Love Live Sunshine!
El deber de familia
Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.
NdelA: ¡De regreso! En verdad ya me urge terminar esta historia para comenzar alguna de las otras que tengo pendientes, aunque eso no significa que la voy a hacer al putazo (al menos eso espero). Aunque sin duda ya casi estamos pasando la mitad de la misma. Vamos, que estamos en ese lapso que viene de tranquilidad antes de que se desate el huracán.
Momento de relax, momento de tener un poco de DiaMaru lindo, al menos espero que haya quedado lindo. Si no, me disculpo u.u
Muchas gracias por sus comentarios, reviews y en todos los idiomas en los que se pueda traducir. Muchas gracias por seguir esta historia y tomarse su tiempo para dejar sus impresiones sobre ella. Amo leerlos, todos, los buenos y los malos, porque de todos aprendo algo nuevo. En verdad me hacen el día cuando los leo.
— o —
La mañana llegó sin demora, siempre puntual a esa hora en esa época del año. Los ojos de Hanamaru mostraban los signos del cansancio pero aún así se mantenía despierta en espera de cualquier reacción de Dia. Reacción que no sucedió pues aún se mantenía inconsciente aunque con pequeños episodios de habla sin sentido. Abría los ojos dejando ver sus pupilas aqua completamente dilatadas y desorbitadas para luego volver a cerrarlas quejándose del dolor.
Verla en ese estado tenía a Hanamaru en un hito. A pesar de que Ruby estuvo con ella y la ayudaba a mantener a Dia bajo control cuando sucedían esos momentos, sentía sus fuerzas abandonarla. Con la mañana apareció Yohane acompañada de esa chica, Riko, al igual que Mari poco después. Ellas la relevaron al igual que Kanan lo hizo con You.
El pequeño chico se llevó a Maru a descansar en la habitación contigua aún cuando ésta se negó. Sin embargo en cuanto tocó su cabeza la almohada cayó rendida en sueño. You no tuvo que esperar mucho tiempo, solo hasta oír el leve ronquido de su prima para salir de la habitación y recibir indicaciones de Kanan para el día, solo que Ruby lo esperaba afuera.
—¡You-chan! —lo recibió colgándose de su cuello—. Acompáñame a mi habitación —pidió Ruby y You miró a Kanan solicitando su ayuda para librarse de la chica.
—Lo siento Ruby-chan, tengo pendientes que atender —le señaló a Kanan y Ruby torció la boca.
—Kanan-kun —se giró suplicando—, ¿podrá acompañarme You a mi cuarto? —Kanan se rió al verla.
—No lo sé —dijo burlándose de You que hizo cara de susto—. Hay cosas que hacer Ruby-chan.
—¡Por favor! —puso su mejor gesto de súplica—. Prometo no entretenerlo… demasiado —Kanan se carcajeo con más ganas.
—A una pequeña doncella no se le puede negar la compañía de un guerrero para llevarla a su lecho —Ruby saltó de alegría y fue a abrazar a su primo para luego jalar a You que tuvo que irse con ella de mala gana.
— o —
Riko salió de la habitación de Dia cargando con ella una cubeta llena con agua que solicito a Kanan cambiar por agua fresca y limpia. No pudo evitar voltear a todos lados buscando a cierta persona y Kanan se dió cuenta de esto.
—Lo mandé a dejar a la pequeña Ruby-chan a sus habitaciones —dijo refiriéndose a You a lo que Riko frunció la boca con disgusto—. No tienes porque preocuparte por ella, You-chan no está interesado.
—No se de qué hablas —le entregó el balde casi regando su contenido sobre él.
—Si claro —se rió—, cuida bien de mi cachorro. No aceptaré que le vuelvas a destruir la vida.
Su semblante burlón cambio a uno amenazante que hizo retroceder a Riko aunque esta no se amedrentó con la bravuconería de la que hizo alarde Kanan.
—Fueron ustedes quienes lo hicieron —gruño manteniendo sus ojos miel sobre los ojos turquesa en evidente reto—. Los Kurosawa son basura —escupió al suelo.
