Si así pensaban que iba a mejorar, pues estaban mal. ¿Yo, en un hospital, acompañada por Nick y Flash, mientras las chicas salían a buscar efectivo para pagar la consulta, pues me prepararon una cita, ni siquiera con un psicólogo, sino con un psiquiatra? ¿Es en serio? Lo mío no podía ser tan grave... ¿o tal vez sí?
Me dolía la espalda, y los labios los tenía rotos, causándome un ardor soportable, un dolor que me hacía sentir viva al menos, un dolor que hasta parecía placentero. Tenía frío, me sentía rígida. Atormentada, a pesar de tener al guitarrista abrazándome. Oía los constantes gritos de unos señores que se peleaban, sin importarles el hecho de que estábamos en una sala de espera. En ese momento, me vinieron unas palabras bien acertadas, que no pude evitar susurrar.
—El mayor peligro en la tierra es el ser humano, y cuando ya no exista, es cuando habrá verdadera paz mundial.— por la cercanía, el ojitos azules escuchó lo que dije, por lo que acarició mi cabello, lo cual a penas podía hacer, pues debido al moño que me había recogido.
—Tal vez estés en lo cierto, pero recuerda que tú y yo también somos parte de la raza humana.— reí por su inocencia, mientras asentía. En eso, escuché los llantos de un bebé, pues estábamos en un hospital.
—Exacto.— le di un pequeño beso en la mejilla, mientras él sonreía, escuchando los mismos llantos que yo oía.
—¿Sabes? Nunca se me había ocurrido, pero, ¿y si esos cambios de humor son por un posible embarazo?— mencionó riendo, al parecer, le alegraba la idea de ser padre.
El problema es que yo no podía tener hijos, porque, uno, sólo tuve un año de periodo, ya que la "dieta" me hizo estéril. Y dos, los pelos de Raúl no ayudaron mucho. Sentí como frotaba mi brazo de lo feliz que estaba por tan solo pensar en el hecho de ser papá. Suspiré. Los ojos se me aguaron por no poder darle ese regalo.
—No lo creo.— contesté con una voz ronca y débil, escondiéndome en su chaqueta, pues me moría de frío.
Traté de no llorar. No quería que preguntaran el por qué de mi llanto. Era mejor fingir. Cerré mis ojos, mientras respiraba el perfume que llevaba el chico. Era agradable, sentir su calor y su piel con la mía. Al menos tenía a alguien a mi lado, al menos alguien logró quererme, al menos alguien se quedó conmigo hasta el final. Pero, ¿qué hay de Devi, Nick y Whithe? Ellos me acompañaron hasta cierto punto; agradezco que ellos estuvieran conmigo por un tiempo, a pesar de que no se quedaran conmigo hasta el día de hoy.
Escuché el chillido de una puerta abrirse, y unos pasos acercarse hasta nosotros. Disfruté de esos últimos y eternos milisegundos de silencio. Me hicieron pensar en que hasta lo más pequeño es eterno, y lo eterno lo más pequeño. Todo depende del contexto y de la situación. De como lo veas.
—Twilight Sparkle.— se escuchó por fin. Abrí los ojos al escuchar mi nombre. Todo volvió a ser silencioso. Supuse que no era importante, porque, hasta me había olvidado de donde estaba, y para qué. Unos golpes en mis brazos, provocados por Flash, me hicieron reaccionar. Me separé de él, mientras esos ojos azules me veían seriamente. Reí un poco, mientras volteaba a ver a la que me había llamado: la psiquiatra. Era una señora de unos cuarenta o cincuenta años. Tenía contextura gruesa y la piel morena. Los ojos eran grises y su cabello un alborotado nido de pequeño volumen color marrón, con ciertas canas apenas notables.
Le observé detenidamente, mientras Nick me sonreía para que pasara. Bufé y me paré, finalmente, entrando a la sesión con el cabellos azules. Al entrar, la señora cerró la puerta tras nosotros, sentándose en su escritorio, y extendiendo levemente su mano para que nosotros tomáramos asiento, de igual modo. Crucé mis brazos, esperando a que la profesional hablara, pues se había puesto a revisar unos papeles que yacían en la superficie de trabajo. Volteé a ver al Sentry, quien escudriñaba con la vista todo el lugar; era bonito, sencillo, con tonos verdes, blancos y añiles. Olía a pastillas y a perfume de bebé. Eso hizo que me sintiera algo nostálgica, pues de seguro mi compañero ya estaba pensando en tener un nené, otra vez.
—Entonces, ¿qué se les ofrece? Es decir, por algo están aquí, ¿no?— rió la señora, después de organizar sus papeles. Yo hice lo mismo, pero un poco más discreto. Ambos voltearon a verme, pues al parecer no escupí una "risita" sino una carcajada, una buena carcajada. Carraspeé y me incorporé, tratando de mantenerme seria.
—Pues, verá, mi amiga aquí, Twilight Sparkle, ha tenido constantes cambios de humor. Una semana está mal, dos semanas está bien, tiene leves cuadros tranquilos y, en ocasiones, explosivos. Algunos en el trabajo tenemos miedo a como pueda reaccionar. ¡Ah! Y suele ver, según lo que me dice, mariposas rojo sangre, pero que desvanecen cuando las quiere ver fijamente.— contestó, con toda la razón. Ahora, ya saben por que él fue el elegido para acompañarme, ¿no?
