Derrota.
No pueden vencerme.
No puedo fallarles.
No puedo rendirme.
No puedo…
No quiero rendirme.
No quiero…
Pero las cadenas pesan tanto.
Y soy tan pequeña.
Clavo sus ojos fijamente en el rostro oculto de su Patriarca, quien con toda la solemnidad que podía se mantenía estoico, sin demostrar ninguna vacilación.
Lucho por contener sus lágrimas, no le daría el gusto de verla llorar, de verla más derrotada de lo que ya estaba.
Las cadenas pesaban, los sellos la debilitaban, pero se negaba orgullosamente a dejarse caer, no les mostraría lo rota que estaba aún con su cuerpo manchado de sangre, aún si parecía una muñeca abandonada.
Les falle a todos, he fallado.
Y la desolación se apoderaba de ella con rapidez, mientras escucha la risa de los espectros, sus voces regodeándose de su victoria, mientras observaba a Hades acercarse con toda su aura de muerte rodeándolo.
Tanta tristeza, tanta desolación.
Y entonces se negó a pronunciar palabra, sello sus labios en un obstinado silencio a pesar de la burla de su enemigo. Se concentró en gastar todo lo que le quedaba de poder para disculparse con sus queridos santos por su debilidad, por su fracaso, alentándolos a huir dentro de sus posibilidades.
El frío metal de la cadena no se comparaba al frio que sintió en su alma al sentir la hoja de la hoz apoyándose contra su cuello.
Lamento intensamente que su Patriarca, Daniel, su tan querido amigo también fuera a sufrir.
Había perdido.
Fue débil, fue ilusa, fue inocente, fue tan humana.
A pesar de ser Hades quien se encontraba de pie frente a ella, su mente solo recordaba la cálida y franca sonría de su muy amado Pegaso.
Lamento profundamente que su muerte fuera en vano, y rogo por la posibilidad de encontrarse de nuevo cuando el dolor lacerante en su cuello le aviso que era su fin.
Su sangre sagrada fue derramada en el campo de batalla mientras su cuerpo se desplomaba sin vida, y solo una parte de ella permanecía entre los brazos de uno de sus guardianes, que llorando gritaba con furia por el desenlace.
La tierra ha caído, se ha hundido en la más profunda oscuridad, la noche cubrirá toda la extensión del mundo y poco a poco cada vida se apagara.
Y no quedara nada…. Ni el recuerdo de la vergonzosa derrota de su protectora.