Ante tal ofensa Kanan reaccionó golpeando su cara reventándole la boca. Riko cayó al suelo de rodillas con una línea de sangre escurriendo de su barbilla sobre la duela. No emitió ningún quejido aunque el golpe había sido duro, por el contrario solo volteo a verlo manteniendo esos ojos miel llenos de odio.
—Deberías estar agradecida de que te traje aquí y te devolví con él —Kanan se agachó tomando el cabello de Riko jalandolo para mostrar su superioridad—. Estarías muerta ahora, o peor aún, seguirías con esa inmundicia que es Chika —ni esas palabras lograron ablandar a la chica que seguía sin bajar la mirada—. Ya veo, Mito-san ha hecho un buen trabajo adiestrandote.
Sin esperar una respuesta la arrastró hasta el jardín tirándola al suelo llenándose de suciedad sus ropas. Kanan se arremangó los puños de su traje y tomando una vara de bambú que estaba cerca procedió a golpearla mientras Riko se cubría con los brazos la cabeza pero su espalda era la que recibía el castigo.
El pequeño escándalo llegó a oídos de You que en ese instante estaba de regreso a esa área de la casa y al escuchar la voz de angustia de Riko salió corriendo sin pensar interponiéndose en el camino de la vara y el cuerpo de la chica recibiendo él el golpe en la espalda.
—¡Retírate! —le ordenó Kanan.
—¡No! —dijo decidido colocándose de frente.
—¿Estás dispuesto a morir por esta traidora? —alzó la vara dispuesto a seguir con su castigo.
—Usted la trajo aquí, usted la devolvió a mi vida y daría ésta si es necesario para no perderla de nuevo —You extendió los brazos para cubrir a Riko que lo miro asombrada.
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Mari, tanto ella como Yohane habían salido de la habitación al oír el barullo armado.
—Estoy disciplinando a mi aprendiz —le contestó sin verla.
—¡Riri-chan! —Yohane quiso ir a ayudar a su prima pero Mari la detuvo.
—¿Para eso tienes que golpear a esa chica indefensa? —siguió cuestionando Mari.
—No admito distracciones —Kanan arrojó la vara y tomó a You del cuello levantandolo—. Tú y yo iremos arreglar este asunto a otro lado.
Kanan camino por delante con You siguiendo sus pasos. Al salir de la visión de Mari, ésta soltó a la chica que corrió a ver a Riko. Entre las dos la sostuvieron para llevarla a la habitación y curar las heridas que acababa de recibir. Afortunadamente no había recibido un gran daño gracias a la intervención de You.
— o —
You sabía a dónde se dirigían una vez dió los primeros pasos por aquella área. Estaban yendo a las habitaciones de Kanan. Ante tal perspectiva You no pudo evitar temblar al pensar en cuál era el castigo que aquel hombre le tenía reservado.
Entraron y You cerró la puerta poniéndose tenso y rígido ya que los dos estaban solos.
—Crei que ahora que estaba con su esposa no…
—¡Cállate! —dijo con voz fuerte pero sin gritar—. No tengo interés en ti de esa manera, aunque podría cambiar de opinión si sigues de insolente.
You se arrodilló bajando la cabeza al nivel del suelo como marcaba su estatus de siervo. Kanan mantenía el ceño fruncido paseándose por la habitación pensando y debatiéndose.
—Debes mantener vigilada a esa chica —habló al fin—. He estado distraído debido a mis propios asuntos personales que no he podido atender este problema antes.
El chico no objetó, porque él mismo tenía sus dudas sobre Riko.
—Si lo que dijo Chika tiene algo de verdad, es probable que Mito-san la esté usando —reflexionó—. He estado dándole vueltas al asunto desde que me has informado de ello.
—Ella niega cualquier conexión con Chika, pero aún así mantiene una actitud hostil contra los Kurosawa —también You se puso a pensar sobre el asunto.
—Fue por demás extraña la manera en que Mito-san la dejó a mi merced —por primera vez en varios días recapitulaba lo sucedido—. La conferencia con ella no llevó a nada y era de esperarse, pero sutilmente mencionó su paradero y no dude en ir por la chica.
