–Capítulo 21–
El diario sin abrir
Era mucha la curiosidad que sentían por leer ese diario, y eran las cinco de la tarde, pero estaban tan cansadas y tenían tantas ganas de descansar, que decidieron dejarlo para otro día. Tras guardarlo debajo de la almohada de Sachel, bajaron abajo donde se encontraron con Viktor y con Javier.
–¡Hola! ¿Cómo estáis? –preguntó Sachel sentándose delante suyo bostezando.
–Pues tenemos buenas noticias –dijo Javier casualmente. Jewel se sentó junto a Viktor y se apoyó en él.
–¿De verdad?
–Sí. Hagrid nos ha preparado en secreto una de esas pociones que hacen que despiertes… ¿Cómo se llamaban, Viktor? –Viktor le ignoraba, por lo que continuó hablando– Toma un poco –le dijo pasándole una pequeña cantimplora.
–¡Gracias! –Sachel le sonrió y cogió la botella. Bebió solo un trago –¡Ah! –exclamó con una sonrisa.
–¿Mejor? –preguntó Javier. Le pasó la botella a Jewel– ¡Eh! ¡Vamos! Jewel…
Ella se incorporó y se desperezó, tomó un trago de la botella y enseguida se sintió más despierta. Viktor la abrazó y se sonrieron. Sachel y Javier se miraron desesperados.
–Oye, ¿habéis subido a ver a Hermione? Hagrid nos dijo cuando nos dio esto que no podíamos subir, que estaba haciendo algo importante, pero estaba con vosotras, ¿verdad? –preguntó Javier con suspicacia.
Sachel y Jewel se miraron, ¿qué les dirían? No les podían mentir, y después de todo, ellos ya estaban metidos en ese lío, conocían todo sobre la historia de Hermione.
Dudaban. Se miraron entre sí, confusas y indecisas. ¿Se lo explicaban?
–¿Recordáis la profesora adivina… Trelawney? –preguntó Jewel al fin. Ellos dos asintieron.
–Hermione nos ha dado su diario. Aún no lo hemos abierto, porqué estamos muy cansadas. ¿Lo abrimos el sábado? –preguntó Sachel–Hoy estamos a Jueves, por lo que es mañana y punto. Además, hoy no podría concentrarme, estoy echa un lío.
Todos estuvieron de acuerdo, y quedaron en que el sábado sería el mejor día, aunque acordaron que lo leerían en un cuarto abandonado por la mañana, y que por si surgía algo, que pudieran hablar con Hermione o con Hagrid.
El día pasó más rápido de lo que hubiesen querido, ya que era un día de fiesta muy bueno, y como hacía sol, fueron a pasear un rato como en las navidades, pero enseguida volvieron a sus habitaciones esperando el día de la mañana.
La mañana también llegó antes de lo que hubieran deseado, pronto, se levantaron bostezando, y se cambiaron con prisas, se arreglaron y fueron en el Gran Comedor donde los dos chicos las esperaban como cada mañana.
–Que Viktor espere a Jewel lo entiendo, ¿pero cómo es que vais los cuatro? ¿Tú estás saliendo con Javier, Sachel? –preguntó Pamela una mañana. Sachel casi se tropieza con su propia cama.
–¡¿COMO!? –preguntó con la cara muy acalorada. Todas sus amigos rieron –¡NO! ¡Es solo un amigo! Simplemente vamos juntos…porqué somos una peña.
–Pues yo echo de menos estar con vosotras, chicas, me dejáis mucho de lado –dijo Elyon a baja voz. Jewel y Sachel la miraron, sorprendidas, y una mueca de culpabilidad pasó por su rostro. Se miraron entre ellas, como si esperaran que la otra dijera algo antes que ellas.
Sachel fue hacia ella y la abrazó.
–Lo siento…tienes razón. Lo siento mucho… ¿quieres que salgamos a pasear un día de estos por la tarde? De verdad, no se qué nos ha pasado…
Elyon asintió, más feliz.
–Mejor aún, ¿Qué tal si un día de estos vamos todas a dar un paseo por Hogsmade? Después de todo, hacen excursiones cada semana, y ahora que lo pienso, no hemos ido a ninguna este curso… –dijo Jewel de pronto mirando a Sachel, que también se dio cuenta.
–¡Es verdad!
–¡Pues decidido! ¿Vamos mañana?
Sachel iba a aceptar y decir que sí…
–No, no podemos, ¡lo siento! Habíamos quedado en que veríamos a esos dos para ir a la biblioteca…¿Vamos el Domingo?
Las chicas se quedaron algo defraudadas, y ellas se sintieron muy mal (¡Pero no era culpa suya!, ¿verdad?) pero quedaron para verse domingo y de verdad se lo iban a pasar bien. ¡Estaban impacientes!
Como esperaban, los dos chicos las esperaban, Jewel se fue junto con Viktor cogida de la mano y Sachel charlaba alegremente con Javier. Bajaron y empezaron a desayunar con todos sus compañeros.
Sonó la campana, se levantaron y fueron a sus respectivas clases. Las únicas clases que compartían eran los entrenamientos de Quiddich, ya que ellas era de un curso menor.
El día se pasó muy lentamente, pero como todo, llegó a su fin. Tras la cena y al despedirse, acordaron que se encontrarían en la mañana y ellas se encargarían de traer el diario.
