con Hedda, en forma despreocupada. Cada tanto, hacía un movimiento inconciente y coqueto de acomodarse el cabello que parecía enojar a Hedda aún más. Sin embargo, Zafira no parecía notar el desagrado que generaba en su interlocutora.

—¿Está todo bien? —preguntó Albus de manera recelosa, al llegar junto a ambas chicas. Zafira pareció sorprenderse al escucharlo, pues saltó levemente en su silla.

—Zafira y yo conversábamos sobre Lancelot —dijo Hedda, entre dientes. Su voz sonó algo áspera, mucho menos melodiosa de lo acostumbrada. Como si hiciera largo rato que no la utilizaba. Como si fuera una voz salvaje.

—En realidad, comparábamos lo diferente que es la relación que Lance tiene con ella y conmigo… claro, yo soy la novia, por lo que tiene mucho sentido que el trato sea diferente… —intervino rápidamente Zafira, con ese aire altanero y engreído que siempre la rondaba—. Pero insisto, Hedda, en que no puedo creer que jamás te haya contado que su fruta preferida es la manzana… —agregó luego, dirigiéndose hacia la pálida chica una vez más.

Albus pudo ver como Hedda se tensaba en su silla, y su mirada se volvía más fría y penetrante. Se sorprendió de que Zafira no lo notara, pues en ese momento, Hedda le lanzaba una mirada asesina que habría helado la sangre de cualquier otra persona. Pero la chica Avery parecía demasiado ocupada en sí misma como para notar que había alguien en el mundo a quien no le agradaba en lo más mínimo.

—En fín, creo que voy a dejarte con tus amigos, Hedda. Luego seguimos la charla —se despidió Zafira, y mientras que se ponía de pie, le dio una palmadita amistosa en la rodilla a Hedda. La pálida chica pareció tensarse aún más en la silla, y sus labios se fruncieron en un claro gesto de asco. Sin notarlo siquiera, Zafira se despidió y se alejó canturreando una canción por lo bajo.

—Increíble… —dijo Scorpius, con un resoplido irónico, mientras que se sentaba en el lugar que segundos antes había ocupado Zafira.

—Juro que si ustedes no llegaban, la iba a degollar con mis propias manos… —gruñó Hedda, mientras que volvía su atención hacia el libro de pociones que descansaba a un lado de la mesa.

—-¿Por qué estaba hablando contigo? —preguntó Albus, todavía con cierta precaución, mientras que tomaba asiento junto a Hedda. Le Blanc soltó un bufido al escuchar la pregunta, mientras que volvía a apoyar el libro sobre la mesa, con cierta violencia.

—No tengo la menor idea… supongo que simplemente vino a refregarme en la cara que como ella es la novia de Lancelot, tiene más derechos sobre él que yo. ¡Como si se tratara de un objeto, por las barbas de Merlín! —exclamó Hedda, indignada—. En fin… ¿a ustedes cómo les fue? —preguntó luego, en un claro intento de cambiar de tema.

—Nada nuevo —respondió Albus, casi a regañadientes.

—Bueno… será mejor que hagamos la tarea de Pociones entonces —propuso Hedda.

Hedda nunca se mostraba enojada ni molesta con Albus por la decisión que éste había tomado sobre investigar el castillo. Tampoco se mostraba a favor. Pero al menos, no hacía comentarios al respecto. Aceptaba la decisión que él había tomado de manera silenciosa, pero Albus sabía que ella seguía pensando lo mismo que dos semanas atrás: aquello le parecía una pérdida de tiempo. Era por esa razón que a Albus no le gustaba tener que confesarle todos los días que sus búsquedas eran infructuosas. Que no habían logrado encontrar nada valioso en todas esas horas recorriendo pasillos y habitaciones.

Mientras que se disponía a iniciar sus tareas de Pociones, Albus se dijo a sí mismo que si no encontraba algo en los próximos días, entonces se daría por vencido, y aceptaría que era imposible buscar en Hogwarts algo que no quiere ser encontrado.


Aquí tienen el capítulo 21, listo! Espero que les guste, porque a mi me encanta. Entre mis cuentas pendientes sobre la escritura, esta alguna historia o one shot sobre los fundadores de Hogwarts... son cuatro personajes que me parecen de lo mas interesante, y siempre pensé que había mucho sin contar de ellos. Es por eso que me gustó poder darle un lugarcito a Godric Gryffindor a traves de sus memorias en esta historia. Pero esperaré pacientemente a sus opiniones al respecto.