—Eso es sospechoso —le dió la razón.
—Solo quería sorprenderte y devolverte algo de lo que ellos te quitaron —Kanan se dejó vencer sentándose también—. Fui muy estúpido. No supe en ese momento hasta donde la han llenado de su ideología los Takami.
—La mantendré cerca de mí para vigilar sus pasos, ¿cree que intente hacer algo? —decir aquello le producía un desazón a You que le hacía doler el corazón, no quería que fuera real.
—No lo sabremos hasta que lo haga pero debemos anticiparnos a un ataque Takami —el más joven asintió—. Por lo pronto el pequeño teatro ha servido para que ella vea lo mucho que la amas y para hacerme ver tus prioridades.
You regresó su rostro al suelo en actitud servil.
—No olvides que eres un Watanabe, un samurái y tu deber es con tu amo y yo soy tu amo —Kanan se levantó buscando entre sus pertenencias un bokken—. Demuestra tu lealtad pequeño soldado, sígueme.
De nueva cuenta ambos se pusieron en marcha rumbo al dojo, Kanan tenía pensado disciplinar a su aprendiz sometiéndolo a un régimen intenso de entrenamiento para recordarle cuál era su lugar y su propósito.
— o —
—Saliste sin mi permiso de Uchiura y atacaste a los Kurosawa —enfadada desde su lugar principal Mito-san reprendió a su hermana menor—. Tomaste tropas, suministros y creíste que era buena idea ir a recuperar a tu querida mascota.
—Mito-oneesan… —Chika pronunció su nombre con algo de temor—, lamento haber perdido a Watanabe You en la pelea, al menos ahora sabemos que aún hay un descendiente de ese clan y bueno, no fue tan malo, logramos herir a la heredera de los Kurosawa y diezmar sus fuerzas, según el reporte de los espías ella…
—¡Silencio! —Mito alzó la voz para callar a su hermana—. ¡Eso no te exime de tu falta! Ya no eres una niña Chika, debes tomar responsabilidad por tus acciones —hizo una señal y una chica se acercó poniéndose al lado de la menor de las Takami—. Sarah, tú decides el castigo de tu esposa y espero que esta vez no se escape de tus manos.
—¡Mito! ¡Mito-san! ¡Por favor! —chilló el nombre de su hermana pero esta le dió la espalda regresando a su lugar a la cabeza de la sala.
Sarah no tuvo reparos en tomar a la chica desgarrando sus ropas mientras otros sirvientes traían arrastrando a su hermana menor, Leah. Chika la miró y su rostro se puso a banco al ver el estado de la joven. Tenía la cara magullada y sus ropas cubiertas con su propia sangre, estaba semi inconsciente pues sus ojos se posaron en Chika que trago saliva. Colocó a las dos una junto a la otra con la espalda descubierta. Al mismo tiempo otros sirvientes llevaron un brasero con carbones al rojo vivo donde un par de dagas descansaban en sus llamas. El acero brillaba de un rojo incandescente gracias al intenso calor.
—Takami Chika, no… Kazuno Chika, tienes un nuevo amo a quien servir y a este no le gustan las desobediencias —dijo mientras movía las dagas verificando que estuvieran lo suficientemente calientes—. Creo que usaré tus métodos para hacerte recordar quién es tu dueña.
Le dieron a Chika una vara de bambú que un sirviente puso en su boca y ella se aferró al pedazo de madera aparentando fuertemente para no dejar salir un aullido de dolor que aún así no pudo ser contenido cuando su carne se quemó al paso del filo ardiente que grababa a fuego el nombre de Sarah.
—Esto no es un juego —dijo al terminar—, tómatelo en serio Chika-san.
Jadeando con la cara en sufrimiento y con el sudor y los espasmos del dolor provocado cayó rendida cuando la soltaron. Aún en ese estado pudo alcanzar a ver cómo Leah recibía un trato igual al de ella antes de perder su consciencia.