—¿Cuántos años tienes, querida?— preguntó, refiriéndose a mí, obviamente. Abrí ligeramente la boca, cuando noto la gran cicatriz que tiene la señora en su muñeca, justo cerca de la vena. Eso hizo que me inclinara un poco hacia adelante, para ver sino era mi mente que me estaba jugando, de nuevo. Enfoqué mi vista en su brazo al ver que no era mentira lo que ella tenía. No podía recorrer con mis vista todo su brazo, gracias a la bata que llevaba, pero si distinguí varias cicatrices en lo poco que estaba descubierto. Al parecer, esta señora tenía su historia.
—Tengo veintiuno.— susurré, volviéndome a recostar.
—Jum...— bajó la vista y sacó tres manchas hechas en una cartulina. Elevé una ceja: ¿esa loca planeaba leerme la mente, o algo así? Antes de decir algo, la señora señaló la puerta al joven para que saliera. Eso me puso nerviosa. Mientras mi compañero salía, la señora se limitó a preguntarme, señalando la cartulina:— ¿Qué ves, chica?—me preguntó sin tanto rodeo. Ahí comenzó la primera sesión, la primera y última sesión. Suspiré y miré atentamente. Sinceramente, esa manchas parecían ser una serie de formas geométricas o algo parecido. Pero, de un punto más claro, ¿qué eran para mí?
—Una lágrima con varios cortes al lado.— en resumen, un óvalo y varias líneas.
No recuerdo que más pasó aquella tarde, lo que sí sé es que había visto unos envases oscuros, que decían: "antidepresivos" a un costado del escritorio. Los tomé a escondidas, y los metí en un bolsito que llevaba. Metí sólo dos, y la señora no se dio cuenta. (Ni idea de por qué los tomé, pero los tomé y ya)
Al salir de la sesión, Devi me recibió con un abrazo y una bolsa de brownies. Flash me obligó a comerlos, al tiempo que entraba a la oficina de la psiquiatra para que él supiera que me había sacado.
—¿Tantas preguntas? Amiga, eso parece un interrogatorio —comentó Devi, después de contarle todo lo que esa vieja me había dicho, posando su mano en mi hombro—. Eso no debió ser incómodo.
—¿Tú crees? Agh, no importa. ¿Sabes? Mejor no vuelvo aquí por un tiempo —mencioné, llevando un pedazo de brownie a mi boca—. Este lugar es para locos.
—Pero, ¿y si vuelves a pasar por rehabilitación? —preguntó Whithe, viéndome con cierta preocupación— Digo, si esto es lugar de locos, eso debe ser lugar de dementes. Además, no creo que a Flash se le haga agradable volver a pasar por ahí.
—Whithe tiene razón, Twilight —apoyó en alvino detrás de mí. Suspiré pesadamente—. Debemos tratar de no seguirle preocupando.
—Y, Twiliht, ¿anorexia? ¿Es en serio? —murmuró la morena— Más problemas como ese y no sé si seguir contigo, y mucho más, en la banda. No creo que sea bueno para mí. —fruncí el ceño y gruñí, algo indignada.
—Ah, entonces, contar mis problemas y buscar ayuda está mal, ¿no? —sentencié, elevando el tono.
—Sólo si no decides cambiar. —se unió Devi. Me crucé de brazos, e ignorando el cartel de "Hacer silencio" grité:
—¡Porque es muy fácil empezar a comer! ¡Porque es muy sencillo controlarse cuando eres presa de tus emociones! ¡Porque dejar de cortarse es de la noche a la mañana! ¡Porque sentirse confundida uno mismo lo elige! ¡¿No es correcto?! —al escucharme gritar, dos enfermeras que se encontraban en el lugar me silenciaron, pero yo les respondí con un empujón.
—¿Qué está pasando? —preguntó la psiquiatra -quien, al parecer, oyó mis gritos- saliendo de donde se encontraba, junto con Flash. Volteé y vi los ojos del guitarrista llenos de lágrimas. Eso me partió el corazón, por lo que no pude evitar llorar, y sentirme un monstruo.
—¿Lo ves? Le hiciste llorar. — volvió la voz.
Sentí dos manos agarrarme por los brazos, pero yo me dejé caer. El peliazul se acercó y se sentó a mi lado, abrazándome. Nick se nos acercó un poco y palpó la espalda de mi compañero, mientras Devi se le unía. ¿Y Whithe? Ella se me quedó observando detenidamente, sin decir nada.
Tenía razón, un psiquiatra no me ayudaría, debía pasar por rehabilitación, de nuevo, pero esta vez, por un largo tiempo.
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Sí, sí, no actualizo muy seguido. Pero, ¡buenas y malas noticias!
La buena: Salí de vacacioneeeees! Eeeh! Y, lo mejor, pasé todas mis materias :D wujuuuu!
La mala: se dañó mi PC :c y no hay suficiente chin, chin como para arreglarla, por lo que me tengo que conformar con esta Canaima hasta tiempo indefinido.
Ahora bien, ¿cuándo rayos se termina esta historia? Bueno, más de 30 capítulos no va a tener, máximo unos 26 o 28.
Es una promesa ;)
Y, bueno, luego de eso, dejar FF. Pero, hay que restarle importancia al asunto y disfrutar esta historia mientras dure.
Gracias por leer :3