Les cuento que ya se acerca el final... deben de quedar 5 o 6 capítulos, talvez algunos más si estoy muyyy inspirada a la hora de escribirlos y me terminan quedando demasiado largos.

Si alguno tiene alguna duda, pregunta, comentario, critica y demas, sientase libre de dejarme un review... son siempre bien recibidos.

Ahora, respondo reviews:

nathalie-granger: jaja, tanto tarde en actualizar el capitulo pasado? Quedate tranquila, que no voy a abandonar la historia... a lo sumo puedo tardar un poco mas de lo esperado, pero nunca abandonar. Me alegra que te haya gustado la parte del juego de Quidditch... le parecio interesante darle un giro de tuerca a la historia, y crear la posibilidad de que tanto Slytherin como Gryffindor se conviertan en campeones. Veremos que es lo que sucede finalmente, jaja. Saludos!

Rose Weasley de Malfoy: así que te gustó el Quidditch? A mi también me gusta escribir sobre ello... aunque siempre me pasa que termino de hacerlo y me siento algo dudosa al respecto de cómo ha quedado, porque pienso que es posible que el lector no pueda imaginarse lo que yo intento relatar... pero bueno, cosas que pasan! Vamos a ir por partes... Hedda. Sabes que tengo todo un dilema con ella, porque constantemente siento que debo cuidarme de no convertirla en una Mary Sue. Tiene mucho apoyo entre los lectores de esta historia, y se ha convertido en un personaje muy querido, pero detestaria cometer el error de convertirla en un personaje odioso que termina por robarse la historia. Me gusta que ella se mantenga lo mas humanamente posible... con sus defectos, sus errores, sus fracasos. Ahora, vamos a Chelsea... siempre me sucede que cuando creo un personaje, no puedo simplemente crearlo y meterlo en la historia... inevitablemente necesito crear toda su personalidad, sus amigos y enemigos, sus amores y desamores, su familia, su futuro... solo espero poder plasmar todo eso en las historias. Chelsea es uno de esos casos donde me encontré con que había creado un personaje sumamente rico y complejo... lo mismo me sucedió con Lancelot, con Heros Morgan, con Circe Zabini, entre otros. Jaja, en cuanto a la Piedra... bueno, suele pasarnos que ante lo mas obvio, no nos damos cuenta! En cuanto a la relación entre Cooper-Icarus... creo que la mejor manera de definarla es "complicada". No son amigos. Son simplemente socios, trabajando justos bajo ordenes explicitas, con un objetivo claro a cumplir. Espero haber respondido a todo tu review... y como siempre, espero ansiosa el proximo!

jjaacckkyy: antes que nada, quiero agradecerte por haberme avisado sobre la publicación no autorizada de Albus Potter y LGN en PotterFics. Ya me puse en contacto con la autora y arreglé el problema. Ella se ha disculpado conmigo, y acordamos que podrá seguir publicándolo siempre y cuando aclare que soy yo la autora de la historia (ya sabes, los derechos de autor ;) jaja). Ahora, volviendo a tu review... me alegro que te guste la relación de hermanos que de a poco se va desarrollando entre Albus y James. Creo que a pesar de las grandes diferencias que los separan, se complementan muy bien. Mmm... ¿Verdaderamente piensas que Elektra puede ser un balance para Albus? ¿Y si fuera al reves? ¿Y si es Albus quien influye en Elektra, y no ella quien influye en él? Te dejo esa pregunta picando para responderse en el curso de las proximas historias, jajaja.