— o —
Los días pasaron con mucha lentitud para Hanamaru, Dia permanecía casi igual, al menos ya sin la fiebre extrema pero, según Yohane, iba a estar durmiendo por el efecto de lo que le estaban dando para curar su envenenamiento. Los pocos momentos de lucidez eran muy cortos, más bien eran provocados por Yohane que la despertaba pasando un bote con unas sales que despedían un olor intenso que la hacían salir de su inconsciencia el tiempo suficiente para que bebiera el brebaje que preparaban para ella.
Poco a poco su rostro fue recuperando cierto color, ya no se miraba tan pálida ni sudorosa y su semblante ya no tenía esa expresión de dolor. Eso la animó, pues era buena señal de su recuperación. Yohane y Riko, de quién se enteró del encuentro que había tenido con Kanan, cambiaban los vendajes de la herida cada cierto tiempo, alimentaban y daban el medicamento. La piel de esa área herida aún se veía de mal aspecto pero también iba retrocediendo para adquirir una cicatriz que no se veía muy estética pero eso no importaba mientras Dia pudiera recuperarse.
Mari y ella se encargaban de asear a Dia y aunque trataba de permanecer tranquila, en más de una ocasión Mari la molesto sobre el tema, pues no podía evitar que un leve sonrojo apareciera en su cara, no debido a lujuria, sino a lo vulnerable que se miraba la chica.
Al décimo día, Dia al fin abrió los ojos mostrando que podía permanecer lúcida por más de solo unos minutos, además de que comenzaba a conversar con algo de dificultad.
—¡Oh Dia-san! ¡Mi pequeña y hermosa tontita! —la saludo Mari cuando la chica en cuestión las recibió despierta esa mañana.
—Ma… Mari-san —pronunció su nombre aclarándose la garganta que aún se negaba a responder como ella quería.
—¡Sshhh! No digas nada, no te esfuerces demasiado —se colocó a su lado poniendo una mano en su frente para checar su temperatura—. La pequeña Maru-chan se alegrará mucho al verte.
—¿Ma… Maru? Hana… Hanamaru-san está… aquí —hablo entrecortado.
—No ha querido casi despegarse desde que llegaste —le informó con una sonrisa de complicidad—. Ella cuida de ti por las tardes y las noches, ahora debe estar descansando en la habitación contigua.
Dia abrió los ojos con asombro, forzó su mente para tratar de recordar algo de los últimos días pero no tenía memorias sobre nada. Lo último que recordaba era ir en el lomo de un caballo a la espalda de You que cabalgaba a toda prisa para llevarla a casa. Hizo la nota mental de que debía agradecerle al chico por ayudarla en ese momento.
—¿Qué… fue lo… lo que pasó? —respiró agitada por el esfuerzo—. ¿Co… cómo es… que… sigo vi… viva?
—Esa chica, la que es doncella de tu esposa y su prima conocen de hierbas y venenos, ellas hicieron el remedio para curarte —le explico la rubia.
—¿En… verdad? —no se imaginaba a Yohane haciendo algo como eso por ella—. No… no sabía… que eran… familia.
—Son muy buenas en lo que hacen —siguió con la plática mientras verificará el vendaje—. Deberías haberte visto cómo llegaste, realmente pensé que no sobrevivirías más de una noche.
—Tal vez... hubiera sido... lo mejor —hizo el intento de reír pero se ahogó un poco con su respiración—, de ese… modo Hanamaru-san... estaría... feliz de ser libre.
—No seas cruel contigo —Mari la reprendió—. Ella se ha preocupado mucho por ti, es realmente lindo verla cuidarte.
—¿Cómo? —levantó una ceja incrédula.
Mari se movió gateando para traer traer hasta ella un libro que estaba por allí. Dia lo reconoció enseguida tan solo con ver la tapa gastada que lo cubría.
—Le gustan mucho las historias de fantasía como a ti, recuerdo que te gustaba mucho leer este libro —se lo entregó a Día que lo tomó con manos temblorosas—. Por las noches te lee los pasajes del libro casi de memoria, tan solo ayudada con una vela que apenas y da luz.
—Yo… no sé qué decir —abrió el libro palpando las hojas maltratadas hasta llegar donde una rosa seca hacia la función de separador dándose cuenta de que aquella rosa era la que le había regalado para conmemorar lo de su biblioteca.
—Mejor le das las gracias cuando venga —Mari pellizco su mejilla—. Ahora sería bueno que me ayudarás a desvestirte para ponerte presentable cuando ella regrese —Dia se sonrojo salvajemente otorgándole el color ausente a su rostro en aquellos días anteriores.
—¡Mari-san! —exclamó cubriéndose.
—¡Oh cielo! Como si no te hubiera visto desnuda antes —le guiño un ojo escandalizando aún más a Dia.
— o —
Después de la charla y el baño, Dia se quedó dormida de nuevo luego de que Mari le diera su dosis de medicamento. Aunque estaba mejor, aún podía sentir la debilidad en su cuerpo. Esta vez durmió con un sueño ligero que se esfumó cuando escuchó nuevos pasos a su alrededor.
Abrió los ojos con un poco de pesadez acostumbrándose a la claridad de la tarde, los rayos naranjas se colaban por la ventana que había sido abierto para dejar entrar el aire fresco del día y dejar salir el fuerte olor de las hierbas que usaban en ella. Buscó el origen del ruido y se encontró con algo que no esperaba.
La luz que se filtraba por la ventana hacía resaltar el cabello castaño de Hanamaru que parecía brillar como la apetitosa miel por la cual cualquier aventurero daría su vida por obtener enfrentándose a un temible oso. Sus ojos amarillos lucían tan hermosos siendo enmarcados por sus grandes, gruesas y oscuras pestañas que le otorgaban un impacto que sin duda la dejó sin aliento. Pensó que nunca volvería a ver la belleza que irradiaba esa chica y lo único que pudo hacer fue soltar un gran y largo suspiro que alertó a Maru de estar siendo observada.
—¿~zura? —se giró a ver a Dia que mantenía sus ojos aqua fijos sobre ella y eso la hizo sonreír.
Maru no ocultó su alivio y alegría al ver que Día por fin podía verse de nuevo en esos ojos que le recordaban el azul verdoso del mar cristalino. Después de todos esos días de angustia podía sentir que un gran peso era removido de sus espaldas por la mejoría de su esposa.
—Hanamaru-san —dijo su nombre ya sin tanto problema en su voz o su ritmo respiratorio.
—¡Dia-san! —unas lágrimas aparecieron en la comisura de sus ojos que rápidamente retiró para evitar que se deslizaran por su cara, no quería preocupar a la chica enfrente suyo—. Es un alivio ver que está despierta —con dificultad Dia intento sentarse.
—Lamento si hago más difícil el que tengas que librarte de mí —sonrió apenas, aunque pretendía que sonara como una broma, la verdad es que un dolor que no supo identificar se apoderó de su pecho.
—¡Por favor Dia-san, jamás diga eso! —Maru se acercó a ella poniéndose a su lado aunque dejo que su mano se quedará a medio camino de tomar la de Dia que se había incorporado del todo para quedar sentada—. ¡Jamás, jamás ~zura querría que algo malo le pasara!
—Gracias Hanamaru-san, lamento mucho haberte preocupado de más estos días —esta vez habló sin bromear mostrando su agradecimiento e intentando sostener la mano de la chica pero no pudo hacerlo tampoco porque Maru se movió.
—¡Estaba buscando esto ~zura! —se estiró para agarrar el libro que había estado leyendo y que se encontraba a un costado de la almohada de Dia.
La chica mayor la miró mostrando una sonrisa serena y calma cuando se dió cuenta.
—¿Leerás algo para mí? —le preguntó ocasionando un sonrojo en el rostro de Maru.
—¡Sabía que estaba escuchando realmente ~zura! —exclamó sorprendida—. Yo-chan dijo que era una pérdida de tiempo hacerlo porque no lo recordarías ~zura, aunque You-kun afirmó que si lo harías y te ayudaría a distraerte mientras dormías.
Escuchar eso hizo que se le encogiera el corazón de ternura y no quiso ser la culpable de quitarle esa sonrisa del rostro si le decía la verdad de que realmente no lo recordaba. Aún así, hizo nota mental de agradecer a Mari el haberle contado aquello.