Malfoy-son: confia en que no voy a abandonar esta historia, principalmente, porque ya la tengo toda planeada, y una vez que se me mete algo en la cabeza no paro hasta conseguirlo. Respondiendo a tus preguntas... ¿cual es la importancia de las semillas? Obviamente no voy a responder esa pregunta! jajaja. Vas a tener que esperar a que la historia avance... pero prometo que vas a encontrar la respuesta, eventualmente. ¿Una insinuación de Elektra-Albus? No creo haber escrito que Albus sentía algo por ella... son crios... Elektra esta fascinada con el mundo mágico, y todo lo que ve la deja estupefacta. Albus ya se ha acostumbrado demasiado a volar sobre una escoba, a perseguir una snitch... que Ely se haya mostrado tan entusiasmada con la idea le hizo recordar la inocencia que alguna vez el mismo había experimentado al volar por primera vez y atrapar su primera snitch... le regaló la snitch porque de todos sus amigos, ella es quien más valoraría un regalo de ese tipo. Sin embargo, me gustaría que me explicaras mejor por qué piensas que ella y Albus no concuerdan... demasiado diferentes? Espero ansiosa tu respuesta! Saludos y gracias por el review!

thorio2002: así que llegaste acá por error, eh? Bueno, me alegro de que la suerte te haya traido hasta esta historia, jaja. En cuanto a tu pregunta... ¿Icarus los dejó solo a proposito en el bosque prohibido para asustarlos porque es el hijo de Harry o solo fue despiste por lo que sea que estaba buscando en el bosque? Icarus no fue al Bosque Prohibido porque quería ayudar a Slughorn con sus boticario. Icarus es un cazador de fortunas, se dedica a buscar, y encontró en ese castigo la oportunidad perfecta para buscar lo que necesita. Como bien acertaste, las semillas de granada eran algo importante, algo que él necesita. Pero digamos que buscaba otra cosa... La Piedra. Así que no, no los dejó solos para asustarlos... se podría decir que fue mas bien un despiste mientras que él trataba de rastrear la posibilidad de que el Tercer Ojo estuviera en el bosque. En cuanto a tu historia, con gusto la leo. Podes mandarmela a mi mail. Yo me voy a poner en contacto con vos en estos dias (al mail que vos me diste).

adrisstbdt: jajaja JAMES! Si, me he dado cuenta de que lo adoras. Y fijate que sigue colaborando de una manera determinante en esta historia... en cuanto a Primus, sí, esta en Hogwarts porque quiere encontrar el Tercer Ojo. ¿Es McGonagall una distracción? Yo no me animaría a confirmar eso. Hay muchas cosas que quedan todavía poder decir... recuerda la charla que tuvo Harry con Ron y Neville al inicio de esta historia... algo turbio esta creciendo entre las sombras del Ministerio. Jaja, ¡Las semillas! De todas maneras no era tan facil de adivinar... de hecho, me sorprendió que hubiera dos lectores capaces de acertar! Cambiando de tema, siempre buscando el amor, eh? La snitch me pareció un lindo detalle... Ely pertenece a un mundo donde las escobas voladoras son leyendas. Y Albus esta demasiado familiarizado al mundo mágico. En cierta manera, me pareció que de todas las personas, Elektra era quien más valoraria un regalo de ese tipo. ;)

Lunalu-chan: jajaja, me alegra que no hayas renunciado a tu pregunta. La recibí a traves de los mensajes privados y ya te la he respondido. Espero que estes conforme con la respuesta. Sino, puedes presentar tu queda en el proximo review! Jaja. Me gustó tu analisis sobre la relación Ely-Albus. Veo que has notado el antagonismo que existe entre ambos. Elektra es pura e inocente, carece completamente de maldad, pero tiene un defecto, y es que su ingenuidad y baja autoestima la lleva muchas veces a dejarse convencer. Albus, en cambio, es una persona inteligente, astuta y con mucha determinación. Albus es mas realista que Ely, y su inocencia comienza a desaparecer a medida que crece. Albus es bueno, pero posiblemente necesite de mucha ayuda para no equivocarse en sus juicios. En cuanto a James... lo describiste muy bien. No dudes de que Albus y James tendrán muchos enfrentamientos y malos entendidos en el futuro... pero son hermanos. y Zaira... ella no es Dumbledore. Es una muchacha quebrada por el dolor y la culpa, que encontró un salva vidas en Albus. Zaira siente que ha cometido muchos errores en su vida, pero con Albus, ve una luz en la oscuridad. Ella ha visto lo que Albus puede llegar a ser si se lo propone... pero Zaira también ha visto la facilidad con que el poder corrompe a las personas, y teme porque Albus sufra ese destino, eventualmente. A su manera, intenta protegerlo y guiarlo. Coincido contigo que estas tres personas son determinantes en Albus... pero yo incluiria tambien a Scor, Hedda, Rose y Lysan. Gracias por el review!

Eso es todo,

Saludos,

G.