—¿Leerás una parte para mí como todos los días? —volvió a preguntar sin delatarse con la verdad.
—¡Por supuesto! —casi brinco emocionada—. Sólo que antes debo revisar la herida y darle de comer —señaló la bandeja con viandas que la cocina había preparado para Dia.
—Muy bien entonces —con su mano libre retiro un costado de su ropa para dejar ver el lado de su torso dañado.
Con cuidado fue retirando los vendajes cambiando la parte que tenía la plasta de ungüentos de aspecto negro verdoso. La retiro y la sustituyó por una nueva para luego proceder a vendar de nuevo. Aunque había hecho esa labor sin ayuda antes y de manera rápida y sin problemas, ahora al sentir la mirada de Dia sobre ella, su convicción y seguridad parecieron irse de vacaciones. Sus manos temblaron un poco y se puso más torpe de lo que esperaba. Suspiró más de una vez para calmarse.
—¡Termine! —casi gritó triunfante.
Dia se rió con una linda sonrisa que se le hizo tan suave y elegante a Maru contagiándose de su ánimo que iba a mejor.
—Espero que hayas disfrutado de tener tus libros de vuelta —comentó Día cuando su risa disminuyó—. Tu padre me dió la encomienda de ser ahora quien se encargará de custodiarlos.
—Lo sé —asintió bajando la cabeza—, él me lo contó algunos días después de que partió.
Recordar esa parte, la manera en que se habían despedido la última vez le resultó dolorosa, era un sentimiento de rechazo que no quería volver a experimentar nunca. Era el riesgo que corría al intentar ser amable e intentar dar una oportunidad al amor o al menos a algo parecido a eso.
—Quiero disculparme por mi comportamiento cuando… —quiso seguir pero la mano de Dia había sostenido la suya tomándola por sorpresa.
—También debo disculparme, no he sido la mejor persona ni la mejor compañera —sus ojos alegres habían adquirido un tono sombrío de tristeza que sobrecogió con la guardia baja a Maru.
—No, no… dije cosas horribles ~zura —una gota rodó por su mejilla y Día soltó su mano para ponerla sobre esa mejilla limpiando con su pulgar esa lágrima derramada.
—Estás en tu derecho de sentirte enojada conmigo por todo lo que pasó, por eso haré mi mejor esfuerzo para que todo vaya bien de ahora en adelante —Maru acunó la mano de Dia negando sus palabras.
—Creo que mi enojo se fue cuando te ví llegar así —se sincero, aunque no creyó que fuera a decir algo como eso, tal vez estaba hablando de más pero se sentía tan necesario hablar sobre esas cosas—. ¡Por favor no te arriesgues de manera innecesaria!
—No lo haré, si me lo pides de esa manera no lo haré aunque creo que es mejor para ti si yo no estuviera más contigo —Hanamaru negó enérgicamente su afirmación y otras lágrimas escaparon de sus ojos.
Día al verla así, trato de inclinarse hacia adelante para darle un abrazo a Hanamaru para consolarla pero el dolor del movimiento la hizo quejarse.
—Déjame poner algo para que descanses la espalda —la chica usó esa excusa para separarse e ir a buscar un par de gruesas colchas y almohadas para colocar en la espalda de Dia y que tuviera un respaldo.
Había sentido su intención de acercarse a ella para un abrazo y eso la puso nerviosa, no sabía cómo iba a reaccionar con ese tipo de proximidad con Dia. Creyó que todavía era muy pronto.
—¡Gracias! —Dia no intentó volver a acercarse a Hanamaru pues interpretó aquel repentino nerviosismo como una señal de que estaba yendo por un camino muy espinado.
—¿Tienes hambre? Vamos a comer algo —fue por la bandeja de viandas.
Después de eso pasaron la tarde y la noche compartiendo el pan y la lectura de un libro que ambas disfrutaban mucho. Al menos había sido un avance significativo en su golpeada relación. Las cosas parecían estar avanzando en la dirección adecuada y eso le agradaba a Dia que podía sentirse más tranquila y en paz.
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